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ISSN 1913-6196

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  La obesidad en la pobreza: un problema emergente en las Américas

Salud

Por Manuel Peña y Jorge Bacallao   

Parte 1 /2

Los autores del presente artículo Dr. Manuel Peña y Jorge Bacallao realizaron un estudio en Sao Pablo, Brasil, con 535 familias (2,411 personas) en un barrio marginal urbano donde observaron que el 30 por ciento de los niños tenían un déficit en la altura para la edad, mientras que el 5.8 por ciento de los niños y el 6.8 por ciento de las niñas estaban pasados de peso. Más aún, el 9 por ciento de los adultos miembros de las familias eran obesos. . "Estos datos demuestran la coexistencia de la malnutrición y la obesidad en el mismo escenario", concluye el estudio.

 

Obesidad en sociedades ricas y pobres

En general, los países industrializados se caracterizan por un alto consumo de alimentos ricos en proteínas y grasas de origen animal, hidratos de carbono procesados y azúcares simples, y por una aportación escasa de carnes magras, hidratos de carbono complejos y fibra alimentaría.  

Por su parte, los regímenes de los países en desarrollo se caracterizan por un elevado consumo de alimentos de procedencia vegetal, fundamentalmente cereales, con abundancia de azúcares simples, pero también de fibras, y escasez de productos de origen animal.  

Paradójicamente la Obesidad se presenta en ambos grupos: En los países ricos a expensas sobre todo de las grasas, y en los pobres a causa de la mono alimentación en base a cereales.  

La única diferencia entre estos 2 grupos puede establecerse en las enfermedades asociadas a la obesidad, que tienen una distribución relativamente distinta: 

  1. En las sociedades ricas se registran más problemas relacionados con la ingesta excesiva de grasa de origen animal y azúcares simples, así como por defecto del consumo de fibra. 
  2. Mientras que en los países pobres las enfermedades relacionadas con un consumo de grasas saturadas es menor, pero se presentan concomitantemente con la Obesidad, carencias de nutrientes esenciales, sobre todo de proteínas "completas" (con todos los aminoácidos esenciales) a causa del bajo consumo de carnes.    

La Obesidad no es un problema de las sociedades ricas

Los millones de personas que sufren de hambre (1.200 aproximadamente), son los únicos que obviamente no tienen riesgo de padecerla, pero el número de pobres del mundo no se reducen a estos 1.200 millones de pobreza extrema.

El número de pobres descontando estos 1.200 millones, es motivo de controversia, pero se puede decir que al menos duplica esta cifra (2.400 millones), y estadísticamente la prevalencia de la Obesidad en los pobres es igual, si no mayor, que en las sociedades ricas.

Cambios económicos y situación nutricional

La década de 1980 fue adversa para el crecimiento económico en América Latina y el Caribe. Las condiciones de inequidad entre los grupos sociales, caracterizada por una distribución muy desigual del ingreso, se agravaron con la aplicación de medidas de estabilización que contribuyeron a aumentar la pobreza y sus formas extremas. Las migraciones de los pobladores rurales hacia las periferias urbanas y de los países más pobres hacia otros en mejor situación, generaron cambios importantes en las condiciones y el modo de vida de dichos grupos. Por ejemplo, en 1983 hubo más de 917.000 desplazados y refugiados por los conflictos armados en América Central  (1, ver referencias).

Las transformaciones sociales, económicas y demográficas ocurridas durante los dos últimos decenios coincidieron con modificaciones del perfil epidemiológico y de los patrones alimentarios (2) y de actividad física en la región. Los procesos de transición demográfica, epidemiológica (3,4) y nutricional exhiben rasgos propios en cada país, asociados al momento del inicio y a la velocidad de los cambios. Esa heterogeneidad concuerda con los distintos modelos descritos por Omran (4,5).

Una característica global de la transición epidemiológica en América Latina y el Caribe es el aumento de la expectativa de vida y la reducción de las tasas de mortalidad en diferentes grupos de edad para la mayoría de las enfermedades infecciosas. El uso de las sales de rehidratación oral, la planificación familiar y el éxito de las campañas de inmunización masiva entre otras tecnologías, han desempeñado un papel decisivo en la reducción de la mortalidad, especialmente durante los primeros anos de vida. Sin embargo, el hecho de que algunas enfermedades infecciosas todavía persisten o reemergen plantea retos nuevos para la salud publica.

