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Parte 2 / 2
El atávico enfoque del
desarrollo
Otro
tema a abordar es el relacionado con los desusados e inoportunos enfoques
del desarrollo. En una sociedad saturada por las influencias neoliberales
pareciera que todo en la vida se reduce a la economía, que únicamente es
en las cuestiones de empresa e inversiones donde comienzan y terminan las
expectativas de vida para el ciudadano común y corriente. Todos los
recetarios que formulan las clases dirigentes para sustentar sus visiones
de desarrollo parten de elucubraciones sobre economías de mercado. Tan
grave es el asunto para sociedades como la tolimense que hasta la
educación pareciera que solo puede imaginarse en función de economías de
mercado y de rentabilidad.
Aquí tendríamos que hacer una consideración básica: una
cosa es pensar asuntos de desarrollo y crecimiento económico desde la
perspectiva de las regiones que han superado las etapas del subdesarrollo
y se encuentran en etapas modernas y hasta posmodernas y otra cosa es
pensar el desarrollo desde perspectivas regionales premodernas y con
graves desajustes sociales.
Los imaginarios y la visión estratégica de las regiones
desarrolladas no son equiparables a regiones subdesarrolladas como la
nuestra, pues las primeras cuentan con una relativa madurez paradigmática
ya alcanzada, mientras que la nuestra aun está inmersa en un verdadero
caos de imaginarios que achica toda visión estratégica y por ende hace
errática y de corto vuelo toda actuación pública y privada.
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El
desarrollo que tiene como objetivo incuestionable al ser humano,
empieza en un cambio de paradigmas y en una visión colectiva de
futuro, se construye en la economía y en la organización social y se
expresa o se realiza en el bienestar individual y colectivo. |
Entonces, desde nuestra perspectiva de región atrasada de
un país atrasado, debemos enfatizar que el verdadero desarrollo no
empieza ni acaba en la economía. Aquí, el desarrollo que tiene
como objetivo incuestionable al ser humano, empieza en un cambio de
paradigmas y en una visión colectiva de futuro, se construye en la
economía y en la organización social y se expresa o se realiza en el
bienestar individual y colectivo.
Como puede colegirse de esta proposición, el progreso
económico necesariamente debe estar precedido de un ordenamiento de ideas
con contenido ontológico y ético y de un imaginario de futuro construido
desde y en función de la inclusión social. Por tanto, la educación y
también la organización político-gubernamental (La política en general)
deben alimentar la visión de ese desarrollo y acompañar el curso de
construcción del mismo, asunto que es diferente a que la educación, como
la política, este al servicio de ideas extrañas y excluyentes.
El desempeño económico y la calidad de la organización
social, son los espacios concretos donde se imprime un ideario y un
imaginario y por tanto su esencia y su práctica debe tener una clara
relación de correspondencia: La economía al servicio del hombre, no el
hombre al servicio de la economía. Estas ideas tal vez sean extrañas,
alucinadas y de difícil aceptación por los personeros de la vida pública y
por los actores económicos de la región, pero consideramos nuestro deber
plantearlas con franqueza.
Por pensar ingenuamente que la economía es el principio y
el fin de la sociedad, hemos perdido el sentido histórico, hemos
debilitado la identidad y la verdadera noción de región, hemos vendido o
hipotecado nuestros recursos naturales y hemos permitido que a nombre del
desarrollo otros usufructúen nuestras potencialidades humanas y físicas.
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El verdadero desarrollo
no se mide en indicadores de crecimiento económico sino en índices
de calidad de vida y en índices de inclusión social |
Entendiendo que el verdadero desarrollo no se mide en
indicadores de crecimiento económico sino en índices de calidad de vida y
en índices de inclusión social; entonces, como ya fue dicho,
el desarrollo debe plasmarse en el bienestar individual y colectivo. Esta
es una verdad intrínseca, mas no exclusiva, de las ideas de una izquierda
reflexiva y con claro sentido histórico, ideas que por su insondable carga
humanista se hacen universales y pueden ser compartidas por personas que
participan en diferentes categorías políticas, sociales y económicas.
