Parte
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Conflictos de desarrollo. Son los que se gestan como
consecuencia de la distribución desigual de recursos y que generan brechas
al interior de las poblaciones. En la región, podemos hablar de un conflicto
estructural resultante de un sistema social que ofrece oportunidades
desiguales a sus miembros. Esto implica oportunidades de vida distintas que
suponen un acceso diferente a los beneficios del desarrollo, una
distribución desigual de recursos y un poder e influencia variable en las
instancias de decisión en la asignación de los mismos. En la medida que una
sociedad posee valores altos de distribución negativa de la riqueza y limita
la participación de los individuos en las decisiones, principalmente aunque
no exclusivamente en términos de recursos económicos, es mayor el conflicto.
Así mismo, hay que tener en cuenta que no todos los conflictos son
desencadenados por motivos económicos aunque los factores económicos
resultan determinantes: en casi todos los conflictos es posible detectar
razones económicas como causas principales o secundarias y que juegan un rol
en la explicación de un conflicto social; además, todos los conflictos
tienen repercusiones económicas muy importantes21.
América Latina es la región del mundo en donde el sector más
enriquecido de la población concentra una mayor proporción del ingreso. El
decil más rico de la población de América Latina y el Caribe retiene el 48%
del ingreso total mientras que el decil más pobre sólo recibe el 1,6%; en
las naciones industrializadas el decil superior recibe el 29,1% mientras que
el decil inferior recibe el 2,5%. Además, desde la década de los setenta
hasta la de los noventa, la desigualdad en América Latina y el Caribe fue
superior en 10 puntos respecto de Asia; en 17,5 puntos respecto de los 30
países de la OCDE y en 20,4 puntos respecto de Europa oriental (Banco
Mundial, 2004). La inequidad en el país menos desigual de la región,
Uruguay, es superior respecto al país más desigual de Europa oriental y los
países industrializados. En promedio, la desigualdad del ingreso ha tendido
a empeorar en la región aunque las experiencias son variadas22.
Pero, en general, puede afirmarse que esta desigualdad puede incrementar la
desintegración social, disminuir las formas de acción solidarias o
cooperativas, aumentar la desconfianza mutua, y dificultar los procesos de
gobernabilidad y de acuerdos políticos.
El origen de esta situación está asociado a las pautas de
desarrollo seguidas por las respectivas sociedades y con la influencia del
legado colonial23. América Latina achaca la disparidad
asociada al desarrollo desigual entre las regiones de un mismo estado (el
eje campo / ciudad refleja esta situación)24 y las tensiones
derivadas de las repercusiones de los modelos de ajuste implementados en
toda la región25. Esta tendencia ha provocado que no
solamente queden al margen determinados países de las dinámicas económicas
regionales sino también ciertas regiones al interior de los Estados. América
Latina se ha convertido en el paradigma de esta situación en el momento que
se detecta, de manera generalizada, la progresiva concentración económica en
los núcleos urbanos en detrimento de las zonas rurales, lo que ha producido
una brecha cada vez más pronunciada. La región se caracteriza por la
presencia creciente de poblaciones de excluidos que quedan al margen del
empleo y de las necesidades básicas. Es así como se reproduce una cultura
del conflicto asociada a las grandes ciudades, cada vez más superpobladas,
tras la desestructuración de las bases agrícolas-familiares y las
migraciones de las zonas rurales a los circuitos urbanos26
(ver Recuadro 2). De este modo, se experimenta un proceso que es económico
pero que también afecta a los sistemas socio-culturales de los países27.
