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Parte 3 /5
Los costos de la violencia
La
violencia se cobra un tributo tanto humano como económico en las naciones, y
cuesta a las economías muchos miles de millones de dólares cada año en
concepto de asistencia sanitaria, costos legales, ausentismo y productividad
perdida. En los Estados Unidos, un estudio de 1992 calculó que los costos
anuales directos e indirectos de las heridas por arma de fuego sumaban US$
126 000 millones. Las heridas por arma punzo cortante costaron otros US$ 51
000 millones (29). En un estudio realizado en 1996 en la provincia
canadiense de Nueva Brunswick, el costo total medio de las muertes por
suicidio fue superior a US$ 849 000. Los costos totales directos e
indirectos, incluidos los de los servicios de asistencia sanitaria, las
autopsias, las investigaciones policiales y la productividad perdida
resultante de las muertes prematuras, ascendieron a casi US$ 80 millones
(30).
El costo elevado de la violencia no es exclusivo del Canadá
y los Estados Unidos. Entre 1996 y 1997, el Banco Interamericano de
Desarrollo patrocinó algunos estudios sobre la magnitud y la repercusión
económica de la violencia en seis países latinoamericanos (31). En
cada estudio se examinaron los gastos, como resultado de la violencia, en
concepto de asistencia sanitaria, servicios para la aplicación del
cumplimiento de la ley y judiciales, así como las pérdidas intangibles y por
la transferencia de bienes. Expresado como porcentaje del producto interno
bruto (PIB), en 1997 el costo de los gastos de asistencia sanitaria
derivados de la violencia fue de 1,9% del PIB en el Brasil, 5,0% en
Colombia, 4,3% en El Salvador, 1,3% en México, 1,5% en el Perú y 0,3% en
Venezuela.
Es difícil calcular con precisión la carga que imponen todos
los tipos de violencia a los sistemas de asistencia sanitaria, o sus efectos
sobre la productividad económica en todo el mundo. Las pruebas conocidas
demuestran que las víctimas de violencia doméstica y sexual padecen más
problemas de salud, generan costos de asistencia sanitaria
significativamente mayores y acuden más a menudo a los servicios de
urgencias a lo largo de su vida que las personas que no sufren maltrato
(capítulos 4 y 6). Lo mismo ocurre en el caso de los menores maltratados y
desatendidos (capítulo 3). Estos costos contribuyen sustancialmente a
incrementar los gastos anuales de asistencia sanitaria.
Como también faltan cálculos de costos nacionales en
relación con otros problemas de salud, como la depresión, el tabaquismo, el
abuso del alcohol y de drogas, el embarazo no deseado, la infección por el
virus de la inmunodeficiencia humana/síndrome de inmunodeficiencia adquirida
(VIH/SIDA), otras enfermedades de transmisión sexual y otras infecciones
(todas las cuales se han vinculado con la violencia en estudios de escala
reducida) (32–37), aún no es posible calcular la carga económica
mundial de estos problemas y su relación con la violencia.
Examen de las raíces de la
violencia: un modelo ecológico
Ningún factor por sí solo explica por qué algunos individuos
tienen comportamientos violentos hacia otros o por qué la violencia es más
prevalente en algunas comunidades que en otras. La violencia es el resultado
de la acción recíproca y compleja de factores individuales, relacionales,
sociales, culturales y ambientales. Comprender la forma en que estos
factores están vinculados con la violencia es uno de los pasos importantes
en el enfoque de salud pública para prevenir la violencia.
Niveles múltiples
En los capítulos del presente informe se recurre a un modelo
ecológico para ayudar a comprender la naturaleza polifacética de la
violencia. Este modelo ecológico, introducido a fines de los años setenta
(38, 39), se aplicó inicialmente al maltrato de menores (38) y
posteriormente a la violencia juvenil (40, 41). En fecha más
reciente, los investigadores lo han usado para comprender la violencia de
pareja (42, 43) y el maltrato de las personas mayores (44, 45).
El modelo explora la relación entre los factores individuales y
contextuales y considera la violencia como el producto de muchos niveles de
influencia sobre el comportamiento (figura 1.3).
Figura 1.3 Modelo ecológico para comprender la
violencia

El nivel individual
El primer nivel del modelo ecológico pretende identificar
los factores biológicos y de la historia personal que influyen en el
comportamiento de una persona. Además de los factores biológicos y
personales en general, se consideran factores tales como la impulsividad, el
bajo nivel educativo, el abuso de sustancias psicotrópicas y los
antecedentes de comportamiento agresivo o de haber sufrido maltrato. En
otras palabras, este nivel del modelo ecológico centra su atención en las
características del individuo que aumentan la probabilidad de ser víctima o
perpetrador de actos de violencia.
