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Parte 2 / 2
Desplazados ambientales
en América Latina
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El huracán Wilma en México causó la
muerte a decenas de pobladores de Puerto Juárez |
En nuestro continente la situación hasta ahora es
diferente a lo que ocurre en África o Asia, ya que, aunque son frecuentes
los desastres naturales que hacen que las personas deban abandonar sus
hogares en forma temporaria como ocurre con los huracanes, no se realizan
grandes desplazamientos permanentes. En general, hasta ahora, los
traslados se realizan dentro del mismo país.
Los desplazados en América Latina en su mayoría son
provocados por inundaciones, deslizamientos, huracanes o como consecuencia
de construcciones de represas, y en algunos casos, por la degradación o
contaminación ambiental por la minería, o la extracción petrolera.
La situación social de los afectados es grave, ya que se
encuentran inmersos en la pobreza y no reciben demasiada ayuda de
gobiernos u organismos internacionales después que transcurre el estado de
emergencia. Muchos son aborígenes y campesinos pobres que al perder sus
medios de subsistencia les es muy difícil recuperarse y reintegrarse a la
sociedad, en caso de no poder retornar a su lugar de origen.
No es casualidad de que la mayor cantidad de desplazados
ambientales pertenezcan a países subdesarrollados y también, sean los más
vulnerables a sufrir los efectos negativos de desastres, ya que no hay
ningún tipo de prevención ni planificación. Se puede citar el caso de los
pobladores de las costas del Paraná, en Argentina, - entre 40 y 50 mil
personas-, que tuvieron que abandonar sus hogares a causa de las
inundaciones producidas tras la construcción de la represa hidroeléctrica
de Yaciretá. La mayoría de esos pobladores vivían, dedicados a la
orfebrería con barro, en chozas a un lado de la ribera, lejos de cualquier
poblado -lo que acrecentó su sentido de desarraigo al ser trasladados a
urbanizaciones-. Se les destruyó su forma de vida y muchos no lograron
adaptarse en su nuevo hábitat. Este tipo de casos se repiten a lo largo de
todo el continente. Pero además hay que tener en cuenta, que los millones
de personas viven en el área costera de América Latina y las islas del
Caribe, son muy vulnerables a los huracanes y, en algunos años, si no se
toman medidas preventivas, con el crecimiento del océano, se pronostica
una evacuación hacia otras regiones más seguras, pero esto, a su vez,
tendrá un impacto de superpoblación en algunas ciudades y pueblos, con
todas las consecuencias que de ello se derivan: sobreexplotación de
recursos naturales, aumento de delitos, discriminación, o falta de
viviendas.
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Más allá de los desastres naturales hay otra realidad cada
vez más común en Latinoamérica: el cambio de uso del suelo. Se
desmontan enormes áreas de bosques para darle paso a la agricultura
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Pero más allá de los desastres naturales hay otra realidad
cada vez más común en Latinoamérica: el cambio de uso del suelo. Se
desmontan enormes áreas de bosques para darle paso a la agricultura. La
deforestación desencadena una serie de efectos muy negativos como el
agotamiento del suelo y la posterior erosión del mismo, y luego, la
desertificación. Este encadenamiento de sucesos tiene como consecuencia
miles de hectáreas inertes, que provocan emigraciones de las poblaciones
locales. Sin embargo, el mayor daño en ese proceso no lo hacen los
campesinos, lo provocan grandes empresas trasnacionales con el permiso de
los gobiernos locales. Estos son los verdaderos responsables de la gran
degradación ambiental que sufren nuestros territorios y del destierro de
personas. Es importante comenzar a analizar este problema desde sus
diferentes aristas, para que no se agrave aún más y no nos tome por
sorpresa. Esta situación significará la perdida de vidas y el sufrimiento
de millones de personas, de quedarnos de brazos cruzados.
