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  El cambio climático en América Latina y el Caribe

Desarrollo humano sustentable

 SEMARNAT y PNUMA  

Parte 2/2

  Efectos del cambio climático

El aumento de las temperaturas auguran un aumento del
nivel del mar con graves
consecuencias para el Caribe

Los modelos climáticos estiman que la temperatura media mundial ha de aumentar entre 1,4 y 5,8° C (2,5 – 10,4° F) para el año 2100. Esta proyección utiliza como año de referencia 1990 y parte de la base de que no se adopten políticas para reducir al mínimo las causas del cambio climático. También toma en cuenta las respuestas climáticas y los efectos de los aerosoles, tal como se entienden actualmente.

Al mismo tiempo, estamos sujetos a cierto grado de cambio climático debido a las emisiones pasadas, hoy acumuladas en la atmósfera. El clima no responde inmediatamente a las emisiones; por consiguiente, ha de seguir cambiando durante cientos de años, aún cuando las emisiones de GEI se reduzcan y los niveles de contaminación atmosférica dejen de aumentar.

Algunos efectos importantes del cambio climático, tales como los aumentos previstos de la temperatura media del planeta y del nivel del mar, llevarán incluso más tiempo para manifestarse en toda su extensión.

El clima varía naturalmente (variabilidad climática), lo que hace difícil identificar los efectos del aumento de los GEI. Sin embargo, un conjunto cada vez mayor de observaciones permite actualmente presentar un panorama más claro del calentamiento mundial. Por ejemplo, las pautas de las tendencias de temperatura en los últimos decenios se ajustan a las pautas de calentamiento por GEI previstas por los modelos. Es poco probable que estas tendencias obedezcan completamente a las causas conocidas de la variabilidad natural del clima. Se advierte, sin embargo, que persisten muchas incertidumbres.

El cambio climático probablemente habrá de tener un efecto significativo en el medio ambiente mundial. En general, cuanto más rápido cambie el clima, mayor será el riesgo de daños. Se prevé que el nivel medio del mar pudiese aumentar entre 9 y 88 cms para el año 2100, causando inundaciones en las zonas de tierras bajas así como otros daños. Entre otros efectos, podrían mencionarse un aumento de las precipitaciones mundiales y cambios en la gravedad o frecuencia de los episodios o eventos climáticos extremos. Las zonas climáticas podrían desplazarse hacia los polos y verticalmente, perturbando los bosques, desiertos, praderas y otros ecosistemas, así como las especies que en ellos habitan, algunas de las cuales podrían extinguirse. Las afectaciones a las pautas de precipitaciones y evaporación repercutirán en los recursos hídricos.

Todos estos fenómenos negativos repercutirán sobre las actividades económicas, los asentamientos humanos y la salud humana. Las poblaciones pobres y menos favorecidas son las más vulnerables a las consecuencias negativas del cambio climático.

  América Latina y el Caribe en el contexto global del cambio climático

La región de América Latina y el Caribe es una de las más ricas y variadas del planeta en muchos aspectos, siendo una región megabiodiversa. Se encuentra entre dos grandes océanos, el Atlántico y el Pacífico, cuenta con la mayor reserva hidrológica del planeta y posee un inmenso mosaico cultural. Pero también enfrenta problemas sociales muy serios en relación con la desigualdad y la pobreza y son muchas las dificultades para encontrar, en esta época de rápida globalización, pautas de desarrollo que conduzcan a una sostenibilidad capaz de responder a los retos sociales y ambientales del presente y para las generaciones futuras. A pesar de todas estas dificultades, los esquemas democráticos de gobierno han logrado avances muy importantes y la sociedad civil en la Región se encuentra en pleno fortalecimiento.

