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Parte 1/ 2
Resumen
Existe una estrecha relación entre
la educación para la paz y la educación ambiental. Estos campos
relativamente jóvenes en las ciencias de la educación, poseen un lenguaje,
un discurso científico con múltiples puntos en común; comparten una visión
integradora de la realidad; del ser humano y de sus relaciones con el
medio ambiente social y natural; reconocen ambas la importancia del
desarrollo de cambios sustanciales en la subjetividad humana, y en el
estilo de relación entre los seres humanos, y de estos con la naturaleza,
para contribuir a la solución de los graves problemas que enfrenta la
humanidad en la contemporaneidad; la necesidad de considerar a toda la
sociedad como un espacio educativo. Coinciden en que para lograr sus
propósitos, es preciso partir de la deconstrucción de determinados
símbolos y sentidos culturales instituidos, que han condicionado el
establecimiento de relaciones de sometimiento, tanto entre los propios
seres humanos, grupos sociales y naciones, como con el entorno natural;
para promover el desarrollo de nuevos sentidos y valores verdaderamente
democráticos y afines al modelo de la sostenibilidad.
La educación para la paz y la educación ambiental.
Sus relaciones en el proyecto educativo contemporáneo
Durante las décadas de 1970 y 1980 comenzó a evidenciarse
el proceso de degradación del medio ambiente, la ocurrencia de cambios
sustanciales en el estado y funcionamiento de los sistemas ambientales, y
el deterioro de los recursos naturales, como resultado fundamentalmente de
la acción humana. Se reconoce la existencia de serios problemas
medioambientales, tales como la contaminación y el calentamiento global de
la atmósfera, la degradación de los suelos, el agotamiento de la cubierta
forestal, la contaminación y el agotamiento de los recursos hídricos, la
pérdida de especiales vegetales y animales, entre otros.
En la actualidad, resulta claro que la crisis ambiental
implica todas las dimensiones del medio ambiente. En el ámbito
socioeconómico y político, se manifiestan problemáticas que afectan las
condiciones de vida de una parte considerable de la población del planeta,
tales como la pobreza, las inequidades, el aumento del desempleo y de los
fenómenos de exclusión, el irrespeto a los derechos y a la identidades
culturales, religiosas y étnicas de las minorías, la persistente
desigualdad de género en los ámbitos públicos y privados, la pobreza, la
desintegración social y el analfabetismo, así como significativas
carencias en materia de salud, educación, esperanza de vida y
alimentación.
Otro de los problemas fundamentales que enfrenta la
humanidad, está relacionado con la elevada cifra de conflictos bélicos,
fenómenos gravemente lesivos a la esencia y a la dignidad humana. La
guerra ha desgarrado países enteros, como Bosnia, Camboya, el antiguo
Zaire, Angola, Afganistán, Sri Lanka, Somalia, Colombia, entre otros. La
misma, provoca, además de las dolorosas perdidas de vidas humanas; otras
manifestaciones no menos preocupantes, como los desplazamientos masivos de
población, las serias perturbaciones socioeconómicas, la ruptura de los
instrumentos y estructuras gubernamentales, la pérdida de recursos
naturales y materiales, el trasiego de armas y drogas, la corrupción, la
criminalidad, la marginalidad y la generalización del clima social de
intolerancia y hostilidad exacerbada.
La educación, al ocuparse del proceso formativo de los
individuos y grupos humanos, constituye una herramienta indefectible en la
contribución a la solución de las numerosas problemáticas actuales,
desafíos futuros y retos para el desarrollo que enfrenta nuestro planeta.
Como afirma Delors, (1999) "… la educación constituye un instrumento
indispensable para que la humanidad pueda progresar hacia los ideales de
paz, libertad y justicia social. La función esencial de la educación es el
desarrollo continuo de la persona y las sociedades, no como un remedio
milagroso —el «Abrete Sésamo» de un mundo que ha llegado a la realización
de todos estos ideales— sino como una vía, ciertamente entre otras pero
más que otras, al servicio de un desarrollo humano más armonioso, más
genuino, para hacer retroceder la pobreza, la exclusión, las
incomprensiones, las opresiones, las guerras, etc.
