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ISSN 1913-6196

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  Las Nuevas Guerras

Democracia y derechos humanos

Mariana Olcese  

Parte 1 / 2

La globalización, entendida como una mayor interconexión a diferentes niveles –político, económico, cultural y militar- aparentemente está poniendo en juego la soberanía estatal al desdibujar las fronteras y permitir el contacto de más personas a niveles que el aparato estatal no puede controlar. Las guerras también están siendo modificadas, no sólo en los actores que participan en ellas, sino también en cómo se financian, quiénes son los más afectados y cómo llegar a, por lo menos, una solución temporal que permita acuerdos a largo plazo.

Este artículo es un análisis de la propuesta sobre las "nuevas guerras" de Mary Kaldor, opuestas a las "viejas guerras" entre Estados, propias del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

  Las "viejas" guerras: lo malo conocido

El desarrollo de lo que comúnmente conocemos como "guerra", es decir, una actividad del Estado que implica la organización y movilización de ciudadanos con el objetivo de ejercer violencia física, con una lógica particular, está estrechamente ligada al establecimiento del Estado moderno. Kaldor establece una diferenciación entre cuatro etapas del desarrollo de las "viejas guerras" descritas a continuación en función de la forma que toma el Estado, los objetivos de la guerra, el tipo de fuerza armada, la técnica militar y el tipo de economía de guerra que se lleva a cabo.

Siglo XVII y XVIII: son guerras entre Estados absolutistas, con el objetivo de consolidar las fronteras y resolver conflictos dinásticos, en función de la "razón de Estado". Se utilizan ejércitos mercenarios, así como profesionales, y se utilizan armas de fuego y maniobras defensivas. La economía de guerra se sustenta en la regularización de la recaudación de impuestos en el territorio y en el préstamo de recursos.

Siglo XIX: las guerras son el enfrentamiento entre Estados-nación, con el objetivo de resolver conflictos nacionales. Las fuerzas armadas están compuestas por profesionales y ciudadanos convocados obligatoriamente. Las técnicas militares cambian producto del desarrollo del ferrocarril y el telégrafo, lo que facilita una rápida movilización. La economía de guerra se sustenta en la expansión del aparato administrativo estatal y la burocracia.

Siglo XX temprano (Primera y Segunda Guerras Mundiales): las guerras se libran entre coaliciones de Estados, Estados multinacionales e imperios, por conflictos nacionales e ideológicos. Son fuerzas armadas masivas, en conjunto con el uso de tanques y ataques aéreos. La economía de guerra se sustenta en la movilización de toda la sociedad, ya sea para producir armas o para producir provisiones.

Siglo XX tardío (Guerra Fría): la guerra se libra entre bloques de Estados, por conflictos ideológicos. Las fuerzas armadas son profesionales, y son dirigidas por una élite científica-militar. Las armas nucleares son el final del desarrollo de la tecnología militar, gracias a su capacidad destructiva. La economía de guerra se basa en complejos industriales-militares.

Esta descripción de Kaldor no significa que durante estos períodos no hayan ocurrido paralelamente guerras de guerrillas, o insurrecciones y rebeliones. Sin embargo, no tenían la denominación de guerra, ante la tipología descrita arriba, en la que son los Estados los principales actores y el interés nacional era la principal motivación.

Es a finales del siglo XVIII que ya pueden definirse las características de una "vieja" guerra (o tradicional), en función de ciertas diferenciaciones: la diferenciación entre lo público y lo privado; entre lo interno y lo externo; entre las actividades económicas privadas y las actividades llevadas a cabo en el sector público; entre lo civil y lo militar; y entre el legítimo portador de armas y el no combatiente o criminal.

No obstante, en la segunda mitad del siglo XX, y una vez alcanzado el punto álgido de las guerras modernas con el desarrollo de las armas nucleares, la aparición de una nueva forma de organizar socialmente la violencia cobra mayor importancia en el contexto de la globalización. Estas son las llamadas "nuevas" guerras que propone Kaldor para explicar nuevas formas de lucha por el poder basadas en una "política de la identidad" ("identity politics"). Estas identidades son aparentemente tradicionales, pero en realidad son fenómenos contemporáneos productos de la ruptura de las divisiones culturales y socioeconómicas que definieron la política durante la era moderna.

