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Roberto Garretón lleva 33 años dedicado al trabajo de
defensa de los derechos humanos, empezó después del golpe de estado de
Pinochet. Actualmente es representante de la Alta Comisión de Derechos
Humanos para América Latina y el Caribe.
"Los derechos humanos son un proyecto político universal,
es un proyecto porque no lo hemos logrado todavía, lo estamos construyendo".
"Hay que entender que los derechos humanos son un proyecto
político, pero lo que es ilegítimo es que los defensores de los derechos
humanos hagan su trabajo en beneficio de un partido y no en beneficio de las
víctimas y que en consecuencia distingan, "esta muerte hay que criticarla
porque la cometieron el sector de derecha contra la izquierda y esta otra
hay que perdonarla porque la cometieron al revés"
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RF: Para el beneficio de nuestros lectores, quisiera que se
refiera a su propia vida. No sólo en el sentido profesional –aunque queremos
que se refiera a ello- sino existencial. ¿Cuáles son las experiencias y
vivencias que tuvieron un impacto sobre usted?
Roberto Garreton: Soy un abogado de 63 años, antes del golpe de Pinochet me
dedicaba a ejercer la profesión de abogado y también trabajaba en una
empresa del estado.
De mi formación jurídica puedo decir que estudié en la
Universidad de Chile, que es la universidad pública chilena. Políticamente
fui contrario al gobierno de Salvador Allende, pero nunca golpista, y esa
distinción la gente no la tiene muchas veces en mente, supone que todo
opositor de Allende era golpista, lo cual es completamente falso, además es
un chantaje que hacen todos los pinochetistas al decirle a uno "si tú
estabas contra Allende estabas apoyando al golpe". No. Ni siquiera todos los
que estaban apoyando el golpe estaban apoyando una dictadura, ni todos los
opositores tampoco querían un golpe de estado, o sea, son categorías
distintas que hay que clarificar muy bien. Yo siempre estuve en contra del
golpe.
¿Y después del golpe, que pasó?
RG: Vino el golpe y me declaré en oposición, cualquiera de los
dos que ganara, porque a esas alturas, en la mañana del 11 de septiembre no
se sabía quién ganaba. Apenas se consolidó la dictadura, que fue en los días
siguientes, comencé de inmediato a trabajar en el tema de los derechos
humanos, en esa época yo tenía 32 años.
En Chile hubo un factor que es muy importante considerar por
ser muy distinto a la experiencia Argentina. En Chile se juntaron todas las
iglesias: la iglesia católica –inmensamente mayoritaria- luterana, bautista,
pentecostal, la comunidad judía y la iglesia ortodoxa. Todas estas iglesias
formaron un comité de cooperación para la paz en Chile, que fue el principal
organismo de defensa de los derechos humanos al comienzo de la dictadura.
Este comité duró dos años porque las tensiones internas eran atroces. La
presión de la dictadura era brutal contra las iglesias evangélicas y la
comunidad judía. Entonces se disolvió el comité y se creó al interior de la
iglesia católica, la Vicaría de la Solidaridad que duró hasta el último día
de la dictadura. Desde el día que supe que se había formado el comité por la
paz, trabaje en este y posteriormente hasta el último día en que funcionó la
Vicaría de la solidaridad, o sea desde el año 73 hasta el 90.
¿Se hablaba de la defensa de los derechos humanos en
aquel entonces?
RG:Cuando estudié derecho en los años 60, nadie me enseñó
derechos humanos, no existía la cátedra de derechos humanos, los profesores
no hablaban de derechos humanos, los políticos tampoco, nadie hablaba del
tema de los derechos humanos. Fuimos aprendiendo de a poco por los horrores
vividos por la dictadura. Cuando termina la dictadura y asume el presidente
Patricio Alwyn, me nombran embajador en tema de derechos humanos, con sede
en Santiago. Fui representando a la delegación chilena ante la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos, ante la Comisión de Derechos Humanos de
Naciones Unidas y en la tercera comisión de la Asamblea General de Naciones
Unidas. Fui vicepresidente de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en
Viena, y presidí a la delegación chilena.
