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Parte 2 / 2
Respetándose a sí mismo se
construye comunidad
¿Cómo es ese liderazgo?
Alba: El liderazgo que
promocionamos es un liderazgo colectivo, donde se hacen consensos y no hay
jerarquías; donde se busca que todos participen con sus ideas. Se espera
que todos den sus aportes, y eso es lo que uno hace todo el tiempo en un
taller PAV. Es una manera diferente de respetar al otro: respetándose a sí
mismo se construye comunidad.
¿Elevando la autoestima?
Alba: Sí, algo interesante de
este mismo taller fue el caso de otro muchacho, que por estructura física
es muy delgadito, podría decir que muy, muy flaco. Desde pequeño todo el
mundo se burlaba de él y siempre lo humillaban. Cuando llegó al taller era
evidente su agresividad; él quería imponer sus criterios, hablaba todo el
tiempo, quería ser escuchado, pero, a veces lo hacía en una forma que no
invitaba a los demás a escucharlo sino a despreciar su aporte; y tuvo
problemas con otros participantes del taller, que al igual que él, eran
líderes comunitarios. Entonces los pusimos juntos para un ejercicio
grupal. Fue difícil que trabajaran juntos, pero ya al final del taller las
cosas cambiaron, y como dos meses después de ese primer taller, él me
escribió y me dijo, que era amigo del compañero con el cual había tenido
problemas en el taller. Él había presentado un proyecto al Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo, en Colombia. El PNUD estaba ofreciendo
la oportunidad de que la gente participara en este tipo de programa con
una convocatoria abierta, y él quiso participar, pero le devolvieron el
proyecto porque había algunas cosas que no estaban bien explicadas. Él no
tiene mayor educación, pero es un muchacho con mucha iniciativa; tiene un
grupo de jóvenes desplazados a su cargo, y él fue a pedir ayuda al
muchacho con el cual tuvo problemas en el taller, y este le contestó:
"claro que sí, yo te ayudo, trabajemos juntos".
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Cada vez que
me encuentro ante un problema, siempre me digo, tengo que pensar
antes de actuar, y me acuerdo del poder transformador de las
personas, y eso me da resultado |
Esto para nosotros fue muy satisfactorio. Porque el
nacimiento de esta amistad y ese reconocimiento mutuo nació en el taller.
Lo que pudo haberse consolidado allí como un conflicto a través de un roce
personal, se transformó en una relación de cooperación y respeto.
Realmente el PAV lo logró, y él me decía con mucha alegría: "después de
haber recibido el entrenamiento siempre estoy pensando en todo lo que he
aprendido. Cada vez que me encuentro ante un problema, siempre me digo,
tengo que pensar antes de actuar, y me acuerdo del poder transformador de
las personas, y eso me da resultado". Es esa la fuerza que nosotros
siempre enfatizamos que está en cada ser humano, y que le permite
reconocerse a sí mismo como ser humano y también al otro.
Hay muchos ejemplos más que podríamos contar. Son muchas
las experiencias positivas. Pero creo que con los que he mencionado puedes
percatarte del impacto que tiene en la vida de las personas; de la
capacidad de la gente para afrontar los conflictos en una forma no
violenta; y también, aunque se pongan en riesgo, -como en el caso de
María- es como una fuerza que ya es parte tuya y que siempre quieres
usarla porque sabes que hay que disminuir todo ese círculo de violencia
que está a tu alrededor.
El otro ejemplo, el del muchacho delgado, fue mediante un
proceso de afirmación. Finalmente, a pesar de toda su niñez y juventud
temprana siendo tan humillado, se autovaloró como persona. Y el otro
compañero también aprendió a escucharlo, a respetarlo y a colaborar con
él. Hay muchos más ejemplos de como el PAV trabaja, primero que todo en
uno mismo...
¿Sabían ustedes que este programa
está como un ejemplo de buenas prácticas dentro del PNUD de Naciones
Unidas?
Alba: Sí, yo lo propuse y me
lo aceptaron.
¡Felicidades! Hay algo que me llamó
la atención en la descripción del programa, cuando dicen que "...
construyen espacios de paz desde lo personal", ¿por qué esto es
importante? ¿Por qué empezar a partir de lo personal?