A pesar de la reducción global de la prevalencia de desnutrición energeticoproteica (6), en América Latina y el Caribe, en 1995 había alrededor de 6 millones de niños menores de 5 años con déficit de peso para la edad. Esa cifra (11% de la población de ese grupo de edad) (7) es una de las manifestaciones más visibles de la pobreza. En la Figura 1 se observa que el déficit de talla para la edad debido a una nutrición insuficiente, asociado a episodios infecciosos frecuentes y prolongados y a un medio ambiente desfavorable, es la manifestación antropométrica más común de la deficiencia nutricional en la región (8).

Las deficiencias de micronutrientes (hierro, yodo y vitamina A) constituyen también problemas nutricionales relevantes. La deficiencia de hierro y sus consiguientes efectos sobre la capacidad física, funcional e intelectual afecta a la mayor parte de los niños de áreas pobres en América Latina y el Caribe. Se estima que 45% de los niños entre 6 y 23 meses de edad, 30% de los niños preescolares y escolares, 20% de las mujeres no embarazadas y 35% de las mujeres embarazadas (9) sufren de algún grado de anemia por deficiencia de hierro. En 1997 se estimó que 25% de los niños menores de 5 años en América Latina sufren de deficiencia subclínica de vitamina A (10) (promedio ponderado de la prevalencia media en los países con información disponible), lo que contribuye a la alta incidencia de enfermedades infecciosas.

La obesidad: un problema en aumento.

En muchos países de América Latina y el Caribe se notificó un aumento notable de la prevalencia del exceso de peso (IMC de 25 a 29 kg/m2) y la obesidad (IMC ≥ 30 kg/m2). Por ejemplo, en Chile, 3,7% de los niños menores de 6 años están por debajo de una desviación estándar de la mediana del peso de referencia establecido por el Centro Nacional de Estadísticas de Salud de los Estados Unidos de América (NCHS) y la proporción de quienes se ubican por encima de esa desviación es de 21,6%. Esos valores reflejan un notable desplazamiento hacia la derecha en la distribución del indicador peso para la edad (11).

Las encuestas de hogares realizadas en el Brasil de 1974 a 1975 y durante 1989(12) mostraron un aumento notable de sobrepeso entre esos dos periodos en todos los intervalos de edad entre 18 y 65 años, tanto en mujeres como en hombres. La tendencia ascendente se confirma en un informe de 1996 (13) que indica una prevalencia de sobrepeso aun mayor. En Sao Paulo, Brasil, en un estudio de 535 familias (2.411 individuos) de una población urbana marginal (14) se observó que 30% de los niños presentaban un déficit relativo de estatura, y que 5,8% de los varones y 6,8% de las niñas tenían exceso de peso; además, 9% de los miembros adultos de las familias eran obesos. Esos hallazgos demuestran la coexistencia de la malnutrición y la obesidad en el mismo escenario.

Los resultados de la encuesta ENDES realizada en el Perú en 1996 (15), en la que se examinó a 9.600 mujeres que habían dado a luz por lo menos un niño durante los cinco años precedentes, mostraron un IMC de 25,1 (± 3,8 kg/m2). También se estimó que 34,5% de las mujeres tenían un IMC de 25 kg/m2 a 29,9 kg/m2, y que 9,4% tenían un IMC de más de 30 kg/m2. El IMC promedio en la zona metropolitana de Lima fue de 25,8 kg/m2. Los estudios diacrónicos realizados en Costa Rica y Panamá también muestran un aumento de la prevalencia de obesidad en los adultos (16).

El Cuadro 1 muestra la prevalencia de exceso de peso y de obesidad en mujeres de varios países de América Latina y el Caribe con base en las encuestas de demografía y salud (Demographic and Health Surveys-DHS) patrocinadas por la Agenda de los Estados Unidos de América para el Desarrollo Internacional (AID) (17).