Por ello mismo es que la izquierda debe ser pluralista y
no dogmática, sus actores deben ser verdaderos demócratas y nunca
caudillistas o traficantes del poder. Así es como entendemos el asunto del
desarrollo, así es como concebimos el asunto de las militancias políticas
consecuentes y es sobre estas bases que justificamos cualquier esfuerzo
para compartir tesis, para realizar debates, para enfrentar el acuerdo y
el desacuerdo y en general para emular con todos los actores políticos,
independiente desde que banderas estos actúen, pues las ideas-fuerza que
tienen carácter universal son las que franquean el paso a las visiones
compartidas y a los objetivos comunes.
La educación o cultura política para el desarrollo, y sus
buenas prácticas, no podrán esperarse de la diatriba, de la ofensa, de la
descalificación, del abuso del poder. Estas son mañas atávicas de la
política que en lugar de iluminar un futuro común nos hacen retroceder
hasta acercarnos a los tiempos de los trogloditas.
Estas mañas atávicas hacen de lo político algo sucio y
repelente; con estas mañas recurrentes hemos logrado que la política no
sea el punto de encuentro de ideas y voluntades para construir un futuro
digno, sino todo lo contrario, que la política sea azuzadora de la
discordia, de la confusión, de la dispersión y de la desconfianza,
defectos que son propios de las sociedades primitivas, atrasadas y
decadentes.
De otra parte debemos señalar también que el
desarrollo, si bien no empieza ni acaba en la economía, si es
consustancial con la prosperidad y, a su vez, la prosperidad es
consustancial con la riqueza económica. A partir de este juicio
deberíamos entender entonces que la prosperidad regional es condición
vital para imaginar una comunidad regional en pleno disfrute de estadios
superiores del desarrollo.
Vista la cuestión de esta manera, resultaría oportuno
reiterar que las estrategias de formación y acumulación de capital
regional deberían ser sustentadas por los dirigentes, políticos y
económicos, como condición previa para que la comunidad regional pudiera
considerar y aceptar cualquier promesa de desarrollo. Si esta condición no
se cumple entonces debería considerarse sospechosa y carente de
consistencia cualquier promesa electoral y cualquier propuesta gremial en
este sentido.
Claro, muchos dirigentes, sobre todo los políticos, en
compensación a su incapacidad de concebir y proponer estrategias endógenas
de orden económico, fundamentan su proselitismo regional en los recursos
que supuestamente han de tramitarse y conseguirse con el gobierno
nacional. De hecho este supuesto, aun en la idea de que sea plenamente
realizable, no es aceptable como sustento de una visión estratégica para
alcanzar la prosperidad económica de la región.
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El desarrollo es la
plena calidad de vida individual y colectiva. El desarrollo es una
vocación de vida, no una vocación económica |
Seguramente muchos programas regionales se puedan realizar
con recursos de las transferencias nacionales o incorporando políticas
nacionales y sectoriales a los planes locales y regionales de desarrollo,
al fin y al cabo este es un derecho, pero debería ser claro para la
opinión que una cosa son los limitados programas de bienestar o las pocas
obras de infraestructura de los planes nacionales de inversión y otra cosa
es la plena prosperidad de la región, con el agravante de que los
programas nacionales generan una dependencia centralista, distorsionan el
rol del político al reducir su oficio solamente a términos de eficacia en
la intermediación, distrae la atención sobre fundamentales estrategias
endógenas para pensar el desarrollo y permiten que el modelo neoliberal
pueda hacer de las suyas en la región, como bien lo hemos podido
experimentar con las privatizaciones y la neutralización de nuestros de
por si exiguos márgenes de maniobra.
El desarrollo es o no es y la tensión de
esta disyuntiva debe proporcionar la única medida de información para
calificar la eficacia o ineficacia de los actores económicos, sociales y
políticos. Los tolimenses, a cuenta de promesas de progreso, no podemos
continuar alimentando electoralmente una historia de frustraciones y
seguir siendo testigos pasivos del atraso endémico, el desempleo, la
marginalidad y la exclusión.
