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Este trabajo constituye un fragmento
del ensayo "El papel de la justicia en los procesos de reconciliación"
publicado en la
Revista Universitas del Insituto de
Derechos Humanos "Bartolomé de las Casas", de la Universidad Carlos III de
Madrid.
La reconciliación en su sentido más amplio es un proceso
complejo que se construye a partir de diversos factores y etapas, pero
desde un punto de vista minimalista puede ser también entendido como
conformidad o aceptación de aquello que ya existe. Este elemento de
conformidad a menudo olvidado y sin embargo fundamental en las políticas
de pacificación captura la idea de aceptación voluntaria de lo que no
resulta lo ideal o lo esperado y sin embargo se acepta tras una serie de
mecanismos de negociación.
Existe además una noción de reconciliación que incluye
elementos tales como la comparación y correlación de historias. Desde este
punto de vista, el proceso de reconciliación logra un estado de equilibrio
entre diferentes versiones acerca de lo acontecido de modo que éstas al
menos no resulten irremediablemente incompatibles o irreconciliables.
En tercer lugar existe la idea de reconciliación entre
contrarios a partir de la construcción de puentes entre diversidades. En
esta noción de reconciliación aparece ya la posibilidad de intercambiar
intereses y crear oportunidades que antes eran inaccesibles.
Finalmente, la visión más radical de reconciliación y la
que aquí nos interesa es aquella que sitúa el proceso en el
establecimiento de relaciones entre antiguos enemigos. Según Donna
Pankhrust, durante el proceso al que se refiere esta noción, el antiguo
enfrentamiento entre contrarios es dejado atrás y un nuevo espacio
emocional es creado con el objetivo de regenerar nuevas relaciones
1 .
Este proceso suele darse habitualmente entre individuales
de pequeños grupos tales como familias o pueblos en los que las relaciones
personales han sido intensas. Sin embargo, la reconciliación entre grupos
más grandes, incluso naciones, es también posible si partimos de la
posibilidad de reabrir relaciones diplomáticas a través de gestos
simbólicos tales como la expresión formal de arrepentimiento, el esfuerzo
por crear instituciones comunes o la promoción de intercambios culturales
entre otros.
Cada una de estas cuatro nociones de reconciliación se
ajusta respectivamente a cada una de las diferentes fases por las que pasa
la escalada y desescalada del conflicto en sí mismo. Así, los tres
primeros significados de reconciliación, aún sin
alcanzar el carácter definitivo del cuarto, son igualmente imprescindibles
en las etapas que van desde la violencia y polarización de diferentes
elementos del conflicto al manejo pacífico de contradicciones y la
normalización de relaciones.
El proceso de
reconciliación como factor fundamental en la resolución de conflictos
Es importante recordar que la reconciliación constituye un
importante campo de análisis en torno al cual se han desarrollado
diferentes teorías que examinan las sucesivas etapas del proceso de
reconciliación bajo una perspectiva de resolución de conflictos. Este
enfoque que tiene en cuenta ambas dimensiones se conoce por lo que Mervyn
Love denomina "la construcción de la paz a través de la reconciliación" (peacebuilding
through reconciliation) 2 .
Expertos en la resolución de conflictos han desarrollado
importantes teorías en el terreno de la reconciliación desde hace algunos
años. Destaca particularmente entre estas contribuciones la de Joseph
Monteville, quien a través de su trabajo en mediación política ha
desarrollado un enfoque hacia la reconciliación basado en una estrategia
de tres etapas a la que denomina "contrición negociada y perdón"
3 .
| Un enfoque psicosocial
de la reconciliación sostiene la necesidad fundamental está en el
reconocimiento de los daños del pasado |
Kelman por su parte ofrece un método comparable para
transformar la relación entre antiguos enemigos 4
; Lederach, desde un enfoque más teológico encuentra su inspiración en el
Salmo ochenta y cinco para señalar que la reconciliación es el lugar común
en el que la verdad, la misericordia, la justicia y la paz se encuentran
5 ; Kriesberg ve también en la verdad
(revelación, transparencia y reconocimiento), la justicia (restitución) y
la misericordia (aceptación, perdón, compasión y curación) los principales
ingredientes de un proceso de reconciliación real y duradero
6.
