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Parte 2 / 2
Ausencia de un estado de derecho
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Las cifras de las víctimas en
Camboya no se pueden precisar con exactitud.
Se estima cerca de dos millones de personas muertas bajo el régimen
de Pol Pot |
Sin un
estado de derecho todo es llevado a cabo bajo el juicio arbitrario de
aquellos que están al mando. De modo que Hitler, que se mostraba
obsesionado con ideas acerca de la pureza de la raza, cuando tomó el poder
tuvo la oportunidad de crear diferentes categorías de ciudadanos, quitando
los derechos fundamentales a cualquiera que tuvo a tres o más abuelos
judíos y fue por lo tanto catalogado de "impuro".
También estableció un sistema legal que justificaba las
violaciones de los derechos humanos. Utilizando las Leyes de Nuremberg y
otros decretos privó de libertades políticas y civiles a los judíos y los
segregó a "ghettos". Una vez que puso en marcha su "Solución Final", los
despojó de todos sus derechos humanos básicos e inició el uso de campos de
concentración para masificar sus medios de exterminio.
Por otro lado, en Camboya, a los ciudadanos le fue
prohibido hacer casi todo lo que en cualquier sociedad se da por sentado
que es un derecho elemental: poder viajar entre pueblos, escoger la propia
educación, orar según determinada preferencia religiosa, tener dinero o
poseer alguna propiedad privada. Incluso coquetear fue prohibido. O peor
aún, sólo Angkar tenía la autoridad para permitir las relaciones sexuales.
Las bodas debían ser anunciadas y autorizadas en una asamblea de masas.
Pero estos detalles son sólo la punta del iceberg porque el verdadero
problema es que el estado de derecho era básicamente inexistente bajo el
Khmer Rouge. Hasta las vidas de los no-camboyanos corrían peligro si se
aventuraban en el territorio controlado por KR, ya que no había base legal
de protección para nadie. No sólo eso, en la sociedad de Khmer Rouge se
consideraba desechables a los individuos, y creían firmemente en la
doctrina violadora de los derechos humanos que supone "preferible detener
a diez personas por error que permitir que una persona culpable este
libre".
Ruanda no fue tampoco excepción a este principio. Un
periódico Hutu llamado Kangura ("Despierta"!) publicó un artículo
anti-tutsi titulado "Diez Mandamientos del Hutu", que se parecía a las
leyes de Nuremberg auspiciadas por Hitler en el sentido de que esos
"mandamientos", como fueron llamados, estaban diseñados para ayudar a
suprimir y eliminar la minoría étnica Tutsi. El artículo instaba
explícitamente a que el Hutu "dejara de sentir misericordia por el tutsi,"
y llamaba a los Hutu a "contrarrestar la propaganda Tutsi".
Al igual que en Camboya, en Ruanda no había presente un
estado de derecho. Realmente, el concepto de "ley" era muy débil durante
esa etapa; y cualquier decreto establecido ignoraba enteramente principios
del derecho internacional humanitario, así como del tratado de paz de
Arusha para el reparto del poder.
Los oficiales militares ruandeses hicieron su mejor
esfuerzo por no despertar sospechas sobre sí mismos cuando los
pacificadores de Naciones Unidas comenzaron a arribar al país. Mientras
tanto, cualquiera que haya sido el sistema legal existente, se realizaron
modificaciones para permitir infracciones de derechos humanos. Este
proceso fue posible gracias a la ayuda de Kangura y la Radio Mille
Collines.
Tensiones sociales y culturales
Pero
no se puede discutir sobre genocidio sin traer a la mesa las tensiones
sociales. De hecho, el término mismo se origina de "genos" palabra de raíz
griega que indica familia, tribu, o raza, y el sufijo latino "cide" para
indicar masacre. Es imprescindible entender como las diferencias
culturales pueden llegar a agravarse a tales proporciones desastrosas.
El uso de chivos expiatorios a fin de que los gobiernos
obtengan sus propósitos ocultos no es un nuevo concepto. Para influir en
el público contra un "azote" desfavorable de la sociedad, el instrumento
político más efectivo es un esquema de propaganda diseñado para "demonizar"
al enemigo. Hitler creó resentimientos irracionales entre el pueblo alemán
culpando a los judíos de sus problemas económicos, con lo cual fue más
fácil lograr aplicar las regulaciones anti-judías. El hecho de que muchos
miembros del Partido nazi fueran antisemitas hizo para Hitler más fácil
sus planes, para ellos más que procedimientos perturbadores parecían
acciones justificables.
Tampoco deben olvidarse los problemas sociales a escala
mundial. Al principio, para tratar con el caos que Hitler estaba creando,
Inglaterra y otros poderes occidentales siguieron una política del
apaciguamiento – lo que significa que prefirieron hacer concesiones a
Hitler antes que oponerse para no desencadenar una guerra con los nazis.
