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Parte 1 / 2
José
Zalaquett Daher es un reconocido abogado chileno
de destacada participación en la defensa de los derechos humanos durante
la dictadura de Augusto Pinochet. El presente trabajo fue una charla
dictada en el Acto de Graduación de la Escuela Militar de Santiago de
Chile, en diciembre de 2004. Sin embargo, este ensayo no ha envejecido.
Constituye un riguroso análisis de la vinculación de los derechos humanos,
con la democracia y la ética política. Según las propias palabras del Dr.
Zalaquett: "la presente ponencia se propone revisar el proceso de
incorporación de los derechos humanos en las leyes e instituciones, tanto
nacionales e internacionales, y en la conciencia moral de la humanidad. El
autor espera que ello pueda contribuir a aclarar el marco de referencia
histórico, ético y político que da sentido a la evolución de esta
temática". Futuros recomienda su lectura.
I. Derechos humanos y ética política
II. Derechos humanos y
otros sistemas humanitarios
III. Los tiempos de
ética política en que vivimos
I. Derechos humanos y
ética política
Esta presentación parte del supuesto que la teoría, las
normas internacionalmente aceptadas, y la práctica sobre derechos humanos,
se ubican dentro del ámbito más amplio de lo que puede denominarse la
ética política democrática.
La ética política democrática no se reduce a un código de
ética profesional del político, sino que va más allá. Consiste en el
"deber ser" del ámbito político, desde la perspectiva de los principios
democráticos. Dicho de modo simple, consiste en los criterios y normas
que, inspirados en tales principios democráticos, permiten determinar lo
que es justo, correcto o bueno en términos de:
- las instituciones del sistema democrático;
- las políticas públicas;
- la conducta de los agentes públicos, sea quienes detenten cargos de
elección popular o bien funcionarios públicos, cualesquiera sea su
vínculo laboral o contractual con el Estado.
Con respecto a este último punto, es decir, la conducta de
los agentes públicos, la ética política democrática se refiere
principalmente a las normas que rigen:
- el empleo del monopolio legítimo de la fuerza que detenta el Estado
democrático y es ejercido por determinadas autoridades estatales;
- lo relativo a probidad pública, promoción de la transparencia y
rendición de cuentas, así como el combate a la corrupción;
- el diligente desempeño de la gestión pública.
1. Relación entre moral y política
En su célebre discurso "La política como vocación", de
1919, Max Weber se plantea la relación entre la moral y la política y
rechaza las dos posiciones extremas, esto es, tanto la de quienes no ven
relación alguna entre la moral y la política, como la de quienes piensan
que la acción política o de gobierno debe regirse por las mismas reglas de
conducta que pueden ser exigibles en otros ámbitos, como las relaciones
familiares, comerciales o amorosas.
Se podría sostener que en el nivel de las normas más
generales, de carácter formal (por ejemplo, el célebre "imperativo
categórico" de Kant, según el cual se debe "actuar siempre de acuerdo a
una máxima tal que uno pueda querer, al mismo tiempo, que se transforme en
ley universal"), de las cuales se pueden derivar todas las normas morales
substantivas más específicas, es posible exigir una misma moral para todas
las esferas de la vida o todo orden de actividades, incluso la política.
Sin embargo, cuando se trata de normas substantivas específicas, éstas
suelen variar, de acuerdo al ámbito o esfera del quehacer humano de que se
trate. Es necesario tomar en cuenta las características del ámbito de la
política para justificar tales o cuales normas de conducta.
El ámbito de la política tiene como características
relevantes principales las siguientes:
- que en último término, el ejercicio del poder legítimo está
respaldado por el monopolio uso legítimo de la fuerza;
- que el político o gobernante, para llegar al poder y para mantenerse
en él, precisa de seguidores organizados en partidos políticos o en
movimientos, y de la aprobación o confianza de los electores, esto es,
no de personas ideales sino del hombre y mujer medios;
- que las consecuencias de las decisiones de los políticos o
gobernantes recaen no solamente sobre ellos y su entorno más inmediato
sino muy a menudo sobre toda la nación o incluso pueden tener
repercusiones internacionales de importancia;
- que muchos de los actos de la autoridad y la mayoría de las
políticas públicas requieren de condiciones técnicas y políticas de
factibilidad, además de un tiempo de maduración, y, por tanto, exigen
tener en cuenta numerosas e imponderables variantes, lo que hace que
tales decisiones y su realización sean, por lo general, más complejas
que las que se presentan en otras esferas del quehacer humano.