El desarrollo debe reflejarse en el rostro de todos
nuestros paisanos y con ello queremos decir que tolimenses e ibaguereños,
hombres y mujeres sin distingo alguno, tienen el derecho al bienestar
económico, a una mejor calidad de vida y a gozar de una clara certidumbre
de futuro para sus hijos y para los descendientes de estos.
Bajo estas premisas, la construcción de visiones
compartidas de un futuro para el Tolima y para Ibagué no podrían ser nunca
más ejercicios coyunturales o circunstanciales basado en una
unidimensionalidad economicista; la visión compartida debe
fundarse en concepciones humanistas colectivamente construidas para poder
comprometer la acción conjunta de todos los sectores constitutivos de
nuestra sociedad regional. El desarrollo es cultura, estética, economía,
bienestar, sostenibilidad ambiental, solidaridad, convivencia civilizada.
El desarrollo es la plena calidad de vida individual y colectiva. El
desarrollo es una vocación de vida, no una vocación económica.
Para que todo cambie…
El cambio, como un concepto político que indica la
transición de lo viejo a lo nuevo, ha ido perdiendo su vasto significado,
es una palabra desgastada y hasta envilecida por el abuso exagerado a que
es sometida en todo episodio electoral. En nuestro libro, "El País Pijao"
citamos un fragmento del Gatopardo de Tomáis di Lampedusa que aconseja
"cambiarlo todo para que nada cambie"2
y decíamos allí cómo en nuestra sociedad esta exhortación se reedita
con frecuencia. Prácticamente todo dirigente político, económico o social,
basa su discurso cotidiano en una promesa de cambio y sin embargo nada
cambia a lo largo de tantas décadas.
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El cambio, para
nosotros, es un fenómeno colectivo; no es el efecto de una voluntad
individual, es el efecto de muchas voluntades entendidas en una
amplia diversidad de pensamientos y disciplinas que convergen a un
objetivo común, es decir, es un acuerdo de unidad en la diversidad
para alcanzar un sueño colectivo |
¿Por qué nada cambia a pesar de tantos supuestos
promotores del cambio? Este interrogante que aborda una de las
ideas-fuerza de este ensayo, debe responderse desde un punto de vista
diferente, precisamente porque es desde razones diferentes de donde se
pueden abordar prospectivas de lo diferente. El cambio, para nosotros,
es un fenómeno colectivo; no es el efecto de una voluntad individual, es
el efecto de muchas voluntades entendidas en una amplia diversidad de
pensamientos y disciplinas que convergen a un objetivo común, es decir, es
un acuerdo de unidad en la diversidad para alcanzar un sueño colectivo.
El cambio es cultural, es de prácticas cotidianas, es de esquemas
económicos, es de discurso, es de actitudes políticas, es de referentes.
El cambio comienza en lo aparentemente más trivial y en lo
más complejo, empieza desde diferentes puntos de partida. El cambio es
como la metáfora de la bola de nieve, donde se combina las fuerzas
potenciales con las fuerzas cinéticas para producir consecuencias
colosales.
El cambio puede comenzar en alguna parte y en todas
partes; puede comenzar en un hecho económico, en un estilo periodístico,
en un tipo de organización social, en un discurso político, en una
cátedra, en un trabajo académico. Pero también puede comenzar en todos los
anteriores y en otros fenómenos posibles. La bola de nieve se lanza o se
desprende desde cualquier parte o desde partes diferentes, pero claro,
siempre que éste o estos puntos de partida estén a la altura
conveniente, pues es impensable que la bola adquiera velocidad y capacidad
de atracción y acumulación de masa si es lanzada o se desprende de lugares
bajos.
En la metáfora de la bola de nieve, la altura se mide en
metros, en la prospectiva regional la altura se mide en la calidad y la
intensidad de difusión de los paradigmas y en la profundidad y amplitud de
la visión colectiva de futuro y es por ello que atrás hemos sostenido que
el desarrollo empieza en un cambio de paradigmas y en una visión de futuro
colectivamente construida.
