Una publicación de CDF     | Enlaces | Comentarios | Contacto | Búsqueda |

ISSN 1913-6196

Inicio Temas Autores Reseñas Libros Recursos digitales
Ediciones Documentos Multimedia Lectores opinan Entrevistas Nosotros
Año 2008 Vol. VI
Futuros 21
 Futuros 20
Año 2007 Vol. V
 Futuros 19
 Futuros 18
 Futuros 17
Año 2006 Vol . IV
 Futuros 16
 Futuros 15
 Futuros 14
 Futuros 13

Año 2005 Vol.  III

 Futuros 12
 Futuros 11
 Futuros 10
 Futuros 9
Año 2004 Vol. II
 Futuros 8
 Futuros 7
 Futuros 6
 Futuros 5
Año 2006 Vol.  I
 Futuros 4
 Futuros 3
 Futuros 2
 Futuros 1
 

Visítenos en el nuevo portal
Futuros 21

 

  El Programa Alternativas a la Violencia (PAV)

Entrevista

Entrevista a Valeria Likeoak y a Alba Luz Arrieta, coordinadoras de PAV

Parte 1 / 2

Futuros trae a esta edición a dos increíbles mujeres que no ostentan importantes cargos, ni son famosas estrellas de cine, o prolíferas intelectuales. Sin embargo, esta es una de las entrevistas más conmovedoras de todas las que hemos presentado a los lectores de nuestra Revista. Hubo un momento en que a una de las entrevistadas se le quebró la voz por la emoción del recuerdo y a la entrevistadora se le hizo un nudo en la garganta para seguir con la siguiente pregunta. Muchos hablan con discursos aprendidos, no es el caso de estas dos mujeres: ellas hablan con el corazón abierto.

Valeria y Alba son dos mujeres dichosas porque aman lo que hacen y se enriquecen espiritualmente con cada nueva experiencia, ¡que mejor trabajo pudiera alguien desear en el mundo que el de construir paz!

 

Valeria Liveoak, la Coordinadora para América Latina del Programa "Alternativas a la Violencia" (PAV) de los Equipos de Amigos de la Paz (Friends Peace Teams)

El PAV no es una simple receta, es más bien como una experiencia que hay que vivirla. Yo agregaría que es una experiencia colectiva mediante la cual se trata de provocar una reflexión y una revalorización

De la vivencia de los ejercicios unida a la reflexión,
 es de donde sacamos nuestro aprendizaje.

 

Alba Luz Arrieta, la Coordinadora de PAV en Colombia

Estos talleres permiten que uno mismo, como ser humano,
vaya descubriendo toda esa potencialidad que tiene
para ser una persona no violenta

 El liderazgo que promocionamos es un liderazgo colectivo, donde se hacen consensos y no hay jerarquías; donde se busca que todos participen con sus ideas. Se espera que todos den sus aportes, y eso es lo que uno hace todo el tiempo en un taller PAV. Es una manera diferente de respetar al otro: respetándose a sí mismo se construye comunidad.

 

¿Cuáles son los orígenes del programa Alternativa a la Violencia?

 

En Attica ocurrió uno de los enfrentamientos más sangrientos en la historia de las cárceles de Estados Unidos

 

Valeria: En septiembre de 1971 se produjo uno de los enfrentamientos más sangrientos en las cárceles de Estados Unidos. Como resultado de estos motines, en la prisión de alta seguridad de Attica del Estado de New York, murieron cerca de 60 personas, entre ellos presos y guardias. Poco después, en 1975 y en el mismo Estado de New York, un grupo de reclusos inició un plan experimental en un centro de detención juvenil para prevenir la delincuencia. Sin embargo, no sabían cómo aconsejar a los jóvenes: "Podemos decirles que no hagan lo que hemos hecho pero cómo decirles lo que sí deben hacer para que no terminen acá", (o sea, en la prisión). Se sentían perdidos, dijeron que realmente no sabían qué debían aconsejar a los jóvenes para evitar terminar en la prisión. O dicho de otra manera: no sabían cómo vivir sin violencia. Entonces le pidieron a un grupo cuáquero, que visitaba a los presos, que les ayudaran a elaborar un programa para ellos mismos aprender sobre la no violencia.

¿Es un programa exclusivo para los reclusos?

Valeria: No, poco a poco, el programa se extendió no sólo a las penitenciarías sino a toda la comunidad. Hace varios años que los cuáqueros con otras organizaciones construyeron un programa, que en su inicio se llamó "respuesta creativa de los niños a los conflictos" (children creative response to conflict), pero ahora se dice "respuesta creativa al conflicto", y hoy es un programa del Estado de New York.

