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ISSN 1913-6196

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  El papel de las mujeres en el proceso de construcción de la paz en Colombia

Prevención de conflictos

Patricia Buriticá Céspedes  

Parte 2 /3

  Las negociaciones de paz

En los últimos 50 años Colombia ha intentado muchas veces negociaciones de paz. La negociación de paz más importante que ha tenido Colombia en sus últimas décadas, fue la que dio origen a una nueva constitución en 1991, en ella se establece el Estado Social de Derecho como elemento fundante, este proceso permitió que cuatro grupos guerrilleros (M-19, Ejercito Popular de Liberación-EPL, Quintin Lame, Partido Revolucionario del Trabajo-PRT) se incorporaran a la vida civil, muchos de ellos se convirtieron en partidos políticos, fueron senadores y hoy están en la legalidad. A partir de la década de los noventa, los movimientos de izquierda, los movimientos sociales, privilegiamos la lucha política. Al tiempo que las izquierdas caminaban por la senda de la acción política, el paramilitarismo iba ganando control territorial, económico y político, declaran acciones de exterminio a lideres sociales, políticos y comunitarios en una estrategia de contraguerrilla, con la aquiescencia de funcionarios del Estado. Estos grupos realizaron las masacres más atroces y las formas más degradantes de violencia.

De estas negociaciones se marginaron las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el ELN (Ejercito de Liberación Nacional), quienes argumentaron falta de garantías, ante el exterminio de que era objeto la Unión Patriótica, movimiento político y legal de alta simpatía entre ellos. Desde los noventas se han realizado encuentros, conferencias con los grupos armados FARC y ELN, se han creado comisiones de acercamientos, en fin muchos intentos sin resultados. En 1998 con el Presidente Andrés Pastrana se da un proceso de paz con las FARC, se establece el despeje de una amplia zona del territorio colombiano donde esta fuerza armada tiene su influencia y se inician un proceso de paz que fracasa, las conversaciones se rompen a finales del 2001. En el 2002 asume la presidencia el actual presidente Álvaro Uribe Vélez (reelegido 2006), con el cual este grupo armado ha expresado su negativa de negociación.

De otro lado, desde 2005 se han iniciado conversaciones con el ELN, el gobierno ha dado salvoconducto a dos de sus máximos representantes (Francisco Galón y Antonio García), las conversaciones se han realizado en Cuba como país que ha facilitado ya cuatro encuentros con el gobierno, con integrantes de la sociedad civil y de países facilitadores de la comunidad internacional (Noruega, Suiza, España, entre otros).

A su vez desde 2002, el gobierno de Alvaro Uribe Vélez, emprende un proceso de Desmovilización, Desarme y Reinserción-DDR, con los paramilitares (AUC-Autodefensas Unidas de Colombia). Este proceso tiene hoy un saldo de 30.915 personas desmovilizadas, 29.036 hombres y 1.879 mujeres, 17,540 armas entregadas, 37 bloques desmovilizados colectivamente.

Este proceso ha adolecido de consenso nacional, lleno de críticas, por su falta de transparencia y de claridad frente al país. Nadie duda que es un avance para la paz el que estos grupos se desmovilicen, pero se han denunciado graves problemas en las desmovilizaciones y se evidencia la falta de políticas para la reincorporación a la vida civil de los excombatientes. Muchos de ellos regresan a las comunidades sin que éstas estén preparadas para recibirlos y menos ellos para regresar. Ya se cuentan más de 14 nuevos grupos rearmados, lo constata el 7° informe de la OEA (Organización de Estados Americanos), quien tiene la misión de apoyo y verificación al proceso de DDR. A su vez este mismo informe establece como las estructuras económicas, y de influencia política y sus nexos con el narcotráfico siguen actuando en las zonas y territorios donde estaban asentados los bloques.

Con este proceso se dio el debate y aprobación de un marco jurídico, denominado ley de justicia y paz (Ley 975/2005). Esta ley resulta aprobada con un bajo nivel de consensos nacionales, en razón a que era hecha para un proceso que tenía poco respaldo. La ley contempla por primera vez, los derechos a la verdad, la justicia y la reparación exigibles a grupos armados que se incorporan a la vida civil. Establece procesos de juzgamientos a los responsables de delitos de lesa humanidad, la obligación de reparar, confesar y pagar con cárcel de 5 a 8 años. Muchas fueron las opiniones en su contra y las organizaciones sociales y de derechos humanos que demandaron la ley ante la Corte Constitucional. La ley es sometida a control constitucional y el fallo sale en mayo de este ano, casi un ano después de haber sido aprobada, el fallo logra mejorar sustancialmente la ley a favor de las víctimas, ya que las mayores criticas a la ley era su alto grado de favorabilidad para los victimarios y las debilidades para el ejercicio de los derechos de las víctimas.

