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Parte 1 / 2
Este trabajo es un
fragmento de la ponencia presentada a la
Conferencia Internacional
"De lidiar con el pasado hacia la futura cooperación regional
y los retos globales de la reconciliación",
celebrada en Berlín en el año 2005.
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Introducción
Han
pasado veinte años desde que en Guatemala se empezó a hablar de
"democracia", de poner fin a una larga historia de dictaduras militares
que sembraron el terror y la muerte. Pronto se cumplirán nueve años de la
firma de la Paz que terminó con un conflicto armado de 36 años. Es el
momento de reflexionar sobre el trabajo psicosocial, una parte importante
en todo proceso de reconciliación.
Los alcances y límites de dicho trabajo dependen
principalmente de las condiciones del contexto en que éste se desarrolla.
Los datos que hasta ahora tenemos son más que reveladores. Los informes de
la verdad1, dan cuenta de historias de vida
desgarradoras. Hechos tan crueles que hacen dudar del ser humano: 669
casos de masacres2, cometidos en su mayoría
contra el pueblo maya, 200,000 muertos y desparecidos. Esto apenas nos da
una idea de la magnitud del daño y del trabajo por hacer. Las condiciones
políticas actuales nos permiten completar el panorama3.
Especialmente si se toma en cuenta que en Guatemala la democratización se
dio como un proceso dirigido desde arriba. Esto lógicamente, no implicó un
claro cambio de las elites políticas del país. Por lo tanto no es de
sorprender que, entre las elites más conservadoras, siga existiendo un
espíritu que implícitamente justifica los crímenes cometidos.
En este contexto ¿Qué rol ha tenido el trabajo psicosocial
en el proceso de reconciliación? Iniciaré tratando de responder a la
pregunta sobre: ¿Cuáles fueron los efectos de la violencia política en los
afectados directos y en la sociedad en su conjunto? Y en realidad ¿Qué
avances se han dado para enfrentar las secuelas y traumas dejados por una
guerra tan cruel y prolongada? Además ¿Qué función ha tenido la
cooperación internacional en este proceso y cuál ha sido el rol del
Estado? Buscar respuestas a tantas interrogantes, no parece una tarea
fácil. Y menos cuando estas nos acercan a temas tan complejos como
enfrentar el pasado y trabajar por una sociedad más justa, por una
sociedad reconciliada.
Causas y efectos psicosociales de la violencia política
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Aunque toda forma
de violencia deja heridas y huellas psicosociales, la de Guatemala
tiene algunos rasgos especiales. 93% de las violaciones a los
derechos humanos cometidas durante el enfrentamiento armado se le
atribuyen al Estado a través de sus instituciones, Ejército y
fuerzas de seguridad |
Aunque toda forma de violencia deja heridas y huellas
psicosociales, la de Guatemala tiene algunos rasgos especiales. 93% de las
violaciones a los derechos humanos cometidas durante el enfrentamiento
armado se le atribuyen al Estado a través de sus instituciones, Ejército y
fuerzas de seguridad. El 3% son atribuidas a la guerrilla4.
Los militares torturaron, violaron, desaparecieron, asesinaron a miles de
guatemaltecos inocentes. La Comisión para el Esclarecimiento Histórico-CEH
en su informe concluye que se cometieron actos de genocidio5.
El enfrentamiento directo entre el ejército y la guerrilla apenas produjo
el 10% de las víctimas6. El resto fue
población civil acusada de "pertenecer" o "apoyar a la guerrilla".
La violencia desenfrenada obviamente dejó daños
individuales, es decir heridas profundas en las personas que la sufrieron
directamente. Entre ellos se puede mencionar algunos síntomas del Síndrome
de Estrés Postraumático7, duelo alterado,
enfermedades psicosomáticas, angustia, depresión, desvalorización,
sentimientos de culpa entre otros8.
Indudablemente los daños individuales también van acompañados de daños
sociales, sobre todo cuando éstos se dan en grupos específicos o en la
población en general.
A parte de la violencia política ejercida durante todos
los años que duró la guerra, en el caso de Guatemala son varios los
factores que determinan los efectos psicosociales y políticos de ésta.
Aquí quiero mencionar dos de los más importantes: a) la lógica que ha
habido detrás de las violaciones a los Derechos Humanos y b) la violencia
como fenómeno estructural más allá del enfrentamiento armado interno:
- La lógica del "enemigo interno"
. En Guatemala, durante la época
más álgida del conflicto armado, cualquier persona que se atrevía a
cuestionar el orden establecido podía ser eliminada. Ser denunciado como
"subversivo", como "simpatizante de la guerrilla" o simplemente por
demandar educación o salud equivalía a la muerte. Cualquier
reivindicación para superar las grandes desigualdades fue brutalmente
reprimida. Hasta hoy en día, las viudas, los líderes de organizaciones
de víctimas, los promotores de salud mental y de Derechos Humanos siguen
siendo acusados de ser "guerrilleros" o haber colaborado con ellos9.