¿Y para los adultos?

Valeria: Ese programa estaba diseñado con algunos ejercicios para realizar en las escuelas, con el objetivo de aumentar la autoestima, la cooperación para construir comunidades y para solucionar los conflictos. Después, se adaptaron esos ejercicios para los adultos y como resultado se crearon los Talleres del PAV. Desde aquel entonces, hace 30 años, se han hecho Talleres del PAV en casi todo los Estados Unidos, y también en cerca de 40 países.

¿Tantos?

Valeria: Tantos. Pero no en todos los países los Talleres PAV han tenido continuidad. A veces hay varias personas interesadas pero no pueden darle seguimiento al programa, y al inicio se necesita bastante seguimiento. Por eso creo que con nuestra manera de hacerlo mediante los Friends Peace Team, (Equipos Cuáqueros de Paz), se logra un seguimiento institucional a nivel programático, en vez de un nivel más individual. Al final, se obtienen mejores resultados.

Alba, ¿cómo te vinculaste a los Talleres PAV?

Alba: Yo conocí el Programa Alternativas a la Violencia en el año 2000, cuando trabajaba en Justapaz. Tuve la oportunidad de asistir a los Talleres del PAV y pude percatarme que la durabilidad de este programa consiste en su propia filosofía. Lo esencial es esa espiritualidad que hay en toda persona, que le hace descubrir y asumir que su vida puede llevar un estilo no violento, que es un tesoro que todos tenemos y que está ahí, latente, para desarrollarlo, revivirlo y sacarlo a la luz. Las personas que reciben este programa, se autovaloran como personas, y en esa misma medida, valoran a las demás personas.

Se lleva el conflicto a una situación de transformación, porque el conflicto siempre estará presente, en cualquier contexto, en cualquier situación pequeña o grande, de lo que se trata es de transformarlo mediante una solución no violenta

¿Tan fácil se resuelve un conflicto?

Alba: Tomamos el conflicto no como una crisis, o como un problema, sino como una manera de desarrollar parte de nuestra creatividad como seres humanos, de no perder ese sentido de humanidad en nosotros y nosotras. Se lleva el conflicto a una situación de transformación, porque el conflicto siempre estará presente, en cualquier contexto, en cualquier situación pequeña o grande, de lo que se trata es de transformarlo mediante una solución no violenta. Es como anticiparse a que todos los problemas se pueden tomar con afectividad y creatividad, y a través de un espíritu de cooperación mutua. Se trata de crear valores que sean interiorizados por las personas. Pienso que eso es precisamente parte del éxito de estos talleres.

¿Cómo son estos talleres?

Alba: No son discursos o conferencias. Son ejercicios, dinámicas vivenciales que permiten que uno mismo, como ser humano, vaya descubriendo toda esa potencialidad que tiene para ser una persona no violenta.

¿Cuáles cambios fundamentales piensan que han ocurrido en estos 30 años de experiencias?

Valeria: Yo he conocido el programa desde los inicios de los años 90, y puedo comentarle, a partir de mi propia experiencia, que es un método en constante renovación. Por ejemplo, de los manuales iniciales se conservan aquellas cosas que con la práctica se demuestra que todavía son útiles y se renuevan aquellas otras que quedaron obsoletas. Constantemente se agregan muchas cosas nuevas. Alba y todo el equipo de Colombia son muy buenos para innovar y hacer nuevos ejercicios, ponerlos a prueba a ver si dan buenos resultados, y también para adaptar lo que encuentran en otros libros o programas. Los ejercicios hay que adaptarlos a las culturas específicas y al contexto en que se van a desarrollar.

¿Y estos manuales están disponibles? ¿Hay acceso público a esos manuales?

Valeria: Hay acceso público pero no se hace tan fácil para todo el mundo, no están por ejemplo en Internet, porque no es una simple receta, es más bien como una experiencia que hay que vivirla. Yo agregaría que es una experiencia colectiva mediante la cual se trata de provocar una reflexión y una revalorización, por lo tanto, no basta simplemente leer el manual de forma aislada para obtener el resultado que se propone.

 

El programa en sí son 3 talleres: el básico, el avanzado y el de entrenamiento para facilitadores

 

¿Cómo es que funciona el proceso en estos manuales? Tengo entendido que hay 3 niveles ¿pueden explicarme eso?

