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ISSN 1913-6196

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 Patrimonio geológico - minero:
un enfoque necesario desde la sustentabilidad en la minería

Democracia y derechos humanos

Juan Manuel Montero Peña

Parte 2 /2

El patrimonio geológico – minero y la participación ciudadana en su gestión

Casco minero que saluda la llegada de a la comunidad minera Oruro, en Bolivia

En tal sentido, es de gran valor encontrar puntos de vistas que pueden ser referenciales en la búsqueda de una concepción más holística del problema del patrimonio, donde entren de manera compleja las variables valorativas, cognitivas y perceptivas, algo que ha estado ausente en muchos de los enfoques analizados. Por ello se utilizará una referencia aparecida en un artículo citado con anterioridad donde se afirma: "La ordenación territorial [...] debe considerar los lugares de patrimonio minero geológico como símbolo de identidad independientemente de la región y a la vez patrimonio universal [...]" (Carrión el all., 2005:230).

Esta interesante definición lleva directamente a la urgencia de conocer con exactitud los sitios patrimoniales que en cada comunidad forman parte del patrimonio y cómo gestionarlos para las futuras generaciones. Es una actividad que requiere de rigor científico y de la participación de los más diversos sectores de las comunidades para identificarlos y que su uso sustentable se convierta realmente en un "patrimonio universal".

Para ello deben existir al menos los siguientes procesos, como fundamento para su identificación y manejo sustentable:

Identificar los sitios por su valor patrimonial, como símbolos de identidad, para amplios sectores de las comunidades, que reconocen en ellos la expresión de relaciones socialmente validadas con especial significado socio psicológico, que dan continuidad a tradiciones sustentadas en valores que tienen lugar, tanto en el nivel empírico de la conciencia social, como en el teórico.

En este proceso es imprescindible que existan indicadores para poder determinar cuándo un objeto puede realmente tener valor patrimonial. Estos indicadores aún están por elaborar, sin embargo, la propuesta realizada por un grupo de investigadores liderados por el DrC. Paúl Carrión Mero, quien enuncia los elementos del patrimonio, puede constituir un punto referencial en la determinación de objetos de interés patrimonial y en la caracterización de las comunidades mineras con el objetivo de elaborar estrategias de manejo post cierre de minas.

Enuncian, en el artículo referenciado, los elementos básicos de lo que consideran patrimonio en forma de legados, los mismos serían los siguientes: legado histórico, legado científico, legado cultural, legado ambiental, legado político y legado socioeconómico (Carrión et all., 2005). Evidentemente se puede considerar que estos elementos encierran, en su conjunto, los elementos básicos de la relación del hombre – naturaleza – sociedad, en lo que se refiere a una comunidad minera. Además de que contiene de forma directa e indirecta las dimensiones de la sustentabilidad.

Esta, indudablemente, es una visión más integradora del patrimonio, sí los legados que se proponen integran de forma compleja indicadores donde se incluyan los elementos ecológicos, ambientales, políticos, culturales y económicos. No es posible elegir un objeto, como patrimonio, sí no satisface las necesidades del desarrollo de la economía, la cultura, la política, la protección del medio ambiente y el desarrollo científico de la humanidad.

En este sentido se defiende como condición imprescindible para la protección del patrimonio geológico – minero y su utilización como alternativa económica al agotamiento de los recursos y cierre de minas, el desarrollo del conocimiento geológico – minero. Esto permitiría no solamente el conocimiento de las características físicas de los yacimientos y con ello determinar la forma de explotarlos, desde la fase de exploración hasta el beneficio, sino que aporta informaciones imprescindibles para el establecimiento de relaciones histórico - lógicas dentro del entorno social donde se inserta la mina.

"El minero" del pintor mexicano Carlos Orozco

El desarrollo de la minería, como patrimonio de la humanidad sería incompleto de no contribuir de forma consciente a la formación de una cultura minera que tiene como premisa el progreso de las técnicas y las ciencias mineras. Esta cultura es necesario valorarla en dos perspectivas, una primera, en la evolución de conocimientos directamente vinculados al tipo de minería existente en una zona determinada y la necesaria articulación de la ciencia en función de la caracterización de los yacimientos y la explotación de los mismos. Sin embargo, esta no es la única forma de hacerlo, también se perfeccionan las tecnologías vinculadas con la explotación de los recursos que incluyen las organizativas, los sistemas y las propiamente relacionadas con las técnicas y tecnologías de manejo de los minerales. Este proceso constituye patrimonio geológico – minero que sirve de base para el surgimiento de nuevos conocimientos, a partir de la utilización creadora de estos en la concepción de otras estructuras productivas.

