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ISSN 1913-6196

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  La lucha contra la corrupción: una ojeada al pasado y una mirada al futuro

Entrevista

Entrevista a  Jaime López de la Red Probidad

Parte 1 / 2

Jaime López nació en El Salvador y pudiéramos considerarlo, sin lugar a dudas, un centroamericano de pura cepa. Radica actualmente en Nicaragua, si bien viaja con frecuencia a Honduras y a su país natal. López trabaja en la lucha contra la corrupción desde hace cerca de 10 años. En un inicio, desde posiciones gubernamentales en El Salvador, en particular en las reformas constitucionales y la promoción de nuevas leyes, y luego desde la sociedad civil. Ha sido uno de los principales impulsores de la Red Probidad, una red facilitadora de la probidad y la lucha contra la corrupción, cuyos métodos son el diálogo, la cooperación y las alianzas entre actores de diversos movimientos y territorios.

Jaime López es un comunicador incansable de varios medios alternativos, en especial de la Revista Probidad.

Lo fundamental -lo que indiscutiblemente resultaría más efectivo-, en la lucha contra la corrupción es encontrar como limitar la concentración de poder.

¿Cuál ha sido el principal éxito de la revista Probidad durante todos estos años?

Creo que desencuadrar las creencias que hay sobre la lucha contra la corrupción. Realmente considero que los grandes programas que hemos hecho en los países no han dado todos los resultados esperados, y eso se debe -según mi opinión-, a que no han sido realistas, ni muy objetivos.

¿Qué quieres decir?

Hay mitos de que los problemas de corrupción
 se resuelven con "freír al pez más gordo"

Se han hechos programas de aprobación e implementación de nuevas leyes, de reorganización de nuevas oficinas, pero que no ha tenido como base del trabajo, un entendimiento más realista del problema de la corrupción. Se han realizado muchos esfuerzos por salir adelante, pero, en ocasiones, no se tuvo la visión general.

Hay como… mitos. Sí, eso es: mitos. Por ejemplo, que los problemas se resuelven con "freír al pez más gordo". Es decir, se enfocaban casi todos los esfuerzos en los aspectos judiciales. El rumbo se concentraba en el sistema judicial, y lo que ha pasado entonces es que se levantan procesos judiciales en medio de gentes que son muy, muy corruptas y se termina distorsionando el proceso. Al final, se acaba con una "cacería de brujas", o en otros casos, con una total impunidad. Con esos resultados, no le quepa la menor duda, no se favorece mucho a la lucha contra la corrupción.

¿Entonces piensas que la implantación de leyes contra la corrupción no es suficiente?

No, definitivamente no es suficiente. Hay que trabajar en todo el sistema en su conjunto.

Pero, si tuviera que proponer una sola acción para prevenir la corrupción, ¿cuál sería su propuesta?

En lo que estamos trabajando ahora: rediseñar o reconfigurar las relaciones de poder. Sé que suena bien abstracto, pero es un principio que puede ser aplicado en cualquier institución, en cualquier instancia que produzca leyes o bienes comerciales. La idea central es identificar en que áreas hay altas concentración de poder, y entonces abordar y hacer el compromiso de ver como se puede reconfigurar esta relación. Por ejemplo, las relaciones podrían ser entre el gobierno y organizaciones privadas. Si ésta relación no puede ser reestructurada, se podría concluir que no hay condiciones para llevar adelante una lucha contra la corrupción.

Lo fundamental -lo que indiscutiblemente resultaría más efectivo-, en la lucha contra la corrupción es encontrar como limitar la concentración de poder

Pero, ¿cuál es la esencia de estas acciones?

Lo fundamental -lo que indiscutiblemente resultaría más efectivo-, es encontrar como limitar la concentración de poder. Hay distintos enfoques en como encarar una lucha adecuada de separación de poderes. Hay que trabajar este tema desde conceptos diferentes: acceso a la información, a la producción de información, y también a establecer mecanismos en los que los diferentes sectores tengan un interés común; ya sea en programas o proyectos, pero que la gente pueda participar y ser parte activa en la toma de decisiones.

Hay algunas opiniones de que la corrupción es parte ya de la cultura latinoamericana, como una especie de fatalismo geográfico y que no hay nada que resuelva esa situación. Se dice que incluso forma parte del lenguaje popular, en México le llaman "la mordida", o en Cuba "resolver" ¿Qué crees?