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Recuadro 2. Capitales superpobladas
Un tercio de la población Argentina vive en la
capital, Buenos Aires; Santiago alberga el 46% de la población
chilena; San José de Costa Rica contempla 1,2 millones (de los 3,5 que
tiene el país) de ciudadanos transitando diariamente por sus calles;
finalmente, Ciudad de México ya es la metrópolis más poblada del mundo
y algunos expertos pronostican una población de 40 a 50 millones de
habitantes para el año 2010 (Corbella, 2000). Esta situación se ha
agravado con las migraciones provinentes del entorno rural. En Chile
por ejemplo, se calcula que de las 998.000 personas indígenas censadas
el año 1992, un 80% reside en áreas urbanas, la mayor parte de ellas
en la zona metropolitana de la capital. En las décadas recientes, se
calcula que las grandes ciudades como Lima, La Paz o Ciudad de México
han recibido un aporte mayor de población indígena, que procede del
entorno rural, que el que recibieron históricamente debido, sobre
todo, al deterioro y estancamiento de las economías
comunitario/campesinas, la pérdida de recursos productivos y la
atracción y necesidad del trabajo asalariado urbano. |
Estas pautas de desarrollo se encuentran arraigadas al
pasado colonial de la región y, sobretodo, a las situaciones de dependencia
creadas entre los colonos y la población local. A pesar de los cambios
políticos, sociales y económicos que tuvieron lugar durante el siglo pasado,
las fuentes de desigualdad provinentes de la colonia se mantienen en la
actualidad aunque con modalidades institucionales diferentes. Así, como en
el antiguo período colonial, hoy también se detecta la influencia de las
élites sobre las instituciones y las políticas públicas para favorecer sus
intereses; estas instituciones se caracterizan hoy, al igual que ayer, por
su debilidad. Si bien la transición a regímenes democráticos vivida por
muchos países ha impulsado importantes avances, los patrones de influencia
siguen siendo altamente desiguales y aún existe una tradición de
clientelismo y patronazgo y un protagonismo arraigado de ciertos actores, a
pesar de las prácticas electorales a nivel nacional y local28.
El fruto de estas tendencias son notables sectores de la
sociedad caracterizados por su vulnerabilidad al estar expuestos a la
pobreza y próximos a la desafiliación social por carecer de empleo y de
soportes de otra naturaleza. En líneas generales, una pobreza que afecta a
niños, adolescentes, mujeres e indígenas; así en países como Bolivia o Perú,
por ejemplo, se detecta una creciente pobreza que podría calificarse como
femenina, urbana e indígena (Banco Mundial, 2004) y vinculada a la
consolidación o no del status de ciudadanía. Por tanto, la pobreza no se
reduce únicamente a factores exclusivamente económicos sino también sociales
y políticos.
Prácticamente todos los países de la región podrían entrar
en este tipo de conflictos aunque quizás las repercusiones políticas de esta
circunstancia han sido mucho más visibles en unos que en otros. Por ejemplo,
la caída del presidente Sánchez de Lozada en Bolivia fue motivada por
sectores que se reconocen como excluidos y víctimas de un sistema al que
juzgan como "corrupto" porque no les asegura un acceso igualitario a las
oportunidades. Esta interacción permite contemplar, en casos como los
precisados, conflictos de transición democrática asociados a los conflictos
de desarrollo. Así, los países en los que la distribución de los recursos
materiales consagra una inequidad significativa, parecen estar más expuestos
a la inestabilidad y al conflicto político (ver Recuadro 3 para ver el caso
de Bolivia). Smith (1997) precisa que en el momento en que las poblaciones
son prósperas y tienen una seguridad mínima para poder conservar su nivel de
vida, y en especial cuando la riqueza está bien repartida, la democracia
tiene mayores posibilidades de funcionar a largo plazo. Es así que las
poblaciones requieren algo más que derechos y consultas electorales
puntuales; es indispensable una cultura política democrática, pero esto se
consigue mejor cuando los problemas de redistribución son menores29.
De este modo, Prats (2004) afirma que no basta con iniciar un proceso de
democratización para que se generen las fuerzas capaces de construir las
instituciones y las políticas requeridas para el desarrollo humano. La
situación actual de la región no parece la más propicia para que el proceso
se produzca fácilmente30.
