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Parte 1 / 2
Futuros trae a esta edición a dos
increíbles mujeres que no ostentan importantes cargos, ni son famosas
estrellas de cine, o prolíferas intelectuales. Sin embargo, esta es una de
las entrevistas más conmovedoras de todas las que hemos presentado a los
lectores de nuestra Revista. Hubo un momento en que a una de las
entrevistadas se le quebró la voz por la emoción del recuerdo y a la
entrevistadora se le hizo un nudo en la garganta para seguir con la
siguiente pregunta. Muchos hablan con discursos aprendidos, no es el caso
de estas dos mujeres: ellas hablan con el corazón abierto.
Valeria y Alba
son dos mujeres dichosas porque aman lo que hacen y se enriquecen
espiritualmente con cada nueva experiencia, ¡que mejor trabajo pudiera
alguien desear en el mundo que el de construir paz!
Valeria
Liveoak, la Coordinadora para América Latina del Programa "Alternativas a
la Violencia" (PAV) de los Equipos de Amigos de la Paz (Friends Peace
Teams)
El PAV no es una simple
receta, es más bien como una experiencia que hay que vivirla. Yo agregaría
que es una experiencia colectiva mediante la cual se trata de provocar una
reflexión y una revalorización
De la vivencia de los ejercicios unida a la reflexión,
es de donde sacamos nuestro aprendizaje.
Alba
Luz Arrieta, la Coordinadora de PAV en Colombia
Estos talleres permiten que
uno mismo, como ser humano,
vaya descubriendo toda esa potencialidad que
tiene
para ser una persona no violenta
El liderazgo que promocionamos es un liderazgo
colectivo, donde se hacen consensos y no hay jerarquías; donde se busca
que todos participen con sus ideas. Se espera que todos den sus aportes, y
eso es lo que uno hace todo el tiempo en un taller PAV. Es una manera
diferente de respetar al otro: respetándose a sí mismo se construye
comunidad.
¿Cuáles son los orígenes del
programa Alternativa a la Violencia?
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En Attica
ocurrió uno de los enfrentamientos más sangrientos en la historia de
las cárceles de Estados Unidos |
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Valeria: En septiembre de
1971 se produjo uno de los enfrentamientos más sangrientos en las cárceles
de Estados Unidos. Como resultado de estos motines, en la prisión de alta
seguridad de Attica del Estado de New York, murieron cerca de 60 personas,
entre ellos presos y guardias. Poco después, en 1975 y en el mismo Estado
de New York, un grupo de reclusos inició un plan experimental en un centro
de detención juvenil para prevenir la delincuencia. Sin embargo, no sabían
cómo aconsejar a los jóvenes: "Podemos decirles que no hagan lo que
hemos hecho pero cómo decirles lo que sí deben hacer para que no terminen
acá", (o sea, en la prisión). Se sentían perdidos, dijeron que realmente
no sabían qué debían aconsejar a los jóvenes para evitar terminar en la
prisión. O dicho de otra manera: no sabían cómo vivir sin violencia.
Entonces le pidieron a un grupo cuáquero, que visitaba a los presos, que
les ayudaran a elaborar un programa para ellos mismos aprender sobre la no
violencia.
¿Es un programa exclusivo para los
reclusos?
Valeria: No, poco a poco, el
programa se extendió no sólo a las penitenciarías sino a toda la
comunidad. Hace varios años que los cuáqueros con otras organizaciones
construyeron un programa, que en su inicio se llamó "respuesta creativa de
los niños a los conflictos" (children creative response to conflict),
pero ahora se dice "respuesta creativa al conflicto", y hoy es un programa
del Estado de New York.
¿Y para los adultos?
Valeria: Ese programa estaba
diseñado con algunos ejercicios para realizar en las escuelas, con el
objetivo de aumentar la autoestima, la cooperación para construir
comunidades y para solucionar los conflictos. Después, se adaptaron esos
ejercicios para los adultos y como resultado se crearon los Talleres del
PAV. Desde aquel entonces, hace 30 años, se han hecho Talleres del PAV en
casi todo los Estados Unidos, y también en cerca de 40 países.
¿Tantos?
