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Parte 3 / 3
2. Ser referentes en la paz.
En
1999 y 2000 cuando se daban los diálogos de paz con las FARC en el Cagúan,
dentro de las audiencias públicas con la sociedad civil, las mujeres de
diversas organizaciones decidimos hacer la audiencia de mujeres. Una de
las primeras experiencias para actuar juntas en escenarios de paz (en los
procesos de paz 1991 no actuamos). De ella nos quedaron varias enseñanzas,
la primera las mujeres no teníamos un discurso unificado. Llevamos 280
ponencias hablando de los más diversos temas. Alguna observadora
internacional Coroline Mosser, nos hacia caer en cuenta, ella había
escuchado toda la audiencia y después no sabia cual era el objetivo de las
mujeres, los mensajes eran múltiples.
De esta experiencia nos queda una gran enseñanza: las
mujeres no teníamos una Agenda Común. Entonces la Alianza IMP
decide convocar la primera Constituyente Emancipatoria de Mujeres por
la Paz. Iniciamos con la construcción de propuestas en todo el país,
salieron 400 propuestas para la agenda. En un proceso de construcción
colectiva de consensos, fuimos priorizando, agrupando, identificando
puntos en los que todas las diversidades estuvieran representadas.
Partimos de encontrar una palabra común "la exclusión", identificamos
cinco: la exclusión económica, jurídica, política, social y territorial.
Ello nos llevó a tener finalmente 12 propuestas plasmadas en una agenda
de mujeres por la paz.
Esta agenda se convirtió en nuestra herramienta de trabajo
desde el 2002 hasta hoy, las mujeres Ilevan la agenda a todos los
escenarios, locales, municipales y de paz. Nuestro siguiente paso era
entonces, negociar la agenda. Gran problema, las mujeres habíamos tenido
una muy buena experiencia de negociación entre nosotras, pero otra cosa
era negociar en otros escenarios mixtos, con autoridades locales, con los
partidos y en los escenarios de negociación de la paz.
3. Alcanzar la participación en escenarios de decisión
Después de tener la Agenda de Mujeres por la Paz, en el
2002 nos encontramos ante el fracaso del proceso de paz con las FARC, un
nuevo gobierno. Cerrados todos los espacios de paz, el recién elegido
presidente Uribe, implementa su política de seguridad democrática. Guerra
total a los grupos guerrilleros, detenciones masivas, política de
informantes, militarización del territorio. Nosotras nos dedicamos a
incidir con nuestra agenda en las municipalidades, a difundir la agenda
entre las mujeres, fue un trabajo muy interno, no había espacio para
actuar.
Toman fuerza las propuestas de los acuerdos humanitarios
entre las FARC y el gobierno, se realizan secuestros masivos y encontramos
allí una forma de actuar, aunque muy débil y con muy pocas probabilidades
de éxito. Hasta hoy sin resultados.
Impulsamos, exigimos y difundimos la Resolución 1325/2000
de la ONU, como único recurso que nos quedaba para actuar.
En el 2003, el gobierno abre un proceso de diálogo con las
Autodefensas Unidas de Colombia-AUC, agrupación paramilitar liderada por
Carlos Castaño Gil. El proceso se inicia con un reducido grupo de bloques,
poco a poco se fueron metiendo los otros al proceso.
Se instala formalmente una mesa de negociación con los
jefes paramilitares, en un lugar del departamento de Córdoba
llamado Santa Fe de Ralito.
La Alianza IMP, entra en un proceso de debate interno,
¿participamos?, ¿cómo?, ¿con quién?, ¿ante quién? Fue así como nació la
Mesa Nacional de Incidencia por el Derecho a la Verdad, la Justicia y la
Reparación con perspectiva de Género, como una estrategia de interlocución
política pública. No podíamos participar directamente, se estaba en
conversaciones con un actor armado que no tenía estatus político.
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Empezamos a
trabajar con las victimas, a encontrarlas, a conocer de cerca a
aquellas mujeres que hablan estado silenciadas por
años, con sus dolores guardados |
Decidimos entonces incidir desde afuera, pero incidir.
Empezamos a trabajar con las victimas, a encontrarlas, a conocer de cerca
a aquellas mujeres que hablan estado silenciadas por
años, con sus dolores guardados. Creamos un espacio denominado las
AGORAS por el derecho a la verdad, la justicia y la reparación, fuimos las
primeras en poner el tema de las víctimas y de sus derechos. Decidimos
hacer seguimiento a ese proceso con informes en las zonas donde se estaban
desmovilizando los paramilitares. Las mujeres llegaban
llenas de miedos, no hablaban. Tuvimos que
dotarnos de mucho material pedagógico, videos, cartillas con las cuales
pudiéramos abrir un poco el dialogo. Llegaban pocas.
Nos propusimos documentar casos. Las mujeres no han
denunciado sus casos, siempre hablan de lo que les paso a los otros, lo
que les paso a las conocidas, a los vecinos. Nunca de ellas, de sus
vivencias.
En el 2004 se da el debate de la ley de justicia y paz,
este debate culmina en junio del 2005 con la expedición de la Ley 975.
Dentro de la estrategia de incidencia, la alianza IMP con la Red Nacional
de Mujeres, se proponen intervenir en el debate público de la ley.
Logramos introducir con una fuerte acción de cabildeo artículos en la ley,
contemplados en los estándares del Estatuto de Roma: protección a victimas
y testigo; excepción a la publicidad del juicio; atención a necesidades
especiales; la Participación de dos mujeres en la Comisión Nacional de
Reparación y Reconciliación–CNRR y medidas para la facilitar el acceso a
los archivos.