Este enfoque obviamente falló.
La campaña de la propaganda de Camboya estaba dirigida
contra cualquiera que cayera bajo la categoría de "burgués". Así que
básicamente cualquier ciudadano con cierta educación para apreciar los
problemas de la visión de KR sobre el futuro de Camboya podía ser un
sospechoso.
Una sociedad dividida fue creada por el Khmer Rouge. KR
escindió al pueblo en dos grandes clases diferenciadas: jóvenes, casi
niños que no estaban "contaminados" y viejos. Favoreció a los jóvenes e
incultos, apostando a que era menos probable que pudieran darse cuenta de
que cuán desfavorable el nuevo sistema de gobierno resultaba para ellos, y
por lo tanto esperaba menos posibilidades de insubordinación de parte de
ese sector de población.
El KR implantó un régimen muy cerrado lo que
imposibilitaba que cualquier noticia de infracciones de derechos humanos
pudiera filtrarse a través de las fronteras del país. La comunidad
internacional empezó a advertir algunas señales de la inquietante
situación de Camboya, pero no había evidencias. El KR pudo sacar provecho
de que en el exterior no se conociera toda la situación y lograron escapar
de toda condena internacional por violación de derechos humanos. No fue
hasta que los vietnamitas invadieron Camboya, y terminaron con la
dictadura de Khmer Rouge que el mundo reconoció finalmente el hecho de que
había existido un reino del terror.
Como he mencionado previamente las campañas étnicas de
odio esparcidas en Ruanda fueron manejadas casi enteramente por la Radio
Mille Collines y el periódico hutu Kangura. Fue a través de estos
poderosos medios que los Hutu fueron convencidos de movilizarse para
perseguir y cazar a su supuesto "enemigo". Es bastante obvio que la
masacre de Ruanda gira alrededor de la discriminación en sociedades de
diversa composición étnica y cultural. Los resentimientos entre los dos
grupos étnicos acumulados por varias generaciones fueron pasados por alto
y los tratados de paz tales como los acuerdos de Arusha no hicieron mucho
por la reconciliación. Varios especialistas habían previsto el posible
advenimiento de un baño de sangre, incluso antes de la muerte del jefe de
estado, pero nadie hizo algo por prevenirlo.
En términos de apoyo exterior, los Estados Unidos
presuponían que involucrarse en el conflicto de Ruanda podía ser
arriesgado, y decidieron que no inmiscuirse no les costaría nada
–escogieron su conveniencia. Estados Unidos tenía la tecnología para
interferir las frecuencias de radio del Mille Collines, pero el Pentágono
decidió, y voy a citarlos, "la vida de 8000 a 10 000 ruandeses muertos
cada día en el genocidio no valía el costo del combustible o la violación
de las ondas (de radio) ruandesas". De esa manera, una vez más, los
poderes exteriores se convirtieron en espectadores. Algunos pudieran
pensar que interferir una estación de radio es una agresión al derecho de
libre expresión o a la soberanía nacional, pero llamar o incitar al
genocidio de ninguna manera forma parte del derecho de libre expresión.
Conclusión
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A la
izquierda la bandera del Khmer Rouge.
A la derecha la svástica del Partido Nazi.
No siempre los síntomas que apuntan
a un genocidio son fáciles de reconocer. |
A modo de breve conclusión: debemos considerar el hecho de
que la Historia tiene obviamente la tendencia a repetirse. Mirando casos
tan diferentes en cultura, en geografía, y en el tiempo, debe creerse que
estas señales de alerta periódicas para genocidios no son sólo
coincidencias. Tenemos de hecho el poder de estar informados de las
atrocidades que ocurren en el mundo, especialmente con los avances en las
tecnologías informativas. La única cosa que nos paraliza para ayudar a
impedir estas masacres es la falta de voluntad política de hacerlo. Si
escogemos ignorar las señales de alerta, podemos creer que el problema no
existe. Pero no es así. No hay nada que justifique los crímenes en masa
cuando están ocurriendo bajo nuestras propias narices y cuando tenemos el
poder de detenerlos. Cuando una participación exterior decidida por la
comunidad internacional de manera multilateral según las normas del
derecho humanitario sea motivada por el destino de aquellos que padecen
las brutalidades del régimen y no por la promoción de otros intereses
exógenos, entonces "el deber de proteger", como ya comienza a llamarse
internacionalmente, será justificado y, por supuesto, enormemente
apreciado por las potenciales víctimas. Frente a la intención de cometer
genocidio y crímenes de lesa humanidad no hay apelación posible a la
soberanía del estado. En esos casos es la soberanía popular sobre un
estado criminal la que demanda ser restablecida y protegida. Este es un
principio valido desde la Alemania nazi del pasado siglo hasta el drama de
Dalfour en el presente, donde ya se leen las señales de un próximo
genocidio.
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