CUADRO 1. Prevalencia de exceso de peso y de obesidad en mujeres de 15 a 49 años de edad en países de América Latina y el Caribe.

País/Año

Tamaño
de la
muestra

IMCa/DEb

Exceso de peso
(25-29,9 kg/m2)
%

Obesidad
(-30 kg/m2)
%

Bolivia/ 1994

2.347

24, 3/3, 7

26,2

7,6

Brasil/ 1996

3.158

24, 0/4, 3

25,0

9,7

Colombia/ 1995

3.319

24, 5/4, 0

31,4

9,2

Guatemala/ 1995

4.978

24, 2/3, 9

26,2

8,0

Haití/ 1994-1995

1.896

21, 2/3, 4

8,9

2,6

Honduras/ 1996

885

23, 5/4, 7

23,8

7,8

México/ 1987

3.681

23, 7/4, 3

23,1

10,4

Perú/ 1996

10.747

25, 1/3, 6

35,5

9,4

República Dominicana/ 1996

7.356

24, 3/4, 9

26,0

12,1

a) IMC = índice de masa corporal
b) DE = desviación estándar.
Fuente
: Martorell R, et al. (17)

Estudios sobre la obesidad

La obesidad es una pandemia actual cuyo estudio como tema prioritario de la salud pública se justifica por las razones siguientes:

  • Es un factor de riesgo de varias enfermedades crónicas no transmisibles asociadas a la nutrición (ECNT), algunas de las cuales son causas importantes de muerte en la región, por ejemplo, la enfermedad isquémica del corazón, la diabetes mellitus no insulinodependiente o de tipo II (DMNID), la hipertensión arterial, algunos tipos de cáncer, la osteoartritis y la osteoporosis, entre otras.
  • Las medidas para prevenir la obesidad, especialmente las que tienden a mejorar la calidad de la alimentación e incrementar la actividad física sistemática, coinciden en gran pacte con las medidas para prevenir otras ECNT.
  • La obesidad es un indicador útil para la vigilancia porque es fácil detectarla mediante las mediciones antropométricas tradicionales.

Desde el punto de vista antropométrico, la distribución de la grasa, la cantidad total o proporción de grasa y el peso corporal, en ese orden, tienen una gran capacidad explicativa coma factor de riesgo adicional de las ECNT. Según datos de la segunda encuesta de salud y nutrición de los Estados Unidos (NHANES) (18), las personas obesas entre 20 y 75 años de edad tienen un riesgo relativo 2,9 veces mayor de enfermar de DMNID que las personas de peso normal. La misma encuesta muestra que ese riesgo relativo es de 3,8 para los obesos de 45 a 75 años, y de 2,1 para los de 20 a 25 años. La encuesta también señala la importancia del tipo de distribución de la grasa corporal. Pi-Sunyer (19), se refirió al efecto de la reducción de peso sobre la disminución de la morbilidad y la mortalidad de individuos diabéticos y recomendó que los valores de IMC no fueran superiores a 25 kg/m2. Must (20) afirma que el riesgo de sufrir trastornos de salud a lo largo del ciclo vital se duplica en los individuos que tuvieron exceso de peso en la niñez, y que los riesgos son mayores si el exceso de peso se mantuvo durante la adolescencia, Meisler y St. Jeor (21) consideran que el exceso moderado de peso también se asocia a una mortalidad alta durante la vida adulta. Los datos del estudio de Framingham (22) muestran que el exceso de peso incrementa en forma notable la frecuencia de las ECNT. Después de 26 años de seguimiento longitudinal se observó que el aumento de una desviación estándar de peso relativo se asociaba con una mayor frecuencia de trastornos cardiovasculares: 15% en las mujeres y 22% en los hombres.

Existen sugerencias especificas de "peso saludable" o recomendable para prevenir las ECNT; entre otras, las cardiovasculares (22) y la DMNID (19). También se ha demostrado que hay asociación entre la reducción de peso y la mejoría en ciertos parámetros clínicos; sin embargo, no se dispone de datos confiables para hacer recomendaciones en enfermedades como la hipertensión (23) y el cáncer de colon (24). Asimismo, hay unanimidad sobre la necesidad de estudiar con más profundidad el exceso de peso en niños y ancianos antes de poder hacer recomendaciones específicas sobre un "peso ideal" (25). La promoción de comportamientos alimentarios adecuados y la práctica regular de ejercicio físico, en concordancia con las realidades económicas, sociales y culturales, es un recurso importante para prevenir la obesidad en cualquier edad.