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Recuadro 3. Bolivia, pobreza y desigualdad
Bolivia es uno de los países con mayor desigualdad
social y económica en América Latina, una situación que provoca
conflictos y violencia. El caso de Bolivia demuestra una tendencia que
se manifiesta en toda la región: las profundas diferencias de
capacidades entre los individuos y los grupos de América Latina
radican en las interacciones entre los activos económicos, las
oportunidades económicas, las fuerzas políticas y los procesos
socioculturales. Desigualdad y la pobreza, aunque son temas
relacionados, son diferentes aunque los países con altos niveles de
desigualdad encuentran dificultades o incluso les es imposible escapar
de la pobreza y ésta persiste (o aumenta) porque la mayoría de los
países no han experimentado grandes cambios en sus estructuras
sociales desde la época colonial. En el caso particular de Bolivia,
los sectores más ricos tienen ingresos hasta 90 veces más altos que
los pobres; en las ciudades esa relación es de 38 a 1, pero en el
campo se dispara hasta una proporción de 170 a 1, lo que muestra el
elevado grado de desigualdad que se vive en el país (Paz Vargas,
2004). Estos niveles de desigualdad afectan especialmente al área
rural y se reflejan en los elevados niveles de pobreza nacional con lo
que puede observarse que la riqueza del país está mucho muy
concentrada en unas pocas manos. Por tanto, Bolivia no sólo es el país
más pobre de Sudamérica, sino también en el que hay una mayor
desigualdad entre los ricos y pobres (en Latinoamérica la relación
entre el ingreso de los ricos y pobres, es de 30 a 1; en Uruguay, el
país más igualitario, la relación es de 15 a 1). Una desigualdad que
se expresa no sólo en los ingresos, sino también en ámbitos como el
acceso a la educación y salud. |
De lo visto aquí se desprende que la desigualdad en la
distribución de los ingresos, por sí sola, provoca conflictos, violencia y
genera debilidad del tejido institucional. Sin embargo, la clave para
solventar el problema no es sólo económica aunque este factor resulta clave.
México y Chile descubrieron que el incremento salarial no disminuyó los
índices de desigualdad; estos casos indican que cuando un crecimiento
prolongado no consigue reducir la desigualdad, ésta tiene un trasfondo
estructural y nos encontramos con una desigualdad que va más allá de rentas
y riqueza. Es, por tanto, una desigualdad de capacidades y oportunidades;
como precisa Prats (2004) esto se traduce en el aumento de la pobreza, el
deterioro de la calidad del empleo, el mantenimiento de la informalidad, el
deterioro medioambiental, la falta de mejora en los derechos - civiles,
económicos y sociales, la persistencia de las discriminaciones de género y
étnicas, el escaso avance del estado de derecho, la intensificación de las
redes de tráficos ilegales y delincuenciales...dicho de otro modo, los
rendimientos de la democracia en términos de desarrollo humano han sido por
lo general decepcionantes.
La participación en las actividades informales como aquellas
vinculadas al narcotráfico – como por ejemplo el cultivo de la hoja de coca
- se ha ido consolidando progresivamente como una de las vías de escape a la
pobreza, en especial de la zona andina. La situación particular de Colombia
es a menudo citada como el ejemplo de la desestabilización que puede crear
el narcotráfico aunque éste se manifiesta en muchos otros países de la
región, en especial en Bolivia y Perú. Durante los últimos años, los
conflictos para los pequeños y medianos cultivadores de coca en esos países
y en Colombia no se han resuelto de manera pacífica, y por el contrario, se
han develado como factores de alta inestabilidad para la región Andina (ver
cuadro 4).
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Recuadro 4. El cultivo de coca en Bolivia y Perú
Al margen del cultivo de coca para uso tradicional en
Bolivia lo que impulsó el tráfico para fines considerados ilícitos fue
la caída de los precios de la materia prima de los productos agrícolas
y minerales así como las medidas para frenar la inflación. Una enorme
cantidad de campesinos tuvieron oportunidad para salir de su crítica
situación económica mediante el cultivo de la coca que les
proporcionaba unas ganancias mucho mayores. Cuando la hiperinflación
alcanzó un nivel de 24.000% en 1985, el presidente Paz Estensoro
implementó severos programas de ajuste estructural que supusieron el
paro para muchos trabajadores incluyendo a 20.000 mineros en 1985
debido a la nacionalización de las industrias del estaño y del cobre.
Los despidos produjeron migraciones masivas desde ciudades mineras
como Potosí a las tierras bajas escasamente habitadas del Chapare para
desarrollar el cultivo de la hoja de coca. Así, desde mediados de los
ochenta, Bolivia (junto a Colombia) ha ostentado el "dudoso" honor de
ser el principal suministrador de la materia prima para el mercado
mundial de cocaína. Los esfuerzos destinados a la erradicación de la
coca (para evitar el aumento del narcotráfico), teniendo en cuenta la
importancia y la simbología de ésta para la población indígena y
campesina (y por extensión para el país), provocaron el aumento de las
protestas populares lo que supuso una amenaza para la estabilidad
política. En Perú, el cultivo de la hoja de coca ha sido también
contemplado como una estrategia para tratar de escapar de la pobreza.