La segunda perspectiva se relaciona con los estudios realizados sobre los minerales acompañantes del mineral principal en las áreas exploradas y las posibilidades de convertir estos conocimientos en fuentes para la aparición de alternativas económicas en las regiones mineras directamente exploradas y en otras con características similares. Estas investigaciones ofrecen "[...] nuevas oportunidades de compensación económica al producir conocimientos que sirven para fundamentar nuevos proyectos de desarrollo en la minería y en otras actividades. Esta es una vía que tiene que generar empleos [...]" (Montero, 2006:109). Esta es una idea expuesta por el autor en numerosas publicaciones y eventos nacionales e internacionales donde ha fundamentado la idea de un patrimonio que incluya los tangibles y los intangibles como fuerzas impulsoras de la aparición de actividades económicas alternativas en las regiones mineras post cierre de minas.

El Carnaval de Oruro es una tradición que perdura por siglos

Sin embargo, frecuentemente, el mayor problema que enfrentan las comunidades es encontrar las formas para proteger los conocimientos que estas poseen, a nivel de la conciencia cotidiana, basados en la experiencia de varias generaciones y que forman parte del patrimonio cultural y que ante el empuje de nuevos saberes, surgidos bajo la influencia de las tecnologías aparecidas como consecuencia de la presencia en la región de compañías extranjeras o nacionales, que introducen tecnologías altamente consumidoras de sociodiversidad y poderes inmanejables en los estrechos marcos de la comunidad, desaparecen definitivamente de la memoria colectiva.

En el proceso de identificación de los sitios con valores patrimoniales, de interés para el fortalecimiento de la identidad, es imprescindible que se tenga el suficiente cocimiento teórico como para reconocer, dentro de sistemas que corresponden a paradigmas socio - económicos que no privilegian actividades sustentables, nichos de sustentabilidad. Es decir, que es preciso identificar la existencia de prácticas basadas en los principios de este paradigma, aún en sistemas muy primitivos, que al abordarse desde sociedades con un "alto desarrollo tecnológico", no son reconocidas para ser "certificadas" como tal.

La idea es ser capaces de encontrar en cualquier sociedad las prácticas sustentables, más allá de cualquier estereotipo surgido como consecuencia de la popularización del concepto y de la imposición de un modo único de concebir la cultura, que no reconoce otras formas culturales que no sean las validadas por "la cultura occidental". Prestigiosos investigadores reconocidos en la materia han prestado atención a la temática dejando valiosas reflexiones. Se citarán dos de estos que por su importancia merecen ser comentados, el primero corresponde al científico alemán H. Dürr quien afirma "[...] el sentido de la sustentabilidad esta mucho más arraigado, más fuertemente desarrollado y más centralmente integrado a la vida social en las civilizaciones anteriores que en las sociedades modernas altamente racionales" (Dürr, 1999:41).

En modo alguno se pretende validar una posición en defensa de sociedades tecnológicamente primitivas, todo lo contrario, el problema consiste en encontrar cómo pueden complementarse las tecnologías representativas de sistemas tecnológicos más avanzados con los de civilizaciones menos desarrolladas tecnológicamente, al menos desde la perspectiva de lo que la cultura occidental ha decidido considerar como "desarrollo". Asumiendo en este análisis como principio que "[...] las modalidades de desarrollo tecnológico están estrechamente relacionadas con las configuraciones culturales [...] que hay cierta coherencia entre las tecnologías que una sociedad es capaz de crear o asimilar y el resto de los rasgos culturales que caracterizan a esa sociedad" (Quintanilla, 2001:55).

Crecimiento económico no es lo mismo que desarrollo

Valdría la pena esclarecer que, desde nuestra posición, crecimiento no es lo mismo que desarrollo, puede existir el caso de sistemas donde se crece rápidamente y a niveles muy altos sin que esto signifique la aparición de una nueva cualidad, es decir, sin que ocurran cambios transformadores que son los generadores de desarrollo.

El sentido exacto de estas palabras radica, en línea con este modo de pensar, en defender el mantenimiento y desarrollo de las formas comunitarias de vida de sociedades donde existen comportamientos éticos más arraigados a la localidad y a la interdependencia de sus miembros entre sí y los recursos que les brinda la naturaleza para su subsistencia. Evidentemente estos son lazos que se quiebran abruptamente en sociedades donde aparecen de forma "inesperada" las bondades de un "desarrollismo cultural" que desaparece elementos ancestrales de las culturas de pueblos fuertemente vinculados a tradiciones muy ligadas al respeto a los ciclos naturales de la evolución de la naturaleza. Un ejemplo muy frecuente de estos eventos ocurre en las comunidades mineras iberoamericanas que atesoran valiosas riquezas culturales y que los "instrumentos "de dominio de "otras culturas" desaparecen de un día para otro dejando a numerosos grupos sociales en situaciones de desventaja social.

