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John Packer es el Director del Programa Global de Promoción
de la
Diplomacia Discreta como Prevención de Conflictos
en Human Rights
Internet,
una ONG internacional radicada en Ottawa,
con más de 27 años de trabajo
"El enfoque de
prevención temprana lejos de ser una política de apaciguamiento
limitada a detener la violencia una vez que ya estalló es una
estrategia dirigida a atender las raíces profundas de los conflictos
de manera oportuna, identificarlas, buscarle posibles soluciones y
hacer corresponsables a todos los actores por su adecuada y oportuna
implementación. En realidad este es un tipo de mecanismo y de
herramienta idóneos para la promoción de lo que la UNESCO llama una
"cultura de paz". |
RF: ¿Pudiera presentarse a los
lectores de Futuros?
John Packer:
Soy nacido en Winnipeg, Canadá. Serví durante varios años en la Oficina del
Alto Comisionado para Derechos Humanos de la ONU en Ginebra así como otros
nueve años como Director de la Oficina del Alto Comisionado sobre Minorías
Nacionales de la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).
También he trabajado como académico en la Universidad de Harvard y en la de
Tufts, en Estados Unidos, he escrito numerosos ensayos sobre derechos humanos y
prevención de conflictos y sido miembro de varias juntas directivas de ONGs
y revistas profesionales de derecho. Actualmente dirijo el Programa Global
de Promoción de la Diplomacia Discreta como Prevención de Conflictos en
Human Rights Internet, una ONG internacional que radica en Ottawa, Canadá, con mas de 27 años de fundada.
RF: ¿Cómo surge la iniciativa titulada
"Diplomacia Discreta para la Prevención de Conflictos" que usted dirige
desde Human Rights Internet?
JP:
Hace años un importante activista de paz y derechos humanos de Sri Lanka
asistió a una conferencia financiada por la Fundación Rockefeller acerca de
la experiencia del trabajo del Alto Comisionado sobre Minorías Nacionales de
la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). Quedó tan
impresionado por lo que escuchó y aprendió en el seminario que propuso que
debería emprenderse alguna iniciativa para extender el conocimiento de esa
experiencia a otras regiones y alentar a los gobiernos a diseñar mecanismos
que, basados en el mismo principio de diplomacia discreta para prevenir
conflictos en fase muy temprana, fuesen adecuados a sus realidades. Poco
después esta persona murió en un atentado terrorista en su país. La
Fundación Rockefeller quiso recoger su propuesta de manera póstuma y me
encomendó –dados mis nueve años de experiencia al frente de la Oficina del
Alto Comisionado sobre Minorías Nacionales, responsabilidad entonces del
Ministro holandés Max van der Stoel, en La Haya, que le diera forma a esa
idea y la impulsara en diferentes regiones.
Lo que llamó la atención de este distinguido srilankés y de
muchas otras personas es el modo en que opera la Oficina del Alto
Comisionado sobre Minorías Nacionales de la OSCE. Al terminar la Guerra Fría
se hicieron visibles y tornaron violentos un conjunto de conflictos en
Europa que hasta ese momento existían de manera latente siendo el de los
Balcanes el más destructivo. En casi todos había un fuerte componente de
negación de derechos de identidad a determinadas minorías nacionales. Los
países de la OSCE decidieron entonces, a principios de los años ‘90, crear
un mecanismo que monitoreara la existencia y evolución de estos conflictos y
diera los pasos necesarios para prevenir –en fase muy temprana- que llegasen
a tornarse violentos.
RF: ¿Se trata entonces de un mecanismo
de derechos humanos para las minorías nacionales en la OSCE?
JP:
No exactamente. Nótese que el titulo es Alto Comisionado sobre
Minorías Nacionales no para minorías. La idea central
no es recoger denuncias de derechos humanos y condenar a los violadores como
hace la Comisión de DDHH de la ONU en Ginebra, sino cooperar
con todas las partes de un conflicto que involucre minorías nacionales en su
fase más temprana de desarrollo.
No está concebido como un mecanismo de denuncia,
sino de cooperación para la seguridad regional.
Opera sobre la base del consentimiento dado por los
países miembros a la existencia de un Alto Comisionado en este campo con
autoridad suficiente para monitorear estos conflictos al interior de los
países de la OSCE, hacerse presente de manera no secreta pero sí discreta,
conversar con todas las partes involucradas y proponerles un plan de medidas
dentro de un calendario de cumplimiento para darle un cauce positivo a la
situación y evitar la violencia. Es por eso que lo llamamos un mecanismo de
"diplomacia discreta" –no estridente- para prevenir conflictos en fase muy
temprana.
RF: ¿Serviría algo así para poner fin
a la violencia en Colombia, por ejemplo?
JP:
Esa no es la función de este tipo de mecanismos. Para conflictos violentos
ya en fase ulterior de desarrollo hay otro tipo de sistemas y herramientas
dentro de la comunidad internacional.
Este mecanismo es para ejercer una diplomacia consensuada,
cooperativa, de bajo perfil público, temprana. En el caso de la OSCE está
dirigida a atajar a tiempo aquellos conflictos que involucren minorías, pero
los principios generales podrían ser estudiados en diversas regiones a fin
de adaptarse a su realidad para cubrir otro tipo de potenciales conflictos
–no necesariamente con minorías- que afecten la gobernabilidad democrática y
tengan el potencial de amenazar la seguridad regional.
Lo interesante es que los países de la OSCE, después de la
mala experiencia en los Balcanes, decidieron que algunos problemas hasta
entonces percibidos como internos tendían en ocasiones a transformarse en
desafíos regionales y que no constituía una ingerencia en sus asuntos
internos el que se estableciera entre ellos un mecanismo cooperación
temprana para la gobernabilidad.
Volviendo a su pregunta: la única limitación que tiene el
Alto Comisionado es que no puede mantener relaciones o contactos con grupos
y personas que promuevan el terrorismo, a menos que sea a solicitud o con la
anuencia del gobierno del país en cuestión. Su papel es hacerse presente,
contactar a todos y hacerles un conjunto de recomendaciones. También puede
incluir en su informe recomendaciones para la OSCE en el sentido de que
cooperen a su plan de acción dando apoyo político y/o material que alivien
la crisis en desarrollo y contribuyan a revertirla (cancelación o alivio del
pago de deudas, ayuda al desarrollo o de emergencia, etc.)
RF: ¿Qué sucede cuando alguna de las
partes no acepta las recomendaciones del Alto Comisionado?
JP:
Es importante enfatizar que el papel del Alto Comisionado sobre Minorías
Nacionales de la OSCE es dar un servicio a los estados y de hecho asistirlos
en la solución de sus problemas. El Alto Comisionado solamente provee
asesoría, recomendaciones y quizás asistencia técnica. Se espera que los
gobiernos encuentren esa gestión útil, es decir, en su propio interés.
RF: ¿Entonces, en ningún caso sería el
Alto Comisionado quien habría abierto con su trabajo el camino indeseado de
la intervención militar colectiva?
JP:
Por el contrario, el Alto Comisionado fue creado para hacer esfuerzos muy
tempranos que encaminen los conflictos latentes de manera constructiva,
cooperativa y respetuosa antes de que se tornen violentos y demanden otro
tipo de medidas. En el caso de la OSCE el Alto Comisionado no está para
promover acciones colectivas de diplomacia coercitiva y pública, sino para
hacerlas innecesarias. Cuando estos mecanismos de prevención temprana no
existen y se permite que los conflictos evolucionen sin ayudar a las partes
a resolverlos a tiempo, de manera discreta y cooperativa, puede pasarse,
rápida y fácilmente, a una fase en que los actores ya no saben cómo salir
del problema, y los mecanismos colectivos son rechazados por ellos por ser
coercitivos, públicos y, sin dudas, de un alto nivel de ingerencia.
RF: Volvamos a su iniciativa. ¿El
objetivo que entonces ustedes persiguen es la creación de Altos Comisionados
sobre Minorías Nacionales, como el de la OSCE, en otras regiones?
JP:
No. Es imposible clonar una institución tan delicada en otro contexto. El
único objetivo de nuestro proyecto es promover la reflexión de los gobiernos
en diversas regiones y sub regiones, -incluyendo a América Latina y Caribe-,
sobre la experiencia general y los resultados obtenidos
por el Alto Comisionado de la OSCE en este campo.
A lo único que aspiramos es a propiciar
una reflexión regional y subregional
en diversas partes del mundo sobre la conveniencia
de contar con mecanismos de prevención de conflictos
en fase muy temprana que funcionen con herramientas
de diplomacia discreta, de bajo perfil, consensuada y cooperativa.
