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Parte 1 / 2
Este es un fragmento del
ensayo
Para que todo cambie, todo tiene que cambiar.
Otra visión política del desarrollo regional
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Introducción
Aparentemente
todo se ha ensayado dentro de la geografía tolimense para construir
progreso, para generar ocupación y empleo, para alcanzar el bienestar
colectivo, para dignificar al hombre y, en general, para alcanzar algún
grado aceptable de justicia social. Infortunadamente son pocos, por no
decir nulos, los resultados que se han logrado y, por el contrario, la
región parece anclarse cada día más en el atraso y en un brumoso mar de
incertidumbres.
Profusas teorías sociales, políticas y económicas,
incontables promesas electorales, Mesías de todos los colores y pelambres,
muchos programas políticos y gubernamentales, bastantes planes
estratégicos, algunas "construcciones compartidas de visión" y nada, nada
relevante sucede en la región Pijao, salvo una dolorosa acumulación de
lustros y décadas perdidas en nuestro calendario de centurias.
Desde cualquier plataforma de análisis (el desarrollo
humano, el derecho internacional humanitario, la inequidad sanitaria, el
hacinamiento, la alimentación, la ocupación y el empleo, la exclusión, el
desplazamiento forzado, la sostenibilidad ambiental, la educación, etc.
etc.) podemos llegar a una conclusión: las gentes de nuestra región se
encuentran, en una inmensa mayoría, en un innegable estadio de
subdesarrollo y las manifestaciones de desarrollo, relativas de por si,
solo se manifiestan en algunos hechos de rara excepción, que desde luego
son hábilmente utilizados en el espectro mediático por parte de los
usufructuarios del poder para generar falsas percepciones, pero son hechos
que lejos están de expresar una caracterización siquiera aproximada de una
sociedad desarrollada o al menos en vías de desarrollo.
Parece no ser necesario escribir en extenso sobre esta
verdad ligada a los tiempos de los tolimenses; el ciudadano común lo sabe,
lo ha experimentado en una amplitud de tiempo proporcional a su edad;
cualquier analogía en paralelo con regiones desarrolladas lo confirmaría.
Solo dos botoncitos de muestra para apoyar esta aserción: en materia de
desempeño fiscal, el departamento del Tolima está calificado en tercera
categoría, e Ibagué, su capital, durante casi una década ocupa el primer
lugar en desempleo, un 20% de promedio mensual y, en subempleo, cerca del
45%.
Todos sabemos que estamos varados y solo atinamos a alzar
la mirada, cada vez menos esperanzada, para clamar por las mismas
soluciones que han sido ensayadas por enésimas veces y que igualmente por
enésimas veces han fracasado. No hay duda, el desarrollo tolimense es
apenas un sofisma, una mentira recurrente de dirigentes políticos y
económicos, mentira que inexplicablemente todos hemos consentido.
¿Estamos condenados los tolimenses a morar por siempre en
esta "jaula histórica"? ¿Será que sólo existen esos caminos trillados que
siempre hemos recorrido y que nunca nos han conducido a ninguna parte?
¿Existen teorías y respuestas para plantear y resolver una ecuación que
permita entender la dimensión de las certidumbres? ¿Sólo es en la economía
y en la política donde empieza y termina la visión del desarrollo?
En este documento proponemos a los tolimenses un plan de
emancipación del atraso, unos caminos diferentes, una ventana abierta a
las certidumbres. Pero recordemos: hacer propuestas diferentes es solo un
primer paso hacia el umbral de lo diferente, mas todo será inútil sino
existen mujeres y hombres dispuestos a examinar lo excepcional o
desacostumbrado, a romper con esquemas convencionales en materia de
análisis social y, fundamentalmente, personas abiertas a la búsqueda de
senderos nuevos.
¿Es la hora de hacer
otras miradas?
Cuando nos atrevemos a aseverar que en el complejo
análisis de lo social siempre existirán otras formas de hacer miradas, no
estamos negando ni la existencia ni la validez de los lugares a los cuales
está acostumbrada nuestra visión, solo estamos proponiendo un ajuste
óptico, la utilización de unos filtros para ver detalles desconocidos, una
sensibilidad mas sutil para sopesar las verdades conocidas y un libreto
diferente para ejercer el rol político, económico y social.
