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  ¿Qué son los conflictos?

Prevención y resolución de conflictos

Francisco A. Muñoz 

Parte 1 / 2

Futuros presenta a sus lectores un extracto del capítulo ¿Qué son los conflictos?, del Manual de Paz y conflictos publicado por la Editorial de la Universidad de Granada. De una manera didáctica, sin dejar de ser amena, Francisco Muñoz desmigaja las características y dinámicas de los conflictos, así como las bases para convivir con los conflictos y las posibles respuestas –violentas o pacificas- ante este concepto que forma parte de la naturaleza humana.

La cultura humana es por definición conflictiva

Nuestra dirección postal es: universo, sistema solar, planeta tierra, seres vivos, especie humana. Esto quiere decir que estamos insertos en estas diferentes escalas y, por tanto, la especie humana es partícipe de las condiciones de vida del universo de su "conflictividad", comparte los mismos parámetros físicos y constitutivos sobre los cuales en el planeta tierra los seres vivos, y particularmente los humanos han desarrollado un mayor nivel de organización y complejidad. Esto es lo que nos une y nos distingue del resto del universo, compartimos la misma energía, la misma materia, los mismos elementos químicos, las mismas leyes, pero organizadas de tal manera que permiten realizar funciones y actuaciones de una calidad diferente. Uno de los resultados finales de esta adaptación es la cultura humana. Por lo tanto el conflicto en la especie humana está condicionado y sometido a la anterior realidad, aunque adquiera características particulares.

Lo que pretendo es explicar cómo muchos de los problemas que tenemos están relacionados directamente con nuestro entorno natural por lo que siempre estaremos sometidos a estas tensiones. Esto se puede constatar a través de nuestras características tales como la anatomía, las expectativas de vida, nuestros sistemas respiratorio, digestivo, como nos reproducimos, etc. Lo que intentamos continuamente, como especie, es resolver lo mejor posible todos estos retos, para lo cual es muy importante, desde nuestros orígenes, las ayudas que nos prestamos los unos a los otros. Nuestro éxito depende de la cooperación para adaptarnos a las condiciones del medio donde vivimos.

Hemos de reconocer, por tanto, que el conflicto humano hereda soluciones dadas por la naturaleza y, en particular, los seres vivos a lo largo de millones de años y cualifica las relaciones intra especie y las externas de manera distinta. Por estas mismas razones genera nuevos conflictos con otras especies y con la naturaleza en general.

Una cultura conflictiva

Como he apuntado más arriba, la cultura, que es lo que nos diferencia como humanos, nos ayuda a almacenar y transmitir las experiencias que nos facilitan lograr mayor bienestar. La cultura asume parte de los problemas de los humanos en su relación con la naturaleza y, por añadidura, consigo mismos.

El conflicto propiamente dicho –humano– adquiere una nueva dimensión cualitativa, ya que la cultura aporta nuevas vías para la gestión de algunas de las problemáticas con las que se enfrentaban los nuevos seres, siendo, a su vez, una respuesta "conflictiva" porque se interacciona directamente con todo lo existente previamente. De esta manera la cultura humana es por definición conflictiva. Con la transmisión de las normas culturales, las propuestas "naturales" –de la naturaleza– se ven condicionadas y modificadas. Entramos en un nuevo estadio de complejidad organizativa, en lo individual-colectivo, en el que lo biológico y lo cultural van a ir siempre de la mano y por tanto las posibles alternativas se multiplican exponencialmente, en unas dimensiones que no se habían alcanzado antes.

Sin embargo el mayor éxito de la cultura –de las normas de los humanos– reside en su capacidad para adaptarse a las variaciones que se producen, tiene un carácter eminentemente adaptativo, lo cual le permite afrontar, con mayor o menor fortuna o acierto, las relaciones de la especie humana con el resto de la naturaleza y todos los desafíos que esto comporta. Podríamos decir que la cultura es una mediación omnipresente entre los humanos y sus condiciones de vida.