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Cada
taller es como un libro abierto del cual uno aprende |
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Alba: En la medida en que
toda persona tiene a su alrededor a otras con las cuales relacionarse es
importante el comportamiento de cada uno. Si yo quiero un ambiente de paz
pero yo misma no aporto, pues a lo mejor me quedaré frustrada porque voy a
exigir de otros lo que yo no soy capaz de dar. PAV comienza con familias y
mujeres desplazadas ―si tú recuerdas
la práctica empezó a partir de la Red Ecuménica Nacional de Mujeres por la
Paz—. Ya habíamos trabajado con ellas temas de género, derechos humanos,
derechos económicos, sociales y culturales, elaboración de proyectos, y un
sin fin de cosas. Pero sus vidas familiares estaban llenas de conflictos
de todo tipo: problemas entre la mamá, las hijas y los hijos, entre los
mismos niños. Las mujeres ejerciendo violencia contra sus niños por la
situación de pobreza y desespero, y fueron entonces ellas mismas las que
nos dijeron: "queremos saber más sobre transformación de conflictos". Para
esa época ya tenía todo el entrenamiento del PAV y con mis compañeros
hablamos con la coordinadora. También era la presidenta de esa asociación
de mujeres, enviamos el proyecto al Consejo Mundial de Iglesias y nos lo
aprobaron. ¡Fue un éxito! Las reflexiones al final de cada taller eran
"tengo que revisar mis actitudes"; "tengo que revisar la manera como trato
a mis hijos"; "tengo que revisar como hablo con mi esposa o mi esposo, mi
compañero o compañera". Y también estas chicas que tenían un trabajo de
liderazgo comunitario decían: "tengo que revisar la manera como trabajo
con mis compañeros" porque de pronto ellos se sentían muy jerárquicos y
descubrieron un nuevo tipo de liderazgo. Era como llegar a la reflexión
íntima de que si alguien tiene que empezar a construir la no violencia,
tiene que partir de uno(a) misma. Somos nosotros y nosotras mismas quienes
ansiamos la no violencia. No es discurso. No es palabra vacía. Son hechos
vivenciales, aprendemos con el ejemplo, con los testimonios propios, de
nuestro hablar y nuestra actitud.
De todo lo que han explicado me ha
dejado muy intrigada la afirmación de que la gente que recibe estos
talleres descubre de repente que tienen actuaciones violentas de las que
no se habían percatado, ¿puedes ponerme algún ejemplo de cómo es que
llegan a esa conclusión? ¿Es acaso qué muchas personas ni siquiera se dan
cuenta de lo violentos que son en su vida diaria?
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La violencia no
siempre es con puños o con gritos, muchas veces con simples palabras
se logra herir a otras personas cuando no se está de acuerdo con
ellas en algo |
Alba: Fíjate que muchas veces
se trata de una persona que tiene un temperamento bueno, paciente, y esa
misma persona dice: "No, no, no. Yo tengo que revisar mi trato con mi
esposa, con mi señora y mis hijos. Yo soy violento", pero aparentemente
son personas pasivas, calmadas, o de muy buen temperamento. Y es que hay
un área del PAV que trata de comunicación activa. Ahí hacemos unos
ejercicios de escucha activa, y es increíble como uno empieza a descubrir
que responde violentamente y cómo cuesta resolver una cosa muy sencilla
sin violencia. La violencia no siempre es con puños o con gritos, muchas
veces con simples palabras se logra herir a otras personas cuando no se
está de acuerdo con ellas en algo. Entonces el hacer este tipo de
dinámicas permite reflexionar a las personas tremendamente en que es
necesario hacer cambios en su vida, en sus actitudes, en su manera de
responder a los demás, le da herramientas para ser una persona asertiva y
no provocar respuestas defensivas en la otra persona,
evitando así crear una espiral de la violencia.
Es bien interesante…
Alba: Te cuento que cada
taller es como un libro abierto del cual uno aprende. Son personas y
contextos diferentes, y para los que actuamos como facilitadores y
facilitadoras, cada taller es como una nueva experiencia que llena
nuestras vidas y confirma aún más nuestro deseo de seguir trabajando por
la paz. La transformación que vemos en cada persona y las evaluaciones
finales son una motivación constante para continuar el trabajo.
