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  Ética del minero y sustentabilidad en la minería

Desarrollo humano sustentable

Juan Manuel Montero Peña

Parte 1/ 2

  A modo de introducción

Foto de Jean-Claude Wicky, de la serie "Mineros, todos los días la noche", en homenaje a los mineros bolivianos

La minería es una actividad que ocasiona daños inmediatos a la naturaleza, sin embargo es una importante fuente de obtención de riquezas que contribuyen al logro de la sustentabilidad de las comunidades. En el artículo, que a continuación se presenta, se analiza cómo desde una concepción ética del manejo de los recursos naturales, se promueve la participación activa de todos los actores sociales de las comunidades mineras, es posible lograr un tipo de desarrollo, a largo plazo, sustentable dentro de un sistema más amplio de relaciones socio - económicas donde la minería es una actividad más del tejido social.

Se reflexiona sobre la posibilidad del desarrollo de una minería que respete la diversidad socio - cultural como una vía de alcanzar la sustentabilidad. Se analiza cómo el carácter hegemónico de la minería se convierte en una barrera para desarrollar proyectos socio económicos basados en la filosofía que impulsa el desarrollo sustentable. Particularmente se le presta atención a la relación que existe entre la homogeneización de la minería y de las culturas que arrasan con fuentes de vida en las regiones mineras y terminan por imponer una racionalidad socio cultural que nada tiene que ver con los saberes tradicionales donde, frecuentemente en Iberoamérica, se asientan las minas.

Se valora acerca de la importancia de la elaboración de códigos de ética del minero en los países de fuerte presencia minera y la formación de profesionales de esta ciencia, partiendo de la premisa que, estos más allá de su elaboración conceptual, allí donde existe una comunidad moral se pueden convertir en un estímulo para la participación en acciones que promuevan la formación de valores ambientales. Teniendo presente que los recursos minerales son renovables, y que su explotación actual, para ser sustentable, tiene que generar actividades alternativas que compensen a las generaciones actuales y futuras ante la pérdida de espacios económicos, consecuencia de la desaparición física de los yacimientos actuales.

  Realidad minera

La minería, como se ha planteado, es una actividad que por la forma en que se produce ocasiona daños al medio ambiente que son percibidos por las comunidades de forma inmediata, sin embargo es totalmente imprescindible para mantener las conquistas alcanzadas por la humanidad, y especialmente para aquellos países subdesarrollados que ante el reto de cualquier modelo de desarrollo, su primera urgencia es desarrollarse. En tal caso, es de gran importancia educar la percepción pública de las comunidades en la adecuada valoración de los impactos negativos, en la mayoría de los casos sobredimensionados por grupos interesados en desacreditar la minería, y en la comprensión de cómo puede convertirse esta actividad en una palanca propulsora de las economías nacionales.

Cuando hablamos de percepción pública en minería no se puede perder de vista que en el contexto minero interactúan diversos actores sociales, que por sus intereses tienen percepciones diferentes del problema minero y en consecuencia con ello adoptan comportamientos contrapuestos ante un mismo problema. Están, por citar un ejemplo, los propietarios del las minas, los mineros, los paramineros, la población residencial, las organizaciones comunitarias – especialmente las ecologistas -, el estado; frecuentemente un actor independiente, los banqueros, los proveedores de equipos mineros, los empleados en otras actividades económicas, etc. Todos tienen sus propias percepciones ante el tema minero lo cual provoca frecuentes conflictos en las comunidades mineras.

Estos conflictos adquieren dimensiones dramáticas en aquellas zonas donde la explotación de los yacimientos minerales destruye actividades económicas basadas en recursos renovables y que por su grado de afectación al medio los convierte en no – renovables. Tal es el caso de las minas que vierten residuales al mar y los ríos, las que desaparecen miles de kilómetros de bosques o las que contaminan los pastos del ganado o las plantaciones agrícolas con lluvias ácidas u otros agentes contaminantes. Sin embargo, el problema, como tal no es de la minería propiamente dicha como actividad económica, es el resultado de una concepción del desarrollo social, donde no se utilizan las ganancias que produce la actividad en la generación de alternativas para las comunidades y donde no se ha logrado identificar nichos concretos de sustentabilidad, que la minería puede potenciar con los recursos que genera, muy especialmente con el conocimiento geológico – minero que se va gestando con el desarrollo de las diferentes operaciones mineras.

En este panorama no se puede perder de vista que en América Latina concurren en el negocio minero poderosas empresa transnacionales asentadas en nuestros países, dotadas de las más avanzadas tecnologías existentes en el mundo, que provocan conflictos con los empresarios nacionales y las comunidades los cual es necesario tener en cuenta cuando pretendemos pensar en un desarrollo de tipo sustentable para esta actividad. Por ello sería oportuno identificar algunos elementos que luego se necesitan para proponer estrategias dirigidas a promover proyectos basados en los principios de la sustentabilidad.

