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ISSN 1913-6196

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 Diplomacia discreta: prevención muy temprana de conflictos

Entrevista

 Entrevista con John Packer  

   

John Packer es el Director del Programa Global de Promoción
de la Diplomacia Discreta como Prevención de Conflictos
 en Human Rights Internet,
una ONG internacional radicada en Ottawa,
con más de 27 años de trabajo

"El enfoque de prevención temprana lejos de ser una política de apaciguamiento limitada a detener la violencia una vez que ya estalló es una estrategia dirigida a atender las raíces profundas de los conflictos de manera oportuna, identificarlas, buscarle posibles soluciones y hacer corresponsables a todos los actores por su adecuada y oportuna implementación. En realidad este es un tipo de mecanismo y de herramienta idóneos para la promoción de lo que la UNESCO llama una "cultura de paz".

RF: ¿Pudiera presentarse a los lectores de Futuros?

John Packer: Soy nacido en Winnipeg, Canadá. Serví durante varios años en la Oficina del Alto Comisionado para Derechos Humanos de la ONU en Ginebra así como otros nueve años como Director de la Oficina del Alto Comisionado sobre Minorías Nacionales de la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). También he trabajado como académico en la Universidad de Harvard y en la de Tufts, en Estados Unidos, he escrito numerosos ensayos sobre derechos humanos y prevención de conflictos y sido miembro de varias juntas directivas de ONGs y revistas profesionales de derecho. Actualmente dirijo el Programa Global de Promoción de la Diplomacia Discreta como Prevención de Conflictos en Human Rights Internet, una ONG internacional que radica en Ottawa, Canadá, con mas de 27 años de fundada.

RF: ¿Cómo surge la iniciativa titulada "Diplomacia Discreta para la Prevención de Conflictos" que usted dirige desde Human Rights Internet?

JP: Hace años un importante activista de paz y derechos humanos de Sri Lanka asistió a una conferencia financiada por la Fundación Rockefeller acerca de la experiencia del trabajo del Alto Comisionado sobre Minorías Nacionales de la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). Quedó tan impresionado por lo que escuchó y aprendió en el seminario que propuso que debería emprenderse alguna iniciativa para extender el conocimiento de esa experiencia a otras regiones y alentar a los gobiernos a diseñar mecanismos que, basados en el mismo principio de diplomacia discreta para prevenir conflictos en fase muy temprana, fuesen adecuados a sus realidades. Poco después esta persona murió en un atentado terrorista en su país. La Fundación Rockefeller quiso recoger su propuesta de manera póstuma y me encomendó –dados mis nueve años de experiencia al frente de la Oficina del Alto Comisionado sobre Minorías Nacionales, responsabilidad entonces del Ministro holandés Max van der Stoel, en La Haya, que le diera forma a esa idea y la impulsara en diferentes regiones.

Lo que llamó la atención de este distinguido srilankés y de muchas otras personas es el modo en que opera la Oficina del Alto Comisionado sobre Minorías Nacionales de la OSCE. Al terminar la Guerra Fría se hicieron visibles y tornaron violentos un conjunto de conflictos en Europa que hasta ese momento existían de manera latente siendo el de los Balcanes el más destructivo. En casi todos había un fuerte componente de negación de derechos de identidad a determinadas minorías nacionales. Los países de la OSCE decidieron entonces, a principios de los años ‘90, crear un mecanismo que monitoreara la existencia y evolución de estos conflictos y diera los pasos necesarios para prevenir –en fase muy temprana- que llegasen a tornarse violentos.

RF: ¿Se trata entonces de un mecanismo de derechos humanos para las minorías nacionales en la OSCE?

JP: No exactamente. Nótese que el titulo es Alto Comisionado sobre Minorías Nacionales no para minorías. La idea central no es recoger denuncias de derechos humanos y condenar a los violadores como hace la Comisión de DDHH de la ONU en Ginebra, sino cooperar con todas las partes de un conflicto que involucre minorías nacionales en su fase más temprana de desarrollo.

No está concebido como un mecanismo de denuncia,
sino de cooperación para la seguridad regional.

 Opera sobre la base del consentimiento dado por los países miembros a la existencia de un Alto Comisionado en este campo con autoridad suficiente para monitorear estos conflictos al interior de los países de la OSCE, hacerse presente de manera no secreta pero sí discreta, conversar con todas las partes involucradas y proponerles un plan de medidas dentro de un calendario de cumplimiento para darle un cauce positivo a la situación y evitar la violencia. Es por eso que lo llamamos un mecanismo de "diplomacia discreta" –no estridente- para prevenir conflictos en fase muy temprana.

