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Parte 1 / 2
Araceli
(Arancha) García del Soto ostenta una licenciatura en psicología social y
un doctorado en sociología. Nacida en Asturias, España ha trabajado con
distintas organizaciones no gubernamentales y locales para proveer
asistencia psicológica y comunitaria a sobrevivientes de la violencia en
varios países como por ejemplo en Perú, Guatemala, Liberia, Sierra Leona,
Colombia, Iraq y Sri Lanka.
Cuenta con varias
publicaciones y ha impartido conferencias en las dosAméricas, Europa y
África acerca de la intervención psicológica con sobrevivientes de
diferentes tipos de violencia —económica, política y étnica— y víctimas de
violaciones de derechos humanos.
El primer anhelo es que cesen las desapariciones y las
muertes.
La principal aspiración es que cese el sufrimiento y las causas del miedo
No debemos seguir esquemas rígidos que generen nuevas
injusticias
y nieguen el sufrimiento y la complejidad emocional
de las situaciones de la gente cuando enfrentamos estas realidades.
Primero, quisiera que se
presentara a los lectores de Futuros
Soy una psicóloga que cayó en cuenta de la importancia de
la pobreza y la desigualdad en el mundo y como el contexto social y
político, y el bienestar personal y comunitario son dependientes unos de
otros. A partir de ese acercamiento tuve la oportunidad de comenzar a
trabajar internacionalmente, la primera vez fue en el año 93 compartiendo
con refugiados bosnios en Eslovenia. Esta experiencia inicial me dio una
perspectiva mucho más amplia y más pegada a la realidad que la que había
tenido hasta el momento con un enfoque más puramente académico.
Desde entonces he tenido la oportunidad de compartir con
supervivientes de violencias de distintos lugares del mundo. En los
últimos cinco años también he trabajado con supervivientes
latinoamericanos.
¿Has trabajo con refugiados de
algún proceso de justicia transicional?
La
primera vez que tuve la oportunidad de seguir este tipo de proceso, aunque
no muy de cerca, sino como observadora fue en Bosnia. Fue allí cuando el
tema de la violación sexual consiguió denunciarse, por primera vez, como
arma de guerra. Esto se logró gracias al trabajo conjunto que hicieron
abogadas, psicólogas, trabajadoras sociales y mujeres bosnias que habían
sido violadas. Esta fue la primera vez que vi de cerca como el trabajo
comunitario podía unirse a procesos legales internacionales. Fue una
experiencia extraordinaria que duró desde los mediados de los 90 hasta
1999.
En Perú, mucho tiempo después, en el año 2005, tuve la
oportunidad de vivir más de cerca estos procesos. Dentro de la regulación
e implementación de la Ley de Reparaciones en el Perú trabajé en el área
de la salud mental y también en las demandas de las comunidades.
En Colombia conozco algunos de los casos de familiares de
desaparecidos/asesinados que lleva la Corte Interamericana.
Es decir su experiencia ha sido
directamente del lado de las víctimas pero en este tipo de proceso hay
quien aboga que es más importante lograr acuerdos de paz que buscar
justicia para los violadores de derechos humanos. Desde la perspectiva de
las víctimas ¿qué es lo que más se anhela?, ¿cuáles son los deseos
inmediatos de las víctimas?
Lo que estas llamando acuerdos de paz según mi manera de
entenderlo es el primer momento en que se decide hacer un alto por todas
las partes involucradas en la violencia, ¿es a esto a lo que te refieres,
o te refieres más a procesos de reconciliación?
Me refería a los acuerdos de paz, pero si tiene
experiencia en ambos casos me gustaría que me explicara la diferenciación.
Hay algunos estudios bien documentados sobre el asunto, y
otros que son más bien encuestas en las que se les pregunta a los
supervivientes ¿qué es lo que quieren y en qué orden?
En particular —a primer golpe de memoria— recuerdo dos muy
buenos, uno del Fondo de Refugiados de la Comisión Europea, ECRE de 1999,
y otro del Alto Comisionado para Refugiados de Naciones Unidas más
reciente. Ambos concluyen que lo primero que piden los supervivientes de
violencia es seguridad, en el sentido de una ausencia física de violencia
y de amenaza real: física y material. Por supuesto esto tiene sentido. Es
totalmente lógico, de que el primer anhelo es que cesen las desapariciones
y las muertes. La principal aspiración es que cese el sufrimiento y las
causas del miedo.
Después de esa primera petición lo que suelen pedir las
víctimas está más vinculado a las imperiosas necesidades materiales,
porque estamos hablamos de contextos donde hay mucha pobreza. Lo que
quieren es comer a diario, un trabajo que les permita tener un mínimo
sostén económico para mantener a la familia. Y también aparece la
preocupación —que se puede definir también como prioridad porque se
refleja siempre en las encuestas entre las primeras demandas—, por la
educación de los hijos; es decir el porvenir de las futuras generaciones.
La demanda de justicia está siempre presente, pero suele
venir después. Y creo que es un proceso absolutamente lógico. Lo que no
han reflejado estos estudios es la intensidad de las necesidades.
Mi experiencia personal con los supervivientes es que
prácticamente todos reclaman justicia, pero no todos lo hacen desde el
primer momento. Las necesidades materiales son tan imperiosas, tan
prioritarias y elementales; y además las experiencias que han vivido son
tan intensas que las primeras demandas tienen que ver con la cotidianidad.
¿Siempre ha sido así?, ¿en el
caso de Perú también?
