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Niños emigrantes
en la isla Ellis a principios del siglo XX |
Desde que los seres humanos comenzamos a poblar el
planeta, siempre hemos sentido la necesidad de trasladarnos de un lugar a
otro en la simple búsqueda de mejores oportunidades para sobrevivir. Hoy
esa misma necesidad ha obligado a millones de seres humanos a abandonar
sus lugares de origen para tratar ya no solamente de sobrevivir, sino para
alcanzar el sueño de oda persona de vivir en dignidad.
A diferencia de otros tiempos, las actuales fronteras de
los Estados, creadas por el hombre, han dificultado esa movilidad, a lo
que se suma el comportamiento de gobiernos y sectores políticos y
económicos, tanto en los países de origen de los migrantes como de los
países receptores, que no quieren reconocerle a los migrantes de hoy en
día la dignidad plena de todo ser humano como persona.
Por mucho tiempo América Latina y el Caribe fueron grandes
receptores de migraciones, hoy en día el desplazamiento de las migraciones
es principalmente de Sur a Norte, con un cambio radical de rumbo. En el
2003 se estimaba que cerca de 180 millones de personas estaban viviendo en
un lugar distinto al de su país de origen. Hoy en día solamente en los
Estados Unidos de América se calcula en mas de 25 millones la presencia de
las personas de otro origen nacional, la mayoría provenientes de los
países de América Latina y el Caribe, y en los países de la Unión Europea
en mas de 22 millones, cifras significativas pues son casi el doble de las
que existían en los años setenta.
Lo nuevo en esta etapa es que los países de América Latina
y el Caribe se han convertido en "expulsores sistemáticos de su
población", según señalan algunos académicos especializados en los temas
migratorios, convirtiéndonos de hecho en una "región productora de mano de
obra -calificada o no calificada- para los mercados de trabajo de los
llamados países desarrollados".
| Los conflictos
armados en algunos países de la región y las dictaduras militares o
regimenes totalitarios en otros, obligaron a cientos de miles de
personas emigrar |
En las décadas de finales del siglo pasado, los conflictos
armados en algunos países de la región y las dictaduras militares o
regimenes totalitarios en otros, obligaron a cientos de miles de personas
emigrar. Actualmente el regreso a la paz o el fin de las dictaduras no han
transformado las causas estructurales económicas y sociales que en el
fondo son las que promueven los conflictos, la pobreza y la migración.
La adopción en América Latina y el Caribe del esquema
neoliberal ha profundizado más todavía las limitaciones e inequidades
económicas y sociales que afectan nuestra región, creando condiciones
difíciles para la mayoría, y que son factores principales en el aumento de
la constante movilidad hacia el Norte, incluyendo una ampliación en las
variedades de migrantes en la que ahora aparecen también, los pequeños y
medianos empresarios (los llamados "transmigrates", según el sociólogo
Alejandro Portes), con características distintas y diferentes de los
migrantes que no tienen posibilidades de un empleo digno en sus países,
pero que de hecho drena más aun, las economías nacionales y los mercados
de empleo.
El fenómeno migratorio actual no lo podemos separar del
mundo del trabajo. Según Camilo Castellanos (Coordinador Regional de la
Plataforma Interamericana de Derechos Humanos Democracia y Desarrollo):
"Sin mayores posibilidades de empleo y menos de empleo digno, los
trabajadores buscan (al migrar) mejores condiciones. Aprovechando las
diferencias, el trabajo se realiza en un espacio económico donde así no se
pague debidamente, el ingreso es relativamente mas alto, en tanto que la
fuerza de trabajo se reproduce en otro espacio donde las remesas así sean
pequeñas bastan para alimentar a la familia y asegurar salud y educación
para los hijos".
