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ISSN 1913-6196

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 América Latina: una región en conflicto

Prevención y resolución de conflictos

Por Óscar del Álamo

Parte 5 /7

El conflicto de género38. Los conflictos de género se definen en función de las estructuras de discriminación que sostienen y perpetúan las desigualdades entre hombres y mujeres sobre la base de una estratificación en la cual las últimas ocupan una posición inferior (CIIIP-UPAZ, 2000). Así, es clave prestar atención sobre los procesos de exclusión y de desigual acceso a oportunidades enraizadas en la discriminación que implican consecuencias desfavorables hacia las mujeres y que impiden que éstas puedan participar en la vida económica, cultural y política en igualdad de condiciones.

A pesar de las diferentes medidas y acciones implementadas a nivel global, regional y nacional, en América Latina, las mujeres siguen sin compartir en pie de igualdad con los hombres las oportunidades ni los beneficios con lo que podemos hablar de una persistencia de desigualdades que determinan que las realizaciones no son las mismas para unos y otros.

La participación de la mujer en la vida social, económica y política se ha incrementado en las últimas décadas en la región. Así, es posible destacar el aumento en la esperanza de vida de las mujeres latinoamericanas, la mejora en sus niveles educativos, la tendencia a tener menos hijos y su mayor participación en la actividad económica (ver tabla 5). Uno de los aspectos más sobresalientes en los cambios de las sociedades latinoamericanas de las últimas décadas es la progresiva incorporación de las mujeres al mercado de trabajo. La proporción de mujeres que integran la población económicamente activa ha aumentado en forma sostenida, sobresaliendo su participación en las zonas urbanas (resultan claves el factor edad y educación – estudios técnicos y universitarios).

Tabla 5. Tasa de participación de hombres y mujeres en la actividad económica, según tramos de edad, zonas urbanas, 1990-2002

 

País

 

 

Año

 

Edad

Hombres

Mujeres

 

15 a 24 años

25 a 34 años

35 a 49 años

50 años y más

Total

15 a 24 años

25 a 34 años

35 a 49 años

50 años y más

 

Bolivia

1989

2002

73

77

 

47

51

90

93

97

98

94

75

47

57

35

39

57

71

61

75

34

49

Ecuador

1990

2002

80

81

 

56

60

95

96

98

98

78

74

43

53

33

40

54

65

56

67

31

41

Paraguay

1990

2001

84

81

 

69

67

97

95

99

96

75

69

50

57

51

52

63

76

58

68

27

38

Es muy importante incidir en los avances que se han producido en el plano político y legal y que han conducido a una mayor participación de las mujeres en la toma de decisiones y en el poder junto con la incorporación de la perspectiva de género en las agendas temáticas de las naciones; así mismo, la presencia pujante de nuevas redes de mujeres a distintos niveles, entre las cuales se incluyen de parlamentarias, políticas y ministras.

Sin embargo, a pesar de los cambios que se han producido la situación de la mujer latinoamericana sigue siendo extremadamente desigualitaria con relación a los hombres. Las asimetrías entre sexos en el mercado de trabajo no han disminuido significativamente puesto que aún perduran las diferencias de ingresos (ver tabla 6), se reproduce la histórica segmentación ocupacional, la tasa de desempleo femenina es considerablemente superior a la de los hombres y se registra el crecimiento de las ocupaciones precarias en las mujeres. Las diferencias de ingresos son una buena evidencia de esta situación ya que en ningún país de la región las mujeres obtienen con igual nivel educativo una remuneración igual a la de los hombres.

Tabla 6. Ingreso medio de las mujeres, comparado con el de los hombres, según número de años de instrucción, zonas urbanas, 1990-2002 (en porcentajes) 

País

Año

Disparidad Salarial por años de instrucción b/

Total

0 a 3 años

4 a 6 años

7 a 9 años

10 a 12 años

13 años y más

Bolivia

1989

2002

 

59,6

76,8

39,7

39,4

49,2

83,1

69,4

95,0

84,5

73,8

48,8

60,3

Ecuador

1990

2002

 

67,2

87,0

42,1

95,7

47,3

90,0

69,5

77,8

76,6

80,1

55,6

64,4

Paraguay

1990

2001

 

63,0

94,8

50,7

59,2

49,6

65,8

58,1

96,6

71,8

96,8

57,6

68,3

Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulaciones especiales de encuestas de hogares de los respectivos países.

