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Ponencia presentada en el encuentro "Mujeres y
Globalización”,
celebrado del 27 de julio al 3 de agosto de 2005,
organizado
por el Centro de Justicia Global
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La propuesta holística: La trasformación del mundo.
El Feminismo holístico, surgió en la década de los
noventa a sugerencia del grupo español denominado “Ágora feminista” y
encabezado por Victoria Sendón, gestora del feminismo de la diferencia
No es posible reducirnos al tratamiento del género o
al rescate de mujeres olvidadas, porque su campo de visión tiene que
abrirse al horizonte de la totalidad. Es el mundo lo que interesa, es
el mundo lo que quiere cambiarse. |
Aquellas que saben que el
acercamiento,
a lo que quiera que sea,
se hace de modo gradual y penoso,
atravesando incluso lo contrario de aquello
a lo que uno <a> se aproxima.
... entenderán ... que este libro
nada quita a nadie”
—Clarice Lispector
(La pasión según G. H. )
Esta cita nos abre la posibilidad de advertir cuál será el
transito de nuestras reflexiones.
Una de las ventajas de los tiempos actuales es, sin duda, la
apertura a diversas propuestas teóricas que posibilitan un acercamiento o
una intención de explicar la realidad; en ese sentido, mi propósito es
presentar, a través de este trabajo, algunas de las perspectivas del
feminismo contemporáneo, que apuntan a un cambio en el orden simbólico
establecido. Parto, para ello, del feminismo de la diferencia como
posibilidad para encontrar nuevos causes para el pleno ejercicio de los
derechos y potencialidades de las mujeres. Me traslado después al análisis
del feminismo Holístico, sus presupuestos, expectativas.
I
El feminismo de la diferencia, introdujo en el mundo
académico el sentido de la diferencia sexual y la convicción de que el mundo
académico debería reconocerla. En este aspecto, el feminismo fue a
contracorriente de la cultura dominante. Para Mary Evans “Frente a una
cultura que parece minimizar las diferencias sexuales y, pese a ello, teme
intensamente al poder femenino, el feminismo presenta el desafío de afirmar,
tanto la diferencia sexual, como el derecho de las mujeres a su autonomía
personal y social”. (Evans, Mary. 1997:178)
Uno de los aportes más importantes de este feminismo fue el
haber trastocado la identidad Hombre = Humanidad y transformarla
por Mujeres y Hombres = Humanidad. Esta transformación empieza a
cambiar la identidad femenina a través de una des/construcción de lo que
hasta ese momento implicaba hombre. Este camino lo emprendió el feminismo
con una crítica decisiva al lenguaje. Por una parte la disolución de la
fórmula Hombre = Humanidad, permite a las mujeres encontrar
elementos de identificación y representación en un pensamiento del que
habían sido excluidas, tratando en algunos casos de redefinir los conceptos
para incluirse en ellos y en otros inventando unos nuevos con los que
realmente se sintiesen representadas, ya que el lenguaje masculino al no
nombrarlas no las hace presentes, están ausentes y subsumidas en un lenguaje
que como se ha dicho “no les pertenece”. Por otro lado –y tal vez, de ahí la
resistencia al cambio-, los hombres sí se sienten representados e
identificados con la fórmula y al desintegrarse ésta y modificarse, se les
ha orillado a redefinirse también así mismos; así que gracias al feminismo,
tenemos ahora estudios sobre las nuevas masculinidades.
