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Parte 2/ 2
La Educación para la paz
La cultura y la educación para la paz, son ideales tan
antiguos como la concepción de la guerra misma, fundados en el derecho y
la necesidad de convivir juntos. El hombre se desarrolla como tal, gracias
a su naturaleza social, y esto depende de la calidad del sistema de
relaciones sociales y prácticas socializadoras del medio que lo circunda.
Es precisamente en el marco de esta convivencia, y de las relaciones
interpersonales que se establecen a partir de ella, que se trasmite al ser
humano toda la cultura material y espiritual de la sociedad, necesaria
para la adaptación al medio natural y social, y la interacción activa y
dinámica con el mismo.
Desafortunadamente, y como afirma Pascual, (2004), "este
amplio legado ha sido relegado y ocultado, ya que la historia siempre se
ha escrito desde la perspectiva de los guerreros y poderosos, razón por la
cual, se hace necesario en la actualidad, analizar la historia desde la
perspectiva creadora, no desde las guerras y el poder de los vencedores"
A inicios del pasado siglo, en el contexto de la Primera
Guerra Mundial, el movimiento de la Escuela Nueva señaló la necesidad de
que la educación contribuyera al entendimiento entre las naciones, y a la
superación de las hostilidades entre los países. Al concluir la contienda,
se produce una corriente educativa que se propone la estimulación de la
concienciación de la necesidad de evitar la guerra, así como de los
ideales de internacionalismo y solidaridad. En los años treinta, estos
esfuerzos se ven obstaculizados por el ascenso de las ideas totalitarias y
zenofóficas del fascismo y el nazismo.
Al concluir la Segunda Guerra Mundial, con la creación de
las Naciones Unidas y específicamente de la UNESCO con su Proyecto de
Escuelas Asociadas, se incorporó la educación para el respeto a los
derechos humanos y para el desarme, al proyecto educativo mundial.
En los años 60, surge la Investigación por la Paz como
disciplina científica. En 1959 se funda el Instituto de Investigación
Social y en 1964 el IPRA (Asociación Internacional de Investigación por la
Paz), que difunde las ideas de Johan Galtung sobre violencia estructural y
las concepciones de Pablo Freire que vinculan la educación con la
emancipación de los pueblos, con el desarrollo y la eliminación de las
inequidades sociales.
A finales de los años 80, la educación por la paz se
concentra en enfoques prácticos, y en la convivencia en los espacios
sociales más cercanos, tales como la familia, el aula, el barrio, así como
otros grupos de pertenencia de los individuos. Se pretende formar a las
personas para la participación en la construcción de una cultura de paz,
accionando desde estos niveles de base, a través del tratamiento
no-violento de los conflictos.
Ya en los años 90, y debido a la mundialización, la
educación por la paz comienza a orientarse hacia un enfoque intercultural,
y a la formación en los individuos de capacidades, habilidades y voluntad
de convivencia armónica entre personas y grupos sociales de diferentes
pueblos, con culturas y experiencias diversas.
El año 2000, se declara por parte de la ONU (Organización
de las Naciones Unidas), el Año Internacional de la Cultura de Paz, dando
inicio al Decenio Internacional de la Cultura de Paz y No Violencia para
la Niñez del Mundo (2001-2010). En este marco, un grupo de Premios Nobel
de la Paz, iniciaron una petición llamada Manifiesto 2000.
Este documento, firmado por más de 75 millones de
personas, constituye un llamado a la humanidad a participar y hacerse
responsable con su futuro, al comprometerse con:
- Respetar todas las vidas y la dignidad de cada persona sin
discriminación ni prejuicios.
- Rechazar la violencia en todas sus formas practicando la noviolencia
activa.
- Liberar la generosidad a fin de terminar con la exclusión, la
injusticia, la opresión política y económica.
- Escuchar para comprenderse al defender la libertad de expresión y la
diversidad cultural, privilegiando siempre la escucha y el diálogo.
- Preservar el planeta al promover un consumo responsable y un
desarrollo que respete el equilibrio de los recursos naturales.
- Reinventar la solidaridad al propiciar la participación de todos y
todas.