Después en el año 94 me nombran relator sobre la situación
de los derechos humanos en el Zaire, hoy República Democrática del Congo,
fui durante 8 años relator sobre los derechos humanos en ese país. Me
tocaron dos guerras. La primera la que libraron Kabila y los ruandeses
contra Mobutu. La segunda, la que hicieron los ruandeses contra Kabila. De
tal manera que tuve que perfeccionarme, no sólo en el tema de derechos
humanos; sino que como se trataba de guerras, aprender algo también de
derecho internacional humanitario, el derecho propio de la guerra.
Usted ha trabajado como representante del Alto
Comisionado de DDHH en América Latina y Caribe. ¿Cuáles cree han sido los
grandes logros de esa Oficina y en que áreas piensa que debe
fortalecerse su esfuerzo en el futuro?
RG:Yo he trabajado sólo 3 años y medio como representante de
la Alta Comisión de Derechos Humanos para América Latina y el Caribe. Estoy
muy honrado por ello, y ya toca la renovación irrevocable de mi mandato.
Llevo 33 años dedicado al tema de los derechos humanos. En
América Latina el trabajo es difícil para Naciones Unidas y fácil por otro
lado, ¿por qué digo que es difícil en Derechos humanos? porque en América
Latina existe un sistema interamericano de protección de derechos humanos
excelente, yo diría que no tan bueno como el europeo, pero claramente está
más enraizado en la cultura latinoamericana el sistema interamericano de
derechos humanos de la OEA, que el de Naciones Unidas. Si a alguna persona
la torturan en alguno de nuestros países su primer referente para reclamar
es la Comisión Interamericana y no Naciones Unidas, lo que hace que mi
esfuerzo ha sido también ilustrar sobre lo que hace el sistema
internacional de derechos humanos, no para sustituir al de la OEA, sino para
que también se use complementariamente.
Pero por otro lado también tiene unos puntos a favor, porque
el rol de Naciones Unidas no es exclusivamente el del sistema de derechos
humanos. Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad, son elementos esenciales
en los procesos de paz en todas partes y lo fueron en El Salvador y en
Guatemala. De tal manera que cuando usted en Guatemala o El Salvador usa la
palabra comunidad internacional, significa para ellos exclusivamente
Naciones Unidas. Y eso es lógico, porque fueron los que hicieron el proceso
de paz, se instalaron allí con militares, con policías, con componentes de
derechos humanos y eso es fantástico porque durante la guerra fría ninguna
operación de paz tenía componentes de derechos humanos, eran militares y
punto. Desde que caen los muros, las operaciones de paz, y la primera de
ellas en esta nueva fase fue en El Salvador, tienen todas un componente de
derechos humanos.
Yo diría que el primer esfuerzo mío es introducir Naciones
Unidas, hacer el esfuerzo de introducir Naciones Unidas en los sentimientos
de otros pueblos de nuestra región, no sólo en El Salvador y Guatemala, para
que vean que existe un mecanismo de protección de los derechos humanos,
además del excelente conjunto de mecanismos que ofrece el sistema
interamericano. No se si eso lo he logrado o no, pero cada día recibo más
cartas y comunicaciones pidiendo consejos y orientación en casos de
violaciones de derechos humanos.
Lo que creo que he logrado es un acercamiento entre los
órganos de Naciones Unidas y los órganos del sistema interamericano de
derechos humanos, me he preocupado de eso. Hemos tenido el fortísimo apoyo
del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, de Mary Robinson, anterior
Alta Comisionada de DDHH de la ONU, quien se esforzó y otorgó el mandato de
reforzar los contactos entre el Instituto Interamericano y sistema
universal, y creo que en esa materia hemos logrado algo. De hecho he sido
profesor en el Instituto Interamericano durante los cuatro años que he
estado en este cargo. Además fui recibido por el pleno de la Corte
Interamericana y de la Comisión Interamericana, estamos pensando hacer
algunas misiones conjuntas. Hay intercambio de informaciones que antes no
existía, hay contacto entre los relatores de Naciones Unidas y los miembros
de la Comisión Interamericana en las materias que son afines. Yo creo que en
eso se han dado algunos pasos significativos, aunque siempre quedan muchas
cosas por hacer.
Y un tercer punto que yo creo que ha sido una preferencia
personal mía, pero que he tenido gratificaciones, por eso es que me alegra
mucho el levantamiento del tema en América Latina de afro descendientes. Es
un tema muy nuevo, la situación de los descendientes de esclavos en América
Latina como problema social, político, cultural y desde luego de derechos
humanos.