Alba: El programa en sí son 3 talleres: el básico, el avanzado y el de entrenamiento para facilitadores. Cada taller está programado para 3 días de asistencia completa. Siempre se le dice a los participantes que si alguno va a faltar antes o después que mejor le de el cupo a otra persona.

¿Por qué?

Alba: Porque es fundamental no perderse ninguna parte del proceso. Es necesario estar presente: procesando, aportando y aprendiendo con los demás, como grupo y sintiéndose parte del grupo. Una vez que el participante toma los 3 niveles, está capacitado como facilitador-aprendiz, y puede co-facilitar un taller básico junto con otros aprendices y personas de más experiencia. Cuando esta persona ha tenido ya varias experiencias -2 ó 3-, de co-facilitar un taller básico, entonces puede co-facilitar talleres avanzados y de entrenamiento de facilitadores y en cada taller va profundizando más.

¿Cuántas personas asisten por taller?

Alba: En el primer taller, llamado taller básico, el máximo son 20 personas; en el avanzado 16 y en el de facilitadores 12. Pero hemos aceptado 13, en algunos casos. En los talleres avanzados y de entrenamiento se necesita un menor número de participantes porque las sesiones son más profundas y de mayor reflexión, lo cual requiere más tiempo de escuchar y compartir.

Por lo que dijiste antes me pareció entender que, quienes reciben los talleres se convierten en facilitadores. ¿Es así?

Alba: Sí, una vez que la persona ha co-facilitado talleres avanzados y de entrenamiento para facilitadores, ya está lista para conformar un nuevo grupo de facilitadores en forma autónoma, pero con un contacto con su grupo mentor. Entonces sigue facilitando talleres para otras personas interesadas en el trabajo de no violencia, o para comunidades donde sabemos que están las puertas abiertas para trabajar en no violencia; aunque -y eso creo que es un aspecto importante de la existencia de los Talleres PAV-, no siempre todos los facilitadores aprendices siguen como entrenadores porque no pueden mantener el ritmo de facilitar talleres, por falta de tiempo, por su trabajo, o porque realmente hay otras actividades que les impiden ser facilitadores activos.

Es un problema…

Alba: Sin embargo, casi siempre cerca del 50% están muy comprometidos con el trabajo de construcción de Paz, y eso permite la permanencia del programa: a través de la gente que participa, la cual se convierte en promotora del mismo programa y así se van abriendo nuevos espacios.

¿Quiénes han recibido estos talleres en Colombia?

Alba: En Colombia comenzamos el trabajo con mujeres desplazadas: viudas y con muchos hijos, que perdieron a sus esposos debido al conflicto social armado, y también perdieron a sus hijos jóvenes, o niños porque se los llevó cualquiera de los grupos ilegales para sus filas. Son mujeres luchadoras, pero que viven la violencia estructural, y a veces ellas mismas ejercían violencia contra sus niños. La misma situación económica que les sofocaba tanto no les permitía responder a las necesidades básicas, incluyendo el trato, de otra manera que no fuera violenta. Estas mujeres recibieron esa formación y sus vidas se impactaron en cuanto a la mejoría de sus relaciones familiares.

A través de Justapaz, -centro educativo de la Iglesia Menonita de Colombia-, pudimos tener contacto con monjas franciscanas, que también trabajan en diferentes lugares de Colombia con familias desplazadas, con jovencitas delincuentes, o con personas de mucha edad, y ellas pronto van a ser facilitadoras-aprendices. Van a recibir su último curso en septiembre, para comenzar a co-facilitar el básico.

A través de todas las personas que van participando vamos abriendo nuevos caminos; también hemos trabajado con pastores, pastoras, líderes eclesiales, hombres, mujeres y jóvenes de diversas iglesias evangélicas, así como con líderes comunitarios de la iglesia católica y de ONGs que trabajan por los derechos humanos de personas desplazadas y con una ONG cuya labor es la resocialización de jóvenes desmovilizados de ambos sexos.

¿Es una experiencia que se multiplica con los propios participantes?

Alba: Sí, así es. Hay una participante que trabaja en las prisiones en Medellín, y vamos a apoyarla porque ella descubrió en el PAV una herramienta nueva, un instrumento importante para el trabajo de restauración de personas que están pagando penas por delitos cometidos. Ella quedó tan impresionada con el programa que nos dijo: "yo quiero que mis compañeros de trabajo en las prisiones también sean parte de este programa". Pienso que esa es la esencia del PAV: motivar a las personas por ese compromiso hacia la paz, que ellas mismas sientan algunas transformaciones en sus propias vidas.

¿Pudieras darme algún ejemplo que te haya conmovido?

