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Parte 2 /2
Obesidad y condiciones socioeconómicas
Las asociaciones de la desnutrición y las enfermedades
transmisibles con la pobreza, y de la obesidad y las enfermedades crónicas
con el bienestar económico, ya no tienen vigencia en los países
desarrollados y se reducen diariamente en los países en desarrollo de la
región (29, ver referencias). En las áreas metropolitanas periféricas urbanas es común que
haya en las familias un padre hipertenso, obeso o no, de baja talla y con
probables antecedentes de desnutrición, una madre anémica, probablemente
obesa y de estatura baja, e hijos que padecen procesos infecciosos
frecuentes y tienen retraso del crecimiento.
En 1989, Sobal y Stunkard (30) hicieron una amplia
revisión de 144 publicaciones que relacionaban el estado socioeconómico con
la obesidad. Treinta estudios de mujeres de países desarrollados encontraron
una relación directa entre esos factores, 28 estudios hallaron una relación
inversa y dos no encontraron ninguna relación. En el caso de los hombres, 12
estudios hallaron una relación inversa, 11 una relación directa y 3 no
encontraron ninguna relación. Contrariamente, los estudios realizados en
países en desarrollo encontraron una relación directa entre la obesidad y la
condición socioeconómica (CSE), tanto en hombres como en mujeres (Figura 2).
Si bien la heterogeneidad de indicadores y puntos de corte empleados para
calificar la obesidad y caracterizar la condición socioeconómica constituye
una limitación de esos estudios, las tendencias son elocuentes.
Figura 2 Asociación entre obesidad y condición
socioeconómica (CES)

En estudios realizados en la década de 1980 en la región
metropolitana de Santiago, Chile, se encontró que 5% de la población
masculina y 28% de la femenina era obesa (los valores del peso para la
estatura fueron 120% más altos que el valor de referencia) (31). La
estratificación de la muestra de acuerdo con la condición socioeconómica
permite advertir que la obesidad es más frecuente en los sectores
socioeconómicos más pobres. Por su parte, Monteiro et al. (32) analizaron
dos muestras diacrónicas de nivel nacional en el Brasil y notaron que hubo
un aumento de la obesidad en los grupos de nivel socioeconómico más pobre en
un periodo de 15 años. Trabajando con los mismos datos, Sichieri et al. (12)
mostraron que, durante el mismo periodo, disminuyó la proporción de mujeres
con bajo peso y aumento la proporción de hombres y mujeres con exceso de
peso. En un documento del Instituto de Alimentación citado en el informe del
Uruguay a la Conferencia Internacional sobre Nutrición celebrada en Roma en
1992, Bove, Severi y González señalaron una mayor proporción de obesidad
entre las mujeres de nivel socioeconómico bajo (37,6%) que entre tas mujeres
de niveles altos (33) y, al considerar los factores relacionados con el
genero, las mayores diferencias también se registraban en los niveles bajos.
En otro estudio realizado en comedores populares de los barrios pobres de un
distrito del área metropolitana de Lima se encontró una asociación directa
entre la obesidad y la CSE: la prevalencia de exceso de peso y de obesidad
entre las mujeres fue de 32,6% y 13,1%, respectivamente (33).
Es muy difícil establecer conclusiones definitivas sobre
la asociación entre la obesidad y la CSE por dos razones. Por un lado, la
asociación puede variar de un país a otro o de una región a otra en el mismo
país; por el otro, la asociación puede quedar disimulada por factores
culturales, ecológicos o sociales. En algunos países de la Región de las
América, la asociación entre obesidad y CSE se asemeja a la que exhiben los
países desarrollados; en otros, la relación puede ser inversa.
Probablemente, ese patrón variable de comportamiento se esté encaminando
hacia un patrón de asociación inversa, de acuerdo al ritmo y al modelo de
transición epidemiológica y nutricional característico de cada país.
El obeso "pobre" y el obeso "rico"
Las características de la obesidad podrían ser diferentes
entre los individuos más pobres y más ricos del mismo país, o entre los
individuos más pobres y más ricos de los países desarrollados o en
desarrollo. Para analizar esas diferencias es importante tener en cuenta la
acción de factores de diferente naturaleza.
