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Parte 2/2
Los desaciertos de
Malthus en el siglo XXI
La
Teoría de la Población de Malthus es una teoría simple, que explica la
relación existente entre el crecimiento de la población y el desarrollo
económico. La misma, se basa en una serie de supuestos e hipótesis
simplistas que no tienen un fundamento científico y objetivo. De ahí que
pudiera criticarse en dos aspectos fundamentales.
En primer lugar, el modelo de Malthus considera
irrelevante o no tiene en cuenta, el gran impacto del progreso
tecnológico. Este impacto tiende a contrarrestar los efectos del
incremento rápido de la población que inhibe el crecimiento. La historia
del crecimiento económico está ligada muy estrechamente a un rápido
progreso tecnológico que se manifiesta en una serie de invenciones e
innovaciones científicas, tecnológicas y sociales. La brecha del ingreso
promedio de los 20 países más ricos y el promedio de los 20 países más
pobres ha aumentado en los últimos 40 años a más de 30 veces. Esto ha
llevado a un deterioro de la calidad de vida de las personas. Hoy en día,
por causa de la pobreza, 150 millones de niños en los países
subdesarrollados tienen bajo peso, un factor que aumenta el riesgo de
muerte e inhibe el desarrollo mental y físico. Además, mientras que en los
países ricos, menos del 5 % de todos los niños menores de cinco años sufre
de malnutrición, en las naciones pobres la proporción es de hasta el 50 %.
Según la propia FAO, un niño de un país industrializado va a consumir en
toda su vida lo que consumen 50 niños de un país subdesarrollado.
"En 1975, la FAO declaraba que 500 millones de
personas pasaban hambre. En la actualidad la cifra ha aumentado, según
la propia organización, que calcula que unos 840 millones de
habitantes padecen de hambre o están expuestos a los efectos de la
inseguridad alimentaria, de ellos 777 millones viven en los países
subdesarrollados. En Asia meridional y África subsahariana se
encuentra el mayor número de personas que pasan hambre"
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Por cada país
densamente poblado y con problemas de hambre como Bangladesh,
encontramos países como Nigeria, Brasil o Bolivia, donde abundantes
recursos alimentarios coexisten con el hambre |
Por cada país densamente poblado y con problemas de hambre
como Bangladesh, encontramos países como Nigeria, Brasil o Bolivia, donde
abundantes recursos alimentarios coexisten con el hambre. Costa Rica,
únicamente con la mitad de hectáreas de cultivo por persona de Honduras,
tiene una expectativa de vida once años superior a la de Honduras y muy
cerca de la de los países desarrollados. Para que avances como estos, se
puedan disfrutar en otros países, tendremos que generalizar las exitosas
pero aún insuficientes experiencias de los programas llevados a cabo para
la eliminación del hambre y la pobreza en América Latina, tales como el
"Programa Hambre Cero" de Brasil, "Oportunidades" de México y "Vida Nueva"
de la propia Costa Rica. Además de socializar las acciones de desarrollo
local, seguridad alimentaria y nutricional de Cuba así como implementar
políticas alimentario-nutricionales como las que se han llevado a cabo en
Brasil y el Programa Vida Mejor que desarrolla el Estado de Chiapas, en
México, para el mejoramiento de la salud y la nutrición de madres y niños.
Tanto en Asia como en África más del 60 % de la población
apenas alcanza el mínimo de las calorías que se requiere una salud
adecuada. Se ha estimado que este déficit de calorías equivalió a menos
del 2 % de la producción mundial, lo que contradice la creencia tan
extendida que la malnutrición es el resultado inevitable del desequilibrio
entre la población y los suministros mundiales de alimentos. La realidad
de los últimos decenios, en los que se ha dado el mayor crecimiento
demográfico de toda la historia humana, ha desmentido totalmente las
previsiones de Malthus. La producción de alimentos está aumentando desde
el año 1950, especialmente en los últimos 30 años, a un ritmo tan rápido
que ha superado el crecimiento de la población, aunque al persistir
todavía graves problemas de distribución de hecho sigue habiendo muchos
millones de personas que pasan hambre o están mal nutridas. Más de 800
millones de personas del mundo en desarrollo sufren de desnutrición
crónica. Entre ellos, la falta de energía y proteínas esenciales resta
fuerzas al cuerpo y a la mente, y disminuye la esperanza de vida de unos
200 millones de niños. La explicación más verosímil está en el gran
desequilibrio existente de la distribución de la renta mundial. La
desnutrición y la mala salud, en países en vías de desarrollo, están más
ligada quizás con la pobreza que con la producción de alimentos, aún
cuando estos dos factores estén relacionados indirectamente. Por lo tanto
sería válido afirmar que el verdadero problema está en distribución de la
alimentación.
Desde mitad del siglo XIX ha sido considerado el derecho a
emigrar como algo que deriva de la propia concepción del hombre como ser
racional y libre. El tema de las migraciones y la urbanización es uno de
los tantos males que actualmente está afrontando la sociedad. La
diversidad de gentes y actividades fomentan la innovación y la
creatividad, que a su vez crean oportunidades que atraen aún a más gente.