Voy a colocar el punto en esto, más que en el de pueblos
indígenas, porque es cierto que en los últimos años el tema de pueblos
indígenas ha estado, desde luego, en mi mandato, pero eso comienza un poco
antes. Yo no me puedo atribuir mérito alguno en que el tema de pueblos
indígenas este en la agenda de las Naciones Unidas, eso comienza en los años
80 y se desarrolla mucho en los 90’s. Pero el tema de los descendientes
africanos que llegaron a América durante la esclavitud, no estaba en la
agenda, cuando asumí mis responsabilidades.
Cuando se nombró un relator sobre xenofobia, racismo e
intolerancia religiosa en el año 93, yo era embajador de Chile en tema de
derechos humanos. Se estaba pensando en los africanos que llegan hoy a
Europa y que son discriminados hoy en Europa, los demandantes de asilo, los
migrantes, se estaba pensando en eso básicamente, no en esta enorme cantidad
de personas de piel oscura, que son descendientes de los que llegaron
traídos comos esclavos desde el siglo XVI hasta que se termina la esclavitud
y que son brutalmente discriminados. A mí me ha dado mucha satisfacción el
apoyo y reconocimiento que me han hecho algunos dirigentes de movimientos de
descendientes de africanos por lo que he logrado hacer respecto a ese tema
en mi mandato. Desde luego, no se ha encontrado solución a nada, -eso le
corresponde a los estados.
Pero creo que en el tema de los derechos humanos
en lo que más hay que avanzar es en el fenómeno cultural: que asumamos todos
que somos iguales, no como una cosa propagandística, no como algo que hay
que lucir en los foros internacionales sino como algo que sea parte de
nuestro intelecto, de nuestro corazón, e interiorizar lo que es el horror de
la discriminación.
El tema de los derechos humanos es un tema político y
cultural. Cuando me preguntan ¿que son los derechos humanos? yo doy una
definición que sorprende. Para mí los derechos humanos son un proyecto
político universal, es un proyecto porque no lo hemos logrado todavía, lo
estamos construyendo. Es un proyecto para tener una sociedad en la cual se
inserte, -en todas las formas de la política y en la cultura-, una ideología
de igualdad, de libertad, de no discriminación, de respeto que nos debemos
todos como integrantes de esta familia humana.
Usted ha llamado a menudo a fortalecer una "cultura de
derechos humanos" por encima de las preferencias ideológicas de las
organizaciones y partidos. ¿Podría ampliar exactamente qué es lo que usted
denomina de ese modo y que le gustaría ver en la actitud y valores de
quiénes se ocupan del tema de DDHH de manera ocasional o permanente?
RG: Mira, a mi me gustaría que todos los partidos políticos
asuman –usando el término que usaron las mujeres, el movimiento feminista—
asuman su acción política con enfoque de derechos humanos. Que cada vez que
tengan que tomar una decisión política vean en que forma esta decisión
contribuye a aumentar el respeto a los derechos humanos o a aumentar las
discriminaciones, porque la verdad es que hay opciones que se toman todos
los días que afectan los derechos humanos. Cuando yo tengo que tomar una
decisión en materia económica, por ejemplo, tengo que ver cuál es el efecto
sobre los derechos económicos, sociales y culturales: ¿va a aumentar el
ejercicio de los derechos económicos, sociales y culturales, va a disminuir,
o es indiferente? Es trascendental que todos los partidos asuman eso en su
planteamiento económico, pero también en su planteamiento político. ¿Cómo es
posible que la participación de mujeres en la actividad política sea tan
precaria? ¿Cómo es posible que no haya indígenas en los parlamentos, que no
haya personas de descendencia africana en los parlamentos latinoamericanos?
Hay que entender que los derechos humanos son un proyecto
político, pero lo que es ilegítimo es que los defensores de los derechos
humanos hagan su trabajo en beneficio de un partido y no en beneficio de las
víctimas y que en consecuencia distingan, "esta muerte hay que criticarla
porque la cometieron el sector de derecha contra la izquierda y esta otra
hay que perdonarla porque la cometieron al revés".