En primer lugar, las tecnologías utilizadas por las empresas transnacionales tienen potenciales productivos capaces de consumir en menor tiempo los yacimientos minerales que con las formas tradicionales de explotación, por parte de las empresas nacionales, perdurarían por un espacio mayor de tiempo. Este razonamiento es válido para la pequeña, la mediana y la gran minería que se enfrentan en esta situación al dilema de la competitividad o la quiebra, sinónimo de pobreza y marginación en el mundo de la globalización. De hecho, ésta constituye una de las causas más frecuentes de conflictos entre las comunidades residentes y las empresas productoras cuando se descubren nuevos yacimientos, como es el caso del oro. Un estudioso de esta situación en Latinoamérica evalúa la problemática con los siguientes términos: "Confrontaciones con la comunidad residente y con comunidades nativas son frecuentes en regiones donde recién se descubre y explota un yacimiento aurífero. Debido a que esta actividad requiere conocimientos técnicos y capital de inversión, los pequeños mineros por lo general no están preparados para una participación equitativa" (Pantoja, 2002:96-97).

Evidentemente esta constituye una barrera para el logro de la sustentabilidad y la causa de numerosos conflictos territoriales que es preciso tener en cuenta cuando se analiza la realidad minera.

En segundo lugar, estos "desarrollos", que desconocen los valores auténticos de las comunidades nacionales son consumidores de altas cuotas de sociodiversidad, lo cual impone a los grupos de residentes la necesidad de adoptar prácticas ajenas a sus costumbres ancestrales. Entre los conflictos que generan las nuevas tecnologías se encuentran los asociados a la aparición de nuevos estilos de vida que entran en contradicción con la cosmovisión de los grupos asentados en las proximidades del yacimiento y que casi de forma inmediata se convierten en empleados de las minas.

En este sentido sería oportuno señalar que en el tratamiento de la problemática de la sustentabilidad aún queda un largo camino por recorrer y entre las barreras de su correcta aplicación en la práctica y su asimilación teórica por la comunidad científica, el público y los tomadores de decisiones se encuentra: ¿qué entender por sustentabilidad para cada grupo social?. Además, la comprensión del significado motivacional que en lo individual lleva implícito la asimilación de una ética que contradice formas tradicionales de vida. Es decir, las perspectivas teóricas clásicas de evaluar la sustentabilidad, desde el Informe Brundtland hasta a actualidad, se limitan al análisis de la cuestión de los recursos naturales y de la satisfacción de las necesidades de las actuales y futuras generaciones, tratando al hombre en abstracto. No se tienen en cuenta las limitaciones psicológicas que se derivan de la asimilación de un nuevo modelo de vida por parte de los individuos como portadores individuales de valores sociales y el contexto histórico donde estos desarrollan su vida.

Para lograr el desarrollo sustentable en lo general el individuo necesita superar las limitaciones psico – sociales, derivadas de la asimilación de un nuevo estilo de desarrollo; vinculado a formas diferentes de asimilar la realidad, entre las cuales las más importantes se relacionan con el sujeto como ser social y la posibilidad que desde una concepción del mundo signada por condiciones socio – históricas muy singulares, en ocasiones contrapuestas a la propia filosofía de la sustentabilidad, su individualidad tenga la capacidad suficiente para asimilar los cambios que se producen en la vida cotidiana. Estas limitaciones, en primer lugar, se refieren a la capacidad de creer en sí mismo, de superar las barreras que el medio le impone y principalmente readaptarse a los cambios, para lo cual debe poseer estabilidad emocional y valores individuales bien definidos.

Pero ello requiere de importantes precisiones de índole teórica que son decisivas en el momento de asumir qué es la sustentabilidad. Este tema obliga al análisis dialéctico de las relaciones hombre – naturaleza – sociedad, como punto de partida en la búsqueda de un necesario consenso global en relación con el establecimiento de un concepto que se convierta en una pauta universal para el establecimiento de políticas de desarrollo. Para ello es preciso tener en cuenta varios momentos, en primer lugar, lo sustentable depende de lo local, de las comunidades, sus hábitos y costumbres de vida. La utilización de pieles para cubrirse de los intensos fríos de las latitudes polares exige de la utilización de pieles más allá del peligro de extinción de una u otra especie, lo cual puede convertirse en una práctica insostenible en civilizaciones de regiones cálidas donde esto no constituye una necesidad de sobrevivencia. De ahí que, lo que puede constituir una práctica denominada sustentable para una comunidad, para otra no lo sea. Por ello se hace imprescindible determinar en cada comunidad qué es lo que realmente se quiere sostener y las actividades que pueden contribuir a la sustentabilidad de cada cultura dentro del gran mosaico de culturas de la humanidad toda.