¿No requieren muchos recursos?
Alba: Se puede hacer con
grandes fondos y sin grandes fondos también. Hemos hecho talleres donde
los participantes pagan su almuerzo durante los 3 días, o donde la gente
hace lo que llamamos en Colombia una "vaca" (olla comunitaria), es decir,
donde todos contribuyen con algo de dinero o alimentos y una persona ayuda
a prepararlos durante los 3 días. Es una cosa increíble todo lo que se
construye en estos talleres, el sentimiento de comunidad y de cooperación.
Para mi es una inspiración.
Una pregunta a cada una ¿cómo
llegaron ustedes a ser entrenadoras en este programa?
Valeria: Yo tuve una
experiencia que cambió mi vida. Fue cuando la guerra en Sri Lanka, allí
entendí que mi camino y mi deber era trabajar más por la paz. En aquel
entonces mi profesión era enfermera; y tras un proceso de búsqueda me fui
a El Salvador, en el año 1986 y me quedé ahí hasta el año 1990. Trabajé
con un organismo que pedía voluntarios de las iglesias, y estuve con una
iglesia católica en un pueblo chiquito. Allí impartí clases de educación
popular preparando a la gente para ser promotores de salud, usando el
libro "Donde no hay doctor".
Al volver a los Estados Unidos conocí el PAV, y vi que en
ese programa se unía la educación popular, en cuanto a la metodología, con
el contenido de la no violencia, algo que ya trabajaba desde los años
80’s. Esta fusión me gustó mucho y así fue como empecé en este trabajo. En
el año 1993 formé con otras personas los Equipos Cuáqueros de Paz y he
estado en este trabajo desde entonces.
¿Y qué ha significado para ti este
trabajo?
Valeria: Poder vivir,
practicar e intentar comunicar de una manera muy fácil al entender la no
violencia.
Alba: En mi caso yo diría que
me conecté con dos entidades: Justapaz y el Programa Alternativas a la
Violencia. Fue como un desafío desde mi fe cristiana el hacer algo
diferente que aportara algún alivio a esa situación terrible de violencia
en el contexto de Colombia. Primeramente fue Justapaz, que es el Centro de
Justicia y Paz de la Iglesia Menonita Cristiana de Colombia. Entré a
trabajar a Justapaz para editar unos manuales sobre construcción de paz,
basado en sus propias experiencias educativas. Ahí trabajé cuatro años.
Empecé a leer incansablemente todos esos libros. Estudié todas las
experiencias que tenían de mediación: mediación estudiantil, trabajo en
los colegios, y en las comunidades. Y también aprendí de la parte
bíblico-teológica. Yo soy teóloga y educadora a la vez; y todo ese enfoque
bíblico-teológico para mí fue como descubrir un mundo que no había
explorado mucho, y me llenó de mucha riqueza a nivel espiritual y también
a nivel pedagógico.
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El eje central de
los talleres PAV es lo que llamamos "el poder transformador". Se
llama así porque es una fuerza espiritual latente en todo ser humano
y no queremos que haya exclusión por los distintos tipos de fe
religiosa sino inclusividad |
Enseguida quede cómo enamorada de esa área de trabajo por
la paz, y más motivada aún porque trabajaba como voluntaria en la Red
Ecuménica Nacional de Mujeres por la Paz, con las mujeres desplazadas en
Colombia, en el norte del país, para que aprendieran a defender sus
derechos. Desde los primeros contactos con estas mujeres tuve una conexión
afectiva con ellas. Podía entender su situación, sus conflictos y
necesidades. Y en Justapaz encontré el espacio donde podía, desde esa
espiritualidad, encontrar una respuesta al desafío de mi fe. Luego, con
los cuáqueros que fueron a Colombia para ofrecer el Programa Alternativas
a la Violencia (PAV), conocí a Valeria, y ella ha sido nuestra mentora.