Hacer otras miradas no significa rotar los ojos hacia
otros mundos; nada de eso, se trata solamente de ver desde una perspectiva
distinta el mundo que tenemos y las verdades aparentemente inmutables
sobre las cuales hemos construido unos paradigmas que a todas luces han
resultado ineficaces. Hacer otras miradas es intentar otear métodos
diferentes para romper esa "jaula histórica" en la que tediosamente
transcurren nuestras vidas y en la que, por hábito ingénito, los
tolimenses sacrificamos, una tras otra, generaciones enteras.
Debemos decir a los actores y analistas de la política, a
los formuladores de teorías económicas, a los actores sociales y en
general a todos los agentes de opinión, que este trabajo no intenta
desideologizar la política, no pretende desconocer leyes y prácticas
económicas, no subestima ni recusa las luchas nacionalistas ya solo
intenta espolear las luchas regionalistas para ofrecer consistencia a la
propuesta de un nuevo modelo político y económico de país, siempre que
este modelo se fundamente en las identidades locales y regionales.
Igualmente debemos decir que este ensayo busca ofrecer
otras percepciones y tal vez otras razones a la política regional y a las
diversas formas de organización social y económica, como una contribución
para que los caminos, generalmente bien intencionados, que proponen todos
los actores no sigan siendo caminos ciegos o laberintos insondables como
hasta ahora lo han sido, caminos que, nadie lo podrá negar, a nada
relevante han conducido.
La política a lo largo de la historia regional se ha
manejado de muchas formas: con ideales o con intereses personales,
ilustrada o desinformada, honesta o corrupta, ingenua y maliciosa,
incluyente o excluyente, pacífica y violenta, pero claro, con mas vicios
que virtudes y esto, a decir de algunos filósofos políticos, es lo que
hace de la historia una ciencia, para que el hombre no comenta el mismo
error dos veces. Vistas así las cosas, si "la política hace historia y
la historia es política", ¿por qué los tolimenses estamos empecinados
en repetir, de manera casi infinita, una historia probadamente equivocada?
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Con este ensayo
pretendemos entonces establecer rudimentos conectores entre la densa
ideología y el anhelo de vida del ciudadano común para así intentar
rescatar el verdadero sentido de la política |
Con este ensayo pretendemos entonces establecer rudimentos
conectores entre la densa ideología y el anhelo de vida del ciudadano
común para así intentar rescatar el verdadero sentido de la política;
pretendemos hacer vivenciales y explicables algunas leyes y
comportamientos económicos para revelar como la economía puede esta al
servicio del hombre tolimense; argüimos sobre otras anchuras de la
organización social para que esta sea realmente motora de transformaciones
y efectiva veedora de todo comportamiento publico; pretendemos que la
teoría de construcción social de región, que es el eje de la visión de
nuestro futuro, se enriquezca en variables prácticas y en puntos de
encuentro de las diversidades.
Desde luego este trabajo parte del supuesto de que en una
inmensa mayoría los actores políticos, económicos y sociales,
independientemente de la ideología que profesen (conservadores, liberales,
de izquierda o de cualquier otra concepción) están imbuidos de buena
voluntad y sana intención y que sus actos son honestos, generosos y
solidarios.
Sin pretender establecer una dicotomía maniquea si debemos
ser enfáticos en que estas reflexiones no tendrían sentido alguno, nada
cambiarían, si caen en la orbita de actuación de aquellos actores a
quienes solo mueven sus ideas dogmáticas, su egolatría o sus intereses
personales y mezquinos. Los fundamentalismos, la egolatría y la corrupción
son categorías antagónicas con cualquiera de las bienintencionadas
visiones colectivas de futuro que puedan coexistir.
Desde la buena voluntad y la sana intención de los actos
es posible encontrar coincidencias y aproximaciones entre los contrarios,
llegar a consensos, compartir estrategias, hacer acuerdos sobre cuestiones
esenciales y hasta alcanzar el gran pacto colectivo para transformar la
región.
Desde la egolatría, los caudillismos o la corrupción solo
son posibles relaciones denigrantes, como las de dependencia: jefe
político-subordinado; de complicidad culposa y hasta de concierto para
delinquir. Desde estos talantes solo es posible obtener cada día un poco
mas de lo mismo y, hasta ahora, lo mismo solo ha sido atraso y
desesperanza.
