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ISSN 1913-6196

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  La "cultura de la memoria": problemas y reflexiones

Prevención de conflictos

Gilda Waldman

Parte 1 / 4

Resumen

La explosión de la memoria

¿Por qué tal obsesión por el pasado en nuestro presente?

Memorias que reaparecen y memorias en disputa: una primera aproximación

Cuando la memoria reaparece: algunos casos históricos

Las batallas por la memoria: algunos ejemplos

México: el olvido y la cautelosa emergencia de la difícil memoria de los movimientos político-armados

Reflexiones finales

 

  Resumen

El artículo plantea que la emergencia de la memoria como preocupación cultural y política central de nuestras sociedades contemporáneas es un fenómeno mundial que atraviesa los más diversos espacios geográficos. El texto esboza algunas explicaciones sobre el por qué de esta intensa "obsesión memorialística", señalando, al mismo tiempo, algunas de sus paradojas. El articulo analiza, asimismo, como se produce la apertura de la memoria relativa al pasado reciente en algunos países de Europa y en algunos otros del Cono Sur después de la experiencia de las dictaduras militares, para centrarse a continuación en la "batalla de las memorias" en México, en relación al tema de los movimientos político-armados.

  La "explosión de la memoria"

La emergencia de la memoria como preocupación en los más diversos ámbitos geográficos, así como una constante exhortación a "recordar" y un permanente llamado a ejercitar el "saber de la memoria" se han colocado en nuestro horizonte cultural y político como tema de debate central. En contraposición con una modernidad que privilegiaba el desprendimiento del pasado como signo de renovación indispensable para el progreso, o de la cultura de vanguardia del periodo de entreguerras que celebraba la ruptura con el pasado y encomiaba la novedad, e incluso en contraposición con los planteamientos más recientes sobre el "fin de la historia" o "la muerte del sujeto", quizás nunca como ahora el presente había estado tan marcado por la voluntad social de recordar.

Lo que incluso se podría denominar "una obsesión memorialista"1 se manifiesta, por ejemplo, en la restauración de antiguos centros urbanos, el culto al patrimonio, la re-invención de tradiciones, la transformación de ciudades enteras en museos, el regreso a modas pasadas, la proliferación de exposiciones históricas y fotográficas así como de documentales televisivos, la popularización de la escritura de memorias y biografías, el resurgimiento de la novela histórica, la multiplicación de archivos, fechas conmemorativas y placas recordatorias, la recuperación de memorias y museos regionales, el entusiasmo por las genealogías, etc. De igual modo, y más allá del interés de larga data que la memoria ha despertado en la filosofía, el psicoanálisis y la antropología, 2 ella ha sido inquietud importante para la disciplina de la historia, particularmente a partir de las primeras décadas del siglo XX, aunque no fue sino la década de los 80 cuando se produjo una notable expansión del tema entre numerosos historiadores (en especial en Europa y Estados Unidos) en el marco de un nuevo quehacer historiográfico que intentaba trazar los nexos entre historia y memoria, incorporando a esta última —tradicionalmente excluida por su carácter subjetivo, selectivo y fragmentario— como elemento útil y necesario para el análisis. 3

En este sentido, la reactivación del debate en torno a las reglas de construcción del discurso histórico (estatuto de verdad, objetividad, neutralidad academicista, etc.) registra la influencia de nuevas líneas de investigación que rescatan los relatos de vida, la experiencia cotidiana y el testimonio (usualmente desechados por la historiografía tradicional) en un entorno que tiende a la apertura interdisciplinaria hacia los métodos de la sociología o la antropología. El interés por la memoria también ha sido particularmente notable en la Sociología, disciplina en la que se ha desarrollado incluso una "sociología de la memoria" que ha incursionado, entre otros temas, en el estudio de como se manifiesta la memoria en diferentes grupos sociales (geográficos, políticos, familiares, populares, obreros, urbanos, etc.) 4 y, a últimas fechas, en el marco de recuperación de la textura de la subjetividad.5

Mientras mayor sea el imperativo por recordar, más fácilmente nuestras sociedades contemporáneas son arrastradas al remolino del olvido

Sin embargo, este fuerte vuelco al pasado no deja de experimentar paradojas de diversa índole. Por una parte, de manera curiosa y casi divertida, la obsesión por la memoria se expresa, metafóricamente, en la idea de que el "archivo" de los programas computacionales es el recipiente o depositario de una "memoria total". Dicho "archivo" aparecería, así, como el espacio idóneo de preservación, para el cual "olvidar" es transgredir, dejando de lado el hecho de que, si bien el archivo digital almacena y recupera información, posee una capacidad estática de almacenamiento, y puede llegar a ser poco confiable ante la rápida obsolescencia de los sistemas informáticos. Por otra parte el renacer de la memoria viene acompañado, de manera pendular, por un resurgir del olvido y una negativa a recordar.6

