Parte
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Conflictos
de identidad. Se conforman a instancias de grupos que buscan la
protección de la identidad propia. Sus raíces se hallan en diferencias
étnicas, tribales, lingüísticas que provocan disputas entre grupos, o entre
un grupo y el poder central32. En este segundo caso, las
disputas de raíces étnicas surgen de acciones negativas hacia diferentes
tipos de poblaciones y abarcan tanto las acciones discriminatorias
expresadas en políticas de exclusión social hacia minorías (que alcanzan en
los casos extremos campañas de exterminio), como el no reconocimiento y
valoración de la diferencia a través de procesos asimilacionistas.
Estos problemas de integración y exclusión social son la
herencia del modo en que se realizó el proceso de formación del
Estado-Nación. Muchas de las sociedades de la región no han logrado
consolidar dicho proceso puesto que: aún subsisten problemas graves de
territorialidad; permanecen fuertes tensiones con relación a la construcción
de la unidad nacional bajo parámetros culturales plurales; se mantienen
escollos para la inclusión política de las minorías. Al no incorporar a la
nación en pie de igualdad a todos los grupos étnicos, quedó incompleto el
proceso de integración nacional.
Históricamente, la consolidación de las fronteras nacionales
en América Latina ha ido acompañada de políticas sistemáticas de exclusión
de los pueblos indígenas que quedaron al margen de los proyectos de
unificación nacional. La herencia de este proceso ha provocado que, en la
actualidad, el estrato más bajo en todas las dimensiones de la
estratificación social esté compuesto por las "minorías". Así, en el caso
latinoamericano, la discriminación étnica es a la vez social, económica y
política, con muy bajas oportunidades de movilidad social en sentido
ascendente33.
Aquellos países donde las tensiones étnicas resultan más
notables son: Guatemala, Bolivia, Brasil, Perú y Ecuador; más alejados pero
con relevancia, se ubican México y Chile. Los países de fuerte
discriminación se caracterizan por ser sociedades de presencia mayoritaria
de población indígena (excepto Brasil – ver Tabla 3) en las que los procesos
de segmentación en términos de pertenencia étnica se ven reforzados por
factores religiosos, de lenguaje y de clase social. Estas "minorías" son las
más perjudicadas en la distribución del ingreso y, por tanto, con una mayor
tendencia a las tensiones socio-económicas. En este sentido, como ya
apuntábamos, los conflictos políticos, de desarrollo y culturales suelen
estar interconectados (ver Recuadro 6).
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Tabla 3. Volumen de población indígena en países
de América Latina |
|
País |
Población nacional (millones) |
Población indígena (millones) |
% Población indígena |
|
Bolivia |
7,96 |
5,65 |
71,00 |
|
Guatemala |
10,80 |
7,13 |
66,00 |
|
Perú |
24,80 |
11,65 |
47,00 |
|
Ecuador |
12,17 |
5,23 |
43,00 |
|
México |
95,83 |
13,41 |
14,00 |
|
Chile |
14,82 |
1,19 |
8,00 |
|
Paraguay |
5,22 |
0,16 |
3,00 |
|
Colombia |
40,80 |
0,82 |
2,00 |
|
Brasil |
165,85 |
0,33 |
0,20 |
|
Uruguay |
3,29 |
0,1 |
0,02 |
Fuente: elaboración propia a partir de varias fuentes
|
Recuadro 6. Etnicidad: pobreza y exclusión
La mayor parte de los pueblos indígenas viven en condiciones
de extrema pobreza (Psacharopoulos y Patrinos, 1994; Plant, 1998). Siguiendo
a Meentzen (2000) la pobreza de los pueblos indígenas es una pobreza
condicionada por múltiples formas de exclusión. Estudios empíricos del Banco
Mundial, del BID y otros organismos revelan que existe un alto grado de
correlación entre la pobreza y el factor etnicidad. Partiendo del supuesto
de que la gran mayoría de los pueblos indígenas están entre los más pobres,
un cálculo aproximado indica que la cuarta parte de los habitantes de
América Latina que viven en la pobreza extrema son indígenas (Deruyttere,
1997). Sin embargo, esta proporción es mucho mayor en países que tienen
poblaciones autóctonas relativamente grandes, como Bolivia, Guatemala, Perú
o Ecuador. Así, los sectores indígenas se consolidan como aquellos sectores
con mayores niveles de pobreza y una inferior calidad de vida. Así, en
Bolivia, más de la mitad de la población total se encuentra en situación de
pobreza; dentro de estas condiciones, dos tercios de la población indígena
del país se encuentran bajo esta situación de pobreza. En Guatemala, casi
dos tercios de la población nacional viven bajo niveles de pobreza; allí el
90% de la población indígena se encuentra en esta situación (Davis &
Patrinos, 1997). Más datos, igual diagnóstico: en Perú, el nivel de pobreza
es de 79% entre los indígenas y de 49.7% entre los no indígenas (Fraser,
2001). Estas estadísticas o resultados de pobreza se encuentran a menudo
correlacionados con otros indicadores de bienestar: desempeño educativo,
disponibilidad de servicios sanitarios o necesidades básicas satisfechas.