Las variaciones culturales son esenciales para comprender la dinámica de los conflictos

Evidentemente las situaciones son continuamente "nuevas" por los cambios habidos en el medio y por los "avances" generados en la propia historia de la Humanidad, en la que se han ido modificando las formas de organización social, las normas de conducta y la tecnología. Además como los humanos hemos poblado prácticamente todo el planeta, se han producido variaciones de acuerdo con los distintos ambientes, situaciones y evoluciones locales.

De esta manera, las variaciones culturales son esenciales para comprender la dinámica de los conflictos, para comprender cómo en cada ámbito se dan soluciones distintas a problemáticas más o menos similares.

Sociedades y conflictos

Uno de los rasgos más definitorios de los humanos es que, como la mayoría de los primates, viven en sociedades. Entre las diversas razones esgrimidas para tal organización las más aceptadas por los científicos serían: la garantía de acceso a los recursos alimentarios (escasos en el espacio o el tiempo, los comederos comunes son defendidos mas fácilmente) y la defensa frente a los depredadores. Con la aparición del lenguaje se permitió una transmisión más fácil de los conocimientos tecnológicos, culturales, pero sobre todo de la interacción y organización social.

Así se afirmó un proceso de socialización como alternativa colectiva para la satisfacción de sus necesidades individuales y grupales, entre ellas probablemente la más importante y cómo hacer pervivir la especie. Así, los grupos han ordenado y articulado la satisfacción de sus necesidades a través de la interacción recíproca, la conciencia de grupo, la existencia de objetivos, valores y actividades compartidas, la estabilidad y duración relativa de las mismas, y la identificación social. Finalmente, es en el proceso de socialización cuando se llega a alcanzar la conciencia de uno mismo, a través del reconocimiento e interiorización de los otros.

El conflicto es una constante de esta vida social en la que se comparten necesidades y expectativas. Las reacciones de mutua ayuda, cooperación, altruismo, agresiones, etc., son manifestaciones de estos conflictos. Las formas en que se manifiestan, gestionan o regulan los conflictos a lo largo del tiempo y alrededor del mundo son muy variadas. Se transmiten de padres a hijos, de generación en generación, se crean dentro de cada cultura, de cada sociedad, como experiencias y aprendizajes exitosos de gestión de las condiciones materiales y sociales de vida.

La socialización es el proceso por el que aprendemos a convivir con los conflictos

En un sentido parecido, algunos investigadores han resaltado el papel del altruismo, la solidaridad, la cooperación y otras actitudes "pacíficas" que explican gran parte de nuestros comportamientos habituales. Su operatividad aparecería en primer lugar en los procesos de socialización de los grupos básicos (familia, tribu, gens, estirpe,...); después en los grupos de iguales; en las comunidades pequeñas (alrededor de 500 miembros), en los que son conductas completamente necesarias. En comunidades más complejas puede que estas actitudes se diluyan algo en las relaciones institucionales, pero en éstas también existen; en las relaciones entre comunidades, de distintas dimensiones y características, la diplomacia asume asimismo estas funciones. Por fin, en la esfera económica (producción, distribución, cambio y consumo), el trueque y el intercambio son también manifestaciones que necesitan y explican buena parte de estas actitudes.

Como queda patente a través de todas estas razones, la socialización es el proceso por el que aprendemos a convivir con los conflictos, también por el que aprendemos a regularlos de manera que supongan el máximo de bienestar para nosotros mismos y para los demás. Mediante la socialización distinguimos aquello que son nuestras metas principales, nuestras necesidades, nuestros intereses y los de la gente con la que convivimos, y aprendemos a compatibilizar unos objetivos con otros.

Características de los conflictos

Como se desprende de todo lo que estamos viendo, los humanos no sólo participan de la conflictividad sino que se convierten también en agentes de regulación, transformación y creación de conflictos. Efectivamente la capacidad inmensa de interacción con el medio, de "sentir", de los seres humanos, la evolución y cambios sufridos en este nivel, basados en sus predeterminaciones biológicas y en sus adaptaciones culturales, facilita enormemente las posibilidades de enfrentarse con nuevas situaciones que pueden ser "deseadas" y/o "creadas" individual o colectivamente. Con lo que el abanico de posibilidades de que existan propuestas no coincidentes se amplia bastante, aunque también hay que reconocer que el sustrato de socialización común facilita propuestas, proyectos y soluciones coordinadas. De esta forma, estos estadios "conflictivos" con los que se enfrentan las sociedades pueden ser continuos y permanentes.

