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Parte 2 /2
La reestructuración
capitalista y el proceso de globalización
La
globalización constituye uno de los grandes fenómenos del mundo
económico-social, cuyo contexto se desdibuja en la integración geopolítica
bajo el imperativo de un sistema socio-cultural dominante, un mercado
único y un centro de poder multipolar hegemónico. Puede afirmarse que
dicho proceso tiene varias etapas. La primera de ellas, cuyo origen se
remonta a la época colonial, cuando la imposición de una cultura
–entendida como superior- aniquiló las estructuras culturales y políticas
del mundo conocido. Esa fuerza cultural se fundamentó en el catolicismo
emancipador, el mercantilismo y el feudalismo, como plataforma ideológica
y política.
Una segunda etapa de globalización mundial, ocurre con el
surgimiento de la revolución industrial. La cultura hispánica se vio
obligada a decidir en este período – dada la desventaja tecnológica de
España en el contexto mundial de entonces- que las compañías de las indias
orientales se encargaran de difundir los valores proteccionistas del
imperio, a fin de preservar el control político y comercial de sus
colonias iberoamericanas.
El proceso globalizador de los mercados fue más extenso
que el anterior. Sus herramientas principales estuvieron marcadas por la
era de la ciencia, el capitalismo y la idea de progreso. Durante esta
época se vivió un fuerte enfrentamiento entre varias corrientes de
pensamiento económico y social: la discusión entre centro y periferia, por
un lado; las tesis comunistas, impulsoras de la economía de planificación
centralizada donde el Estado funge como protector y garante del desarrollo
económico social; y el ideario político-social del capitalismo libre
anglosajón, cuyo origen realza el principal postulado de Adán Smith: la
mano invisible del mercado.
Una tercera etapa globalizadora se extiende y se expande
hoy. Dispone de grandes innovaciones tecnológicas ahora como la robótica,
informática, telecomunicaciones, ingeniería genética, televisión por
cable, Internet y otros avances tecnológicos impresionantes, más radicales
que las que impulsaron la revolución industrial en su momento. Esta nueva
globalización llamada infocapitalismo, no tiene sin embargo, la capacidad
para reemplazar linealmente las culturas autóctonas, sin que se produzcan
fuertes resistencias a nivel de sus redes de expresión locales.
Las principales armas de esta nueva expansión globalizante
y civilizatoria son: la microelectrónica, la aplicación del conocimiento
al conocimiento mismo y la cybercultura. La onda Cyber despliega un
lenguaje mundial expresado en códigos culturales que responden a los
principios éticos de Occidente. Esta insurgencia político-económica y
cultural tiene la particularidad de superponer, a través de sus redes
mediáticas, los valores de uso sobre los valores de cambio. Jettin (1996)
afirma al respecto: "las innovaciones científicas llevarían necesariamente
a nuevos modelos de producción y de transformación social como resultado
de una definición de oportunidades tecnológicas dictada por los nuevos
paradigmas" (p.17)
| El nuevo modelo
globalizador impacta de manera directa la generación del
conocimiento, el proceso educativo, los procesos productivos de
mercancía, el comercio, los servicios, y las relaciones económicas
internacionales |
Los actuales cambios tecnológicos presentan un rostro
distinto. Su influencia no sólo consiste en incidir en las formas de
producir los bienes de consumo masivo y redefinir los modelos
organizacionales empresariales para la competitividad en el mercado, sino
en trastocar el comportamiento de los individuos, sus relaciones de
trabajo y el mundo laboral en su conjunto. El nuevo modelo globalizador
impacta de manera directa la generación del conocimiento, el proceso
educativo, los procesos productivos de mercancía, el comercio, los
servicios, y las relaciones económicas internacionales. Es decir, ha
ampliado el armazón de la frontera de producción y ha creado nuevas formas
de relaciones intersubjetivas a nivel mundial. Castells (1998) define esta
incursión económico-cultural en los siguientes términos:
A este nuevo modo del desarrollo del capitalismo
denominado informacional, en el cual la tecnología de la información ocupa
el elemento central para agregar áreas de producción y redefinir las
otras, generándose así una avalancha de innovaciones tecnológicas que
impulsan la productividad y al mismo tiempo reordenan y potencian al nuevo
modo de producción capitalista (p. 39)
Estos cambios en la esfera económica se deben sin embargo,
a un cambio de paradigma según el cual, el patrón microelectrónica
sustituye al modelo petrolero (Pérez, 2002). En ese escenario, el
conocimiento adquiere valor económico y no sólo tiene una significación en
el orden cultural. El impacto de las redes culturales es avasallante, pero
el valor del conocimiento como factor de acumulación adquiere un sentido
determinante en el proceso productivo.