Pero los problemas de hacinamiento, delincuencia, pobreza y contaminación
pueden ser muy graves. Así, las ciudades han llegado a ser el reflejo de
las esperanzas y los temores del mundo moderno. Este fenómeno se acompaña
generalmente de una mutación profesional (el éxodo agrícola), pues las
poblaciones no sólo abandonan el mundo rural, sino también los oficios
ligados a la tierra que cultivaban. La modernización de la agricultura
reduce efectivamente las necesidades de trabajo en el campo, en tanto que
la industria y el sector terciario ofrecen empleos en la ciudad. Muchas
regiones del mundo (por ejemplo África Subsahariana) y muchas regiones
dentro de algunos países (por ejemplo el Nordeste y la Amazonia, en
Brasil) están de hecho, pocos pobladas en relación con sus recursos
potenciales. Otras tienen demasiada población concentrada en una zona
demasiada pequeña (por ejemplo la parte de Java o la mayor parte de las
concentraciones urbanas de los países subdesarrollados). Por todo ello,
los gobiernos deben esforzarse, no por moderar la tasa de crecimiento
demográfico, sino, más bien, por reducir la emigración del campo a la
ciudad y por conseguir una distribución espacial de la población más
natural, en términos de disponibilidad de tierra y otros recursos
productivos.
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El fenómeno del éxodo rural afecta principalmente a los
países en vías de desarrollo. Estos flujos suponen cada año más de
treinta millones de personas |
En la actualidad, el fenómeno del éxodo rural afecta
principalmente a los países en vías de desarrollo. Estos flujos suponen
cada año más de treinta millones de personas. Tienen por consecuencia un
desarrollo urbano sin precedentes. La vida rural provoca, por sus
insuficiencias, un fenómeno de rechazo. Las actividades agrícolas son poco
prometedoras y el tiempo libre relativamente reducido. Por el contrario,
la ciudad, que parece brillar con numerosas ofertas de todo tipo, atrae a
los jóvenes, en particular a los hombres. Pero como la atracción de la
ciudad no responde a una necesidad de mano de obra en el sector industrial
o en el terciario, deriva en un desempleo urbano creciente. Además, este
flujo de población hacia las ciudades entraña numerosos problemas, entre
los cuales destaca el de la infravivienda. La expansión de las metrópolis
ha provocado, pues, la degradación de ciertos barrios y la proliferación
del viviendas rústicas que, unidas a la ausencia de equipamientos
colectivos, llevan a la marginación social de sus habitantes.
Además de las ya citadas, cabe destacar como causas que
intervienen en los movimientos espaciales de población: la miseria en
algunas zonas agrarias motivada por la desequilibrada distribución de la
tierra, la destrucción del equilibrio económico anterior, motivado por la
ruptura de un sistema económico artesano y rural antiguo, afectado por la
revolución industrial y de los transportes; la prosperidad de algunas
zonas, como factor de atracción de posibles migrantes; el descubrimiento
de un nuevo recurso (oro, carbón, petróleo) capaz de provocar
concentraciones humanas en nuevos asentamientos; etc.
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El problema está dado:
los agricultores representan un porcentaje cada vez menor de la
población activa. De acuerdo con este supuesto, no es el número de
personas, por si solo, el que causa los problemas de población sino
su distribución en el espacio |
A medida que aumenta la población urbana, las ciudades
precisarán una planificación y una política cuidadosas, pero el desafío
será desarrollar nuevos modelos urbanos que ayuden a las ciudades a
adaptarse al futuro. Efectivamente el problema está dado: los agricultores
representan un porcentaje cada vez menor de la población activa. De
acuerdo con este supuesto, no es el número de personas, por si solo, el
que causa los problemas de población sino su distribución en el espacio.
La característica determinante de la época moderna de
crecimiento ha estado constituida, en mayor medida, por los rendimientos
crecientes a escala que por los rendimientos decrecientes. Malthus acertó,
en términos generales, al suponer que la oferta de tierra estaba limitada,
pero no previó la forma en que el progreso tecnológico podría incrementar
la tierra disponible mediante el aumento de su calidad (es decir, de la
productividad), aún cuando su cantidad permaneciese inalterada.
Pese a que muchos de los métodos básicos de la agricultura
continúan siendo los mismos—arar, plantar, cosechar, criar animales y
comercializar la producción— las técnicas agrícolas han cambiado
vertiginosamente en el transcurso de los años. La agricultura en los
países desarrollados se está transformando en más productiva. En 1935
había 6,8 millones de granjas en los Estados Unidos y el agricultor medio
producía suficiente cantidad de alimento para dar de comer a 20 personas.
En 2002, se calculó que la cantidad de granjas era de 2,16 millones y que
un agricultor promedio producía suficiente cantidad de productos para
alimentar a más de 100 personas al año.