Valeria: Tantos. Pero
no en todos los países los Talleres PAV han tenido continuidad. A veces
hay varias personas interesadas pero no pueden darle seguimiento al
programa, y al inicio se necesita bastante seguimiento. Por eso creo que
con nuestra manera de hacerlo mediante los Friends Peace Team,
(Equipos Cuáqueros de Paz), se logra un seguimiento institucional a nivel
programático, en vez de un nivel más individual. Al final, se obtienen
mejores resultados.
Alba, ¿cómo te vinculaste a los
Talleres PAV?
Alba: Yo conocí el
Programa Alternativas a la Violencia en el año 2000, cuando trabajaba en
Justapaz. Tuve la oportunidad de asistir a los Talleres del PAV y
pude percatarme que la durabilidad de este programa consiste en su
propia filosofía. Lo esencial es esa espiritualidad que hay en toda
persona, que le hace descubrir y asumir que su vida puede llevar un estilo
no violento, que es un tesoro que todos tenemos y que está ahí, latente,
para desarrollarlo, revivirlo y sacarlo a la luz. Las personas que reciben
este programa, se autovaloran como personas, y en esa misma medida,
valoran a las demás personas.
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Se lleva el conflicto a
una situación de transformación, porque el conflicto siempre estará
presente, en cualquier contexto, en cualquier situación pequeña o
grande, de lo que se trata es de transformarlo mediante una solución
no violenta |
¿Tan fácil se resuelve un conflicto?
Alba: Tomamos el conflicto no
como una crisis, o como un problema, sino como una manera de desarrollar
parte de nuestra creatividad como seres humanos, de no perder ese sentido
de humanidad en nosotros y nosotras. Se lleva el conflicto a una situación
de transformación, porque el conflicto siempre estará presente, en
cualquier contexto, en cualquier situación pequeña o grande, de lo que se
trata es de transformarlo mediante una solución no violenta. Es como
anticiparse a que todos los problemas se pueden tomar con afectividad y
creatividad, y a través de un espíritu de cooperación mutua. Se trata de
crear valores que sean interiorizados por las personas. Pienso que eso es
precisamente parte del éxito de estos talleres.
¿Cómo son estos talleres?
Alba: No son discursos o
conferencias. Son ejercicios, dinámicas vivenciales que permiten que uno
mismo, como ser humano, vaya descubriendo toda esa potencialidad que tiene
para ser una persona no violenta.
¿Cuáles cambios fundamentales
piensan que han ocurrido en estos 30 años de experiencias?
Valeria: Yo he conocido el
programa desde los inicios de los años 90, y puedo comentarle, a partir de
mi propia experiencia, que es un método en constante renovación. Por
ejemplo, de los manuales iniciales se conservan aquellas cosas que con la
práctica se demuestra que todavía son útiles y se renuevan aquellas otras
que quedaron obsoletas. Constantemente se agregan muchas cosas nuevas.
Alba y todo el equipo de Colombia son muy buenos para innovar y hacer
nuevos ejercicios, ponerlos a prueba a ver si dan buenos resultados, y
también para adaptar lo que encuentran en otros libros o programas. Los
ejercicios hay que adaptarlos a las culturas específicas y al contexto en
que se van a desarrollar.
¿Y estos manuales están disponibles?
¿Hay acceso público a esos manuales?
Valeria: Hay acceso público
pero no se hace tan fácil para todo el mundo, no están por ejemplo en
Internet, porque no es una simple receta, es más bien como una experiencia
que hay que vivirla. Yo agregaría que es una experiencia colectiva
mediante la cual se trata de provocar una reflexión y una revalorización,
por lo tanto, no basta simplemente leer el manual de forma aislada para
obtener el resultado que se propone.
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El programa en sí son 3 talleres:
el básico, el avanzado y el de entrenamiento para facilitadores |
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¿Cómo es que funciona el proceso en
estos manuales? Tengo entendido que hay 3 niveles ¿pueden explicarme eso?
Alba: El programa en sí son 3
talleres: el básico, el avanzado y el de entrenamiento para facilitadores.
Cada taller está programado para 3 días de asistencia completa. Siempre se
le dice a los participantes que si alguno va a faltar antes o después que
mejor le de el cupo a otra persona.
¿Por qué?
Alba: Porque es fundamental
no perderse ninguna parte del proceso. Es necesario estar presente:
procesando, aportando y aprendiendo con los demás, como grupo y
sintiéndose parte del grupo. Una vez que el participante toma los 3
niveles, está capacitado como facilitador-aprendiz, y puede co-facilitar
un taller básico junto con otros aprendices y personas de más experiencia.
Cuando esta persona ha tenido ya varias experiencias -2 ó 3-, de co-facilitar
un taller básico, entonces puede co-facilitar talleres avanzados y de
entrenamiento de facilitadores y en cada taller va profundizando más.
¿Cuántas personas asisten por
taller?
Alba: En el primer taller,
llamado taller básico, el máximo son 20 personas; en el avanzado 16 y en
el de facilitadores 12. Pero hemos aceptado 13, en algunos casos. En los
talleres avanzados y de entrenamiento se necesita un menor número de
participantes porque las sesiones son más profundas y de mayor reflexión,
lo cual requiere más tiempo de escuchar y compartir.
Por lo que dijiste antes me pareció
entender que, quienes reciben los talleres se convierten en facilitadores.
¿Es así?
Alba: Sí, una vez que
la persona ha co-facilitado talleres avanzados y de entrenamiento para
facilitadores, ya está lista para conformar un nuevo grupo de
facilitadores en forma autónoma, pero con un contacto con su grupo mentor.
Entonces sigue facilitando talleres para otras personas interesadas en el
trabajo de no violencia, o para comunidades donde sabemos que están las
puertas abiertas para trabajar en no violencia; aunque -y eso creo que es
un aspecto importante de la existencia de los Talleres PAV-, no siempre
todos los facilitadores aprendices siguen como entrenadores porque no
pueden mantener el ritmo de facilitar talleres, por falta de tiempo, por
su trabajo, o porque realmente hay otras actividades que les impiden ser
facilitadores activos.
Es un problema…
Alba: Sin embargo, casi
siempre cerca del 50% están muy comprometidos con el trabajo de
construcción de Paz, y eso permite la permanencia del programa: a través
de la gente que participa, la cual se convierte en promotora del mismo
programa y así se van abriendo nuevos espacios.
¿Quiénes han recibido estos talleres
en Colombia?
Alba: En Colombia
comenzamos el trabajo con mujeres desplazadas: viudas y con muchos hijos,
que perdieron a sus esposos debido al conflicto social armado, y también
perdieron a sus hijos jóvenes, o niños porque se los llevó cualquiera de
los grupos ilegales para sus filas. Son mujeres luchadoras, pero que viven
la violencia estructural, y a veces ellas mismas ejercían violencia contra
sus niños. La misma situación económica que les sofocaba tanto no les
permitía responder a las necesidades básicas, incluyendo el trato, de otra
manera que no fuera violenta. Estas mujeres recibieron esa formación y sus
vidas se impactaron en cuanto a la mejoría de sus relaciones familiares.
A través de Justapaz, -centro educativo de la Iglesia
Menonita de Colombia-, pudimos tener contacto con monjas franciscanas, que
también trabajan en diferentes lugares de Colombia con familias
desplazadas, con jovencitas delincuentes, o con personas de mucha edad, y
ellas pronto van a ser facilitadoras-aprendices. Van a recibir su último
curso en septiembre, para comenzar a co-facilitar el básico.
A través de todas las personas que van participando vamos
abriendo nuevos caminos; también hemos trabajado con pastores, pastoras,
líderes eclesiales, hombres, mujeres y jóvenes de diversas iglesias
evangélicas, así como con líderes comunitarios de la iglesia católica y de
ONGs que trabajan por los derechos humanos de personas desplazadas y con
una ONG cuya labor es la resocialización de jóvenes desmovilizados de
ambos sexos.
¿Es una experiencia que se
multiplica con los propios participantes?