Desde un enfoque más psicosocial, Volkan sostiene que la
necesidad fundamental está en el reconocimiento de los daños del pasado.
Dicho reconocimiento permite a las víctimas comenzar a moverse desde la
rabia y el odio hacia la aceptación primero de la pérdida y finalmente del
otro, incluso siendo el otro su antiguo enemigo
7.
Todos estos enfoques tienen en común el establecer
diferentes etapas sucesivas durante el proceso de reconciliación: el cese
de la violencia, la superación de la polarización, el manejo de las
contradicciones y por último la aceptación de la diferencia.
• El cese de la violencia como principal condicionante
del proceso
El primer requisito para iniciar cualquier tipo de proceso
transicional es la llegada a un punto desde el cual se pueda garantizar al
menos que la vuelta a la violencia es una circunstancia remota e
improbable. Resulta muy complicado avanzar en este tipo de proceso si las
partes que lo protagonizan sienten todavía su seguridad amenazada. Por
este motivo la reconciliación es en principio más fácil de iniciar tras
decisivas victorias o derrotas como la de Japón o Alemania tras la Segunda
Guerra Mundial. Los "perdedores" en este caso sienten una necesidad más
imperiosa de reconciliarse con el enemigo ya que las circunstancias son
inevitables, mientras que los "vencedores" en su situación preponderante
no encuentran tampoco grandes obstáculos para iniciar dicho proceso.
Esta dinámica nos explica por qué el espacio creado para
la reconciliación en la Sudáfrica del post-Apartheid, por ejemplo, fue
mucho mayor a aquél que se creó en Bosnia tras los acuerdos de Dayton o en
Kosovo cuando estaba todavía sin decidir la cuestión del status final. En
estos dos últimos no se concebía aún una derrota o una victoria de forma
clara, por lo que los miedos, las amenazas y las desconfianzas estaban
todavía vigentes. Si resulta complicado reconciliarse con el enemigo
vencido, y aún más complicado reconciliarse con el enemigo vencedor,
parece del todo imposible reconciliarse con un enemigo que todavía es
percibido como una amenaza real e inmediata.
• La superación de la polarización y la conciliación de
posturas opuestas
En la segunda etapa que constituye la superación de la
polarización, los esfuerzos recaen en el intento de combatir la
diferenciación radical de posturas opuestas durante el desarrollo del
conflicto.
| Debe conseguirse
que las presiones e intereses políticos por demonizar al enemigo
pierdan fuerza |
Un proceso auténtico de reconciliación no puede llevarse a
cabo si las visiones deshumanizadoras del enemigo continúan presentes y
las mutuas convicciones discriminatorias ampliamente extendidas. Entramos
aquí en el terreno de la conciliación de las versiones de los hechos
acontecidos y de la reestructuración de identidades colectivas. En dicho
terreno debe conseguirse que las presiones e intereses políticos por
demonizar al enemigo pierdan fuerza y se sustituyan por un sentimiento
compartido que admita las trágicas pérdidas de ambas partes del conflicto.
La necesidad fundamental en esta etapa es por tanto la
humanización del otro visualizado como enemigo. El factor principal del
que depende dicha necesidad es el papel de las elites políticas o medios
de comunicación creadores de opinión pública.
• El manejo de las contradicciones
Durante esta tercera etapa del proceso de reconciliación,
la dinámica entra definitivamente en el ámbito de la transformación en
cuanto que los esfuerzos se concentran en reconstruir las fuertes
diferencias mediante acuerdos estructurales de naturaleza principalmente
política y económica.