La corrupción, en efecto, ha estado y estará presente en nuestra sociedad. La corrupción es algo inherente al poder, al ejercicio del poder, y como todas las cosas de la vida tienen su ciclo. Cuando uno constituye una institución, un grupo, o un fondo, pues puede que empiece a funcionar bien, llegar a su punto culminante y luego comienza un período de decadencia y de regeneración; así han funcionado las cosas hasta ahora. No es de extrañar que la corrupción siga estando presente en nuestras sociedades. Es una lucha extremadamente difícil porque intervienen muchos factores. Y en efecto se genera una visión fatalista, pero si echas una mirada hacia cosas particulares, cercanas, como un hospital, o la escuela en donde tenemos a los niños, o el centro de trabajo, y uno comienza a revisar lo que se puede hacer, siempre sale una lista larga de acciones que efectivamente se pueden hacer. Ahí es donde se recupera el sentido de esperanza, por ahí recomiendo emprender los esfuerzos. Si decimos que vamos a cambiar el país, vamos a terminar frustrándonos, sin saber por dónde empezar. Pero si decimos que vamos a cambiar cosas en la escuela donde van nuestros hijos, seguramente que vamos a tener cosas concretas que hacer, y en muchas de esas, puedo asegurar que vamos a tener éxito. Este sería un buen empezar para recuperar la esperanza.

Se dice que has cuestionado los paradigmas que se han usado hasta ahora en la lucha contra la corrupción ¿Cuáles paradigmas has puesto en tela de juicio?

El poner énfasis en una sola persona lo que ha hecho es quitar el foco de atención en la concentración de los poderes

El primero es el que ya mencioné: "freír al pez más gordo". El problema con este enfoque es que se pone todo el énfasis en una sola persona, y los casos de corrupción, definitivamente, no son problemas de una sola persona. Son redes de personas y de instituciones que intervienen y participan. El poner énfasis en una sola persona lo que ha hecho es quitar el foco de atención en lo que mencionaba antes: la concentración de los poderes. Desmontar o reorganizar esas redes de poder y llevar adelante reformas estructurales sería un mejor enfoque que el de "freír al pez más gordo". Puedo mencionar, como ejemplo, un proceso en Perú que seguramente va a generar miles de reportajes como es el caso del ex-presidente Fujimori y va a iniciar sonados procesos judiciales, pero habría que preguntarse ¿qué reformas se han hecho para evitar que ese proceso corrupción se repita? Otra interrogante: ¿estas reformas están siendo efectivas? Este enfoque es algo que no aparece mucho en la prensa.

La corrupción es una cadena en la que además de funcionarios, participan empresarios, banqueros que se prestan a la lavar el dinero, abogados que ayudan a limpiar las evidencias, prestanombres que quedan como depositarios de los bienes defraudados u ONG que ayudan a desviar los fondos.

Otro paradigma es que realmente se tiene una visión de que la corrupción sólo ocurre en el gobierno o en las altas esferas del poder. En realidad, la corrupción es una cadena de sucesos que atraviesa varios sectores, empieza con fallas pequeñas que van desencadenado procesos de corrupción más grandes. En cualquier caso de corrupción esto es claro, además de funcionarios, participan empresarios, banqueros que se prestan a la lavar el dinero, abogados que ayudan a limpiar las evidencias, prestanombres que quedan como depositarios de los bienes defraudados u ONG que ayudan a desviar los fondos.

Por otro lado, en América Latina está presente la cultura del caudillismo. Y cuando hay líderes con una conducta impropia sólo se dice "¡qué corrupto!" Pero se pierde de vista de que en la base, estos líderes cuentan con un apoyo de una parte importante de la población, y los apoyan precisamente porque a través de relaciones clientelares logran satisfacer, por ejemplo, el acceso a servicios sociales. Servicios que a la larga son un derecho de la población, pero con esos pequeños actos se crea una relación clientelar que a la larga favorece a la figura de ese caudillo.

