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ISSN 1913-6196

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  Globalización y migraciones desafíos para el desarrollo y la cohesión social

Democracia y derechos humanos

 Patrick A. Taran  

Parte 2/4

  Globalización y movilidad

Cuesta más producir una tonelada de maíz en Callao, Perú, que importarla. Esa lógica genera la disminución de la producción nacional agrícola o industrial, con la consecuente pérdida de empleos.

Uno de los elementos más ampliamente reconocidos de la globalización es la creciente interdependencia económica de los Estados. El proceso integral de globalización ha intensificado los efectos disruptivos de la modernización y del desarrollo capitalista [2] , y muchos países en desarrollo enfrentan una grave dislocación social y económica asociada a una pobreza persistente, a un desempleo creciente, a la pérdida de los modelos tradicionales de comercio y a una crisis cada vez más acentuada de la seguridad económica.

Un aumento en el comercio de bienes y de la inversión extranjera directa no reducirá significativamente la propensión a migrar en la mayor parte de los países. Por el contrario, la naturaleza de los flujos migratorios se verá condicionada por una continua demanda de mano de obra extranjera tanto calificada como no calificada, así como por las grandes diferencias en las condiciones de vida.

En un cierto número de países, el incremento del comercio internacional disminuye la producción nacional industrial y agrícola, o la reemplaza con importaciones más baratas, a expensas de la pérdida de muchos empleos en estos sectores. Por ejemplo, en la actualidad, una tonelada de maíz en Callao (Perú), o una tonelada de arroz en Manila (Filipinas), puede ser importada por un valor inferior a los costos de una producción local en pequeña escala y con uso intensivo de mano de obra. En efecto, la eficiencia de las agroindustrias mecanizadas con una producción a gran escala abarata los costos de los alimentos. Sin embargo, el cultivo de cada tonelada de grano en Perú, o de arroz en Filipinas, ocupaba muchos granjeros y trabajadores, y permitía el mantenimiento de sus familias.

Los programas de ajuste estructural impusieron reducciones en el gasto público, a los presupuestos y los subsidios del Estado. Estos ajustes significaron también importantes reducciones en el empleo público, que incluía tanto a profesionales como a trabajadores calificados y no calificados. La creación de empleo por el sector privado en muchos países donde se aplicaron estos programas no fue de la mano de las cifras del desempleo provocado por la reducción del aparato estatal, sino que más bien se ha producido lo contrario. Asimismo, las condiciones del ajuste estructural incluyeron la eliminación de subsidios gubernamentales a los alimentos, que indirectamente subsidiaban empleos en la agricultura y en los sectores del procesamiento y la distribución de alimentos.

De esta forma, la suma de estos factores provoca que se reduzcan o desaparezcan las posibilidades de obtener un empleo y de asegurarse la supervivencia económica en el país de origen y que aumenten las presiones emigratorias.

Demanda de mano de obra migrante

La mano de obra migrante a menudo ocupa los llamados puestos sucios, peligrosos y difíciles (dirty, dangerous and difficult jobs – DDD ó 3D)

La demanda de mano de obra migrante no declina. La globalización y la liberalización del comercio han tenido un impacto contradictorio en las condiciones de empleo en los países de destino. Asimismo, existe una demanda de mano de obra barata y con bajas calificaciones en los países industrializados, así como en un número considerable de países en desarrollo en la agricultura, la alimentación, la construcción o los trabajos semicalificados o no calificados en la manufactura (por ejemplo, la industria textil), y sectores con bajos salarios como el servicio doméstico, la atención de salud a domicilio y el sector del sexo.

Además, las tendencias demográficas y el envejecimiento de la fuerza de trabajo en muchos países industrializados indican que la inmigración constituirá una importante opción para incrementar la relación entre población activa y población en envejecimiento, tomando en cuenta asimismo que la fuerza de trabajo de más edad tiende a ser más menos innovadora, menos flexible, y menos adaptable a los cambios tecnológicos. Algunos gobiernos han comenzado a considerar como una opción de política la "migración de reemplazo".[3]

Las pequeñas y medianas empresas y los sectores económicos que hacen un uso intensivo de mano de obra no tienen la alternativa de trasladar sus operaciones al extranjero. Así pues, la respuesta de estos sectores reposa en la reducción de sus procesos manufactureros, la desregulación y la flexibilización del empleo, con un creciente énfasis en medidas de reducción de costos y de subcontratación [4] . En un número considerable de países, estas medidas han ampliado el número de puestos de trabajo en la base de la escala ocupacional. Sin embargo, las necesidades de empleo son satisfechas en nula o escasa medida por trabajadores nativos; incluso los desempleados debido a los bajos salarios, a las condiciones peligrosas, y/o al bajo estatus social de estos puestos de trabajo o sectores, así como por las alternativas que algunos países les ofrecen de gozar de la asistencia social y de los seguros de desempleo, no optan por esas alternativas.