RF: ¿Serviría algo así para poner fin a la violencia en Colombia, por ejemplo?

JP: Esa no es la función de este tipo de mecanismos. Para conflictos violentos ya en fase ulterior de desarrollo hay otro tipo de sistemas y herramientas dentro de la comunidad internacional.

Este mecanismo es para ejercer una diplomacia consensuada, cooperativa, de bajo perfil público, temprana. En el caso de la OSCE está dirigida a atajar a tiempo aquellos conflictos que involucren minorías, pero los principios generales podrían ser estudiados en diversas regiones a fin de adaptarse a su realidad para cubrir otro tipo de potenciales conflictos –no necesariamente con minorías- que afecten la gobernabilidad democrática y tengan el potencial de amenazar la seguridad regional.

Lo interesante es que los países de la OSCE, después de la mala experiencia en los Balcanes, decidieron que algunos problemas hasta entonces percibidos como internos tendían en ocasiones a transformarse en desafíos regionales y que no constituía una ingerencia en sus asuntos internos el que se estableciera entre ellos un mecanismo cooperación temprana para la gobernabilidad.

Volviendo a su pregunta: la única limitación que tiene el Alto Comisionado es que no puede mantener relaciones o contactos con grupos y personas que promuevan el terrorismo, a menos que sea a solicitud o con la anuencia del gobierno del país en cuestión. Su papel es hacerse presente, contactar a todos y hacerles un conjunto de recomendaciones. También puede incluir en su informe recomendaciones para la OSCE en el sentido de que cooperen a su plan de acción dando apoyo político y/o material que alivien la crisis en desarrollo y contribuyan a revertirla (cancelación o alivio del pago de deudas, ayuda al desarrollo o de emergencia, etc.)

RF: ¿Qué sucede cuando alguna de las partes no acepta las recomendaciones del Alto Comisionado?

JP: Es importante enfatizar que el papel del Alto Comisionado sobre Minorías Nacionales de la OSCE es dar un servicio a los estados y de hecho asistirlos en la solución de sus problemas. El Alto Comisionado solamente provee asesoría, recomendaciones y quizás asistencia técnica. Se espera que los gobiernos encuentren esa gestión útil, es decir, en su propio interés.

RF: ¿Entonces, en ningún caso sería el Alto Comisionado quien habría abierto con su trabajo el camino indeseado de la intervención militar colectiva?

JP: Por el contrario, el Alto Comisionado fue creado para hacer esfuerzos muy tempranos que encaminen los conflictos latentes de manera constructiva, cooperativa y respetuosa antes de que se tornen violentos y demanden otro tipo de medidas. En el caso de la OSCE el Alto Comisionado no está para promover acciones colectivas de diplomacia coercitiva y pública, sino para hacerlas innecesarias. Cuando estos mecanismos de prevención temprana no existen y se permite que los conflictos evolucionen sin ayudar a las partes a resolverlos a tiempo, de manera discreta y cooperativa, puede pasarse, rápida y fácilmente, a una fase en que los actores ya no saben cómo salir del problema, y los mecanismos colectivos son rechazados por ellos por ser coercitivos, públicos y, sin dudas, de un alto nivel de ingerencia.

RF: Volvamos a su iniciativa. ¿El objetivo que entonces ustedes persiguen es la creación de Altos Comisionados sobre Minorías Nacionales, como el de la OSCE, en otras regiones?

JP: No. Es imposible clonar una institución tan delicada en otro contexto. El único objetivo de nuestro proyecto es promover la reflexión de los gobiernos en diversas regiones y sub regiones, -incluyendo a América Latina y Caribe-, sobre la experiencia general y los resultados obtenidos por el Alto Comisionado de la OSCE en este campo.

A lo único que aspiramos es a propiciar
una reflexión regional y subregional
en diversas partes del mundo sobre la conveniencia
de contar con mecanismos de prevención de conflictos
en fase muy temprana que funcionen con herramientas
de diplomacia discreta, de bajo perfil, consensuada y cooperativa.

