|
Parte 2 / 2
La nueva economía de guerra
Un elemento importante para entender el funcionamiento de
las "nuevas" guerras es lo que Kaldor llama la "nueva economía de guerra",
que es una economía globalizada de guerra. El término "economía de guerra"
tradicionalmente se refiere a un sistema totalizante, centralizado y
autárquico, donde la mayoría de las personas son involucradas en el
esfuerzo bélico, como en las guerras mundiales. La nueva economía de
guerra representa lo contrario, ya que la producción nacional es mínima,
la participación también es mínima por falta de pago y falta de
legitimidad de los actores en conflicto, y se basa en prácticas
depredatorias y en apoyo externo. Las características del funcionamiento
de estos Estados en crisis es la falta de control sobre y la fragmentación
de los instrumentos de coerción física; por lo tanto, observamos un
proceso de regresión de lo que fue la consolidación del Estado moderno.
La desintegración del Estado tiene como consecuencia la
imposibilidad de establecer un sistema de recaudación de impuestos, lo
que, en conjunto con la corrupción de los funcionarios públicos, tiene
como resultado la falta de recursos. La falta de ingresos tiene como
contraparte el recorte de gastos del Estado, lo que a su vez imposibilita
el control sobre las fuerzas militares. Finalmente, la falta de ingresos y
legitimidad, el caos y el desorden militar se constituyen en un círculo
vicioso, que resulta en la privatización de la violencia. Es decir, los
miembros de las fuerzas armadas dejan de ser los legítimos portadores de
armas, y es cada vez más difícil diferenciarlos de los integrantes de
grupos paramilitares.
|
En las "nuevas" guerras
se busca involucrar a la mayor cantidad de personas en los crímenes
perpetrados para establecer una complicidad compartida y perpetuar
el odio hacia el "otro" |
Las "nuevas" guerras también se pelean de una forma
diferente: toman elementos tanto de las guerrillas como de
contra-insurgencia. Es decir, el control político del territorio toma más
importancia que el control militar del territorio. Sin embargo, este
control político no se da bajo la forma de una ideología, sino mediante la
lealtad a una denominación particular. De esta forma, en las "nuevas"
guerras no se busca crear un entorno favorable para las guerrillas, sino,
al contrario, crear un entorno desfavorable para todo aquel que no pueden
controlar, incluyendo el genocidio para eliminar a los poseen una
identidad diferente. Por lo tanto, se busca involucrar a la mayor cantidad
de personas en los crímenes perpetrados para establecer una complicidad
compartida y perpetuar el odio hacia el "otro". Así, los blancos dejan de
ser objetivos militares, y ahora se trata de blancos civiles. Según Kaldor,
en la Segunda Guerra Mundial la mitad de las víctimas eran civiles; a
finales de la década de 1990 hasta la actualidad aproximadamente 80% de
las víctimas en conflictos armados son civiles.
Dado que la producción interna colapsa, la ayuda externa
resulta fundamental. Esto toma la forma de envíos desde fuera a familias
particulares, ayuda directa desde comunidades establecidas en el exterior,
ayuda de gobiernos extranjeros, y la asistencia humanitaria. Gran parte
del tiempo esta ayuda recibida termina formando parte del tráfico ilegal y
el mercado negro, para posteriormente ser utilizado como recursos para las
fuerzas combatientes. Sin embargo, las consecuencias económicas de las
nuevas guerras también cruzan fronteras, en tanto que el tráfico ilegal se
extiende entre países vecinos y las posibilidades de comercio exterior se
pierden debido a las sanciones económicas y fronteras cerradas. La
violencia no frena con los límites entre países, sino que se extiende con
los flujos de refugiados, extendiendo la política de identidad a los
países vecinos que reciben a más personas en peligro.
La solución: comprendiendo las diferencias
Hasta el momento, los intentos de llegar, por lo menos, a
acuerdos temporales para frenar la destrucción y los ataques a civiles que
son el pan de todos los días de las "nuevas" guerras no han tenido los
resultados esperados. Kaldor argumenta que esto se debe a que las
soluciones propuestas han estado basadas en el modelo de las "viejas"
guerras. Es decir, donde son Estados en conflicto que tienen control sobre
sus fuerzas militares, donde es una economía de guerra centralizada la que
sostiene a dichos Estados y donde era posible distinguir a los
combatientes de los civiles no combatientes.
Para Kaldor, el gran problema es un error de percepción,
por lo que las soluciones desde arriba hacia abajo, o tal vez considerando
a las guerras como regresiones primitivas y por lo tanto tratarlas como
desastres naturales -o "emergencias complejas"-, están empeorando más que
ayudando a frenar la violencia. Kaldor propone reconstruir la legitimidad
mediante la inclusión como la opción para detener la violencia, en
oposición a la política particularista propia de estas guerras; se refiere
específicamente al "cosmopolitanismo", de procedencia kantiana. Kaldor
define "cosmopolitanismo" de forma más amplia, como una visión política
positiva que implica tolerancia, multiculturalismo, civilidad y
democracia, y el respeto a principios universales que deberían guiar a las
comunidades políticas, y que se encuentran ya codificados en una serie de
tratados, como por ejemplo la Convención de Ginebra.
|
El problema con las
negociaciones entre las partes en conflicto consiste en no sólo
legitimar a posibles criminales de guerra, quienes son considerados
como representantes en las negociaciones, sino que estas
negociaciones tienden a perpetuar las diferenciaciones como formas
de solución |
En este sentido, las negociaciones entre las partes en
conflicto, que es la estrategia dominante actualmente, son contrapuestas a
la posibilidad de fomentar el desarrollo de grupos de personas y zonas en
el territorio en conflicto que representan los valores del
cosmopolitanismo. El problema con las negociaciones entre las partes en
conflicto consiste en no sólo legitimar a posibles criminales de guerra,
quienes son considerados como representantes en las negociaciones, sino
que estas negociaciones tienden a perpetuar las diferenciaciones como
formas de solución. Por ejemplo, se podría proponer la división del
territorio, o un acuerdo para compartir en poder, pero en última
instancia, estas soluciones mantienen los particularismos y la política de
identidad, en lugar de la integración.
Estos grupos que personifican los valores del
cosmopolitanismo –los grupos de mujeres suelen jugar un rol importante en
zonas convulsionadas, así como ONGs locales- están siendo apoyadas
recientemente por gobiernos extranjeros y organizaciones internacionales
como alternativas a negociar con las partes en conflicto. Sin embargo,
estos grupos suelen ser los primeros atacados en un contexto de "nuevas"
guerras, y su supervivencia es precaria. Por lo tanto Kaldor propone una
alianza entre organizaciones internacionales y las iniciativas locales con
el fin de contrarrestar las divisiones y particularismos, más allá de
proponer acuerdos que puedan mantener las tensiones basadas en identidades
construidas con el fin de reclamar poder estatal. Además, no debe obviarse
el conocimiento de primera mano que estos grupos pueden tener sobre la
situación en el terreno, fundamental para la reconstrucción de las
instituciones políticas, la ley y el orden, las relaciones económicas, y
la sociedad civil.
Notas
Publicado originalmente en
Perú Político
http://www.perupolitico.com/
Bibliografía
Kaldor Mary. New and Old Wars. Stanford University Press,
2007
|