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ISSN 1913-6196

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  El cambio climático en América Latina y el Caribe

Desarrollo humano sustentable

 SEMARNAT y PNUMA  

Parte 1/2

El presente artículo, es un fragmento del documento "El Cambio climático en América Latina y el Caribe" resultado de una iniciativa impulsada por el Gobierno de México a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, SEMARNAT y por la Oficina Regional para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA/ORPALC). Este estudio contó con una versión preliminar concluida en noviembre del 2004, que fue presentada en ocasión de la Décima Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, celebrada en Argentina entre el 6 y el 1 7 de diciembre de 2004 . Descargar el informe completo en pdf

 

 

  El contexto general

La percepción del cambio climático como uno de los problemas ambientales predominantes en el siglo XXI se ha venido reforzando en todo el mundo en los últimos años. Nuevas y crecientes evidencias del efecto de las interacciones del hombre con el medio ambiente se revelan ante nosotros en forma del deshielo en las regiones polares, sequías inusitadas, lluvias torrenciales, huracanes, ciclones de alta intensidad y todo tipo de fenómenos irregulares que amenazan con cambiar bruscamente los patrones climáticos de la tierra, con efectos sin precedentes sobre los ecosistemas, la economía, la sociedad y para la propia sobrevivencia de la especie humana.

La región de América Latina y el Caribe se enfrenta a la amenaza del cambio climático sobre la base de características ambientales peculiares, en tanto en ella se localizan algunos de los países con mayor disponibilidad de agua dulce o mayor biodiversidad del planeta. Muchos países de la Región presentan niveles muy altos de vulnerabilidad frente a fenómenos climáticos extremos, capaces de desencadenar desastres que comprometan su proceso de desarrollo. Tal es el caso de los pequeños estados insulares del Caribe, cuyas características les confieren una alta vulnerabilidad.

Estas particulares condiciones contribuyen a explicar por qué la región ha desempeñado un papel muy destacado en los procesos multilaterales de negociación relacionados con el cambio climático y por qué hoy se inserta con reconocible fuerza en las acciones que se desarrollan bajo el Protocolo de Kyoto y en particular, en el Mecanismo para un Desarrollo Limpio.

Para ampliar y profundizar en este papel, es necesario conocer en qué medida contribuye la región a la conformación del problema climático mediante sus emisiones de gases de efecto invernadero, cómo puede verse afectada por los impactos del cambio climático, qué acciones, políticas, medidas y estrategias han venido adoptando los países de la Región para hacerle frente, cuáles son los escenarios y las perspectivas a corto y mediano plazos, cómo identificar oportunidades de cooperación regional para enfrentar un desafío global que nos afecta a todos y de qué modo las iniciativas y acciones adoptadas en la Región pueden contribuir a enfrentar el problema del cambio climático a escala global.

  El cambio climático: problema ambiental de carácter global 1

Los principales gases del efecto invernadero (GEI) están aumentando como resultado de la actividad humana.

La Tierra, al calentarse bajo el influjo de la energía solar que atraviesa su atmósfera, devuelve parte de esta energía al espacio en forma de radiación infrarroja. Los "GEI" en la atmósfera impiden que la radiación infrarroja escape directamente de la superficie al espacio, en tanto esta radiación no puede atravesar directamente el aire como la luz visible.

Los principales gases de efecto invernadero (en adelante GEI) son el vapor de agua, el dióxido de carbono, el ozono, el metano, el óxido nitroso, los halocarbonos 2 y otros industriales creados por el hombre.

Si bien estos gases en su conjunto representan menos del 1% de la composición de la atmósfera, cumplen la vital función de producir el "efecto invernadero natural", gracias al cual existe la vida en el planeta tal y como la conocemos.