Estas transformaciones, enormemente complejas, deben
garantizar que aún siendo remota la posibilidad de reparación a nivel
individual, al menos la satisfacción de las necesidades básicas (de tipo
material y no material) se incrementará a través de medidas inclusivas que
afecten tanto a la representación y participación política como a la
distribución igualitaria de recursos económicos y de oportunidades.
El espacio para la reconciliación será mucho mayor si los
individuos perciben que sus necesidades serán satisfechas de un modo más
eficaz. El factor decisivo para superar exitosamente esta etapa será el
carácter de las medidas adoptadas de cara a las transformaciones
estructurales que requiere la sociedad en cuestión.
• La aceptación de la diferencia
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Sólo aceptando las diferencias es que se puede considerar que un
estado de verdadera reconciliación ha sido alcanzado. |
Sólo superando esta cuarta y última etapa se puede
considerar que un estado de reconciliación verdadero ha sido alcanzado. Se
entra aquí en la etapa de la expiación y el perdón, la cual exige actos
formales de reconocimiento y un acuerdo general acerca de la necesidad de
concentrarse en un futuro a compartir más que en un pasado de divisiones.
Esta etapa exige además altos niveles de mantenimiento y
construcción de la paz que vayan desde la revisión de las versiones
oficiales acerca de los hechos acontecidos hasta la pluralización en el
sistema educativo que permita crear un mínimo acuerdo en la memoria
colectiva de todos los individuos. Las identidades en este momento se
transforman como producto del entendimiento y de la concepción del otro
como ser humano.
No es común que se llegue a alcanzar esta etapa; quizás
ciertos individuos de carácter extraordinario puedan llegar hasta ella,
pero es bastante dudoso que sociedades enteras puedan disfrutar de la
absoluta y real reconciliación que caracteriza la auténtica superación de
diferencias.
Dificultades en el proceso de reconciliación
Entre la separación y la fusión de identidades
Después de evaluar las diferentes etapas que caracterizan
a un proceso de reconciliación se hace evidente que dicho proceso es largo
y tortuoso. De hecho, no existe la posibilidad de plantearse una eventual
reconciliación en las etapas tempranas que siguen al final de un
conflicto, sea de la naturaleza que sea. Esto sería incluso
contraproducente, pues los individuos y las sociedades fuertemente
traumatizadas no están aún preparados para el entendimiento y la calma que
se requiere para ello.
Esta imposibilidad de iniciar un acercamiento en las
primeras etapas del periodo de posconflicto choca con la llamada
"hipótesis de contacto" en resolución de conflictos, la cual señala que a
mayor contacto entre partes enemigas mayor espectro para la resolución
8 . Un gran número de autores rechazan esta
teoría, y al contrario, defiende que en lo posible unas buenas barreras
crean unos buenos vecinos:
"Numerosos datos avalan la hipótesis según la cual la
separación de grupos es el elemento clave para acabar con las guerras
civiles de origen étnico. No existe un sólo caso en el que las políticas
de carácter no étnico fueran creadas o restauradas a través de
identidades étnicas o coaliciones de poder compartido".9
Algunos autores como Northrup defienden que lo que
requiere básicamente el inicio de un proceso de reconciliación es la
eventual redefinición de la identidad del otro frente a la de uno mismo,
de modo que el sentido de "nosotros" remplace el de "nosotros vs. ellos"
10 .
Dado el desequilibrio existente entre fronteras de los
estados y distribución geográfica de los pueblos, no parece que la
separación física de los grupos sea la mejor estrategia a seguir, ni
siquiera que ésta sea posible. Además, la creciente interdependencia de un
mundo en proceso de globalización hace pensar que, cualquiera que sea la
conclusión extraída de la "hipótesis de contacto", individuos y grupos,
incluidos aquellos que han mantenido una relación enemiga, deben en la
mayoría de los casos aprender a contener sus diferencias y vivir juntos.
La clave estaría precisamente y como se indicaba antes en la
transformación de las identidades básicas, lo que implica indudablemente
de nuevo un largo y complicado proceso.