Otro de los paradigmas en la lucha contra la corrupción es considerarla como un problema en sí mismo cuando no es así. Existe una relación intrínseca entre la lucha contra la corrupción y los derechos humanos. Por ejemplo, si hay violación de los derechos humanos, desde la falta de servicios médicos, medicamentos, consultas especializadas, o acceso a la información, hay entonces un problema de fondo que puede generar el fenómeno de la corrupción. Es decir, luchar contra los hechos de corrupción inmediata o cotidiana, efectivamente es un hecho importante; pero un tratamiento de conjunto sería abordar los problemas que tienen que ver con los derechos de las personas, o con la transparencia de la gestión y de la información. En resumen, lo que tiene que ver con establecer contrapesos o separación adecuada de poderes serían medidas que rebasan, que trascienden, lo que hasta ahora se ha abordado en la disciplina de anticorrupción. A mediano plazo, darían mejores resultados.

Además podría mencionar -y tiene mucho que ver con lo que está pasando en la actualidad-, los problemas de corrupción con el comercio ilícito y el crimen organizado. Seguimos poniendo nuestro ojo en realizar reformas en los gobiernos, cuando hay otro montón de problemas como el narcotráfico, la trata de personas, la venta ilegal de armas o la evasión de impuestos, que no se aprecian directamente como corrupción.

En esencia pudiera resumir que lo que tenemos que hacer es replantear el problema y tratar de ver nuevamente el bosque, y a partir del bosque tener una mejor idea sobre cuales son las áreas más adecuadas de intervención.

Me percato de la importancia de este enfoque integral, pero temo que es algo muy complejo y hasta pudiera ser catalogado por algunos de utópico esto de reorganizar el poder o luchar contra el narcotráfico…

Sí, efectivamente es complejo, pero no utópico. La realidad es que yo trabajo en lo local, en el municipio, en las zonas rurales, y estas personas precisamente se enfrentan a esta complejidad de problemas. Por citar un caso, he estado algunas veces en la frontera entre Hondura, Guatemala y El Salvador. Es una zona de contrabando, donde hay militares muy fuertes y gentes metidas hasta el cuello en el contrabando, en el narcotráfico, y también autoridades policiales que están involucradas. Si yo llego allí, a la gente que vive en estos territorios, con un discurso de "miren, lo que vamos a hacer aquí es un programa de reforma, de transparencia local", seguramente que no voy a ayudar mucho. Es decir que a la hora de analizar los problemas, hay que tener en cuenta las diferentes aristas de la realidad del territorio. Localmente, estas acciones se vuelven en algo muy concreto: nombres y apellidos, y relaciones de poder específicas. Y se logran resultados. Entonces uno puede decidir mejor donde va a invertir la energía. Obviamente, nadie va a resolver un problema que desborda sus capacidades, pero teniendo un mejor entendimiento del conjunto uno puede optimizar lo que efectivamente se puede hacer y no perder el tiempo y esfuerzo en un proceso judicial que muchas veces no te lleva a nada, porque hay mucha impunidad, o porque las personas con las que estas tratando son demasiado poderosas. Creo que las energías podrías invertirla en una medida específica, como dar más acceso a información, o más oportunidad de participación en las decisiones de la localidad. Aunque por otra parte entiendo, que estas medidas no tienen el mismo efecto inmediato, pero a largo plazo puede resultar mucho más útil para la población.

¿Qué importancia tienen la libertad de información, expresión y asociación para controlar la corrupción? ¿Puede una sociedad económicamente liberal pero políticamente totalitaria controlar los procesos de corrupción?

La libertad de información, expresión y asociación es fundamental para controlar la corrupción

La libertad de información, expresión y asociación es fundamental para controlar la corrupción. Si seguimos con el enfoque que lo principal es reestructurar las concentraciones de poder, entonces efectivamente podemos afirmar que para evitar esas concentraciones de poder una de los aspectos esenciales es la libertad. Para tener discernimiento de elección es fundamental la información. Por ejemplo, cuando hacemos análisis en asuntos financieros, o las regulaciones sobre centros comerciales, nos damos cuenta de que estos sistemas de control no pueden funcionar porque no hay mecanismos efectivos para que la gente puedan informarse, o puedan presentar una queja o un reclamo, o puedan ser escuchadas a la hora que se va a tomar algunas de las decisiones. Dicho en otras palabras, a la hora de analizar riesgos o áreas vulnerables a la corrupción, se pueden detectar fácilmente comprobando cuál es el estado de estos derechos. Y si no hay garantías suficientes para que estos derechos puedan ser ejercidos, aun cuando no se hayan dado casos de corrupción, uno puede concluir que esta área tiene un alto riesgo de corrupción.

