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Parte 2 /5
Definición de la violencia
Todo
análisis integral de la violencia debe empezar por definir las diversas
formas que esta adopta con el fin de facilitar su medición científica. Hay
muchas maneras posibles de definir la violencia. La Organización Mundial de
la Salud (2) la define como:
El uso intencional de la fuerza o el poder físico, de
hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o
comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones,
muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.
La definición usada por la Organización Mundial de la Salud
vincula la intención con la comisión del acto mismo, independientemente de
las consecuencias que se producen. Se excluyen de la definición los
incidentes no intencionales, como son la mayor parte de los accidentes de
tráfico y las quemaduras.
La inclusión de la palabra "poder", además de la frase "uso
intencional de la fuerza física", amplía la naturaleza de un acto de
violencia así como la comprensión convencional de la violencia para dar
cabida a los actos que son el resultado de una relación de poder, incluidas
las amenazas y la intimidación. Decir "uso del poder" también sirve para
incluir el descuido o los actos por omisión, además de los actos de
violencia por acción, más evidentes. Por lo tanto, debe entenderse que "el
uso intencional de la fuerza o el poder físico" incluye el descuido y todos
los tipos de maltrato físico, sexual y psíquico, así como el suicidio y
otros actos de autoagresión.
Esta definición cubre una gama amplia de consecuencias,
entre ellas los daños psíquicos, las privaciones y las deficiencias del
desarrollo. Esto refleja el reconocimiento cada vez mayor, por parte de los
investigadores y los profesionales, de la necesidad de incluir los actos de
violencia que no causan por fuerza lesiones o la muerte, pero que a pesar de
todo imponen una carga sustancial a los individuos, las familias, las
comunidades y los sistemas de asistencia sanitaria en todo el mundo.
Numerosas formas de violencia contra las mujeres, los niños y los ancianos,
por ejemplo, pueden dar lugar a problemas físicos, psíquicos y sociales que
no necesariamente desembocan en lesión, invalidez o muerte. Estas
consecuencias pueden ser inmediatas, o bien latentes, y durar muchos años
después del maltrato inicial. Por lo tanto, definir los resultados
atendiendo en forma exclusiva a la lesión o la muerte limita la comprensión
del efecto global de la violencia en las personas, las comunidades y la
sociedad en general.
Intencionalidad
Uno de los aspectos más complejos de la definición es el de
la intencionalidad. A este respecto, cabe destacar dos puntos importantes.
Primero, aunque la violencia se distingue de los hechos no intencionales que
ocasionan lesiones, la presencia de la intención de usar la fuerza no
significa necesariamente que haya habido la intención de causar daño. En
efecto, puede haber una considerable disparidad entre la intención del
comportamiento y las consecuencias intentadas. Una persona puede cometer
intencionalmente un acto que, a juzgar por normas objetivas, se considera
peligroso y con toda probabilidad causará efectos adversos sobre la salud,
pero puede suceder que el autor no los perciba como tales.
Por ejemplo, un joven puede participar en una riña con otros
jóvenes. Los puñetazos a la cabeza o el uso de un arma aumentan sin duda el
riesgo de sufrir traumatismo grave o muerte, aunque esa no haya sido la
intención. Uno de los padres puede sacudir vigorosamente a su bebé que
llora, con la intención de callarlo. En vez de ello, sin embargo, ese acto
puede causar daño cerebral a la criatura. El empleo de la fuerza es
evidente, pero no existió la intención de lastimar.
El segundo punto relacionado con la intencionalidad radica
en la distinción entre la intención de lesionar y la intención de "usar la
violencia". La violencia, según Walters y Parke (3), está determinada
por la cultura. Algunas personas tienen la intención de dañar a otros pero,
por sus antecedentes culturales y sus creencias, no consideran que sus actos
sean violentos. No obstante, la Organización Mundial de la Salud define la
violencia teniendo en cuenta su relación con la salud o el bienestar de las
personas. Ciertos comportamientos —como golpear al cónyuge— pueden ser
considerados por algunas personas como prácticas culturales admisibles, pero
se consideran actos de violencia con efectos importantes para la salud de la
persona.
La definición lleva implícitos otros aspectos de la
violencia que no se enuncian en forma explícita. Por ejemplo, la definición
incluye implícitamente todos los actos de violencia, sean públicos o
privados, sean reactivos (en respuesta a acontecimientos anteriores, por
ejemplo, una provocación) o activos (que son decisivos para lograr
resultados más favorables para el agresor o para anticiparse a ellos) (4)
y tanto si tienen carácter delictivo como si no lo tienen. Cada uno de
estos aspectos es importante para comprender las causas de la violencia y
elaborar programas de prevención.