El nivel de las relaciones
El segundo nivel del modelo ecológico indaga el modo en que
las relaciones sociales cercanas —por ejemplo, con los amigos, con la pareja
y con los miembros de la familia— aumentan el riesgo de convertirse en
víctima o perpetradores de actos violentos. En los casos de la violencia
infligida por la pareja y del maltrato de niños, por ejemplo, la interacción
casi diaria o el compartir el domicilio con un agresor puede aumentar las
oportunidades para que se produzcan encuentros violentos. Dado que los
individuos están unidos en una relación continua, es probable en estos casos
que la víctima sea reiteradamente maltratada por el agresor (46). En
el caso de la violencia interpersonal entre los jóvenes, las investigaciones
revelan que estos tienen muchas más probabilidades de involucrarse en actos
violentos cuando sus amigos promueven y aprueban ese comportamiento (47,
48). Los compañeros, la pareja y los miembros de la familia tienen el
potencial de configurar el comportamiento de un individuo y la gama de
experiencias de este.
El nivel de la comunidad
El tercer nivel del modelo ecológico examina los
contextos de la comunidad en los que se inscriben las relaciones sociales,
como la escuela, el lugar de trabajo y el vecindario, y busca identificar
las características de estos ámbitos que se asocian con ser víctimas o
perpetradores de actos violentos. La frecuente movilidad de residencia
(cuando las personas no permanecen durante mucho tiempo en una vivienda en
particular, sino que se mudan muchas veces), la heterogeneidad (población
sumamente diversa, con una escasa o nula cohesión social que mantenga unidas
a las comunidades) y una densidad de población alta son todos ejemplos de
tales características, y cada uno se ha asociado con la violencia. De igual
manera, las comunidades aquejadas por problemas como el tráfico de drogas,
el desempleo elevado o el aislamiento social generalizado (por ejemplo,
cuando las personas no conocen a sus vecinos o no tienen ninguna
participación en las actividades locales) es también más probable que
experimenten hechos de violencia. Las investigaciones sobre la violencia
muestran que determinados ámbitos comunitarios favorecen la violencia más
que otros; por ejemplo, las zonas de pobreza o deterioro físico, o donde hay
poco apoyo institucional.
El nivel social
El cuarto y último nivel del modelo ecológico examina los
factores sociales más generales que determinan las tasas de violencia. Se
incluyen aquí los factores que crean un clima de aceptación de la violencia,
los que reducen las inhibiciones contra esta, y los que crean y mantienen
las brechas entre distintos segmentos de la sociedad, o generan tensiones
entre diferentes grupos o países. Entre los factores sociales más generales
figuran:
-
normas culturales que apoyan la violencia como una
manera aceptable de resolver conflictos;
-
actitudes que consideran el suicidio como una opción
personal más que como un acto de violencia evitable;
-
normas que asignan prioridad a la patria potestad por
encima del bienestar de los hijos;
-
normas que refuerzan el dominio masculino sobre las
mujeres y los niños;
-
normas que respaldan el uso de la fuerza excesiva
policial contra los ciudadanos;
-
normas que apoyan los conflictos políticos.
Entre los factores más generales también cabe mencionar las
políticas sanitarias, educativas, económicas y sociales que mantienen
niveles altos de desigualdad económica o social entre distintos grupos de la
sociedad (recuadro 1.2).
El modelo ecológico destaca las causas múltiples de la
violencia y la interacción de los factores de riesgo que operan dentro de la
familia y en los ámbitos social, cultural y económico más amplios. En un
contexto de desarrollo, el modelo ecológico indica también el modo en que la
violencia puede ser causada por diferentes factores en distintas etapas de
la vida.
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Recuadro 1.2
Consecuencias de la globalización con respecto a la prevención de la
violencia
Gracias al movimiento e intercambio cada vez más
rápido y generalizado de información, ideas, servicios y productos,
la globalización ha desdibujado los límites funcionales y políticos
que separaban a las personas en estados soberanos. Por un lado, ello
ha conducido a una enorme ampliación del comercio mundial,
acompañada de una demanda de mayor producción económica, que a su
vez ha creado millones de trabajos y elevado el nivel de vida de
algunos países de manera antes inimaginable. Por otro lado, los
efectos de la globalización han sido notablemente desiguales. En
algunas partes del mundo, la globalización ha aumentado las
desigualdades de ingreso y ha ayudado a destruir aspectos tales como
la cohesión social, que habían protegido contra la violencia
interpersonal.
