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Ya es una constante la extrema violencia en los
espectáculos deportivos. El fútbol es por lejos el deporte más popular del
mundo, el que más gente congrega y naturalmente el que mayores y más
graves incidentes produce debido a sus barras bravas, los que incluso
llegan a contar con muertes. Es cierto que hay una realidad que todos
conocen pero que muy pocos se animan hablar y es que es inimaginable la
cantidad de intereses que se mueven detrás de este deporte.
Desde hace algunos años se vive en nuestro país un
ambiente futbolístico en el que pareciera estar permitido todo, desde que
un dirigente de peso le cierre las puertas en las narices a una fiscal,
hasta jugar un partido con siete mil personas contando solo con 8 policías
y sin ningún permiso gubernamental. Existe una especia de impunidad además
de argollas muy difíciles de romper, son grupos muy cerrados que están en
la dirigencia años de años; lo cierto es que la actuación de algunos
dirigentes deportivos deja mucho que desear.
Pensando en voz alta me pregunto: quienes forman,
financian y sostienen a las llamadas barras bravas. Que, hay qué decirlo,
son el espacio perfecto para los inadaptados. Si hacemos historia para
conocer como empezó este fenómeno nos tendríamos que remontar a Inglaterra
a los años 60 cuando surgieron LOS HOOLIGANS que a la traducción significa
"HINCHAS BRITÁNICOS DE COMPORTAMIENTO VIOLENTO Y AGRESIVO" ese concepto y
su aplicación en la práctica se inicio en Latinoamérica a fines de los 70
bajo el término de "BARRAS BRAVAS", en los 80 este fenómeno se salió de
control en varios estadios del mundo.
Pero veamos quienes conforman estas barras bravas: en
Latinoamérica por lo general son jóvenes entre 14 y 26 años que proceden
de núcleos familiares violentos, que viven en la periferia de la ciudad en
barrios muy pobres, con serios problemas de educación y con valores
alterados, muchos de ellos consumen alcohol y drogas; ellos tienen rasgos
muy marcados como exaltación a la fuerza física, un equivocado sentido del
honor asociado con la capacidad de pelear, estos grupos se relacionan
antes, durante y después de los eventos deportivos. Para estos jóvenes los
estadios son escenarios de VIOLENCIA RITUAL, van predispuestos a ello y
donde la brutalidad, lo ordinario y el descaro son expresiones que forman
parte de ese accionar.
Lo realmente peligroso es que en los últimos años hemos
observado que aficionados al fútbol han aprendido de alguna manera a
convivir con las situaciones de violencia, ello se presenta incluso en las
mismas autoridades. Un ejemplo de esto es la denominación "PARTIDO DE ALTO
RIESGO".
Hay que construir un compromiso de absoluto rechazo a
cualquier tipo de violencia. Antes, durante y después, fuera y dentro de
cualquier espectáculo deportivo. De nosotros dependerá en gran medida que
no se siga manchando el deporte con sangre, no hay otra solución que
imponer mano dura: sancionando con todo el peso de la Ley a los que
originen o estén involucrados en estos actos de violencia.
Al ser un problema de grandes dimensiones y debido a que
en los últimos años no han existido respuestas exitosas frente a este
fenómeno, se debería otorgar a una institución la responsabilidad de
planificar y desarrollar políticas, y acciones que promuevan, fiscalicen,
coordinen y controlen la seguridad integral de cualquier espectáculo
deportivo. También se debería elaborar un "REGLAMENTO ÚNICO GENERAL" de
Seguridad para espectáculos deportivos adaptado a la legislación de cada
país.
Las respectivas federaciones, las autoridades deportivas,
las autoridades políticas así como la seguridad pública no deberán caer en
respuestas improductivas y coyunturales por la presión de la prensa o de
los mismos aficionados ante un hecho de violencia que se presenten en los
diversos escenarios deportivos. Cualquier esfuerzo que hoy hagamos se
traducirá en adelante en evitar la pérdida de vidas.
Finalmente se deberá agotar hasta el último esfuerzo para
mantener la seguridad ciudadana y el orden público en todo espectáculo
deportivo.
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