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A
principios del siglo XVII los habitantes de toda la parte occidental de la
empobrecida colonia de Santo Domingo recibieron la extraña orden de
marchar urgentemente con todos los enseres y propiedades muebles hacia una
pequeña franja de terreno en torno a la capital colonial. La razón era
evitar el contacto de los criollos con los contrabandistas de otros países
europeos.
No sucedió únicamente en La Española. También en Cuba se
barajaron políticas similares que pudieron ser evadidas por los habitantes
"de la tierra". Lo hicieron mediante una combinación de ruegos, amenazas y
otras acciones, incluyendo el primer poema escrito en la isla, una pieza
aburrida y kilométrica que intentaba justificar los contactos con
supuestas hazañas épicas en defensa del catolicismo y la hispanidad. Los
protodominicanos tuvieron menos suerte: enfrentaron con menos recursos a
un gobernador particularmente terco y finalmente tuvieron que despoblar
toda la parte oeste de la isla. Y es precisamente en este punto donde
comienza la historia de la frontera.
Los despoblados occidentales fueron paulatinamente
ocupados por colonos franceses que inauguraron Saint Domingue, la colonia
de plantaciones europea más rica del siglo XVIII, mientras que la parte
oriental -el Santo Domingo Español- continuó viviendo un aletargamiento a
toda prueba, solo alterada por la llegada de los situados mexicanos o por
el comercio con los ricos vecinos franceses.
En 1697, mediante el tratado de Ryswick, España reconoció
la legitimidad del asentamiento francés, lo que reiteró en 1776 en
Aranjuez. En 1795 la cuestión fue aún más lejos y España cedió a Francia
sus derechos sobre la colonia de Santo Domingo, lo que fue enarbolado como
razón legitimadora por los revolucionarios haitianos en 1801, 1806 y 1822.
En este último año ocuparon la desguarnecida parte oriental por 22 años,
hasta que en 1844 los dominicanos proclamaron su independencia, libraron
12 años de guerra contra sucesivas invasiones haitianas y entre 1863 y
1865 libraron otra guerra contra España hasta obtener la independencia
definitiva.
Desde entonces, y hasta bien entrado el siglo XX, la
frontera fue una línea porosa, mal delimitada y en constante movimiento
hacia el este, donde la densidad demográfica era muy baja y el estado era
incapaz de hacer valer sus propias jurisdicciones. Como había sucedido a
lo largo del siglo XVIII, la parte occidental, ya constituida en la
República de Haití era más dinámica económicamente, más poblada y con una
capacidad militar mayor que República Dominicana, y de hecho sometía a
ésta a un proceso de intercambio desigual.
La situación en el siglo XX
Esta situación comenzó a cambiar en el siglo XX, cuando
República Dominicana inició un proceso de modernización capitalista como
consecuencia de su inserción al mercado mundial como agroexportadora
azucarera, mientras que Haití limitó su inserción a la provisión de mano
de obra barata y desprotegida a las plantaciones cañeras de Cuba y RD.
Ello se reflejó en la relación binacional y transfronteriza. Tras una
limpieza étnica que costó la vida a miles de haitianos y
dominico/haitianos, el dictador Trujillo cerró el borde. Sus puertas
fuertemente vigiladas se abrían solamente para permitir el paso de un
escuálido comercio de bienes de muy pocos millones de dólares y de los
contingentes de braceros haitianos en dirección a los centrales
azucareros.
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Muchos
dominicanos nunca han visitado la franja fronteriza y la asumen como
aquejada por diversos males producto del contacto con Haití
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Desde entonces para República Dominicana la frontera quedó
erigida como "barrera épica", como una construcción ideológica contra "el
otro" -negro, africano, pagano- y en defensa de una falsa identidad
asumida como blanca, hispánica y católica. Como parte de esta
construcción, la frontera aparece como una zona de peligros y mitos que la
alejan del dominicano común. Muchos dominicanos nunca han visitado la
región y consumen una infinidad de falsas informaciones que tienden a
presentar la franja fronteriza como aquejada por males diversos producto
del contacto con Haití y que por consiguiente requiere de una protección
especial que solo pueden dar los organismos centrales y en particular los
militares. Es lo que llamamos la "satanización" de la frontera.