Quienes participamos en tendencias progresistas de la
política, lo hacemos únicamente por el convencimiento de que los
derroteros a los cuales se convoca desde esta orilla política están
inspirados en un auténtico y profundo sentido histórico, sentido de la
historia que además supone una visión humanista del futuro que es la que
da sentido a la lucha.
En un proyecto político, de izquierda o de derecha,
neoliberal o progresista, excluyente o incluyente, se tiene éxito o se
fracasa pero no se vegeta. Los neoliberales generalmente no especulan con
las ideas, especulan con el capital para hacer más capital. Los
politiqueros especulan con las ideas, las utilizan como sofismas para
mantener sus hegemonías y alcanzar sus intereses personalistas. Las gentes
de la izquierda, debe suponerse, cuentan con un ideario, con una
ideología, que es la que anima sus luchas. Si esto no es así, si el
sentido histórico y el compromiso social no constituyen la razón del
ejercicio político, entonces podríamos decir que "estamos en el lugar
equivocado".
Por lo menos aquí ya encontramos dos puntos de colisión de
las diversidades políticas, económicas y sociales. El primero: un no
rotundo a la corrupción y la egolatría, así estén pintadas de colores
partidistas, porten banderas corporativas o este mimetizadas en
disquisiciones humanistas. El segundo: Un si a las coincidencias políticas
que estén inspiradas en un sentido histórico, en una visión humanista del
desarrollo y en una clara prospectiva de lo local y de lo regional y por
supuesto, en una vocación de poder para construir otra historia.
La gran sinergia regional
y las responsabilidades compartidas
Para hacer viable y lograr acuerdos que permitan un
esfuerzo común que logre romper "la jaula histórica", debemos examinar y
aceptar un corolario esencial:
El progreso y el bienestar colectivo lo construyen
hombres y mujeres de carne y hueso, individuos identificables y
seguramente comunes, como Usted o como yo.
Si la anterior es una verdad de Perogrullo, el complemento
del corolario sería:
el atraso y la inequidad la construyen hombres y
mujeres de carne y hueso, individuos identificables y seguramente
comunes, como Usted y como yo.
Aceptar esta elemental deducción será el paso esencial
para ponernos por igual en una línea de partida hacia reflexiones más
profundas y que ciertamente puedan iluminar nuevos caminos hacia el
destino que ambicionemos construir.
Las Naciones Unidas, en informe publicado en 2.006,
muestran una lista de países por índice de desarrollo humano. Entre los
países de alto IDH, Los 10 primeros países son, en su orden: Noruega,
Islandia, Australia, Irlanda, Suecia, Canadá Japón Estados Unidos Suiza,
Países Bajos. Colombia se ubica en el puesto 70 y en la categoría media en
el IDH de esta lista que registra 177 países 1
Si nuestra región tolimense fuera un país y si, para
efectos de intentar una ubicación en la lista mundial del IDH,
consideráramos comparativamente nuestros bajos índices de desarrollo
económico y humano con los índices de otros departamentos de Colombia,
seguramente nos encontraríamos con la desagradable sorpresa de que podemos
estar bordeando la categoría de bajo desarrollo humano señalada por la
ONU. Los investigadores podrían ahondar en este sentido pues, por ahora,
este no es un aspecto de mayor pertinencia en este trabajo.
Una conclusión obvia señala que nosotros, como individuos
constituyentes de una sociedad regional llamada Tolima, hemos construido
atraso, no hemos podido abordar el tren de la modernidad y del desarrollo,
somos mas que marginales en la globalización y que cualquier posibilidad
de quebrar esta triste realidad histórica necesariamente debe pasar por el
reconocimiento colectivo de que la culpa, por acción o por omisión, en
principio está en la orbita de nuestra voluntad.
Otro aspecto de relevancia a considerar en esta reflexión
sobre la responsabilidad compartida, se relaciona con los mecanismos de
defensa o anticuerpos que desarrollan las sociedades constructoras de
progreso, pero que también desarrollan las sociedades constructoras del
atraso.
No hay duda que los individuos que han construido
sociedades modernas y equitativas se las ingenian para ofrecer
sostenibilidad a su progreso y para alcanzar cada día mayores estándares
de calidad de vida mediante la investigación, el diseño de ingeniosas
estrategias comerciales, la solidez económica, la inversión de sus
excedentes en negocios de oportunidad, las políticas económicas, militares
o diplomáticas con las cuales aseguran influencia y poder por fuera de sus
fronteras, etc.