Como se afirma la Declaración y el Programa de Acción para
una Cultura de Paz, de la Asamblea General de las Naciones Unidas,
(1999)…"La paz no es solo la ausencia de conflicto, ella también requiere
la existencia de una dinámica positiva y un proceso participativo, donde
el diálogo es estimulado y los conflictos son resueltos en un espíritu de
mutuo entendimiento y cooperación".
La paz, en su concepción positiva, implica la construcción
de la justicia en las relaciones entre los individuos y las sociedades, el
reconocimiento de la igualdad de derechos todos los pueblos y culturas, el
respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales, de la
libre determinación de los pueblos.
La paz implica la ausencia de cualquier forma de
discriminación, incluidas las basadas en la raza, el color, el sexo,
idioma, religión, opiniones políticas, origen social o étnico,
discapacidad, nacimiento o cualquier otro estatus. Implica el completo
respeto a los principios de soberanía, integridad territorial,
independencia política. Respeto a los derechos humanos y las libertades
fundamentales. El esfuerzo para satisfacer las necesidades ambientales y
de desarrollo de las presentes y futuras generaciones. Respeto al derecho
al desarrollo de todos los individuos, grupos y naciones. Y la adherencia
a los principios de libertad, justicia, democracia, tolerancia,
solidaridad, cooperación, pluralismo, diversidad cultural, diálogo y
comprensión a todos los niveles de la sociedad y entre las naciones. El
progreso de un íntegro desarrollo de la cultura de paz, se alcanza a
través de la promoción de los valores, las actitudes, modos de actuación y
estilos de vida que conduzcan a la promoción de la paz entre los
individuos, grupos y naciones.
En la Declaración y el Programa de Acción para una Cultura
de Paz, la Asamblea General de las Naciones Unidas, (1999), reconoce que
el desarrollo integral de una cultura de paz, está estrechamente
relacionado con: la promoción de la solución pacífica de conflictos, el
respeto mutuo, la comprensión y la cooperación internacional; el
cumplimiento de las obligaciones y las leyes internacionales; la promoción
de la democracia, y el respeto a los derechos humanos y las libertades
fundamentales; la estimulación del desarrollo en todas las personas de
habilidades para el diálogo, la negociación, el consenso, y la resolución
pacífica de las diferencias; el fortalecimiento de las instituciones
democráticas y el aseguramiento de la participación de todos en los
procesos de desarrollo; la erradicación de la pobreza, y el analfabetismo,
de las inequidades dentro de las naciones y entre ellas; la promoción del
desarrollo sostenible; la eliminación de todas las formas de
discriminación, racismo y xenofobia; el entendimiento, la tolerancia y la
solidaridad entre todas las civilizaciones, pueblos y culturas. La
educación en todos los niveles es uno de los principales medios para
construir una cultura de Paz. Así mismo, los gobiernos, la sociedad civil,
los medios masivos de comunicación, la familia, los maestros, políticos,
los grupos religiosos, los intelectuales, científicos, artistas,
trabajadores sociales, así como las organizaciones no gubernamentales,
debe estar completamente implicados en la educación, y en la promoción de
una cultura de paz.
La educación para la paz implica, como afirma Freire,
(1993) "desplazar la pedagogía autoritaria por una pedagogía de la
pregunta, por una pedagogía problematizadora y democratizante del
cuestionamiento, del atrevimiento, del disenso y de la audacia. Por una
pedagogía de la esperanza que, desde el imperativo existencial e histórico
contribuya a viabilizar nuestros sueños edificantes".
La educación en y para la paz, requiere la promoción y el
total respeto de los derechos humanos, y los valores asociados a los
mimos; el compromiso con el derecho a una vida digna; la justicia social y
la igualdad de oportunidades para todos; el rechazo a todas las
manifestaciones de la violencia, estructurales, sociales e
interpersonales, y de la utilización de la misma como estilo e instrumento
para resolución de conflictos sociales, interpersonales, políticos y
familiares; la lucha contra la corrupción y el caudillismo político; el
fomento de nuevos valores de generosidad, diálogo, escucha, entendimiento,
participación y solidaridad; la preservación de los recursos naturales y
la estimulación de conocimientos, actitudes, valores y comportamientos
favorables hacia el medio ambiente en todas sus dimensiones.