Generalmente los estudios feministas se efectúan articulando
el análisis des/constructivo, como tratamiento que desautoriza y
desconstruye teórica y prácticamente las diferencias de género que se tienen
en los conjuntos disciplinarios en que se han agrupado las ciencias humanas;
para pasar después a un trabajo de reconstrucción como producción de nuevas
conceptualizaciones que no contemplen las fórmulas hombre = humanidad,
ni diferente = inferior, símbolos que han impregnado el
conocimiento humano, es decir, se busca una reconstrucción
teórico-metodológica de las diferentes ciencias y disciplinas. Es decir, “
de la misma forma que lo masculino y la masculinidad fue desconstruida como
forma universal, así el feminismo tiene que ser desconstruido para permitir
la diferencia y diversidad entre las mujeres, casi tanto como entre mujeres
y hombres. Las dos palabras <<diferencia>> y <<diversidad>> se han
convertido, por tanto, en sinónimos de feminismo en la década de los
noventa.” (Evans, 1997:106). Esta fase histórica del pensamiento feminista,
llamada crítica, es la fase centrada en la crítica y desconstrucción del
pensamiento masculino considerado como fundamento universal de la teoría y
de la cultura.
Para abordar el estudio de la crítica feminista es necesario
partir de algunos supuestos generales pero básicos. Primero, que todo acto
de producción y recepción cultural se da en el marco de un contexto social,
histórico y económico. Segundo, que en dichos contextos, los grupos
dominantes -marcados por sexo, clase y raza- tienen mayor control sobre sus
vidas que los grupos dominados. Y tercero, ya que los actos críticos se dan
en el contexto de la diferencia de poderes, estos nunca pueden ser
desinteresados. Por ello partimos de una postura eminentemente feminista
para intentar la comprensión de los sistemas sexo/género como categoría de
análisis. El punto de partida de este estudio es el reconocimiento de que
vivimos en una sociedad patriarcal y que por ello, el conocimiento es
androcéntrico. Igualmente, es necesario considerar, como bien lo apunta Rosi
Braidotti : “En la teoría feminista, uno <a> habla como mujer,
aunque el sujeto “mujer” no es una esencia monolítica definida de una vez y
para siempre, sino que es más bien el sitio de un conjunto de experiencias
múltiples, complejas y potencialmente contradictorias, definido por variable
que se suponen tales como la clase, la raza, la edad, el estilo de vida, la
preferencia sexual y otras. Uno <a> habla como mujer con el propósito de dar
mayor fuerza a las mujeres, de activar cambios sociosimbólicos en su
condición: ésta es una posición radicalmente antiesencialista” (Braidotti,
Rosi. 1994:30)
La critica feminista se explica, entonces, como una crítica
ideológica que depende de una teoría social, en la que se pueden relacionar
los contextos con las estructuras ideológicas que afectan a las mujeres como
sujetos sociales, pues de acuerdo a esta crítica, un análisis no
puede ser nunca neutral, siempre estará impregnado de elementos culturales.
Así llegamos al feminismo radical de la diferencia sexual,
cuyo discurso no se construye de una sola vez como algo inamovible, sino
que, como cualquier otro, tiene procesos de elaboración y consolidación
específicos, los cuales, a su vez, se ligan a ciertos acontecimientos
históricos de la humanidad. El discurso de la diferenciación sexual aparece
explícito o implícitamente en la filosofía, en la historia, en la
literatura, en el derecho y en otros discursos.
El discurso de la diferenciación sexual se divide en dos: el
de lo masculino y el de lo femenino. Según Margarita Dalton, “Dentro del
discurso del conocimiento, el de lo femenino incluye todos los pensamientos
y sentimientos que se expresan sobre el hecho de ser mujer. Hay dos formas
primarias de presentar las ideas que se tengan de la mujer: una de forma
descriptiva y otra prescriptiva. Lo descriptivo, como su nombre indica,
presenta una semblanza exterior y aparentemente objetiva de la mujer. Lo
prescriptivo señala cómo debe o no debe ser la mujer, todo lo que pretende
establecer normas de comportamiento ideal y que, de forma abierta o
encubierta, amenaza con castigo o exclusión social a quien no las cumple.
Una descripción se vuelve prescripción en la medida en que ejemplifica un
comportamiento deseado o indeseado. Explícitamente, el silencio dentro del
discurso de lo femenino aparece como prescripción de que las mujeres no
deben hablar, de que deben callar; implícitamente, cuando, por considerarlas
seres inferiores al hombre en inteligencia, se les excluye de la misma
historia del pensamiento.” (Dalton P., Margarita. 1996:16)
Análisis como éstos han permitido reconocer en los estudios
humanísticos la diferencia sexual como punto de partida para el análisis y
el uso de la subjetividad y la experiencia como elementos constitutivos de
la teoría.