La Región destaca por sus recursos naturales, sobre los cuales sobresale lo siguiente:

  • En América Latina y el Caribe se concentran las reservas de tierras cultivables más grandes del mundo, estimadas en 576 millones de hectáreas y equivalentes a casi un 30% de su territorio de 1,995 millones de hectáreas. En 1998 los pastizales cubrían cerca del 80% de las tierras potencialmente agrícolas de la Región, y del 20% cultivado muy poco correspondía a cultivos permanentes. De un total de 1,900 millones de hectáreas de suelos degradados en el planeta, la Región ocupa el tercer lugar, después de Asia y África, con aproximadamente el 16%. El impacto es relativamente mayor en Mesoamérica –donde alcanza el 26% del total (63 millones de hectáreas)– que en Sudamérica, donde afecta al 14% del total (casi 250 millones de hectáreas).
  • En el año 2000 la Región tenía el 25% de las áreas boscosas del mundo (unos 964 millones de hectáreas). La proporción de áreas boscosas en la Región es mucho mayor que el promedio mundial: un 47% del territorio regional está cubierto de bosques, mientras que en el mundo la proporción es del 30%.
  • Un 92% del bosque regional se encuentra en Sudamérica, principalmente en Brasil y Perú, que están entre los diez países del mundo que concentran las dos terceras partes de los bosques mundiales. Poco más del 1 % del área bajo bosques en América Latina y el Caribe corresponde a plantaciones, de ellas casi la mitad en Brasil.
  • La biomasa leñosa de América Latina y el Caribe es la más alta del mundo, superando en 17% el promedio mundial de 109 toneladas por hectárea. El 43% del total mundial se encuentra en Sudamérica, fundamentalmente en Brasil, donde está el 27 por ciento de ese total.
  • En Brasil, Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela se han identificado 190,000 de las 300,000 plantas vasculares conocidas en todo el planeta (un tercio del total mundial tan sólo en Brasil y Colombia). Estos seis países son parte del grupo de naciones que a escala mundial se han identificado como de "megadiversidad" biológica. En su conjunto, estas naciones albergan entre un 60 y un 70% de todas las formas de vida del planeta.
  • América Latina y el Caribe forman una región rica en agua. Con sólo un 15% del territorio y un 8,4% de la población mundial, recibe el 29% de la precipitación y tiene una tercera parte de los recursos hídricos renovables del mundo. Sin embargo, existen marcadas diferencias en la dotación de agua y su disponibilidad a lo largo del territorio regional. Tres de sus principales zonas hidrográficas –las cuencas del Golfo de México, el Atlántico sur brasileño y Paraná, Uruguay, La Plata–, concentran un 40% de la población regional en un 25% del territorio, con sólo un 10% de los recursos hídricos totales. Muchas áreas en Mesoamérica, los Andes, el noreste brasileño y el Caribe, sufren carencia recurrente o crónica de agua.
  • Estimaciones actuales indican que América Latina y el Caribe recibe un promedio de 1,556 milímetros de precipitación anual, considerablemente mayor que cualquier otra región del mundo. Los recursos hídricos renovables internos, compuestos por el flujo anual de aguas superficiales y la recarga de aguas subterráneas, alcanzan un total de 13,4 kilómetros cúbicos al año, la tercera parte de los recursos mundiales. Por habitante, ello representa 27,673 metros cúbicos, casi cuatro veces el promedio mundial.

En lo que al clima respecta, se evidencian también un conjunto de elementos y patrones de identificación, que sumariamente se relacionan como sigue:

  • Caracteriza a la Región su heterogeneidad, dada por su ubicación geográfica y geomorfología, conteniendo desde desiertos hiperáridos hasta bosques tropicales húmedos.
  • La extensa porción central de América Latina está, en gran medida, caracterizada por condiciones tropicales húmedas; áreas importantes (e.g. Brasil) son propensas a sequías, inundaciones y heladas. La circulación atmosférica y las corrientes oceánicas son factores causales de la existencia de extensos desiertos en el norte de México, Perú, Bolivia y Argentina.
  • Los bosques de América Latina y el Caribe, que ocupan aproximadamente el 22% del área de esta Subregión, y que representan alrededor del 27% de la cobertura boscosa global, tienen una fuerte influencia sobre el clima local y regional y juegan un papel relevante en el balance global del carbono.
  • Los estudios de vulnerabilidad indican que los ecosistemas boscosos de muchos países podrían ser afectados por los cambios climáticos proyectados (México, países del Istmo Centroamericano, Venezuela, Brasil y Bolivia). La deforestación de la selva pluvial del Amazonas probablemente impactaría negativamente en el reciclado de la precipitación a través de la evapotranspiración, de modo que las lluvias podrían reducirse marcadamente, dando origen a importantes pérdidas de escurrimiento en áreas dentro y fuera de la cuenca.
  • Los pastizales cubren alrededor de un tercio de la superficie de América Latina y el Caribe. La productividad y las especies que componen los pastizales están directamente relacionadas con condiciones altamente variables en cantidad y distribución estacional de la precipitación. Los pastizales de regiones templadas son altamente vulnerables a la sequía.
  • Las cadenas y las mesetas montañosas juegan un papel importante en la definición del clima, ciclo hidrológico y biodiversidad en América Latina. Ellas son las fuentes de ríos caudalosos (e.g. los ríos tributarios de las cuencas del Amazonas y del Orinoco), que representan focos importantes de la diversificación y el endemismo biológicos y son altamente susceptibles a los fenómenos extremos.
  • En América Latina, la criósfera9 está representada por glaciares en los Andes altos y por tres campos de hielo importantes en el sur del continente americano. El calentamiento en las regiones de las altas cumbres podría conducir a la desaparición de importantes superficies de nieve y hielo.
  • La distribución del agua dulce dentro y entre los países es altamente variable. Los sistemas de agua dulce (ríos, lagos, reservorios y humedales) y sus ecosistemas son potencialmente sensibles al cambio climático, y vulnerables a las fluctuaciones de corto tiempo del clima, tales como aquellas asociadas con el Fenómeno ENOS.
  • Los estudios de vulnerabilidad ante el aumento del nivel del mar han sugerido que los países del Istmo Centroamericano, Venezuela y Uruguay podrían sufrir impactos adversos que conducirían a pérdidas de tierras costeras y biodiversidad, intrusión de agua salada y daños en las infraestructuras costeras. Los impactos serían probablemente múltiples y complejos, con implicaciones económicas importantes.
  • En lo que a la agricultura respecta, los modelos proyectados para América Latina y el Caribe indican una disminución de los rendimientos de varios cultivos, como cebada, viñedos, maíz, papas, soja y trigo.
  • Por otra parte, el calentamiento global incrementaría los impactos negativos de las enfermedades y pestes en animales y plantas, con efectos negativos adicionales sobre la producción. La distribución geográfica de enfermedades transmitidas por vectores –como malaria, dengue o chagas– y de enfermedades infecciosas como el cólera, podrían expandirse hacia el sur y hacia alturas mayores si la temperatura y la precipitación aumentaran, efectos hoy previsibles del cambio climático.
  • El incremento en la intensidad y frecuencia de huracanes en el Caribe, los cambios en los patrones de precipitaciones, el aumento de los niveles de las riberas en Argentina y Brasil y la reducción de los glaciares en la Patagonia y Los Andes, son fenómenos que indican el impacto que el calentamiento global podría tener en la Región. El cambio climático va a ser, cada vez más, un problema a considerar en las proyecciones del desarrollo sostenible de nuestros países.
  • La contribución actual de América Latina y el Caribe a la emisión de GEI global es baja (aproximadamente el 5%). Sin embargo, los impactos potenciales futuros del clima y de los cambios en el uso de la tierra podrían ser extensos y costosos para la región.

Ante la creciente preocupación por el impacto climático, los países de la región de América Latina y el Caribe han desempeñado un papel muy activo en las negociaciones internacionales vinculadas al tema. Al mismo tiempo, algunas políticas de los países de la Región constituyen interesantes iniciativas en materia de energías renovables y eficiencia energética, instrumentos innovadores en políticas de transporte e instrumentos económicos para la reducción de emisiones de carbono o para la protección y uso sostenible de la biodiversidad y los recursos naturales renovables, especialmente bosques y cuencas hidrológicas.

El paradigma del desarrollo sostenible, en cuyo marco se adoptan las medidas específicas frente al cambio climático, se ha integrado en la agenda política de los países de la Región. Sin embargo, el diseño e implementación de políticas públicas para responder a los impactos del cambio climático se encuentran hoy acotados por las dificultades estructurales de la Región. Pobreza, acelerada urbanización, insuficiente infraestructura básica para el acceso al agua potable y para el saneamiento, inestabilidad económica y excesiva deuda pública, destacan entre los factores que imponen estas limitaciones.

  Notas

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