Este fenómeno se vio extendido sobretodo entre los sectores indígenas
de la sierra y selva provocando que, hasta 1992, el país fuera el
primer productor mundial de coca, con más de 120 mil hectáreas
sembradas (Lama, 2002). Esta cifra ha ido reduciendo
significativamente desde entonces, para llegar a 34 mil en 2000, con
lo que Perú cedía el primer lugar a Bolivia en este insumo. Las
estimaciones apuntan a que en la zona de la selva unas 400 mil
familias subsisten directa o indirectamente de la coca, en un entorno
marcado por la actuación de grupos armados y células de guerrilla. La
grave caída de los precios agrícolas que padece el país ha sostenido
la actividad desarrollada en los últimos años y los programas de
sustitución de cultivos han fracasado porque no pueden competir con la
rentabilidad de la coca. A lo que cabe añadir la venganza de los
narcotraficantes sobre los campesinos en el caso de que estos se
nieguen a seguir con la producción del cultivo. |
De otro lado, cabe destacar que las tensiones
medioambientales forman parte de los conflictos de desarrollo31.
América Latina ha logrado preservar gran parte de sus recursos naturales:
las riquezas de la cuenca Amazónica, sus yacimientos petrolíferos y mineros,
sus fuentes de agua, su diversidad biológica - útil para industrias
farmacéuticas y de otro tipo- o sus riquezas marinas que son la esencia de
la capacidad de supervivencia de sus pueblos indígenas pero, a la vez,
fuente de ingresos para los gobiernos nacionales y las grandes empresas. La
importancia de los recursos naturales en la región es patente ya que éstos
no sólo dan identidad sino que también son fundamentales para su sistema
productivo. Pero a pesar de los esfuerzos por la preservación, la progresiva
escasez de estos recursos naturales es el factor que ha marcado la
proliferación de los conflictos por la disputa de los mismos.
En este sentido, una de las realidades más evidentes en la
América Latina actual son las disputas entre las grandes empresas
transnacionales, los gobiernos de los países, las elites que dominan las
naciones de la región y las poblaciones autóctonas en torno a la
disponibilidad, extracción y uso de los recursos naturales.
Las compañías extranjeras o nacionales tienden a desconocer
los principios de consulta previa informada así como otros mecanismos de
participación y respeto de los derechos humanos de las poblaciones afectadas
por la extracción de sus recursos, la contaminación, el desalojo o la
pérdida de la soberanía cultural, social y territorial. Por su parte, los
gobiernos nacionales buscan la obtención de ingresos a cambio de la
concesión de permisos, licencias de exploración, explotación y exportación
de importantes fuentes de energía; la construcción de grandes proyectos de
infraestructura - como represas, carreteras, vías férreas, complejos
turísticos; y la introducción de empresas agroindustriales. Estos procesos
quiebran la economía campesina, deterioran el medio ambiente y frustran las
esperanzas de las poblaciones afectadas.
No es algo extraño encontrarse con casos en los que los
representantes gubernamentales y los de las compañías involucradas acudan a
procedimientos engañosos para simplemente informar a las comunidades acerca
de decisiones ya tomadas, sobre hechos consumados, en los cuales se alegan
normatividades y argumentos de seguridad nacional para llevar a cabo
programas y proyectos. Si bien los colectivos indígenas se han visto
respaldados por un creciente reconocimiento de sus derechos, el propio
derecho internacional o por la acción de actores como las ONGs, siguen las
disputas y, salvo contadas excepciones, se encuentran en el peor lado de la
balanza.
La pérdida de credibilidad de las comunidades afectadas por
los proyectos y programas vinculados a los recursos naturales se ha
convertido en una de las causas principales que conduce a la ruptura del
diálogo entre las partes, a la realización de acciones de hecho que llamen
la atención de la opinión pública nacional e internacional y a la
constitución de sistemas de oposición civil (ver Recuadro 5).