Hay otros que critican las muertes que cometen los
derechistas, o las que cometen los izquierdistas, depende de las víctimas, y
teniendo un doble rasero, "muertes buenas y muertes malas". Todas las
muertes por motivos políticos son malas, y el defensor de derechos humanos
no puede supeditar su evaluación a los intereses de su partido.
El militante político tiene un código que son los estatutos
y debe seguir a su partido. El militante de derechos humanos tiene otros
códigos que se llaman declaración universal, pacto, declaraciones y
tratados. Tiene que someterse a esto y no al interés de su partido.
Las actividades de DDHH más publicitadas son aquellas
referidas a los derechos políticos y civiles o de primera generación.
¿Podría decirnos desde su perspectiva de que manera se ha avanzado en la
protección y promoción de los derechos económicos, sociales y culturales?
RG: Los derechos yo los enumero así, civiles, culturales,
económicos, políticos y sociales. En estrictísimo orden alfabético, porque
todos tienen la misma dimensión, la misma importancia, todos van al progreso
del ser humano. Un jurista uruguayo dice que "...el derecho a la vida,
incluye el derecho a vivir" una frase aparentemente sin mucho sentido, pero
con brutal sentido. El derecho a la vida no es solamente que no me maten.
Derecho a vivir es que yo tenga condiciones para poder vivir y ejercer
derechos civiles y políticos, así como económicos, sociales y culturales. Yo
creo que ese desarrollo es fundamental.
Hoy día, la globalización económica disminuye el rol de los
estados, achica el estado, le quita poder al estado, pero resulta que quien
viola o protege los derechos humanos es el estado, entonces yo quiero un
estado fuerte que proteja los derechos y los promueva, mientras que el
actual modelo de globalización va en contra de la protección de la
protección de los derechos. Lo sintetizo en el
siguiente mensaje del Papa Juan Pablo II "los pobres no pueden esperar". El
mensaje de la globalización es que "los pobres tienen que esperar", y ahí se
nota la diferencia del alcance político, moral y cultural entre una postura
por los derechos humanos de otra que le es contraria.
Hay personas que tienden a decir que todo en el mundo
está igual o peor, que nada ha cambiado y que la ONU y la OEA no sirven para
nada, que la controlan los países poderosos para proteger sus intereses.
¿Cómo reacciona usted a esos comentarios?
RG: Es verdad que todavía en la ONU los intereses de los países
poderosos predominan en muchas decisiones. Pero, por favor, hay que mirar
las cosas con perspectiva histórica. La persona que está diciendo eso si hoy
en día la toman presa arbitrariamente va a poder reclamar a la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos que está en América Latina, va a poder
reclamar al grupo de trabajo de detenciones arbitrarias de Naciones Unidas,
va a poder reclamar ante el relator sobre la tortura, va a poder reclamar a
otros mecanismos internacionales.
¿Qué tenía, en el plano internacional, un defensor de los
derechos humanos, el día 9 de diciembre de 1948? Nada, absolutamente nada.
Se quejaba ante sus propios jueces, si es que los había y no eran corruptos,
o no se quejaba en ninguna parte. Hoy en día tenemos una gigantesca máquina,
claro no es todavía la que queremos, pero se va avanzando mucho. En el año
48 no teníamos nada, y hoy en día tenemos toda la maquinaria internacional
que van a tener nuestros hijos incluso fortalecida cuando celebren el
centenario de la declaración universal de los derechos humanos. Nuestros
hijos van a mirar atrás, hacia el año 2005 en que vivimos, como unos pobres
tipos que no teníamos nada, al igual que nosotros miramos a aquellas
personas que vivían en el año 1948, no tenían nada.
Hoy en día hay un movimiento que es político, pero sobretodo
es cultural, que ha tenido un desarrollo enorme, ¿cómo evalúa usted un
gobierno en el siglo XIX? ¿Buen gobierno porque tomó tantos territorios,
ganó tantas guerras, construyó tantos puentes? En la primera mitad del siglo
XX, uno diría, "este es un gobierno bueno porque tiene tantos científicos",
qué sé yo, alguno de esos parámetros.
¿Cómo evalúa usted un gobierno hoy en día? En la forma de
como respete a los derechos humanos. Esa es la vara para evaluar un gobierno
hoy.
