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ISSN 1913-6196

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  Después de la violencia

Entrevista

 Araceli García del Soto

Parte 1 / 2

Araceli (Arancha) García del Soto ostenta una licenciatura en psicología social y un doctorado en sociología. Nacida en Asturias, España ha trabajado con distintas organizaciones no gubernamentales y locales para proveer asistencia psicológica y comunitaria a sobrevivientes de la violencia en varios países como por ejemplo en Perú, Guatemala, Liberia, Sierra Leona, Colombia, Iraq y Sri Lanka.

Cuenta con varias publicaciones y ha impartido conferencias en las dosAméricas, Europa y África acerca de la intervención psicológica con sobrevivientes de diferentes tipos de violencia —económica, política y étnica— y víctimas de violaciones de derechos humanos.

El primer anhelo es que cesen las desapariciones y las muertes.
La principal aspiración es que cese el sufrimiento y las causas del miedo

No debemos seguir esquemas rígidos que generen nuevas injusticias
y nieguen el sufrimiento y la complejidad emocional
 de las situaciones de la gente cuando enfrentamos estas realidades.


Primero, quisiera que se presentara a los lectores de Futuros

Soy una psicóloga que cayó en cuenta de la importancia de la pobreza y la desigualdad en el mundo y como el contexto social y político, y el bienestar personal y comunitario son dependientes unos de otros. A partir de ese acercamiento tuve la oportunidad de comenzar a trabajar internacionalmente, la primera vez fue en el año 93 compartiendo con refugiados bosnios en Eslovenia. Esta experiencia inicial me dio una perspectiva mucho más amplia y más pegada a la realidad que la que había tenido hasta el momento con un enfoque más puramente académico.

Desde entonces he tenido la oportunidad de compartir con supervivientes de violencias de distintos lugares del mundo. En los últimos cinco años también he trabajado con supervivientes latinoamericanos.

¿Has trabajo con refugiados de algún proceso de justicia transicional?

La primera vez que tuve la oportunidad de seguir este tipo de proceso, aunque no muy de cerca, sino como observadora fue en Bosnia. Fue allí cuando el tema de la violación sexual consiguió denunciarse, por primera vez, como arma de guerra. Esto se logró gracias al trabajo conjunto que hicieron abogadas, psicólogas, trabajadoras sociales y mujeres bosnias que habían sido violadas. Esta fue la primera vez que vi de cerca como el trabajo comunitario podía unirse a procesos legales internacionales. Fue una experiencia extraordinaria que duró desde los mediados de los 90 hasta 1999.

En Perú, mucho tiempo después, en el año 2005, tuve la oportunidad de vivir más de cerca estos procesos. Dentro de la regulación e implementación de la Ley de Reparaciones en el Perú trabajé en el área de la salud mental y también en las demandas de las comunidades.

En Colombia conozco algunos de los casos de familiares de desaparecidos/asesinados que lleva la Corte Interamericana.

Es decir su experiencia ha sido directamente del lado de las víctimas pero en este tipo de proceso hay quien aboga que es más importante lograr acuerdos de paz que buscar justicia para los violadores de derechos humanos. Desde la perspectiva de las víctimas ¿qué es lo que más se anhela?, ¿cuáles son los deseos inmediatos de las víctimas?

Lo que estas llamando acuerdos de paz según mi manera de entenderlo es el primer momento en que se decide hacer un alto por todas las partes involucradas en la violencia, ¿es a esto a lo que te refieres, o te refieres más a procesos de reconciliación?

Me refería a los acuerdos de paz, pero si tiene experiencia en ambos casos me gustaría que me explicara la diferenciación.

Hay algunos estudios bien documentados sobre el asunto, y otros que son más bien encuestas en las que se les pregunta a los supervivientes ¿qué es lo que quieren y en qué orden?

En particular —a primer golpe de memoria— recuerdo dos muy buenos, uno del Fondo de Refugiados de la Comisión Europea, ECRE de 1999, y otro del Alto Comisionado para Refugiados de Naciones Unidas más reciente. Ambos concluyen que lo primero que piden los supervivientes de violencia es seguridad, en el sentido de una ausencia física de violencia y de amenaza real: física y material. Por supuesto esto tiene sentido. Es totalmente lógico, de que el primer anhelo es que cesen las desapariciones y las muertes. La principal aspiración es que cese el sufrimiento y las causas del miedo.

Después de esa primera petición lo que suelen pedir las víctimas está más vinculado a las imperiosas necesidades materiales, porque estamos hablamos de contextos donde hay mucha pobreza. Lo que quieren es comer a diario, un trabajo que les permita tener un mínimo sostén económico para mantener a la familia. Y también aparece la preocupación —que se puede definir también como prioridad porque se refleja siempre en las encuestas entre las primeras demandas—, por la educación de los hijos; es decir el porvenir de las futuras generaciones.

La demanda de justicia está siempre presente, pero suele venir después. Y creo que es un proceso absolutamente lógico. Lo que no han reflejado estos estudios es la intensidad de las necesidades.

Mi experiencia personal con los supervivientes es que prácticamente todos reclaman justicia, pero no todos lo hacen desde el primer momento. Las necesidades materiales son tan imperiosas, tan prioritarias y elementales; y además las experiencias que han vivido son tan intensas que las primeras demandas tienen que ver con la cotidianidad.

¿Siempre ha sido así?, ¿en el caso de Perú también?