La función social de la educación incluye tanto la
transmisión de conocimientos, la integración cultural en sus múltiples
dimensiones (costumbres, tradiciones, lenguaje, valores éticos, creencias,
actitudes, estilos de vida), como la capacidad de convivir armónicamente
con el entorno, incluyendo tanto los recursos naturales, como al resto de
los individuos de nuestra propia especie.
La educación debe contribuir al desarrollo de los seres
humanos, combinando la transmisión de una cultura general suficientemente
amplia, con competencias que le permitan al individuo solucionar
situaciones problemáticas y el trabajo en equipos; la capacidad de
comprender la realidad medioambiental, incluyendo los elementos y
fenómenos naturales, físicos, tecnológicos, políticos y sociales, así como
la sensibilización y el compromiso de la acción respecto a las
problemáticas de esta realidad, de por sí, compleja y conflictiva; ganar
en habilidades para la solución de problemas y conflictos, de manera
pacífica, respetando los valores de pluralismo, comprensión mutua y paz, y
con la estimulación del adecuado desarrollo de la personalidad y la
capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal.
A consecuencias de la compleja realidad medioambiental que
caracteriza la contemporaneidad, y teniendo en cuenta el papel de la
educación en la formación del ser humano, y en el desarrollo de las
posibilidades de afrontamiento de esta realidad; en los últimos años han
surgido nuevas tendencias en el desarrollo de las ciencias de la
educación. Estas tendencias hacen referencia a aspectos de elevada
importancia en el desarrollo, dentro de ellas se encuentran la Educación
moral y cívica, la Educación para la Salud, la Educación sexual, la
Educación para la paz y la Educación ambiental, entre otros.
La Educación ambiental
Desde la antigüedad, ha constituido una preocupación de
muchas civilizaciones preparar a los seres humanos para vivir en estrecha
y armónica vinculación con su medio ambiente; pero fue a fines de la
década de los años 60 y principios de los 70 del pasado siglo que comienza
a usarse el término educación ambiental en el ámbito científico y
político, como muestra de la creciente preocupación mundial por las graves
condiciones ambientales del planeta.
Aunque el término educación ambiental ya aparece en
documentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia, la
Educación y la Cultura (UNESCO), datados de 1965, no es hasta el año 1972,
en Estocolmo, durante la Conferencia de la Naciones Unidas sobre el Medio
Humano, cuando se reconoce oficialmente la existencia de este concepto.
Desde entonces, se han realizado diferentes eventos
internacionales en los cuales se ha abordado la temática de la educación
ambiental, enriqueciendo el debate en esta corriente del pensamiento
educativo, entre los que se encuentran:
El Coloquio Internacional sobre la Educación relativa al
Medio Ambiente, realizado en Belgrado en el año 1975, donde se definen los
objetivos de la educación ambiental, que se orientan a la estimulación de
la concienciación, a la adquisición de conocimientos, actitudes,
aptitudes, capacidades de evaluación, y de participación de los seres
humanos en favor del medio ambiente; la Conferencia Intergubernamental
sobre Educación Ambiental, organizada por la UNESCO y el PNUMA en Tbilisi,
antigua URSS, 1977; el Congreso sobre Educación y Formación Ambiental,
Moscú, 1987; la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y
Desarrollo, Río de Janeiro, 1992, la cual aportó significativos acuerdos
internacionales, e importantes documentos, tales como la Agenda 21, en la
que se dedica el capítulo 36, al fomento de la educación y a la
reorientación de la misma hacia el desarrollo sostenible, la capacitación,
y la toma de conciencia; paralelamente a la Cumbre de la Tierra se realizó
el Foro Global Ciudadano de Río 92, en el cual se aprobaron 33 tratados,
uno de los cuales lleva por titulo Tratado de Educación Ambiental hacia
Sociedades Sustentables y de Responsabilidad Global; el Congreso
Iberoamericano de Educación Ambiental, Guadalajara (México, 1992) y la
Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible (Río + 10), realizada en el año
2002, en Johannesburgo, Sudáfrica.