Castellanos también afirma que sin embargo, "el problema
es que las condiciones de trabajo de los migrantes están lejos de ser
satisfactorias", esto acompañado por el control y la penalización de la
movilidad de los migrantes por parte de los países receptores, "hace que
los trabajadores deban emigrar en condiciones de precaria legalidad cuando
no de absoluta ilegalidad", lo que los obliga a trabajar "por la
izquierda", "el trabajo negro", o el llamado "submundo del trabajo barato"
y a vivir en las sombras, el sobresalto, la angustia, victimas de la
discriminación y la xenofobia, y donde los derechos humanos fundamentales
que tiene toda persona humana no le son respetados.
De este cuadro desolador, en el que vive la mayoría de los
trabajadores migrantes, se aprovechan los países receptores del llamado
"mundo desarrollado". En los Estados Unidos de América, "el principal
receptor de migrantes del mundo", la incorporación todos los años de miles
de trabajadores al "submundo del trabajo barato" resulta de extraordinario
beneficio para su economía, ayudando a mantener salarios bajos y por ende
costos más reducidos, que si la misma labor la realizaran los nacidos en
el país teniéndoles que pagar los salarios mínimos y los beneficios
establecidos por la ley. De ahí que sectores económicos estadounidenses, a
contra pelo de los grupos que de boca rechazan la continua llegada de
migrantes, promuevan tanto la migración calificada como legal (el llamado
robo de cerebros), como la de mano de obra no-calificada, conceptualizada
como ilegal que es la que mas beneficios les brinda.
La globalización neoliberal y la consolidación del poder
casi absoluto de los capitales financieros transnacionales han tenido
consecuencias nefastas en las realidades nacionales de la mayoría de los
países de esta región, ayudando a crear los ambientes de falta de
esperanza y las condiciones objetivas principales, que impulsan a los
seres humanos a buscar otras alternativa de vida en lugares distintos a
los que los vio nacer.
| Los países
"expulsores" de migrantes han logrado
encontrar una solución parcial a sus problemas estructurales,
gracias al aporte de las remesas que envían los migrantes a sus
familiares |
Por otro lado, los países
"expulsores" de migrantes, responsables en primer término del cuadro
desolador que hemos descrito, han logrado encontrar una solución parcial a
sus problemas estructurales, gracias al aporte de las remesas que envían
los migrantes a sus familiares. Remesas que en muchos casos son la segunda
fuente de recursos externos de algunos países. Según el Banco
Interamericano de Desarrollo (BID), en año 2004 "los migrantes
latinoamericanos y caribeños enviaron a sus países 45,800 millones de
dólares". Este flujo de las remesas se ha convertido de hecho en una parte
importante de las economías de la región, pues según la CEPAL "son una
fuente significativas de recursos y juegan un papel decisivo como
atenuantes de la pobreza ", contribuyendo a financiar gastos que son
obligaciones y responsabilidades en principio, de los gobiernos de los
países originales de los migrantes, que mientras tanto derrochan y
malversan los escasos tesoros de las naciones.
Esta responsabilidad compartida que tienen, tanto los
países "expulsores" como los receptores, de mantener o imponer injustas
situaciones han obligado a más de 180 millones de personas en todo el
mundo a migrar buscando la posibilidad de vivir con dignidad. Muchos de
ellos terminaron viviendo en el mundo de los trabajadores migrantes
ilegales, que no disfrutan de un trato decente y humano, o en el "submundo
del trabajo barato" de los que se encuentran ilegalmente en los países
receptores, sufriendo las injustas e inhumanas consecuencias ya antes
apuntadas. Esto ha dado paso a una nueva definición en materia de derechos
humanos.
Hoy en día a la hora de hablar de los derechos básicos de
los migrantes se ha comenzado a introducir el concepto del "Derecho a no
migrar". Esto que pudiera sonar contradictorio no lo es. Un documento de
trabajo preparado por Cristian Doña Reveco, Consultor de la Organización
Internacional para las Migraciones (OIM), señala que en el fondo, las
migraciones "son producidas por causas que presionan a las personas a
movilizarse y que el costo de las migraciones a nivel personal e incluso
colectivo, resulta muchas veces negativas para el que migra".