Ella atendió nuestro ruego de ofrecernos la formación completa para poder
a su vez facilitar como equipo colombiano no sólo los talleres básicos
sino también los talleres avanzados y de entrenamiento. Entonces
conseguimos una beca del Consejo Mundial de Iglesias para trabajar con las
mujeres desplazadas bajo la Red de Mujeres por la Paz y con el aporte de
Friends Peace Team, que permitió la nueva llegada de Val y Audrey Miller
para terminar nuestra formación (4 personas que conformamos el Equipo PAV
Colombia) y fue sencillamente espectacular, hermoso, inspirador y
desafiante. Todo a la vez. Sigo trabajando en la formación en el PAV con
más dedicación desde entonces. Creo que es como un nuevo camino que
encontré para la práctica de mi fe. Ha sido como un gran regalo.
Todavía no logro captar cuál es la
esencia de los Talleres
Alba: El eje central de los
talleres PAV es lo que llamamos "el poder transformador". Se llama así
porque es una fuerza espiritual latente en todo ser humano y no queremos
que haya exclusión por los distintos tipos de fe religiosa sino
inclusividad. Por eso no se le llama a ese poder Dios actuando en tu vida,
ni la virgen, ni tu fuerza moral, sino "el poder transformador"; cada uno
lo aplica o lo valora según su propia espiritualidad/humanidad. Encontrar
ese poder transformador es el centro de los talleres y lo hacemos mediante
distintas dinámicas participativas.
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Esos ejercicios
buscan distintos objetivos:
a) quererse, respetarse y cuidarse a sí mismo; b) querer, respetar y
cuidar a las demás personas; c) esperar y confiar en que en toda
persona hay algo de bueno |
Esos ejercicios buscan distintos objetivos: a) quererse,
respetarse y cuidarse a sí mismo; b) querer, respetar y cuidar a las demás
personas; c) esperar y confiar en que en toda persona hay algo de bueno,
―porque todos tenemos esa posibilidad
de hacer cosas buenas―, y de rescatar
todo lo positivo de la persona aunque ésta haya hecho cosas que puedan
demeritarla por el daño que haya provocado a otra; es decir que, aún en
esas personas, es posible rescatar su humanidad; d) usar maneras creativas
para afrontar el conflicto en una forma no violenta y e) pensar antes de
reaccionar. Es necesaria mucha creatividad para cambiar patrones de
conducta. Una técnica que a veces inquieta más a las personas que se creen
no violentas, es la comunicación activa, o sea, una escucha activa.
Dentro de todos estos ejercicios, los de afirmación como
personas para que ganen más autoestima, hay también testimonios muy
hermosos. Por ejemplo, en un ejercicio de afirmación, al iniciar un taller
invitamos a las personas a compartir en parejas qué es lo que más les
gusta de ellas mismas, de su modo de ser y de su físico, y muchas veces se
encuentran como sorprendidos, porque dicen "eso lo debe decir otro, no
yo". Algunos piensan que eso es narcisismo, echarse flores uno mismo;
entonces, algunas se resisten, pero a otras les parece encantadora la idea
y dicen "bueno, yo siempre estoy pensando algo bueno de los demás, por qué
no voy a pensar algo bueno de mi", y esto es como empezar a quererse,
especialmente aquellas personas que nunca han reflexionado en el tema.
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"No,
no se vayan. Yo quiero compartir esto con ustedes. Es que nunca
nadie en la vida había dicho algo bueno de mí" |
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Otro ejercicio que tiene que ver con afirmación es el
"escudo de afirmación". Se realiza al final de los talleres, cuando ya han
compartido durante los tres días. En una cartulina de tamaño carta, que se
colocan en la espalda, se le pide a cada uno de los participantes que
escriban un mensaje cortito a los demás. Todos empiezan a buscar las
espaldas de todos. Se hacen afirmaciones, se escriben cosas bien positivas
de lo que compartieron en esos días. Fue en uno de esos ejercicios, donde
hubo una de las experiencias más conmovedoras. Fue con una mujer
desplazada que de pequeña fue abandonada por su mamá, y luego se casó muy
joven. El marido la amarraba en una silla y le decía a su hijito de 2 años
que le pegara con un palo, y que le diera duro, y le decía cosas feas al
niño sobre la mamá. Era una mujer muy sufrida, muy herida y triste. Ella
participó en estos talleres y el último día, estábamos despidiendo el
programa, cuando ella se quitó la cartulina y empezó a leer los mensajes,
entonces detuvo a la persona que estaba haciendo la despedida para decir:
"No, no se vayan. Yo quiero compartir esto con ustedes. Es que nunca nadie
en la vida había dicho algo bueno de mí". Empezó a leer, y no se detuvo,
leyó los 21 mensajes. Al final, lloraba y reía y veíamos felicidad en su
rostro. Fue una experiencia tan linda y tan impactante que al final todo
el mundo quería leer sus mensajes también. No podíamos porque ya no
quedaba tiempo, estábamos terminando, pero le dimos la oportunidad a cada
uno de que leyera un mensaje. Y es que no podíamos hacer otra cosa, es
decir, estábamos viviendo un momento muy especial, el de sentirnos como
una familia, y no podíamos evitar que todo el mundo quisiera compartir
algo. Levantar la autoestima es un ejercicio que se trabaja en diferentes
momentos, y la gente se siente persona, muchas veces por primera vez en su
vida, ¿me entiendes? Se sienten valoradas, y con ese espíritu empiezan a
quererse a sí mismas, y de esa misma manera empiezan a querer a sus hijos,
a sus compañeros, a las personas en la comunidad, ¡y eso se logra en 3
días!