América Latina también muestra la concentración de las mujeres en un número reducido de ocupaciones definidas como típicamente femeninas y la presencia abrumadora de las mujeres en los puestos de menor jerarquía de cada ocupación, caracterizados por la baja remuneración y la inestabilidad.

Las tendencias del mercado de trabajo en la región muestran una expansión del empleo informal, caracterizado por la precariedad en términos de falta de estabilidad temporal y por la ausencia de regulación con relación a los contratos laborales, las remuneraciones, la jornada de trabajo o los beneficios sociales. Las mujeres obtienen principalmente empleo en el sector informal, mientras que los hombres por el contrario logran ingresar mayoritariamente en el sector formal de la economía (ver tabla 7). Puede afirmarse, entonces, que las mujeres han aumentado su participación en la vida económica de la región debido, fundamentalmente, a su incorporación en los sectores más desprotegidos de la estratificación ocupacional.

Tabla 7. Estructura del empleo no agrícola en América Latina, 1990 – 2001 (Porcentajes)

Año

 

Sector informal

Sector formal

1990

Total

42,8

57,2

 

Hombres

39,4

60,6

 

Mujeres

47,4

52,6

1995

Total

46,1

53,9

 

Hombres

42,7

57,3

 

Mujeres

51,0

49,0

2001

Total

46,3

53,7

 

Hombres

43,8

56,2

 

Mujeres

49,7

50,3

Fuente: Elaboración propia a partir de PNUD (2004)

El análisis del caso nacional oculta la diversidad de situaciones que se encuentra en su interior. Nos encontramos con un resultado distinto según se estudie la situación de las mujeres en el medio urbano-rural o en los distintos niveles educativos u orígenes sociales. Por ejemplo, la incorporación al mercado de trabajo de las mujeres rurales, con bajo capital educativo, de estratos bajos y pertenecientes a grupos étnicos largamente postergados, posee rasgos más negativos que la de las mujeres del medio urbano con determinada escolaridad y perteneciente a posiciones más favorables de la escala social; así mismo, su posición es menos favorable para acceder a los ámbitos donde se toman las decisiones.

A su incorporación secundaria al mundo del trabajo las mujeres presentan una escasa representación en la órbita política y no puede hablarse de cambios sustantivos en los últimos años a pesar que, a partir de la década de los noventa, la región ha contemplado la elección de presidentas y vicepresidentas y como en el Poder Legislativo se constata una progresiva participación femenina además de la presencia de mujeres como ministras y parlamentarias (ver Tabla 8 y 9); sin embargo, las mujeres suelen ocupar las carteras sociales y de justicia, quedando al margen de la participación de los lugares de la sociedad en que se procesan y se toman las principales decisiones en materia política y económica.

Tabla 8. Cupos para candidatas a cargos parlamentarios

País

Cámara baja o única

Senado

Año adoptado

Argentina

30

30

1991

Bolivia

30

25

1997

México

30

30

2002

Paraguay

20

20

1996

Uruguay

30

30

2003

  Fuente: PNUD (2004)

 

Tabla 9. Escaños en el Congreso ganados por mujeres, 1990-2003

 

Fines década de 1980

Mediados de la década de

1990

Última elección

País

Año

% mujeres

Año

% mujeres

Año

% mujeres

Bolivia

1989

9,2

1997

11,5

2002

18,5

Costa Rica

1986

10,5

1994

14,0

2002

35,1

México

1988

12,0

1994

14,2

2003

22,6

Perú

1985

5,6

1995

10,0

2001

17,5

Uruguay

1989

6,1

1994

7,1

1999

12,1

A. Latina

 

8,0

 

9,9

 

15,5

Fuente: PNUD (2004)

Por otra parte, en América Latina se constata lo que la CEPAL ha llamado como "feminización de la pobreza" marcada por la relación entre el empleo precario y los índices significativos de pobreza a la que se suma el elevado desempleo femenino (superior al masculino). Además, los países más pobres son aquellos donde la mujer presenta una situación menos favorable.

De lo visto hasta aquí, puede decirse que la mejora en la condición de la mujer se vincula con la ampliación de su ingreso al mercado de trabajo. Pero no basta una incorporación creciente, como la que se ha registrado en las últimas décadas sino que resulta imprescindible que la misma se vincule con una mejoría en el tipo de empleo, tanto en lo que refiere a la estabilidad como al ingreso y que permita obtener una mejor calidad de vida.

Notas

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Cuarta Parte

Quinta Parte

Sexta Parte

Séptima Parte

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