No puede haber duda tampoco respecto a que los individuos
que construimos sociedades atrasadas e inequitativas nos las ingeniamos
para ofrecer sostenibilidad al atraso mediante la politiquería, la
indiferencia política, la desinformación, la excesiva egolatría, la
corrupción, la fragmentación social, la insolidaridad, la venta de
nuestros activos productivos, el espíritu gregario y dependiente, la
educación para la dependencia, los lugares comunes, etc.
Si los tolimenses tozudamente nos negamos a reconocer lo
que evidentemente hemos sido en la historia, mas constructores de atraso
que constructores de progreso, el sentido de las responsabilidades
compartidas nunca podría emerger como una virtud social y colectiva y
por este mismo defecto entonces no tendría sentido pensar en visiones de
futuro colectivamente construidas o visiones compartidas de futuro, pues
estas estarían influenciadas desde su esencia por los equivocados
paradigmas que históricamente han prohijado el atraso.
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Debe prescindirse del
equivocado y fatal paradigma dominante que convierte y hasta
magnifica la imagen del dirigente político asemejándola con el
redentor social o con el constructor del desarrollo.
La redención
de una sociedad regional o local es tarea conjunta que se asume
desde las diferentes esferas políticas, económicas y sociales que
conforman de esa sociedad. |
Definitivamente los tolimenses, como sociedad regional,
deberíamos entender y aceptar que nuestras condiciones de atraso no se
deben a una intención unilateral y premeditada de "los otros" (El
centralismo, los imperios, las multinacionales, los plutócratas, etc.)
Este es un enfoque que, aunque relativo, nos pone en un lugar preferente
para entrar en el campo de las soluciones. Entender que por docilidad,
omisión o negligencia, somos de alguna manera los culpables del atraso
regional seria el primer paso para identificar correctamente los errados
paradigmas que hemos adoptado y poder realizar esfuerzos para concebir
paradigmas nuevos respecto al progreso social.
Pero también los tolimenses, desde la óptica de cada grupo
o sector constitutivo del ordenamiento interno, debemos reconocer que los
culpables del atraso "no son los otros" (los políticos, los gobernantes,
los empresarios, los agentes culturales y de opinión, los educadores, los
medios de comunicación, los corruptos, etc.) sino que todos tenemos algo o
mucho de culpabilidad y esto es lo que pretendemos demostrar en este
ensayo. Para que todo cambie, todo tiene que cambiar; esta es la
proposición que intentaremos sustentar y dejar a consideración de los
tolimenses.
Igualmente debe prescindirse del equivocado y fatal
paradigma dominante que convierte y hasta magnifica la imagen del
dirigente político asemejándola con el redentor social o con el
constructor del desarrollo. La redención de una sociedad regional o
local es tarea conjunta que se asume desde las diferentes esferas
políticas, económicas y sociales que conforman de esa sociedad. Si
este paradigma no emerge como una nueva verdad, el desarrollo y el
bienestar seguirán aplazados indefinidamente.
La capacidad de convocatoria para los grandes
emprendimientos, si es que estos estuviesen bien definidos, la puede tener
el dirigentes político: Parlamentario, gobernador, alcalde, diputado,
concejal. También puede tener capacidad de convocatoria el dirigente
económico: Director de una cámara de comercio, director de una
organización gremial, presidente de una asociación económico-sectorial. La
capacidad de convocatoria también la posee un dirigente social: Presidente
de una asociación de consumidores o de defensores de usuarios de servicios
públicos, un gestor cultural, un líder cívico. Y, desde luego, también
tiene capacidad de convocatoria el actor educativo: Rector de una
universidad, director de un colegio, el presidente de un organismo de
investigación.
Todos los actores tienen una intrínseca capacidad de
convocatoria y generalmente la ejercen, pero la ejercen para considerar o
para emprender cuestiones irrelevantes, para recabar lo cotidiano y no
para convocar a los grandes emprendimientos.
El día en que todos los actores de todos los sectores
entiendan que son por igual hacedores de progreso, ese día, desde las
diferentes expresiones de la comunidad, se desencadenará la gran
sinergia regional, iniciando así los verdaderos procesos para
construir colectivamente una visión de futuro y para emprender los
verdaderos procesos constructivos de la nueva sociedad.
Notas
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