Además de los avances en las técnicas agrícolas, es
necesario señalar que por miles de años, la agricultura utilizaba las
semillas que proporcionaba la misma naturaleza, que no habían sido
manipuladas por el hombre. Ya en la década del 50 del siglo XX, la ciencia
agrícola había progresado tanto, que las variedades de semillas eran
mejoradas sustancialmente para producir ciertas características especiales
o para resistir ciertas condiciones climáticas. Tal es el caso que en la
actualidad, los agricultores de los países desarrollados, plantan más de
200 variedades diferentes de trigo en un año cualquiera. Cada una de estas
variedades ha sido desarrollada para crecer bajo condiciones específicas
—clima, tierra y temperatura ambiente— y para cumplir con las exigencias
de molienda y horneado que se quiere.
En segundo lugar, la teoría se centra en el supuesto de
que la tasa de crecimiento de la población de un país está relacionada
directamente con el nivel per-cápita. De acuerdo con este supuesto, a unos
niveles relativamente bajos de renta per-cápita, las tasas de crecimientos
de la población aumentarían simultáneamente con la renta per-cápita. Se
sabe que, no parece haber ninguna correlación evidente entre las tasas de
crecimiento de la población y los niveles de renta per-cápita en los
países del Tercer Mundo. Si tenemos en cuenta la distribución de la
población en el mundo, llegamos a la conclusión que: menos de la cuarta
parte de la población del mundo —la que vive en las regiones
desarrolladas— produce más del 78 % de la renta mundial. Por consiguiente,
más de las tres cuartas partes de la población en el mundo producen solo
el 22 % del producto mundial total. Más importante es, desde el punto de
vista de los ingresos, que el Tercer Mundo, con casi el 76 % de la
población mundial, subsiste con menos del 27 % de la renta mundial. La
renta per-cápita conjunta de los países subdesarrollados es en predominio
doce veces menor que la de los países ricos
Como resultado de la medicina moderna y de la sanidad
pública, las tasas de mortalidad de la mayor parte de los países del
Tercer Mundo han descendido rápidamente y se ha debilitado su dependencia
de los niveles de renta per-cápita. Como es evidente, para un nivel dado
de renta per-cápita, la incidencia de la pobreza será más importante
cuanto más desigual sea su distribución. De todo lo antes expuesto se
puede decir que lo que afecta al crecimiento demográfico no es tanto el
nivel agregado de renta per-cápita como la distribución de esta renta.
Todos estos factores se combinan para dar lugar a una
situación de "vulnerabilidad" de los países del Tercer Mundo de la cual
ciertas fuerzas que no están bajo su control pueden tener una influencia
importante y decisiva sobre su bienestar social.
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La pobreza
generalizada tiende a mantener unas tasas de natalidad elevadas por
la sencilla razón de que las familias que viven sin la renta,
empleo, salud, servicios sociales y educación adecuados no tienen
apenas otra garantía para el futuro que depender de sus hijos. Están
atrapados en una "trampa del subdesarrollo" con respecto al tamaño
de su familia |
A modo de tentativa podemos concluir que los países que se
afanan en disminuir la desigualdad en su distribución de la renta, o
intentan difundir los beneficios del crecimiento económico a unos
segmentos más amplios de la población, pueden estar en mejor posición para
comenzar a disminuir sus tasas de natalidad que los países en los cuales
los beneficios del crecimiento están más desigualmente repartidos, aún
cuando estos últimos pueden tener mayores niveles de renta per-cápita y
unas tasas más elevadas de crecimiento de esta. Sin embargo, dada una
política de desarrollo dirigida a lograr una distribución de la renta más
equitativa, es probable que unas tasas más elevadas del crecimiento del
PNB den lugar a reducciones todavía mayores de la fecundidad.
El motivo de que las medidas que actúan directamente para
erradicar la pobreza y los bajos niveles de vida sean probablemente más
efectivas para disminuir las tasas de natalidad que pueda serlo la simple
maximización del crecimiento del PNB, estriba en que unos niveles de vidas
altos proporcionan las motivaciones necesarias para que las familias
elijan limitar su tamaño. La pobreza generalizada tiende a mantener unas
tasas de natalidad elevadas por la sencilla razón de que las familias que
viven sin la renta, empleo, salud, servicios sociales y educación
adecuados no tienen apenas otra garantía para el futuro que depender de
sus hijos. Están atrapados en una "trampa del subdesarrollo" con respecto
al tamaño de su familia, no sólo porque sus niveles de vida sean bajos
sino también porque su autoestima y dignidad puede verse cuestionada por
ello, y porque su capacidad para elegir el número deseado de hijos está
limitada por su pobreza y por la incertidumbre económica que caracteriza
su vida.
Para que una estrategia de desarrollo económico y social
pueda tener éxito, necesita no solo formular las políticas adecuadas
dentro del Tercer Mundo, sino además, modificar el actual orden económico
internacional para que responda mejor a las necesidades del desarrollo de
los países pobres.
Notas
Bibliografía
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