En artículos anteriores publicados por esta misma revista he tratado el problema de la sociodiversidad, en la minería, en los números: Vol. IV, No. 13 del 2006,  y Vol. IV, No. 15 del 2006.  Por ello es oportuno destacar la forma en que se enfoca en ellos las influencias ejercidas por las tecnologías, aparecidas en la modernidad, sobre las culturas ancestrales de los pueblos aborígenes. Especialmente porque muchas comunidades mineras están asentadas en áreas con fuerte presencia aborigen. El otro autor al que me refiero aparece en el segundo de los artículos citados anteriormente, se trata de J. López Cerezo, quien realiza una interesante interrelación entre formas de vida social estrechamente vinculadas a la naturaleza y el desarrollo.

La experiencia demuestra la necesidad de conocer aquellas prácticas comunitarias, frecuentemente llamadas en la literatura "rezagos de modos de vida anteriores" que constituyen elementos a proteger en los modos, supuestamente más avanzados, surgidos como consecuencia del tránsito de la comunidad a paradigmas socio económicos superiores. Para ello se necesita la existencia de estrategias que reconozcan en las formas de vivir y de reproducir sus vidas maneras sustentables de concebir su "desarrollo", aún cuando no se corresponda con la concepción del paradigma occidental. Y aquí un momento especial lo desempeña la educación en sus diferentes niveles, tema al que se hace referencia más adelante.

Capacitación dirigida a la formación en las comunidades de gestores que sean capaces de promover el uso de estos recursos, como alternativa de sustentabilidad, ante la desaparición de espacios económicos tras el cierre de minas y como punto de partida para la aparición de nuevos conocimientos sobre la realidad minera.

En publicaciones anteriores, y en eventos internacionales se ha presentado la idea de considerar que existen diversas formas de explotar el patrimonio geológico y minero, a partir de una concepción que defiende una activa participación comunitaria en su uso. En el "Seminario Internacional sobre Minería y Áreas Protegidas en América Latina y el Caribe", celebrado en Lima, Perú del 15 al 20 de octubre de 2003, en el "VIII Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo" celebrado en La Habana, en el año 2006 y en un artículo titulado "El desarrollo social compensado en la minería: una alternativa ante el capitalismo neoliberal", publicado en Cuba Socialista Digital (Cuba, 3ra época, 2006, ) se defiende la idea de la necesidad de formar recursos humanos que gestionen el patrimonio y que se conviertan en líderes en el proceso de reconversión de las minas y plantas beneficiadoras actuales en empresas basadas en la economía del conocimiento.

Esta misma temática se abordó en la Tesis Doctoral titulada "El desarrollo compensado como alternativa a la sustentabilidad en la minería (aprehensión ético – cultural)", defendida en el mes de junio del 2006 en la Universidad de la Habana donde se afirma exactamente:

"[...] se propone la conservación del Patrimonio geológico – minero como una vía de compensación por las riquezas que dejarán de percibir las generaciones actuales y futuras cuando dejen de existir los recursos primarios que ofrecían los diferentes complejos mineros. Como consecuencia de la conservación de los valores patrimoniales quedan instituciones materiales que atesoran valores, tanto como reflejo del nivel científico y las conquistas sociales de los grupos que los crearon, así como, valores intangibles. Estos últimos, los referidos a los valores de los sistemas culturales [...]" (Montero, 2006:110).

Esta es una concepción que defiende la participación de la comunidad en la gestión del patrimonio a partir de la formación de recursos humanos calificados para su manejo, teniendo como referencia la elaboración de un sistema de preparación de estos que incluiría todos los niveles educacionales existentes en la comunidad, desde la educación primaria hasta los centros educacionales de nivel superior.

La Ley de Medio Ambiente de la República de Cuba entre sus objetivos plantea: "Promover la participación ciudadana en la protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible. Desarrollar la conciencia ciudadana en torno a los problemas del medio ambiente, integrando la educación, la divulgación y la información ambiental" (Ley 81, 1997:50). Como se puede apreciar en estos objetivos, en el gobierno cubano existe el propósito de promover la formación de una sociedad sustentable por vía de la educación, la única forma de lograrlo, si se tiene en cuenta que el destinatario de este modelo de desarrollo es precisamente el hombre.

