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Parte 1 / 2
Presentación en la Reunión
Internacional sobre
"Ética y Desarrollo" del Banco Interamericano de Desarrollo
en colaboración con el Gobierno de Noruega

Muchas
personas son renuentes a "mezclar" la ética con la economía, y rehusarían
igualmente pronunciarse en materia de "ética y desarrollo" -tema de esta
conferencia – por el mismo motivo por el que declinarían una invitación a
beber y luego conducir un automóvil. Es un reconocimiento al liderazgo de
los organizadores de esta conferencia, -en especial a Bernardo Kliksberg–
el haber despertado tan amplio interés y haber atraído una participación
tan estelar para una iniciativa que lucía arriesgada, pero que ha sido
justificada con creces por la riqueza del programa de la conferencia.
Puesto que tengo el privilegio de conocer al Presidente Enrique Iglesias
desde hace mucho tiempo, y conozco sus prioridades personales, puedo ver
que tiene motivo de sobra para sentirse complacido.
Los organizadores de la conferencia también han hecho gala
de mucho tacto al no aprovechar la ocasión para arengar a un público
cautivo acerca de la importancia de la ética y de la moral. Tarea nada
fácil, que entiendo debo asumir en lo que se ha llamado "el discurso de
clausura". Trataré, entonces, de estar a la altura de la situación. ¿De
qué manera influencia la ética los agentes primarios del desarrollo, entre
los cuales figuran por igual ciudadanos y empresas comerciales, gobiernos
y también la oposición, los medios de comunicación al igual que el
mercado? ¿Qué razones existen para que tan diversas personas e
instituciones atiendan las exigencias de la ética con seriedad? ¿Qué
impacto puede tener la ética para marcar la diferencia?
Más allá de la Prudencia
Puede resultar útil empezar específicamente por el
comportamiento empresarial , y, de manera más general, con cálculos de
corte económico, los cuales se suponen están motivados por objetivos que,
por lo menos en función de una teoría, no tienen nada que ver con la
ética. El aforismo citado con mayor frecuencia en la economía es el
comentario de Adam Smith acerca del carnicero, el panadero y el cervecero,
que de hecho es lo único de Smith que algunos académicos selectivos leen
(No dije en Chicago):
"No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero o
del panadero que esperamos nuestra comida, sino de la consideración que
ellos hacen de sus propios intereses. Apelamos no a su sentido
humanitario sino a su amor por ellos mismos….."
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Aunque nos moleste el que a Adam Smith se le califique tan
a menudo de economista de una sola frase (de hecho, el autor famoso de
esta frase), obviamente esta afirmación no tiene nada de malo, de hecho es
sensata y también denota discernimiento. El carnicero, el cervecero y el
panadero quieren ganar dinero de nosotros, y nosotros, -los consumidores–
deseamos la carne, la cerveza y el pan que ellos tienen para vender. Lo
que se necesita para generar este deseo de intercambio es simplemente algo
de "amor por uno mismo" (como lo llamaba Adam Smith) de parte de cada uno.
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Una negociación exitosa de un contrato aceptable exige ética
en el comportamiento, que podría facilitar acuerdos en condiciones
justas de intercambio ante la existencia de alternativas de
contratos diferentes (como suele ocurrir en los mundos que no son
los de la competencia pura y perfecta, es decir, casi siempre). |
Esta idea es, en sí, brillante. Ayuda a explicar por qué
deseamos el intercambio. Pero no nos dice absolutamente nada acerca de
cómo asegurar que esos intercambios deseados se organicen y ocurran en la
práctica –y además en forma expedita. Smith nunca fusionó estos aspectos
claramente diferenciados.
Para una negociación exitosa de un contrato aceptable y
para la ejecución eficiente y adecuada del mismo, no basta la motivación.
Para el funcionamiento real de los contratos y su uso exitoso en la
expansión económica se necesita mucho más. Se requieren instituciones –
para la aplicación de la legislación, para el seguimiento, auditoría y
contabilidad. Igualmente exige ética en el comportamiento, que podría
facilitar acuerdos en condiciones justas de intercambio ante la existencia
de alternativas de contratos diferentes (como suele ocurrir en los mundos
que no son los de la competencia pura y perfecta, es decir, casi siempre).
Las normas de comportamiento también pueden ayudar a las partes a cumplir
promesas y respetar contratos (aun cuando las partes puedan preferir en un
momento determinado un cumplimiento parcial, y algunas veces una
revocación total, en la medida en que las condiciones pueden resultar
diferentes a las esperadas). De hecho, las normas de comportamiento pueden
inducir a las personas a actuar en forma honorable sin necesidad de
recurrir incesantemente a demandas entre las partes contratantes.
El Razonamiento, la
Supervivencia y la Ética del Comportamiento
Por lo tanto, la ética empresarial es necesaria inclusive
para el comercio normal. Naturalmente resulta fácil explicar el motivo por
el cual aun las personas que persiguen su beneficio personal con
frecuencia captan la clara conveniencia de actuar en una forma moralmente
apropiada, debido a los requerimientos del "esclarecido interés propio"
(la lúcida comprensión de la propia conveniencia) – lo que Smith llamaba
"prudencia". Por ejemplo, es útil para las personas tener la reputación de
ser íntegros y dignos de confianza.