  Las "nuevas" guerras: lo malo por entender

 

El libro Nueva y Viejas Guerras de Mary Kaldor ha cambiado la manera de entender las guerras contemporáneas y los conflictos de nuestra época

 

Kaldor postula que la globalización está quebrando las culturas organizadas verticalmente. Es decir, culturas nacionales seculares que se organizan verticalmente basándose en idiomas vernaculares con el fin permitir a las personas formar parte de la modernidad, ya sea en contacto con el gobierno o con la industria. Lo que encontramos actualmente son culturas horizontales producto del contacto en las redes transnacionales, las cuales se basan en el uso del inglés para comunicarse y se basan en un consumismo de masas, que al mismo tiempo se combinan con una variedad de particularidades locales. Por esto es que la globalización es entendida como un proceso que en realidad implica integración y fragmentación, diferenciación y homogeneización.

Este proceso no es nuevo, dado que el capitalismo surgió como un fenómeno local; sin embargo, lo que sí es considerado como un factor no incluido anteriormente es la revolución de las tecnologías de comunicación e información. De esta forma, las estructuras se ven profundamente alteradas, tanto en la economía –con el declive de la producción basada en el territorio- como en la política –tanto para las burocracias gubernamentales como para las organizaciones internacionales-. Es así que pasan a asemejarse a telas de araña -en contraposición a las pirámides jerárquicas- creadas por el contacto entre redes transnacionales, y dejan de estar organizadas jerárquicamente dentro del Estado-nación.

La organización social también cambia, evidenciando las desigualdades dentro y entre los países, sobre todo con la aparición de lo que Robert Reich define como "analistas simbólicos": son quienes trabajan en tecnología o finanzas, en institución educativas superiores o en organizaciones transnacionales. Y como menciona Kaldor, la mayoría de la población mundial no se incluye en esta categoría.

Las "nuevas" guerras se basan en la política de la identidad, donde grupos humanos se movilizan en torno a una identidad étnica, racial o religiosa con el fin de demandar más poder del Estado

Este es el contexto en el que encontramos a las "nuevas" guerras; es decir, guerras que no responden a los postulados de las "viejas" guerras en lo relativo a quiénes son los actores, cómo se pelean y cómo se financian. Las "nuevas" guerras se basan en la política de la identidad, donde grupos humanos se movilizan en torno a una identidad étnica, racial o religiosa con el fin de demandar más poder del Estado. La política de la identidad se define como exclusivista y enfocada hacia el pasado, porque, finalmente, todo reclamo por más poder sustentado sobre la base de la identidad genera minorías que quedan fuera de los proyectos impuestos.

Una vez caída la Unión Soviética y terminada la Guerra Fría, se evidencia, tanto en países industrializados como en países en desarrollo, que la erosión de la legitimidad del Estado-nación y la desintegración de formas de cohesión social, como la industrialización en los países más avanzados, fomenta el desarrollo y la difusión de la política de identidad. Sin embargo, no debe considerarse que la identidad que se formula necesariamente está sustentada en un pasado lejano y glorioso, sino que, a pesar de que toma elementos tradicionales, tiene características contemporáneas producto de la globalización, como su expansión nacional así como transnacional, horizontal y vertical; y la capacidad para la movilización política sobre la base de las nuevas tecnologías y las posibilidades educativas.

En estas "nuevas" guerras, la distinción entre la guerra entendida como la violencia entre Estados o grupos políticos organizados por motivos políticos, el crimen organizado y la violación masiva de derechos humanos se vuelve borrosa. Asimismo, la diferenciación entre lo interno y lo externo, la represión (entendida como los ataques desde el interior del Estado) y la agresión (ataques desde el exterior del Estado) pierde sentido. Los actores involucrados también han sido influenciados por la globalización, y no sólo se trata de Estados y grupos organizados en torno a la identidad, sino que también pueden incluir periodistas para medios de comunicación internacionales, mercenarios, consejeros militares, y miembros de ONGs y organizaciones internacionales.  

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