De esta manera, el problema no radica en la existencia y comportamiento de estos gases, que resultan esenciales para la vida, sino en el hecho de que los principales GEI (posiblemente con la excepción del vapor de agua 3) están aumentando como resultado directo de la actividad humana, en particular las emisiones de dióxido de carbono principalmente de la combustión de carbón, petróleo y gas natural, el metano y el óxido nitroso debido esencialmente a la agricultura, la descomposición de la materia orgánica y a los cambios en el uso de la tierra, el ozono generado por los escapes de los automotores y otras fuentes 4, y los gases industriales de vida prolongada tales como los clorofluorocarbonos (CFC), los hidrofluorocarbonos (HFC) y los hidrocarburos perfluorados (PFC). De esta forma, el efecto invernadero natural es sobrepasado por el impacto de la actividad humana.

El dióxido de carbono es actualmente responsable de más del 60% del "efecto de invernadero ampliado", es decir, del efecto agregado por la actividad humana. Este gas se da naturalmente en la atmósfera pero la combustión de carbón, petróleo y gas natural está liberando el carbono almacenado en estos combustibles fósiles a una velocidad sin precedentes.5

Análogamente, la deforestación libera el carbono almacenado en los árboles. Las emisiones anuales actuales ascienden, por este concepto, a más de 23 mil millones de toneladas métricas de dióxido de carbono, o sea casi el 1% de la volumen total de dióxido de carbono de la atmósfera. En la más sistemática secuencia de mediciones, correspondiente a las del Observatorio de Mauna Loa, Hawai, la concentración máxima de CO2 alcanza ya el nivel de 380 ppm. Esta concentración –la más alta en varios cientos de miles de años– es 100 ppm superior a la que correspondería en la ausencia de intervención humana en la atmósfera global.

En sentido contrario, los bosques, cuando son conservados, actúan como "sumideros" de carbono.

Los niveles de metano ya han crecido en un factor de dos y medio durante la era industrial. Las principales nuevas fuentes de este poderoso gas de invernadero son la agricultura, en particular los arrozales inundados y la expansión de la cría de ganado. También contribuyen las emisiones del vertido de desechos y las fugas de la extracción de carbón y producción de gas natural.

El metano de las emisiones arriba mencionadas contribuye actualmente en un 20% al efecto invernadero ampliado. El rápido aumento del metano comenzó más recientemente que el del dióxido de carbono, pero la contribución del primero se le ha ido poniendo a la par rápidamente. Sin embargo, el metano tiene un tiempo de vida atmosférico efectivo de sólo doce años, mientras que el dióxido de carbono persiste durante un periodo mucho más prolongado.

El óxido nitroso, una serie de gases industriales y el ozono, contribuyen al restante 20% del efecto invernadero ampliado. Los CFC se están estabilizando debido a los controles de emisiones introducidos en el marco del Protocolo de Montreal para proteger la capa del ozono estratosférico; sin embargo, los niveles de gases de vida prolongada como los HFC, los PFC y el hexafloruro de sulfuro están en aumento. Si bien los niveles de ozono estratosférico están disminuyendo, los niveles de este gas se están elevando en algunas regiones en la capa inferior de la atmósfera, debido a la contaminación del aire.

Las emisiones de GEI producidas por el hombre ya han perturbado el balance mundial de energía en cerca de 2,5 watts por metro cuadrado. Esto equivale aproximadamente a 1% de la energía solar entrante neta que dirige el sistema climático y representa la energía liberada por la combustión de 1,8 millones de toneladas de petróleo cada minuto, o dicho de otro modo, 100 veces más el ritmo mundial de consumo comercial de energía.

En sentido contrario, los aerosoles creados por el hombre tienen un efecto de enfriamiento general. Las emisiones de sulfuros de las centrales de energía alimentadas con carbón o petróleo y la combustión de material orgánico, producen partículas microscópicas que pueden reflejar la luz del sol devuelta en el espacio y afectar también a las nubes.

El enfriamiento resultante contrarresta en parte el calentamiento de invernadero. Sin embargo, estos aerosoles permanecen en la atmósfera durante un periodo relativamente corto, comparado con los GEI de vida prolongada, por lo cual su efecto de enfriamiento está localizado.

  Notas

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