Desde la Cátedra UNESCO de Educación para la Paz, de la
Universidad de Puerto Rico, (2004), se proponen ciertas pautas para educar
efectivamente para la paz en convivencia solidaria.
-
Clima de seguridad, respeto y confianza. Se hace
indispensable articular un espacio educativo seguro, lo cual implica una
visión de seguridad basada en la apertura, la prevención y la atención
inmediata a los incidentes de violencia desde temprana edad. Se busca
proporcionar un espacio para la no-violencia, y la seguridad afectiva, a
partir de la construcción de un clima social de respeto y confianza. Se
parte del trato afectuoso y las expectativas positivas para potenciar la
autoestima de los integrantes de la comunidad escolar.
-
Relaciones de apoyo con las familias y la comunidad.
La escuela como agente socializador, debe proveer una red de apoyo
social al estudiante, en relación con su familia y la comunidad. Al
brindar acceso a los miembros de la comunidad inmediata, la escuela
puede servir para articular servicios que las familias necesitan para
una mejor calidad de vida. La familia y la comunidad deben percibirse
como una oportunidad para el crecimiento mutuo y la convivencia. Se
requiere articular esfuerzos para prevenir la violencia en y con los
integrantes de las familias y comunidades de los estudiantes. Es
importante conocer y aunar esfuerzos con la mayor cantidad de actores y
entidades sociales – comunitarias o estatales – en la aspiración a la
convivencia pacífica.
-
Educación emocional. La educación debe promover
la competencia social y emocional de los estudiantes al integrar
destrezas de vida a su experiencia educativa. Es necesario educar para
el reconocimiento, la expresión, el manejo y el auto-control de las
emociones. En la educación emocional se enseña a comunicar sentimientos,
experiencias y preocupaciones; se desarrolla la empatía por los
sentimientos y situaciones de vida de los demás.
-
Prácticas para el crecimiento, la apertura y la
tolerancia. La experiencia educativa tiene que partir de la realidad
de los estudiantes y propiciar el aprendizaje activo y con sentido, en
otras palabras "aprendizaje auténtico" para el conocimiento y la
transformación. Es necesario privilegiar el aprendizaje cooperativo y
colaborativo para aprender a vivir y trabajar con otros. Además,
propiciar la adquisición de herramientas para comprender los prejuicios,
apreciar la diversidad y practicar la tolerancia.
-
Resolución no violenta de conflictos. Es
necesario asumir la "pedagogía del conflicto" en contraposición a la
educación tradicional que persigue evitar o anularlo. En la perspectiva
tradicional, cuando los conflictos surgen, no se tratan, ni solucionan,
por otro lado se sancionan con castigos. Se entiende la disciplina como
un fin. En la pedagogía del conflicto, éste se asume y se entiende como
eje de la convivencia. Es base para la discusión y promoción de formas
no violentas de abordarlo. La disciplina no es un fin, si no un medio
para la convivencia. Es importante recalcar que la mediación y la
resolución no violenta de conflictos debe ser medio para la convivencia
entre todos los actores y sectores de la comunidad escolar.
-
Participación democrática. Una escuela promotora
de derechos y convivencia pacífica tiene que ser una escuela
participativa que fomente la ampliación progresiva de la autonomía de
los estudiantes.
Relaciones entre la educación para la paz y la educación
ambiental en el proyecto educativo contemporáneo.
Como se puede apreciar, existe una estrecha relación entre
la educación para la paz y la educación ambiental. Estos campos
relativamente jóvenes en las ciencias de la educación, poseen un lenguaje,
un discurso científico con múltiples puntos en común; comparten una visión
integradora, holística de la realidad; del ser humano y de sus relaciones
con el medio ambiente social y natural en el cual transcurre su vida y su
desarrollo social e individual; presentan considerables interdependencias
entre sus campos, objetos de estudio y objetivos, en el abordaje de los
fenómenos de interés y en los propósitos de comprender y modificar los
actuales estilos de relación sociedad - naturaleza.
La educación para la paz y la educación ambiental
reconocen ambas la importancia del desarrollo de cambios sustanciales en
la subjetividad humana, y en el estilo de relación entre los seres
humanos, y de estos con la naturaleza, para contribuir a la solución de
los graves problemas que enfrenta la humanidad en la contemporaneidad.