La demanda resultante de trabajadores migrantes le otorga una significativa intensidad a los flujos de mano de obra y facilita la incorporación de los migrantes indocumentados al mercado de trabajo. [5] Pese a que un cierto número de países desarrollados registran una tasa de desempleo relativamente alta, los trabajadores extranjeros – incluidos los no autorizados – encuentran puestos de trabajo con facilidad [6]. Por ejemplo, un trabajador migrante indocumentado mexicano encontrará un empleo, en promedio, dos semanas después de su llegada. De la misma forma, es raro que en Europa los migrantes indocumentados se encuentren "desempleados".[7]

La mano de obra migrante a menudo ocupa los llamados puestos sucios, peligrosos y difíciles (dirty, dangerous and difficult jobs – DDD). En Europa meridional, los migrantes ocupan los puestos de trabajo que los nativos rechazan. Se trata de una simple cuestión de sustitución [8]. Puede concluirse que los migrantes tienen una inserción competitiva sólo con los sectores marginales de la fuerza de trabajo nativa, cuando éstos no se encuentran amparados sustancialmente por un sistema de bienestar, en sectores específicos, y/o en las zonas menos desarrolladas de estos países [9].

A pesar que los países tradicionalmente receptores de migrantes han adoptado políticas restrictivas de inmigración, va en aumento la competencia por captar a especialistas altamente calificados en sectores de servicios en expansión, lo que ha resultado en un aumento importante de la migración de mano de obra calificada. En efecto, el serio déficit de mano de obra en sectores como la tecnología de la información y la comunicación, han motivado a varios países a lanzar estrategias de reclutamiento de migrantes altamente calificados.

A ese respecto, la OIT señala [10] que algunos países en desarrollo pierden entre el 10 y el 30 por ciento de su mano de obra calificada a través del proceso de "fuga de cerebros", lo que tiene efectos claramente negativos en la productividad y el crecimiento económicos. No obstante, existe un cierto número de efectos colaterales positivos tales como el aumento de divisas producido por las remesas de los trabajadores, la adquisición de nuevas calificaciones por los migrantes retornantes y los "intercambios de cerebros" entre países, que aumenta las posibilidades de transferencias de conocimientos y tecnología.

Inserción sociolaboral de los migrantes irregulares

La inserción de los migrantes, en particular los no-autorizados, en las ocupaciones menos calificadas responde a una necesidad estructural de las sociedades desarrolladas. Los empleadores demandan, para los puestos de trabajo menos calificados, a trabajadores que no presionen sobre la estructura de salarios. Dado que, por otra parte, los inmigrantes no ponderan la relación entre salario y prestigio social vinculado a una determinada ocupación – por lo menos al inicio de la migración –, mediante su contratación se evitan los inconvenientes económicos (inflación estructural) que podrían provocar si los nativos que exigieran aumentos salariales.

La explotación de la mano de obra migrante es un instrumento atractivo para algunos empleadores para mantener la competitividad.

La posibilidad de explotación de la mano de obra migrante es un instrumento atractivo para algunos empleadores porque de esa forma mantienen la competitividad, aunque sea a expensas de la protección que otorgan las normas internacionales del trabajo para garantizar un trabajo decente. Los migrantes no autorizados al ingreso o al empleo se encuentran al margen de toda protección en cuanto a seguridad y salud en el lugar de trabajo, o salario mínimo. A menudo son empleados en sectores en los que estas normas no se respetan o no se hacen respetar.

De acuerdo a la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), resulta muy difícil sindicar a los migrantes para poder defender sus intereses y derechos. Incluso en algunos casos la legislación nacional considera ilegal la sindicación para quienes carecen de permiso de trabajo, sin contar los efectos del temor de los migrantes a la deportación. [11]

 Dilemas fundamentales de política

En un número considerable de Estados se alienta y combate la migración al mismo tiempo

La práctica de muchos Estados centrales de tolerar la presencia de trabajadores migrantes en situación irregular para atender a las necesidades de mano de obra de ciertos segmentos del mercado de trabajo, constituye una política de empleo de facto en la que parte de la fuerza de trabajo pasa a ser una variable que puede ser disminuida, o incluso suprimida en períodos de ralentización económica, mediante el ejercicio del derecho de los Estados de expulsión de extranjeros de su territorio. En efecto, de la misma manera que la política de migraciones puede utilizarse para satisfacer las necesidades del mercado de trabajo de mano de obra extranjera, la deportación o expulsión puede utilizarse para regular y forzar el retorno a sus países de origen de esa mano de obra temporaria.