La superación del trauma provocado por las atrocidades
del pasado
| Alcanzar el estado en el que se salven diferencias y se
restauren confianzas requiere una capacidad que sobrepasa las
posibilidades de una sociedad que se encuentra aún en el periodo
inmediatamente posterior al de violencia directa |
La parte de la cuestión que se refiere a la convivencia de
antiguos enemigos, la gran dificultad desde una perspectiva de resolución
de conflictos llega cuando el conflicto ha escalado de tal modo que las
fases de diferencia, contradicción, polarización y violencia han sido
superadas y se ha llegado a un punto en el que se cometen enormes
atrocidades y se infringen grandes daños. Tras semejante contexto y
circunstancias el proceso de reconciliación se enfrenta a tremendos
desafíos de cara a ajustar cuentas con el pasado y a preparar el terreno
para el futuro. Uno de estros desafíos viene dado por la dificultad de
elaborar el trauma. Según Michael Ignatieff, la elaboración del trauma
supone reconocer que éste ha quedado atrás, sustituir la simultaneidad
psicológica por una secuencia pasado-presente e ir desalojando poco a poco
el lastre de agravio y de resentimiento que nos mantiene apegados al
pasado 11 . Este proceso se hace enormemente
complicado si tenemos en cuenta el gran alcance de la violencia durante el
conflicto.
Demasiados hechos acontecidos, demasiadas relaciones
rotas, demasiadas normas violadas, demasiadas identidades distorsionadas y
demasiados traumas acumulados. Alcanzar el estado en el que se salven
diferencias y se restauren confianzas requiere una capacidad que sobrepasa
las posibilidades de una sociedad que se encuentra aún en el periodo
inmediatamente posterior al de violencia directa.
"Aquellos individuos que han sufrido un periodo de
violencia intensa saben lo difícil que es sentarse en una misma mesa
junto al adversario. Es probable que ellos adviertan: ‘no podemos
negociar porque despreciamos demasiado a la otra parte. Han matado a
nuestros hijos, violado a nuestras mujeres y devastado nuestras
comunidades’" 12 .
Por otro lado, los efectos "invisibles" de las guerras de
carácter psicosocial son a menudo más difíciles de tratar y rectificar que
los efectos físicos a materiales:
"Las principales víctimas de una guerra suelen ser las
mujeres y los niños. Sin haber perdido la vida o sus extremidades, se
encuentran profundamente traumatizados de una forma que no se percibe
fácilmente. Las víctimas de la violencia no pueden volver a sus vidas
del día a día como si nada hubiera ocurrido. Como sabemos, en la antigua
Yugoslavia, la verdadera "paz" está aún por llegar para la mayoría de
las víctimas. Por este motivo, la atención psicosocial merece un lugar
prioritario en los programas de ayuda humanitaria"
13 .
Ya sea apropiado o no la aplicación del enfoque occidental
hacia el desorden de stress post-traumático (PTSD) en sociedades no
occidentales 14 , el punto esencial desde la
perspectiva de la resolución de conflictos y la reconciliación consiste en
que, como explica Patrick Barren, la transformación psicológica venga
siempre acompañada de acciones reconciliadoras a través de las cuales el
proceso completo de la resolución del conflicto sea alcanzado
15 .
Evidentemente, en muchos casos es posible que la víctima
no supere nunca el trauma de semejantes daños y pérdidas. Sin embrago,
mediante la implantación de programas centrados única y concretamente en
la atención psicosocial a las víctimas se debe insistir en esta necesidad.
Antes de alcanzar el punto a partir del cual sea posible iniciar el
proceso de reconciliación es preciso para grupos e individuos asimilar
injusticias y reponerse del trauma en la medida de lo posible, es
necesario afrontar el pasado de forma que se aclare el terreno presente de
cara a la construcción de un futuro en común.
16 Indudablemente, y como veremos a
continuación, tal necesidad supone un enorme desafío añadido al que ya
suscita la administración de la justicia en este tipo de contextos.
Notas
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