|
Parte 2 / 2
Ética del minero
 |
|
Foto de Jean-Claude Wicky, de la
serie "Mineros, todos los días la noche", en homenaje a los mineros
bolivianos |
En primer lugar, es notorio el hecho de que en varios
países de Iberoamérica no existan códigos de ética, en algunos de ellos
existe un compromiso social e institucional con la protección del medio
ambiente, que pudieran sistematizar la formación de una conducta de
responsabilidad ante la naturaleza. Como es conocido los códigos morales
se convierten en puntos de obligada referencia en la conformación de una
conducta que define un determinado comportamiento del sujeto, no
precisamente por "[...] su elaboración conceptual, sino más bien por el
grado de implicación personal y aceptación de la mayor parte de los
profesionales para respetarlo, tanto en el plano ético como motivacional"
(López, 2004b:20).
El conocido especialista cubano, deja bien definido: "Todo
código moral posee una doble perspectiva. Debe encarar por un lado las
normas de conducta que representan logros históricos de la sociedad, y por
el otro, el conjunto de requerimientos morales que la sociedad no se
encuentra aún en posibilidades de llevar a la práctica de manera
generalizada" (López, 2004a:88). Precisamente, en esta segunda
perspectiva, se basa la prepuesta que realiza este trabajo relacionada con
la necesidad de introducir cambios en la enseñanza de la minería,
dirigidos a formar desde la ciencia, en el currículo del minero una ética
del profesional de esta rama.
En segundo lugar, la formación de profesionales de la
minería precisa de un enfoque dirigido hacia una mayor introducción en el
currículo de las ciencias sociales y muy especialmente de las que se
dedican a la formación de un pensamiento relacional, entre estas, un lugar
privilegiado le corresponde a la Ética Ambiental. Es imprescindible la
existencia de asignaturas específicas donde se formen valores acerca de la
actitud del profesional de esta especialidad hacia el medio ambiente.
Los estudiantes, de las carreras de Minería en América
Latina, reciben en las asignaturas elementos sobre la historia de la
ciencia y temas relacionados con el medio ambiente, pero no de forma
integrada lo cual no permite que se pueda sistematizar un conocimiento
ambiental desde la multidisciplinariedad.
Además, no tienen un conocimiento pertinente de la propia
historia de la formación de la Ética Ambiental lo cual contribuiría a su
formación de valores a partir de conocer las diferentes corrientes
existentes y cómo cada una de ella ha realizado aportes a la formación de
un pensamiento ético de la relación del hombre con la naturaleza. Por todo
ello podemos afirmar que la formación de valores que se realiza en la
actualidad es insuficiente y debe existir una asignatura que integre un
sistema de conocimientos más dirigido a la problemática de la ética desde
una visión holística del problema ambiental en esta actividad.
En tercer lugar, en el currículo del minero deben aparecer
asignaturas que permitan construir una visión relacional de la realidad
minera, especialmente una donde se analice el tema del desarrollo
sustentable, impartida de forma tal que el estudiante pueda establecer las
relaciones lógicas en que se produce la realidad. Todo ello tiene que
crear las bases teóricas para que una vez que este profesional se
encuentre en la producción adopte una conducta consciente, de acuerdo con
el contexto donde toma decisiones ambientales, sin concebir la realidad
como algo que se "le ha dado" como acabada, sujeta a leyes manejadas por
los hombre a su antojo y donde él pertrechado de tecnologías posee el
derecho terrenal de transformarla o utilizarla a su antojo. Las
asignaturas que existen en los programas no contribuyen a la formación de
un pensamiento holístico de lo ambiental como problema que sustenta la
relación entre el hombre y la naturaleza. Además no incluye el problema de
la ética ambiental en general, y de la ética del profesional de la
minería, en particular, por dos razones fundamentales: en primer lugar por
la existencia de una concepción que no le otorga el lugar merecido a estas
reflexiones, en la conformación de un cuadro científico del profesional, y
porque aún no es posible hablar de la existencia de una ética del minero.
Esta es una cuestión de relevancia para el logro de una
sociedad sustentable, si tenemos en cuenta que en la esencia de este
paradigma descansa una cuestión totalmente ética referida a las relaciones
intra e intergeneracionales, que deben tener una vía de solución en la
formación de elevados valores ambientales en los tomadores de decisiones y
en los profesionales que trabajan en esta actividad.