¡Sólo en tres días!
Alba: Algunos en la
evaluación se preguntan, ¿cómo es posible que podamos, siendo todos
desconocidos aquí, construir un espíritu de comunidad tan lindo que no nos
queremos ir? ¿por qué en nuestras propias comunidades no lo hacemos?
Entonces lo que hacemos es reafirmar el pensamiento de que la paz es
posible si todos aportamos esa experiencia de vivir un estilo de vida
diferente y de encontrar otras alternativas.
Como dijo Val, con esa metodología popular de Pablo
Freire, aprendemos todos juntos. Por ejemplo, para ayudar a resolver
conflictos hacemos el juego de roles: se da un caso donde hay un problema
grande a resolver, que involucra a toda la familia. Cada persona toma un
rol, si es un problema de papá, mamá, e hijo, uno hace de papá, otro de
mamá, y otro más de hijo. La primera parte del ejercicio es actuar de
manera común, pero luego se les pide que traten de trabajar con el poder
transformador que hay en cada uno de ellos, y lo hacen libremente. Al
final, cuando ya hacen ese procesamiento de usar las características del
poder transformador, presentan en un corto resumen: ¿cómo llegaron a la
solución?, ¿qué dificultades tuvieron?, ¿la solución le agradó a todos y
nadie salió perdiendo?, ¿hubo aporte de todos?, ¿todos se sintieron
escuchados? El solo hecho de tener esta experiencia "ponerse en el papel
del otro", les hace pensar en sus propios problemas, y algunos entienden y
se dan cuenta que están afrontando mal los problemas en casa. "Yo no
escucho, y yo quiero que se haga mi voluntad", comentan. Es muy
satisfactorio escuchar todos los aportes que cada grupo elaboró para
llegar a la solución ante ese problema familiar que estaban actuando y
experimentar que construir la paz es posible.
Ponerse en el papel del otro, es
algo básico para la solución de conflictos ¿no es así?
Valeria: Ese tipo de
ejercicios lo lleva a uno a vivir la situación desde una nueva
perspectiva, aunque sea virtual o imaginaria. Pero de la manera que asumen
los papeles, se dan cuentan que como seres humanos actúan mal caminando
hacia la violencia, y también aprenden que es posible ser creativo y usar
la no violencia. Ahí es donde empieza el autorreconocimiento, la
autoevaluación y la autorreflexión.
Alba: Siempre les decimos a
las personas "queremos que se vayan con más preguntas, y las respuestas
hay que encontrarlas en sus propias vidas". Esto da la libertad de seguir
reflexionando. Ya en el último día, si hay algunas preguntas que surgieron
a partir de las diferentes actividades realizadas, pueden presentarlas en
una cartelera que se titula Preguntas pendientes. Pero los facilitadores
no dan las respuestas, sino que se hace otro ejercicio donde todos aportan
su opinión desde sus propias experiencias y cada persona hace su propia
construcción del conocimiento con los aportes del grupo, definiendo así su
propia respuesta. De esta manera aprenden que la vida no es
en blanco y negro, sino que hay todo un espectro de posibilidades donde
hay diferentes respuestas en diversos contextos. Y esto les ayuda también
a aprender a escuchar y a respetar a otros, a no tomar actitudes
jerárquicas, o actitudes tales como "yo soy el que tengo la verdad", o "yo
soy la que tengo toda la razón".