Factores genético adaptativos
Según la hipótesis del "genotipo de ahorro" (thrifty
genotype) (34), los obesos pobres podrían haber desarrollado un
mecanismo de adaptación metabólica. La hipótesis postula que las poblaciones
expuestas a un consumo inadecuado o fluctuante de alimentos generan formas
adaptativas para lograr un nivel alto de eficiencia en el uso de la energía
y el deposito de grasa. Si se mantienen esas formas cuando esos grupos
logran disponer de alimentos en forma regular, puede presentarse un aumento
en la prevalencia de exceso de peso y de DMNID.
Factores alimentarios
Las poblaciones urbanas de diversos países han modificado
su régimen alimenticio a expensas del aumento del consumo de grasas y
azucares y de la disminución del consumo de fibra (35-37). En algunos
sectores urbanos de bajos ingresos, la proporción de grasa en la ingestión
energética diaria experimentó un aumento considerable en los últimos 25 años
(38). Los precios elevados de las frutas y vegetales frescos y de otros
alimentos de alta calidad nutricional los hacen inaccesibles para los grupos
de ingresos más bajos (39). Por otra parte, la industria alimentaria
ofrece diversos alimentos de alta densidad energética (ricos en grasas y
azucares) pero deficientes en otros nutrientes esenciales: su gran poder de
saciedad, su sabor agradable y su bajo costo los hacen socialmente
aceptables y son los preferidos de los grupos más pobres.
Factores socioculturales
El ambiente de agresividad e inseguridad que se vive en
los cordones periféricos urbanos impide que la población pobre practique
ejercicios físicos en forma sistemática. Además, los habitantes de esas
localidades suelen recibir menos información sobre los beneficios del
ejercicio para la salud y la calidad de vida. Las inequidades en el acceso a
los mensajes de promoción de la salud, a la educación sanitaria y a los
servicios adecuados de atención de la salud, impiden conocer la importancia
de los cambios de comportamiento necesarios para lograr un modo de vida más
sano (40, 41).
Aculturación a distancia
Como resultado del contacto con los patrones culturales
de los países desarrollados, el proceso de aculturación de América Latina y
el Caribe a lo largo del siglo XX adquirió matices particulares por la
rapidez de los avances de la ciencia y de la industria de la comunicación.
Esa "aculturación a distancia", manipulada hábilmente por la industria de
consumo, tiende a despertar en los individuos la necesidad de incorporar
algunos elementos de la imagen proyectada y los impulsa a adoptar hábitos y
modos de vida inadecuados. En estudios de poblaciones estadounidenses de
origen mexicano se observó la influencia diferencial de la aculturación en
los hombres y en las mujeres (42,43) y que el proceso genera más obesidad en
las mujeres (43).
Los grupos más prósperos consiguen adaptarse más
fácilmente a esos cambios. Por el contrario, los más pobres padecen el
conflicto entre sus capacidades y la imagen ideal con la que se identifican.
Como resultado, los que tienen espacios culturales y sociales más limitados
y habitan en un ambiente violento e inseguro muestran deficiencias de
micro-nutrientes y exceso de grasa corporal, y están sometidos
simultáneamente al riesgo de contraer enfermedades infecciosas y
enfermedades crónicas no transmisibles asociadas a su régimen alimentario.
Factores de género
Si se toman en cuenta los factores asociados con el
género, la diferencia entre las "dos clases de obesidad" es aun más marcada:
las mujeres tienen oportunidades más limitadas, llevan cargas sociales más
pesadas y tienen una imagen subvalorada de su cuerpo. Además, su tradicional
subordinación social a los hombres aumenta su susceptibilidad a ese complejo
conjunto de influencias desfavorables. La suma de esos factores demuestra la
necesidad de realizar estudios que consideren esos aspectos.
Referencias
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Nutrición. Informe de la Reunión Técnica sobre Obesidad en la Pobreza de
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- Sobal J, Stunkard AJ. Socioeconomic status and obesity: a
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