En el caso de Perú he ido a los procesos de formulación de la ley muchos años después del inicio del proceso. Mi experiencia con las víctimas y supervivientes de la violencia fue que la demanda de justicia seguía estando presente, latente y viva, aunque estas peticiones son formuladas de manera muy concreta y tienen mucho que ver con lo que decía anteriormente: demandas educativas para las generaciones jóvenes, demandas de atención de salud, las cartillas sanitarias y otras de enfoque humanitario.

¿Quiere decir qué no hay una prioridad en pasar cuenta a los violadores?

Yo he trabajo fundamentalmente con refugiados, pero también con víctimas de violencia que no han salido de sus países de origen, desplazados, Y en el caso de Perú y en algunos países africanos, como Sri Lanka y a partir de esa experiencia directa puedo afirmar que sí hay una demanda muy intensa de lo que llamamos reconocimiento. ¿Qué se entiende por reconocimiento? Hacer público quienes han sido los agresores y cuáles han sido en concreto los actos de agresión.

También se requiere en ese reconocimiento que se mencionen los nombres de otras personas implicadas. Yo no entiendo que eso sea un deseo de venganza. De hecho hay un par de estudios en los que se demuestra que prácticamente no existen actos de venganza en casi ningún contexto.

Sí ocurren fabulaciones o imaginaciones de venganza. Desde el punto de vista de la psicología individual, parece que los supervivientes dedican mucho tiempo a imaginar como podrían vengarse. Están todavía en la fase de la rabia, con la sensación de injusticia e impotencia, por lo que estas fantasías tienen sentido, pero no se llevan a la realidad. Por lo general no se ejecutan actos de venganza.

Desde el punto de vista del campo de la psicología social, en todos estos procesos donde hubo guerras o violaciones ¿cree que puede lograrse una paz duradera si no hay un proceso de justicia?

El problema es que la psicología social es una disciplina muy amplia en la que hay distintos enfoques. Hay distintas maneras de abordar un problema. Me atrevería a decir que si le preguntas a un psicólogo social, desde el punto de vista académico, lo que te va a decir es que sí se puede dar un proceso de paz duradera y reconciliación, ignorando otros datos del contexto, como pueden ser la pobreza, la desigualdad o la necesidad del reconocimiento de la memoria. ¿Por qué?, porque esta es una psicología social muy restrictiva, que se centra mucho más en lo que es la individualidad e ignora los factores desde el punta de vista sociológico, económico o político.

Hay otro tipo de la psicología social que es más integradora y menos rigurosa desde el punto de vista del "control científico" y que tiene mucho más en cuenta el contexto social. Desde este enfoque me atrevería a decirte que no creo que se pueda alcanzar una paz duradera si no se tiene en cuenta la búsqueda de la verdad y si no se consideran el peso de otro factores, como son la recuperación de la memoria, que se basa en rescatar lo ocurrido en el pasado; y los factores emocionales, como por ejemplo el miedo, que va a seguir estando presente, incluso después del cese de la violencia; y también la vergüenza, o bien por la violencia que ha sufrido directamente la víctima, como es el caso de la violencia sexual, en algunos casos infligida también a muchos hombres, o bien la vergüenza, como perpetrador. Aunque es muy frecuente en casos latinoamericanos donde se es a la vez víctima y perpetrador.

Explícame más sobre eso

Hay muchos casos en Guatemala, en El Salvador o en Perú, donde hay muchos campesinos que formaron partes de brigadas que buscaban a presuntos guerrilleros. Eran los mismos ejércitos los que obligaban a los campesinos a integrarse en estas patrullas y convertirse en verdugos. En ese sentido hay muchas personas que son lo que llamamos actores grises. No es una situación en blanco y negro, no son totalmente víctimas, ni perpetradores, o dicho de otro modo son los dos términos a la vez. Es bien complejo desde el punto de vista psicológico y uno se lo encuentra en muchos lugares. Estando en Sri Lanka fue la primera vez que tropecé con esa realidad. Estaba dando una charla sobre las realidades de los supervivientes y al final se me acercó una persona del público y me dijo: "…¿y qué opinaría si yo le dijese que he sufrido como víctima todo lo que ha explicado y también soy uno de esos que ustedes llaman en teoría agresores". Fue en ese momento que caí en la cuenta de que no debemos seguir esquemas rígidos que generen nuevas injusticias y nieguen el sufrimiento y la complejidad emocional de las situaciones de la gente cuando enfrentamos estas realidades.

Pero respondiendo a la pregunta de manera breve. No creo que se pueda alcanzar una paz duradera si no se tienen en cuenta los procesos de injusticia del pasado. Por ejemplo, en mi propio país, España, en cuanto a las exhumaciones. España vivió una guerra civil desde 1936 a 1939, con una dictadura posterior que duró más de 40 años. A finales de los años 70, comenzó un proceso de transición a la democracia pero todavía hoy, a más de 60 años del final de la guerra del 39, algunos de los miembros de las generaciones posteriores a los protagonistas de la guerra civil siguen buscando en fosas comunes a los restos de sus ancestros, porque durante la transición democrática, como en otras muchas transiciones en Latinoamérica, hubo un proceso de amnistía. Punto final e impunidad. Borrón y cuenta nueva. Pero se crearon procesos sociales espontáneos de recuperación de memoria, lo que demuestra que enterrar la verdad no es una fórmula social tan adecuada como les gustaría creer a los políticos o a los que formulan las políticas de transición. También es cierto que los partidos pueden manipular y exagerar esta recuperación de la memoria, polarizando a la población o negando las realidades que no les interesan.

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