¿Y para crear espíritu de comunidad?
Alba: En ese sentido también
tenemos ejercicios donde se da un material determinado, y con ese material
deben construir algo como grupo. Tienen que mirar el material unos minutos
sin tocarlo, sin hablar, y pensar qué podrían hacer con eso. Luego por 5
minutos pueden hablar y cada uno comparte que le gustaría hacer con ese
material; entonces tienen 3 minutos más para decidir, qué es
lo que van a hacer para presentar como grupo al resto de los
participantes. Ahí se da una dinámica importante: la disposición de
escucharse. Aunque alguna que otra vez aparece alguien que quiere
dirigirlo todo, el resto del grupo es asertivo y empieza una discusión muy
positiva. Es un proceso de aprendizaje en el que, al final, presentan el
trabajo y explican cómo fueron todos los pasos para llegar a una
conclusión colectiva. Entonces preguntamos: "¿y qué tiene que ver esto con
la construcción de la paz?". Es una manera activa de invitar a la
reflexión y de experimentar que la posibilidad de la paz está en cada uno
de nosotros, y es posible alcanzarla. En estos talleres se trabaja a
través de procesos, por eso pedimos que nadie, absolutamente nadie, llegue
tarde o se vaya temprano, sino que esté participando en el taller todo el
tiempo.
Valeria: Quiero agregar algo,
después de cada actividad tenemos un tiempo de reflexión para que puedan
tener un entendimiento de su papel, de su manera de actuar en una
situación específica, o en un proyecto comunal. De la vivencia de los
ejercicios unida a la reflexión, es de donde sacamos nuestro aprendizaje.
Una cosa que siempre me ha llamado
la atención de la experiencia cuáquera es la toma de decisión por
consenso. Pienso que es algo muy difícil, ¿se puede llegar realmente a
consenso sin estos entrenamientos previos?
Valeria: Dicen que muchas
comunidades indígenas lo hacen por medio de una asamblea, y se pasa la
palabra a cualquier persona que tenga una opinión, y todos están esperando
poner su aporte, y a partir de ahí se llega al consenso. Yo no conozco
mucho de esas experiencias indígenas, pero he leído algo sobre el tema.
Quizás parezca una poco idealista, sin embargo, creo que en comunidades o
grupos en los cuales escuchan primero antes de actuar e intentan entender
las necesidades y contar con todos, es fácil llegar a consenso. Por poner
una analogía: hay un grupo caminando juntos para llegar a algún lugar,
pero si algunos van primero y otros van detrás, todos llegarán separados.
Si el grupo no se queda unido no llegarán juntos tampoco a ningún lugar.
¿Algo más que quieran decir a los
lectores de Futuros?
Alba: Quisiera compartir un
pensamiento que me place mucho. Lo dijo una mujer que trabajó mucho por la
paz, y creo que recoge lo que es la esencia del PAV. La Madre Teresa de
Calcuta dijo: "la paz no es algo que deseas, es algo que construyes, algo
que eres, algo que haces y algo que das". Esa afirmación me hizo
reflexionar mucho más profundamente en lo que es el trabajo con el
Programa Alternativas a la Violencia, porque realmente eso es lo que
hacemos: construir con otros y otras, darnos a otros y otras, y en esa
misma medida recibir de otros y otras, y estar activos y activas, no
permanecer ajenos a lo que sucede en nuestra realidad, sino ser un motor,
una iniciativa para construir esa paz, que a veces parece lejana pero
sabemos que es posible vivirla si empezamos a hacerla nuestro compromiso.
¿Valeria quieres decir algo más?
Valeria: Acabo de leer un
lema que voy a cambiar un poquito pero que da mucho sentido al trabajo que
hacemos. Se dice que nuestro puño es del mismo tamaño que el tamaño del
corazón, pregunto entonces: ¿con cuál quieres relacionarte con el mundo?
Muchas gracias a las dos.
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