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Parte 1 /3
Introducción al tema
El proyecto de construir una cultura de paz en buena medida
no es otra cosa que el reto planetario de abordar los conflictos desde otra
mirada, con otros utensilios y con otros propósitos. Aprender a resolver
conflictos es, desde hace tiempo, una práctica social estudiada y
practicada, y un desafío académico traducido en multitud de cursos, libros e
iniciativas interesantes. El propósito de este capítulo será, por tanto, el
de recopilar algunas de estas experiencias y teorizaciones, para insertarlas
de forma utilitaria en el discurso de la cultura de paz. Si convenimos que
la alternativa a la cultura de la violencia ha de sustentarse en la
negociación, el diálogo, la mediación, el apoderamiento, la empatía y la
capacidad de manejar nuestros propios conflictos, a buen seguro podremos
aprender mucho de cuanto se ha dicho y hecho respecto a negociación,
mediación, resolución o transformación de conflictos, aunque sin
pretensiones definitivas y con el único fin de aprovechar conocimientos que
puedan ser trasvasados a múltiples actividades humanas.
Cuando hablamos de conflictos hemos de recordar que sólo en
ocasiones nos referimos a las guerras, a los conflictos armados. Bajo ningún
concepto debemos olvidar la expresión no belicista de los conflictos, y en
particular cuando pretendemos vincular el estudio de los conflictos con la
cultura de la paz. En ningún momento debemos olvidarnos de la violencia
estructural que, por ejemplo, permite el maltrato y la explotación infantil,
la sumisión de las mujeres, el abandono de sociedades enteras, el hambre y
la malnutrición, y todo tipo de dominios por parte de dictadores,
transnacionales o especuladores. La nueva mirada a los conflictos implica
atender, entender y actuar sobre ese tipo de situaciones, que producen
muchas más muertes y sufrimientos que las mismas guerras.
Este capítulo requiere también unas aclaraciones
conceptuales, ya que el acercamiento a estos temas se designa a menudo con
palabras diferentes, sin que ello signifique un cambio de tema o de
paradigma.
Afortunadamente, nos referimos a un terreno profundamente
evolutivo y en transformación permanente, muy propia de la investigación
para la paz, pero que no escapa de la tentación, quizá sea una necesidad, de
poner el acento en una nueva palabra cada diez o quince años,
aproximadamente. Esta innovación cíclica tiene sus explicaciones: los
conflictos adquieren diferente personalidad a medida que avanzan los años
(los de ahora no pueden abordarse como los de la guerra fría), quienes
analizan los conflictos también evolucionan, el contacto entre teoría y
observación directa es más intenso, y la influencia de otras disciplinas o
maneras de ver también es más profundo hoy que ayer.
El resultado de todo ello es un continuum, no una ruptura,
resumible en tres palabras que definen esta evolución en la forma de
acercarse a los conflictos:
- resolución,
- gestión1 y
- transformación, que refiriéndose básicamente a lo mismo expresan
ópticas diferenciadas.
Avanzando lo que después desarrollaremos, Lederach2 resume
así el significado de cada término:
Resolución de conflictos. Este concepto indica la
necesidad de entender cómo el conflicto empieza y termina, y busca una
convergencia de los intereses de los actores.
Gestión de conflictos.
Es un concepto que reconoce que el conflicto no puede resolverse en el
sentido de librarse de él, y que pone el acento en limitar las consecuencias
destructivas del conflicto. Es un concepto que no recoge el sentido amplio
de pacificación, y se limita a los aspectos técnicos y prácticos del
esfuerzo. Intenta realinear las divergencias.
Transformación de conflictos.
El acento en la naturaleza dialéctica del conflicto. El conflicto social es
un fenómeno de la creación humana que forma parte natural de las relaciones
humanas.
El conflicto es un elemento necesario de la construcción y
reconstrucción transformativa humana de la organización y de las realidades
sociales. El conflicto puede tener patrones destructivos que pueden ser
canalizados hacia una expresión constructiva. Se asume la transformación del
sistema y de la estructura. La transformación es un concepto descriptivo de
la dinámica del conflicto, al tiempo que es prescriptivo de todos los
propósitos que persigue la construcción de la paz, tanto en lo relativo a
cambiar los patrones de relaciones destructivas como de buscar un cambio del
sistema. La transformación sugiere una comprensión dinámica del conflicto,
en el sentido de que puede moverse en direcciones constructivas o
destructivas.