La apertura parcial y fragmentada. Desde los 90s la
frontera ha experimentado una apertura paulatina, motivada principalmente
por el incremento de los intercambios económicos y migratorios, que en el
2006 ha ascendido a cientos de millones de dólares en bienes, un proceso
incipiente pero vigoroso de inversiones y creación de un mercado laboral
al nivel insular. La isla va quedando paulatinamente configurada como un
espacio económico surcada por corredores transfronterizos y hegemonizada
por el capitalismo dominicano. El concepto de interdependencia da cuenta
de la intensidad de estos relacionamientos siempre que se haga notar su
contenido asimétrico, con un lado haitiano más débil y vulnerable.
La apertura, sin embargo, se caracteriza por su carácter
parcial y fragmentario, lo que le distingue en alguna medida de otras
experiencias fronterizas:
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Más que una apertura formal, con un marco legal e
institucional adecuado, se trata de una intensificación y
diversificación de los intercambios donde es difícil distinguir lo
ilegal de lo legal, lo informal de lo formal. El marco
legal/institucional sigue siendo el que fue creado hace medio siglo
cuando la frontera fue cerrada. Ello es el espacio ideal para la
proliferación
-
La apertura opera sobre ideologías nacionalistas de
ambas partes, de manera que cada una tiende a definirse en oposición a
la otra. Ello está inducido por la manipulación que de la historia y la
cultura han hecho grupos chovinistas a ambos lados.
-
Como parte de este entrampamiento ideológico, ambas
partes han sido incapaces de razonar sobre los beneficios mutuos de la
relación, enfatizando los peligros supuestos sobre los beneficios
tangibles.
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En consecuencia el esquema económico vigente se
caracteriza por la acumulación cortoplacista, la explotación
indiscriminada del medioambiente, la exclusión social y la pobreza. Del
lado dominicano la pobreza abarca a cerca del 60% de la población. Del
lado haitiano se encuentra en situación de pobreza casi la totalidad de
ella.
La franja fronteriza dominico/haitiana, es decir las cinco
provincias dominicanas y las cerca de treinta comunas haitianas que son
limítrofes, y cuyas economías dependen esencialmente del intercambio
comercial, albergan hoy a unas dos millones de personas. La mayor parte de
ellas están ubicadas en la franja haitiana cuya población absoluta es unas
cuatro veces la que hay en el lado dominicano y cuya densidad demográfica
es más de cinco veces superior.
Estas comunidades han logrado desarrollar una percepción
mutua muy pragmática, lejos de la hermandad solidaria que imaginan algunos
observadores, pero también distante de la hostilidad manifiesta en otros
puntos de la geografía insular. Se trata de un pragmatismo erigido sobre
la base del reconocimiento de la imprescindibilidad mutua, que asume tanto
la vecindad como el contacto como necesarios pero al mismo tiempo se
esfuerza por distinguir al "otro" como diferente y no deseable en los
contactos mas íntimos.
La frontera no es la totalidad de la relaciones
binacionales, y de hecho muchos problemas de la relación binacional se
expresan aquí de manera muy peculiar, como es el caso, por ejemplo, de la
migración. Por ello, si bien en algunos casos la relación binacional
muestra aquí síntomas de auspicio (por ejemplo la propia intensificación
del intercambio comercial) y en consecuencia de superación de viejos
traumas, en otros casos expone situaciones altamente conflictivas
relacionados con temas como el respeto a los derechos humanos, el uso de
los recursos naturales compartidos y los tráficos criminales (personas,
armas y drogas). Ambos gobiernos tienen serias responsabilidades en el mal
manejo de una situación, sea por la aplicación de políticas negativas o
por la carencia total de ellas.
El grupo Ciudades y Fronteras
Es en este contexto en que aparece el grupo Ciudades y
Fronteras (CyF) (http://www.ciudadesyfronteras.com),
como un grupo de pensamiento y acción sobre temas fronterizos y que ha
sido sistemáticamente apoyado por diversas instituciones internacionales
(muy particularmente por la Fundación Ford) y nacionales. En la actualidad
el grupo engloba la actividad de unos 18 expertos y expertas organizados
en redes regionales de intercambio, y un equipo operativo muy sencillo de
solo tres personas.
Aunque la finalidad de este grupo no es únicamente la
frontera haitiano/dominicana -de hecho aborda otras situaciones de
fronteras además de las fronteras internacionales, y en todos los casos lo
trata de hacer en una dimensión continental- es indudable que su campo de
acción privilegiado es precisamente esta franja, y en lo que concierne
también la relación binacional.