En un número considerable de Estados se alienta y combate la migración al mismo tiempo. La distancia entre las declaraciones políticas y su puesta en práctica refleja una importante contradicción en la política contemporánea de algunos Estados. No obstante su retórica política acerca de la migración irregular, muchos gobiernos la toleran, mientras que, oficialmente, refuerzan los controles contra los trabajadores migrantes "ilegales".

La dualidad en la gestión de la migración irregular puede ilustrarse con el ejemplo, en los primeros meses de 2000, del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) de los Estados Unidos que suspendió la aplicación de deportaciones relacionadas con la inmigración, excepto en las zonas de frontera. Este evento se produjo poco después de que las autoridades económicas advirtieran que la amenaza más importante contra la economía norteamericana la constituía la inflación que producirían unos aumentos salariales. En el mensaje de Alan Greenspan se encuentra implícito, y en los comentarios de ciertos analistas económicos se menciona de manera menos velada, que las potenciales presiones sobre los salarios serían contrarrestadas por un aumento del empleo femenino y la gran presencia de trabajadores migrantes indocumentados. Otros artículos periodísticos también señalan una decisión política a nivel nacional que vincula la no aplicación de los controles migratorios en el mercado de trabajo con la necesidad de la economía de tener la inflación bajo control [12].

Algunos sindicatos y los propios trabajadores indocumentados también parecen haber tomado nota de los efectos de esta política. En Chicago, algunos trabajadores indocumentados lograron aumentar los esfuerzos de los sindicatos y negociar acuerdos por los que los empleadores previnieran con anticipación a los trabajadores sobre toda inspección prevista por las autoridades migratorias [13].

El comercio y las finanzas se encuentran cada vez más desregulados e integrados tanto al nivel regional como global. En cambio, las políticas migratorias no han sido liberalizadas ni han colmado la brecha entre la continua demanda de mano de obra barata y la creciente oferta de esa mano de obra por parte de otros países. Por el contrario, los países industrializados han sancionado leyes y formulado políticas migratorias restrictivas en el último decenio, tendencia que parece ser seguida por muchos países en desarrollo.

Tales medidas restrictivas fueron establecidas con poca, o ninguna, consideración de la oferta y la demanda internas de mano de obra. En algunas regiones, la imposición de unos controles fronterizos más estrictos y de restricciones en la circulación de personas constituyen obstáculos a rutas y patrones tradicionales de migración de mano de obra y del comercio. Puede concluirse que unas barreras restrictivas entre una demanda y una oferta importantes crearán un mercado potencialmente lucrativo de servicios para acercar la oferta a la demanda.

Los controles fronterizos más estrictos no detuvieron los flujos migratorios ni obtuvieron los resultados previstos de reducción del número de trabajadores que atravesaban las fronteras.

Los controles fronterizos más estrictos no detuvieron los flujos migratorios ni obtuvieron los resultados previstos de reducción del número de trabajadores que atravesaban las fronteras. Al existir pocas opciones posibles de migración regular para hacer frente a las presiones de atracción y de expulsión, los canales de migración irregular se convierten en prácticamente la única alternativa, que representa un negocio lucrativo para quienes organizan viajes, obtienen documentos, ayudan a atravesar fronteras o a encontrar puestos de trabajo en los países de destino.

Así pues, la presión migratoria de los migrantes no calificados hacia las regiones más desarrolladas se canaliza a través de medios clandestinos debido a la inexistencia en muchos países de categorías migratorias que prevean su admisión y, por tanto, una vez que se encuentran en el territorio del país receptor estos trabajadores quedan confinados en empleos del sector no estructurado, en el trabajo en negro o bajo condiciones de explotación. [14]

La escala de los negocios del tráfico y la trata de migrantes, que se estiman en entre 10.000-15.000 millones de dólares [15], y es superada sólo en magnitud por el tráfico de armas y de estupefacientes, da una prueba de la ineficiencia de las políticas inmigratorias restrictivas. "El reciente aumento de la trata de trabajadores puede atribuirse fundamentalmente a los desequilibrios entre la oferta laboral y la disponibilidad de empleo legal en un lugar en el que [la persona que busca] empleo tiene derecho legal a residir". [16]

En definitiva, la trata de mano de obra tendría menores razones de existir si las personas que buscan empleo tuvieran una mayor libertad de movimiento geográfico y de acceso al empleo. El tráfico se produce debido a que las fronteras se han convertido en barreras entre la oferta y la demanda de ciertos empleos. La trata internacional se produce no sólo cuando las fronteras actúan como barreras de este tipo sino cuando existe un desconocimiento de los canales de migración adecuados, cuando el empleo es ilegal y/o subterráneo, y cuando se toleran o ignoran unas condiciones de trabajo inferiores a los mínimos legales. [17]

Notas

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