En el feminismo de la diferencia se argumenta que, en la
medida que hombres y mujeres son diferentes, puede hacerse una revaloración
de los rasgos femeninos y actos de acuerdo a la ancestral forma de
construcción de las propias mujeres. El feminismo de la diferencia, va a
reivindicar la existencia de las mujeres como grupo aparte, afirmando los
valores de las diferencias como su carácter sensible y afectivo, el ser
menos competitivas y agresivas y rechaza la integración de las mujeres al
mundo masculino. Para el feminismo de la diferencia las mujeres no deben
tratar de ser como los hombres.
El feminismo descubrió y articuló el poder de las mujeres, y
a través de este nuevo sentido de lo femenino empezó a rechazar la relación
con lo que era contemplado como pensamiento “masculino” o “conocimiento
androcéntrico”. Las feministas, reconociendo las diferencias que como
mujeres se tienen, se alejaron del ideal de integrarse al entendimiento
masculinizarte del mundo; el cual consideraron como negativo y agresivo.
La práctica de la diferencia sexual no tiene que ver con los
hechos biológicos, sino con la forma en que la cultura marca los cuerpos,
creando condiciones específicas para que puedan vivir y recrearse; y supone
como apunta Graciela Hierro: “1. Privar a los hombres de legislar sobre las
mujeres. 2. hablar en su nombre. 3. Definirlas, 4. Explicar su goce, 5.
Pensar que ellos son la medida de todas las cosas.” (Hierro, Graciela. 2003)
Así el feminismo de la diferencia sexual, puede considerarse
como una modo o un esfuerzo creativo, que apunta a la afirmación de la
diferencia sexual como una fuerza positiva, que puede ser afirmada por las
mujeres en la confrontación de sus múltiples diferencias de clase, raza,
edad, estilo de vida y preferencia sexual. Sobre la base de estos puntos
puede verse el feminismo actual como “la actividad destinada a articular las
cuestiones de la identidad del individuo, del cuerpo y del género con las
cuestiones relacionadas con la subjetividad política y a conectarlas, tanto
con el problema del conocimiento como con el de la legitimación
epistemológica.” (Braidotti, R. 1994: 70)
II
Si me conformo y me considero verdadera,
estaré perdida, porque no sabría dónde
encajar mi nuevo modo de ser;
si avanzase en mis visiones fragmentadas,
el mundo entero tendría que transformarse
para que ocupase yo un lugar de él.
Clarice Lispector
(La pasión según G. H.)
Esta cita, deja entrever la propuesta holística: La
trasformación del mundo. El Feminismo holístico, surgió en la década de los
noventa a sugerencia del grupo español denominado “Ágora feminista” y
encabezado por Victoria Sendón, gestora del feminismo de la diferencia. En
esos momentos, parecía una idea más, dentro de otras posmodernas. Pero los
cambios nacionales e internacionales, los diversos análisis y diagnósticos
de nuestras realidades, le ha dado un nuevo impulso: la reconsideración de
poder encontrar en él –en palabras de sus creadoras-: “una ventana al
mundo”.
El feminismo Holístico es una propuesta sustentada en el
feminismo de la diferencia, pero que intenta una ruptura radical con el
orden simbólico establecido por el sistema patriarcal, en el entendido de
que proponiendo un orden diverso, puedan resolverse algunos de los problemas
que atañen a la humanidad. Para este feminismo la realidad se conforma como
interrelaciones de múltiples diferencias, diferencias que constituyen la
gran riqueza de ese amplio horizonte del que sólo está excluida, la
exclusión. Es un esfuerzo por comprender el sutil entramado de tanto
malestar existente, un intento por develar lo que no vemos, para intentar
transformarlo.
