|
Parte 2 / 2
Convivir con los conflictos
 |
|
Saber interpretar y vivir
los conflictos puede ser un signo de calidad de vida |
Tal como estamos viendo, el conflicto está omnipresente en
todas las actividades de los humanos, desde que existimos como tales, por
tanto aceptar el conflicto nos da una gran capacidad de comprensión de las
realidades en las que vivimos como especie, su reconocimiento nos permite
también ser unos cualificados actores de las realidades que vivimos, ya
sea como personas o formando parte de un colectivo. Saber interpretar y
vivir los conflictos puede ser un signo de calidad de vida.
Como hemos señalado, es normal que al coexistir –vivir
juntos– tengamos desavenencias y que muchas de ellas ni siquiera seamos
conscientes de que existen, bien porque no nos afectan demasiado, bien
porque no les concedemos importancia. Pero esto no se produce
gratuitamente, sino porque en nuestro aprendizaje, en nuestra
socialización, nos hemos dotado de mecanismos para lograr nuestros
objetivos, en nuestra convivencia, con el menor gasto de energías posible.
Tenemos predisposiciones para que los comportamientos que adoptemos sean
lo más exitosos posibles, para que alcancemos el máximo de bienestar.
|
Regulamos
cotidianamente muchos conflictos sin apenas gastar energía en su
gestión |
Podríamos comprender cómo los seres humanos, su vitalidad,
mantendrían pulsiones continuas de acuerdo con sus proyectos, necesidades,
emociones y percepciones, lo que supondría una continua "conflictividad".
Sin embargo, no siempre percibimos o somos conscientes de ella,
probablemente porque tenemos articulados inmensos recursos de gestión de
la misma. Esto puede ser una de las claves de nuestra existencia:
regulamos cotidianamente muchos conflictos sin apenas gastar energía en su
gestión. Efectivamente, hay muchísimos ejemplos de conflictos regulados
sin "ruido" a través de: mutua confianza, orientaciones amigables,
intereses positivos hacia el bienestar de los demás, disponibilidad a
ayudar a los otros, percepción de intereses y valores similares, "sentido
común", comunicación honesta, etc. Sólo cuando esta regulación comienza a
plantearnos problemas, cuando los mecanismos aprendidos no dan soluciones
adecuadas a los conflictos nuestra conciencia nos alerta de que algo va
mal. Sólo reconocemos por conflictos aquellas situaciones en las que
nuestra conciencia tiene que actuar para regularlos, aunque de hecho
estemos inmersos en muchos más.
Entre seres humanos siempre se pueden reconocer
coincidencias y lazos, salvo en casos muy extremos o patológicos. Por
ejemplo nos aceptamos fácilmente como seres de una misma especie, con las
mismas necesidades básicas, con las mismas expectativas de vida, sabiendo
que entre nosotros puede existir comunicación –que nos podemos entender–,
y sobre todo que nos podemos ayudar. Dicho de otra manera: los actores
humanos nos reconocemos como seres de la misma especie y eso nos hace
sintonizar fácilmente los unos con los otros.
Ahora bien, sobre ello se superpone otra serie de
condicionantes que modifican y, a veces, distorsionan algo esta sintonía,
como puede ser: compartir o no objetivos; coincidir en los valores; vivir
en un espacio común; supeditación de los intereses de uno sobre otro;
recuerdo de relaciones previas exitosas; expectativas de ganancias; y
disposiciones a la cooperación o a la competencia.
El conflicto nos acerca a un mejor conocimiento de nuestra
condición humana, si queremos decirlo de manera más científica, de todas
las circunstancias que nos rodean, sea en un medio más o menos cercano o
lejano. Tal como hemos visto el conflicto nos relaciona con los otros
seres vivos, con la naturaleza, con el universo. Nos hace comprender que
habitamos en el universo y que nosotros formamos parte de él. La
aceptación del conflicto como una de las realidades de la especie humana
tiene también obviamente consecuencias en los presupuestos epistemológicos
–como constitutivos de la teoría del conocimiento– sobre los que basamos
nuestras concepciones e investigaciones.
Regulaciones pacíficas
 |
|
La especie
humana no es bélica ni pacifica por naturaleza |
Hay un aspecto inicial que nos gustaría abordar. Si, como
hemos visto en el apartado anterior, las personas y los grupos humanos
estamos afrontando cotidianamente situaciones de conflictividad, que
abordamos en la mayoría de los casos sin apenas esfuerzo y sin ser
conscientes de ello, es decir si estamos continuamente regulando
conflictos que colaboran a nuestro bienestar, no podemos ahora olvidarnos
de ellos, hacer como si no existieran. Una preocupación seria debe ser
estudiarlos lo más rigurosamente posible para disponer de mayores recursos
para la paz.
Podemos recordar infinidad de regulaciones pacíficas,
muchas de ellas las hemos ido apuntando: cooperación, solidaridad,
altruismo, filantropía, cariño, dulzura, amor, amistad, diálogo, acuerdos,
pactos, negociación, mediaciones, etc. También podemos reconocer cómo unas
y otras tienden a potenciarse, lo cual les otorga una fuerte capacidad de
generación de bienestar, de transformación y de poder.
Algunas tradiciones morales o religiosas se han visto
obligadas a pronunciarse sobre la cualidad humana como pacífica o
violenta. Estos pronunciamientos se han convertido en debates
intelectuales y filosóficos, a mí entender preocupados por el horizonte
de un mundo en paz —y la negación de las guerras—. Sin embargo, desde
la perspectiva de una conflictividad siempre presente, tal como hemos
visto hasta ahora, afirmáramos que la especie humana no es bélica ni
pacifica por naturaleza. La especie humana tiene la posibilidad de
soluciones pacificas y violentas a lo largo de toda su historia, y opta
por una u otra alternativa dependiendo de las variables (experiencia,
conocimiento, conciencia, cultura, bienestar social, etc.) presentes en
cada momento. Esto también nos deja más abiertas las explicaciones que
sobre cada situación concreta se produzca de acuerdo con las decisiones de
los agentes que la conforman, aceptarla en cuanto experiencia de una
comunidad humana, ni positiva ni negativa, sin la necesidad de recurrir a
meta-agentes externos de esa propia realidad. Cada situación histórica es
fruto de la experiencia de los actores que la conforman (individuos y
grupos interrelacionados), con las múltiples variables ofrecidas desde
muchos campos del desarrollo humano.
Pongamos un ejemplo que nos gusta usar: el amor es
probablemente la regulación de conflictos más universal, una
regulación pacifica que nos permite alcanzar gran bienestar. El amor
incide en situaciones conflictivas entre actores, cuando uno de ellos
necesita algo, tal como ternura, cariño, protección, o alimento, y tiene
ciertas dificultades en conseguirlo. Ante tal situación otro(s) actor(es)
decide(n) dejar de lado sus intereses particulares, o egoístas, para
satisfacer las necesidades del otro. Sin ningún tipo de duda esta conducta
está relacionada con otras muchas predisposiciones altruistas, que hemos
señalado más arriba, que están en el origen de nuestra especie, que son
aprendidas en los procesos de socialización, y son la garantía de nuestro
éxito como especie.
Así, la ética —una construcción específicamente humana— se
posiciona frente a la regulación de los conflictos que favorecen (o no) a
la comunidad y dispone medidas para que se den los resultados más
apetecibles. En realidad lo que los presupuestos éticos hacen es
contribuir con los designios de la selección natural, que ha dotado a la
especie humana de inteligencia para discernir sobre lo que más le conviene
para su supervivencia. En nuestra opinión esta estrategia ha funcionado
bien la mayor parte de las veces, pero no estaríamos hablando de ella —ni
tampoco hubiera sido necesario hacerlo de la paz— si no hubiera fallado en
muchas otras ocasiones y hubiera habido violencia y guerras.
Por tanto, cuando hablamos de conflictos lo estamos
haciendo de aquellos que atraviesan el umbral de nuestra conciencia. Y se
hacen patentes porque los mecanismos rutinarios de gestión no han
conseguido funcionar de una manera normalizada. En cambio hablamos de Paz
cuando, en un proceso valorativo, pensamos que lo hacemos de la forma más
armónica posible —y por el contrario violencia cuando nos crea más
desorden, caos—.
Regulaciones violentas
 |
|
Desde los
tiempos finales de la Prehistoria, en el mismo ámbito de actuación
de los humanos, de la misma matriz social, se originan conductas
pacificas y/o violentas |
La condición humana hace que a partir de un determinado
momento frente, a las propuestas pacificas, aparecieran otras tendencias
destructivas, a las que llamamos violencia. Es decir, frente a algunos
conflictos, en vez de optar por una gestión altruista y cooperativa, para
favorecer al máximo posible al conjunto del grupo, se opta por soluciones
egoístas o que favorecen asimétricamente a una parte. Se originan en el
seno de personas o grupos humanos que eligen vías de distribución desigual
de los recursos u optar por soluciones degradantes o destructivas. Se
basan en la misma matriz inicial de la paz, en las predisposiciones y
circunstancias conflictivas, terapéuticas y agónicas (de lucha), pero
optan por regulaciones violentas.
Las formas de la violencia son múltiples y las podemos
reconocer en las guerras, el armamentismo, los crímenes, la pobreza, el
hambre, la incomunicación, el egoísmo, el racismo, la xenofobia, etc.
Igualmente podemos saber que unas y otras establecen vínculos y tienden a
potenciarse
Así pues, con la fuerte propensión pacifista convive otra
que dota a los conflictos de una cara destructiva, una tendencia que,
aunque parezca paradójico, comparte en la mayoría de las ocasiones
espacios, momentos y actores, con los conflictos favorecedores del
bienestar. Es decir, desde los tiempos finales de la Prehistoria, en el
mismo ámbito de actuación de los humanos, de la misma matriz social, se
originan conductas pacificas y/o violentas. Tenemos predisposiciones y
recursos compartidos para promocionar la paz o la violencia. Es en un
proceso de toma de decisiones complejo, donde participan diversos factores
sentidos y vividos, profundos e inconscientes, reconocidos y conscientes,
donde se determina qué camino elegir.
Normalmente se habla de una escalada de los conflictos
cuando éstos crecen en virulencia (¿por qué no pensar igual cuando crecen
en bienestar?), entendida como una tendencia a producir una expansión en
la que crecen el tamaño y el número de motivos, los precedentes
reconocidos, las normas y conductas afectadas, la intensidad de las
actitudes negativas y otras circunstancias tales como las estrategias del
poder, las tácticas de amenazas, coerciones, y la ansiedad. La escalada
tiene relación con los procesos competitivos, de percepciones equivocadas
y de pérdida de compromiso con salidas acordadas o pactadas. Finalmente
unas y otras circunstancias negativas se podrían reforzar, crecer en
tamaño y perder parte de sus vínculos con las causas iniciales.
Cuando sospechamos que un conflicto puede tener una
tendencia violenta, destructiva, también podemos conseguir que gire hacia
la creatividad, hacia lo constructivo. Retomando las bases de los
conflictos creativos se pueden sugerir escenarios para que esto ocurra:
reconocimiento del problema antes de que se degrade; concentrar esfuerzos
en una regulación pacífica; reconocer la posible disconformidad y
frustración si el conflicto se degradase; percepción desde diferentes
perspectivas y reformulación de nuevas orientaciones; presentar las
alternativas creativas y cooperativas; establecer la comunicación más
clara entre las partes; potenciar la motivación positiva; dotarse de un
ambiente positivo; y tener flexibilidad para acoger nuevas ideas. Quizás
la motivación basada en valores cooperativos y pacíficos termine siendo un
punto esencial que pueda movilizar a los demás.
La mayor o menor intensidad puede depender del tipo de
asociaciones o disociaciones que haya establecidas entre los actores, por
ejemplo: vivir en una misma comunidad; compartir ecosistemas; pertenecer a
una misma cultura; tener una historia común; practicar la misma religión;
existencia de una autoridad reconocida; e instituciones u organizaciones
compartidas. Cabe imaginar fácilmente la influencia que pueden tener estos
elementos en la dinámica del propio conflicto.
|
Hay conflictos
violentos que pueden permanecer latentes, ocultos por otros de
mayores dimensiones, o por que una de las partes tiene tanto poder
que no deja posibilidad de que este aparezca |
Hay conflictos violentos que pueden permanecer latentes,
ocultos por otros de mayores dimensiones, o por que una de las partes
tiene tanto poder que no deja posibilidad de que este aparezca. Es normal
que esta situación vaya acompañada de diversas formas de resistencia que
tiene un potencial peligroso de generación de nuevas formas de violencia
(estallidos, saqueos, terrorismo, guerrillas y rebeliones) que surgen como
de la "nada", sin "nadie" esperarlo, como si no hubiera causas, y ante la
falta de prevención de las mismas pueden provocar graves problemas.
En cualquier caso existe también un proceso evaluativo por
el cual cada cultura decide cuándo una actuación es paz o violencia.
Aunque parezca extraño, una misma acción puede ser considerada en algún
momento como violencia y en otro no. Esta evaluación depende especialmente
de los valores, que en definitiva nos aconsejan si dentro de las
posibilidades que tenemos en cada momento satisfacemos al máximo las
necesidades de las personas y los grupos implicados
Finalmente cabe hacerse algunas preguntas que podrían
parecer muy obvias: ¿Cómo se relacionan los conflictos que operan en
diversas escalas? ¿Puede relacionarse un conflicto internacional con otro
local? ¿Los conflictos personales pueden afectar a lo grupal? La respuesta
es afirmativa: los conflictos operan en las distintas escalas y en muchas
ocasiones las dinámicas de cada una de ellas dependen de lo que ocurra en
las demás.
Pongamos varios ejemplos de regulaciones pacíficas. Una
persona que mantiene unas relaciones cariñosas en su familia, lo hará
también, más fácilmente en su grupo de amigos, en las asociaciones donde
participe y será lógico que se movilice a favor de la paz en otros
espacios públicos, políticos e internacionales. Otro, ahora desde arriba a
abajo, la campaña de Cultura de Paz aprobada por la Asamblea General de
las Naciones Unidas, ha favorecido que se realicen muchas acciones en
diferentes estados, asociaciones y colegios, lo que ha repercutido sin
ninguna duda en la conciencia de las personas que han participado en estas
actividades. El mensaje de paz presente en las religiones ha sido
construido por miles de creyentes en sus correspondientes espacios
vitales. Pongamos uno último de regulación violenta: las guerras, la
producción y el comercio de armas, se mantienen gracias a la creencia
"militarista" de que éste es un remedio eficaz para alcanzar la seguridad,
estas políticas calan en los propios partidos políticos y líderes que son
incapaces de ver y promover políticas diplomáticas y noviolentas.
Optimismo basado en los conflictos
Si intentamos comprender mejor los conflictos es con la
convicción de que de esta manera podremos alcanzar las mejores condiciones
de vida para el máximo de población. Y, por lo que estamos viendo, tenemos
bastantes herramientas para poder trabajar en ello. Esto nos permite tener
ciertas expectativas de transformación pacifica del máximo número posible
de conflictos y si a esto añadimos que, tal como pensamos, la mayoría de
los conflictos se regulan pacíficamente, tenemos posibilidades reales de
conseguir un futuro más justo y perdurable.
Como hemos visto, pueden existir relaciones horizontales
entre las circunstancias que producen los conflictos y, así mismo,
verticales –entre diversas escalas–, lo que nos permite que podamos dar
explicaciones de carácter general con referencia a los conflictos o, dicho
de otra forma, que podamos caminar hacia una teoría general de los
conflictos que diera explicaciones unitarias de la conducta humana. Esta
teoría debería de incluir: los intereses, metas o necesidades que son
comunes a todos los humanos; las relaciones interpersonales que establecen
una tensión, o lucha, por la capacidad para controlar los recursos que
permiten acceder a la consecución de sus objetivos (poder); y la cultura,
las ideas, los valores, se convierten en medios a través de los cuales se
acercan estos objetivos.
En consecuencia esta posibilidad de comprender los
conflictos nos da posibilidades de incidir en nuestras propias vidas, de
crear mejores condiciones y más justas entre todos los seres humanos, nos
dota de posibilidades de mejorar nuestra calidad de vida.
Se impone un optimismo inteligente, que esté sustentado en
razones científicas y también, por qué no, en presupuestos éticos que
discriminen y orienten su discurso, que crean que la especie humana tiene
suficiente recursos –tal como se puede deducir del estudio de su historia–
para regular los conflictos pacíficamente. La comprensión abierta de los
conflictos en la que concurren una multiplicidad de circunstancias nos
muestra más claramente todos estos recursos disponibles, y utilizados en
diversos momentos históricos y culturas.
|
Estamos proponiendo
una nueva aproximación a la Historia del la Humanidad –de las
culturas humanas– desde la que podamos apreciar una nueva variable:
la establecida por las vías alternativas de regulación de los
conflictos, y particularmente por las vías pacificas |
En definitiva, estamos proponiendo una nueva aproximación
a la Historia del la Humanidad –de las culturas humanas– desde la que
podamos apreciar una nueva variable: la establecida por las vías
alternativas de regulación de los conflictos, y particularmente por las
vías pacificas. Tal como hemos afirmado, a través de ella podríamos
contribuir a redefinir el modelo antropológico dominante que tiene como
uno de sus pilares fundamentales la violencia, la fuerza, hacia otros
humanos y hacia la naturaleza.
Sin duda, una concepción abierta del conflicto, de sus
regulaciones, de la paz, tal como hemos apuntado en las páginas
anteriores, no sólo es incompatible con los rasgos descritos del modelo
dominante, sino que apunta a un tipo de relaciones humanas diferentes.
Existen numerosas razones que hacen aconsejable dotarnos de un nuevo
modelo antropológico. De hecho éste no es un canon fijado, sino que se
forma a través de un debate abierto en el que participan intelectuales,
políticos, mujeres, hombres, religiosos, hombres de negocios,
trabajadores, etc., de todos los confines del planeta. Las
interdependencias de la globalización hacen que las ideas y las prácticas
–es posible que éstas aún más– contribuyan a cambiar nuestros modelos
antropológicos y/o ontológicos.
El reconocimiento del papel de los conflictos, que el
conflicto ha estado ineludiblemente ligado a la historia de la humanidad,
que ha sido un factor esencial de creatividad, de adaptación al medio
ambiente, de evolución,... contribuye a cambiar sin duda la percepción que
tenemos de nosotros mismos. Si reconocemos que las regulaciones pacíficas
–la Paz, tal como queremos demostrar en este volumen ha sido esencial en
todo este proceso histórico, no cabe el menor atisbo de duda de que el
"espejo" en el que nos miramos puede cambiar en algunas de sus cualidades
espectrales. Es más, estamos convencidos, desde nuestra posición de
investigadores de la Paz, de que este paso es completamente necesario, por
el "poder" añadido que tal punto de vista tiene para la regulación
pacífica de muchos de los conflictos violentos que padecemos actualmente,
y la prevención de otros que existen o se puedan plantear. Tal puede ser
la potencia de modelos de pensamiento adaptados a nuestras posibilidades
filantrópicas y liberalizadoras.
Las diversas culturas llevan implícitos modelos
antropológicos en los cuales se articulan las características que se
reconocen de los seres humanos. Todos ellos son fruto de su interacción
con el medio y de sus vivencias experienciales e históricas. Los astros,
la lluvia, los ríos, las plantas, los animales, etc., los acontecimientos
vividos y percibidos son almacenados en las cosmovisiones y cosmologías.
De esta manera, y aun a riesgo de simplificar mucho, podríamos distinguir
entre los postulados más o menos optimistas o pesimistas que pudieran
condicionar los posicionamientos ante los retos del futuro y del presente.
Las religiones son sin duda uno de los transmisores principales de tales
visiones.
Creemos que hay un bagaje cultural suficiente en la
historia de la humanidad como para pensarnos con cierto optimismo. También
una perspectiva abierta del conflicto nos permite ver la ingente cantidad
de problemática que hemos resuelto y los caminos por los que transitar
para la que nos queda por resolver. Pero, además esta perspectiva puede
ser optimista, basada en el conocimiento intelectual y científico de
nuestras circunstancias e historia.
Bibliografía recomendada
ENTELMAN, R.F. (2002) Teoría de conflictos. Barcelona.
LEDERACH, John Paul (1990) Elementos para la resolución de
conflictos, México. MAX-NEEF, Manfred A. (1998) Desarrollo a escala
humana, Barcelona.
ROSS, Marc. H. (1995) La cultura del conflicto, Barcelona.
TOUZARD, H. (1981) La mediación y la solución de
conflictos, Barcelona.
VINYAMATA CAMP, Eduard (1999) Manual de prevención y
resolución de conflictos. Conciliación, mediación, negociación, Barcelona
Notas
Descargar
Manual de Paz y Conflictos (2004) en pdf
|
| |