En esta línea, y siguiendo a Andreas Huyssen,7 mientras mayor sea el imperativo por recordar, más fácilmente nuestras sociedades contemporáneas son arrastradas al remolino del olvido y, al mismo tiempo es tan grande el miedo a olvidar, que se tiende a contrarrestar estos temores con infinidad de estrategias de rememoración. En otras palabras, en nuestras sociedades posmodernas la obsesión memorialista –que convive con la materialidad de las computadoras– recicla la nostalgia y el pasado y, simultáneamente, imbricada en una dinámica de difuminación de la memoria como efecto de la aceleración del tiempo histórico, el ímpetu de los medios de comunicación de masas y el enorme influjo de imágenes e informaciones recibidas por Internet que obligan a un consumo rápido, se vuelca hacia una voluntad rememoradota como mecanismo de compensación a su debilitamiento o, incluso, su ausencia.

   ¿Por qué tal obsesión por el pasado en nuestro presente?

Frente a esta interrogante, podrían esbozarse varias razones explicativas. Por una parte, un entorno de profundos y acelerados cambios experimentados en un periodo muy corto de tiempo –traducidos en la configuración de lo que Zygmunt Barman denomina modernidad liquida 8 (caracterizada por incertidumbre, fragilidad, inseguridad, fluidez, volatilidad y precariedad)– remite a la necesidad de mirar hacia el pasado y de buscar anclajes para reflexionar sobre el significado histórico de estos cambios. En este sentido, en una posmodernidad marcada por la dislocación de los parámetros de tiempo y espacio, 9 la disolución de la confianza y la fe en el porvenir, el vértigo del presente ("vivir aquí y ahora"), etc., no sorprende que emerja la seducción por el pasado. Frente a los cambios tecnológicos, la transformación de los entornos naturales y urbanos, o los nuevos patrones de consumo, no es de extrañar el deseo de otorgar un aura histórica a los objetos que, de lo contrario, estarían condenados a ser desechados o volverse obsoletos. Por otra parte, fenómenos como la globalización, los procesos de creciente diferenciación social, la flexibilización de los kilos homogeneizadores de la sociedad, la desterritorialización física y cultural, la revolución tecnológica, la fragmentación de los esquemas fundacionales de la nación, la reformulación de los patrones de asentamiento y de convivencia urbanos, las implicaciones que plantean las tendencias multiculturales, la redefinición del papel del Estado, los mecanismos de inserción de las sociedades nacionales en complejos macroeconómicos –y en algunos casos, macropolíticos, como es el caso de la Comunidad Económica Europea– etc., lleva a reflexionar sobre orígenes, tradiciones y trayectorias socio-culturales del pasado a fin de comprender las mutaciones que ocurren en los sustratos de los diversos ámbitos de la identidad (grupal, étnica, cultural, nacional, etc.).

El resurgimiento de la problemática de la memoria se vinculada también con los procesos de democratización y lucha por los derechos humanos (en especial allí donde la sociedad esta marcada por profundas huellas de violencia estatal)

En este sentido, la identidad esta siempre ligada con la memoria, y en una era marcada por flujos territoriales y una extensa movilidad global (entre las cuales hay que destacar las migraciones masivas y las experiencias de desplazamiento y reubicación) que borran lugares e identidades de pertenencia, la memoria constituye un núcleo sustantivo de reforzamiento identitario. De igual modo, el tema de la memoria se vuelve importante cuando se fractura la idea del Estado-Nación y se debilita la comunidad histórica nacional. Es decir, cuando el consenso de la identidad colectiva y de los lazos cohesionadores de la sociedad explotan en la diversidad, en el privilegio al reconocimiento de la diferencia y a la pluralidad de sentidos de pertenencia. De igual modo, el resurgimiento de la problemática de la memoria se vinculada también con los procesos de democratización y lucha por los derechos humanos (en especial allí donde la sociedad esta marcada por profundas huellas de violencia estatal) expandiendo y fortaleciendo las esferas públicas de la sociedad civil. La memoria se convierte, así, en un factor esencial en todo proceso de construcción de un proyecto de nación. En otras palabras: según la manera como las sociedades definan y resuelvan los problemas del pasado, ellas podrán crear un proyecto viable de futuro. 10 

  Notas

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