En la literatura reciente relativa a la supervivencia
selectiva de normas de comportamiento y, de manera más general, acerca de
la teoría evolutiva de los juegos, se ha aclarado el amplio alcance del
razonamiento ético en estas formas útiles a nivel instrumental.
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Cabe preguntarse entonces si ¿ese "esclarecido interés
propio" es suficiente para lograr una ética del comportamiento? Smith no
lo creía así, y por ello siguió recalcando la importancia de otras
virtudes que van mucho más allá de la prudencia, entre ellas la
"comprensión", la "generosidad" y el "actuar en función del colectivo".
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Si bien el cálculo estricto de nuestros beneficios a largo plazo nos
llevaría más allá de la limitada búsqueda del beneficio personal para
ubicarnos en el más amplio "esclarecido interés propio" y la prudencia, Smith abrigaba la esperanza de que una consideración más plena de nuestro
papel en la sociedad y de nuestras mutuas interdependencias nos conduciría
mucho más allá de la búsqueda del bien personal, aún esclarecida. En este
contexto invocaba el apelar a recursos tales como la necesidad de imaginar
lo que sugeriría un "espectador imparcial". Nuestras vidas transcurren en
situación de dependencia mutua, y nos debemos algo los unos a los otros,
que se ubica más allá de aquello que nos aporta beneficio personal a largo
plazo. 4
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Smith no esperaba
esperaba un alto nivel de moralidad de la gente adinerada, de
quienes desconfiaba enormemente (bastante más que alguien como Karl
Marx, por ejemplo) |
Este es el tema más amplio de la ética del comportamiento
que trasciende no sólo la conducta carente de ética, sino también el valor
instrumental de la conducta ética en función del interés propio
esclarecido. De cualquier manera, Smith no esperaba que este sería el
comportamiento habitual de los hombre de negocios, puesto que en general
el no esperaba un alto nivel de moralidad de la gente adinerada, de
quienes desconfiaba enormemente (bastante más que alguien como Karl Marx,
por ejemplo). Esbozó el beneficio social derivado de tener en
cuenta el bien público, pero dejó sin definir gran parte de lo que
realmente cambiaría la conducta individual, especialmente la de los
adinerados y de los poderosos. En cierta forma abrigaba la esperanza de
que emergiesen normas de comportamiento que no estuviesen condicionadas
por calculados intereses egoístas en cada caso, sino vinculadas a la
consideración de ser las normas de comportamiento "apropiadas", que
reflejasen las convenciones establecidas y normativas de la conducta
habitual.
Muchas personas se comportan de manera muy decente, y a
través de todas su vida evitan caer en entredicho y es muy posible que
nunca hayan experimentado el sentimiento en el cual nosotros fundamos
nuestra aprobación de su comportamiento, sino que se limitaron a actuar
basándose en lo que consideraron ser las normas de comportamiento
establecidas . 5
Es evidente que es posible reforzar dichas normas mediante
la supervivencia evolutiva, pero también hay procesos cognoscitivos que
pueden justificar un razonamiento como éste aun cuando la mayoría de las
personas podría actuar, como lo expresaba Smith "únicamente basándose en
lo que consideraron ser las normas de comportamiento establecidas".
Lo que cabe resaltar aquí es que esto abre un enorme
espacio a la ética y la moralidad del comportamiento, que puede
vincularse, por una parte al razonamiento ético en nombre de la sociedad
y, por la otra, relacionarse con la elección, razonada o por inclinación,
inspirada en la supervivencia evolutiva vinculada a beneficios
individuales a largo plazo y al éxito social. 6 Estos temas se plantean en
varios contextos prácticos, muchos de los cuales tienen ahora mayor
importancia de la que tenían en la época de Adam Smith. Un buen ejemplo,
naturalmente, lo constituye el desafío del deterioro ambiental, tema que
retomaré más adelante.
La necesidad de integración requiere no solamente el
reconocimiento de que tanto la ética del comportamiento como la reforma
institucional tienen sus respectivos papeles en el abordaje del desafío
ambiental, sino también el cuidadoso escudriñar de sus interrelaciones:
cuán exactamente pueden reforzarse mutuamente, y, no menos
importante, cómo pueden también estar en conflicto. Los
valores y las instituciones no son independientes unos de otras. Por
supuesto tampoco lo son las consideraciones de eficiencia y equidad. Si
bien se reconocen con frecuencia las interrelaciones entre éstas últimas,
el enfoque suele ubicarse en el contexto del señalamiento de que la
búsqueda de equidad puede a menudo entorpecer la eficiencia, mediante una
serie de efectos contrarios, especialmente debido a la erosión de
incentivos. Ciertamente esta es una consideración importante en numerosas
situaciones, y debe ser tenida en cuenta, pero también cabe señalar que
los nexos pueden ser mucho más complejos. De hecho, el atender el aspecto
de equidad puede, en muchas circunstancias, ayudar a promover la
eficiencia (en vez de obstaculizarla), porque puede ser que la conducta de
las personas dependa de su sentido de lo que es justo y de su lectura
acerca de si el comportamiento de los demás lo es.
Notas
[1] Adam Smith, "An
Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations" (Indagación
acerca de la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones) (1776;
nueva edición, Londres : 1910), vol1, p.13
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