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Una
característica socioeconómica que hace resaltar a Michoacán en el ámbito
nacional e internacional, es el número de personas que año con año emigran
a los Estados Unidos en busca del mínimo sustento y bienestar familiar.
Son ampliamente difundidas las estimaciones de que al menos 45 mil
personas abandonan el estado anualmente a consecuencia de las precarias
condiciones en que se encuentran en sus comunidades, incluyendo la
creciente degradación de los recursos naturales productivos, y ante la
falta de fuentes de empleo y de oportunidades generales de salud,
educación y vivienda. Esto ocurre principalmente en el campo, pero no es
ya, desde hace tiempo, un fenómeno exclusivo de las zonas rurales.
El así denominado "índice de intensidad migratoria"
captura esta triste y sobresaliente característica de nuestra entidad.
Este indicador refleja el alto porcentaje de familias que a nivel
municipal y estatal, cuentan con algún familiar radicando fuera de su
comunidad de origen, en el país, o (legal o ilegalmente) en el extranjero
(1).
I. Educación superior: Observaciones sobre
cobertura, relevancia y calidad
De manera similar, se podría explorar por medio de
encuestas y otras metodologías relevantes de estudio socioeconómico y
estadístico, lo que podría denominarse "índice de insuficiencia, o de
intensidad de negación universitaria". Este reflejaría el porcentaje de
jóvenes que, por cualquiera de las razones posibles (por ejemplo, carencia
de recursos económicos, el no contar con "recomendaciones", falta de
óptima salud o insumos de estudio) no fueron aceptados, y se quedaron sin
acceder a cualquier carrera, escuela o institución de educación superior,
pública o privada, aún contando con la intención, aspiraciones,
motivación, inteligencia y capacidad.
Pero partiendo de que el promedio de escolaridad para la
población michoacana en su conjunto (urbana y rural), es de 6.6 años, y en
las zonas indígenas es de apenas cuatro años, el cálculo de este "índice
de negación universitaria" probablemente no fuera necesario, en tanto que
existen suficientes estadísticas educativas que demuestran que son miles
los jóvenes (de diversos estratos socioeconómicos y regiones del estado)
que difícilmente terminan, apenas y con trabajo, la educación primaria o
secundaria (2). Muchos de estos últimos, por
lo tanto, nunca incursionan en los trámites para la presentación de
exámenes de admisión al nivel educativo técnico o preuniversitario.
Apuntemos que en el ámbito nacional solamente el tres por
ciento de los jóvenes en edad universitaria (19 a 23 años), que viven en
las "zonas rurales pobres", cursan estudios de nivel universitario,
mientras que esta proporción llega hasta un 45 por ciento si se habita en
la ciudad y se pertenece a una familia de ingresos medios o altos. Esta
tremenda desigualdad a nivel nacional nos lleva a preguntarnos acerca de
la proporción de jóvenes indígenas y de origen humilde y campesino que
efectivamente han tenido y tienen actualmente acceso a la universidad y
que, finalmente, completan una educación de nivel superior en Michoacán.
Se sabe con certeza, eso sí, que nuestros jóvenes de hoy
–indígenas y no indígenas– se enfrentan a obstáculos económicos y sociales
siempre crecientes para poder completar una carrera profesional; por lo
cual ellos inician el ciclo vital de adolescentes como rezagados
escolares, lo continúan como rechazados universitarios y, en consecuencia,
engrosan forzadamente las filas del desempleo y de la emigración.
Esta dramática situación la resienten más fuertemente los
jóvenes preparatorianos de las comunidades vecinas de Uruapan, Pátzcuaro,
Tierra Caliente y otras regiones alejadas de la capital del estado,
quienes –año tras año–, ni siquiera alcanzan "ficha" para presentar el
examen de admisión a las diversas carreras universitarias de la Casa de
Hidalgo. Esta circunstancia cimbra a la sociedad michoacana con la
repetición anual del movimiento telúrico –sismo social– para tratar de
ingresar a esta institución, con la consecuente e inmerecida frustración
de los jóvenes involucrados.
Como respuesta a esta falta de planeación, no es
sorprendente que sean los estudiantes de la Coordinadora de Universitarios
en Lucha, y organizaciones similares (para bien o para mal), quienes tomen
la iniciativa en defensa de los malogrados aspirantes. Y por las mismas
razones, el fenómeno se repite al final del ciclo educativo, con las
protestas afuera de Palacio de Gobierno y las demandas de plazas laborales
por parte de los egresados de las normales urbanas y rurales.
Consideramos que debe quedar asentado, así mismo, como
causa de origen principal de este problema, que el subsistema de educación
superior en nuestro estado está conformado por 43 instituciones (públicas
y privadas), además de la Universidad Nicolaita, con una cobertura global
de sólo 13 por ciento de la población estudiantil correspondiente; y que
este indicador de extremadamente limitada cobertura, sitúa a Michoacán en
la posición número 27 en el ámbito nacional.