Se inicia con un diagnóstico de las sociedades patriarcales
que han sido englobadas como única realidad, con un solo orden simbólico
androcéntrico pero que sólo nos dejado, como humanidad: dolor y muerte.
Razón por la cual, proponen el fin de este modelo considerado “perverso”, es
decir el fin de la lógica patriarcal como paradigma humano. El
reconocimiento de la existencia del paradigma masculino, del pensamiento
binario androcéntrico, de la existencia de una lógica patriarcal, tiene que
abrir las posibilidades para pensar en la re/estructuración de otra forma de
concebir la realidad, de otra forma de relacionarnos entre mujeres y
hombres, que permita convivencias más justas y equitativas. Esto es, que del
desorden actual en que vivimos, sea posible generar un orden diverso.
En esta transición de ritmos, las “estructuras disipativas”
son una clave. La Teoría de las estructuras disipativas, fue propuesta por el
premio novel Ilya Progogine, para denominar las grandes perturbaciones de la
energía que hacen que los sistemas vivos se desintegren para volver a
integrarse de nuevo en un orden más evolucionado, más inteligente. Con base
en esta teoría, para el holismo las “estructuras disipativas” permitirán el
cambio a un orden que, aunque en el inicio parece siempre desorden,
capricho, fuera de toda lógica, “lo otro”; marca, el inicio del cambio.
Dichas estructuras se encuentra cuando las condiciones están muy alejadas
del equilibrio, por lo que es posible la transformación del desorden y el
caos en orden; la fuerza de esta transformación radica según esto: en lo
inesperado, en lo profundamente <<otro>> (Sendón, Victoria. 1998:20)
Otra de sus categorías para el análisis y perspectivas de
transformación son las llamadas “fluctuaciones” consideradas como “cambios
fallidos”. Una pequeña fluctuación puede generar una nueva evolución que
cambiará drásticamente todo el comportamiento del sistema macroscópico.
Ejemplos de estas fluctuaciones han sido: el “new age”, el feminismo, la
teología de la liberación, los movimientos estudiantiles, entre muchos
otros. Estos son intentos que ha hecho la humanidad para cambiar el orden
establecido pero que no han logrado una transformación profunda; sin
embrago, en la medida -a decir de estas teóricas del holismo-, en que se
inventen más caminos o se profundice en los ya existentes habrá que acertar
con el cambio, proceso que puede semejarse al impulso del Renacimiento. Por
ello, el feminismo, si realmente pretende ser un pensamiento político
transformador, no puede conformarse con pensar cosas nuevas, sino de modo
diferente.
El gran esfuerzo de la propuesta holística, se va a centrar
en demostrar y poner al descubierto la lógica patriarcal, el mundo simbólico
que le precede y la realidad que le sucede, para así intentar construir un
paradigma feminista que previamente haya puesto en cuestión las reglas
mismas del juego. Se trata, para estas feministas, de crear una matriz de
vibraciones que pueda retroalimentarse de otras vibraciones similares que le
hayan precedido, reconociendo todas las fuerzas de cambio y generando nuevas
figuras de representación. En palabras de Donna Haraway: “necesitamos
figuras feministas de humanidad que <<opongan resistencia a la figuración
lineal y estallen en enérgicos nuevos tropos, nuevas figuras de dicción,
nuevos términos de posibilidad histórica.>>” (Braidotti, R. 1994: 36)
En este sentido la genealogías feministas cobran fuerza como
un proceso necesario e ineludible para el re/descubrimiento de las líneas
maternas.
El paradigma del feminismo holístico quiere superar esa
lógica patriarcal del divorcio, de la separatividad y segregación, cuya
finalidad inicua ha consistido en dividir la realidad en dos ámbitos
contrapuestos y regidos por leyes diferentes: el de la inmanencia y el de la
trascendencia. Para ello proponen como método un camino que se irá
transformando según las convivencias y conveniencias de las mujeres, en
primera instancia, partiendo de un principio básico: los modelos de
comprensión creados por la mente tienen como finalidad resolver los
problemas prácticos, porque lo verdaderamente importante es avanzar, no
adecuarse a la verdad, ya que la verdad no puede existir en un mundo en
transformación y sometido también al azahar. Se pretende crear una nueva
lógica más acorde con nuestra realidad, más cercana a la realidad que a la
abstracción.