Tipología de la violencia
En 1996, la Asamblea Mundial de la Salud, por conducto de la
resolución WHA49.25, declaró que la violencia es un importante problema de
salud pública en todo el mundo y pidió a la Organización Mundial de la Salud
que elaborara una tipología de la violencia para caracterizar los diferentes
tipos de violencia y los vínculos entre ellos. Hay pocas clasificaciones
taxonómicas y ninguna es completa (5).
Tipos de violencia
La clasificación que se propone aquí divide la violencia en
tres categorías generales, según las características de los que cometen el
acto de violencia:
– la violencia autoinfligida;
– la violencia interpersonal;
– la violencia colectiva.
Esta categorización inicial distingue entre la violencia que
una persona se inflige a sí misma, la violencia impuesta por otro individuo
o un número pequeño de individuos y la violencia infligida por grupos más
grandes, como el Estado, contingentes políticos organizados, tropas
irregulares y organizaciones terroristas (figura 1.1).
Figura 1.1 Una tipología de la violencia

Estas tres categorías generales se subdividen a su vez
para reflejar tipos de violencia más específicos.
La violencia autoinfligida
La violencia autoinfligida comprende el comportamiento
suicida y las autolesiones. El primero incluye pensamientos suicidas,
intentos de suicidio —también llamados "parasuicidio" o "intento deliberado
de matarse" en algunos países— y suicidio consumado. Por contraposición, el
automaltrato incluye actos como la automutilación.
La violencia interpersonal
La violencia interpersonal se divide en dos
subcategorías:
- Violencia familiar o de pareja: esto es, la violencia que se produce
sobre todo entre los miembros de la familia o de la pareja, y que por lo
general, aunque no siempre, sucede en el hogar.
- Violencia comunitaria: es la que se produce entre personas que no
guardan parentesco y que pueden conocerse o no, y sucede por lo general
fuera del hogar.
En el primer grupo se incluyen formas de violencia, como el
maltrato de los menores, la violencia contra la pareja y el maltrato de las
personas mayores. El segundo abarca la violencia juvenil, los actos
fortuitos de violencia, la violación o ataque sexual por parte de extraños y
la violencia en establecimientos como escuelas, lugares de trabajo,
prisiones y hogares de ancianos.
La violencia colectiva
La violencia colectiva se subdivide en violencia social,
violencia política y violencia económica. A diferencia de las otras dos
categorías generales, las subcategorías de la violencia colectiva indican
los posibles motivos de la violencia cometida por grupos más grandes de
individuos o por el Estado. La violencia colectiva infligida para promover
intereses sociales sectoriales incluye, por ejemplo, los actos delictivos de
odio cometidos por grupos organizados, las acciones terroristas y la
violencia de masas. La violencia política incluye la guerra y otros
conflictos violentos afines, la violencia del Estado y actos similares
llevados a cabo por grupos más grandes. La violencia económica comprende los
ataques por parte de grupos más grandes motivados por el afán de lucro
económico, tales como los llevados a cabo con la finalidad de trastornar las
actividades económicas, negar el acceso a servicios esenciales o crear
división económica y fragmentación. Evidentemente, los actos cometidos por
grupos más grandes pueden tener motivos múltiples.
La naturaleza de los actos de violencia
En la figura 1.1 se ilustra la naturaleza de los actos de
violencia, que puede ser:
– física;
– sexual;
– psíquica;
– que incluye privaciones o descuido.
En sentido horizontal se muestra quiénes son afectados, y
en el vertical, de qué manera lo son.
Estos cuatro tipos de actos de violencia, con excepción de
la autoinfligida, suceden en cada una de las categorías generales y sus
subcategorías descritas con anterioridad. Por ejemplo, la violencia contra
los niños cometida en el seno del hogar puede incluir abuso físico, sexual y
psíquico, así como negligencia o descuido. La violencia comunitaria puede
incluir agresiones físicas entre los jóvenes, violencia sexual en el lugar
de trabajo y descuido de las personas mayores en los establecimientos
asistenciales de largo plazo. La violencia política puede incluir la
violación durante los conflictos armados, la guerra como tal y la llamada
guerra psicológica.
Aunque es imperfecta y dista mucho de gozar de aceptación
universal, esta clasificación proporciona un marco útil para comprender los
tipos complejos de violencia que acontecen en todo el mundo, así como la
violencia en la vida diaria de las personas, las familias y las comunidades.
También supera muchas de las limitaciones de otras clasificaciones porque
capta la naturaleza de los actos de violencia, la importancia del entorno,
la relación entre el agresor y la víctima, y, en el caso de la violencia
colectiva, los posibles motivos de la violencia. Sin embargo, tanto en la
investigación como en la práctica no siempre están claras las líneas
divisorias entre los diferentes tipos de violencia.
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