La información y el conocimiento se han convertido en
medios de producción y han desplazado progresivamente al trabajo manual.
El intercambio de producción y conocimiento es la propia esencia del nuevo
sistema financiero mundial, en el que el dinero consiste exclusivamente en
cifras que aparecen en ordenadores. Los mercados financieros trabajan, en
general, a una velocidad increíble. No existe ninguna oportunidad de
obtener beneficios a largo o medio plazo; es decir, algunas estrategias
utilizadas por los operadores se vuelven obsoletas casi en el mismo
momento de ser creadas, debido a la rapidez con la que otros reaccionan o
las sustituyen. Se trata de una economía del conocimiento que ya es
realidad y no supone una mera proyección del futuro.
Hay sin embargo, algunos riesgos importantes en esa nueva
onda tecnológico-cultural. Castells (2001) advierte: "El resultado de este
proceso de globalización financiera es quizás que hemos creado un
"autómata", que está en el corazón de nuestras economías y condiciona
nuestras vidas de forma decisiva". (p. 87). Esto quiere decir que la
pesadilla de la humanidad no sólo radica en que la robótica pueda eliminar
los puestos de trabajos ni que los ordenadores del gobierno vigilen
nuestras vidas, sino en el carácter incontrolable de los sistemas
electrónicos que favorecen las transacciones financieras intangibles.
Giddens y Hutton (2000) señalan que "… en las condiciones
de modernidad reciente, los dos polos de la dialéctica de lo local y lo
individual están constituidos por las transformaciones, en la identidad
del yo y la mundialización. Las relaciones ínter subjetivas y la
contextualidad de todo orden en la sociedad del conocimiento, estarían
marcadas así por vínculos socioculturales de alcance muy amplio, mas allá
de los microespacio íntimos, directos y personales de modo que el yo y la
sociedad estarían interrelacionados, por primera vez en la historia, en un
medio mundial" (p. 48). En esta línea del pensamiento, se introduce un
nuevo espacio de discusión que supone el surgimiento de nuevos esquemas de
subjetividad en la relación del yo individual y la sociedad informacional.
La
ética capitalista
En la sociedad Occidental, la "ética" (del griego ethika,
de ethos; "comportamiento"; "costumbre"), se refiere a los principios o
pautas relacionadas con la conducta humana. Es conocida también como moral
(del latín mores; "costumbre"), razón por la cual el estudio de esos
principios y normas es llamado "filosofía moral. Se ha de aclarar que cada
cultura ha desarrollado un modelo moral-ético propio, y códigos que se
relacionan con el tipo de ambiente que envuelve a la comunidad; su
historia; su psicología; su grado de desarrollo tecnológico; así como
muchos otros factores que influyen en la mentalidad y en la convivencia de
los seres humanos.
En líneas generales, los filósofos procuraron determinar
la bondad de la conducta humana, teniendo en cuenta dos grandes principios
fundamentales. El primero, la conducta es buena en sí misma, lo que
implica un valor final, deseable en sí mismo y no sólo como medio para
alcanzar un fin. El segundo, la conducta es buena porque se adapta a un
modelo moral concreto.
Si estudiamos el desarrollo moral-ético a través de la
historia, encontramos también tres modelos de conducta principales. Cada
cultura o comunidad concreta los ha considerado como el bien más elevado.
Estos son: la felicidad o placer; el deber, la virtud o la obligación; y
la perfección, el más completo desarrollo de las potencialidades humanas.
Podemos indicar además, algunas otras líneas que sintetizan el desarrollo
moral y que han predominado en algún momento histórico concreto o
determinaron el comportamiento humano en algún contexto particular.
Para Monterroso (2001) ética es el sistema moral por
naturaleza, el cual juzga los actos del hombre y emite un juicio. La ética
se basa en los actos en los cuales los hombres actúan haciendo uso de su
libertad; es decir, la libertad se vuelve la base de la ética. Sin
libertad, no hay ética.
| Plantear la
discusión sobre ética y globalización resulta clave para comprender
los signos de la nueva sociedad infocapitalista y sus efectos en el
conjunto de valores que rigen los marcos de subjetividad en
Occidente |
En el discurso de disertación inaugural del Encuentro
Internacional sobre Ética y Desarrollo (2000) Enrique Iglesias, Presidente
del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) planteó que la dimensión
ética del desarrollo se expresa en la vigencia en la vida social de
valores morales como el respeto a la verdad, la honradez, el sentido del
deber y la justicia, la consideración al prójimo, la solidaridad, el
espíritu de servicio y el anhelo de perfección. En tal sentido, expresó:
"si miramos la realidad de América Latina y del
mundo en desarrollo a la luz de estos criterios, surgen con claridad los
grandes desafíos éticos a que ellos nos aboca. Desafíos que, en mi
opinión, no sólo se plantean a estos países, sino también a las naciones
del mundo rico y desarrollado" (p.4). En atención al contexto que implica
el despliegue del fenómeno globalizador, los aspectos de orden ético se
asoman en medio de grandes discusiones que no parecieran dirimirse
fácilmente.