Algunos psicólogos en América Latina hablan en este contexto de los
efectos de la "mentira institucionalizada" que impactó en casi todos los
sectores de la sociedad.
- El segundo factor consiste en la larga historia de la violencia
cuyo origen se remonta a la constitución misma del Estado guatemalteco.
Durante siglos, la clase dominante en Guatemala, especialmente la elite
agraria ha considerado a los pueblos indígenas como mano de obra barata.
Situación que, hasta el día de hoy, fundamenta el sistema económico del
país. En el campo, el Estado generalmente no ha estado presente. Como
consecuencia de ello la vida entera de los mayas estuvo sometida al
interés del patrón más cercano. Raramente han contado con servicios de
educación o salud. Esta situación llevó a que, ya en la década de los
70, muchas comunidades rurales se organizaran como una forma de luchar
contra la marginación y la pobreza. Ante la amenaza de la organización
fuera esta social o política la estrategia de la guerra se orientó a
quebrar la conciencia histórica de los indígenas, destruir sus
organizaciones, violentar sus costumbres. Antes y durante el conflicto
armado, la violencia ha sido el instrumento de control social por
excelencia. Todavía hoy en día, después de la guerra, Guatemala sigue
siendo una sociedad de grandes desigualdades económicas, sociales y
políticas. La discriminación y el racismo, especialmente contra la
población indígena, aún es parte de la vida cotidiana.
No habría que olvidar también que durante todos los años
que duró la guerra, Ejército y Estado eran prácticamente lo mismo, esto
acentúo aún más la militarización de la sociedad. Las dictaduras militares
se sucedían unas a otras. Y éstas actuaban en complicidad con importantes
sectores de la sociedad, quienes bajo la amenaza del "comunismo" veían
afectados sus propios intereses de clase. Edelberto Torres10
califica a estas dictaduras militares como una modalidad del Estado
oligárquico quien, ahora de una forma más sutil, sigue frenando las
transformaciones sociales necesarias para superar las causas que llevaron
a la guerra: las grandes desigualdades económicas, sociales y políticas,
la discriminación y el racismo.
¿Cuáles son entonces los efectos psicosociales que se derivan de la
violencia política?
El trauma en Guatemala como en muchos países
latinoamericanos fue socialmente producido. Por ello su comprensión y
solución requiere no solo atender el problema del individuo, sino también
sus raíces sociales. Es decir las condiciones que lo provocaron.11
Esta forma de entender el trauma como un fenómeno social más que como
patología individual ha marcado casi todas las intervenciones en estas
latitudes.
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El uso de la
violencia desde el Estado, cuya función debería ser protectora,
tiene efectos devastadores en la subjetividad humana |
Por otro lado ha sido tanta y tan larga la historia de
violencia que algunos psicólogos y sociólogos hablan de sus marcas en el
inconsciente colectivo de todos los guatemaltecos12.
El uso de la violencia desde el Estado, cuya función debería ser
protectora, tiene efectos devastadores en la subjetividad humana. Ante la
amenaza permanente de perder la vida, el miedo y el terror se instalan
como respuestas "normales", ante situaciones anormales. Y esto no terminó
con el fin del conflicto armado. Una vez instalado el miedo y el terror,
estos conducen a conductas paralizantes que inhiben la participación en
una sociedad democrática13. Las conductas
inhibitorias genera en palabras de Marco Antonio Garavito, "una especie de
impotencia frente a la condición traumática de la realidad y que se
expresa en una pasividad creciente frente a ella"14.
Un país manejado por el terror convierte a sus pobladores en personas
temerosas y dependientes, resignadas e incapaces de proyectarse al futuro
de manera autónoma.
Aún cuando la guerra afectó mayoritariamente al pueblo
maya, más del 80% de las víctimas, Guatemala es catalogada como una
sociedad enferma en su conjunto. Al miedo instalado se suma la división y
polarización social que nos impide soñar un futuro diferente. A nivel
psicológico, la polarización social hace que todo lo "malo" se proyecte en
el otro bando15 y que el mundo sea visto de
manera bipolar, en blanco y negro. Por otro lado el uso de la violencia no
ha sido solo potestad del Estado, ha sido internalizada por grandes
sectores de población como la forma común de resolver conflictos. Y aunque
estos fenómenos tienen una raíz que va más allá del EAI, se profundizaron
con la guerra reciente.