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Recuadro 5. Los pueblos indígenas bolivianos y las
empresas petroleras; Ecuador: el caso
de Pastaza
El día 9 de Agosto, Día Internacional de los Pueblos
Indígenas, se inició también el tratamiento de la Nueva Ley de
Hidrocarburos en el Congreso Nacional Boliviano ante la que los
pueblos indígenas han demandado la inclusión de un "Titulo de Derechos
Indígenas". Los Derechos Indígenas forman parte de la Ley de la
República; son vinculantes y suponen el compromiso ineludible del
Estado Boliviano a precautelar los derechos de los pueblos indígenas
que se han convertido en afectados directos de las actividades de la
industria extractiva - que explota gas, petróleo y minerales – y que
se encuentra en el 54% del territorio nacional, coincidiendo con
territorios y comunidades indígenas. A pesar de ello ni los anteriores
gobiernos ni el actual de Carlos Mesa han cumplido con la ley que
precautela los derechos indígenas. Los gobiernos de turno, sin
consulta previa e informada, han entregado en concesión cuadriculas
mineras y reservas de gas y petróleo en los territorios de las
comunidades originarias ocasionando una serie de impactos sociales y
ambientales que vulneran los derechos de los pueblos indígenas. No
sólo el derecho a la consulta se ha visto violado sino también el
derecho a la compensación e indemnización. Las poblaciones indígenas
argumentan que bajo el amparo de la actual Ley de Hidrocarburos, las
empresas transnacionales se apropian de espacios territoriales
expropiándolos con el pretexto de ser utilidad pública; así mismo
denuncian la contaminación del agua, los cauces de los ríos o la
deforestación de los montes. En resumen, una serie de impactos
sociales y ambientales que deberían ser mitigados y la afectación a
territorios indígenas compensada. Desde las poblaciones indígenas
bolivianas se denuncia que ni la ley anterior ni las propuestas de Ley
actuales toman en cuenta sus derechos y que hasta la fecha el Estado
ha sido incapaz de hacer cumplir. Es así que los Pueblos Indígenas han
dado un ultimátum al Parlamento Boliviano para que se introduzca su
propuesta de un "Título de Derechos Indígenas"; caso contrario, los
pueblos originarios están dispuestos a llamar "al levantamiento
indígena". Si bien pueden encontrarse diversas disputas en relación a
temas medioambientales en América Latina, uno de los de mayor
repercusión ha sido el de la provincia de Pastaza, en Ecuador. Durante
los últimos 25 años, Ecuador ha crecido sobre una base económica que
se ha sustentado en la explotación y exportación de petróleo. No
obstante la importancia en la generación de divisas, la actividad
petrolera ha sido cuestionada por los graves impactos y conflictos
provocados, sobre todo, en el nororiente de la amazonía ecuatoriana.
Hasta mediados de la década de los años 80, las actividades petroleras
se habían concentrado en las provincias nororientales, pero ante una
política de apertura al capital extranjero, el desarrollo de las
actividades petroleras se extiende a otras provincias amazónicas como
es Pastaza, donde la población indígena ha protestado por la ocupación
de sus territorios lo que ha derivado en una serie de disputas
socio-ambientales. Así, en la zona destaca el conflicto que se ha
mantenido entre consorcio Arco Oriente que opera desde 1988 con
pueblos indígenas que se han opuesto al desarrollo petrolero por temor
a que se repliquen las prácticas petroleras de la zona nororiental que
causaron contaminación, destrucción de amplias zonas de bosque y
recursos naturales. Frente a todos los conflictos, el Estado
ecuatoriano se ha mantenido casi ausente y ha dejado que las
negociaciones y el manejo de los conflictos sean asumidos por los
actores directamente involucrados, incumpliendo el compromiso asumido
frente a la Empresa de garantizar el desarrollo del proyecto,
desatendiendo además la ejecución de obras de infraestructura básica y
el desarrollo integral de los pueblos. |
En los últimos años, y en líneas generales, estos
conflictos se han intensificado en la zona amazónica (Bolivia, Brasil,
Ecuador, Perú) y afectando de manera más directa a las poblaciones indígenas
(también en países como Chile, Colombia o Paraguay en el que el peso de la
población indígena no es tan relevante) por su particular relación con el
medio ambiente asociada a su cosmovisión y forma de vida.
Notas
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