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Parte 1 / 4
Resumen
La explosión de la memoria
¿Por qué tal obsesión
por el pasado en nuestro presente?
Memorias que
reaparecen y memorias en disputa: una primera aproximación
Cuando la memoria
reaparece: algunos casos históricos
Las batallas por la
memoria: algunos ejemplos
México: el olvido y la cautelosa emergencia de la difícil
memoria de los movimientos político-armados
Reflexiones finales
Resumen
El artículo plantea que la emergencia de la memoria como
preocupación cultural y política central de nuestras sociedades
contemporáneas es un fenómeno mundial que atraviesa los más diversos
espacios geográficos. El texto esboza algunas explicaciones sobre el por
qué de esta intensa "obsesión memorialística", señalando, al mismo tiempo,
algunas de sus paradojas. El articulo analiza, asimismo, como se produce
la apertura de la memoria relativa al pasado reciente en algunos países de
Europa y en algunos otros del Cono Sur después de la experiencia de las
dictaduras militares, para centrarse a continuación en la "batalla de las
memorias" en México, en relación al tema de los movimientos
político-armados.
La "explosión de la memoria"
La emergencia de la memoria como preocupación en los más
diversos ámbitos geográficos, así como una constante exhortación a
"recordar" y un permanente llamado a ejercitar el "saber de la memoria" se
han colocado en nuestro horizonte cultural y político como tema de debate
central. En contraposición con una modernidad que privilegiaba el
desprendimiento del pasado como signo de renovación indispensable para el
progreso, o de la cultura de vanguardia del periodo de entreguerras que
celebraba la ruptura con el pasado y encomiaba la novedad, e incluso en
contraposición con los planteamientos más recientes sobre el "fin de la
historia" o "la muerte del sujeto", quizás nunca como ahora el presente
había estado tan marcado por la voluntad social de recordar.
Lo que incluso se podría denominar "una obsesión
memorialista"1 se manifiesta, por ejemplo, en la restauración de antiguos
centros urbanos, el culto al patrimonio, la re-invención de tradiciones,
la transformación de ciudades enteras en museos, el regreso a modas
pasadas, la proliferación de exposiciones históricas y fotográficas así
como de documentales televisivos, la popularización de la escritura de
memorias y biografías, el resurgimiento de la novela histórica, la
multiplicación de archivos, fechas conmemorativas y placas recordatorias,
la recuperación de memorias y museos regionales, el entusiasmo por las
genealogías, etc. De igual modo, y más allá del interés de larga data que
la memoria ha despertado en la filosofía, el psicoanálisis y la
antropología, 2 ella ha sido inquietud importante para la disciplina de la
historia, particularmente a partir de las primeras décadas del siglo XX,
aunque no fue sino la década de los 80 cuando se produjo una notable
expansión del tema entre numerosos historiadores (en especial en Europa y
Estados Unidos) en el marco de un nuevo quehacer historiográfico que
intentaba trazar los nexos entre historia y memoria, incorporando a esta
última —tradicionalmente excluida por su carácter subjetivo, selectivo y
fragmentario— como elemento útil y necesario para el análisis. 3
En este sentido, la reactivación del debate en torno a las
reglas de construcción del discurso histórico (estatuto de verdad,
objetividad, neutralidad academicista, etc.) registra la influencia de
nuevas líneas de investigación que rescatan los relatos de vida, la
experiencia cotidiana y el testimonio (usualmente desechados por la
historiografía tradicional) en un entorno que tiende a la apertura
interdisciplinaria hacia los métodos de la sociología o la antropología.
