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Parte 2 /4
I.- Educación para la paz
Cuando
hablamos de Paz, estamos haciendo referencia a una palabra altamente
utilizada, pero pocas veces analizada realmente en la raíz de su acepción y,
más importante aún, en las implicaciones de su búsqueda real e
implementación.
Si consultamos los diccionarios en búsqueda de la acepción
más adecuada, nos encontramos con que es un elemento con el que de por sí
deben nacer, crecer y vivir todos los seres humanos, es un respeto a la
dignidad de las personas, debe ser una verdad y un valor supremo en el haber
de todos, sin importar en qué medio nos desarrollemos.
Desde esta perspectiva, no debería ser necesario emprender
su búsqueda ni idear formas para su construcción y fortalecimiento. Pero lo
cierto es que, es un ideal no la realidad en la mayoría de los pueblos del
mundo. Por el contrario, debemos día a día hacer esfuerzos importantes para
construir la paz con el aporte de todos, estableciendo compromisos
personales que obliguen a los ciudadanos a desaprenderse de la facilidad con
que generan riñas, pleitos y hasta la guerra.
La pregunta sería entonces, ¿Por qué si la paz debe ser
un elemento intrínseco de todo ser humano es tan difícil de conseguir?
La respuesta estaría dirigida a los procesos de
socialización, que tienen una incidencia directa con la forma en que las
personas enfrentan las situaciones diarias y en la poca visión para prevenir
y resolver conflictos.
Procesos de Socialización: Los conflictos son
consustanciales a los seres humanos, son parte de la convivencia de éstos en
sociedad y no son propios de los adultos. Las personas desde su infancia, se
enfrentan a conflictos que pueden ser muy sencillos, pero adecuadamente
abordados desde ese momento y resueltos pacíficamente, ayudarán al sano
desarrollo mental de ese individuo y sobre todo lo irán preparando para
desarrollar habilidades y destrezas que le permitan solucionar los problemas
más complejos que irán surgiendo con el paso de la vida.
El problema radica entonces, en la forma como las personas
aprenden a enfrentar y tratar de solucionar sus conflictos, la cual está
íntimamente relacionada con el proceso de socialización que reciben en sus
hogares, en sus centros educativos y en el medio en general en que se
desarrolle, que como bien sabemos, es también la de formación de su modelo
de conducta futura.
El comportamiento de los adultos, sobre todo los que pueden
constituirse en influyentes para el menor, servirá de modelo, porque los
niños hacen lo que ven hacer a los adultos y reproducirán asimismo los
modelos de relación experimentados en sus primeros años. Lo anterior, nos da
una alerta sobre la gran responsabilidad que tenemos cada uno de los adultos
respecto de la educación de nuestros niños y adolescentes.
En los menores influyen dos grandes aspectos que
necesariamente se desprenden de su proceso de socialización, como son, el
contexto cultural y la influencia de la institución educativa.
1. El contexto cultural: Delimitado por lo que es
aceptado en la sociedad a la que se pertenece, de donde se desprenden las
reglas que se impondrán a los niños y que serán las que ellos seguirán y
aplicarán de ahí en adelante.
No queda excluido aquí el tema que nos interesa
referente a la forma de enfrentar y solucionar los conflictos.
Nuestra sociedad altamente compleja y en muchos casos
agresiva, prepara a los niños para contender, les enseña que la fuerza, la
coacción y hasta la manipulación, que son claramente estrategias
antisociales, son más confiables y eficaces que las sociales, constituidas
por el diálogo, el razonamiento y el respeto, entre otras. Esto hace que
cuando los niños tropiecen con conflictos no sepan cómo enfrentarlos y
manejarlos de forma productiva.
Tanto influye la forma en que los padres educan a sus
hijos, que en estudios que se han realizado sobre el tema, se han
encontrado algunos datos que necesariamente se desprenden de los
estereotipos que todos conocemos sobre la diferencia de los hombres y las
mujeres, y que aún permean la educación a los hijos en el hogar, tales
como: "Es común que los varones inicien conflictos, que utilicen tácticas
persuasivas de mano dura y agresivas o confrontativas, en tanto que las
niñas tratarán siempre de evitar los conflictos y que sean capaces de
adoptar más fácilmente el punto de vista del otro y de aplicar estrategias
de resolución de conflictos más variadas" 2.