|
El factor etnicidad / identidad se ha colocado en el debate
desde que cada vez son más frecuentes las movilizaciones de grupos
indigenistas que se expresan en marchas masivas, ocupaciones de tierras
estatales o privadas e incluso la destrucción de bienes de corporaciones
multinacionales. Estos grupos abogan por el derecho a autodeterminarse, por
una mayor autonomía y representación política, por el control de
territorios, el reconocimiento de su identidad cultural, lingüística y hasta
por un sistema de justicia propio (CIIIP-UPAZ, 2000)34.
En Bolivia, Ecuador y Perú, debemos destacar, en los últimos
años, la existencia de acciones de las organizaciones indígenas denunciando
su situación de empobrecimiento, subordinación y marginación. En Bolivia,
desde comienzos de los noventa, se detectan instancias de reivindicación de
pueblos y comunidades indígenas con relación a la asignación de sus tierras,
la conservación de su hábitat y la enseñanza de sus idiomas nativos.
Similares acciones se han registrado en los últimos años en Perú, mientras
que Ecuador llama la atención por manifestarse desde 1990 lo que se ha
denominado el levantamiento nacional indígena, que comenzó con reclamos de
tenencia de tierra y de respeto a los derechos humanos (CIIP-UPAZ, 2000). A
finales de 1997 frente a la formación de una nueva Asamblea Constitucional,
organizaciones indígenas reclamaron la estipulación en la carta fundamental
del carácter pluricultural y pluriétnico de la nación ecuatoriana.
Cosecharon un éxito notable con el logro del quechua como lengua oficial y
Pachakutik, brazo político de las organizaciones indígenas, ha obtenido
éxitos electorales llegando a formar parte de la coalición del actual
gobierno.
A pesar de que en México y Chile los indígenas no alcanzan
el 15% de la población total, son dos casos de fuerte tensión entre estos y
el Estado. Como precisa CIIPUPAZ (2000), en el caso chileno se han observado
en los últimos años las acciones mapuches, ante el Estado y empresas
internacionales, vinculadas a reclamos de tierra, eliminación de medidas
judiciales contra algunos de sus integrantes, reparaciones económicas y
materiales, y modificaciones legales. En México, desde 1994, sobresale la
irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en el Estado
de Chiapas (zona con un alto porcentaje de población maya y con índices
significativos de analfabetismo y pobreza). Si bien se han firmado acuerdos
que dan autonomía a los pueblos indígenas, se han registrado homicidios por
parte de fuerzas represivas del Estado así como dificultades de diálogo
entre el gobierno y el EZLN.
El problema de la distribución de la tierra es transversal a
prácticamente todos los países de la región, en especial en las zonas
agrarias habitadas por las poblaciones originarias. Si bien es un problema
arraigado en el pasado, ha tenido alguna de sus mayores repercusiones en el
presente. Smith (1997) precisa que la mayor parte de los conflictos en
América Latina tienen alguna relación con la distribución excepcionalmente
injusta de la tierra. Las disputas que estallaron al respecto siguen sin
resolverse y, si se han apaciguado, se corre el riesgo de verlas emerger
nuevamente. Por ejemplo, en Nicaragua, la guerra entre los "sandinistas" y
los "contras", interrumpida en 1990, podría reemprenderse. Los sucesivos
gobiernos no han satisfecho la demanda de tierras cultivables de los
soldados desmovilizados y algunos de ellos se han ido aliando con los
campesinos sin tierra, ocupando cooperativas y granjas del Estado. En
Ecuador, la Ley de 1994 sobre el reparto de tierras provocó violencia de
todo tipo; los propietarios, beneficiarios de la ley, acabaron organizando
grupos paramilitares contra los contestatarios. En Bolivia, con el pretexto
de las operaciones contra los traficantes de droga, se han producido ataques
militares y policiales contra los campesinos indígenas que han exigido
justicia económica y derechos. Las historias se repiten en países como
Colombia, El Salvador, Guatemala, Perú, República Dominicana o Chile que
ostentan los primeros puestos en distribución desigual de la tierra.
En algunos países de la región, las disputas étnicas –
arraigadas en temas como el de la tierra - han motivado que los indígenas se
constituyan en actores estratégicos dentro del sistema político (han entrado
en la formalidad a través de partidos políticos y de las oportunidades
surgidas del proceso legislativo pero manteniendo su actividad en el terreno
informal a través de bloqueos, alzamientos y movilizaciones35)
y han integrado una multiplicidad de demandas locales y específicas.