Usted afirma que la corrupción viene de la concentración y el abuso del poder ¿Cómo frenar los abusos del poder?

Lo único que ha inventado la humanidad hasta ahora es separar poderes: dividir y hacer un juego de contrapeso. No es una garantía absoluta pero es lo único efectivo que se ha inventado hasta ahora. Esto tú lo ves, por ejemplo, a nivel de las grandes estructuras: la clásica separación de poder entre lo judicial, lo legislativo y el ejecutivo; y también a nivel práctico, por ejemplo, en el manejo de una cuenta bancaria, asegurarse de que la persona que autoriza no es la misma que se registra, no sea la misma que haga el cheque, y de esa forma pues logramos establecer algún tipo de contrapeso. Pero si a la separación de poderes agregamos las medidas de transparencia: de que la información sea pública, y cualquier persona pueda estar pendiente y pueda poner la señal de alerta de que algo está pasando, pues entonces se multiplican las posibilidades de éxito en la lucha contra la corrupción.

En la lucha contra la corrupción es común el uso de los discursos moralistas: lo bueno y lo malo. Es común que en las campañas políticas se acusa a un bando o al otro de ser más o menos corrupto. En realidad esos discursos no agregan mucho a la efectividad de la lucha contra la corrupción. Lo verdaderamente importante no es si el gobierno, o quien este haciendo la función está involucrado en procesos de corrupción. Lo que resulta fundamental es saber si el poder está realmente separado, -y no sólo simbólicamente, sino en la realidad-, o sea si las diferentes áreas de poder están efectivamente separadas, si son realmente independientes, y si hay un juego adecuado de contrapeso entre ellas.

He leído con mucho interés todos los trabajos que ha publicado a lo largo de varios años en la revista Probidad. Voy a citar a algunas afirmaciones que has hecho y quisiera que las comentaras para los lectores de Futuros:

El objetivo no es subir en hombros a nuevos líderes y gastar energías en llevarlos al poder. Se trata de controlar a los líderes, sin importar quienes sean los mandatarios de turno.

Para mi tiene mucha actualidad, particularmente ahora que en América Latina se habla de un giro a la izquierda. Creo que en nuestras sociedades se está cayendo en el error de pensar que el problema de la corrupción está asociado a quienes han dirigido los países. Pero suponer que por cambiar de bando las cosas van a cambiar, es un pensamiento demasiado simplista. Como se diría: "si ya probamos con la derecha, ahora vamos a probar con la izquierda"; o viceversa, en algunos países: "si ya probamos con la izquierda ahora vamos a probar con la derecha". Pero las cosas no van a cambiar si los niveles de concentración y los niveles de opacidad del poder siguen siendo los mismos. De hecho en algunos casos lo que se logra es que esos niveles de opacidad y de concentración se eleven, con lo cual, inevitablemente, suben los niveles de corrupción.

La respuesta a qué tipo de controles ciudadanos existen en la lucha contra la corrupción es una pregunta básica. ¿Va a haber libertad de expresión? ¿Va a haber libertad de información? ¿Va a haber libertad de discernir? ¿Si o no?

Si logramos entender de que no se trata de un problema moral: buenos o malos, o de un enfoque político: izquierda o derecha, sino de reestructurar la concentración de poderes, tenemos parte del camino labrado. Es importantísimo entender este enfoque. Lo fundamental no es quien deba gobernar, o sea, asumiendo que hay un criterio de mérito por el medio; sino que lo cardinal es: ¿qué controles establecemos para que los que gobiernen no abusen del poder y que efectivamente puedan cumplir con el mandato que se les ha dado?

La respuesta a qué tipo de controles ciudadanos existen en la lucha contra la corrupción es una pregunta básica. ¿Va a haber libertad de expresión? ¿Va a haber libertad de información? ¿Va a haber libertad de discernir? ¿Si o no?, Y si se dan conflictos de intereses, ¿cómo se van a separar los intereses del partido con los del gobierno?; ¿cómo se van a separar los intereses de los financistas con los del gobierno?; ¿cómo se van a separar los intereses de otros grupos del poder con los del gobierno? Y si esas preguntas no están claras desde el principio, pues podemos prever, de entrada, de que vamos a tener serios problemas de corrupción.

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