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 Resolución alterna de conflictos en el ámbito educativo:
hacia una cultura de paz

Prevención y resolución de conflictos

Por Rolando Vega Robert

Parte 2 /4

I.- Educación para la paz

Cuando hablamos de Paz, estamos haciendo referencia a una palabra altamente utilizada, pero pocas veces analizada realmente en la raíz de su acepción y, más importante aún, en las implicaciones de su búsqueda real e implementación.

Si consultamos los diccionarios en búsqueda de la acepción más adecuada, nos encontramos con que es un elemento con el que de por sí deben nacer, crecer y vivir todos los seres humanos, es un respeto a la dignidad de las personas, debe ser una verdad y un valor supremo en el haber de todos, sin importar en qué medio nos desarrollemos.

Desde esta perspectiva, no debería ser necesario emprender su búsqueda ni idear formas para su construcción y fortalecimiento. Pero lo cierto es que, es un ideal no la realidad en la mayoría de los pueblos del mundo. Por el contrario, debemos día a día hacer esfuerzos importantes para construir la paz con el aporte de todos, estableciendo compromisos personales que obliguen a los ciudadanos a desaprenderse de la facilidad con que generan riñas, pleitos y hasta la guerra.

La pregunta sería entonces, ¿Por qué si la paz debe ser un elemento intrínseco de todo ser humano es tan difícil de conseguir?

La respuesta estaría dirigida a los procesos de socialización, que tienen una incidencia directa con la forma en que las personas enfrentan las situaciones diarias y en la poca visión para prevenir y resolver conflictos.

Procesos de Socialización: Los conflictos son consustanciales a los seres humanos, son parte de la convivencia de éstos en sociedad y no son propios de los adultos. Las personas desde su infancia, se enfrentan a conflictos que pueden ser muy sencillos, pero adecuadamente abordados desde ese momento y resueltos pacíficamente, ayudarán al sano desarrollo mental de ese individuo y sobre todo lo irán preparando para desarrollar habilidades y destrezas que le permitan solucionar los problemas más complejos que irán surgiendo con el paso de la vida.

El problema radica entonces, en la forma como las personas aprenden a enfrentar y tratar de solucionar sus conflictos, la cual está íntimamente relacionada con el proceso de socialización que reciben en sus hogares, en sus centros educativos y en el medio en general en que se desarrolle, que como bien sabemos, es también la de formación de su modelo de conducta futura.

El comportamiento de los adultos, sobre todo los que pueden constituirse en influyentes para el menor, servirá de modelo, porque los niños hacen lo que ven hacer a los adultos y reproducirán asimismo los modelos de relación experimentados en sus primeros años. Lo anterior, nos da una alerta sobre la gran responsabilidad que tenemos cada uno de los adultos respecto de la educación de nuestros niños y adolescentes.

En los menores influyen dos grandes aspectos que necesariamente se desprenden de su proceso de socialización, como son, el contexto cultural y la influencia de la institución educativa.

1. El contexto cultural: Delimitado por lo que es aceptado en la sociedad a la que se pertenece, de donde se desprenden las reglas que se impondrán a los niños y que serán las que ellos seguirán y aplicarán de ahí en adelante.

No queda excluido aquí el tema que nos interesa referente a la forma de enfrentar y solucionar los conflictos.

Nuestra sociedad altamente compleja y en muchos casos agresiva, prepara a los niños para contender, les enseña que la fuerza, la coacción y hasta la manipulación, que son claramente estrategias antisociales, son más confiables y eficaces que las sociales, constituidas por el diálogo, el razonamiento y el respeto, entre otras. Esto hace que cuando los niños tropiecen con conflictos no sepan cómo enfrentarlos y manejarlos de forma productiva.

Tanto influye la forma en que los padres educan a sus hijos, que en estudios que se han realizado sobre el tema, se han encontrado algunos datos que necesariamente se desprenden de los estereotipos que todos conocemos sobre la diferencia de los hombres y las mujeres, y que aún permean la educación a los hijos en el hogar, tales como: "Es común que los varones inicien conflictos, que utilicen tácticas persuasivas de mano dura y agresivas o confrontativas, en tanto que las niñas tratarán siempre de evitar los conflictos y que sean capaces de adoptar más fácilmente el punto de vista del otro y de aplicar estrategias de resolución de conflictos más variadas" 2.