Reforma universitaria: "Página No Encontrada"
En este contexto, uno de los pendientes vastos y
principales de la administración pública actual en Michoacán tiene que ver
con las reformas de fondo requeridas para superar las deficiencias del
sistema educativo en todos sus niveles. La falta de políticas y acciones
consecuentes de planificación educativa universitaria y de planificación
económica regional han ocasionado, además, mayor rezago del bienestar de
los habitantes de la entidad.
La educación universitaria que se ofrece en nuestro estado
tiene una limitada correspondencia –en cobertura, relevancia y calidad–
con las necesidades del desarrollo de las diversas regiones y sectores
sociales, de cara a las realidades apremiantes –tecnológicas, económicas,
sociales–, del nuevo siglo y de los rápidos procesos de innovación que se
presentan en regiones bien determinadas de China, India, y otros países
emergentes.
Esta situación no es nada alentadora, especialmente si se
piensa que la educación debiera ser el detonador del desarrollo de
Michoacán en general y, de nuestras comunidades indígenas y rurales en
particular. Es así que esta circunstancia exige, para beneficio de los
jóvenes de hoy y del mañana inmediato –y a cuatro años en funciones de la
administración estatal actual–, resultados en la planeación consistente y
reforma efectiva del sistema educativo de nivel superior estatal en
general y de la Universidad Michoacana en particular.
II. K’éri jorhéntperakueri ambé – La idea de
universidad indígena reconsiderada
Por lo que corresponde a la así llamada "Universidad
Intercultural Indígena" que se pretende instalar en Michoacán (empezando
con sólo oficinas administrativas) en la ribera del lago de Pátzcuaro,
ésta dista años luz del concepto de Universidad del Siglo 21; y no resulta
de un proyecto concreto y completo, ni es coherente con las aspiraciones
de las comunidades a las que se supone debe servir.
Un proyecto sin visión.- Con su abordaje insatisfactorio
de "diplomados" y la carencia de infraestructura física, un campus
central, presupuesto garantizado, programas de estudio de avanzada y
maestros competentes, la propuesta de universidad no responde, para
empezar, a las urgentes necesidades estatales de cobertura educativa; y la
propuesta es deficiente, inclusive, cuando se le compara con el arranque
de las otras universidades interculturales promovidas por el gobierno
federal.
La propuesta de universidad está lejana de ofrecer lo que
los estudiantes esperan para convertirse en profesionistas socialmente
útiles y productivos. Lo que demandan los jóvenes (indígenas y no
indígenas) del interior del estado –y así lo escuchamos en las diversas
comunidades que regularmente visitamos–, son centros de educación con
aulas y bibliotecas modernas, albergues habitables, y laboratorios, áreas
de reunión y centros para el deporte operativos. Demandan también la
oportunidad de salir a conocer más allá del mundo inmediato, y la certeza
de poder completar una carrera universitaria pertinente y de calidad y con
reconocimiento válido y oficial. Las distintas regiones de la entidad
requieren de nuevos espacios públicos para una educación de primera clase;
están ávidas de una matricula universitaria creciente, planificada,
sustantiva y de calidad.
Antecedentes.- La referida iniciativa intercultural nunca
tuvo rumbo ni destino. Se lanzó a la mar en una frágil barcaza diseñada al
modo y gusto de los asesores del titular del Ejecutivo; y sin asimilar las
experiencias del arranque siempre incompleto de la escuela normal indígena
de Cherán. El lanzamiento se hizo en base a un convenio establecido con la
Universidad Michoacana, mismo que nunca se dio a conocer públicamente. Con
anuncios formales, ya, en tres Informes de Gobierno consecutivos acerca
del establecimiento de una universidad indígena, este concepto se formuló
casi en secreto y se ha seguido manejando de manera elusiva, a través de
declaraciones de prensa, y sin insertarse dentro de una estrategia
integral de transformación del sistema educativo estatal en todos sus
niveles.
Más aún, desde la época de las mesas de trabajo para la
"reforma indígena estatal" del 2004, la petición para la celebración de un
encuentro similar donde se participara en la definición de la
misión/objetivos, perfil institucional y contenidos educativos de una
universidad indígena, siempre fue rechazada, procediéndose de un modo muy
poco transparente al respecto. En consecuencia, la propuesta de
universidad nunca se presentó en un foro abierto ni ésta se ha divulgado
de manera escrita, y en versiones bilingües; ni discutida y validada por
las autoridades legítimas de los pueblos y comunidades indígenas.
Por otra parte, se trata de un proyecto insensible
históricamente y corto de visión, al permitir que la comunidad española de
Valencia participe con recursos y directrices en un proyecto de esta
naturaleza, y no que sea la propia sociedad michoacana quién asuma la
responsabilidad por la educación de sus jóvenes universitarios.