Weber (1998) en su obra La Ética Protestante y el Espíritu
del Capitalismo señala que el protestantismo fue quien concedió un sello
claramente religioso al aspecto ético, en contraste con la tradición
católica y su relación con el trabajo. En tal sentido, todo implica una
exigencia moral; es decir, "el cumplimiento en el mundo de los deberes que
a cada cual impone la posición que ocupa en la vida, y que por lo mismo,
se convierte para él en el trabajo" (p. 90) Igualmente puntualiza Weber,
que no se trata de la ética protestante ni el capitalismo en sí mismos,
sino de la ética protestante y el espíritu del capitalismo. Para Weber, el
espíritu del capitalismo se resume en el lucro del dinero como valor más
importante de la vida, el ejercicio del trabajo como fin, la racionalidad
y la austeridad.
Por ello, plantear la discusión sobre ética y
globalización resulta clave para comprender los signos de la nueva
sociedad infocapitalista y sus efectos en el conjunto de valores que rigen
los marcos de subjetividad en Occidente.
Los efectos perversos de la globalización en el trabajo
La nueva racionalidad en la acumulación de capital
–aplicación del conocimiento a aparatos de generación de conocimiento- ha
modificado radicalmente las condiciones en las cuales se ejecuta la
actividad laboral y los perfiles de la demanda de mano de obra. En primer
lugar, el desarrollo de nuevas tecnologías y la automatización en los
procesos productivos, tiende progresivamente a prescindir de la mano de
obra convencional y a generar altos índices de desempleo. En segundo
orden, las nuevas redes tecnológicas –incluida por supuesto la Internet y
la comunicación por satélite- han redefinido los ambientes de trabajo, de
modo que reconceptualizada también la noción del tiempo, ya no se aplica
en forma general el control sistemático de horarios de trabajo en los
portales de las fábricas. El trabajo tiende a realizarse no sólo en la
empresa convencional, sino que se realiza en otros espacios relacionados
con las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información.
| Es necesario
tomar ahora la tarea de asumir el reto de humanizar la globalización |
Rifkin (1996) dice: "… las reestructuraciones
empresariales y la introducción de nuevas tecnologías que deben permitir
ahorros en los costes de fuerza de trabajo, dan como resultado una mayor
productividad, unos mayores beneficios y una disminución en el número
total de puestos de trabajo" (p. 18). Seguidamente advierte, que el
proceso de automatización "… conduce vertiginosamente a la economía global
a un futuro industrial sin trabajadores" (p. 28).
Conill (2000) destaca, así mismo, que es innegable la
tendencia actual hacia una globalización económica creciente, facilitada y
acelerada por las nuevas tecnologías de la información y la de la
comunicación. Es evidente, que esta tendencia en el plano económico, no se
traduce necesariamente en un proceso auténticamente humano en el ambiente
de trabajo.
Giddens y Hutton (2001) señalan: "La economía del
conocimiento está transformando nuestra propia forma de vivir y trabajar,
convirtiéndose en medios de producción que han desplazado a muchos tipos
de trabajo manual" (p. 41).
La investigación planteada, prevé revisar toda una amplia
información acerca del estado del arte y de la cuestión en torno a estos
temas. En lo posible, se estima obtener una visión de conjunto de la
problemática relacionada con el caso venezolano.
A modo de conclusiones
En esta era, marcada por la tercera ola globalizadora, los
desafíos que enfrenta la humanidad son enormes en la medida en que esta en
juego la viabilidad de la misma dentro del largo plazo. La depredación del
medio ambiente, la devaluación social, la inequidad, las brechas
tecnológicas, las relaciones laborales y otros factores
nos conducen hoy hacia diferencias jamás vistas y que pueden
desembocar en procesos sociales violentos que busca de compensación no
solo al interior de las naciones sino también entre las propias naciones.
Por ello, es necesario tomar ahora la tarea de asumir el
reto de humanizar la globalización y este desafío que se vive en lo
político, social, económico, laboral y ecológico esta eminentemente
vinculado a un carácter ético, en el entendido que la ética es el elemento
que humaniza y racionaliza las relaciones entre las personas, las
comunidades y las naciones.
La sostenibilidad de la humanidad ahora depende de la
racionalidad con la cual se encaran los dilemas morales emergentes de la
situación actual y de la integridad con la cual se atiende su solución
sobre la base de la equidad, la justicia y la igualdad.
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