El modo en que los padres hayan formado a sus hijos hará
que la asimilación por parte de éstos, de un modelo de "Educación para la
Paz", que se trate de implementar en la institución educativa a la que
pertenezcan, tenga una mayor aceptación o una fuerte resistencia.
2. La influencia de la institución educativa :
Ahora bien, en las instituciones educativas, la cultura que hasta hace muy
poco tiempo se ha venido aplicando, es la tradicional, de autoridad y
respeto absoluto a las jerarquías, sobre todo en los lugares en donde los
centros educativos están dentro de comunidades en riesgo social. Se parte
de la premisa de que los adultos son los poseedores de la verdad. Los
docentes, en muchos casos, no están preparados para manejar de una manera
constructiva el conflicto y por esta razón lo evitan a toda costa dentro
de sus salones de clase. Lo que sucede es que para algunos docentes el
conflicto es un impedimento, pues si los estudiantes empiezan a asumir el
control de sus problemas, esto generará el consecuente cuestionamiento de
la autoridad que ejercen los docentes sobre los alumnos, pues la costumbre
es que un conflicto entre estudiantes reciba una solución impuesta por un
docente, quien juzga y resuelve el conflicto desde su contexto, que
difícilmente coincide con el de los alumnos.
Estas soluciones impuestas pueden generar malas relaciones
entre los actores más importantes del proceso educativo, los docentes y
los alumnos, lo que va a provocar un ambiente escolar cargado de
limitaciones basadas no en el respeto, sino en el temor a las jerarquías,
o en la incomprensión de las razones por las que los adultos resuelven las
situaciones de una u otra forma; pues los niños son personas capaces de
generar a partir de los conflictos, organizaciones sociales y políticas
que les permitan negociar sus intereses reales, según su experiencia de
vida y madurez emocional.
Jean Piaget3,
asegura que el conflicto entre los niños reduce el egocentrismo y estimula
la diferenciación. Inclusive jerarquiza la forma de ser de los niños en
este sentido por rangos de edad, estableciendo lo siguiente: el niño hasta
los seis años es muy egocéntrico, pues se centra en sus necesidades y su
propio desarrollo. De los siete a los once, aprende a adecuarse a las
normas sociales, con un poco de rigidez entre los cinco y los ocho. Al
entrar a la adolescencia temprana, es capaz de reconocer interese y
necesidades suyas y de los otros y trata a su manera de satisfacer ambos.
Su desarrollo cognitivo, va a la par de su desarrollo
moral, lo que les permite evaluar las situaciones que se les presentan
también desde esta perspectiva. Esto ha permitido a algunos expertos en el
tema identificar un modelo de cuatro estrategias de negociación utilizadas
por los niños: Nivel 0, es el más bajo, se presenta en edades que van
hasta los tres años. Los niños reaccionan ente el conflicto con respuestas
mentales y corporales de lucha o de huida, de manera que aferran o repelen
enérgica e impulsivamente al otro niño con el que tienen el desacuerdo o
tratan de abrumarlo en forma verbal.
Nivel 1, entre tres y seis años, pasan a un
egocentrismo competitivo o de ganarperder, utilizando las amenazas, dar
órdenes, actuar como víctimas o apelar a un adulto en busca de ayuda.
Nivel 2, entre siete y doce años, entra en juego la
cooperación estratégica en aras de proteger intereses propios, utilizan la
persuasión amistosa, la búsqueda de alianzas.
Nivel 3, entre doce y quince años, entran a la
negociación colaborativa, pues se tiene la capacidad de prever las
posibles reacciones del otro. Como vemos desde edades muy tempranas, los
niños son capaces de realizar procesos de negociación con los demás, por
supuesto con las limitaciones propias de la etapa de desarrollo en que se
encuentren.
Esto debe llevar a las instituciones educativas a
plantearse la necesidad de incluir como parte de su proceso de formación,
un entrenamiento en habilidades para que los alumnos conozcan el
manejo constructivo del conflicto y las técnicas para solucionarlo a
través de la vía pacífica de la mediación y sobre todo para que puedan
aplicar estos conocimientos y habilidades en sus conflictos diarios con
sus compañeros o maestros, e incorporarlo desde edad temprana como un
modelo de vida que pueda incluso reproducir en su hogar, no sólo para
solucionar sino para prevenir los conflictos, de esta manera la
institución educativa asumiría el reto de subsanar el déficit de algunos
jóvenes para afrontar y resolver en forma constructiva el conflicto a su
modo.
Notas
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