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ISSN 1913-6196

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  La escucha empática

Prevención de conflictos

Gregorio Billikopf Encina

Parte 3 /4

  Escucha empática

Me encanta el siguiente relato que compartió una madre sobre una experiencia que tuvo con una hija menor: "Hace unos años, una de nuestras hijas me pidió que saliera a jugar con ella, a un juego donde la pelota esta atada a un poste. Me pidió que me sentara y la mirara mientras que le pegaba una tras otra vez a la pelota que a su vez se envolvía en el poste con la cuerda que la ataba al éste. Después de verla pegar varias veces a la pelota que se enrollaba le pregunte que parte tomaría yo en el juego, y ella dijo, '0, mama, usted dice, "Muy bien, muy bien", cada vez que la pelota se enrolle en el poste'. (4) Este es, básicamente el papel del escuchar empático, el acompañar a la otra persona, y celebrar juntos el hecho que la otra persona pueda comenzar a sacar sus problemas y analizarlos. En este juego a la pelota el triunfo es enrollar la pelota con su cuerda mientras que en el escuchar empático el triunfo significa empezar a desenrollar el relato y sacarlo a la superficie.

Ahora veremos en forma más detallada como alcanzar esta meta de acompañar sin interferir. ¿Cómo acompañar y ayudarle a la persona a autocomprenderse y liberarse un poco del peso que siente en su pecho? Hay un estupendo valor terapéutico en poder pensar en voz alta y compartir el problema con quien escuchará.

El buen escuchante tiene suficiente confianza en si mismo para ser capaz de escuchar a otros sin temor. En contraste con las preguntas diagnósticas, cuando un individuo escucha en una forma empática, vemos que el que escucha:

  • Toma una postura empática (motiva al que habla para que sienta aliento y no se sienta juzgado).
  • No interrumpe en cada pausa.

A través de ese proceso —si la persona con el desafío nos tiene confianza— comienza a hablar más (fácilmente el 95% de la conversación), a controlar la conversación, a autocomprenderse (primero revisa lo conocido y después empieza a profundizar), a considerar sus opciones, y muchas veces puede llegar a elegir un posible desenlace.

Debemos recordar que el escuchar empático es algo dinámico. No basta tener interés, sino que hay que mostrarlo. Y no basta mostrar interés, hay que sentirlo

Veremos, a continuación, algunas tácticas específicas para lograr estas metas. Antes de compartir estas tácticas vale la pena una advertencia. Debemos recordar que el escuchar empático es algo dinámico. No basta tener interés, sino que hay que mostrarlo. Y no basta mostrar interés, hay que sentirlo. La persona escuchada se da cuenta, de inmediato, si nos aburrimos, distraemos, o estamos molestos.

En las palabras de Benjamin, "El escuchar genuinamente es un trabajo difícil; hay muy poco al respecto que sea mecánico... Oímos con nuestros oídos, pero escuchamos con nuestros ojos y mente y corazón y piel y también con nuestras entrañas". (5)

Preguntas incompletas

Una pregunta incompleta tiene la ventaja de dejar muchas cosas en el aire y de darle a la persona las riendas para llevarnos a donde desee ir. Volvemos a escucharle a la pareja argentina.

—¿Y los niños..., extrañan...? — pregunta Magdalena.

—Y los niños extrañan... mucho, especialmente los... afectos de las abuelas, sus primos, indudablemente extrañan los afectos de la estructura familiar... —Manuel explica y sigue explicándose.

Indicaciones que queremos saber más

Hay varias indicaciones que podemos usar para que la persona siga hablando. Uno de los más típicos es simplemente decir, "cuéntame más". Podríamos, también, decir algo como, "¡Qué interesante!" o simplemente, "Interesante". Lo que es importante en todo esto es no quedarse estancado con sólo una técnica que parezca monótona e irritante.