En cuarto lugar, la actividad minera por su forma de
realizarse ocasiona interesantes conflictos éticos que solamente se pueden
resolver a través de una adecuada formación de los profesionales de esta
rama y a través de planes de educación ambiental para los trabajadores
directos de las minas y de la población. El trabajador que labora
directamente en las minas se desvincula de las consecuencias que sobre el
medio ambiente ocasiona el beneficio de los minerales que ocurre en
plantas diferentes. Esta es una situación mucho más compleja porque en sus
valores las minas son simplemente formaciones donde el hombre tiene el
derecho de mover todas las toneladas de mineral que sean necesarias para
enviarlas a la plantas de beneficio de donde obtiene su bienestar
económico. Mientras, que por su parte, el beneficiador no tiene relación
directa con lo ocurrido en las minas, creándose la visión de dos
actividades diferentes, separadas por sus objetivos cuando en realidad son
partes integrantes de un mismo proceso.
Esta situación llega incluso a originar problemas
conceptuales en la ciencia en la medida que los primeros se consideran
mineros y los segundos metalúrgicos cuando realmente por las
características de los procesos ambos son mineros. Esta dicotomía en el
análisis de la actividad minera ocasiona contradicciones en la elaboración
de una estrategia en la formación de valores ambientales.
Estas contradicciones se pueden resolver únicamente cuando
existen estrategias de desarrollo que incluyen los problemas originados en
las etapas de la minería, como forma de encontrar soluciones
multidisciplinarias a estos desde las contribuciones que diferentes
ciencias pueden aportar, con una visión integradora de la actividad
minera. Pero además no se puede excluir de este proceso el problema de la
consideración de lo moral y lo valorativo como partes integrantes del
proceso de formación de conocimientos. Y algo que no puede excluirse en
las reflexiones sobre los problemas éticos vinculados con la minería y su
tratamiento en un posible código del profesional de esta rama: la
participación ciudadana en la gestión de la ciencia y la tecnología en
comunidades mineras.
Como se puede apreciar, por la importancia del tema minero
en la región de América Latina, existe la obligación de trabajar en la
elaboración de un código de ética profesional para la minería. "Por código
de ética profesional se entiende el conjunto de principios, normas y
exigencias morales adoptado en un medio profesional determinado, con el
objetivo fundamental de regular la conducta moral de los distintos
profesionales en su quehacer" (López, 2004a:88).
Estos códigos son un momento de la concreción de una
cultura ambiental que tiene como objetivo la formación de una racionalidad
ambiental que incluye los siguientes procesos definidos por el ecólogo
mexicano Enrique Leff y que por su importancia para las proposiciones
abordadas más adelante se citan textualmente.
Primeramente, se habla de el "establecimiento del marco
axiológico de una "ética ambiental" donde se forjan los principios morales
que legitiman las conductas individuales y el comportamiento social frente
a la naturaleza, el ambiente y el uso de los recursos naturales" (Leff,
2005:86).
En segundo lugar, "La construcción de una teoría
ambiental, por medio de la transformación de los conceptos, técnicas e
instrumentos para conducir los procesos socioeconómicos hacia estilos de
desarrollo sustentables" (Leff, 2005:86).
Y en tercer lugar, "La movilización de diferentes grupos
sociales y la puesta en práctica de proyectos de gestión ambiental
participativa, fundados en los principios y objetivos del ambientalismo" (Leff,
2005:87).
En Cuba no existe un código de ética del profesional de la
minería, a pesar de existir un compromiso social reconocido con la
protección del medio ambiente minero y una comunidad científica totalmente
identificada con los intereses de un proyecto social que ha privilegiado
la protección de sus recursos naturales y del minero.
La situación analizada nos permite formular los principios
por los cuales se estructuraría un Código de Etica del profesional de la
minería y las asignaturas que consideramos se deben introducir en los
planes de estudio estarían basados en las propias características de la
actividad y de los actores participantes.
Principios para la elaboración de un Código de
ética del minero
-
La conciencia de estar en presencia de una actividad
económica que se desarrolla a partir de recursos no – renovables que
consecuentemente no estarían físicamente al alcance de la generación
siguiente, lo cual condiciona la necesidad de un comportamiento
ambiental responsable que permita dejar alternativas a las futuras
generaciones en consecuencia con las oportunidades que dejarán de tener
por el agotamiento de los yacimientos minerales.