Alba: En el segundo taller siempre preguntamos, ¿Qué cambios hay en sus vidas? ¿Qué nuevas actitudes o tipos de relacionamiento han tenido? ¿Cómo consideran que el primer taller ha tenido impacto en sus vidas durante todo este tiempo? Una mujer desplazada nos contó como se convirtió en la líder mediadora de su comunidad. Ella vive en un barrio formado completamente por mujeres y hombres desplazados por la violencia. Esta mujer tiene como 6 ó 7 niños, vive sola porque su esposo la abandonó, sobrevivió a la violencia, pero su vida es muy triste por el trauma de perder a su compañero, y además por la condición económica tan horrible que vivía. Apenas sobrevivía como madre comunitaria de todos los niños desplazados de la comunidad. Una noche, la llamaron para ayudar en el caso de una vecina. Su esposo estaba borracho y la estaba amenazando con un cuchillo, diciéndole que la iba a matar, entonces le pidieron: "María, venga por favor, ayude que van a matar a Fulana"; ella corrió enseguida, y sin pensarlo dos veces, entró a la casa, tomó la mano del hombre y le dijo "no, vecino, usted no quiere, de veras que no quiere matar a su esposa, por favor cálmese, cálmese, mire que esto lo puede llevar a la cárcel, por favor déme ese cuchillo. Nosotros lo apreciamos mucho", y continuó insistiendo "por favor, cálmese". Mientras tanto, con la otra mano le indicaba a la señora que saliera de la casa. El hombre se tranquilizó, se fue a su cama a dormir, y ella se fue a animar un poco a la señora que esa noche durmió en otra casa.

"María, no deje que le digan ‘la peleonera’ porque usted no está peleando con nadie. Usted está mediando, ayudando a la gente a resolver sus conflictos"

Al día siguiente, muy tempranito, este hombre tocó a su puerta; ella se asustó un poco, pero le abrió, y el hombre le dijo "María, yo quiero agradecer lo que usted hizo anoche por mí, porque hoy en mi familia habría una tragedia si usted no hubiera intervenido. Quiero decirle que usted me salvó de cometer un asesinato y de estar en la cárcel. Yo le agradezco mucho lo que usted hizo".

Cuando la vecindad supo lo que había pasado, María empezó a ser llamada "la peleonera del barrio"; y entonces yo le dije "María, no deje que le digan ‘la peleonera’ porque usted no está peleando con nadie. Usted está mediando, ayudando a la gente a resolver sus conflictos". María me comentó después "no sé que fuerza me tocó, pero corrí a brindar mi ayuda, y yo no conocía mucho al vecino. Algo me decía que yo debía hacer algo". María se convirtió entonces en la mediadora, porque como esta gente es muy, muy pobre, a veces tienen conflictos entre los vecinos, y ella ya tiene un respeto en esa comunidad, y la llaman para que colabore ante un conflicto y para hacerles consultas ante un problema.

Impresionante…

Alba: Igual pasa con otras mujeres que asisten al taller. Se afirman como mujeres, con nuevos valores. Se sienten apreciadas y dispuestas a hacer algo por la comunidad. Una de las chicas que participó en estos talleres decía "es la primera vez que yo conozco que haya un tipo de liderazgo diferente al que yo ejerzo. Yo como directora de un trabajo comunitario hago los planes, ejecuto los planes, evalúo los planes, es decir, yo soy la mujer orquesta, y nunca pensé que existiera un tipo de liderazgo como el que he aprendido en estos talleres".

Ir a: Primera Parte
Segunda Parte

 

Siguiente: Respetándose a sí mismo.... 

Descargar este artículo en pdf   Imprimir

Este website esta bajo la licencia de Creative Commons Licence
Cualquier material de esta revista puede reproducirse libremente de forma impresa o electrónica sin previa autorización, siempre que se cite como  fuente a la Revista Futuros y su uso no sea con fines comerciales. Agradeceríamos ser informados y que se nos hiciera llegar una copia o referencia del material reproducido.
Se exceptúan de la libre reproducción los materiales tomados de otras fuentes; para reproducir estos artículos debe pedirse autorización a la fuente original.

Las opiniones expresadas en los artículos son de los y las autores y no de Rostros y Voces  o de Citizen Digital Facilitation
Los invitamos a enviarnos sus colaboraciones, las cuales serán  publicadas de ser seleccionadas por la dirección de la revista.
Si tiene problemas o preguntas relacionadas con esta Web, póngase en contacto con el Equipo Futuros.
Última actualización: