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ISSN 1913-6196

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  El Programa Alternativas a la Violencia (PAV)

Entrevista

Entrevista a Valeria Likeoak y a Alba Luz Arrieta

Parte 2 / 2

  Respetándose a sí mismo se construye comunidad

¿Cómo es ese liderazgo?

Alba: El liderazgo que promocionamos es un liderazgo colectivo, donde se hacen consensos y no hay jerarquías; donde se busca que todos participen con sus ideas. Se espera que todos den sus aportes, y eso es lo que uno hace todo el tiempo en un taller PAV. Es una manera diferente de respetar al otro: respetándose a sí mismo se construye comunidad.

¿Elevando la autoestima?

Alba: Sí, algo interesante de este mismo taller fue el caso de otro muchacho, que por estructura física es muy delgadito, podría decir que muy, muy flaco. Desde pequeño todo el mundo se burlaba de él y siempre lo humillaban. Cuando llegó al taller era evidente su agresividad; él quería imponer sus criterios, hablaba todo el tiempo, quería ser escuchado, pero, a veces lo hacía en una forma que no invitaba a los demás a escucharlo sino a despreciar su aporte; y tuvo problemas con otros participantes del taller, que al igual que él, eran líderes comunitarios. Entonces los pusimos juntos para un ejercicio grupal. Fue difícil que trabajaran juntos, pero ya al final del taller las cosas cambiaron, y como dos meses después de ese primer taller, él me escribió y me dijo, que era amigo del compañero con el cual había tenido problemas en el taller. Él había presentado un proyecto al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en Colombia. El PNUD estaba ofreciendo la oportunidad de que la gente participara en este tipo de programa con una convocatoria abierta, y él quiso participar, pero le devolvieron el proyecto porque había algunas cosas que no estaban bien explicadas. Él no tiene mayor educación, pero es un muchacho con mucha iniciativa; tiene un grupo de jóvenes desplazados a su cargo, y él fue a pedir ayuda al muchacho con el cual tuvo problemas en el taller, y este le contestó: "claro que sí, yo te ayudo, trabajemos juntos".

 Cada vez que me encuentro ante un problema, siempre me digo, tengo que pensar antes de actuar, y me acuerdo del poder transformador de las personas, y eso me da resultado

Esto para nosotros fue muy satisfactorio. Porque el nacimiento de esta amistad y ese reconocimiento mutuo nació en el taller. Lo que pudo haberse consolidado allí como un conflicto a través de un roce personal, se transformó en una relación de cooperación y respeto. Realmente el PAV lo logró, y él me decía con mucha alegría: "después de haber recibido el entrenamiento siempre estoy pensando en todo lo que he aprendido. Cada vez que me encuentro ante un problema, siempre me digo, tengo que pensar antes de actuar, y me acuerdo del poder transformador de las personas, y eso me da resultado". Es esa la fuerza que nosotros siempre enfatizamos que está en cada ser humano, y que le permite reconocerse a sí mismo como ser humano y también al otro.

Hay muchos ejemplos más que podríamos contar. Son muchas las experiencias positivas. Pero creo que con los que he mencionado puedes percatarte del impacto que tiene en la vida de las personas; de la capacidad de la gente para afrontar los conflictos en una forma no violenta; y también, aunque se pongan en riesgo, -como en el caso de María- es como una fuerza que ya es parte tuya y que siempre quieres usarla porque sabes que hay que disminuir todo ese círculo de violencia que está a tu alrededor.

El otro ejemplo, el del muchacho delgado, fue mediante un proceso de afirmación. Finalmente, a pesar de toda su niñez y juventud temprana siendo tan humillado, se autovaloró como persona. Y el otro compañero también aprendió a escucharlo, a respetarlo y a colaborar con él. Hay muchos más ejemplos de como el PAV trabaja, primero que todo en uno mismo...

¿Sabían ustedes que este programa está como un ejemplo de buenas prácticas dentro del PNUD de Naciones Unidas?

Alba: Sí, yo lo propuse y me lo aceptaron.

¡Felicidades! Hay algo que me llamó la atención en la descripción del programa, cuando dicen que "... construyen espacios de paz desde lo personal", ¿por qué esto es importante? ¿Por qué empezar a partir de lo personal?

 

Cada taller es como un libro abierto del cual uno aprende

 

Alba: En la medida en que toda persona tiene a su alrededor a otras con las cuales relacionarse es importante el comportamiento de cada uno. Si yo quiero un ambiente de paz pero yo misma no aporto, pues a lo mejor me quedaré frustrada porque voy a exigir de otros lo que yo no soy capaz de dar. PAV comienza con familias y mujeres desplazadas si tú recuerdas la práctica empezó a partir de la Red Ecuménica Nacional de Mujeres por la Paz—. Ya habíamos trabajado con ellas temas de género, derechos humanos, derechos económicos, sociales y culturales, elaboración de proyectos, y un sin fin de cosas. Pero sus vidas familiares estaban llenas de conflictos de todo tipo: problemas entre la mamá, las hijas y los hijos, entre los mismos niños. Las mujeres ejerciendo violencia contra sus niños por la situación de pobreza y desespero, y fueron entonces ellas mismas las que nos dijeron: "queremos saber más sobre transformación de conflictos". Para esa época ya tenía todo el entrenamiento del PAV y con mis compañeros hablamos con la coordinadora. También era la presidenta de esa asociación de mujeres, enviamos el proyecto al Consejo Mundial de Iglesias y nos lo aprobaron. ¡Fue un éxito! Las reflexiones al final de cada taller eran "tengo que revisar mis actitudes"; "tengo que revisar la manera como trato a mis hijos"; "tengo que revisar como hablo con mi esposa o mi esposo, mi compañero o compañera". Y también estas chicas que tenían un trabajo de liderazgo comunitario decían: "tengo que revisar la manera como trabajo con mis compañeros" porque de pronto ellos se sentían muy jerárquicos y descubrieron un nuevo tipo de liderazgo. Era como llegar a la reflexión íntima de que si alguien tiene que empezar a construir la no violencia, tiene que partir de uno(a) misma. Somos nosotros y nosotras mismas quienes ansiamos la no violencia. No es discurso. No es palabra vacía. Son hechos vivenciales, aprendemos con el ejemplo, con los testimonios propios, de nuestro hablar y nuestra actitud.

De todo lo que han explicado me ha dejado muy intrigada la afirmación de que la gente que recibe estos talleres descubre de repente que tienen actuaciones violentas de las que no se habían percatado, ¿puedes ponerme algún ejemplo de cómo es que llegan a esa conclusión? ¿Es acaso qué muchas personas ni siquiera se dan cuenta de lo violentos que son en su vida diaria?

La violencia no siempre es con puños o con gritos, muchas veces con simples palabras se logra herir a otras personas cuando no se está de acuerdo con ellas en algo

Alba: Fíjate que muchas veces se trata de una persona que tiene un temperamento bueno, paciente, y esa misma persona dice: "No, no, no. Yo tengo que revisar mi trato con mi esposa, con mi señora y mis hijos. Yo soy violento", pero aparentemente son personas pasivas, calmadas, o de muy buen temperamento. Y es que hay un área del PAV que trata de comunicación activa. Ahí hacemos unos ejercicios de escucha activa, y es increíble como uno empieza a descubrir que responde violentamente y cómo cuesta resolver una cosa muy sencilla sin violencia. La violencia no siempre es con puños o con gritos, muchas veces con simples palabras se logra herir a otras personas cuando no se está de acuerdo con ellas en algo. Entonces el hacer este tipo de dinámicas permite reflexionar a las personas tremendamente en que es necesario hacer cambios en su vida, en sus actitudes, en su manera de responder a los demás, le da herramientas para ser una persona asertiva y no provocar respuestas defensivas en la otra persona, evitando así crear una espiral de la violencia.

Es bien interesante…

Alba: Te cuento que cada taller es como un libro abierto del cual uno aprende. Son personas y contextos diferentes, y para los que actuamos como facilitadores y facilitadoras, cada taller es como una nueva experiencia que llena nuestras vidas y confirma aún más nuestro deseo de seguir trabajando por la paz. La transformación que vemos en cada persona y las evaluaciones finales son una motivación constante para continuar el trabajo.

¿No requieren muchos recursos?

Alba: Se puede hacer con grandes fondos y sin grandes fondos también. Hemos hecho talleres donde los participantes pagan su almuerzo durante los 3 días, o donde la gente hace lo que llamamos en Colombia una "vaca" (olla comunitaria), es decir, donde todos contribuyen con algo de dinero o alimentos y una persona ayuda a prepararlos durante los 3 días. Es una cosa increíble todo lo que se construye en estos talleres, el sentimiento de comunidad y de cooperación. Para mi es una inspiración.

Una pregunta a cada una ¿cómo llegaron ustedes a ser entrenadoras en este programa?

Valeria: Yo tuve una experiencia que cambió mi vida. Fue cuando la guerra en Sri Lanka, allí entendí que mi camino y mi deber era trabajar más por la paz. En aquel entonces mi profesión era enfermera; y tras un proceso de búsqueda me fui a El Salvador, en el año 1986 y me quedé ahí hasta el año 1990. Trabajé con un organismo que pedía voluntarios de las iglesias, y estuve con una iglesia católica en un pueblo chiquito. Allí impartí clases de educación popular preparando a la gente para ser promotores de salud, usando el libro "Donde no hay doctor".

Al volver a los Estados Unidos conocí el PAV, y vi que en ese programa se unía la educación popular, en cuanto a la metodología, con el contenido de la no violencia, algo que ya trabajaba desde los años 80’s. Esta fusión me gustó mucho y así fue como empecé en este trabajo. En el año 1993 formé con otras personas los Equipos Cuáqueros de Paz y he estado en este trabajo desde entonces.

¿Y qué ha significado para ti este trabajo?

Valeria: Poder vivir, practicar e intentar comunicar de una manera muy fácil al entender la no violencia.

Alba: En mi caso yo diría que me conecté con dos entidades: Justapaz y el Programa Alternativas a la Violencia. Fue como un desafío desde mi fe cristiana el hacer algo diferente que aportara algún alivio a esa situación terrible de violencia en el contexto de Colombia. Primeramente fue Justapaz, que es el Centro de Justicia y Paz de la Iglesia Menonita Cristiana de Colombia. Entré a trabajar a Justapaz para editar unos manuales sobre construcción de paz, basado en sus propias experiencias educativas. Ahí trabajé cuatro años. Empecé a leer incansablemente todos esos libros. Estudié todas las experiencias que tenían de mediación: mediación estudiantil, trabajo en los colegios, y en las comunidades. Y también aprendí de la parte bíblico-teológica. Yo soy teóloga y educadora a la vez; y todo ese enfoque bíblico-teológico para mí fue como descubrir un mundo que no había explorado mucho, y me llenó de mucha riqueza a nivel espiritual y también a nivel pedagógico.

El eje central de los talleres PAV es lo que llamamos "el poder transformador". Se llama así porque es una fuerza espiritual latente en todo ser humano y no queremos que haya exclusión por los distintos tipos de fe religiosa sino inclusividad

Enseguida quede cómo enamorada de esa área de trabajo por la paz, y más motivada aún porque trabajaba como voluntaria en la Red Ecuménica Nacional de Mujeres por la Paz, con las mujeres desplazadas en Colombia, en el norte del país, para que aprendieran a defender sus derechos. Desde los primeros contactos con estas mujeres tuve una conexión afectiva con ellas. Podía entender su situación, sus conflictos y necesidades. Y en Justapaz encontré el espacio donde podía, desde esa espiritualidad, encontrar una respuesta al desafío de mi fe. Luego, con los cuáqueros que fueron a Colombia para ofrecer el Programa Alternativas a la Violencia (PAV), conocí a Valeria, y ella ha sido nuestra mentora. Ella atendió nuestro ruego de ofrecernos la formación completa para poder a su vez facilitar como equipo colombiano no sólo los talleres básicos sino también los talleres avanzados y de entrenamiento. Entonces conseguimos una beca del Consejo Mundial de Iglesias para trabajar con las mujeres desplazadas bajo la Red de Mujeres por la Paz y con el aporte de Friends Peace Team, que permitió la nueva llegada de Val y Audrey Miller para terminar nuestra formación (4 personas que conformamos el Equipo PAV Colombia) y fue sencillamente espectacular, hermoso, inspirador y desafiante. Todo a la vez. Sigo trabajando en la formación en el PAV con más dedicación desde entonces. Creo que es como un nuevo camino que encontré para la práctica de mi fe. Ha sido como un gran regalo.

Todavía no logro captar cuál es la esencia de los Talleres

Alba: El eje central de los talleres PAV es lo que llamamos "el poder transformador". Se llama así porque es una fuerza espiritual latente en todo ser humano y no queremos que haya exclusión por los distintos tipos de fe religiosa sino inclusividad. Por eso no se le llama a ese poder Dios actuando en tu vida, ni la virgen, ni tu fuerza moral, sino "el poder transformador"; cada uno lo aplica o lo valora según su propia espiritualidad/humanidad. Encontrar ese poder transformador es el centro de los talleres y lo hacemos mediante distintas dinámicas participativas.

Esos ejercicios buscan distintos objetivos:
a) quererse, respetarse y cuidarse a sí mismo; b) querer, respetar y cuidar a las demás personas; c) esperar y confiar en que en toda persona hay algo de bueno

Esos ejercicios buscan distintos objetivos: a) quererse, respetarse y cuidarse a sí mismo; b) querer, respetar y cuidar a las demás personas; c) esperar y confiar en que en toda persona hay algo de bueno, porque todos tenemos esa posibilidad de hacer cosas buenas, y de rescatar todo lo positivo de la persona aunque ésta haya hecho cosas que puedan demeritarla por el daño que haya provocado a otra; es decir que, aún en esas personas, es posible rescatar su humanidad; d) usar maneras creativas para afrontar el conflicto en una forma no violenta y e) pensar antes de reaccionar. Es necesaria mucha creatividad para cambiar patrones de conducta. Una técnica que a veces inquieta más a las personas que se creen no violentas, es la comunicación activa, o sea, una escucha activa.

Dentro de todos estos ejercicios, los de afirmación como personas para que ganen más autoestima, hay también testimonios muy hermosos. Por ejemplo, en un ejercicio de afirmación, al iniciar un taller invitamos a las personas a compartir en parejas qué es lo que más les gusta de ellas mismas, de su modo de ser y de su físico, y muchas veces se encuentran como sorprendidos, porque dicen "eso lo debe decir otro, no yo". Algunos piensan que eso es narcisismo, echarse flores uno mismo; entonces, algunas se resisten, pero a otras les parece encantadora la idea y dicen "bueno, yo siempre estoy pensando algo bueno de los demás, por qué no voy a pensar algo bueno de mi", y esto es como empezar a quererse, especialmente aquellas personas que nunca han reflexionado en el tema.

 

"No, no se vayan. Yo quiero compartir esto con ustedes. Es que nunca nadie en la vida había dicho algo bueno de mí"

 

Otro ejercicio que tiene que ver con afirmación es el "escudo de afirmación". Se realiza al final de los talleres, cuando ya han compartido durante los tres días. En una cartulina de tamaño carta, que se colocan en la espalda, se le pide a cada uno de los participantes que escriban un mensaje cortito a los demás. Todos empiezan a buscar las espaldas de todos. Se hacen afirmaciones, se escriben cosas bien positivas de lo que compartieron en esos días. Fue en uno de esos ejercicios, donde hubo una de las experiencias más conmovedoras. Fue con una mujer desplazada que de pequeña fue abandonada por su mamá, y luego se casó muy joven. El marido la amarraba en una silla y le decía a su hijito de 2 años que le pegara con un palo, y que le diera duro, y le decía cosas feas al niño sobre la mamá. Era una mujer muy sufrida, muy herida y triste. Ella participó en estos talleres y el último día, estábamos despidiendo el programa, cuando ella se quitó la cartulina y empezó a leer los mensajes, entonces detuvo a la persona que estaba haciendo la despedida para decir: "No, no se vayan. Yo quiero compartir esto con ustedes. Es que nunca nadie en la vida había dicho algo bueno de mí". Empezó a leer, y no se detuvo, leyó los 21 mensajes. Al final, lloraba y reía y veíamos felicidad en su rostro. Fue una experiencia tan linda y tan impactante que al final todo el mundo quería leer sus mensajes también. No podíamos porque ya no quedaba tiempo, estábamos terminando, pero le dimos la oportunidad a cada uno de que leyera un mensaje. Y es que no podíamos hacer otra cosa, es decir, estábamos viviendo un momento muy especial, el de sentirnos como una familia, y no podíamos evitar que todo el mundo quisiera compartir algo. Levantar la autoestima es un ejercicio que se trabaja en diferentes momentos, y la gente se siente persona, muchas veces por primera vez en su vida, ¿me entiendes? Se sienten valoradas, y con ese espíritu empiezan a quererse a sí mismas, y de esa misma manera empiezan a querer a sus hijos, a sus compañeros, a las personas en la comunidad, ¡y eso se logra en 3 días!

¡Sólo en tres días!

Alba: Algunos en la evaluación se preguntan, ¿cómo es posible que podamos, siendo todos desconocidos aquí, construir un espíritu de comunidad tan lindo que no nos queremos ir? ¿por qué en nuestras propias comunidades no lo hacemos? Entonces lo que hacemos es reafirmar el pensamiento de que la paz es posible si todos aportamos esa experiencia de vivir un estilo de vida diferente y de encontrar otras alternativas.

Como dijo Val, con esa metodología popular de Pablo Freire, aprendemos todos juntos. Por ejemplo, para ayudar a resolver conflictos hacemos el juego de roles: se da un caso donde hay un problema grande a resolver, que involucra a toda la familia. Cada persona toma un rol, si es un problema de papá, mamá, e hijo, uno hace de papá, otro de mamá, y otro más de hijo. La primera parte del ejercicio es actuar de manera común, pero luego se les pide que traten de trabajar con el poder transformador que hay en cada uno de ellos, y lo hacen libremente. Al final, cuando ya hacen ese procesamiento de usar las características del poder transformador, presentan en un corto resumen: ¿cómo llegaron a la solución?, ¿qué dificultades tuvieron?, ¿la solución le agradó a todos y nadie salió perdiendo?, ¿hubo aporte de todos?, ¿todos se sintieron escuchados? El solo hecho de tener esta experiencia "ponerse en el papel del otro", les hace pensar en sus propios problemas, y algunos entienden y se dan cuenta que están afrontando mal los problemas en casa. "Yo no escucho, y yo quiero que se haga mi voluntad", comentan. Es muy satisfactorio escuchar todos los aportes que cada grupo elaboró para llegar a la solución ante ese problema familiar que estaban actuando y experimentar que construir la paz es posible.

Ponerse en el papel del otro, es algo básico para la solución de conflictos ¿no es así?

Valeria: Ese tipo de ejercicios lo lleva a uno a vivir la situación desde una nueva perspectiva, aunque sea virtual o imaginaria. Pero de la manera que asumen los papeles, se dan cuentan que como seres humanos actúan mal caminando hacia la violencia, y también aprenden que es posible ser creativo y usar la no violencia. Ahí es donde empieza el autorreconocimiento, la autoevaluación y la autorreflexión.

Alba: Siempre les decimos a las personas "queremos que se vayan con más preguntas, y las respuestas hay que encontrarlas en sus propias vidas". Esto da la libertad de seguir reflexionando. Ya en el último día, si hay algunas preguntas que surgieron a partir de las diferentes actividades realizadas, pueden presentarlas en una cartelera que se titula Preguntas pendientes. Pero los facilitadores no dan las respuestas, sino que se hace otro ejercicio donde todos aportan su opinión desde sus propias experiencias y cada persona hace su propia construcción del conocimiento con los aportes del grupo, definiendo así su propia respuesta. De esta manera aprenden que la vida no es en blanco y negro, sino que hay todo un espectro de posibilidades donde hay diferentes respuestas en diversos contextos. Y esto les ayuda también a aprender a escuchar y a respetar a otros, a no tomar actitudes jerárquicas, o actitudes tales como "yo soy el que tengo la verdad", o "yo soy la que tengo toda la razón".

¿Y para crear espíritu de comunidad?

Alba: En ese sentido también tenemos ejercicios donde se da un material determinado, y con ese material deben construir algo como grupo. Tienen que mirar el material unos minutos sin tocarlo, sin hablar, y pensar qué podrían hacer con eso. Luego por 5 minutos pueden hablar y cada uno comparte que le gustaría hacer con ese material; entonces tienen 3 minutos más para decidir, qué es lo que van a hacer para presentar como grupo al resto de los participantes. Ahí se da una dinámica importante: la disposición de escucharse. Aunque alguna que otra vez aparece alguien que quiere dirigirlo todo, el resto del grupo es asertivo y empieza una discusión muy positiva. Es un proceso de aprendizaje en el que, al final, presentan el trabajo y explican cómo fueron todos los pasos para llegar a una conclusión colectiva. Entonces preguntamos: "¿y qué tiene que ver esto con la construcción de la paz?". Es una manera activa de invitar a la reflexión y de experimentar que la posibilidad de la paz está en cada uno de nosotros, y es posible alcanzarla. En estos talleres se trabaja a través de procesos, por eso pedimos que nadie, absolutamente nadie, llegue tarde o se vaya temprano, sino que esté participando en el taller todo el tiempo.

Valeria: Quiero agregar algo, después de cada actividad tenemos un tiempo de reflexión para que puedan tener un entendimiento de su papel, de su manera de actuar en una situación específica, o en un proyecto comunal. De la vivencia de los ejercicios unida a la reflexión, es de donde sacamos nuestro aprendizaje.

Una cosa que siempre me ha llamado la atención de la experiencia cuáquera es la toma de decisión por consenso. Pienso que es algo muy difícil, ¿se puede llegar realmente a consenso sin estos entrenamientos previos?

Valeria: Dicen que muchas comunidades indígenas lo hacen por medio de una asamblea, y se pasa la palabra a cualquier persona que tenga una opinión, y todos están esperando poner su aporte, y a partir de ahí se llega al consenso. Yo no conozco mucho de esas experiencias indígenas, pero he leído algo sobre el tema. Quizás parezca una poco idealista, sin embargo, creo que en comunidades o grupos en los cuales escuchan primero antes de actuar e intentan entender las necesidades y contar con todos, es fácil llegar a consenso. Por poner una analogía: hay un grupo caminando juntos para llegar a algún lugar, pero si algunos van primero y otros van detrás, todos llegarán separados. Si el grupo no se queda unido no llegarán juntos tampoco a ningún lugar.

¿Algo más que quieran decir a los lectores de Futuros?

Alba: Quisiera compartir un pensamiento que me place mucho. Lo dijo una mujer que trabajó mucho por la paz, y creo que recoge lo que es la esencia del PAV. La Madre Teresa de Calcuta dijo: "la paz no es algo que deseas, es algo que construyes, algo que eres, algo que haces y algo que das". Esa afirmación me hizo reflexionar mucho más profundamente en lo que es el trabajo con el Programa Alternativas a la Violencia, porque realmente eso es lo que hacemos: construir con otros y otras, darnos a otros y otras, y en esa misma medida recibir de otros y otras, y estar activos y activas, no permanecer ajenos a lo que sucede en nuestra realidad, sino ser un motor, una iniciativa para construir esa paz, que a veces parece lejana pero sabemos que es posible vivirla si empezamos a hacerla nuestro compromiso.

¿Valeria quieres decir algo más?

Valeria: Acabo de leer un lema que voy a cambiar un poquito pero que da mucho sentido al trabajo que hacemos. Se dice que nuestro puño es del mismo tamaño que el tamaño del corazón, pregunto entonces: ¿con cuál quieres relacionarte con el mundo?

Muchas gracias a las dos.

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Alba Luz Arrieta Cabrales
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