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ISSN 1913-6196

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 Para que todo cambie, todo tiene que cambiar.
Otra visión política del desarrollo regional

Desarrollo Humano Sustentable

Alberto Bejarano Ávila

Parte 1 / 2

Este es un fragmento del ensayo
Para que todo cambie, todo tiene que cambiar.
Otra visión política del desarrollo regional

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  Introducción

Aparentemente todo se ha ensayado dentro de la geografía tolimense para construir progreso, para generar ocupación y empleo, para alcanzar el bienestar colectivo, para dignificar al hombre y, en general, para alcanzar algún grado aceptable de justicia social. Infortunadamente son pocos, por no decir nulos, los resultados que se han logrado y, por el contrario, la región parece anclarse cada día más en el atraso y en un brumoso mar de incertidumbres.

Profusas teorías sociales, políticas y económicas, incontables promesas electorales, Mesías de todos los colores y pelambres, muchos programas políticos y gubernamentales, bastantes planes estratégicos, algunas "construcciones compartidas de visión" y nada, nada relevante sucede en la región Pijao, salvo una dolorosa acumulación de lustros y décadas perdidas en nuestro calendario de centurias.

Desde cualquier plataforma de análisis (el desarrollo humano, el derecho internacional humanitario, la inequidad sanitaria, el hacinamiento, la alimentación, la ocupación y el empleo, la exclusión, el desplazamiento forzado, la sostenibilidad ambiental, la educación, etc. etc.) podemos llegar a una conclusión: las gentes de nuestra región se encuentran, en una inmensa mayoría, en un innegable estadio de subdesarrollo y las manifestaciones de desarrollo, relativas de por si, solo se manifiestan en algunos hechos de rara excepción, que desde luego son hábilmente utilizados en el espectro mediático por parte de los usufructuarios del poder para generar falsas percepciones, pero son hechos que lejos están de expresar una caracterización siquiera aproximada de una sociedad desarrollada o al menos en vías de desarrollo.

Parece no ser necesario escribir en extenso sobre esta verdad ligada a los tiempos de los tolimenses; el ciudadano común lo sabe, lo ha experimentado en una amplitud de tiempo proporcional a su edad; cualquier analogía en paralelo con regiones desarrolladas lo confirmaría. Solo dos botoncitos de muestra para apoyar esta aserción: en materia de desempeño fiscal, el departamento del Tolima está calificado en tercera categoría, e Ibagué, su capital, durante casi una década ocupa el primer lugar en desempleo, un 20% de promedio mensual y, en subempleo, cerca del 45%.

Todos sabemos que estamos varados y solo atinamos a alzar la mirada, cada vez menos esperanzada, para clamar por las mismas soluciones que han sido ensayadas por enésimas veces y que igualmente por enésimas veces han fracasado. No hay duda, el desarrollo tolimense es apenas un sofisma, una mentira recurrente de dirigentes políticos y económicos, mentira que inexplicablemente todos hemos consentido.

¿Estamos condenados los tolimenses a morar por siempre en esta "jaula histórica"? ¿Será que sólo existen esos caminos trillados que siempre hemos recorrido y que nunca nos han conducido a ninguna parte? ¿Existen teorías y respuestas para plantear y resolver una ecuación que permita entender la dimensión de las certidumbres? ¿Sólo es en la economía y en la política donde empieza y termina la visión del desarrollo?

En este documento proponemos a los tolimenses un plan de emancipación del atraso, unos caminos diferentes, una ventana abierta a las certidumbres. Pero recordemos: hacer propuestas diferentes es solo un primer paso hacia el umbral de lo diferente, mas todo será inútil sino existen mujeres y hombres dispuestos a examinar lo excepcional o desacostumbrado, a romper con esquemas convencionales en materia de análisis social y, fundamentalmente, personas abiertas a la búsqueda de senderos nuevos.

  ¿Es la hora de hacer otras miradas?

Cuando nos atrevemos a aseverar que en el complejo análisis de lo social siempre existirán otras formas de hacer miradas, no estamos negando ni la existencia ni la validez de los lugares a los cuales está acostumbrada nuestra visión, solo estamos proponiendo un ajuste óptico, la utilización de unos filtros para ver detalles desconocidos, una sensibilidad mas sutil para sopesar las verdades conocidas y un libreto diferente para ejercer el rol político, económico y social.