-
El desarrollo de una conciencia ambiental consecuente
con un tipo de actividad que genera impactos ambientales destructores de
ecosistemas asentados directamente en las minas, pero que además afecta
a los situados en la misma cadena lo cual exige de un conocimiento
ambiental certificado que permita una actuación responsable ante la
posibilidad de impactar negativamente riquezas de flora y fauna ubicadas
en zonas que no se benefician con los resultados directos de la
actividad minera.
-
La necesidad de una permanente vigilancia tecnológica
ante la existencia de riesgos para la salud humana y para "la
preservación de la diversidad biológica y de la pluralidad cultural" (Leff,
2005:88) que están dentro del límite de la comunidad minera.
-
La obligación moral de rehabilitar las zonas degradadas
por las exploraciones y la explotación mineras, teniendo como premisa un
conocimiento riguroso previo de las características existentes en los
terrenos minados antes del inicio de las operaciones.
-
La protección del patrimonio geólogo – minero como un
bien para las presentes y futuras generaciones, con el cual adquieren un
compromiso moral los actores mineros vinculados a los activos
ambientales.
-
La conservación de los residuales mineros como fuente de
materias primas para las futuras generaciones para lo cual las
generaciones actuales tienen el compromiso moral de encontrar
tecnologías de manejo adecuado en las escombreras y las presas de colas.
-
El compromiso moral de encontrar formas de considerar la
participación pública en la toma de decisiones ambientales donde se
tenga en cuenta el conocimiento popular como una forma de enriquecer el
patrimonio cultural de las comunidades y los valores ambientales
individuales y colectivos.
-
La obligación de tomar decisiones con el mayor nivel de
conocimiento posible, con la convicción, de que a pesar del desarrollo
de la ciencia, tomamos decisiones tecnológicas con un determinado grado
de incertidumbre y en muchos casos sin tener la capacidad suficiente de
predecir lo que sucederá en el futuro.
En este contexto es importante tener en cuenta, como se
expresaba con anterioridad, que la realidad minera esta conformada por
diferentes actores sociales para los cuales la minería produce
percepciones diferentes. Una comunidad minera esta formada por dos grupos
con objetivos y propósitos diferenciados, que lógicamente son muy
difíciles de conceptuar y que es necesario tener en cuenta en el momento
de elaborar indicadores.
En esta comunidad podemos encontrar formas de
participación pública, conciencia y comportamiento ambientales diferentes
de acuerdo con el nivel de identificación de cada grupo con la minería y
que es necesario tener en cuenta al proponer formas de medir los
diferentes indicadores. Para ello es imprescindible caracterizar la forma
en que los especialistas ven la temática de la sustentabilidad en la
minería que sirva de base para las propuestas de una nueva
conceptualización de esta dentro de los límites de la misma. Es decir, la
elaboración de una propuesta que defina con claridad la forma en que la
minería contribuirá al logro de la sustentabilidad en una comunidad
específica, una región o un país.
Es muy importante tener una idea exacta de la importancia
de la formación de valores en los ámbitos de la relación entre las
tecnologías y la sociedad. Estos pueden convertirse en herramientas
decisivas ante la toma de decisiones por parte del sujeto, algo así como
barreras que impedirían un comportamiento no ético ante una actitud
irresponsable.
Sustentabilidad en la minería
En publicaciones anteriores y en diferentes eventos
científicos donde se han presentado los resultados de estas
investigaciones se ha defendido como una nueva forma de ver el desarrollo
sustentable en la minería como desarrollo compensado, el cual puede dar
una visión más clara de qué tipo de relación se establece entre el hombre,
la naturaleza y la sociedad en dicha actividad. Se enmarca dentro de una
lógica que considera que las comunidades mineras para llegar al desarrollo
sustentable deben transitar por tres etapas, o grados de sustentabilidad,
en las cuales deben resolver tareas esenciales para pasar a la etapa
posterior: crecimiento, compensaciones y desarrollo sustentable.
El desarrollo compensado es una etapa en el movimiento de
las comunidades mineras hacia la sustentabilidad donde se busca compensar
de forma racional los impactos que la minería ocasiona sobre el medio
ambiente, sin menguar la posibilidad del hombre actual de satisfacer sus
necesidades. Es una etapa donde se pretende privilegiar la capacidad de
satisfacer las necesidades materiales y espirituales de la sociedad,
creando las condiciones necesarias para que las futuras generaciones
satisfagan las suyas a partir de toda la experiencia, que en materia de
formación de recursos humanos y de tecnología creen las actuales
generaciones y los procesos productivos alternativos que puedan surgir a
partir de las nuevas tecnologías que se produzcan.