En el caso de Perú he ido a los procesos de formulación de
la ley muchos años después del inicio del proceso. Mi experiencia con las
víctimas y supervivientes de la violencia fue que la demanda de justicia
seguía estando presente, latente y viva, aunque estas peticiones son
formuladas de manera muy concreta y tienen mucho que ver con lo que decía
anteriormente: demandas educativas para las generaciones jóvenes, demandas
de atención de salud, las cartillas sanitarias y otras de enfoque
humanitario.
¿Quiere decir qué no hay una
prioridad en pasar cuenta a los violadores?
Yo
he trabajo fundamentalmente con refugiados, pero también con víctimas de
violencia que no han salido de sus países de origen, desplazados, Y en el
caso de Perú y en algunos países africanos, como Sri Lanka y a partir de
esa experiencia directa puedo afirmar que sí hay una demanda muy intensa
de lo que llamamos reconocimiento. ¿Qué se entiende por reconocimiento?
Hacer público quienes han sido los agresores y cuáles han sido en concreto
los actos de agresión.
También se requiere en ese reconocimiento que se mencionen
los nombres de otras personas implicadas. Yo no entiendo que eso sea un
deseo de venganza. De hecho hay un par de estudios en los que se demuestra
que prácticamente no existen actos de venganza en casi ningún contexto.
Sí ocurren fabulaciones o imaginaciones de venganza. Desde
el punto de vista de la psicología individual, parece que los
supervivientes dedican mucho tiempo a imaginar como podrían vengarse.
Están todavía en la fase de la rabia, con la sensación de injusticia e
impotencia, por lo que estas fantasías tienen sentido, pero no se llevan a
la realidad. Por lo general no se ejecutan actos de venganza.
Desde el punto de vista del campo de
la psicología social, en todos estos procesos donde hubo guerras o
violaciones ¿cree que puede lograrse una paz duradera si no hay un proceso
de justicia?
El problema es que la psicología social es una disciplina
muy amplia en la que hay distintos enfoques. Hay distintas maneras de
abordar un problema. Me atrevería a decir que si le preguntas a un
psicólogo social, desde el punto de vista académico, lo que te va a decir
es que sí se puede dar un proceso de paz duradera y reconciliación,
ignorando otros datos del contexto, como pueden ser la pobreza, la
desigualdad o la necesidad del reconocimiento de la memoria. ¿Por qué?,
porque esta es una psicología social muy restrictiva, que se centra mucho
más en lo que es la individualidad e ignora los factores desde el punta de
vista sociológico, económico o político.
Hay otro tipo de la psicología social que es más
integradora y menos rigurosa desde el punto de vista del "control
científico" y que tiene mucho más en cuenta el contexto social. Desde este
enfoque me atrevería a decirte que no creo que se pueda alcanzar una paz
duradera si no se tiene en cuenta la búsqueda de la verdad y si no se
consideran el peso de otro factores, como son la recuperación de la
memoria, que se basa en rescatar lo ocurrido en el pasado; y los factores
emocionales, como por ejemplo el miedo, que va a seguir estando presente,
incluso después del cese de la violencia; y también la vergüenza, o bien
por la violencia que ha sufrido directamente la víctima, como es el caso
de la violencia sexual, en algunos casos infligida también a muchos
hombres, o bien la vergüenza, como perpetrador. Aunque es muy frecuente en
casos latinoamericanos donde se es a la vez víctima y perpetrador.
Explícame más sobre eso
Hay muchos casos en Guatemala, en El Salvador o en Perú,
donde hay muchos campesinos que formaron partes de brigadas que buscaban a
presuntos guerrilleros. Eran los mismos ejércitos los que obligaban a los
campesinos a integrarse en estas patrullas y convertirse en verdugos. En
ese sentido hay muchas personas que son lo que llamamos actores grises. No
es una situación en blanco y negro, no son totalmente víctimas, ni
perpetradores, o dicho de otro modo son los dos términos a la vez. Es bien
complejo desde el punto de vista psicológico y uno se lo encuentra en
muchos lugares. Estando en Sri Lanka fue la primera vez que tropecé con
esa realidad. Estaba dando una charla sobre las realidades de los
supervivientes y al final se me acercó una persona del público y me dijo:
"…¿y qué opinaría si yo le dijese que he sufrido como víctima todo lo que
ha explicado y también soy uno de esos que ustedes llaman en teoría
agresores". Fue en ese momento que caí en la cuenta de que no debemos
seguir esquemas rígidos que generen nuevas injusticias y nieguen el
sufrimiento y la complejidad emocional de las situaciones de la gente
cuando enfrentamos estas realidades.
Pero respondiendo a la pregunta de manera breve. No creo
que se pueda alcanzar una paz duradera si no se tienen en cuenta los
procesos de injusticia del pasado. Por ejemplo, en mi propio país, España,
en cuanto a las exhumaciones. España vivió una guerra civil desde 1936 a
1939, con una dictadura posterior que duró más de 40 años. A finales de
los años 70, comenzó un proceso de transición a la democracia pero todavía
hoy, a más de 60 años del final de la guerra del 39, algunos de los
miembros de las generaciones posteriores a los protagonistas de la guerra
civil siguen buscando en fosas comunes a los restos de sus ancestros,
porque durante la transición democrática, como en otras muchas
transiciones en Latinoamérica, hubo un proceso de amnistía. Punto final e
impunidad. Borrón y cuenta nueva. Pero se crearon procesos sociales
espontáneos de recuperación de memoria, lo que demuestra que enterrar la
verdad no es una fórmula social tan adecuada como les gustaría creer a los
políticos o a los que formulan las políticas de transición. También es
cierto que los partidos pueden manipular y exagerar esta recuperación de
la memoria, polarizando a la población o negando las realidades que no les
interesan.
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