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  Las Nuevas Guerras

Democracia y derechos humanos

Mariana Olcese  

Parte 2 / 2

  La nueva economía de guerra

Un elemento importante para entender el funcionamiento de las "nuevas" guerras es lo que Kaldor llama la "nueva economía de guerra", que es una economía globalizada de guerra. El término "economía de guerra" tradicionalmente se refiere a un sistema totalizante, centralizado y autárquico, donde la mayoría de las personas son involucradas en el esfuerzo bélico, como en las guerras mundiales. La nueva economía de guerra representa lo contrario, ya que la producción nacional es mínima, la participación también es mínima por falta de pago y falta de legitimidad de los actores en conflicto, y se basa en prácticas depredatorias y en apoyo externo. Las características del funcionamiento de estos Estados en crisis es la falta de control sobre y la fragmentación de los instrumentos de coerción física; por lo tanto, observamos un proceso de regresión de lo que fue la consolidación del Estado moderno.

La desintegración del Estado tiene como consecuencia la imposibilidad de establecer un sistema de recaudación de impuestos, lo que, en conjunto con la corrupción de los funcionarios públicos, tiene como resultado la falta de recursos. La falta de ingresos tiene como contraparte el recorte de gastos del Estado, lo que a su vez imposibilita el control sobre las fuerzas militares. Finalmente, la falta de ingresos y legitimidad, el caos y el desorden militar se constituyen en un círculo vicioso, que resulta en la privatización de la violencia. Es decir, los miembros de las fuerzas armadas dejan de ser los legítimos portadores de armas, y es cada vez más difícil diferenciarlos de los integrantes de grupos paramilitares.

En las "nuevas" guerras se busca involucrar a la mayor cantidad de personas en los crímenes perpetrados para establecer una complicidad compartida y perpetuar el odio hacia el "otro"

Las "nuevas" guerras también se pelean de una forma diferente: toman elementos tanto de las guerrillas como de contra-insurgencia. Es decir, el control político del territorio toma más importancia que el control militar del territorio. Sin embargo, este control político no se da bajo la forma de una ideología, sino mediante la lealtad a una denominación particular. De esta forma, en las "nuevas" guerras no se busca crear un entorno favorable para las guerrillas, sino, al contrario, crear un entorno desfavorable para todo aquel que no pueden controlar, incluyendo el genocidio para eliminar a los poseen una identidad diferente. Por lo tanto, se busca involucrar a la mayor cantidad de personas en los crímenes perpetrados para establecer una complicidad compartida y perpetuar el odio hacia el "otro". Así, los blancos dejan de ser objetivos militares, y ahora se trata de blancos civiles. Según Kaldor, en la Segunda Guerra Mundial la mitad de las víctimas eran civiles; a finales de la década de 1990 hasta la actualidad aproximadamente 80% de las víctimas en conflictos armados son civiles.

Dado que la producción interna colapsa, la ayuda externa resulta fundamental. Esto toma la forma de envíos desde fuera a familias particulares, ayuda directa desde comunidades establecidas en el exterior, ayuda de gobiernos extranjeros, y la asistencia humanitaria. Gran parte del tiempo esta ayuda recibida termina formando parte del tráfico ilegal y el mercado negro, para posteriormente ser utilizado como recursos para las fuerzas combatientes. Sin embargo, las consecuencias económicas de las nuevas guerras también cruzan fronteras, en tanto que el tráfico ilegal se extiende entre países vecinos y las posibilidades de comercio exterior se pierden debido a las sanciones económicas y fronteras cerradas. La violencia no frena con los límites entre países, sino que se extiende con los flujos de refugiados, extendiendo la política de identidad a los países vecinos que reciben a más personas en peligro.

  La solución: comprendiendo las diferencias

Hasta el momento, los intentos de llegar, por lo menos, a acuerdos temporales para frenar la destrucción y los ataques a civiles que son el pan de todos los días de las "nuevas" guerras no han tenido los resultados esperados. Kaldor argumenta que esto se debe a que las soluciones propuestas han estado basadas en el modelo de las "viejas" guerras. Es decir, donde son Estados en conflicto que tienen control sobre sus fuerzas militares, donde es una economía de guerra centralizada la que sostiene a dichos Estados y donde era posible distinguir a los combatientes de los civiles no combatientes.

Para Kaldor, el gran problema es un error de percepción, por lo que las soluciones desde arriba hacia abajo, o tal vez considerando a las guerras como regresiones primitivas y por lo tanto tratarlas como desastres naturales -o "emergencias complejas"-, están empeorando más que ayudando a frenar la violencia. Kaldor propone reconstruir la legitimidad mediante la inclusión como la opción para detener la violencia, en oposición a la política particularista propia de estas guerras; se refiere específicamente al "cosmopolitanismo", de procedencia kantiana. Kaldor define "cosmopolitanismo" de forma más amplia, como una visión política positiva que implica tolerancia, multiculturalismo, civilidad y democracia, y el respeto a principios universales que deberían guiar a las comunidades políticas, y que se encuentran ya codificados en una serie de tratados, como por ejemplo la Convención de Ginebra.

El problema con las negociaciones entre las partes en conflicto consiste en no sólo legitimar a posibles criminales de guerra, quienes son considerados como representantes en las negociaciones, sino que estas negociaciones tienden a perpetuar las diferenciaciones como formas de solución

En este sentido, las negociaciones entre las partes en conflicto, que es la estrategia dominante actualmente, son contrapuestas a la posibilidad de fomentar el desarrollo de grupos de personas y zonas en el territorio en conflicto que representan los valores del cosmopolitanismo. El problema con las negociaciones entre las partes en conflicto consiste en no sólo legitimar a posibles criminales de guerra, quienes son considerados como representantes en las negociaciones, sino que estas negociaciones tienden a perpetuar las diferenciaciones como formas de solución. Por ejemplo, se podría proponer la división del territorio, o un acuerdo para compartir en poder, pero en última instancia, estas soluciones mantienen los particularismos y la política de identidad, en lugar de la integración.

Estos grupos que personifican los valores del cosmopolitanismo –los grupos de mujeres suelen jugar un rol importante en zonas convulsionadas, así como ONGs locales- están siendo apoyadas recientemente por gobiernos extranjeros y organizaciones internacionales como alternativas a negociar con las partes en conflicto. Sin embargo, estos grupos suelen ser los primeros atacados en un contexto de "nuevas" guerras, y su supervivencia es precaria. Por lo tanto Kaldor propone una alianza entre organizaciones internacionales y las iniciativas locales con el fin de contrarrestar las divisiones y particularismos, más allá de proponer acuerdos que puedan mantener las tensiones basadas en identidades construidas con el fin de reclamar poder estatal. Además, no debe obviarse el conocimiento de primera mano que estos grupos pueden tener sobre la situación en el terreno, fundamental para la reconstrucción de las instituciones políticas, la ley y el orden, las relaciones económicas, y la sociedad civil.

  Notas

Publicado originalmente en Perú Político http://www.perupolitico.com/

  Bibliografía

Kaldor Mary. New and Old Wars. Stanford University Press, 2007

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Segunda Parte

 

Inicio: Las nuevas guerras

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