2. La ética del político
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El político puede actuar
de acuerdo a una "ética de la convicción", ello
significa que en sus acciones se guía preferentemente por un
objetivo deseable sin tomar en cuenta las circunstancias reales o
predecibles; en caso de fallar, culpa de su fracaso a la gente, que
no lo supo seguir, al destino o a otras circunstancias, pero no
asume su propia responsabilidad |
Otro importante punto que destaca Weber en la conferencia
mencionada se refiere a los criterios éticos por los que debe regirse el
político o gobernante. Este autor hace una distinción entre la "ética de
la responsabilidad", según la cual el político busca conseguir un objetivo
o resultado, pero al adoptar una decisión toma en cuenta todas las
características propias del ámbito de la política y, sobre esa base,
sopesa las consecuencias probables de sus actos. En contraste con esa
actitud, el político puede actuar de acuerdo a una "ética de la
convicción" o de los fines últimos. Ello significa que en sus acciones se
guía preferentemente por un objetivo deseable sin tomar suficientemente en
cuenta las circunstancias reales o predecibles; en caso de fallar, culpa
de su fracaso a la gente, que no lo supo seguir, al destino o a otras
circunstancias, pero no asume su propia responsabilidad.
Esta distinción entre dos tipos criterios éticos ha sido
retomada en el debate sobre transiciones a la democracia y políticas
respecto de un legado de violaciones de derechos humanos, punto que se
toca más adelante.
3. Fundamentos de la ética política democrática y vertientes de
pensamiento y de acción
moral en
política.
Los fundamentos filosófico-valóricos de la ética política
democrática se remontan a los tiempos de la Ilustración, esto es, a la
fase histórica de aproximadamente un siglo (desde fines del siglo XVII
hasta el último cuarto del siglo XVIII) que precedió a las revoluciones
liberales en Francia y en Estados Unidos. Durante este período, los más
señeros pensadores filosóficos se concentraron en cuestiones de filosofía
moral. Su pensamiento, sumado a los movimientos sociales y políticos
republicanos y antiabsolutistas, constituye el antecedente necesario de
las antedichas revoluciones.
Entre los principales fundamentos filosófico-valóricos de
la ética política democrática se encuentran los siguientes:
- la igual dignidad y derechos de toda persona humana y, por tanto, el
rechazo a la esclavitud y a la sociedad de castas, estamentos o clases
privilegiadas;
- el principio de soberanía popular, que lleva como corolario la
afirmación de que la legitimidad de las autoridades deriva de la
voluntad popular y que, por tanto, éstas no tienen la calida de soberano
sino que son delegatarias o servidoras del verdadero soberano que es el
pueblo;
- la convicción de que la organización político-jurídica de las
sociedades democráticas tiene por sentido maximizar los beneficios de la
cooperación social y regular la solución de conflictos, todo ello bajo
el imperio del derecho;
- la consagración o reconocimiento de derechos fundamentales de la
persona cuya protección y promoción es el primer y más importante deber
del Estado;
- la necesidad de organizar la institucionalidad pública de modo de
garantizar y satisfacer los principios anteriores, incluyendo el
establecimiento de responsabilidades especiales a que están sujetos los
agentes del Estado.
En la época que se extiende desde los tiempos de la
Ilustración hasta el presente, las teorías, principios, normas y prácticas
en relación a la ética política (democrática o no) esto es, al deber ser
del ámbito político en el sentido amplio que hemos señalado más arriba,
reconocen su origen y fundamento en tres tipos de vertientes principales,
que podemos llamar, respectivamente, filosóficas (filosofía moral),
ideológico-políticas y humanitarias.