Evaluar una política hoy, es juzgar el trato que ese
gobierno le da a las personas que están bajo su jurisdicción. Eso es lo que
se discute en la Asamblea General y en la OEA, es lo que discute en todos
los foros.
¿Qué es lo que se ha logrado? Un avance cultural. Antes
nadie evaluaba un gobernante por cuántos presos políticos tenía o cuántas
censuras de prensa imponía. Hoy día eso es lo que tenemos y ¿quiénes han
construido esto? No sólo los estados, también un movimiento civil
impresionante e inimaginable en el año 48. Hay que ver la fuerza que tiene
Amnistía Internacional hoy día, que tiene Human Rights Watch, que tiene la
Comisión Internacional de Juristas, cómo los gobiernos le temen a los
informes de estas organizaciones no gubernamentales. Naciones Unidas no
expulsa a los dictadores. Nosotros en Chile, en la época de Pinochet, nunca
le pedimos a Naciones Unidas que se consiguieran cascos azules para tomar
preso a Pinochet y sacarlo. No se lo pedimos jamás. Pero hay alguna gente
que quiere que llegue Naciones Unidas y que echen al dictador, cambien la
política, o que venga Naciones Unidas a terminar con la cesantía. Sin
embargo, eso que hoy es una "locura" quizás no se vea de esa manera en el
año 2048.
Hasta ahora el Alto Comisionado se ha dedicado,
fundamentalmente, a una labor de denuncia y evaluación, ¿hay alguna
perspectiva de que piense moverse hacia la prevención?
RG: ¿Hacia la prevención? Creo que fundamentalmente se dedica a
la prevención. ¿Qué entendemos por prevención? En el concepto de prevención
tenemos que meter todo lo que es educación en derechos humanos, en formar
una cultura antidiscriminatoria yen fomentar la igualdad. Está en los planes
del Alto Comisionado y en los planes de la UNESCO, que es el encargado
dentro de Naciones Unidas de velar por la educación.
Pero hay también otras prioridades que se promueven como el
respeto al estado de derecho, un estado de derecho sólido. La construcción
de un estado de derecho sólido es una formidable herramienta de prevención.
Cuando los ciudadanos tienen la posibilidad de presentar sus quejas y de ser
escuchados por tribunales independientes e imparciales, y cuando las leyes
en un país fomentan la no discriminación, la igualdad y la libertad, crean
el clima por lo cual la violación de los derechos humanos se hace difícil:
eso es prevención. Yo no diría que Naciones Unidas y la Alta Comisionada no
estén dedicadas a la prevención, yo diría que se dedican mucho a la
prevención.
Se aproxima el fin de su mandato. ¿Cuál cree usted es su
legado y cuál es su mensaje a los activistas de derechos humanos en nuestra
región?
RG: Yo no soy nadie para dejar legado, así que voy a
concentrarme en la segunda parte de su pregunta. El mensaje para los
defensores de los derechos humanos es que asuman que trabajar por los
derechos humanos no es sólo una elección profesional, es un proyecto de vida
por el cual vale la pena jugársela a fondo. Es la mejor demostración de que
el hombre no es sólo un individuo, sino que es un individuo que está inserto
en una sociedad, que antes era nacional y que hoy en día es mundial, que
vaya asumiendo que lo que le pasa a un ciudadano en Rwanda, en el Congo, en
Cuba o en Chile nos importa a todos, que para todos tenemos un trabajo que
hacer, que vale la pena hacer ese trabajo.
Esa es la mejor contribución que
podemos hacer para un mundo mejor, que no le tengamos miedo a reconocer que
el trabajo de la defensa de los derechos humanos es un trabajo político, pero que en ningún caso es un trabajo
partidario.
Le diría a los jóvenes que evalúen bien cuando tengan que
decidir su futuro, y apuntaría que aunque el trabajo en derechos humanos es
un trabajo intelectual, también es de camiseta y compromiso. Un defensor de
derechos humanos no importa que no se sepa de memoria todas las
declaraciones y convenciones porque por último las va aprendiendo de a poco.
Lo que de veras importa a un defensor de los derechos
humanos es no ser neutro, "que la guerra no me sea indiferente".
Como dice la canción, que "el ser humano no me sea
indiferente". Eso es lo que a uno lo motiva para meterse en estos
menesteres.
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