Ponemos el énfasis precisamente en invitar a una reflexión sobre las funciones que puede jugar un mecanismo de prevención efectiva, muy temprana, de conflictos empleando un método de diplomacia discreta y cooperativa, en lugar de otros de naturaleza pública, más dirigida a movilizar la presión externa y la ingerencia. El tipo de mecanismo existente en la OSCE es considerado un sistema de colaboración, previamente consensuado, en el que se mantiene la puerta abierta a un "tercer actor" –también escogido por todos- para que ayude discretamente a las partes a encontrar una solución, no para imponerles una formula en medio de presiones externas.

RF: En el caso de América Latina y Caribe, ¿en qué tipo de conflictos y en cuáles países podría aplicarse esta fórmula?

JP: Corresponde a los Jefes de Estado, en el marco de las actuales organizaciones regionales y sub regionales, dar respuesta a esa interrogante. Son los gobiernos quienes han de fijar qué tipo de mecanismo desean (la figura del "Alto Comisionado", por ejemplo, no tiene tradición en América Latina, aunque sí en el Caribe), cuáles serán sus funciones y prerrogativas, cuáles serían sus nexos con las organizaciones sub regionales y regionales, qué tipo de conflictos puede atender, con cuáles actores debe guardar distancia y otras cuestiones concretas referidas al mandato de esa entidad.

En líneas generales, puede pensarse en que este tipo de mecanismos podrían buscar soluciones cooperativas, tempranas y pacificas a aquellas situaciones cuya naturaleza imposibilita el que puedan ser resueltos por un solo estado o que tienen potencial para afectar a más de uno si llegan a escalar fuera de control. Los flujos de refugiados y migrantes en otras regiones han sido algunas de las situaciones examinadas. En América Latina podrían ser esas u otras. Eso lo han de determinar los gobiernos que deseen acompañarnos en esta reflexión.

Por otra parte, quizás la conclusión a la que lleguen los gobiernos es que no necesitan crear nuevos mecanismos sino simplemente reforzar los existentes dotándolos de herramientas, estrategias y recursos adecuados. Daríamos igualmente la bienvenida a esa conclusión y ello no implica que nuestro esfuerzo por aportar un mayor conocimiento de la experiencia europea sea baldío. Nuestra iniciativa está encaminada a diseminar información sobre una experiencia concreta y a promover una reflexión sobre ella a fin de se pueda disponer de esos elementos de juicio a la hora de decidir que es lo que más conviene hacer en cada región o subregión.

En lo que supongo que todos estaremos de acuerdo es en que debe trabajarse en fase temprana para tomar todas las medidas que impidan la transformación violenta de los conflictos y que siempre es posible dar nuevos pasos para fortalecer esa capacidad a nivel regional y subregional.

RF: ¿No implicarían esos mecanismos una estrategia de apaciguamiento de los legítimos conflictos sociales que sufre nuestra región, por ejemplo?

JP: Es todo lo contrario. El enfoque de prevención en fase muy temprana no intenta apaciguar a nadie porque el conflicto aún no ha alcanzado una fase violenta y puesto en peligro la paz local o subregional. El enfoque de prevención temprana lejos de ser una política de apaciguamiento limitada a detener la violencia una vez que ya estalló es una estrategia dirigida a atender las raíces profundas de los conflictos de manera oportuna, identificarlas, buscarle posibles soluciones y hacer corresponsables a todos los actores por su adecuada y oportuna implementación. En realidad este es un tipo de mecanismo y de herramienta idóneos para la promoción de lo que la UNESCO llama una "cultura de paz".

Porque la paz no es la simple ausencia de violencia directa,
sino la erradicación de las instituciones, estructuras,
valores y situaciones más profundas que fomentan la violencia.
 

Es hacia allí hacia donde nos gustaría ver encaminados más esfuerzos en fase muy temprana y con diplomacia discreta.

RF: ¿Qué nivel de receptividad ha encontrado hasta ahora en sus interlocutores gubernamentales en América latina y Caribe para su iniciativa?

JP: Muy positivo y alentador. El colega que en Human Rights Internet funge de director del programa para América Latina y Caribe –yo soy director de todo el programa a nivel global- ha mantenido ya estrechos contactos preliminares con varios gobiernos y funcionarios multilaterales de MERCOSUR, Mesoamérica y el Caribe, así como de la OEA, y todos sin excepción han sido muy abiertos a iniciar un diálogo y reflexión sobre estos temas. Posiblemente esta sea la región en que más rápido pueda avanzar esta idea de la diplomacia discreta como herramienta en la prevención de conflictos en su fase temprana. Ya veremos.

   

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