Desde luego que la idea de visión de futuro y de
paradigma, como lo veremos mas adelante, no es necesariamente un asunto de
complejas pertinencias políticas o académicas, la visión y el paradigma es
una cuestión atinente a cualquier variable de la actividad humana que
desde luego puede influir positiva o negativamente en las conductas
generales. Por ejemplo, algunos dicen que "el ejemplo arrastra" y
otros más cercanos a las metáforas científicas, como Edward Lorens, aluden
al "efecto mariposa", tema del cual nos ocupamos ligeramente en
nuestro libro "El País Pijao" y sobre lo cual mas adelante precisaremos la
referencia.
En refinada prosa, un párrafo de Ernesto Sábato
nos permite ver la importancia de lo sencillo, dice Sábato:
"A pesar de las desilusiones y frustraciones acumuladas, no hay motivo
para descreer el valor de las gestas cotidianas. Aunque simples y
modestas, son las que están generando una nueva narración de la historia,
abriendo así un nuevo curso al torrente de la vida".
Sobre estas reflexiones debemos afirmar que todos podemos
ser agentes de cambio, que la responsabilidad del cambio no es endosable
solo a los actores políticos o a los actores económicos. Usted, yo y todos
los demás, independientemente de donde estemos, pero siempre que estemos
ubicados en una posición de conveniente altura, podríamos lanzar esa
pequeña bola de nieve que puede convertirse en un alud de progreso y
prosperidad, un alud que obligaría a todo lo que esté en las partes medias
o bajas de la pendiente a que igualmente se sumen al resultado final. Esta
es la dinámica del desarrollo, lo demás serán lugares comunes, confusión,
sofismas y engaños.
En nuestro libro "El País Pijao" 3,
además de las referencias al "efecto mariposa", hacíamos una cita del
ensayo de John David García, "Una Alternativa Creativa" en la que se
afirma que "un paradigma es un modelo para comprender la realidad, que
nos permite relacionarnos con el mundo circundante y tener sentido de
identidad dentro de lo que percibimos es el mundo real". Si el modelo
que equivocadamente tiene un individuo para comprender la realidad y
relacionarse con el mundo de sopetón se encuentra con otras ideas, otros
proyectos, otras proposiciones ideológicas, entonces es factible que el
individuo se sienta amenazado.
El mismo García explica esta paradoja: "Solo las
personas que se autoengañan sienten su identidad (ego) amenazada al tener
que admitir que están equivocados, entonces distorsionan la realidad con
tal de aferrarse a sus creencias falsas… Cuando este tipo de conflictos
afectan creencias aun mas fundamentales como quienes somos, de donde
venimos, a donde vamos y como podemos llegar allí, la resistencia al
cambio de paradigmas es mucho mayor". Este es el imbricado conflicto
de identidad y creencias que impide a las gentes de una región como la
tolimense poder encontrar el camino correcto para la realización de sus
aspiraciones.
"Solo podemos seguir aprendiendo, dice García,
cuando admitimos que podemos estar equivocados y que aprendemos muchos mas
al reconocer nuestros errores que al reafirmar nuestras creencias".
Este asunto de los paradigmas debería ocupar más tiempo en las disciplinas
académicas, en el discurso político y en los trabajos de investigación.
Aunque pudieran existir otras categorías para clasificar a
los actores públicos, nosotros agrupamos en cuatro categorías generales
los tipos de actores que deberían comprometerse al unísono en profundos
cambios de paradigmas, actitudes, estrategias, programas. Advertimos si
que el orden establecido es antojadizo, pues la dinámica del desarrollo,
tal como fue dicho, puede dispararse desde cualquier parte y desde todas
las partes.
Con sujeción a un enfoque sistémico nos atrevemos a
plantear otra visión política para el desarrollo regional. Para que
todo cambie, todo tiene que cambiar, es la proposición que
seguidamente intentamos sustentar mediante la utilización de unos pocos
ejemplos (apenas tres por cada categoría) en los cuales intentamos hacer
una lectura de las prácticas actuales o vieja usanza y el enfoque de un
nuevo paradigma que quizás mereciera atención para ser mejorado o
reformulado por los diversos actores.
Notas
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