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Parte 2/4
Globalización y
movilidad
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Cuesta más
producir una tonelada de maíz en Callao, Perú, que importarla. Esa
lógica genera la disminución de la producción nacional agrícola o
industrial, con la consecuente pérdida de empleos. |
Uno de los elementos más ampliamente reconocidos de la
globalización es la creciente interdependencia económica de los Estados.
El proceso integral de globalización ha intensificado los efectos
disruptivos de la modernización y del desarrollo capitalista
[2] , y muchos
países en desarrollo enfrentan una grave dislocación social y económica
asociada a una pobreza persistente, a un desempleo creciente, a la pérdida
de los modelos tradicionales de comercio y a una crisis cada vez más
acentuada de la seguridad económica.
Un aumento en el comercio de bienes y de la inversión
extranjera directa no reducirá significativamente la propensión a migrar
en la mayor parte de los países. Por el contrario, la naturaleza de los
flujos migratorios se verá condicionada por una continua demanda de mano
de obra extranjera tanto calificada como no calificada, así como por las
grandes diferencias en las condiciones de vida.
En un cierto número de países, el incremento del comercio
internacional disminuye la producción nacional industrial y agrícola, o la
reemplaza con importaciones más baratas, a expensas de la pérdida de
muchos empleos en estos sectores. Por ejemplo, en la actualidad, una
tonelada de maíz en Callao (Perú), o una tonelada de arroz en Manila
(Filipinas), puede ser importada por un valor inferior a los costos de una
producción local en pequeña escala y con uso intensivo de mano de obra. En
efecto, la eficiencia de las agroindustrias mecanizadas con una producción
a gran escala abarata los costos de los alimentos. Sin embargo, el cultivo
de cada tonelada de grano en Perú, o de arroz en Filipinas, ocupaba muchos
granjeros y trabajadores, y permitía el mantenimiento de sus familias.
Los programas de ajuste estructural impusieron reducciones
en el gasto público, a los presupuestos y los subsidios del Estado. Estos
ajustes significaron también importantes reducciones en el empleo público,
que incluía tanto a profesionales como a trabajadores calificados y no
calificados. La creación de empleo por el sector privado en muchos países
donde se aplicaron estos programas no fue de la mano de las cifras del
desempleo provocado por la reducción del aparato estatal, sino que más
bien se ha producido lo contrario. Asimismo, las condiciones del ajuste
estructural incluyeron la eliminación de subsidios gubernamentales a los
alimentos, que indirectamente subsidiaban empleos en la agricultura y en
los sectores del procesamiento y la distribución de alimentos.
De esta forma, la suma de estos factores provoca que se
reduzcan o desaparezcan las posibilidades de obtener un empleo y de
asegurarse la supervivencia económica en el país de origen y que aumenten
las presiones emigratorias.
Demanda de mano de obra migrante
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La mano de obra migrante a menudo
ocupa los llamados puestos sucios, peligrosos y difíciles (dirty,
dangerous and difficult jobs – DDD ó 3D) |
La demanda de mano de obra migrante no declina. La
globalización y la liberalización del comercio han tenido un impacto
contradictorio en las condiciones de empleo en los países de destino.
Asimismo, existe una demanda de mano de obra barata y con bajas
calificaciones en los países industrializados, así como en un número
considerable de países en desarrollo en la agricultura, la alimentación,
la construcción o los trabajos semicalificados o no calificados en la
manufactura (por ejemplo, la industria textil), y sectores con bajos
salarios como el servicio doméstico, la atención de salud a domicilio y el
sector del sexo.
Además, las tendencias demográficas y el envejecimiento de
la fuerza de trabajo en muchos países industrializados indican que la
inmigración constituirá una importante opción para incrementar la relación
entre población activa y población en envejecimiento, tomando en cuenta
asimismo que la fuerza de trabajo de más edad tiende a ser más menos
innovadora, menos flexible, y menos adaptable a los cambios tecnológicos.
Algunos gobiernos han comenzado a considerar como una opción de política
la "migración de reemplazo".[3]
Las pequeñas y medianas empresas y los sectores económicos
que hacen un uso intensivo de mano de obra no tienen la alternativa de
trasladar sus operaciones al extranjero. Así pues, la respuesta de estos
sectores reposa en la reducción de sus procesos manufactureros, la
desregulación y la flexibilización del empleo, con un creciente énfasis en
medidas de reducción de costos y de subcontratación
[4] . En un número
considerable de países, estas medidas han ampliado el número de puestos de
trabajo en la base de la escala ocupacional. Sin embargo, las necesidades
de empleo son satisfechas en nula o escasa medida por trabajadores
nativos; incluso los desempleados debido a los bajos salarios, a las
condiciones peligrosas, y/o al bajo estatus social de estos puestos de
trabajo o sectores, así como por las alternativas que algunos países les
ofrecen de gozar de la asistencia social y de los seguros de desempleo, no
optan por esas alternativas.