El derecho a no migrar
El "Derecho a no migrar", es el derecho que tiene toda
persona a poder permanecer en el lugar que habita y desarrollar su vida
económica y social, sin necesidad de trasladarse a otro país para lograr
un nivel satisfactorio de las necesidades básicas de él y su familia, para
poder todos vivir y realizarse con dignidad en condiciones que le permitan
un desarrollo integral de su persona.
| Los gobiernos
nacionales los que tienen la obligación de garantizarle a los
pueblos, ambientes propicios que le faciliten a sus ciudadanos la
posibilidad de vivir y realizarse con dignidad |
Este derecho tiene que ser visto desde la perspectiva de
que son, en primer lugar, los gobiernos nacionales los que tienen la
obligación de garantizarle a los pueblos, ambientes propicios que le
faciliten a sus ciudadanos la posibilidad de vivir y realizarse con
dignidad, y en segundo lugar la responsabilidad de los países receptores,
en particular los del llamado "mundo desarrollado", de creer en el destino
universal de la tierra y demás bienes naturales, que fueron creados por
Dios para el uso de todos y cada uno de los hombres y los pueblos, por lo
que deben "llegar a todos en forma equitativa, bajo la égida de la
justicia y con la compañía de la caridad".
Sin embargo, dadas las actuales condiciones y mientras las
garantías de poder desarrollarse y vivir con dignidad en sus propios
países no se den, los seres humanos tienen el derecho a migrar. Derecho
universalmente reconocido en los principales documentos de la "Carta
Internacional de Derechos Humanos" de las Naciones Unidas y en los
documentos regionales de la Organización de Estados Americanos. De igual
forma los derechos y la protección de los migrantes han quedado plasmados
en distintos documentos del derecho internacional. Primero en la
"Declaración sobre los derechos humanos de los individuos que no son
nacionales del país en que viven", adoptada por la Asamblea General de las
Naciones Unidas en 1985 y que posteriormente fueron reafirmados en la
"Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de todos los
Trabajadores Migratorios y sus Familias" promulgada en 1995 por la
Asamblea General, que ha sido firmada por muchos países y que ya se
encuentra en vigor después que finalmente se consiguieran las 20
ratificaciones necesarias.
Lamentablemente la gran mayoría, por no decir la
totalidad, de los países del llamado "mundo desarrollado" principales
receptores de migrantes, ni la han firmado ni la han ratificado. Por lo
tanto no hay aplicabilidad de la misma en los países donde más se violan
los derechos de los migrantes y sus familiares. Esta situación se agravó a
partir de los atentados del 11 de septiembre del 2001 en los Estados
Unidos de América y particularmente en este país. A partir de estos
criminales sucesos, los estados occidentales desarrollados no solo
aumentaron el control de sus fronteras, sino que comenzaron una campaña de
detecciones arbitrarias de por tiempo indefinido de migrantes, sin la
oportunidad de un proceso justo ante los tribunales. Todo ello no
solamente va en contra de los documentos de derechos humanos relacionados
directamente con los migrantes, en particular la Convención, sino en
contra de todos los derechos y libertades reconocidas universalmente para
todo ser humano en todas partes, tal y como están expresados la "Carta
Internacional de Derechos Humanos" , en documentos regionales y en
Convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
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El termino
"migrante ilegal" criminaliza y deshumaniza a los seres humanos
Foto Myla Kent |
A este cuadro de injusticias se ha agregado la adopción,
por parte de los países receptores, del término
"migrante ilegal", que con anterioridad sólo era utilizado por muy pocos
gobiernos y, sobre todo, por los medios de comunicación al referirse a los
migrantes que ingresaban de forma ilegal a un país. Esa nueva
clasificación, "criminaliza y deshumaniza a los seres humanos" según
muchos autores, y es utilizada por los gobiernos para negarles derechos
básicos fundamentales a los migrantes que se encuentran en esta situación,
sin tomar en cuenta que "los gobiernos tienen la responsabilidad de
asegurar la protección de los derechos humanos de todas las personas que
estén en un momento determinado en su territorio, sin importar el estatus
migratorio que tengan".
