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Parte 4 /5
¿Cómo se puede prevenir la violencia?
Los
dos primeros pasos del modelo de salud pública brindan información
importante sobre las poblaciones que requieren intervenciones preventivas,
así como sobre los factores de riesgo y protectores que es necesario
abordar. Poner este conocimiento en práctica es una meta central de la salud
pública.
Tipos de prevención
Las intervenciones de salud pública se clasifican
tradicionalmente en tres niveles de prevención:
- Prevención primaria: intervenciones dirigidas a prevenir la violencia
antes de que ocurra.
- Prevención secundaria: medidas centradas en las respuestas más
inmediatas a la violencia, como la atención prehospitalaria, los servicios
de urgencia o el tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual
después de una violación.
- Prevención terciaria: intervenciones centradas en la atención a largo
plazo con posterioridad a los actos violentos, como la rehabilitación y
reintegración, e intentos por reducir los traumas o la discapacidad de
larga duración asociada con la violencia.
Estos tres niveles de prevención se definen por sus
características temporales; es decir, si tienen lugar antes de que se
produzca el acto violento, inmediatamente después o a un plazo más largo.
Aunque tradicionalmente se dirigen a las víctimas de la violencia y dentro
de los ámbitos de asistencia sanitaria, las intervenciones de prevención
secundaria y terciaria también son pertinentes para los perpetradores de
actos violentos, y se aplican en ámbitos judiciales en respuesta a la
violencia.
Los investigadores en el campo de la prevención de la
violencia se inclinan cada vez más por una definición de la prevención de la
violencia centrada en el grupo al que va destinada. Esta definición agrupa
las intervenciones del siguiente modo (59):
- Intervenciones generales: están dirigidas a ciertos grupos o a la
población general sin tener en cuenta el riesgo individual; por ejemplo,
las enseñanzas de prevención de la violencia impartidas a todos los
alumnos de una escuela o a los niños de determinada edad, y las campañas
de ámbito comunitario en los medios informativos.
- Intervenciones seleccionadas: están dirigidas a las personas
consideradas en mayor riesgo de padecer o cometer actos de violencia (es
decir, las que presentan uno o varios factores de riesgo); por ejemplo, la
capacitación en materia de crianza de los hijos ofrecida a los jefes de
hogares monoparentales.
- Intervenciones indicadas: están dirigidas a las personas con
antecedentes de comportamiento violento, por ejemplo, el tratamiento para
los perpetradores de actos de violencia doméstica.
A la fecha, muchas tentativas tanto en países
industrializados como en desarrollo se han centrado en las respuestas
secundarias y terciarias a la violencia. Naturalmente, a menudo se asigna
prioridad a tratar las consecuencias inmediatas de la violencia, prestando
ayuda a las víctimas y castigando a los agresores. Aunque estas respuestas
son importantes y es necesario fortalecerlas, es preciso invertir mucho más
en la prevención primaria de la violencia. Una respuesta integral a la
violencia no solo protege y ayuda a quienes la padecen, sino que también
promueve la no violencia, reduce la perpetración de actos violentos y cambia
las circunstancias y condiciones que dan origen a la violencia.
Respuestas polifacéticas
Dado que la violencia es un problema polifacético con
raíces biológicas, psíquicas, sociales y ambientales, debe afrontarse en
varios niveles diferentes a la vez. El modelo ecológico se utiliza para un
doble fin en este sentido: cada categoría del modelo representa un grado de
riesgo y también puede concebirse como un punto clave para la intervención.
Afrontar la violencia en varios niveles implica
ocuparse de todo lo siguiente:
- Abordar los factores individuales de riesgo y adoptar medidas para
modificar los comportamientos de riesgo individuales.
- Influir en las relaciones personales cercanas y promover ambientes
familiares saludables, así como proporcionar ayuda profesional y apoyo a
las familias disfuncionales.
- Vigilar los espacios públicos, tales como escuelas, lugares de trabajo
y vecindarios, y adoptar medidas para resolver los problemas que pueden
conducir a comportamientos violentos.
- Corregir las desigualdades por razón de género y las actitudes y
prácticas culturales perjudiciales.
- Encarar los grandes factores culturales, sociales y económicos que
contribuyen a la violencia y adoptar medidas para cambiarlos, incluidas
las destinadas a achicar las brechas entre ricos y pobres y asegurar el
acceso equitativo a los bienes, servicios y oportunidades.
Documentación de las respuestas eficaces
Una norma básica general del enfoque de salud pública frente
a la violencia es que todas las iniciativas, sean grandes o pequeñas, deben
evaluarse en forma rigurosa. Documentar las respuestas existentes y promover
una evaluación estrictamente científica en diferentes ámbitos es valioso
para todos. Resulta sobre todo necesario para quienes intenten determinar
las respuestas más eficaces contra la violencia y las estrategias que tienen
probabilidades de lograr un cambio.
