Parte
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El
conflicto de género38. Los conflictos de género se definen
en función de las estructuras de discriminación que sostienen y perpetúan
las desigualdades entre hombres y mujeres sobre la base de una
estratificación en la cual las últimas ocupan una posición inferior (CIIIP-UPAZ,
2000). Así, es clave prestar atención sobre los procesos de exclusión y de
desigual acceso a oportunidades enraizadas en la discriminación que implican
consecuencias desfavorables hacia las mujeres y que impiden que éstas puedan
participar en la vida económica, cultural y política en igualdad de
condiciones.
A pesar de las diferentes medidas y acciones implementadas a
nivel global, regional y nacional, en América Latina, las mujeres siguen sin
compartir en pie de igualdad con los hombres las oportunidades ni los
beneficios con lo que podemos hablar de una persistencia de desigualdades
que determinan que las realizaciones no son las mismas para unos y otros.
La participación de la mujer en la vida social, económica y
política se ha incrementado en las últimas décadas en la región. Así, es
posible destacar el aumento en la esperanza de vida de las mujeres
latinoamericanas, la mejora en sus niveles educativos, la tendencia a tener
menos hijos y su mayor participación en la actividad económica (ver tabla
5). Uno de los aspectos más sobresalientes en los cambios de las sociedades
latinoamericanas de las últimas décadas es la progresiva incorporación de
las mujeres al mercado de trabajo. La proporción de mujeres que integran la
población económicamente activa ha aumentado en forma sostenida,
sobresaliendo su participación en las zonas urbanas (resultan claves el
factor edad y educación – estudios técnicos y universitarios).
Tabla 5. Tasa de participación de hombres y mujeres
en la actividad económica, según tramos de edad, zonas urbanas, 1990-2002
|
País
|
Año
|
Edad |
|
Hombres |
Mujeres |
|
|
15 a 24 años |
25 a 34 años |
35 a 49 años |
50 años y más |
Total |
15 a 24 años |
25 a 34 años |
35 a 49 años |
50 años y más
|
|
Bolivia |
1989
2002 |
73
77
|
47
51 |
90
93 |
97
98 |
94
75 |
47
57 |
35
39 |
57
71 |
61
75 |
34
49 |
|
Ecuador |
1990
2002 |
80
81
|
56
60 |
95
96 |
98
98 |
78
74 |
43
53 |
33
40 |
54
65 |
56
67 |
31
41 |
|
Paraguay |
1990
2001 |
84
81
|
69
67 |
97
95 |
99
96 |
75
69 |
50
57 |
51
52 |
63
76 |
58
68 |
27
38 |
Es muy importante incidir en los avances que se han
producido en el plano político y legal y que han conducido a una mayor
participación de las mujeres en la toma de decisiones y en el poder junto
con la incorporación de la perspectiva de género en las agendas temáticas de
las naciones; así mismo, la presencia pujante de nuevas redes de mujeres a
distintos niveles, entre las cuales se incluyen de parlamentarias, políticas
y ministras.
Sin embargo, a pesar de los cambios que se han producido la
situación de la mujer latinoamericana sigue siendo extremadamente
desigualitaria con relación a los hombres. Las asimetrías entre sexos en el
mercado de trabajo no han disminuido significativamente puesto que aún
perduran las diferencias de ingresos (ver tabla 6), se reproduce la
histórica segmentación ocupacional, la tasa de desempleo femenina es
considerablemente superior a la de los hombres y se registra el crecimiento
de las ocupaciones precarias en las mujeres. Las diferencias de ingresos son
una buena evidencia de esta situación ya que en ningún país de la región las
mujeres obtienen con igual nivel educativo una remuneración igual a la de
los hombres.
Tabla 6. Ingreso medio de las mujeres, comparado con
el de los hombres, según número de años de instrucción, zonas urbanas,
1990-2002 (en porcentajes)
|
País |
Año |
Disparidad Salarial por años de instrucción
b/
|
|
Total |
0 a 3 años |
4 a 6 años |
7 a 9 años |
10 a 12 años |
13 años y más |
|
Bolivia |
1989
2002
|
59,6
76,8 |
39,7
39,4 |
49,2
83,1 |
69,4
95,0 |
84,5
73,8 |
48,8
60,3 |
|
Ecuador |
1990
2002
|
67,2
87,0 |
42,1
95,7 |
47,3
90,0 |
69,5
77,8 |
76,6
80,1 |
55,6
64,4 |
|
Paraguay |
1990
2001
|
63,0
94,8 |
50,7
59,2 |
49,6
65,8 |
58,1
96,6 |
71,8
96,8 |
57,6
68,3 |
Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulaciones especiales de encuestas de hogares
de los respectivos países.
América Latina también muestra la concentración de las
mujeres en un número reducido de ocupaciones definidas como típicamente
femeninas y la presencia abrumadora de las mujeres en los puestos de menor
jerarquía de cada ocupación, caracterizados por la baja remuneración y la
inestabilidad.