En su Opinión Consultiva OC-18/03, la Corte Interamericana
de Derechos Humanos decretó que:
"...la situación regular de una persona en un Estado no es
condición necesaria para que dicho Estado respete y garantice el principio
de la igualdad y no discriminación, puesto que dicho principio tiene
carácter fundamental y todos los Estados deben garantizarlo a sus
ciudadanos y a toda persona extranjera que se encuentre en su territorio",
independiente de su situación migratoria, "puesto que el respeto y
garantía de goce y ejercicio de esos derechos deben realizarse sin
discriminación alguna".
Esta Opinión Consultiva, emitida por la Corte a
solicitud del gobierno de México en referencia a las consecuencias que
pudiera tener el decreto Hoffman sobre los derechos humanos de los
trabajadores mexicanos en los Estados Unidos de América, ha sido
completamente ignorada en la práctica por el gobierno norteamericano.
Hoy en día, en muchos de los llamados "países
desarrollados", existe un gran debate nacional, sobre la situación de los
migrantes que ya se encuentran en su territorio y sobre como proteger
(cerrar) sus fronteras para impedir la continuidad de las entradas, todo
esto en un marco de actitudes discriminatorias y de una exagerada
xenofobia. En los EE.UU. el debate se encuentra estancado entre una
versión un poco mas humanizada en el Senado Federal, sin que llegue a ser
lo que hace falta y lo que sea mas humano, y una más reaccionaria por
parte de la Cámara de Representantes Federal, que rechaza todo intento de
encontrar una solución al estatus de los migrantes que se encuentra sin
papeles, y que solo le interesa la deportación masiva de estos y la
construcción de una absurda "muralla china" a lo largo de la frontera sur
del país. La del norte no importa pues los migrantes del Canadá tienen
también, "el pelo rubio, los ojos azules y hablan inglés" como el
idealizado prototipo norteamericano.
En los Estados Unidos de América los propios migrantes,
las iglesias, las organizaciones que tradicionalmente han defendido los
derechos de estos y hasta los sindicatos, por sólo
mencionar varios sectores de la sociedad, han salido en defensa de los
derechos de los migrantes y a favor de una solución humana, digna y justa
para los problemas existentes. En muchos países de la Unión Europea los
planteamientos antiemigrantes han sido rechazados con protestas y hasta
enfrentamientos, tanto por parte de los migrantes como de los sectores que
más se identifican con el problema, tanto de un lado como del otro. Las
soluciones no son fáciles, pues mientras en los países "expulsores" no
asuman su responsabilidad como garantes de los derechos fundamentales de
la persona humana en todos sus órdenes y no se corten de raíz las causas
económicas, sociales y políticas que obligan a los pueblos a la migración,
estas serán solamente parciales y temporales.
En nuestro caso también, mientras las políticas económicas
promovidas por la globalización del neoliberalismo, no permitan los
cambios estructurales que se necesitan en los países de América Latina y
el Caribe para alcanzar un verdadero desarrollo integral y sustentable que
les permita a los pueblos vivir y trabajar con dignidad, las migraciones
no tendrán fin.
¿Qué hacer?
Mientras tanto, los Estados receptores tienen en primer
lugar, el deber y el compromiso moral de:
- Firmar y ratificar la "Convención Internacional sobre la Protección
de los de Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y sus Familias"
de las Naciones Unidas y todos aquellos Pactos y Convenios de otros
organismos internacionales y regionales que sean aplicables.
- Promover legislaciones nacionales que les garanticen a los migrantes
y sus familias el respeto a su dignidad e integridad como le corresponde
como personas humanas, sin distinciones de ningún tipo.
- Penalizar a las corporaciones, empresas o individuos nacionales, que
explotan, discriminan y maltratan a los migrantes y/o que promuevan el
ilegal tráfico humano hacia los países receptores que tantas vidas
cuesta anualmente. Exigiéndose a la par que los países "expulsores"
tomen iguales medidas en sus territorios.
Nada resolvemos luchando solamente por la "Dignidad para
Migrantes", sino luchamos a la par porque no existan "Migrantes por
Dignidad".
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