El interés por la memoria también ha sido particularmente notable en la
Sociología, disciplina en la que se ha desarrollado incluso una
"sociología de la memoria" que ha incursionado, entre otros temas, en el
estudio de como se manifiesta la memoria en diferentes grupos sociales
(geográficos, políticos, familiares, populares, obreros, urbanos, etc.) 4
y, a últimas fechas, en el marco de recuperación de la textura de la
subjetividad.5
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Mientras mayor sea el
imperativo por recordar, más fácilmente nuestras sociedades
contemporáneas son arrastradas al remolino del olvido |
Sin embargo, este fuerte vuelco al pasado no deja de
experimentar paradojas de diversa índole. Por una parte, de manera curiosa
y casi divertida, la obsesión por la memoria se expresa, metafóricamente,
en la idea de que el "archivo" de los programas computacionales es el
recipiente o depositario de una "memoria total". Dicho
"archivo"
aparecería, así, como el espacio idóneo de preservación, para el cual
"olvidar" es transgredir, dejando de lado el hecho de que, si bien el
archivo digital almacena y recupera información, posee una capacidad
estática de almacenamiento, y puede llegar a ser poco confiable ante la
rápida obsolescencia de los sistemas informáticos. Por otra parte el
renacer de la memoria viene acompañado, de manera pendular, por un
resurgir del olvido y una negativa a recordar.6
En esta línea, y siguiendo a Andreas Huyssen,7 mientras
mayor sea el imperativo por recordar, más fácilmente nuestras sociedades
contemporáneas son arrastradas al remolino del olvido y, al mismo tiempo
es tan grande el miedo a olvidar, que se tiende a contrarrestar estos
temores con infinidad de estrategias de rememoración. En otras palabras,
en nuestras sociedades posmodernas la obsesión memorialista –que convive
con la materialidad de las computadoras– recicla la nostalgia y el pasado
y, simultáneamente, imbricada en una dinámica de difuminación de la
memoria como efecto de la aceleración del tiempo histórico, el ímpetu de
los medios de comunicación de masas y el enorme influjo de imágenes e
informaciones recibidas por Internet que obligan a un consumo rápido, se
vuelca hacia una voluntad rememoradota como mecanismo de compensación a su
debilitamiento o, incluso, su ausencia.
¿Por qué tal obsesión
por el pasado en nuestro presente?
Frente a esta interrogante, podrían esbozarse varias
razones explicativas. Por una parte, un entorno de profundos y acelerados
cambios experimentados en un periodo muy corto de tiempo –traducidos en la
configuración de lo que Zygmunt Barman denomina modernidad liquida
8 (caracterizada por incertidumbre, fragilidad, inseguridad, fluidez,
volatilidad y precariedad)– remite a la necesidad de mirar hacia el pasado
y de buscar anclajes para reflexionar sobre el significado histórico de
estos cambios. En este sentido, en una posmodernidad marcada por la
dislocación de los parámetros de tiempo y espacio, 9 la disolución de la
confianza y la fe en el porvenir, el vértigo del presente ("vivir aquí y
ahora"), etc., no sorprende que emerja la seducción por el pasado. Frente
a los cambios tecnológicos, la transformación de los entornos naturales y
urbanos, o los nuevos patrones de consumo, no es de extrañar el deseo de
otorgar un aura histórica a los objetos que, de lo contrario, estarían
condenados a ser desechados o volverse obsoletos. Por otra parte,
fenómenos como la globalización, los procesos de creciente diferenciación
social, la flexibilización de los kilos homogeneizadores de la sociedad,
la desterritorialización física y cultural, la revolución tecnológica, la
fragmentación de los esquemas fundacionales de la nación, la reformulación
de los patrones de asentamiento y de convivencia urbanos, las
implicaciones que plantean las tendencias multiculturales, la redefinición
del papel del Estado, los mecanismos de inserción de las sociedades
nacionales en complejos macroeconómicos –y en algunos casos,
macropolíticos, como es el caso de la Comunidad Económica Europea– etc.,
lleva a reflexionar sobre orígenes, tradiciones y trayectorias
socio-culturales del pasado a fin de comprender las mutaciones que ocurren
en los sustratos de los diversos ámbitos de la identidad (grupal, étnica,
cultural, nacional, etc.).
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El resurgimiento de la problemática de la memoria se
vinculada también con los procesos de democratización y lucha por
los derechos humanos (en especial allí donde la sociedad esta
marcada por profundas huellas de violencia estatal) |
En este sentido, la identidad esta siempre ligada con la
memoria, y en una era marcada por flujos territoriales y una extensa
movilidad global (entre las cuales hay que destacar las migraciones
masivas y las experiencias de desplazamiento y reubicación) que borran
lugares e identidades de pertenencia, la memoria constituye un núcleo
sustantivo de reforzamiento identitario. De igual modo, el tema de la
memoria se vuelve importante cuando se fractura la idea del Estado-Nación
y se debilita la comunidad histórica nacional. Es decir, cuando el
consenso de la identidad colectiva y de los lazos cohesionadores de la
sociedad explotan en la diversidad, en el privilegio al reconocimiento de
la diferencia y a la pluralidad de sentidos de pertenencia. De igual modo,
el resurgimiento de la problemática de la memoria se vinculada también con
los procesos de democratización y lucha por los derechos humanos (en
especial allí donde la sociedad esta marcada por profundas huellas de
violencia estatal) expandiendo y fortaleciendo las esferas públicas de la
sociedad civil. La memoria se convierte, así, en un factor esencial en
todo proceso de construcción de un proyecto de nación. En otras palabras:
según la manera como las sociedades definan y resuelvan los problemas del
pasado, ellas podrán crear un proyecto viable de futuro. 10
Notas
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