Frente al conflicto
El conflicto, como hemos señalado en otro capítulo, es un
proceso interactivo que se da en un contexto determinado. Es una
construcción social, una creación humana, diferenciada de la violencia
(puede haber conflictos sin violencia, aunque no violencia sin conflicto),
que puede ser positivo o negativo según cómo se aborde y termine, con
posibilidades de ser conducido, transformado y superado (puede convertirse
en paz) por las mismas partes, con o sin ayuda de terceros, que afecta a las
actitudes y comportamientos de las partes, en el que como resultado se dan
disputas, suele ser producto de un antagonismos o una incompatibilidad
(inicial, pero superable) entre dos o más partes, y que expresa una
insatisfacción o desacuerdo sobre cosas diversas.
Frente al conflicto, sea cual sea su naturaleza, hay una
multiplicidad de posibilidades de reacción, tanto a nivel individual como
colectivo, dándose las siguientes actitudes, según se acepte, evite o niegue
el conflicto:
- superación
(se reconoce su existencia y hay voluntad de superarlo)
ventaja (se reconoce su existencia y se procura sacar provecho del mismo)
- negación
(se evita reconocer su existencia).
- evasión
(se reconoce su existencia, pero sin deseos de enfrentarse
a él).
- acomodación
(se reconoce su existencia, pero se opta por no darle
respuesta alguna).
- arrogancia
(se reconoce su existencia, pero sin darle una
respuesta adecuada)
- agresividad
(se combate con una respuesta hostil, violenta y/o
militar)
La elección de una u otra modalidad al inicio del conflicto
y los cambios de posición o actitud posterior, determinará el proceso del
conflicto y sus posibilidades de gestión o transformación. Cuando hay un
reconocimiento del mismo por las partes implicadas, siempre será más fácil
entrar en una vía negociadora, mientras que la actitud elusiva da pie a que
se produzca un agravamiento de las tensiones latentes y, con ello, una
escalada del conflicto. La acomodación puede suponer un aplazamiento de las
hostilidades, pero no una resolución de las mismas. La arrogancia y la
actitud belicista, por supuesto, desprecian cualquier posibilidad inicial de
llegar a un diálogo que conduzca a un cese de las hostilidades.
El empeño de la trilogía que antes mencionábamos
(resolución, gestión y transformación), tiene que ver en buena medida en
producir los cambios de actitudes necesarias en las partes implicadas para
que el conflicto aflore, sea reconocido, no discurra por un callejón sin
salida y se sitúe en un camino donde hayan posibilidades de cambio y, por
tanto, de transformación. También tiene que ver, cuando ello sea posible,
con la producción de actividades, internas o externas, que influyan
positivamente en el contexto del conflicto.
El abordaje al conflicto, por tanto, tiene que considerar
una diversidad de factores que hay que analizar y ver cómo cambiar:
actitudes, contextos, poderes, formas de comunicar, modelos culturales,
estructuras de dominio, etc.
Abordar el conflicto, aproximarnos a él para modificarlo,
significa antes que nada reconocerlo, no ocultarlo. Muchos conflictos,
armados o domésticos, no entran en vías de modificación o de solución porque
alguna de las partes implicadas no quiere o no sabe reconocer su existencia
o rebajan de cara al exterior el alcance y significación del conflicto. Con
frecuencia, esta devaluación pública del nivel real conflicto va acompaña de
una negativa a reconocer la entidad del oponente, en un intento de evitar
interferencias o presiones exteriores que podrían derivar hacia una
negociación cara a cara.
A efectos del presente trabajo, lo que nos interesa
realmente es conocer un poco más en profundidad cuales son los elementos de
los procesos de negociación y mediación que puedan aportar sugerencias para
el tratamiento de una gran diversidad de conflictos, tanto domésticos como
internacionales, porque su conocimiento nos proporcionará elementos
sumamente importantes para entender el porqué de nuestras diferencias, cómo
superarlas mediante el diálogo y orientar de esta forma el trabajo de
construcción de una cultura de paz. Veamos, en primer lugar, cómo se
entiende ha de ser una negociación, y cuales son los criterios básicos para
que pueda funcionar.
Notas
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