Las tendencias del mercado de trabajo en la región muestran
una expansión del empleo informal, caracterizado por la precariedad en
términos de falta de estabilidad temporal y por la ausencia de regulación
con relación a los contratos laborales, las remuneraciones, la jornada de
trabajo o los beneficios sociales. Las mujeres obtienen principalmente
empleo en el sector informal, mientras que los hombres por el contrario
logran ingresar mayoritariamente en el sector formal de la economía (ver
tabla 7). Puede afirmarse, entonces, que las mujeres han aumentado su
participación en la vida económica de la región debido, fundamentalmente, a
su incorporación en los sectores más desprotegidos de la estratificación
ocupacional.
Tabla 7. Estructura del empleo no agrícola en América
Latina, 1990 – 2001 (Porcentajes)
|
Año |
|
Sector informal |
Sector formal |
|
1990 |
Total |
42,8 |
57,2 |
|
|
Hombres |
39,4 |
60,6 |
|
|
Mujeres |
47,4 |
52,6 |
|
1995 |
Total |
46,1 |
53,9 |
|
|
Hombres |
42,7 |
57,3 |
|
|
Mujeres |
51,0 |
49,0 |
|
2001 |
Total |
46,3 |
53,7 |
|
|
Hombres |
43,8 |
56,2 |
|
|
Mujeres |
49,7 |
50,3 |
Fuente: Elaboración propia a partir de PNUD (2004)
El análisis del caso nacional oculta la diversidad de
situaciones que se encuentra en su interior. Nos encontramos con un
resultado distinto según se estudie la situación de las mujeres en el medio
urbano-rural o en los distintos niveles educativos u orígenes sociales. Por
ejemplo, la incorporación al mercado de trabajo de las mujeres rurales, con
bajo capital educativo, de estratos bajos y pertenecientes a grupos étnicos
largamente postergados, posee rasgos más negativos que la de las mujeres del
medio urbano con determinada escolaridad y perteneciente a posiciones más
favorables de la escala social; así mismo, su posición es menos favorable
para acceder a los ámbitos donde se toman las decisiones.
A su incorporación secundaria al mundo del trabajo las
mujeres presentan una escasa representación en la órbita política y no puede
hablarse de cambios sustantivos en los últimos años a pesar que, a partir de
la década de los noventa, la región ha contemplado la elección de
presidentas y vicepresidentas y como en el Poder Legislativo se constata una
progresiva participación femenina además de la presencia de mujeres como
ministras y parlamentarias (ver Tabla 8 y 9); sin embargo, las mujeres
suelen ocupar las carteras sociales y de justicia, quedando al margen de la
participación de los lugares de la sociedad en que se procesan y se toman
las principales decisiones en materia política y económica.
|
Tabla 8. Cupos para candidatas a cargos parlamentarios |
|
País |
Cámara baja o única |
Senado |
Año adoptado |
|
Argentina |
30 |
30 |
1991 |
|
Bolivia |
30 |
25 |
1997 |
|
México |
30 |
30 |
2002 |
|
Paraguay |
20 |
20 |
1996 |
|
Uruguay |
30 |
30 |
2003 |
Fuente: PNUD (2004)
|
Tabla 9. Escaños en el Congreso ganados por mujeres,
1990-2003 |
|
|
Fines década de 1980 |
Mediados de la década de
1990 |
Última elección |
|
País |
Año |
% mujeres |
Año |
% mujeres |
Año |
% mujeres |
|
Bolivia |
1989 |
9,2 |
1997 |
11,5 |
2002 |
18,5 |
|
Costa Rica |
1986 |
10,5 |
1994 |
14,0 |
2002 |
35,1 |
|
México |
1988 |
12,0 |
1994 |
14,2 |
2003 |
22,6 |
|
Perú |
1985 |
5,6 |
1995 |
10,0 |
2001 |
17,5 |
|
Uruguay |
1989 |
6,1 |
1994 |
7,1 |
1999 |
12,1 |
|
A. Latina |
|
8,0 |
|
9,9 |
|
15,5 |
Fuente: PNUD (2004)
Por otra parte, en América Latina se constata lo que la
CEPAL ha llamado como "feminización de la pobreza" marcada por la relación
entre el empleo precario y los índices significativos de pobreza a la que se
suma el elevado desempleo femenino (superior al masculino). Además, los
países más pobres son aquellos donde la mujer presenta una situación menos
favorable.
De lo visto hasta aquí, puede decirse que la mejora en la
condición de la mujer se vincula con la ampliación de su ingreso al mercado
de trabajo. Pero no basta una incorporación creciente, como la que se ha
registrado en las últimas décadas sino que resulta imprescindible que la
misma se vincule con una mejoría en el tipo de empleo, tanto en lo que
refiere a la estabilidad como al ingreso y que permita obtener una mejor
calidad de vida.
Notas
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