La capacitación de la sociedad civil para la formación de valores ambientales es un empeño del cual la sociedad no puede prescindir

La educación es un instrumento para poner en práctica dicho empeño del estado cubano tomando como premisa el hecho de que es el hombre con su sistema de relaciones sociales el encargado de implementar las políticas, es decir, es el portador de las mismas y la escuela cumple con el encargo de encaminar dicho proceso. Esto es imposible lograrlo sin una sostenida política de formación de recursos humanos dirigida a la capacitación de la sociedad civil en la comprensión de las decisiones relacionadas con su medio ambiente que necesariamente incluye la formación de valores ambientales, empeño en el cual la sociedad no puede prescindir de la educación.

Un patrimonio gestionado desde esta visión permitiría que los valores patrimoniales se conviertan en [...] fuentes directas para la aparición de actividades económicas alternativas que se expresarían en diferentes modalidades, las cuales van desde el turismo, la docencia, la investigación científica, con base en las instalaciones que quedan como consecuencia del cierre de las minas, así como, la elaboración de software, y producciones científicas en diferentes soportes a partir de todos los conocimientos científicos y tecnológicos acumulados en las comunidades [...]" (Montero, 2006:110-111).

  Limitaciones en la consideración de los recursos patrimoniales

  • La mayoría de los enfoques existentes consideran al patrimonio geológico – minero en su dimensión factual. Esto es resultado de una percepción estrecha institucionalizada por el positivismo y la ausencia de una teoría que valide los estudios patrimoniales.

  • No reconoce el conocimiento minero – geológico como patrimonio, lo cual limita la reconversión de las instalaciones mineras en empresas basadas en una economía del conocimiento.

  • No considera la existencia de intangibles como elementos del patrimonio, y consecuentemente no constituyen fuentes del surgimiento de actividades alternativas en las comunidades mineras. Esta limitación se constituye en una barrera para la más acertada comprensión de la relación dialéctica cultura – tecnología y de los procesos de transferencia de tecnología.

  • La destrucción de formas de sociodiversidad es una amenaza para el desarrollo sustentable al desaparecer actividades económicas que podrían contribuir a la aparición de alternativas económicas y ser fuentes de protección del patrimonio.

  • La pérdida de símbolos de identidad en las comunidades deja a los decisores ambientales sin fundamentos para concretar la relación cultura – desarrollo en políticas ambientales post cierre de minas.

  • Las tecnologías de evaluaciones de riesgos no siempre valoran las amenazas al patrimonio geológico – minero, el cual como figura no es protegido directamente en las Leyes ambientales, en general, y en la legislación minera, en particular.

  • No se identifican en cada empresa los bienes patrimoniales, proceso que debía ser considerado desde la etapa de planificación del negocio minero.

  • No existe una valoración económica de lo bienes patrimoniales y de los recursos necesarios para su manejo en las empresas y en las comunidades las cuales, en su mayoría, carecen de instituciones promotoras de la protección del patrimonio y la educación ambiental comunitaria directamente dirigida a estos valores.

  • Las universidades y otros centros educacionales carecen de programas de formación de profesionales en el manejo del patrimonio geológico - minero.

  • No existe una legislación ambiental directa que ampare la protección del patrimonio geológico minero y que convierta su destrucción en una figura delictiva. Lo que sucede, comúnmente, es que los bienes patrimoniales, ante la ausencia de estrategias para su manejo, son objeto de actividades depredadoras de agentes informales.

  • En América latina no existen tampoco legislaciones que incluyan la figura del patrimonio minero – geológico como entidad singular lo cual ocasiona una política de indiferencia hacia los bienes patrimoniales de las culturas nacionales.

  Conclusiones

  • El punto de partida para una protección real del patrimonio geológico – minero lo constituye la necesidad de reconocerlo como interacción de relaciones surgidas entre las prácticas socio productivas de los grupos vinculados a la minería y la aparición de objetos materiales tangibles tras el cierre de minas. Ello permitiría reconocer en el conocimiento geológico – minero una forma de patrimonio base del surgimiento de alternativas económicas de sustentabilidad en la minería.

  • La protección del patrimonio geológico – minero es un proceso en el cual es imprescindible el reconocimiento de las relaciones existentes entre este y otras formas de patrimonio reconocidas en la comunidad, especialmente la identificación de aquellas prácticas sociales que constituyen nichos de sustentabilidad y que aparecen dentro de paradigmas sociotécnicos alejados de los presupuestos teóricos del desarrollo sustentable.

  • La educación ambiental, con amplia participación de la comunidad, es la única vía que garantizaría una protección del patrimonio geológico – minero sobre bases reales, a partir de una participación donde se incluyan todos los grupos, especialmente aquellos que continuarán residiendo en la zona tras el cierre de minas. Esta es una acción que debe convertirse en el principio para la formación de gestores comunitarios que trabajen en las áreas declaradas como sitios patrimoniales.

  Referencias bibliográficas

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