Hacer otras miradas no significa rotar los ojos hacia otros mundos; nada de eso, se trata solamente de ver desde una perspectiva distinta el mundo que tenemos y las verdades aparentemente inmutables sobre las cuales hemos construido unos paradigmas que a todas luces han resultado ineficaces. Hacer otras miradas es intentar otear métodos diferentes para romper esa "jaula histórica" en la que tediosamente transcurren nuestras vidas y en la que, por hábito ingénito, los tolimenses sacrificamos, una tras otra, generaciones enteras.

Debemos decir a los actores y analistas de la política, a los formuladores de teorías económicas, a los actores sociales y en general a todos los agentes de opinión, que este trabajo no intenta desideologizar la política, no pretende desconocer leyes y prácticas económicas, no subestima ni recusa las luchas nacionalistas ya solo intenta espolear las luchas regionalistas para ofrecer consistencia a la propuesta de un nuevo modelo político y económico de país, siempre que este modelo se fundamente en las identidades locales y regionales.

Igualmente debemos decir que este ensayo busca ofrecer otras percepciones y tal vez otras razones a la política regional y a las diversas formas de organización social y económica, como una contribución para que los caminos, generalmente bien intencionados, que proponen todos los actores no sigan siendo caminos ciegos o laberintos insondables como hasta ahora lo han sido, caminos que, nadie lo podrá negar, a nada relevante han conducido.

La política a lo largo de la historia regional se ha manejado de muchas formas: con ideales o con intereses personales, ilustrada o desinformada, honesta o corrupta, ingenua y maliciosa, incluyente o excluyente, pacífica y violenta, pero claro, con mas vicios que virtudes y esto, a decir de algunos filósofos políticos, es lo que hace de la historia una ciencia, para que el hombre no comenta el mismo error dos veces. Vistas así las cosas, si "la política hace historia y la historia es política", ¿por qué los tolimenses estamos empecinados en repetir, de manera casi infinita, una historia probadamente equivocada?

Con este ensayo pretendemos entonces establecer rudimentos conectores entre la densa ideología y el anhelo de vida del ciudadano común para así intentar rescatar el verdadero sentido de la política

Con este ensayo pretendemos entonces establecer rudimentos conectores entre la densa ideología y el anhelo de vida del ciudadano común para así intentar rescatar el verdadero sentido de la política; pretendemos hacer vivenciales y explicables algunas leyes y comportamientos económicos para revelar como la economía puede esta al servicio del hombre tolimense; argüimos sobre otras anchuras de la organización social para que esta sea realmente motora de transformaciones y efectiva veedora de todo comportamiento publico; pretendemos que la teoría de construcción social de región, que es el eje de la visión de nuestro futuro, se enriquezca en variables prácticas y en puntos de encuentro de las diversidades.

Desde luego este trabajo parte del supuesto de que en una inmensa mayoría los actores políticos, económicos y sociales, independientemente de la ideología que profesen (conservadores, liberales, de izquierda o de cualquier otra concepción) están imbuidos de buena voluntad y sana intención y que sus actos son honestos, generosos y solidarios.

Sin pretender establecer una dicotomía maniquea si debemos ser enfáticos en que estas reflexiones no tendrían sentido alguno, nada cambiarían, si caen en la orbita de actuación de aquellos actores a quienes solo mueven sus ideas dogmáticas, su egolatría o sus intereses personales y mezquinos. Los fundamentalismos, la egolatría y la corrupción son categorías antagónicas con cualquiera de las bienintencionadas visiones colectivas de futuro que puedan coexistir.

Desde la buena voluntad y la sana intención de los actos es posible encontrar coincidencias y aproximaciones entre los contrarios, llegar a consensos, compartir estrategias, hacer acuerdos sobre cuestiones esenciales y hasta alcanzar el gran pacto colectivo para transformar la región.

Desde la egolatría, los caudillismos o la corrupción solo son posibles relaciones denigrantes, como las de dependencia: jefe político-subordinado; de complicidad culposa y hasta de concierto para delinquir. Desde estos talantes solo es posible obtener cada día un poco mas de lo mismo y, hasta ahora, lo mismo solo ha sido atraso y desesperanza.