Es fundamental que se auxilien a los afectados durante los
desastres pero también, y tal vez más importante, es crear las condiciones
de recuperación en el lugar de origen de las víctimas para evitar el
desarraigo de las migraciones. Se debe comenzar a revertir y solucionar
los problemas ambientales globales, pero también los locales para evitar
mayores catástrofes naturales y sobre todo humanitarias. La inversión de
fondos para este tipo de cuestiones es vital ya que si se comienzan a
tomar medidas preventivas, se puedan evitar peores escenarios.
Se requiere no sólo que los organismos internacionales
como Naciones Unidas comiencen creando una dependencia que se ocupe
específicamente de este problema, sino que además se incluya una
legislación a nivel internacional que brinde protección legal, asistencia
sanitaria, asilo, y la ayuda humanitaria que requirieran los afectados. Es
imprescindible diseñar políticas activas que tengan en cuenta estos
factores, que no se soluciona con simple asistencialismo, como dar algo de
comida o brindarle una carpa. Se tiene que buscar la mejor forma de ayudar
a las personas que no tienen ninguna posibilidad de volver a su país, pero
teniendo en cuenta que la reubicación debe ser de los grupos familiares
para evitar su disgregación, brindar ayuda psicológica y capacitación para
una posterior reinserción laboral, y respetar las características de los
individuos, como su cultura o su religión, para que los mismos puedan
conservarla y no que, por tratar de ser aceptados socialmente, estén
obligados a reprimirla. Además, se debe trabajar con las poblaciones
receptoras de los desplazados, ya sea dentro o fuera del país, para lograr
una mejor aceptación por parte de estos. Para que este proceso sea exitoso
se tiene que regular las corrientes inmigratorias de desplazados
ambientales y planificar a fin de que no produzca una nueva crisis en el
ambiente.
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No sólo se debe
combatir las consecuencias de los desplazados
ambientales, también hay que actuar sobre las causas |
La clave para que esta compleja situación no siga
complicándose es elaborar proyectos con una gestión integral de los
problemas, tanto por los gobiernos en sus propios países como a través de
la cooperación internacional. No sólo se debe combatir las consecuencias,
también hay que actuar sobre las causas, porque sino nunca podrá
detenerse. Se tiene que prevenir cuando haya suficientes pruebas
científicas de que algún fenómeno se desatará, realizando planes de
emergencia y contingencias, sistemas de alerta y capacitación de las
poblaciones para afrontar posibles incidentes. Otro aspecto relevante
sería cambiar los modos de producción de las actividades económicas cuando
originan una alta degradación ambiental.
Se tendría que incentivar y cogestionar las zonas de gran
valor ambiental con las poblaciones locales utilizando políticas de
desarrollo sustentable. Los países ricos o desarrollados deberían
colaborar con los países pobres, no sólo con apoyo financiero, sino con
asistencia técnica o de recursos humanos. No hay excusas para no comenzar
a actuar ya que son suficientes las muestras de lo que puede ocurrir en
unos pocos años sino se toman las medidas adecuadas. Es necesario mirar la
realidad de los países o regiones que padecen estos problemas para no
repetir los mismos errores.
Esta problemática aún no está demasiada difundida por los
medios de comunicación, lo que provoca el desconocimiento por parte del
público de la gravedad y situación en la que se encuentran millones de
personas en el mundo.
Los desplazados ambientales son personas que necesitan que
se los ayude, que se les respete y reconozcan sus derechos humanos más
básicos, en forma inmediata y no se puede esperar a mañana porque puede
ser tarde y podría afectar a generaciones completas. Hay daños que, quizás
no puedan arreglarse, o tardaran demasiado tiempo en solucionarse. El
futuro esta en nuestras manos. Si optamos por un mundo basado en la
globalización de la solidaridad, la cooperación y la paz seguramente se
podrá sobrellevar los desafíos que la naturaleza nos plantea, así como
asumir las consecuencias de nuestros actos hacia el planeta.
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