La ley crea la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) que se instaló en octubre del 2005, cuyas funciones se centran en: i) garantizar a las víctimas la realización de sus derechos a la verdad, la justicia y la reparación; ii) la elaboración de informes sobre las razones del surgimiento de los grupos armados; iii) seguimiento al proceso de DDR; iv) el diseño de políticas de reparación y seguimiento a las reparaciones producto de procesos judiciales; y v) la realización de acciones de reconciliación nacional.

La Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (CNRR) enfrenta el reto de ser una Comisión que actúa en medio del conflicto. Todas las comisiones que se han creado en el mundo se establecieron en situaciones de post-conflicto

La CNRR, tiene una composición mixta (13 miembros, 4 representantes del gobierno, 5 integrantes de la sociedad civil, dos representantes de las victimas, y dos representantes de organismos de control del Estado). Esta composición es una ventaja en tanto la presencia del gobierno lo compromete en las definiciones de políticas públicas, y una desventaja en cuanto la CNRR logre tener la independencia necesaria para el cumplimiento de sus funciones.

La CNRR enfrenta el reto de ser una Comisión que actúa en medio del conflicto. Todas las comisiones que se han creado en el mundo se establecieron en situaciones de post-conflicto. Las dificultades del proceso revierten en dificultades para la CNRR. Algunas organizaciones sociales y de derechos humanos han expresado su oposición a la CNRR, como otras, consideran la CNRR como una oportunidad para actuar en defensa de la verdad, la justicia y la reparación a las víctimas.

Una de las grandes dificultades que enfrenta la CNRR, es la falta de organización de las víctimas. La mayoría de victimas sobrevivientes son mujeres, mujeres pobres de zonas alejadas, o hacinadas en las ciudades producto del desplazamiento de la población campesina, indígenas y población afrodecendiente. La gran mayoría no han denunciado los delitos de que fueron víctimas, se encuentran en zonas donde actuaron los grupos armados, tienen temor y desconocen sus derechos.

Actualmente se realiza el mayor proceso de juzgamiento a miembros de grupos armados al margen de la ley, que se conozca en la historia de Colombia. Se han presentado 2695 personas para ser juzgadas, si comparamos con otros procesos en el mundo, 90 en Yugoslavia, 36 en Ruanda y 13 en Sierra Leona. El sistema judicial tiene grandes deficiencias institucionales para afrontar esta magnitud de juicios, lo que genera en el país grandes dudas sobre la efectividad de los procesos.

La Ley también creó el Fondo Nacional de Reparación, a través del cual los victimarios entregaran los bienes para la reparación. Se calcula que los grupos armados al margen de la ley se han apropiado de 3 millones de hectáreas y de un sin número de propiedades y bienes. Uno de los retos políticos más grandes de la CNRR, es que se implemente una política eficiente de restitución de bienes a las víctimas que sufrieron despojos. Este es otro inmenso reto que afronta el país por la carencia de mecanismos judiciales ágiles y expeditos para determinar procedencia y destino de los bienes.

  El proceso de participación, representación y acción política de las mujeres

  El movimiento de mujeres

El movimiento de mujeres en Colombia es diverso, amplio y hoy tiene expresiones en redes que se han ido agrupando de acuerdo a aspectos de interés. Entre las redes más destacadas y actuantes que agrupan cada una organizaciones de base y regionales con cubrimiento nacional están:

  1. La Red Nacional de Mujeres, nació como un proceso de incidencia política alrededor de la promulgación de la Constitución de 1991, su mayor interés es de incidencia política. Gracias a esta red en la Constitución Política de 1991 se logró una normatividad favorable con los derechos de las mujeres;
  2. La Ruta Pacifica de las mujeres por la resolución pacífica de los conflictos, es una expresión feminista, su énfasis es la movilización;
  3. La Mesa Nacional de Concertación nace como proceso de articulación de organizaciones de base y mujeres populares;
  4. La Organización Femenina Popular-OFP, es una organización de influencia muy fuerte en lo regional en el Magdalena Medio, ha logrado expansión a otras regiones y trabaja desde una concepción de autonomía de todos los actores armados y por reivindicaciones sociales y populares;
  5. La Alianza Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz-IMP, sobre la cual me referiré en detalle más adelante.