Para ellas, ya no es posible reducirnos al tratamiento del
género o al rescate de mujeres olvidadas, porque su campo de visión tiene
que abrirse al horizonte de la totalidad. Es el mundo lo que interesa, es el
mundo lo que quiere cambiarse, no sólo la vida. Aunque se empiece por la
vida.
El feminismo holístico propone ampliar la lucha
reivindicativa a la tarea política, así como elevar su horizonte teórico y
creativo a la categoría de universal. La lógica justifica al dios y al
patriarca, que a su vez construye esa lógica cómplice de sus privilegios:
una lógica interesada que se convierte en un tótem poderoso como intocable.
La lógica dualista binaria esconde y manifiesta el lenguaje cifrado de “lo
real”.
Pero hay que tomar en cuenta que es la realidad la que va
conformando lo real, que una vez entronizado actúa como modelo y se
multiplica en todos los ámbitos. Pero la realidad no se puede comprender sin
lo real, y no se puede cambiar la realidad sin destruir la estructura
profunda que la sustenta.
El cambio del orden simbólico tendrá que generarse con el
giro epistemológico y con el rescate de las figuras femeninas míticas y
reales, la reconciliación con las madres simbólicas y naturales, en las
llamadas genealogías feministas, y con affidamentos que permitirán las
nuevas relaciones entre las mujeres y de las mujeres para con los hombres.
Se hace necesaria entonces la educación de las mujeres, a través del
reconocimiento de los saberes, poderes y pensamientos de otras mujeres. Para
nuestras feministas holísticas: Es en el corazón mismo de la lógica
patriarcal donde el feminismo holístico plantea su lucha y se inicia su
reflexión. “El holofeminismo, es algo similar a una teoría de campo
unificada por la que es posible su aproximación tanto a la microfísica como
a la macrofísica, tanto en el mundo simbólico de relaciones y metáforas que
conforman lo real, como a las múltiples metonimias en las
que la realidad oculta y desvela el paradigma patriarcal,
porque ya no basta con pensar nuevas cosas, sino de un modo realmente nuevo;
así como no es suficiente pensar desde lo ya pensado, sino aventurarse por
los caminos de lo inesperado” Sendón, V.1998:66)
De tal suerte que, ¿por qué seguir contraponiendo las
diversas posturas teóricas en lugar de sumar? Mientras no se cambie el
pensamiento binario androcéntrico las estrategias para el cambio tendrán que
continuar, tal vez implique que el giro epistemológico no ha acabado de
virar. Una vuelta de rueca podría darla el “feminismo de los nuevos sujetos
nómades”, del que hablaremos en otra ocasión. Por lo pronto deseo terminar
con otra cita de Clarice Lispector, con la que lejos de cerrar una propuesta
o dar respuestas, pretendo abrir más las posibilidades de búsquedas e
interrogantes:
Sé que aún no siento libremente,
que pienso de nuevo porque mi objetivo es hallar,
... hallar el momento de descubrir un medio de salida.
Clarice Lispector (La pasión según G. H.)
Bibliografía
- Braidotti, Rosi (1994) Sujetos nómades. Buenos
Aires, Barcelona, México: PAIDÓS
- Dalton Palomo, Margarita (1996) Mujeres, diosas y
musas. Tejedoras de la memoria . México, D. F.: El Colegio de México
- Evans, Mary ( 1997 ) Introducción al feminismo
Contemporáneo. España: Minerva ediciones
- Hierro, Graciela (2003) “La filosofía feminista. La
ética feminista de la diferencia sexual, el tema de nuestro tiempo,
en Vargas Lozano, G.(Coordinador): Día Internacional de la Filosofía.
México, D. F.: Asociación Filosófica de México
- Sendón, Victoria (1998.) Feminismo Holístico.
Madrid: Cátedra
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