Los indígenas han ido cobrando una mayor autoconciencia y
reclaman la incorporación a la agenda política de sus intereses y no sólo
exponen demandas vinculadas a lo étnico, sino a los derechos humanos, la
democracia, el desarrollo y el medio ambiente. Sus logros son cada vez más
notables. En Ecuador, la conexión entre la Confederación de Nacionalidades
Indígenas (CONAIE) y el Movimiento Pachakutik han logrado que los indígenas
lleguen a formar parte del gobierno actual. En Bolivia (a través del
Movimiento Al Socialismo -MAS) son la primera fuerza política. En otros
países, como Colombia, han llegado a participar en los debates de reformas
constitucionales logrando cambios sustanciales en cuanto al respeto de sus
tradiciones, costumbres y formas de vida; o el Movimiento Sin Tierra (MST)
brasileño que ha pasado de ser un movimiento regional, principalmente
asentado en el sur y centro de Brasil, a convertirse en un movimiento
nacional, apoyado por la propia Iglesia Católica y, que desde 1993, está
presente en 21 Estados. Así, progresivamente han ido obteniendo el
reconocimiento de un conjunto de derechos y los diversos Estados de la
región se han declarado como pluriétnicos y multiculturales (ver Tabla 4);
sin embargo, el reconocimiento constitucional y legal de los pueblos
indígenas no significa necesariamente un cambio en su situación histórica de
marginación y exclusión. En la mayoría de casos, podemos hablar de una
asincronía en cuanto a estos derechos puesto que el reconocimiento en papel
no implica el cumplimiento en la práctica.
|
Tabla 4. Derechos de los pueblos indígenas |
|
|
|
Derechos constitucionales |
|
País |
Constitución |
Derechos |
Existencia de derechos relacionado con el |
|
multiculturales |
uso
de idiomas. |
|
Colombia |
1991 |
Sí |
Sí; las lenguas indígenas y los dialectos son
oficiales
en sus territorios. |
|
Ecuador |
1998 |
Sí |
Sí; las lenguas indígenas son para uso oficial
restringido. |
|
Guatemala |
1985 |
Sí |
Sí; las lenguas indígenas tienen estatus
oficial
en las áreas donde son habladas. |
|
México |
1992 |
Sí |
No; pero las lenguas aborígenes son
conservadas
y difundidas. |
|
Paraguay |
1992 |
Sí |
Sí; el guaraní es un idioma oficial. |
|
Perú |
1993 |
Sí |
Las lenguas indígenas son de uso oficial en
las
áreas donde predominan. |
Fuente: Elaboración propia a partir de PNUD (2004)
La emergencia de estos movimientos han mostrado los límites
del sistema democrático en construcción a partir del ideal Estado Nación y
surgen como respuesta a la desatención gubernamental en relación a las
aspiraciones, demandas y necesidades de los pueblos indígenas y campesinos
sumadas a la negación de los derechos reclamados - en referencia a la
tierra, la educación, la salud, la participación en los poderes del Estado y
ejercicio en la función pública. De modo más general, puede hablarse de una
reacción ante las precarias condiciones de vida y un sistema que se ha
mostrado incapaz de ofrecerles igualdad de oportunidades. Ante esta
situación afirman la existencia de un conjunto de rasgos que caracterizarían
a las sociedades indígenas y que constituyen la base para demandar a los
Estados la atribución de un estatuto jurídico particular y un conjunto de
derechos de carácter colectivo.
Sin embargo, estas expresiones de inconformidad popular
caen, muchas veces, en la incertidumbre sobre la eficacia de su acción en la
medida en que sus demandas no son atendidas por los Estados y que pocas
veces logran convocar al grueso de la población, lo que supone avances con
reformas parciales y coyunturales, sin trascender en transformaciones
estructurales más duraderas. Este panorama ha provocado que las nuevas
formas de protesta pasen de un plano meramente pacífico a estrategias
progresivamente más violentas36. Quizás el caso más
paradigmático sea el de Chile que, en los últimos años, ha contemplado el
recrudecimiento de los ataques violentos por parte de las poblaciones
mapuches37.
Con casos como éste, la cuestión no es sólo promover la
participación de los pueblos indígenas en el proceso de desarrollo sino
lograr su participación en la definición misma de ese desarrollo. Esto
requiere una adecuada representación y participación de los pueblos
indígenas en el proceso político. La democracia en la región ha sido capaz,
en el contexto y con las limitaciones histórico-legales, de dar algunas
respuestas aunque insuficientes a las demandas de los pueblos indígenas. Las
reformas jurídicas legales junto a los cambios institucionales han sido
avances notables para que lograr una mayor garantía para el respeto de los
derechos de los pueblos indígenas, requisito fundamental para iniciar
procesos de desarrollo económico y cultural. Pero el proceso apenas se ha
iniciado.
Notas
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