Quienes participamos en tendencias progresistas de la política, lo hacemos únicamente por el convencimiento de que los derroteros a los cuales se convoca desde esta orilla política están inspirados en un auténtico y profundo sentido histórico, sentido de la historia que además supone una visión humanista del futuro que es la que da sentido a la lucha.

En un proyecto político, de izquierda o de derecha, neoliberal o progresista, excluyente o incluyente, se tiene éxito o se fracasa pero no se vegeta. Los neoliberales generalmente no especulan con las ideas, especulan con el capital para hacer más capital. Los politiqueros especulan con las ideas, las utilizan como sofismas para mantener sus hegemonías y alcanzar sus intereses personalistas. Las gentes de la izquierda, debe suponerse, cuentan con un ideario, con una ideología, que es la que anima sus luchas. Si esto no es así, si el sentido histórico y el compromiso social no constituyen la razón del ejercicio político, entonces podríamos decir que "estamos en el lugar equivocado".

Por lo menos aquí ya encontramos dos puntos de colisión de las diversidades políticas, económicas y sociales. El primero: un no rotundo a la corrupción y la egolatría, así estén pintadas de colores partidistas, porten banderas corporativas o este mimetizadas en disquisiciones humanistas. El segundo: Un si a las coincidencias políticas que estén inspiradas en un sentido histórico, en una visión humanista del desarrollo y en una clara prospectiva de lo local y de lo regional y por supuesto, en una vocación de poder para construir otra historia.

 La gran sinergia regional y las responsabilidades compartidas

Para hacer viable y lograr acuerdos que permitan un esfuerzo común que logre romper "la jaula histórica", debemos examinar y aceptar un corolario esencial:

El progreso y el bienestar colectivo lo construyen hombres y mujeres de carne y hueso, individuos identificables y seguramente comunes, como Usted o como yo.

Si la anterior es una verdad de Perogrullo, el complemento del corolario sería:

el atraso y la inequidad la construyen hombres y mujeres de carne y hueso, individuos identificables y seguramente comunes, como Usted y como yo.

Aceptar esta elemental deducción será el paso esencial para ponernos por igual en una línea de partida hacia reflexiones más profundas y que ciertamente puedan iluminar nuevos caminos hacia el destino que ambicionemos construir.

Las Naciones Unidas, en informe publicado en 2.006, muestran una lista de países por índice de desarrollo humano. Entre los países de alto IDH, Los 10 primeros países son, en su orden: Noruega, Islandia, Australia, Irlanda, Suecia, Canadá Japón Estados Unidos Suiza, Países Bajos. Colombia se ubica en el puesto 70 y en la categoría media en el IDH de esta lista que registra 177 países 1

Si nuestra región tolimense fuera un país y si, para efectos de intentar una ubicación en la lista mundial del IDH, consideráramos comparativamente nuestros bajos índices de desarrollo económico y humano con los índices de otros departamentos de Colombia, seguramente nos encontraríamos con la desagradable sorpresa de que podemos estar bordeando la categoría de bajo desarrollo humano señalada por la ONU. Los investigadores podrían ahondar en este sentido pues, por ahora, este no es un aspecto de mayor pertinencia en este trabajo.

Una conclusión obvia señala que nosotros, como individuos constituyentes de una sociedad regional llamada Tolima, hemos construido atraso, no hemos podido abordar el tren de la modernidad y del desarrollo, somos mas que marginales en la globalización y que cualquier posibilidad de quebrar esta triste realidad histórica necesariamente debe pasar por el reconocimiento colectivo de que la culpa, por acción o por omisión, en principio está en la orbita de nuestra voluntad.

Otro aspecto de relevancia a considerar en esta reflexión sobre la responsabilidad compartida, se relaciona con los mecanismos de defensa o anticuerpos que desarrollan las sociedades constructoras de progreso, pero que también desarrollan las sociedades constructoras del atraso.

No hay duda que los individuos que han construido sociedades modernas y equitativas se las ingenian para ofrecer sostenibilidad a su progreso y para alcanzar cada día mayores estándares de calidad de vida mediante la investigación, el diseño de ingeniosas estrategias comerciales, la solidez económica, la inversión de sus excedentes en negocios de oportunidad, las políticas económicas, militares o diplomáticas con las cuales aseguran influencia y poder por fuera de sus fronteras, etc.

