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Parte 1/2
El presente artículo, es un fragmento del documento "El
Cambio climático en América Latina y el Caribe" resultado de una
iniciativa impulsada por el Gobierno de México a través de la Secretaría
de Medio Ambiente y Recursos Naturales, SEMARNAT
y por la Oficina Regional para
América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente (PNUMA/ORPALC). Este estudio
contó con una versión preliminar
concluida en noviembre del 2004, que fue presentada en ocasión de la
Décima Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones
Unidas sobre el Cambio Climático, celebrada en Argentina entre el 6 y el 1
7 de diciembre de 2004 . Descargar el informe completo en pdf
El contexto general
La percepción del cambio climático como uno de los
problemas ambientales predominantes en el siglo XXI se ha venido
reforzando en todo el mundo en los últimos años. Nuevas y crecientes
evidencias del efecto de las interacciones del hombre con el medio
ambiente se revelan ante nosotros en forma del deshielo en las regiones
polares, sequías inusitadas, lluvias torrenciales, huracanes, ciclones de
alta intensidad y todo tipo de fenómenos irregulares que amenazan con
cambiar bruscamente los patrones climáticos de la tierra, con efectos sin
precedentes sobre los ecosistemas, la economía, la sociedad y para la
propia sobrevivencia de la especie humana.
La región de América Latina y el Caribe se enfrenta a la
amenaza del cambio climático sobre la base de características ambientales
peculiares, en tanto en ella se localizan algunos de los países con mayor
disponibilidad de agua dulce o mayor biodiversidad del planeta. Muchos
países de la Región presentan niveles muy altos de vulnerabilidad frente a
fenómenos climáticos extremos, capaces de desencadenar desastres que
comprometan su proceso de desarrollo. Tal es el caso de los pequeños
estados insulares del Caribe, cuyas características les confieren una alta
vulnerabilidad.
Estas particulares condiciones contribuyen a explicar por
qué la región ha desempeñado un papel muy destacado en los procesos
multilaterales de negociación relacionados con el cambio climático y por
qué hoy se inserta con reconocible fuerza en las acciones que se
desarrollan bajo el Protocolo de Kyoto y en particular, en el Mecanismo
para un Desarrollo Limpio.
Para ampliar y profundizar en este papel, es necesario
conocer en qué medida contribuye la región a la conformación del problema
climático mediante sus emisiones de gases de efecto invernadero, cómo
puede verse afectada por los impactos del cambio climático, qué acciones,
políticas, medidas y estrategias han venido adoptando los países de la
Región para hacerle frente, cuáles son los escenarios y las perspectivas a
corto y mediano plazos, cómo identificar oportunidades de cooperación
regional para enfrentar un desafío global que nos afecta a todos y de qué
modo las iniciativas y acciones adoptadas en la Región pueden contribuir a
enfrentar el problema del cambio climático a escala global.
El cambio climático: problema ambiental de carácter global
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Los
principales gases del efecto invernadero (GEI) están aumentando como
resultado de la actividad humana. |
La Tierra, al calentarse bajo el influjo de la energía
solar que atraviesa su atmósfera, devuelve parte de esta energía al
espacio en forma de radiación infrarroja. Los "GEI" en la atmósfera
impiden que la radiación infrarroja escape directamente de la superficie
al espacio, en tanto esta radiación no puede atravesar directamente el
aire como la luz visible.
Los principales gases de efecto invernadero (en adelante
GEI) son el vapor de agua, el dióxido de carbono, el ozono, el metano, el
óxido nitroso, los halocarbonos 2 y otros industriales creados por el
hombre.
Si bien estos gases en su conjunto representan menos del
1% de la composición de la atmósfera, cumplen la vital función de producir
el "efecto invernadero natural", gracias al cual existe la vida en el
planeta tal y como la conocemos.