Reunir todas las pruebas y experiencias es también una parte
sumamente útil de la lucha contra la violencia, pues esa información muestra
a los encargados de adopar las decisiones que algo puede hacerse. Lo que es
aún más importante, les proporciona una orientación valiosa sobre las
medidas que tienen más probabilidades de reducir la violencia.
Una acción equilibrada de salud pública
La investigación rigurosa tarda en producir resultados. El
impulso de invertir solo en estrategias comprobadas no debe ser un obstáculo
para apoyar iniciativas prometedoras. Por tales se entiende aquellas que se
han evaluado pero requieren más pruebas en diversos ámbitos y con diferentes
grupos de población.
También es prudente ensayar y someter a prueba una variedad
de programas, y usar las iniciativas e ideas de las comunidades locales. La
violencia es un problema demasiado urgente para demorar la acción de salud
pública a la espera de adquirir el conocimiento perfecto.
Abordar las normas culturales
En diversas partes del mundo, la especificidad cultural y la
tradición se dan a veces como justificaciones de prácticas sociales
particulares que perpetúan la violencia. La opresión de las mujeres es uno
de los ejemplos más ampliamente citados, pero hay muchos otros.
Las normas culturales se deben tratar de manera inteligente
y respetuosa en todas las actividades preventivas; lo primero, porque las
personas suelen tener nexos apasionados con sus tradiciones, y lo segundo,
porque la cultura suele ser una fuente de protección contra la violencia. La
experiencia ha revelado que, cuando se diseñan y aplican los programas, es
importante efectuar consultas tempranas y constantes con líderes religiosos
y tradicionales, grupos de legos y figuras prominentes de la comunidad, como
los curanderos.
Medidas contra la violencia a todos los niveles
Los resultados exitosos a largo plazo en la prevención de la
violencia dependerán cada vez más de intervenciones integrales a todos los
niveles.
Nivel local
A este nivel, los copartícipes pueden ser los prestadores
de asistencia sanitaria, la policía, los educadores, los asistentes
sociales, los empleadores y los funcionarios del gobierno. Es mucho lo que
puede hacerse aquí para promover la prevención de la violencia. Los
programas de demostración y los proyectos de investigación en pequeña escala
pueden proporcionar un medio para ensayar ideas y —quizá lo más importante—
pueden servir para que diferentes sectores asociados se acostumbren a
trabajar juntos. Estructuras tales como los grupos de trabajo o las
comisiones que reúnen a diferentes sectores y mantienen contactos tanto
formales como informales son indispensables para que este tipo de
colaboración resulte exitosa.
Nivel nacional
Las asociaciones multisectoriales son sumamente aconsejables
a nivel tanto nacional como local. Diversos ministerios del gobierno —no
solo los que se encargan de velar por el cumplimiento de la ley, los
servicios sociales y la salud— pueden hacer grandes aportes para prevenir la
violencia. Evidentemente, los ministerios de educación son socios que no
pueden faltar, dada la importancia de intervenir en las escuelas. Los
ministerios de trabajo pueden hacer mucho para reducir la violencia en los
lugares de trabajo, especialmente en colaboración con los sindicatos y los
empleadores (recuadro 1.3). Los ministerios de defensa pueden influir
positivamente en las actitudes hacia la violencia de los numerosos jóvenes
que están bajo su control, fomentando la disciplina, promoviendo códigos de
honor y creando una clara conciencia de la índole mortífera de las armas. A
los líderes y las organizaciones religiosas les compete desempeñar un papel
en su trabajo pastoral y, si corresponde, ofrecer sus buenos oficios para
mediar en problemas concretos.
Nivel mundial
Según se ha mostrado, por ejemplo, en la respuesta
internacional al SIDA y en el campo de la asistencia ofrecida en casos de
desastre, la cooperación y el intercambio de información entre
organizaciones a nivel mundial trae consigo beneficios considerables, del
mismo modo que sucede con las alianzas forjadas en los planos nacional y
local. A la Organización Mundial de la Salud le compete claramente
desempeñar un papel destacado en este sentido, por tratarse del organismo de
las Naciones Unidas que tiene a su cargo la salud. Sin embargo, hay otros
organismos internacionales que también tienen mucho que ofrecer en sus
campos de especialización. Cabe mencionar entre ellos la Oficina del Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (en relación
con los derechos humanos), la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Refugiados (los refugiados), el Fondo de las Naciones Unidas
para la Infancia (el bienestar de los niños), el Fondo de Desarrollo de las
Naciones Unidas para la Mujer y el Fondo de Población de las Naciones Unidas
(la salud de la mujer), el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (el desarrollo humano), el Instituto Interregional de las
Naciones Unidas para Investigaciones sobre la Delincuencia y la Justicia (la
delincuencia) y el Banco Mundial (financiamiento y condiciones de buen
gobierno). Diversos donantes internacionales, programas bilaterales,
organizaciones no gubernamentales y organizaciones religiosas ya participan
en actividades de prevención de la violencia en todo el mundo.