Es así que esta iniciativa del gobierno estatal ha sido
catalogada más de pólvora y fuego de artificio promocional, que de
armamento y munición efectiva para combatir el retraso universitario y
científico de los jóvenes indígenas de esta región del país.
Específicamente, mientras que se cuestiona la necesidad de una universidad
aparte para los indígenas, el maestro Adolfo Mejía la califica como "mero
compromiso político y pirotecnia indigenista".
(3)
¿Cuáles serían, entonces, los quehaceres y compromisos de
una universidad indígena en este contexto? ¿Responden las así llamadas
universidades "interculturales", impulsadas por la administración federal,
a las necesidades de los pueblos indígenas del país?
Arquitectura educativa y autonomía
Para comenzar, además de contar anticipadamente con los
estudios de base bien fundamentados y propuestas de planes de acción, la
idea de una universidad indígena debería debatirse amplia y serenamente,
por escrito y en público, en la academia, el legislativo y el ágora
comunal; y con la participación de los sujetos principales a los que la
iniciativa iría encaminada (4).
Para poder participar con provecho recíproco dentro de las
redes nacionales e internacionales del conocimiento, cualquier nueva
iniciativa de educación superior e investigación científica en nuestro
país tendría que construirse ante todo sobre cimientos sólidos y bien
estructurados, con miras superiores a las instituciones ya existentes,
evitando fallas estructurales de diseño institucional y ordenanza legal, y
apartándose desde su concepción del modelo de las "universidades de
papel", i.e., imaginadas, sostenidas y estandarizadas desde el poder y la
burocracia. (5)
Esto es, contar con los elementos materiales y con el
pensamiento crítico y la acción para cumplir a plenitud con la trinidad
universal de la naturaleza y quehaceres de esta institución cardinal:
acción-investigación, enseñanza-aprendizaje, creación-difusión; prácticas
éstas que constituyen, en conjunto indisoluble, el cuerpo y espíritu de
una (sola) universidad verdadera.
Una universidad indígena en Michoacán tendría que
representar un nuevo significado y establecer contenidos diversos y
especiales en la constelación de universidades estatales y nacionales. Y
brillar con luz propia. Debería, en consecuencia, ofrecer también un
modelo educativo distinto; responder a las prioridades educativas y de
desarrollo de los indígenas del estado y el país; y, primordialmente,
generar nuevo conocimiento y de la mayor relevancia para nuestra sociedad
en el sentido más amplio.
Finalmente, además de contar con la garantía de los
recursos materiales necesarios, y de las instalaciones idóneas para la
interacción creativa de nuevas e ilustradas comunidades del aprendizaje,
la universidad indígena tendría que ser un ejemplo de "autonomía" desde
sus procesos actuales de gestación. Esta condición es el mecanismo
imprescindible que podría conducirla a cimentar –para su propia
consolidación y respeto institucional–, una cultura igualmente sólida de
autonomía universitaria.
Y es que sólo de esta manera podría crearse un ente
intelectual valioso –científico y humanista–, de resguardo del patrimonio
cultural y material nuestro y, por lo tanto, de apoyo a la propia y
necesaria autonomía de los pueblos y comunidades indígenas.
Barrio de San Pedro Urhépati, Santa Fe de
la Laguna
Michoacán, 28 de marzo de 2005
Notas
Bibliografía
BROWN, John S. y Paul Duguid (2000) The Social Life of
Information. Boston, Massachusetts: Harvard Business School Press
CENDEJAS HUERTA, Santiago y Tomás N. Rico Mora (1978)
Sobre la Universidad: Interrogantes con Respuesta. Morelia: Centro de
Estudios de Libre Discusión
DIMAS HUACUZ, Bertha (2005) "Comunidad y Universalidad —
Los Quehaceres y el Cómo Hacer de una Universidad Indígena para Mechuákani."
Material de Discusión, Versión preliminar, diciembre. Morelia: Centro de
Estudios de Libre Discusión
GONZÁLEZ–CASANOVA, Pablo (2001) La Universidad Necesaria
en el Siglo XXI. México: Ediciones Era
INAYATULLAH, Sohail y Jennifer Gidley (Compiladores)
(2003) La Universidad en Transformación. Perspectivas globales sobre los
futuros de la universidad. Barcelona y México: Ediciones Pomares
MEJIA, Adolfo (2004) Con los Cárdenas. Encuentros y
Desencuentros. ¿El Cardenismo sin Cabeza?, Morelia, Michoacán: Morevallado
Editores
PORTER, Luis (2003) La Universidad de papel. Ensayos sobre
la educación superior en México, México: Universidad Nacional Autónoma de
México
RICO–MORA, Tomas N. (1982) University Reform in Michoacan:
A Theory of Action Analysis for Institutional Change. Term Paper.
Cambridge, Massachusetts: Departmento de Estudios Urbanos y Planeación,
Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT)
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