De esta manera, el problema no radica en la existencia y
comportamiento de estos gases, que resultan esenciales para la vida, sino
en el hecho de que los principales GEI (posiblemente con la excepción del
vapor de agua 3) están aumentando como resultado directo de la actividad
humana, en particular las emisiones de dióxido de carbono principalmente
de la combustión de carbón, petróleo y gas natural, el metano y el óxido
nitroso debido esencialmente a la agricultura, la descomposición de la
materia orgánica y a los cambios en el uso de la tierra, el ozono generado
por los escapes de los automotores y otras fuentes 4, y los gases
industriales de vida prolongada tales como los clorofluorocarbonos (CFC),
los hidrofluorocarbonos (HFC) y los hidrocarburos perfluorados (PFC). De
esta forma, el efecto invernadero natural es sobrepasado por el impacto de
la actividad humana.
El dióxido de carbono es actualmente responsable de más
del 60% del "efecto de invernadero ampliado", es decir, del efecto
agregado por la actividad humana. Este gas se da naturalmente en la
atmósfera pero la combustión de carbón, petróleo y gas natural está
liberando el carbono almacenado en estos combustibles fósiles a una
velocidad sin precedentes.5
Análogamente, la deforestación libera el carbono
almacenado en los árboles. Las emisiones anuales actuales ascienden, por
este concepto, a más de 23 mil millones de toneladas métricas de dióxido
de carbono, o sea casi el 1% de la volumen total de dióxido de carbono de
la atmósfera. En la más sistemática secuencia de mediciones,
correspondiente a las del Observatorio de Mauna Loa, Hawai, la
concentración máxima de CO2 alcanza ya el nivel de 380 ppm. Esta
concentración –la más alta en varios cientos de miles de años– es 100 ppm
superior a la que correspondería en la ausencia de intervención humana en
la atmósfera global.
En sentido contrario, los bosques, cuando son conservados,
actúan como "sumideros" de carbono.
Los niveles de metano ya han crecido en un factor de dos y
medio durante la era industrial. Las principales nuevas fuentes de este
poderoso gas de invernadero son la agricultura, en particular los
arrozales inundados y la expansión de la cría de ganado. También
contribuyen las emisiones del vertido de desechos y las fugas de la
extracción de carbón y producción de gas natural.
El metano de las emisiones arriba mencionadas contribuye
actualmente en un 20% al efecto invernadero ampliado. El rápido aumento
del metano comenzó más recientemente que el del dióxido de carbono, pero
la contribución del primero se le ha ido poniendo a la par rápidamente.
Sin embargo, el metano tiene un tiempo de vida atmosférico efectivo de
sólo doce años, mientras que el dióxido de carbono persiste durante un
periodo mucho más prolongado.
El óxido nitroso, una serie de gases industriales y el
ozono, contribuyen al restante 20% del efecto invernadero ampliado. Los
CFC se están estabilizando debido a los controles de emisiones
introducidos en el marco del Protocolo de Montreal para proteger la capa
del ozono estratosférico; sin embargo, los niveles de gases de vida
prolongada como los HFC, los PFC y el hexafloruro de sulfuro están en
aumento. Si bien los niveles de ozono estratosférico están disminuyendo,
los niveles de este gas se están elevando en algunas regiones en la capa
inferior de la atmósfera, debido a la contaminación del aire.
Las emisiones de GEI producidas por el hombre ya han
perturbado el balance mundial de energía en cerca de 2,5 watts por metro
cuadrado. Esto equivale aproximadamente a 1% de la energía solar entrante
neta que dirige el sistema climático y representa la energía liberada por
la combustión de 1,8 millones de toneladas de petróleo cada minuto, o
dicho de otro modo, 100 veces más el ritmo mundial de consumo comercial de
energía.
En sentido contrario, los aerosoles creados por el hombre
tienen un efecto de enfriamiento general. Las emisiones de sulfuros de las
centrales de energía alimentadas con carbón o petróleo y la combustión de
material orgánico, producen partículas microscópicas que pueden reflejar
la luz del sol devuelta en el espacio y afectar también a las nubes.
El enfriamiento resultante contrarresta en parte el
calentamiento de invernadero. Sin embargo, estos aerosoles permanecen en
la atmósfera durante un periodo relativamente corto, comparado con los GEI
de vida prolongada, por lo cual su efecto de enfriamiento está localizado.
Notas
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