En cuanto a las primeras, desde fines del siglo XVII hasta
el último cuarto del siglo XIX, los más destacados filósofos occidentales
enfocaron su trabajo en materias relevantes para la ética política. Es así
como tiene lugar un período de dos siglos en que las preguntas que aborda
la filosofía moral guardan relación con comprender el fenómeno de la vida
en sociedad, en particular la sociedad políticamente organizada, y, sobre
todo, guardan relación con el deber ser de la política. Asuntos como el
sentido mismo de la sociedad políticamente organizada o la legitimidad del
poder y los derechos de los ciudadanos, se enfrentan desde una perspectiva
laica y racional, en contraste con las justificaciones, hasta entonces
predominantes, sobre el origen o legitimidad divina, dinástica o fáctica
del poder.
Desde fines del siglo XIX, las mejores mentes filosóficas
se orientan, en cambio, hacia otras áreas de indagación. Sin embargo, en
los últimos 30 o 40 años asistimos a un renacer de un intenso interés de
los filósofos sobre teorías de justicia, cuestiones de democracia y
derechos fundamentales, esto es, sobre materias de filosofía moral.
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Las posiciones
ideológico-políticas por lo general encuentran sustento teórico en
una u otra doctrina de filosofía moral. Con frecuencia simplifican e
incluso distorsionan tales postulados filosóficos que las inspiran
y, por otra parte, los amplifican con teorías sobre la evolución de
la historia y/o con principios y directrices relativas a los
partidos políticos y la acción política |
En lo que toca a las segundas, esto es, las vertientes
ideológico-políticas, se puede afirmar que tuvieron un papel dominante
como marco de referencia en materias de "deber-ser" político en los
últimos dos siglos. En este período histórico las vertientes ideológicas
más salientes han sido las distintas corrientes de carácter liberal, así
como las de corte socialista, nacionalista y anarquista.
Las posiciones ideológico-políticas por lo general
encuentran sustento teórico en una u otra doctrina de filosofía moral. Con
frecuencia simplifican e incluso distorsionan tales postulados filosóficos
que las inspiran y, por otra parte, los amplifican con teorías sobre la
evolución de la historia y/o con principios y directrices relativas a los
partidos políticos y la acción política.
En tercer lugar, lo que podemos llamar las vertientes
humanitarias se traduce en acuerdos y normas (incluyendo normas
constitucionales y legales del orden interno en muchos países, como
asimismo tratados internacionales) que se han ido desarrollando, desde
fines del siglo XVIII, sobre puntos relativos a moderar el empleo de la
fuerza Estatal o los efectos de conflictos bélicos, o bien, en general,
proteger la seguridad, integridad personal y libertad de las personas
frente a posibles abusos por parte del poder político. Tales acuerdos y
normas han tenido su origen en la acción y presión de intelectuales,
líderes de opinión y ciudadanos organizados en movimientos cívicos;
asimismo, una vez alcanzados los acuerdos o promulgadas las normas, han
dado pie y aliento a una acción de mayor alcance por parte de dichos
movimientos cívicos. Es así como se fueron generando, a lo largo de los
últimos dos siglos, acuerdos, acciones y campañas:
- contra la esclavitud;
- en pro de los derechos laborales;
- a favor de normas como los Convenios de Ginebra, que regulen la
conducción de las hostilidades en un conflicto armado, con miras a la
protección de prisioneros, de civiles y de objetivos civiles;
- en contra de toda forma de discriminación arbitraria, o
- por la independencia de los pueblos y en contra del colonialismo.
El movimiento internacional por los derechos humanos forma
parte de esta vertiente humanitaria. En realidad puede vérsele como un
amplio delta en que desembocan distintas vertientes humanitarias
desarrolladas a lo largo de los últimos dos siglos.
Las vertientes humanitarias tienen, por cierto, diversos
puntos de convergencia y áreas superposición con ciertos postulados
filosóficos y doctrinas ideológico-políticas. Sin embargo, a diferencia de
éstas, se limitan a buscar, generar e implementar consensos sobre ética
política, por encima de otras diferencias, en lugar de plantear respuestas
a todo el rango de preguntas del "deber ser" en el campo de la política.
En ese sentido, las vertientes humanitarias pueden caracterizarse
gráficamente como "un piso" de consensos éticos (que se va elevando o
expandiendo con el tiempo) y no como un "techo" u "horizonte" de ideales
políticas o de fines últimos.
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