En segundo lugar, es preciso considerar que los llamados principios generales de la sustentabilidad necesitan ser contextualizados dentro de una lógica que la civilización occidental ha impuesto como valida para todas las culturas, sin tener en cuenta que tanto los indicadores de calidad de vida, como modo de desarrollo dependen de las comunidades locales. Estudiosos españoles de esta problemática han planteado el tema en los siguientes términos: "Sostenible o no sostenible, lo que está por ver, en última instancia se trata pura y simplemente de desarrollismo; es decir, de priorizar las consideraciones económicas sobre consideraciones sociales o ecológicas. Cuando lo que realmente debería estar en cuestión [...] es discutir el modelo de vida y la actitud respecto a la naturaleza que mejorará la calidad de vida de los seres humanos" (López & Méndez, 2005:150-151).

Esta cuestión pasa por la óptica de comprender la dialéctica de la interacción crecimiento – desarrollo, visto desde la lógica de las comunidades porque: "El desarrollo [...] no es la única vía para la sostenibilidad. De hecho existen sociosistemas ecológicamente integrados que no obedecen al imperativo desarrollista del crecimiento económico, y en los que, además, no tiene sentido conciliar tal crecimiento con los objetivos de proteger la naturaleza y atender las necesidades sociales" (López & Méndez, 2005:153). Por todo ello el tema del desarrollo sustentable se decide en la comunidad, proceso en cual un valor incalculable posee la moral entendida como un reflejo de la "[...] realidad desde el punto de vista de las necesidades, intereses y valores humanos, en forma de principios, normas y juicios de valor, resultando que la propia realidad es además modelada, valorada, vivenciada" (López, 2004a:93).

Otra cualidad del individuo que se debe desarrollar, para asimilar en toda su magnitud los cambios que supone un nuevo paradigma de desarrollo, es la capacidad de diferenciar los hechos de la ficción, o sea, ver los acontecimientos de forma objetiva, asignándoles a los objetos materiales su valor real, sin sobredimensionar aquellos recursos que no son de primera necesidad. Algo importante en este proceso es no desconocer la trayectoria histórica del sujeto, sus hábitos de consumo y la relación de estos con los valores comunitarios, sin crear falsas expectativas sobre la posibilidad de alcanzar todos los objetivos que las sociedades basadas en el consumo promueven. No se puede propagar la cultura de la búsqueda de la satisfacción de las necesidades individuales desconociendo el lugar que el hombre desempeña en un modo de producción concreto. Con otras palabras, es necesario adecuar las necesidades al poder adquisitivo real, de lo contrario se crearían amenazas para los sistemas sociales y naturales.

Una limitación que en el orden psico – social enfrentan los individuos para asumir el modelo desarrollo sustentable es la incapacidad de apreciar en toda su dimensión los valores intangibles de la cultura, especialmente aquellos relacionados con la creación de nuevas formas de vida que cambien los patrones de conducta tradicionales. Esta limitación se relaciona con el tradicional rechazo del hombre a lo nuevo, en tanto este signifique un cambio de los paradigmas tradicionales. Esta situación se ve acentuada en la época actual con las tecnologías de la información y las comunicaciones que promueven hábitos contrarios a las prácticas comunitarias tradicionales lo que se convierte en amenazas para el medio ambiente.

En el orden del comportamiento individual del sujeto el desarrollo del individualismo y la creencia de que el dinero resuelve todos los problemas que pueda presentar el ser humano crea una conducta egocéntrica, que promueve el desarrollo de una personalidad, para la cual el fin último de su existencia es satisfacer a cualquier precio sus necesidades materiales. Esta conducta genera una cultura de rechazo a los valores intangibles que existen en el medio ambiente y que el desarrollo sustentable posee como presupuesto. Este aspecto es vital para lograr la sustentabilidad y se precisa promover la solidaridad y la cooperación entre los seres humanos como base de la formación de una conducta de respeto a los valores tangibles e intangibles de la naturaleza y la sociedad.

Lo más importante cuando se trata del logro de la sustentabilidad en el individuo, como portador de los valores del nuevo paradigma, es la necesidad de la formación de una personalidad basada en la creación de valores que van más allá de lo individual, sin perder la individualidad. Solamente una personalidad con estabilidad psicosocial, con sólidos mecanismos emocionales creados, podrá enfrentar los cambios que se operan en la sociedad, como consecuencia de la asimilación de los nuevos patrones socio – culturales que el nuevo modelo socio – económico propone.

Por todo ello la minería para obtener su merecido reconocimiento como una actividad más para cualquier comunidad, es necesario promover investigaciones que contribuyan a comprender la realidad minera desde el pensamiento complejo, según (Delgado, 2004) donde se logre superar las dicotomías, presente en la racionalidad clásica, entre el sujeto y el objeto, buscando consolidar una ética del minero que supere la forma tradicional de considerar lo moral separado del proceso de cognición y de formación de un conocimiento de la realidad. Ello serviría para fundamentar de forma sistémica el compromiso de los científicos, profesionales de especialidades mineras y los mineros con el medio ambiente dentro de una determinada racionalidad socio - económica, a partir de la existencia real de una comunidad moral.

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