Ponemos el énfasis precisamente en invitar a una reflexión
sobre las funciones que puede jugar un mecanismo de prevención efectiva, muy
temprana, de conflictos empleando un método de diplomacia discreta y
cooperativa, en lugar de otros de naturaleza pública, más dirigida a
movilizar la presión externa y la ingerencia. El tipo de mecanismo existente
en la OSCE es considerado un sistema de colaboración, previamente
consensuado, en el que se mantiene la puerta abierta a un "tercer actor"
–también escogido por todos- para que ayude discretamente a las partes a
encontrar una solución, no para imponerles una formula en medio de presiones
externas.
RF: En el caso de América Latina y
Caribe, ¿en qué tipo de conflictos y en cuáles países podría aplicarse esta
fórmula?
JP: Corresponde a los Jefes de Estado, en el marco de las
actuales organizaciones regionales y sub regionales, dar respuesta a esa
interrogante. Son los gobiernos quienes han de fijar qué tipo de mecanismo
desean (la figura del "Alto Comisionado", por ejemplo, no tiene tradición en
América Latina, aunque sí en el Caribe), cuáles serán sus funciones y
prerrogativas, cuáles serían sus nexos con las organizaciones sub regionales
y regionales, qué tipo de conflictos puede atender, con cuáles actores debe
guardar distancia y otras cuestiones concretas referidas al mandato de esa
entidad.
En líneas generales, puede pensarse en que este tipo de
mecanismos podrían buscar soluciones cooperativas, tempranas y pacificas a
aquellas situaciones cuya naturaleza imposibilita el que puedan ser
resueltos por un solo estado o que tienen potencial para afectar a más de
uno si llegan a escalar fuera de control. Los flujos de refugiados y
migrantes en otras regiones han sido algunas de las situaciones examinadas.
En América Latina podrían ser esas u otras. Eso lo han de determinar los
gobiernos que deseen acompañarnos en esta reflexión.
Por otra parte, quizás la conclusión a la que lleguen los
gobiernos es que no necesitan crear nuevos mecanismos sino simplemente
reforzar los existentes dotándolos de herramientas, estrategias y recursos
adecuados. Daríamos igualmente la bienvenida a esa conclusión y ello no
implica que nuestro esfuerzo por aportar un mayor conocimiento de la
experiencia europea sea baldío. Nuestra iniciativa está encaminada a
diseminar información sobre una experiencia concreta y a promover una
reflexión sobre ella a fin de se pueda disponer de esos elementos de juicio
a la hora de decidir que es lo que más conviene hacer en cada región o
subregión.
En lo que supongo que todos estaremos de acuerdo es en que
debe trabajarse en fase temprana para tomar todas las medidas que impidan la
transformación violenta de los conflictos y que siempre es posible dar
nuevos pasos para fortalecer esa capacidad a nivel regional y subregional.
RF: ¿No implicarían esos mecanismos
una estrategia de apaciguamiento de los legítimos conflictos sociales que
sufre nuestra región, por ejemplo?
JP:
Es todo lo contrario. El enfoque de prevención en fase muy temprana no
intenta apaciguar a nadie porque el conflicto aún no ha alcanzado una fase
violenta y puesto en peligro la paz local o subregional. El enfoque de
prevención temprana lejos de ser una política de apaciguamiento limitada a
detener la violencia una vez que ya estalló es una estrategia dirigida a
atender las raíces profundas de los conflictos de manera oportuna,
identificarlas, buscarle posibles soluciones y hacer corresponsables a todos
los actores por su adecuada y oportuna implementación. En realidad este es
un tipo de mecanismo y de herramienta idóneos para la promoción de lo que la
UNESCO llama una "cultura de paz".
Porque la paz no es la simple ausencia de violencia
directa,
sino la erradicación de las instituciones, estructuras,
valores y situaciones más profundas que fomentan la violencia.
Es hacia allí hacia donde nos gustaría ver encaminados más
esfuerzos en fase muy temprana y con diplomacia discreta.
RF: ¿Qué nivel de receptividad ha
encontrado hasta ahora en sus interlocutores gubernamentales en América
latina y Caribe para su iniciativa?
JP:
Muy positivo y alentador. El colega que en Human Rights Internet funge de
director del programa para América Latina y Caribe –yo soy director de todo
el programa a nivel global- ha mantenido ya estrechos contactos preliminares
con varios gobiernos y funcionarios multilaterales de MERCOSUR, Mesoamérica
y el Caribe, así como de la OEA, y todos sin excepción han sido muy abiertos
a iniciar un diálogo y reflexión sobre estos temas. Posiblemente esta sea la
región en que más rápido pueda avanzar esta idea de la diplomacia discreta
como herramienta en la prevención de conflictos en su fase temprana. Ya
veremos.
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