La demanda resultante de trabajadores migrantes le otorga
una significativa intensidad a los flujos de mano de obra y facilita la
incorporación de los migrantes indocumentados al mercado de trabajo.
[5]
Pese a que un cierto número de países desarrollados registran una tasa de
desempleo relativamente alta, los trabajadores extranjeros – incluidos los
no autorizados – encuentran puestos de trabajo con facilidad
[6]. Por
ejemplo, un trabajador migrante indocumentado mexicano encontrará un
empleo, en promedio, dos semanas después de su llegada. De la misma forma,
es raro que en Europa los migrantes indocumentados se encuentren
"desempleados".[7]
La mano de obra migrante a menudo ocupa los llamados
puestos sucios, peligrosos y difíciles (dirty, dangerous and difficult
jobs – DDD). En Europa meridional, los migrantes ocupan los puestos de
trabajo que los nativos rechazan. Se trata de una simple cuestión de
sustitución [8]. Puede concluirse que los migrantes tienen una inserción
competitiva sólo con los sectores marginales de la fuerza de trabajo
nativa, cuando éstos no se encuentran amparados sustancialmente por un
sistema de bienestar, en sectores específicos, y/o en las zonas menos
desarrolladas de estos países
[9].
A pesar que los países tradicionalmente receptores de
migrantes han adoptado políticas restrictivas de inmigración, va en
aumento la competencia por captar a especialistas altamente calificados en
sectores de servicios en expansión, lo que ha resultado en un aumento
importante de la migración de mano de obra calificada. En efecto, el serio
déficit de mano de obra en sectores como la tecnología de la información y
la comunicación, han motivado a varios países a lanzar estrategias de
reclutamiento de migrantes altamente calificados.
A ese respecto, la OIT señala
[10] que algunos países en
desarrollo pierden entre el 10 y el 30 por ciento de su mano de obra
calificada a través del proceso de "fuga de cerebros", lo que tiene
efectos claramente negativos en la productividad y el crecimiento
económicos. No obstante, existe un cierto número de efectos colaterales
positivos tales como el aumento de divisas producido por las remesas de
los trabajadores, la adquisición de nuevas calificaciones por los
migrantes retornantes y los "intercambios de cerebros" entre países, que
aumenta las posibilidades de transferencias de conocimientos y tecnología.
Inserción
sociolaboral de los migrantes irregulares
La inserción de los migrantes, en particular los
no-autorizados, en las ocupaciones menos calificadas responde a una
necesidad estructural de las sociedades desarrolladas. Los empleadores
demandan, para los puestos de trabajo menos calificados, a trabajadores
que no presionen sobre la estructura de salarios. Dado que, por otra
parte, los inmigrantes no ponderan la relación entre salario y prestigio
social vinculado a una determinada ocupación – por lo menos al inicio de
la migración –, mediante su contratación se evitan los inconvenientes
económicos (inflación estructural) que podrían provocar si los nativos que
exigieran aumentos salariales.
| La explotación de la
mano de obra migrante es un instrumento atractivo para algunos
empleadores para mantener la competitividad. |
La posibilidad de explotación de la mano de obra migrante
es un instrumento atractivo para algunos empleadores porque de esa forma
mantienen la competitividad, aunque sea a expensas de la protección que
otorgan las normas internacionales del trabajo para garantizar un trabajo
decente. Los migrantes no autorizados al ingreso o al empleo se encuentran
al margen de toda protección en cuanto a seguridad y salud en el lugar de
trabajo, o salario mínimo. A menudo son empleados en sectores en los que
estas normas no se respetan o no se hacen respetar.
De acuerdo a la Confederación Internacional de
Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), resulta muy difícil sindicar a
los migrantes para poder defender sus intereses y derechos. Incluso en
algunos casos la legislación nacional considera ilegal la sindicación para
quienes carecen de permiso de trabajo, sin contar los efectos del temor de
los migrantes a la deportación.
[11]
Dilemas
fundamentales de política
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En un número considerable de
Estados se alienta y combate la migración al mismo tiempo |
La práctica de muchos Estados centrales de tolerar la
presencia de trabajadores migrantes en situación irregular para atender a
las necesidades de mano de obra de ciertos segmentos del mercado de
trabajo, constituye una política de empleo de facto en la que parte
de la fuerza de trabajo pasa a ser una variable que puede ser disminuida,
o incluso suprimida en períodos de ralentización económica, mediante el
ejercicio del derecho de los Estados de expulsión de extranjeros de su
territorio. En efecto, de la misma manera que la política de migraciones
puede utilizarse para satisfacer las necesidades del mercado de trabajo de
mano de obra extranjera, la deportación o expulsión puede utilizarse para
regular y forzar el retorno a sus países de origen de esa mano de obra
temporaria.