La variabilidad y la riqueza de tales situaciones hacen que el conflicto ante todo pueda ser entendido como una fuente de creatividad, en la medida en que fuerza la búsqueda de soluciones como una fuente de creatividad y renovación continua.

El conflicto tiene que ver con los fines concretos que los adversarios persiguen y, al mismo tiempo, con las interpretaciones que éstos hacen de lo que está en disputa. La mayoría de las veces el asunto en controversia es el punto focal de soterradas diferencias de las que los antagonistas sólo tienen un conocimiento parcial; diferencias estas que, si se ignoran, es muy probable que más adelante salgan de nuevo a la superficie. (ROSS, Marc Howard, p. 19)

Tal vez entender el conflicto como contraposición de intereses y/o percepciones sea una de las formulaciones mas usadas y es muy útil para comenzar a hablar de ellos, aunque más adelante haya que hacerle algunas precisiones. Esta noción de conflicto abre grandes posibilidades de análisis por su relación con las necesidades, los deseos, las emociones, y otras circunstancias personales y grupales que forman parte de todo el entramado social.

En consecuencia, la especie humana podemos definirla como "conflictiva" en la medida en que tales contraposiciones están siempre presentes en todas las sociedades y actividades humanas, en todas sus actividades, es más, cabe proyectar su presencia a todo el tiempo y espacio humano, desde que la "cultura" nos hizo humanos, nos ayudó a avanzar en el dominio de la naturaleza.

El conflicto humano es más complejo y hace, igualmente, más complejo a todo su entorno. Esta es una razón más, si no la básica, para dotarse de teorías del conflicto que propicien soluciones lo más elaboradas posibles, huyendo de las simplificaciones y las recetas.

Fig. Circunstancias del conflicto

Actores

Se llama actores a las personas o grupos implicados en un conflicto. Así podría ser una persona, una familia, un matrimonio, un grupo de amigos, una clase, una ciudad, una asociación, una peña, un partido político, un sindicato, un país, una región, un estado, etc. Es decir cualquier tipo de entidad humana. Nótese que los conflictos pueden tener un actor, dos o más, por lo que en todo el texto voy a mantener esta posibilidad, a pesar de que estemos acostumbrado a verlo más claro si se trata de dos partes. En este sentido las relaciones podrían ser simétricas, cuando las características de los actores son similares, o asimétricas, cuando existe diferencia entre las dimensiones de uno y otro. Sería el caso de la relación entre dos barrios, o de una persona con un estado.

La posición social que se ocupa, la personalidad, la experiencia particular y común desempeñan un rol importante en el futuro del conflicto. Los rasgos de una personalidad u otra pueden hacer que el conflicto gire hacia un lado u otro, especialmente si estamos hablando de que sea cooperativa o competitiva. Las relaciones entre personas con rasgos distintos pueden producir una cierta distorsión en la medida en que no son "comprendidos" por las otras partes.

Los conflictos entre estados-nación como elementos centrales de la organización del mundo contemporáneo han sido, también lo son ahora, de especial relevancia. Su poder, control de recursos, de organización, jerarquización y burocracia le dan un sesgo especial a todo conflicto donde ellos participan.

La formación y experiencia de los actores juega un papel fundamental en la dinámica de los conflictos porque actores acostumbrados a dialogar, pactar y negociar, tienden a ofrecer y potenciar estas posibilidades. Por el contrario personas o grupos con alguna especialización en el uso de la violencia (ejércitos, policías, ladrones, sicarios, mafias, etc.) tienden a proponer este recurso como mecanismo de gestión de los conflictos. Por esto el entrenamiento en la gestión pacífica de los conflictos debe de ser una línea de desarrollo de la Cultura de Paz.

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