Repetir una frase o palabra clave

Una de las técnicas más importantes de la escucha empática es dejarle saber a la persona que la acompañamos al repetir, de vez en cuando, unas dos o tres palabras en el mismo tono de voz que la otra persona ha usado, o simplemente una de las palabras claves. Ana le sigue contando a su amiga Gabriela sobre la pena que está sufriendo por su hija.

—Entonces ella se mudo y ahorita vive en un pueblo aquí cerca... [Ana levanta la mano izquierda mientras habla e indica una dirección y pausa] Con una amiga...

—Amiga—comenta Gabriela.

—Sí, pero ella no dura mucho porque como no trabaja no va a poder no más vivir ahí gratis. Tiene que poner algo de su parte. —continua Ana.

Estas palabras claves aportan sin interrumpir demasiado. Hay veces que la persona que está sufriendo un desafío deja el tema para reflexionar sobre estas palabras. Pero, generalmente es algo muy natural que no le hace sentirse interrumpida. Las personas pueden seguir el hilo de la conversación o reflexionar algo más sobre lo que están diciendo. Veamos la misma técnica en la pareja argentina.

—Si bien... este... el costo del estudio en este país es alto... [pausa] pero las posibilidades acá son infinitas...— declara Manuel.

—Infinitas—Magdalena pronuncia la palabra usando el mismo tono en que su esposo pronunció la palabra.

—Infinitas... infinitas en el sentido de que si uno puede darles el apoyo a los hijos y motivarlos para hacerlo...— Manuel sigue desarrollando su idea.

Hay individuos que han acusado a Carl Rogers de ser directivo. Según ellos, con estas indicaciones empáticas el que escucha premia los comentarios acertados y por ende dirige la conversación. Me consta que este no es el caso ya que cuando la persona se siente interrumpida, como en el caso de Tanya que veremos a continuación, esa persona nos lo deja saber, y vuelve a llevar la conversación al rumbo donde quería ir —siempre y cuando el que escucha no haya quebrantado en forma fatal el sentido de ser escuchado.

Tanya, una mujer afro-Americana, le esta contando a Susana que su mejor amigo, Michael, está enojado con ella porque tiene un novio de raza blanca. Todo va bien cuando de repente Susana hace una pregunta que distrae a Tanya. Vemos como esta última corrige la situación:

—Mi amigo Michael estaba diciendo... pero por muy inteligente y perspicaz que sea me molesta tanto que el no pueda ver que en realidad... si uno educara a más personas—dice Tanya.

—Si— agrega Susana.

—Entonces no te sentirías como te sientes, ¿comprendes? —pregunta Tanya usando uno de esas preguntas que más bien significa, ¿me escuchas?

—¿De dónde es Michael?— indaga Susana. La pregunta no tiene nada que ver con el dolor que Tanya esta sintiendo en el momento.

—Michael es de Florida, ha vivido varios años en California y ahora esta viviendo en Oregón —contesta Tanya. —Pero... [perdiendo el hilo y algo desconcentrada mueve la mano como para decir, volvamos al tema, prosigue] pero... y se trata solo de personas blancas, con las que el tiene un problema, [sonríe] podría ser cualquier otra raza y no le importa, pero si se trata de blancos...

¿Cómo sabe uno, entonces, si la escucha fue empática? Gerald Egan dice, "Si la respuesta empática del facilitador es certera, el cliente frecuentemente tiende a confirmar su certeza asintiendo con la cabeza o alguna otra serial no verbal o con frases, tales como ‘correcto’ o ‘exactamente’. Esto es seguido usualmente por una posterior, y normalmente más especifica, elaboración de la situación problemática." Y cuando uno está fuera de la línea correcta, ellos algunas veces se lo dirán, o más probablemente, estarán callados y evitaran el contacto visual.

Dichos empáticos

Un dicho empático es un comentario como, "entonces en este momento te sientes pésimo", o "veo que estás sufriendo". Estos dichos son muy potentes pero solo se pueden usar infrecuentemente y ojalá no el mismo comentario. Primero veremos un ejemplo donde un dicho empático fue usado correctamente.