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Recuadro 1.3
Un enfoque integral para prevenir la violencia
en el trabajo
La violencia en el lugar de trabajo es una de las
principales causas de muertes y lesiones en muchas partes del mundo. En
los Estados Unidos, de acuerdo con estadísticas oficiales el homicidio
representa la segunda causa de muerte en el lugar de trabajo para los
hombres -después de las lesiones por accidentes de tráfico- y la primera
para las mujeres. En la Unión Europea, unos 3 millones de trabajadores (2%
de la fuerza laboral) han sido sometidos a alguna forma de violencia
física en el trabajo. Los estudios sobre trabajadoras migrantes de
Filipinas han revelado que muchas de ellas, en especial las que laboran en
el servicio doméstico o en la industria del entretenimiento, se ven
afectadas desproporcionadamente por la violencia en el lugar de trabajo.
La violencia en el trabajo incluye no solo el maltrato
físico sino también psíquico. Muchos trabajadores son sometidos al
maltrato, el acoso sexual, las amenazas, la intimidación y otras formas de
violencia psíquica. En investigaciones efectuadas en el Reino Unido se ha
comprobado que 53% de los empleados han sufrido intimidación en el
trabajo, y 78% han presenciado dicho comportamiento. En Sudáfrica, las
agresiones en el lugar de trabajo se han notificado como algo anormalmente
elevado y un estudio reciente mostró que 78% de los encuestados habían
experimentado en algún momento intimidación en el lugar de trabajo.
Los actos repetidos de violencia -desde la intimidación,
el acoso sexual y las amenazas hasta la humillación y el menosprecio de
los trabajadores- pueden convertirse en casos muy graves por efecto
acumulativo. En Suecia, se calcula que tal comportamiento ha sido un
factor en 10% a 15% de los suicidios.
Los costos
La violencia en el lugar de trabajo trastorna de
inmediato, y a menudo por tiempo prolongado, las relaciones
interpersonales y el ambiente laboral en su totalidad. Entre los costos de
este tipo de violencia cabe mencionar:
- Costos directos, que provienen entre otras cosas, de:
- accidentes;
- enfermedades;
- discapacidad y muerte;
- ausentismo;
- recambio del personal.
- Costos indirectos, que incluyen:
- mengua del rendimiento en el trabajo;
- descenso de la calidad de los productos o el servicio y una producción
más lenta;
- disminución de la competitividad.
- Costos más intangibles, como:
- daño a la imagen de la institución;
- mengua de la motivación y la moral de los empleados;
- menor lealtad a la institución;
- niveles inferiores de creatividad;
- un ambiente que no propicia el trabajo.
Las respuestas
Al igual que sucede con otros ámbitos, para abordar la
violencia que se produce en el lugar de trabajo se requiere un enfoque
integral. La violencia en el trabajo no es sencillamente un problema
individual que sucede en forma esporádica, sino un problema estructural
con causas socioeconómicas, culturales e institucionales mucho más
generales.
La respuesta tradicional a la violencia en el trabajo,
basada exclusivamente en el cumplimiento de los reglamentos, no logra
resolver muchas de las situaciones que se presentan. Un enfoque más
integral se centra en las causas de este tipo de violencia. Su objetivo es
lograr que la salud, la seguridad y el bienestar de los trabajadores sean
parte integrante del desarrollo de la institución.
Entre los métodos sistemáticos y específicos que se
están aplicando cada vez más para prevenir la violencia en el lugar de
trabajo cabe mencionar los siguientes:
- impulsar la colaboración activa de organizaciones de trabajadores y de
empleadores para la elaboración de normas claras y programas contra la
violencia laboral;
- apoyar la sanción de leyes y la implantación de normas por el gobierno
nacional y local;
- difundir los estudios de casos de prácticas adecuadas para prevenir la
violencia en el trabajo;
- mejorar el ambiente laboral, los estilos de gestión y la organización
del trabajo;
- brindar mayores oportunidades de capacitación;
- orientar y apoyar a las personas afectadas.
Al vincular directamente la salud y la seguridad con la
gestión y el desarrollo de una institución, este enfoque integral ofrece
medios de actuación inmediata y sostenible para eliminar la violencia en
el lugar de trabajo.
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