La obesidad como marcador de riesgo de las ECNT asociadas a la nutrición.

En comparación con las enfermedades relacionadas con otras condiciones ambientales y con las que tienen origen genético, las ECNT asociadas a la nutrición representan un porcentaje muy alto de todas las ECNT. La obesidad, en particular el exceso de peso, puede ser un marcador muy útil para las acciones de vigilancia por su sensibilidad y porque el tamizaje y la detección de sujetos en riesgo son procedimientos de fácil aplicación y bajo costo. Cualquier otra condición más específica sería, sin duda, mucho más costosa y difícil de detectar.

Con fines epidemiológicos, la obesidad se evalúa por medio de técnicas antropométricas, habitualmente la medición del peso y la altura, y el empleo de referencias y puntos de corte establecidos. La medición de esas variables requiere una tecnología sencilla y de bajo costo relativo que permite saber si existe una asociación alta con los factores de riesgo de la obesidad y otras ECNT (25). Además, el entrenamiento para realizar las mediciones es más simple que el necesario para aplicar las técnicas diagnosticas para evaluar otras ECNT. Por ejemplo, para detectar la hipertensión arterial se debe utilizar el esfigmomanómetro y el sujeto debe cumplir con condiciones mínimas de reposo y relajación; en el caso de la DMNID, se utilizan técnicas bioquímicas, se debe preparar al sujeto y observar las normas de conservación de las muestras.

Prevención de la obesidad y las ECNT

Las acciones de prevención de la obesidad coinciden con muchas de las que se realizan para prevenir la mayoría de las ECNT: deben comenzar desde la concepción y continuar a lo largo de todo el ciclo vital. Así, la nutrición adecuada de la embarazada permite evitar la desnutrición intrauterina y sus consecuencias en el futuro (26), y la alimentación exclusiva del lactante con leche materna durante el primer cuatrimestre de vida y una adecuada alimentación complementaria en los 12 meses siguientes hasta incorporarlo a la dieta familiar, establece las bases para evitar futuros trastornos asociados a la nutrición. Posteriormente, un régimen adecuado de alimentación y actividad física sistemática son dos elementos claves para prevenir la mayoría de las ECNT.

A partir de los 4 años de edad debe reducirse la contribución relativa de las grasas como fuente energética, controlar la calidad de las grasas de consumo mediante la reducción de ácidos grasos saturados y el aumento relativo de consumo de ácidos grasos poliinsaturados (omega-3) y monoinsaturados, reducir el consumo de carbohidratos simples y aumentar el consumo de los complejos, aumentar el consumo de fibra, reducir el de sodio y satisfacer en forma sistemática las necesidades de todos los nutrientes esenciales. El beneficio de la práctica regular de actividad física no solo permite mantener un balance energético adecuado sino que tiene efectos favorables sobre los sistemas circulatorio, respiratorio, endocrino y osteomuscular, entre otros (27, 28).