—Odio la vida, me ha tratado terriblemente— dijo el joven, su tono amargo y voz alta que llenó el cuarto. ¡Cómo guise moralizar y decirle que sus propias acciones lo habían llevado a su presente predicamento! Pero en lugar de esto, calmadamente dije, a la Rogers y Benjamin:

—En este momento, estas odiando la vida. — Estaba tratando de sinceramente comprender y dejarle saber que yo estaba escuchando.

—O, si— él continuó, pero la ira se redujo enormemente, —la vida ahora es terrible... — Con cada intercambio la tensión de la voz y la intensidad descendían. Este mismo joven pronto reconoció que no estaba en la senda correcta sin que yo tuviera que decírselo.

En contraste, me tocó observar a un conferencista, un terapeuta, quien libremente usaba la frase, "puedo ver que estás sufriendo". Yo era el intérprete de la conferencia y estaba en la posición de observar a la audiencia. Un hombre anciano contó su triste historia, y pareció que el conferencista uso su frase en el momento adecuado. El participante se reclinó hacia atrás y dejo de hablar. No se podía escuchar una palabra entre los participantes. Pude ver en los ojos y la postura del cuerpo del anciano que él había sentido la empatía del terapeuta. El hombre había sido tocado y ahora se sentía comprendido. Quede impresionado. Sin embargo, me pareció, con cada uso subsiguiente de la expresión, "puedo ver que estás sufriendo", que la pegajosa muletilla se convirtió cada vez más artificial. Menos gente estaba convencida de su sinceridad y la frase pronto significó "cállate, quiero continuar con mi charla". EL proceso pareció mecánico y vacío, en lugar de estar basado en verdadera empatía. Menos peligroso es el uso de preguntas empáticas.

Preguntas empáticas

En contraste a las preguntas diagnósticas que son más bien de índole mecánica, las preguntas empáticas van al grano de lo que la persona está sintiendo. Estas consultas son extremamente potentes. Una buena interrogativa es, por ejemplo, "¿Qué estás sintiendo en este momento?" O sin completar la frase y alargando la palabra sintiendo, "¿Estás sin-tien-do...?" Muchas veces se nos requiere, como humanos, ser tan analíticos, que no tomamos el tiempo para analizar cómo es que nos estamos sintiendo... sacar a la superficie el dolor, muchas veces enterrado, que se siente.

Lenguaje corporal

Uno de los mejores pasos en cuanto al lenguaje corporal es invitarle a una persona a que tome asiento, si no lo ha hecho todavía. El tomar asiento le dejamos saber que estamos dispuestos a darle tiempo y escuchar. Que no vamos a medirle el tiempo que nos hablan.

Las personas que realmente están interesadas en lo que otra persona tiene que decir tienden a inclinarse hacia ella, y se refleja su interés en su rostro y a través de su cuerpo y tono de voz. Podemos señalar con la cabeza que estamos escuchando, también, al moverla como si estuviéramos consintiendo, pero esta última técnica sólo se puede usar un poco o pareceremos a esos perritos plásticos que suelen ponerse en la parte atrás de los autos, con la cabecita que sube y baja a medida que el vehículo avanza.

 

Las personas que están interesadas en lo que otra tenga que decir lo demuestran por medio de su idioma corporal

 

Si realmente estamos interesados en escuchar, nuestro cuerpo lo demuestra, pero también nos dilata cuando nos distraemos. En una reciente conversación todavía no había dicho nada, pero mi cuerpo mostró que quería hablar. Antes que digiera algo, el otro individuo me dijo:

—Disculpe por interrumpirlo, pero...—y siguió contando lo que me estaba diciendo.

Esto ocurrió varias veces durante nuestra conversación y deja claro que la persona que va a tomar la palabra gesticula y muestra su intención de hacerlo mucho antes de hablar.

Respetar las pausas

El silencio en las relaciones interpersonales nos molesta. Sin embargo, una de las importantes herramientas en el escuchar empático es el de no interrumpir las pausas.

Cuando la persona pausa su mente sigue trabajando en el problema. Cuando respetamos las pausas es algo parecido a ofrecerle una silla a la persona, es una forma de decirles que no estamos por dejarlos.