Alba: Sí, así es. Hay una
participante que trabaja en las prisiones en Medellín, y vamos a apoyarla
porque ella descubrió en el PAV una herramienta nueva, un instrumento
importante para el trabajo de restauración de personas que están pagando
penas por delitos cometidos. Ella quedó tan impresionada con el
programa que nos dijo: "yo quiero que mis compañeros de trabajo en las
prisiones también sean parte de este programa". Pienso que esa es la
esencia del PAV: motivar a las personas por ese compromiso hacia la paz,
que ellas mismas sientan algunas transformaciones en sus propias vidas.
¿Pudieras darme algún ejemplo que te
haya conmovido?
Alba: En el segundo taller
siempre preguntamos, ¿Qué cambios hay en sus vidas? ¿Qué nuevas actitudes
o tipos de relacionamiento han tenido? ¿Cómo consideran que el primer
taller ha tenido impacto en sus vidas durante todo este tiempo? Una mujer
desplazada nos contó como se convirtió en la líder mediadora de su
comunidad. Ella vive en un barrio formado completamente por mujeres y
hombres desplazados por la violencia. Esta mujer tiene como 6 ó 7 niños,
vive sola porque su esposo la abandonó, sobrevivió a la violencia, pero su
vida es muy triste por el trauma de perder a su compañero, y además por la
condición económica tan horrible que vivía. Apenas sobrevivía como madre
comunitaria de todos los niños desplazados de la comunidad. Una noche, la
llamaron para ayudar en el caso de una vecina. Su esposo estaba borracho y
la estaba amenazando con un cuchillo, diciéndole que la iba a matar,
entonces le pidieron: "María, venga por favor, ayude que van a matar a
Fulana"; ella corrió enseguida, y sin pensarlo dos veces, entró a la casa,
tomó la mano del hombre y le dijo "no, vecino, usted no quiere, de veras
que no quiere matar a su esposa, por favor cálmese, cálmese, mire que esto
lo puede llevar a la cárcel, por favor déme ese cuchillo. Nosotros lo
apreciamos mucho", y continuó insistiendo "por favor, cálmese". Mientras
tanto, con la otra mano le indicaba a la señora que saliera de la casa. El
hombre se tranquilizó, se fue a su cama a dormir, y ella se fue a animar
un poco a la señora que esa noche durmió en otra casa.
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"María, no deje que
le digan ‘la peleonera’ porque usted no está peleando con nadie.
Usted está mediando, ayudando a la gente a resolver sus conflictos" |
Al día siguiente, muy tempranito, este hombre tocó a su
puerta; ella se asustó un poco, pero le abrió, y el hombre le dijo "María,
yo quiero agradecer lo que usted hizo anoche por mí, porque hoy en mi
familia habría una tragedia si usted no hubiera intervenido. Quiero
decirle que usted me salvó de cometer un asesinato y de estar en la
cárcel. Yo le agradezco mucho lo que usted hizo".
Cuando la vecindad supo lo que había pasado, María empezó
a ser llamada "la peleonera del barrio"; y entonces yo le dije "María, no
deje que le digan ‘la peleonera’ porque usted no está peleando con nadie.
Usted está mediando, ayudando a la gente a resolver sus conflictos". María
me comentó después "no sé que fuerza me tocó, pero corrí a brindar mi
ayuda, y yo no conocía mucho al vecino. Algo me decía que yo debía hacer
algo". María se convirtió entonces en la mediadora, porque como esta gente
es muy, muy pobre, a veces tienen conflictos entre los vecinos, y ella ya
tiene un respeto en esa comunidad, y la llaman para que colabore ante un
conflicto y para hacerles consultas ante un problema.
Impresionante…
Alba: Igual pasa con otras
mujeres que asisten al taller. Se afirman como mujeres, con nuevos
valores. Se sienten apreciadas y dispuestas a hacer algo por la comunidad.
Una de las chicas que participó en estos talleres decía "es la primera vez
que yo conozco que haya un tipo de liderazgo diferente al que yo ejerzo.
Yo como directora de un trabajo comunitario hago los planes, ejecuto los
planes, evalúo los planes, es decir, yo soy la mujer orquesta, y nunca
pensé que existiera un tipo de liderazgo como el que he aprendido en estos
talleres".
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