Al respecto CyF centra su visión del desarrollo fronterizo
en cuatro pivotes claves:
-
Es necesario superar la visión tradicional de la
frontera como "problema". Como toda frontera, esta implica numerosos
problemas, pero no menos oportunidades. De lo que se trata es de
implementar políticas inteligentes e innovadoras que manejen y reduzcan
al mínimo a los primeros y amplifiquen a las segundas. En otras
palabras, una optimización del sistema de administración y gestión
fronterizo.
-
No existe espacio para un desarrollo sostenible de la
frontera si este no tiene lugar en ambos lados de la línea. Por
consiguiente, el desarrollo debe ser concertado en la doble perspectiva
binacional y transfronteriza.
-
El desarrollo de la frontera no podrá generarse desde
acciones fomentalistas aisladas y tradicionales, sino que debe partir
del reconocimiento de las tendencias actuales de la zona. Por
consiguiente el desarrollo debe basarse en el aprovechamiento de las
condiciones propiamente fronterizas, tales como el comercio binacional y
el turismo ambiental y cultural. Al mismo tiempo, debe aprovechar la
condición fronteriza para el fomento de acciones cooperadas en temas
económicos, ambientales y sociales.
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El desarrollo de la frontera deberá ser el resultado de
un plan estratégico de desarrollo cimentado por la alianza de los
estados, las comunidades, la sociedad civil, el sector privado y la
cooperación internacional. Pero donde sean el estado y las comunidades
las dos piezas claves de la planificación, ejecución y concertación.
Para avanzar hacia estas metas, CyF ha desarrollado
acciones en cuatro direcciones:
-
Investigaciones, capacitaciones y debates teóricos con
el objetivo de producir conocimientos nuevos acerca de la frontera y su
evolución futura. En el año 2007 se materializarán un taller teórico
internacional sobre fronteras y dos libros. Y tendrá lugar el primer
curso de postgrado sobre desarrollo fronterizo dirigido a activistas
sociales, comunicadores, profesionales y funcionarios vinculados al
tema.
-
Acciones de sensibilización de la opinión pública sobre
la frontera y la relación binacional. Aquí se incluye la presencia de
los miembros de CyF en la prensa nacional -escrita y televisiva-
incluyendo dos columnas habituales, la celebración de varios foros de
desarrollo fronterizo sobre temas relevantes para la zona y otras
acciones de impacto público.
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Acciones de relacionamientos de actores de ambos lados,
lo que ya comenzó con el establecimiento de contactos entre los
legisladores fronterizos haitianos y dominicanos, y debe continuarse en
este año con un esfuerzo similar dirigido a los síndicos.
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Asesorías a organismos estatales e internacionales con
presencia en la frontera o interesados de alguna manera en ella.
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Crear un clima de
mutua confianza y de entendimiento entre funcionarios, activistas
sociales y habitantes de ambas partes de la frontera es una
condición sine qua non para que ambas naciones y sus comunidades
fronterizas puedan superar los atavismos chovinistas que han
alimentado la separación por años |
Crear un clima de mutua confianza y de entendimiento entre
funcionarios, activistas sociales y habitantes de ambas partes de la
frontera es una condición sine qua non para que proyectos como este puedan
prosperar. Y por supuesto, para que ambas naciones y sus comunidades
fronterizas puedan superar los atavismos chovinistas que han alimentado la
separación por años.
Ciertamente hay una historia traumática, notables
diferencias culturales entre ambas sociedades y una no menos notable
desigualdad socioeconómica, que parece agrandarse con la persistente
crisis haitiana. Pero no creo que esta desigualdad sea mayor que la que
existe entre México y Estados Unidos, ni que la historia traumática
dominico/haitiana supere a la franco/alemana. Y en ambos casos se han
adoptado políticas conjuntas y acciones que han llevado a entendimientos
considerables e incluso a la difuminación de la frontera.
Esta frontera no debe ser excepción y hay acciones
previsibles que pudieran tener un impacto muy positivo como pudiera ser la
regularización del régimen comercial, la profesionalización de la custodia
del límite, el establecimiento de un clima de respeto a los derechos
humanos de los migrantes y la estructuración de un plan perspectivo de
desarrollo. En otras palabras la modernización del régimen de
administración fronteriza.
Entonces serán otros los problemas que requerirán nuevas
políticas. Y en todos los contextos la frontera seguirá siendo un lugar de
encuentros y desencuentros, de diferencias y comparticiones que seguirán
cautivando la imaginación de sus visitantes.
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