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La militarización de la
vida cotidiana sembró el miedo y el terror también a nivel
comunitario, cambió las costumbres y patrones de relaciones, sembró
la desconfianza y el temor |
Además de ello la militarización de la vida cotidiana
sembró el miedo y el terror también a nivel comunitario, cambió las
costumbres y patrones de relaciones, sembró la desconfianza y el temor.
Nadie estaba a salvo de poder ser denunciado por su propio vecino. Con
frecuencia miembros de una misma familia estaban unos con el ejército,
otros con la guerrilla. La participación social fue y sigue siendo
considerada como un factor de riesgo. En el ámbito comunitario en dónde
conviven víctimas con victimarios, persiste el temor de que si como
victimas se "organizan" la represión vendrá de nuevo.
¿Cómo restablecer la confianza y fortalecer la unión si a
nivel comunitario siguen intactas las estructuras paramilitares creadas
durante la guerra?
Esta pregunta nos lleva al otro gran dilema que enfrenta
la superación del pasado en Guatemala. Durante la época más álgida de la
guerra, en los años 80-83, el Ejército descubre que el indígena podría ser
uno de sus mejores aliados obligándolos a organizarse en las patrullas de
autodefensa civil- PAC Bajo el lema "si no estas conmigo, estás contra mi"
cientos de miles de varones indígenas, jóvenes, adultos y ancianos, tenían
que patrullar y participar con el ejército en la caza y exterminio de
guerrilleros.
Considerados como estrategia clave en la lucha
contrainsurgente desde 1981 las PAC ya participaban en algunas de las
masacres. La CEH documentó que en el 18% de las violaciones a los Derechos
Humanos las PAC estuvieron involucradas16.
Lo más perverso de esta estrategia, diseñada desde el alto mando militar,
fue poner a luchar a "hermanos contra hermanos" profundizando así la
división, el terror y la desconfianza a nivel comunitario.
¿Qué implicaciones tuvo y sigue teniendo esta estructura a nivel
comunitario?
El problema creado por el Ejército en su afán de
quitarle "la base" a la guerrilla, no terminó cuando con la firma de los
Acuerdos de Paz, se acordó la desmovilización de la guerrilla y
desarticulación de las estructuras paramilitares. Con la llegada al poder
del FRG en el año 2000, cuyo líder más visible sigue siendo el General
Efraín Ríos Montt, resurge el tema de las patrullas de autodefensa
civil-PAC y sus demandas de pago por los servicios prestados. En un acto
calificado de ofensa para los miles de sobrevivientes de la guerra, el
presidente Alfonso Portillo autorizó el primer pago y oficialmente los
declaró como "héroes y defensores de la patria". Además de ser una ofensa,
este pago fue declarado como inconstitucional por la Corte Suprema de
Justicia.
Llevar a cabo medidas de compensación a los Ex PAC, sin
haber iniciado procesos de resarcimiento y dignificación a las víctimas
del conflicto armado se convierte en una nueva forma de agresión que evoca
temores del pasado y abre viejas heridas. Por otro lado el
instrumentalizar el tema de las Ex PAC con fines políticos y acceder a sus
demandas y presiones, coloca a las víctimas en una situación desprotegida
y de mucha vulnerabilidad. La fuerte organización de los Ex PAC a nivel
comunitario en complicidad con antiguas estructuras militares, se
convierte en un factor de amenaza para las víctimas que demandan justicia
y juicio a los responsables, entre ellos algunos ex patrulleros. Bloquea
además procesos de exhumaciones, claves en todo proceso de reparación a
las víctimas y recuperación de la memoria. En lugares donde estas se
realizan, la presencia de los Ex PAC intimida a las víctimas y en algunos
casos las hacen retraerse de los procesos iniciados.
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El olvido y la
impunidad jamás podrán ser las bases para fortalecer la democracia |
El caso de las Ex PAC a la par de estructuras de poder
paralelos ilustran que, pese a la firma de la paz y los acuerdos
correspondientes, todavía hace falta mucho para esclarecer el pasado,
deducir responsabilidades y crear las bases de un nuevo contrato social.
Un contrato que permita ver hacia atrás sin comprometer el futuro. Es
decir garantizar la no repetición de los horrores del pasado pero también
crear las condiciones para ello. "Olvido, borrón y cuenta nueva", la
versión del pasado en Guatemala, no puede ser la salida. El olvido y la
impunidad jamás podrán ser las bases para fortalecer la democracia. La
lucha contra la impunidad y la aplicación de justicia es un derecho de las
víctimas y de cualquier persona afectada, contribuye a la condena de
conductas criminales y sientan precedentes para la no repetición.
Notas
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