Expresamos nuestras criticas hacia la ley, hicimos
declaraciones públicas, asistimos a todos los debates, pero finalmente la
ley fue aprobada y hoy esta vigente. Fue sometida a control constitucional
por parte de la Corte Constitucional que le introdujo aspectos
fundamentales en el derecho de las victimas, tumbo el articulo que
declaraba al paramilitarismo delito político. Esta ley es hoy con el fallo
de la corte un instrumento para trabajar en el derecho a la verdad, a la
justicia y a la reparación.
Producto de este trabajo las mujeres de IMP fueron
llamadas en cabeza mía a participar en la CNRR,
conjuntamente con Ana Teresa Bernal, una mujer que pertenece a los
movimientos de paz y dirige la Red de Iniciativas de Paz y Contra la
guerra-REDEPAZ, organización mixta.
En medio de mucha precariedad, logramos la participación
de las mujeres en el único escenario de paz, que existe hoy como instancia
institucional y creada por ley para la participación de la sociedad civil
para la construcción de la paz.
4. Mujeres en acciones de resistencia y trabajo por la paz
Muchos
son nuestros acumulados como movimiento de mujeres por la paz. Desde las
comunidades, grupos de mujeres han trabajado la resistencia a la guerra.
En las comunidades se han organizado para quitarle los hijos e hijas a los
armados cuando se los llevan en reclutamiento
forzado, participan de todas las marchas de las comunidades en resistencia
a la guerra, han liderado programas de retorno, las mujeres son mayoría en
las organizaciones de paz.
En Colombia durante la última década se han creado "comunidades
en resistencia, comunidades de paz, territorios de paz", todas estas
son estrategias organizadas que han dicho no a la guerra, buscan ser
expresión de autonomía de los actores armados. En estas experiencias las
mujeres han jugado un papel importante de liderazgo y sobrevivencia de las
mismas.
5. Trabajo en verdad, justicia y reparación desde las
mujeres
La verdad desde las mujeres: La verdad debe
construirse con la verdad contada, relatada y dicha por las mujeres. Desde
las organizaciones de mujeres hemos realizado ya varios esfuerzos por
construir memoria. Uno de los elementos que queremos rescatar es la
subjetividad, desde la forma y las apreciaciones sobre los hechos que
tenemos las mujeres siendo esta diferente a la de los hombres. Ahora en el
contexto de la CNRR, queremos que en los informes de verdad judicial e
histórica, la verdad contada y vivida desde las mujeres sea un asunto
visible, escrita por nosotras y en nuestras formas de relatar.
La Justicia de Género: Como elemento prioritario para
nuestro trabajo esta el acceso a la justicia por parte de las mujeres, nos
encontramos con un sistema judicial hecho por hombres, ideado y ejecutado
en su lógica. La actuación en las sentencias esta mediada por la
valoración de la gravedad de los delitos. Los delitos cometidos contra las
mujeres son "delitos menores". Otro asunto esta relacionado con el
comportamiento de los operadores de justicia, la forma como indagan y la
importancia que ellos le dan a los delitos cometidos contra las mujeres.
Los delitos contra las mujeres en medio del conflicto, ya decíamos antes,
son los menos denunciados. Además el trabajo con las víctimas mujeres
pasan por superar la situación de vergüenza que ella siente frente a su
familia o a su comunidad, estos delitos son escondidos por ellas y tenemos
casos en los cuales las mujeres han tenido que abandonar sus familias y
comunidades después de masacres y graves violaciones, en las que las
mujeres han sido violadas.
En la reparación: ¿Cómo logramos que en la reparación
se asuman todas las afectaciones de las mujeres? ¿Cómo ser sujetas de
reparaciones, si ya nos cuesta valorar los delitos y daños contra las
mujeres? Sin embargo, estamos trabajando muy fuerte con grupos para
generar propuestas en este tema y Ilevar a la CNRR políticas públicas en
esta materia. Nuestro interés se centra en dos aspectos: uno: políticas de
reparación que logren superar situaciones estructurales, partiendo de que
en situaciones de conflicto la discriminación contra las mujeres se
acrecienta; y dos en políticas que tengan en cuenta daños específicos
desde la condición de mujeres y desde la condición o posición que han
ocupado en la comunidad.
La no repetición como aspecto fundamental tiene que ver
con medidas de reparación que tengan reformas estructurales para que la
violencia contra las mujeres sea superada estructuralmente.
Conclusiones
Hemos aprendido que:
- El movimiento de mujeres es una fuerza colectiva o poder
colectivo, que debe ser visible en cada uno de nuestros países y en
el mundo, desde una posición contra la guerra y la solución no violenta
de los conflictos sociales, políticos, económicos, étnicos y religiosos.
- La importancia de construir alianzas, entre los movimientos y
organizaciones de mujeres, con otros movimientos mixtos y con mujeres
funcionarias públicas con las que podemos hacer causa común.
- Hemos aprendido a pactar entre nosotras, a Ilegar a consensos,
a buscar acuerdos para unificar intereses cuando nos presentamos ante
los otros.
- Llegamos a la conclusión de la importancia de agendas comunes,
priorizadas, claras y sencillas.
- Tenemos el gran reto de construir un modelo de negociación,
en el que podamos actuar, ahora estamos actuando en modelos de
negociación masculinos, patriarcales. Si las mujeres somos las más
afectadas por los conflictos, ganar la representación en los escenarios
de paz, significa poder transformar estos.
- Asumimos que la incidencia política es una de las estrategias
de mayor importancia.
Muchas gracias
Octubre de 2006
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