Referencias

  1. Delgado HL, Ramírez M. Dieta y salud en la región centroamericana. En; Proyecto multicentro dieta y salud en Latinoamérica y el Caribe. OPS/Kellogg, 1994.
  2. Drewnowski A, Popkin BM. The nutrition transitions new trends in the global diet. Nutr Rev. 1997;55(2):31-43.
  3. Omran AR. "The epidemiologic transition. "A theory of the epidemiology of population change. Milbank Mem Fund Q 1971;49(4):509-538.
  4. Omran AR. The epidemiologic transition in the Americas Washington. DC: Pan American Health Organization, 1996
  5. Bacallao J. Diet and health in the Americas: a review. En: Reunión Técnica sobre Obesidad en la Pobreza; Situación en América Latina, La Habana, 15-19 mayo, 1995.
  6. Gillespie S, Mason J, Martorell R. How nutrition improves. Geneva; United Nations, ACC/SCN; 1996. State-of-the-Art Series 15).
  7. World Health Organization. Nutrition, highlights of recent activities in the context of the World Declaration and Plan of Action for Nutrition. Geneva: WHO; 1995, (WHO/NUT/95.2).
  8. Organización Panamericana de la Salud. La salud en las Américas. Edición de 1998. Washington. DC; OPS; 1998. (Publicación científica 569; 2 vol).
  9. Mora JO, Mora OL. Deficiencias de micronutrientes en América Latina y el Caribe: anemia ferropriva. Washington, DC: Organización Panamericana de la Salud; 1998.
  10. Mora JO, Mora OL. Deficiencias de micronutrientes en América Latina y el Caribe: vitaminas. Washington, DC: Organización Panamericana de la Salud; 1998.
  11. Chile, Ministerio de Salud, Informe del Ministro de Salud. Santiago: Ministerio de Salud: 1996.
  12. Sichieri R, Coitinho DC, Leao MM, Recine E, Everhart JE. High temporal, geographic, and income variation in body mass index among adults in Brazil. Am J Public Health 1994;84 (5):793-798.
  13. Monteiro CA, Lisboa-Conde W, Time trends in overweight prevalence in children, adolescents and adults from less and more developed regions of Brazil. En: 8th International Congress on Obesity, Paris, 29 agosto-3 septiembre, 1998.
  14. Sawaya AL, Dallal G, Solymos G, De Sousa MH, Ventura ML, Roberts SB, Sigulem DM. Obesity and malnutrition in a shantytown population in the city of Sao Paulo, Brazil. Obes Res 1995;3(Suppl 2);107s-115s.
  15. Perú, Instituto Nacional de Estadísticas e Informática. Encuesta demográfica y de salud familiar (ENDES) 1991-I992. Lima: INEI; 1992.
  16. Organización Panamericana de la Salud, Instituto de Nutrición de Centro América y Panamá. Informe del proyecto multicentro dieta y salud en Latinoamérica y el Caribe. Guatemala: OPS. 1NCAP; 1994, (DOE/IP/ 049).
  17. Martorell R. Kettel Khan L, Hughes ML, Grummer-Strawn LM. Obesity in women from developing countries.
  18. Ohlson L, Larsson B, Svardsudd K, The influence of body fat distribution on the incidence of diabetes mellitus 13,5 years of follow-up of the participants in the study of men born in 1913. Diabetes 1985:34(10); 1055-1058.
  19. Pi-Sunyer F. Weight and non- insulin dependent diabetes mellitus. Am J Clin Nutr 1996; 63 (Suppl 3):426S-429S.
  20. Must A. Morbidity and mortality associated with elevated body weight in children and adolescents. Am J Clin Nutr 1996;63(Suppl 3):445S-447S.
  21. Meisler JC, St. Jeor S, Summary and recommendations from the American Health Foundation's Expert Panel on Healthy Weight. Am J Clin Nutr 1996; 63(Suppl 3):474S-477S.
  22. Kannel WB, D'Agostino RB. Cobb JL. Effect of weight on cardiovascular disease. Am J Clin Nutr 1996; 63(Suppl 3):419S-422S.
  23. McCarron DA, Reusser ME. Body weight and blood pressure regulation. Am J Clin Nutr 1996;63(Suppl 3):423S-425S.
  24. Shike M. Body weight and colon cancer. Am J Clin Nutr 1996;63(Suppl 3): 442S-444S.
  25. World Health Organization, Physical status: the use and interpretation of anthropometry. Report of a WHO Expert Committee. Geneva: WHO; 1995:312-340. (Technical report series 854).
  26. Barker DJ. Fetal origins of coronary heart disease. BMJ 1995:311 (6998):171-174.
  27. Williamson DF. Dietary intake and physical activity as "predictors" of weight gain in observational prospective studies of adults. Nut Rev 1996;54 (4Pt2): S101-S109.
  28. Peña M, Amador M, Bacallao J. Obesity. En: Johnston FE, ed. Nutritional anthropology. New York; Alan R Liss; 1987.


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