En un número considerable de Estados se alienta y combate
la migración al mismo tiempo. La distancia entre las declaraciones
políticas y su puesta en práctica refleja una importante contradicción en
la política contemporánea de algunos Estados. No obstante su retórica
política acerca de la migración irregular, muchos gobiernos la toleran,
mientras que, oficialmente, refuerzan los controles contra los
trabajadores migrantes "ilegales".
La dualidad en la gestión de la migración irregular puede
ilustrarse con el ejemplo, en los primeros meses de 2000, del Servicio de
Inmigración y Naturalización (INS) de los Estados Unidos que suspendió la
aplicación de deportaciones relacionadas con la inmigración, excepto en
las zonas de frontera. Este evento se produjo poco después de que las
autoridades económicas advirtieran que la amenaza más importante contra la
economía norteamericana la constituía la inflación que producirían unos
aumentos salariales. En el mensaje de Alan Greenspan se encuentra
implícito, y en los comentarios de ciertos analistas económicos se
menciona de manera menos velada, que las potenciales presiones sobre los
salarios serían contrarrestadas por un aumento del empleo femenino y la
gran presencia de trabajadores migrantes indocumentados. Otros artículos
periodísticos también señalan una decisión política a nivel nacional que
vincula la no aplicación de los controles migratorios en el mercado de
trabajo con la necesidad de la economía de tener la inflación bajo control
[12].
Algunos sindicatos y los propios trabajadores
indocumentados también parecen haber tomado nota de los efectos de esta
política. En Chicago, algunos trabajadores indocumentados lograron
aumentar los esfuerzos de los sindicatos y negociar acuerdos por los que
los empleadores previnieran con anticipación a los trabajadores sobre toda
inspección prevista por las autoridades migratorias
[13].
El comercio y las finanzas se encuentran cada vez más
desregulados e integrados tanto al nivel regional como global. En cambio,
las políticas migratorias no han sido liberalizadas ni han colmado la
brecha entre la continua demanda de mano de obra barata y la creciente
oferta de esa mano de obra por parte de otros países. Por el contrario,
los países industrializados han sancionado leyes y formulado políticas
migratorias restrictivas en el último decenio, tendencia que parece ser
seguida por muchos países en desarrollo.
Tales medidas restrictivas fueron establecidas con poca, o
ninguna, consideración de la oferta y la demanda internas de mano de obra.
En algunas regiones, la imposición de unos controles fronterizos más
estrictos y de restricciones en la circulación de personas constituyen
obstáculos a rutas y patrones tradicionales de migración de mano de obra y
del comercio. Puede concluirse que unas barreras restrictivas entre una
demanda y una oferta importantes crearán un mercado potencialmente
lucrativo de servicios para acercar la oferta a la demanda.
| Los controles fronterizos más estrictos no
detuvieron los flujos migratorios ni obtuvieron los resultados
previstos de reducción del número de trabajadores que atravesaban
las fronteras. |
Los controles fronterizos más estrictos no detuvieron los
flujos migratorios ni obtuvieron los resultados previstos de reducción del
número de trabajadores que atravesaban las fronteras. Al existir pocas
opciones posibles de migración regular para hacer frente a las presiones
de atracción y de expulsión, los canales de migración irregular se
convierten en prácticamente la única alternativa, que representa un
negocio lucrativo para quienes organizan viajes, obtienen documentos,
ayudan a atravesar fronteras o a encontrar puestos de trabajo en los
países de destino.
Así pues, la presión migratoria de los migrantes no
calificados hacia las regiones más desarrolladas se canaliza a través de
medios clandestinos debido a la inexistencia en muchos países de
categorías migratorias que prevean su admisión y, por tanto, una vez que
se encuentran en el territorio del país receptor estos trabajadores quedan
confinados en empleos del sector no estructurado, en el trabajo en negro o
bajo condiciones de explotación.
[14]
La escala de los negocios del tráfico y la trata de
migrantes, que se estiman en entre 10.000-15.000 millones de dólares
[15],
y es superada sólo en magnitud por el tráfico de armas y de
estupefacientes, da una prueba de la ineficiencia de las políticas
inmigratorias restrictivas. "El reciente aumento de la trata de
trabajadores puede atribuirse fundamentalmente a los desequilibrios entre
la oferta laboral y la disponibilidad de empleo legal en un lugar en el
que [la persona que busca] empleo tiene derecho legal a residir".
[16]
En definitiva, la trata de mano de obra tendría menores
razones de existir si las personas que buscan empleo tuvieran una mayor
libertad de movimiento geográfico y de acceso al empleo. El tráfico se
produce debido a que las fronteras se han convertido en barreras entre la
oferta y la demanda de ciertos empleos. La trata internacional se produce
no sólo cuando las fronteras actúan como barreras de este tipo sino cuando
existe un desconocimiento de los canales de migración adecuados, cuando el
empleo es ilegal y/o subterráneo, y cuando se toleran o ignoran unas
condiciones de trabajo inferiores a los mínimos legales.
[17]
Notas
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