Esta descripción no pretende desconocer muchas otras organizaciones que actúan en diversos intereses, pero me atrevo a decir que estas son las redes más significativas. Muchas de las organizaciones actúan en una u otra de las redes o alianzas.

La alianza Iniciativa de Mujeres por la paz-IMP, de la cual soy su directora, surge en el año 2001, como una alianza de mujeres de organizaciones sociales mixtas, mujeres de ONG's, feministas y académicas. Es impulsada por las mujeres del Sindicato de Trabajadores de Suecia, que desde el sindicalismo nos acompañaban y que expresaron su preocupación por la ausencia de las mujeres en los procesos de negociación de paz, que en ese momento se desarrollaban con las FARC y las mujeres éramos las grandes ausentes.

Nos proponemos la disminución de los efectos del conflicto en las mujeres y lograr la participación directa, decisoria y autónoma de las mujeres en los procesos de construcción de la paz. Trabajamos con 7 sectores (sindicalistas, jóvenes, afrodescendientes, indígenas, académicas, campesinas, feministas), estamos en 23 departamentos y en 54 municipalidades. Tenemos una estrategia de incidencia política en los escenarios de construcción de la paz. Nos reconocemos como actoras políticas colectivas y referentes de opinión sobre las mujeres y la paz. Nuestro accionar ha estado marcado por la utilización de la Resolución 1325/2000 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que exhorta a los Estados miembros a garantizar la participación de las mujeres en la construcción de la paz y exige prevención y protección para las mujeres en medio del conflicto. Pactamos una alianza para la paz, las organizaciones pertenecientes no han perdido sus otras actuaciones o intereses particulares.

  Las actuaciones del movimiento de mujeres

  1. Ser visibles

La actuación de las mujeres por la paz en Colombia es un proceso que se inicia con el esfuerzo por visibilizar a las mujeres y sus afectaciones en el conflicto. Las graves violaciones contra las mujeres eran desconocidas, no se nos nombraba. En ello se inicia un proceso fuerte de hacer informes públicos, la Mesa Muier y Conflicto especialista en la elaboración de estos informes logra poner el tema. También la Ruta Pacifica en 1998 impulsa una marcha al Urabá Antioqueño en que participamos muchas organizaciones de mujeres identificadas con el objetivo de poner en la calle el tema de las mujeres y el conflicto, igualmente se lleva la marcha de mujeres a Barrancabermeja –Magdalena medio.

Los informes y las marchas en la calle, en las carreteras de Colombia, dieron valor público a la exigencia de las mujeres de considerar las mujeres y sus afectaciones por el conflicto.

En junio del 2001 las cinco organizaciones mencionadas anteriormente vimos la necesidad de juntarnos para realizar una gran marcha nacional por la paz. Convocamos a más de 40.000 mujeres, recorrimos todo el país, en buses, con pancartas, en todos los pueblos por los que pasábamos hacíamos un pequeño acto y el país se entero de la presencia de las mujeres por la paz. Nuestra consigna: "No a la guerra si a la paz, negociación ya, las mujeres paz-haran".

Aprendimos el poder político que genera la acción colectiva, la necesidad de colocar mensajes claros a la opinión pública

Esta marcha coloca a las mujeres en el escenario nacional, por primera vez reseñan los periódicos la acción de las mujeres en las primeras páginas. Logramos que todos vieran en esta marcha un movimiento de mujeres autónomo de todos los actores armados y del gobierno, trasmitimos un mensaje claro por la paz y contra la guerra. A esta marcha se unieron mujeres de todas las condiciones, mujeres organizadas y no organizadas.

A partir de allí creo que las mujeres empezamos a tomar fuerza y poder colectivo, sentimos que éramos actor político por la paz. Este proceso fue largo para lograr la concertación entre las organizaciones de mujeres, 6 meses de preparación, de pactar una declaración, de preparar a las mujeres para la movilización desde los lugares más lejanos, dos, tres y hasta cuatro días de viaje. La marcha fue respetada, no hubo ninguna agresión por parte de los actores armados en las regiones. Aprendimos el poder político que genera la acción colectiva, la necesidad de colocar mensajes claros a la opinión pública, no sólo a las mujeres, pero también valoramos que perdimos la posibilidad de incidir en las reclamaciones, nuestra exigencia era ser reconocidas, nos quedamos allí.

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Siguiente: Ser referentes de paz 

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