Este tipo de desarrollo llama al análisis de las
condiciones materiales, culturales y políticas en que se produce la
explotación del recurso, dando prioridad a los factores políticos y
culturales. De ahí la necesidad de formar una cultura minera que tenga en
cuenta la participación de todos los actores comunitarios y que considere
la tecnología como un hecho cultural, lo cual facilitaría tener en cuenta,
en el futuro; cuando se agoten los recursos de un yacimiento, el
patrimonio geológico - minero como cultura. Para ello se tendría que
sostener la idea de ver las tecnologías mineras presentes en las
comunidades, donde se cierran las minas, como cultura patrimonial de estos
grupos.
Conclusiones
-
La minería es una actividad imprescindible en el
desarrollo de la humanidad, especialmente para los países
subdesarrollados que encuentran en ella una vía para encausar un
crecimiento económico que les permita acumular recursos para encarar los
retos impuestos por el desarrollo en una era donde la ciencia y la
tecnología más modernas marcan el ritmo de crecimiento y desarrollo de
las economías mundiales. Por ello es responsabilidad de la comunidad
científica y de los decisores políticos y ambientales fundamentar
teóricamente las formas de materializar prácticas mineras dirigidas a la
búsqueda de la sustentabilidad de la actividad.
-
La posibilidad de elaborar códigos de ética del
profesional no resuelve el problema de las prácticas insostenibles en la
minería, ellas son provocadas por causas estructurales muy diversas, sin
embargo, contribuye a la determinación de cuál debe ser la actitud del
profesional de esta rama ante la explotación de los recursos minerales,
en particular y, ante la naturaleza, en sentido general.
-
La proposición de una reconceptualización en el modo de
entender el desarrollo sustentable en la minería no significa, en modo
alguno, negar los elementos positivos del concepto desarrollo
sustentable. Todo lo contrario, es un intento de encontrar las
imprescindibles herramientas teóricas y metodológicas para que se
convierta en una formulación capaz de generar políticas de desarrollo
dirigidas a la concreción de la sustentabilidad del desarrollo.
-
La problemática de la minería, una actividad que opera
sobre la base de recursos de los cuales no dispondrán las futuras
generaciones obliga a los científicos, a los decisores ambientales y
políticos de sus comunidades a generar estrategias que promuevan un
desarrollo local sustentable, a partir de la aparición de actividades
alternativas que compensen a las generaciones presentes y futuras por
las pérdidas de espacios económicos como consecuencia del cierre de
minas. Este es un tema de urgente necesidad teórico - práctica para los
especialistas de las regiones mineras de América Latina, una asignatura
pendiente en la conformación de una política sustentable en el sector.
Referencias
1. Delgado, C. Hacia un nuevo saber. La Bioética en la
revolución contemporánea del saber. La Habana, 2004. (Texto en formato
electrónico). 289p.
2. Leff, E. Ecología y capital. En: Valdés, C. (Ed.).
Selección de Lecturas. Ecología y Sociedad. La Habana, 2005. (Texto en
Edición). p.86-89
3. López, J., Méndez, J. Una crítica al concepto
desarrollo sostenible equilibrio dinámico en la comunidad local. En:
Valdés, C. (Ed.). Selección de Lecturas. Ecología y Sociedad. La Habana,
2005. (Texto en Edición). p.137-158
4. López, L. Hacia una Ética de la ciencia: problemas e
interrogantes. En: López, L. (Ed.). El saber ético de ayer a hoy. Tomo I.
La Habana: Ed. Félix Varela, 2004a. 85-107
5. López, L. Los códigos de ética profesional: ¿Enriquecen
o empobrecen el trabajo científico?. En: López, L. (Ed.). El saber ético
de ayer a hoy. Tomo II. La Habana: Ed. Félix Varela, 2004b. 12-21
6. Pantoja, F. Problemática y ordenamiento de la pequeña
minería del oro en Latinoamérica. En: Villas Boas, R., Page, R. La minería
en el contexto de la ordenación del territorio. Río de Janeiro: CNPq/CYTED,
2002. p.93-106
|
| |