Estos cambios deben operarse tanto en los conocimientos, estilos de
pensamiento, procesos de aprendizaje y en la comprensión de las realidades
socioambientales, como en los valores, las actitudes, las percepciones y
los afectos humanos; para lograr modificaciones en los comportamientos, en
los estilos de vida, de afrontamiento y solución de conflictos, y
contribuir con ello a una mayor calidad ambiental y de vida.
Reconocen también la necesidad de considerar a la sociedad
toda como un espacio educativo, de implicar los diferentes actores
sociales en los procesos educativos, y en la promoción del cambio social.
Coinciden en que para lograr sus propósitos, es preciso partir de la
deconstrucción de determinados símbolos y sentidos culturales instituidos,
que han condicionado el establecimiento de relaciones de sometimiento,
tanto entre los propios seres humanos, grupos sociales y naciones, como
con el entorno natural; para promover el desarrollo de nuevos sentidos y
valores afines al modelo de la sostenibilidad.
Ambas se proponen la optimización del proceso de
socialización de los individuos y los grupos sociales, a lo largo de la
vida; con el objetivo de que se desarrollen patrones y normas de
convivencia e interacción adecuadas con el entorno. Tienen la finalidad de
contribuir al desarrollo de capacidades y habilidades necesarias para el
desempeño de los seres humanos como ciudadanos con plenos derechos y
deberes en la sociedad y en el planeta en el que viven; posibilitan el
entendimiento de los problemas cruciales que enfrenta nuestra
civilización, y la elaboración de un juicio crítico respecto a ellos, así
como actitudes y comportamientos favorables al medio natural y social.
La esencia de la educación ambiental y de la educación
para la paz, es dinámica, abierta, participativa, creativa, orientada
hacia el compromiso y la acción a favor de la construcción de un mundo más
justo y armónico, en el que tanto los recursos, los bienes como el poder
estén distribuidos de forma equitativa.
Ahora bien, ¿a qué retos pedagógicos nos enfrentamos
cuando nos proponemos desarrollar de manera efectiva la educación
ambiental y la educación para la paz?
El principal desafío es el de la integración de estas
tendencias en marcos educativos comprehensivos, la cual , como afirma
Sauvé (1999), "evita la fragmentación de los objetivos de la educación, e
integra las diferentes preocupaciones educativas; para ello, se debe
partir de una concepción amplia de educación que posibilitará la
aproximación a las diversas problemáticas mundiales, el establecimiento de
un marco integrador que no debe ser percibido como un molde sino que como
una propuesta hacia la búsqueda de sentido, de consistencia y de
relevancia, basada en la reflexión ética y epistemológica".
En este sentido, se impone encontrar espacios apropiados
para la educación ambiental y la educación para la paz dentro del proyecto
educativo contemporáneo, que les permita alcanzar sus propios objetivos,
así como esclarecer y fortalecer las relaciones entre ellas.
Esta integración se puede alcanzar aplicando adecuadamente
la concepción de transversalidad educativa. Esta "es, sin lugar a dudas,
uno de los elementos más innovadores de las actuales reformas educativas y
el elemento básico de la llamada Educación Global sostenida por los
siguientes ejes: la globalización de la cultura, la educación integral de
la persona, la organización democrática de la escuela y el compromiso de
la educación con la problemática socio-natural" Yus, (1997).
Para lograr una adecuada integración transversal de la
educación ambiental y la educación para la paz en el proyecto educativo
contemporáneo, se deberá abordar los contenidos que propicien la adecuada
comprensión de la realidad y las problemáticas socioambientales, desde su
complementariedad e interrelación; introducir nuevos contenidos
curriculares, pero sobre todo, reformular los existentes desde una nueva
orientación transdisciplinar; abordar tanto los aspectos intelectuales de
la educación, como los morales; reconceptualizar el conocimiento y
conectarlo con la realidad social, estimular la preocupación por los
problemas sociales y naturales, asumir una perspectiva crítica con
respecto a ellos; apostar por la educación en valores, a través del
desarrollo de estrategias socio-morales y socio-afectivas; proponerse una
educación que se oriente hacia el desarrollo íntegro de la personalidad de
los individuos, en una inserción consciente y comprometida en el medio
ambiente en el que viven.
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