El modo en que los padres hayan formado a sus hijos hará que la asimilación por parte de éstos, de un modelo de "Educación para la Paz", que se trate de implementar en la institución educativa a la que pertenezcan, tenga una mayor aceptación o una fuerte resistencia.

2. La influencia de la institución educativa: Ahora bien, en las instituciones educativas, la cultura que hasta hace muy poco tiempo se ha venido aplicando, es la tradicional, de autoridad y respeto absoluto a las jerarquías, sobre todo en los lugares en donde los centros educativos están dentro de comunidades en riesgo social. Se parte de la premisa de que los adultos son los poseedores de la verdad. Los docentes, en muchos casos, no están preparados para manejar de una manera constructiva el conflicto y por esta razón lo evitan a toda costa dentro de sus salones de clase. Lo que sucede es que para algunos docentes el conflicto es un impedimento, pues si los estudiantes empiezan a asumir el control de sus problemas, esto generará el consecuente cuestionamiento de la autoridad que ejercen los docentes sobre los alumnos, pues la costumbre es que un conflicto entre estudiantes reciba una solución impuesta por un docente, quien juzga y resuelve el conflicto desde su contexto, que difícilmente coincide con el de los alumnos.

Estas soluciones impuestas pueden generar malas relaciones entre los actores más importantes del proceso educativo, los docentes y los alumnos, lo que va a provocar un ambiente escolar cargado de limitaciones basadas no en el respeto, sino en el temor a las jerarquías, o en la incomprensión de las razones por las que los adultos resuelven las situaciones de una u otra forma; pues los niños son personas capaces de generar a partir de los conflictos, organizaciones sociales y políticas que les permitan negociar sus intereses reales, según su experiencia de vida y madurez emocional.

Jean Piaget3, asegura que el conflicto entre los niños reduce el egocentrismo y estimula la diferenciación. Inclusive jerarquiza la forma de ser de los niños en este sentido por rangos de edad, estableciendo lo siguiente: el niño hasta los seis años es muy egocéntrico, pues se centra en sus necesidades y su propio desarrollo. De los siete a los once, aprende a adecuarse a las normas sociales, con un poco de rigidez entre los cinco y los ocho. Al entrar a la adolescencia temprana, es capaz de reconocer interese y necesidades suyas y de los otros y trata a su manera de satisfacer ambos.

Su desarrollo cognitivo, va a la par de su desarrollo moral, lo que les permite evaluar las situaciones que se les presentan también desde esta perspectiva. Esto ha permitido a algunos expertos en el tema identificar un modelo de cuatro estrategias de negociación utilizadas por los niños: Nivel 0, es el más bajo, se presenta en edades que van hasta los tres años. Los niños reaccionan ente el conflicto con respuestas mentales y corporales de lucha o de huida, de manera que aferran o repelen enérgica e impulsivamente al otro niño con el que tienen el desacuerdo o tratan de abrumarlo en forma verbal.

Nivel 1, entre tres y seis años, pasan a un egocentrismo competitivo o de ganarperder, utilizando las amenazas, dar órdenes, actuar como víctimas o apelar a un adulto en busca de ayuda.

Nivel 2, entre siete y doce años, entra en juego la cooperación estratégica en aras de proteger intereses propios, utilizan la persuasión amistosa, la búsqueda de alianzas.

Nivel 3, entre doce y quince años, entran a la negociación colaborativa, pues se tiene la capacidad de prever las posibles reacciones del otro. Como vemos desde edades muy tempranas, los niños son capaces de realizar procesos de negociación con los demás, por supuesto con las limitaciones propias de la etapa de desarrollo en que se encuentren.

Esto debe llevar a las instituciones educativas a plantearse la necesidad de incluir como parte de su proceso de formación, un entrenamiento en habilidades para que los alumnos conozcan el manejo constructivo del conflicto y las técnicas para solucionarlo a través de la vía pacífica de la mediación y sobre todo para que puedan aplicar estos conocimientos y habilidades en sus conflictos diarios con sus compañeros o maestros, e incorporarlo desde edad temprana como un modelo de vida que pueda incluso reproducir en su hogar, no sólo para solucionar sino para prevenir los conflictos, de esta manera la institución educativa asumiría el reto de subsanar el déficit de algunos jóvenes para afrontar y resolver en forma constructiva el conflicto a su modo.

Notas

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