Los beneficios y los obstáculos para la
prevención de la violencia surgidos de la globalización pueden
resumirse del siguiente modo.
Los efectos positivos
El aumento enorme del intercambio de información
provocado por la globalización ha producido nuevas redes y alianzas
internacionales que tienen la capacidad potencial de mejorar el
alcance y la calidad de los datos recopilados sobre la violencia. En
los lugares donde la globalización ha elevado los niveles de vida y
ayudado a reducir las desigualdades, hay mayor posibilidad de que
las intervenciones económicas se usen para reducir las tensiones y
los conflictos tanto en el seno de los estados como entre estos.
Además, la globalización crea nuevas maneras de usar los mecanismos
mundiales:
- para realizar investigaciones sobre la violencia; en especial
acerca de los factores sociales, económicos y de política que trascienden las
fronteras nacionales;
- para estimular actividades de prevención de la violencia a
escala regional o mundial;
- para aplicar leyes y tratados internacionales concebidos para
reducir la violencia;
- para apoyar iniciativas de prevención de la violencia dentro de
los países, particularmente los
que tienen capacidad limitada para realizar tales
actividades.
Los efectos negativos
Las sociedades con niveles elevados de desigualdad,
donde la brecha entre ricos y pobres se ensancha más como resultado
de la globalización, probablemente sufran un aumento de la violencia
interpersonal. Los cambios sociales rápidos que se producen en un
país como respuesta a fuertes presiones mundiales -como ocurrió, por
ejemplo, en algunos de los estados de la antigua Unión Soviética-
pueden debilitar los controles sociales existentes y crear las
condiciones para que se produzca un alto grado de violencia. Además,
la eliminación de las restricciones del mercado y los mayores
incentivos para lucrar resultantes de la globalización pueden
facilitar acceso al alcohol, las drogas y las armas de fuego, pese a
los esfuerzos por reducir su uso en incidentes violentos.
La necesidad de respuestas mundiales
La violencia ya no puede seguir siendo del dominio
exclusivo de la política nacional, sino que debe abordarse
vigorosamente también en el plano mundial, mediante el agrupamiento
de estados, organismos internacionales y redes internacionales de
organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. Las iniciativas
internacionales de este tipo deben proponerse sacar provecho de los
aspectos positivos de la globalización para lograr el mayor bien,
esforzándose al mismo tiempo en limitar los aspectos negativos.
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Vínculos complejos
Si bien algunos factores de riesgo pueden ser exclusivos de
un tipo particular de violencia, es más común que los diversos tipos de
violencia compartan varios factores de riesgo. Las normas culturales
predominantes, la pobreza y el aislamiento social, así como el alcoholismo,
el abuso de sustancias psicoactivas y el acceso a armas de fuego son
factores de riesgo en relación con varios tipos de violencia. Como
resultado, no es inusual que algunas personas en riesgo en cuanto a la
violencia experimenten varios tipos de violencia. Las mujeres en riesgo de
ser agredidas físicamente por su pareja, por ejemplo, también están en
riesgo con respecto a la violencia sexual (18).
Tampoco es inusual detectar conexiones entre diferentes
tipos de violencia. Las investigaciones han indicado que la exposición a la
violencia en el hogar se asocia con ser víctima o perpetrador de actos
violentos en la adolescencia y la edad adulta (49). La experiencia de
ser rechazados, descuidados o ignorados por los padres coloca a los hijos en
riesgo mayor de desplegar una conducta agresiva y antisocial, incluido el
comportamiento abusivo como adultos (50–52). Se han hallado
asociaciones entre el comportamiento suicida y varios tipos de violencia,
incluido el maltrato de menores (53, 54), la violencia de pareja
(33, 55), la agresión sexual (53) y el maltrato de las personas
mayores (56, 57). En Sri Lanka, se comprobó que las tasas de suicidio
bajaron en tiempo de guerra, solo para volver a aumentar una vez concluido
el conflicto (58). En muchos países que han sufrido conflictos
violentos, las tasas de violencia interpersonal siguieron siendo altas aun
después de la cesación de las hostilidades, entre otras razones, debido a la
manera en que la violencia se convierte en algo socialmente más aceptado y a
la disponibilidad de armas.
Los vínculos entre la violencia y la interacción entre los
factores individuales y los contextos sociales, culturales y económicos más
amplios indican que abordar los factores de riesgo en los diversos niveles
del modelo ecológico puede ayudar a disminuir más de un tipo de violencia.
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