Como resultado del debate ambiental, y de las aportaciones
realizadas tanto en el marco de estos eventos, como fuera de ellos, la
educación ambiental ha evolucionado considerablemente rápido, pasando de
un enfoque inicial predominantemente naturalista, centrado en cuestiones
tales como la conservación de los recursos naturales, así como de los
elementos físico – naturales, y la protección de la flora y la fauna,
hacia un enfoque más integral que se propone como objetivo educar para la
sustentabilidad, y que toma en cuenta las dimensiones tecnológicas,
socioculturales, políticas y económicas del medio ambiente, las cuales son
fundamentales para entender las relaciones de la humanidad con el entorno
y así poder gestionar adecuadamente los recursos del mismo.
Según esta concepción, "la educación ambiental, se ocupa
del proceso formativo integral del hombre, del desarrollo del mismo, es
decir, del cómo este se prepara a lo largo de su vida para interactuar con
el medio ambiente. Esta educación debe promover la formación de una
conciencia ambiental en los seres humanos que les permita convivir con el
medio ambiente, preservarlo, transformarlo en función de sus necesidades,
sin comprometer con ello la posibilidad de las generaciones futuras de
satisfacer las suyas; desarrollar la riqueza cultural de la humanidad,
producir bienes y riquezas materiales, incrementar el potencial
productivo, asegurando oportunidades equitativas para todos, sin que ello
implique poner en peligro nuestro ambiente, incluidos los diferentes
sistemas del mismo". Alea, (2005).
La educación ambiental se propone la estimulación de
cambios sustanciales en la subjetividad humana, de modificaciones en los
conocimientos, estilos de pensamiento, percepciones, valores, actitudes, y
concepciones del mundo de las personas, para lograr su formación como
seres activos en la solución de los problemas socioambientales que
enfrenta nuestro planeta.
La educación ambiental, "...intenta la socialización de
las personas mediante un proceso de deconstrucción de símbolos y sentidos
compartidos que se encuentran en la base de las relaciones sociales
actuantes sobre el medio ambiente, que tradicionalmente han sido la causa
del inadecuado uso y gestión de los recursos medioambientales, para,
posteriormente, proponer nuevos sentidos y significados, que puedan ser
compartidos por diferentes culturas y grupos sociales, coherentes con el
modelo de la sostenibilidad". Alea, (2005).
La educación ambiental debe facilitar los procesos de
aprendizaje y comprensión de las realidades socioambientales, de las
relaciones existentes entre los sistemas naturales y sociales, de la
importancia de los factores socioculturales en la causalidad de los
problemas ambientales, tanto mediante el ofrecimiento de informaciones que
incrementen los conocimientos de las personas sobre el medio ambiente, de
la promoción de la reflexión profunda acerca de la realidad medioambiental
y sus múltiples interdependencias, así como de la estimulación de la
formación de nuevos valores, sensibilidades y actitudes positivas hacia el
entorno, y la orientación hacia acciones favorables al medio.
La educación ambiental así entendida, "debe ser un factor
estratégico que incida en el modelo de desarrollo establecido para
reorientarlo hacia la sostenibilidad y la equidad, una educación en la que
se incluyen tanto la adquisición de conocimientos y destrezas como una
formación social y ética que está referida al entorno natural o construido
y que tiene como finalidad la sensibilización para lograr que los seres
humanos asumamos la responsabilidad que nos corresponde. Martínez, (2001).
La educación ambiental se orienta hacia la estimulación de
la adopción por parte de las personas de un modo de vida compatible con la
sostenibilidad, a su vez, uno de los retos principales del modelo del
desarrollo sostenible, "implica la necesidad de formar capacidades en las
personas y la sociedad, para orientar el desarrollo sobre bases
ecológicas, de diversidad cultural, y equidad y participación social. Para
ello han de tenerse en cuenta los comportamientos, valores sociales,
políticos, culturales y económicos en relación con la naturaleza. De igual
forma, ha de propiciar y facilitar herramientas para que las personas
puedan producir y apropiarse de saberes, técnicas y conocimientos que les
permitan una mayor participación en la gestión ambiental, decidir y
definir las condiciones y calidad de vida" Muñóz, (2003).
Para contribuir al logro de esta aspiración, es necesario
concebir toda la sociedad como un espacio educativo, determinar las
necesidades y potencialidades de aprendizaje de los ciudadanos, grupos,
agentes y actores sociales, para diseñar e implementar programas
educativos que se orienten hacia el desarrollo íntegro de los mismos, al
logro de una socialización comprometida con las diversas problemáticas
socioambientales que enfrenta la humanidad.
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