No puede haber duda tampoco respecto a que los individuos que construimos sociedades atrasadas e inequitativas nos las ingeniamos para ofrecer sostenibilidad al atraso mediante la politiquería, la indiferencia política, la desinformación, la excesiva egolatría, la corrupción, la fragmentación social, la insolidaridad, la venta de nuestros activos productivos, el espíritu gregario y dependiente, la educación para la dependencia, los lugares comunes, etc.

Si los tolimenses tozudamente nos negamos a reconocer lo que evidentemente hemos sido en la historia, mas constructores de atraso que constructores de progreso, el sentido de las responsabilidades compartidas nunca podría emerger como una virtud social y colectiva y por este mismo defecto entonces no tendría sentido pensar en visiones de futuro colectivamente construidas o visiones compartidas de futuro, pues estas estarían influenciadas desde su esencia por los equivocados paradigmas que históricamente han prohijado el atraso.

Debe prescindirse del equivocado y fatal paradigma dominante que convierte y hasta magnifica la imagen del dirigente político asemejándola con el redentor social o con el constructor del desarrollo.

 La redención de una sociedad regional o local es tarea conjunta que se asume desde las diferentes esferas políticas, económicas y sociales que conforman de esa sociedad.

Definitivamente los tolimenses, como sociedad regional, deberíamos entender y aceptar que nuestras condiciones de atraso no se deben a una intención unilateral y premeditada de "los otros" (El centralismo, los imperios, las multinacionales, los plutócratas, etc.) Este es un enfoque que, aunque relativo, nos pone en un lugar preferente para entrar en el campo de las soluciones. Entender que por docilidad, omisión o negligencia, somos de alguna manera los culpables del atraso regional seria el primer paso para identificar correctamente los errados paradigmas que hemos adoptado y poder realizar esfuerzos para concebir paradigmas nuevos respecto al progreso social.

Pero también los tolimenses, desde la óptica de cada grupo o sector constitutivo del ordenamiento interno, debemos reconocer que los culpables del atraso "no son los otros" (los políticos, los gobernantes, los empresarios, los agentes culturales y de opinión, los educadores, los medios de comunicación, los corruptos, etc.) sino que todos tenemos algo o mucho de culpabilidad y esto es lo que pretendemos demostrar en este ensayo. Para que todo cambie, todo tiene que cambiar; esta es la proposición que intentaremos sustentar y dejar a consideración de los tolimenses.

Igualmente debe prescindirse del equivocado y fatal paradigma dominante que convierte y hasta magnifica la imagen del dirigente político asemejándola con el redentor social o con el constructor del desarrollo. La redención de una sociedad regional o local es tarea conjunta que se asume desde las diferentes esferas políticas, económicas y sociales que conforman de esa sociedad. Si este paradigma no emerge como una nueva verdad, el desarrollo y el bienestar seguirán aplazados indefinidamente.

La capacidad de convocatoria para los grandes emprendimientos, si es que estos estuviesen bien definidos, la puede tener el dirigentes político: Parlamentario, gobernador, alcalde, diputado, concejal. También puede tener capacidad de convocatoria el dirigente económico: Director de una cámara de comercio, director de una organización gremial, presidente de una asociación económico-sectorial. La capacidad de convocatoria también la posee un dirigente social: Presidente de una asociación de consumidores o de defensores de usuarios de servicios públicos, un gestor cultural, un líder cívico. Y, desde luego, también tiene capacidad de convocatoria el actor educativo: Rector de una universidad, director de un colegio, el presidente de un organismo de investigación.

Todos los actores tienen una intrínseca capacidad de convocatoria y generalmente la ejercen, pero la ejercen para considerar o para emprender cuestiones irrelevantes, para recabar lo cotidiano y no para convocar a los grandes emprendimientos.

El día en que todos los actores de todos los sectores entiendan que son por igual hacedores de progreso, ese día, desde las diferentes expresiones de la comunidad, se desencadenará la gran sinergia regional, iniciando así los verdaderos procesos para construir colectivamente una visión de futuro y para emprender los verdaderos procesos constructivos de la nueva sociedad.

 Notas

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