La persona que se siente realmente escuchada comienza, inclusive, a hablar más lento y a dejar más pausas. Cuando el sujeto siente confianza, que no será interrumpido, inicia una trayectoria interna, cada vez más profunda, donde inicia el proceso de autocomprensión en una forma más profunda y analítica. ¿Cuánto tiempo puede escucharle a una persona que guarda silencio sin que usted se ponga nervioso y necesite interrumpirla? ¿Cuatro segundos? ¿Once segundos? ¿Un minuto? ¿Diez minutos? ¿Cuánto? Cuando la persona sale de esa pausa muchas veces ha tenido la oportunidad de reflexionar y seguir el proceso de descubrimiento en cuanto al desafío.

Una joven profesional tuvo la oportunidad de poner en práctica estos consejos y más tarde contó que estaba conversando por teléfono con su novio sobre un problema que él tenia. Ella se mordió los labios varias veces para no interrumpirlo. En una de estas pausas más largas él preguntó, "¿Estás ahí?". La desventaja del teléfono es que su novio no podía ver el interés con el que ella le escuchaba. En situaciones donde las personas sólo se pueden escuchar, están limitadas en cuanto a las técnicas empáticas que puedan utilizar. Ella respondió, "¡Claro que sí, te estoy escuchando con mucho interés!" Dichas estas palabras, ella contó que él siguió hablando, pero con más gusto y penetración.

Para concluir esta sección, me gustaría compartir dos últimos comentarios de parte de Tanya, nuestra amiga afro-Americana. El primero habla de su deseo de tomar una decisión. Esto ocurre hacia el fin de la conversación que tuvo con la persona que la estaba escuchando.

—Me quedó claro que debo llamarlo otra vez y de tener otra conversación con Michael. No he decidido... todavía...cuándo lo voy a llamar. [Pausa pensativa] Así pues... ahí es donde me encuentro en el momento... seguramente lo llamare en algún momento la próxima semana. Siempre me gusta planificar este tipo de cosas. [Riéndose] No estoy lista para hablar con el en este momento.

— [Susana la acompaña y ríe cuando Tanya se ríe] No en este momento...

—Correcto. [Se ríe más] Tal vez debería llamarlo algún día que este enojada. [Se ríe más y pausa] Pero... mm... está empezando a pesarme... eso me indica que realmente deberia llamarlo ahora... —explica Tanya.

El segundo comentario de Tanya es uno de agradecimiento sobre lo que siente por haber sido escuchada.

—La cosa interesante... yo... generalmente... tiendo a no compartir mis sentimientos. Siempre dejo sepultados estos sentimientos y dejo que otras personas me cuenten como se sienten.

—Mmm.—escucha Susana.

—[Varios intentos para comenzar a hablar, con varias pausas.] Todo este proceso... de darme cuenta que todavía estoy enojada con el... porque no sabia que todavía estaba enojada con el... [pausa] es bastante interesante... para mi, en todo caso. [Intenta varias veces decir algo entre pausas] Me hace preguntarme, ¿por que, exactamente, estás enojada? ¿Sabes? ¿Deberías estar enojada? Que estés desilusionada... ¡pero enojada! Ya que él no te hizo nada, cuando digo no me hizo nada, quiero decir que no uso palabras ofensivas, no me pegó... [pausa]. Siento que me desilusionó... ¿cómo puedes ser tan inteligente y pensar de esta forma?

Una persona que usa el sistema de escuchar empático en su pureza tendrá que dedicarle bastante tiempo. El escuchar empático, en la mediación, puede fácilmente durar entre una y dos horas, o aun más. Veremos, en el próximo capitulo, que quizá el tiempo que le hemos dedicado al escuchar empático no ha sido suficiente. Quizá tengamos que dedicarle una o dos sesiones más al asunto. Antes de concluir el capitulo, quisiera compartir algunos pensamientos sobre la escucha empática y nuestro sistema de valores.

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