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Parte 2 /2
¿Por qué la violencia basada en el género es un problema de salud?
A medida que pasa el tiempo, son cada vez más numerosas las pruebas
y mayor la concienciación entre los proveedores de servicios de salud y las
personas encargadas de formular las políticas de los resultados negativos
para la salud causados por la violencia basada en el género, que ha sido
asociada con riesgos y problemas para la salud reproductiva, enfermedades
crónicas, consecuencias psicológicas, lesiones y la muerte (figura 1-2).
Figura 1-2 EFECTOS DE LA VIOLENCIA
CONTRA LAS MUJERES EN LA SALUD

Tomado de: Heise, Ellsberg, y Gottemoeller
1999
El maltrato físico y sexual afecta la salud reproductiva de las mujeres,
ya sea directamente por los riesgos a causa de las relaciones sexuales
forzadas o el temor, o indirectamente por los efectos psicológicos que
conducen a comportamientos arriesgados. Los niños también pueden sufrir las
consecuencias, ya sea durante el embarazo de la madre, o en su propia niñez
a causa del descuido o los efectos psicológicos o sobre el desarrollo
resultantes de presenciar el maltrato o sufrirlo personalmente (Heise,
Ellsberg y Gottemoeller 1999). En el recuadro siguiente se sintetiza cómo la
violencia socava el control de la mujer sobre su propia salud reproductiva y
también sobre la salud de sus hijos.
Recuadro 1-1. Salud
Reproductiva: Riesgos y consecuencias de la violencia contra las
mujeres
- Es más probable que los hombres autores de maltrato físico
tengan múltiples parejas sexuales y que las fuercen a mantener
relaciones, con lo cual las exponen a infecciones de transmisión
sexual (ITS), incluida la infección por el VIH.
- Las mujeres víctimas de maltrato son menos capaces de negarse a
mantener relaciones sexuales forzadas, usar anticonceptivos o
negociar el empleo del condón, con lo cual aumenta su riesgo de
embarazos no deseados y de contraer ITS/VIH.
- La violencia física y sexual aumenta el riesgo de que las
mujeres sufran muchos problemas de salud reproductiva, como dolor
pélvico crónico, flujo vaginal, disfunción sexual y problemas
premenstruales, además de embarazos malogrados por abortos e hijos
con bajo peso al nacer.
- El temor, el aislamiento geográfico y la falta de recursos
económicos pueden impedir que las mujeres busquen servicios de salud
reproductiva —atención prenatal, servicios ginecológicos y
anticonceptivos, detección y atención de ITS/VIH— y atención
adecuada para sus hijos.
- El hecho de haber presenciado o sufrido la violencia contra las
mujeres durante la infancia se ha asociado con comportamientos
arriesgados durante la adolescencia y la edad adulta: la iniciación
sexual temprana, el embarazo en las adolescentes, las parejas
múltiples, el abuso de sustancias psicotrópicas, el comercio sexual,
y no emplear condones u otros métodos anticonceptivos.
Basado en información tomada de Population Reports (Heise, Ellsberg,
y Gottemoeller 1999)
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Sin importar cuán severas sean las consecuencias físicas de la violencia, la
mayoría de las mujeres encuentran que los efectos psicológicos son aún más
prolongados y devastadores (Sagot 2000). El Informe sobre la Salud en el
Mundo titulado Salud mental: nuevos conocimientos, nuevas esperanzas señala
las tasas desproporcionadamente altas de depresión en las mujeres y reconoce
que la VBG puede contribuir a ese aumento (OMS 2001). El maltrato recurrente
puede erosionar la resistencia de las mujeres y exponerlas al riesgo de
sufrir otros problemas psicológicos, como el trastorno de estrés
postraumático, el suicidio y el consumo de alcohol y de drogas.
Los proveedores de servicios de salud pueden desempeñar una función
esencial al detectar, enviar y atender a las mujeres que viven con
violencia. Las mujeres que sufren consecuencias maltrato a menudo recurren a
los servicios de salud, aun cuando no revelen el episodio de violencia. Si
bien las mujeres tienden más que los hombres a buscar servicios de salud
durante su vida, los estudios muestran que las mujeres víctimas de maltrato
buscan aún más los servicios para dolencias relacionadas con el maltrato
sufrido (García-Moreno 2002). Por consiguiente, las intervenciones de los
proveedores de servicios de salud en potencia pueden mitigar los efectos
tanto a corto como a largo plazo de la violencia basada en el género en las
mujeres y en sus familias. En la sección II de este libro veremos los
efectos de estas intervenciones, que transforman la vida y a veces incluso
la salvan, en las mujeres y las familias afectadas por la violencia.
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