La
globalización aporta nuevas potencialidades para el desarrollo y la creación
de riqueza. Sin embargo, hay puntos de vista y percepciones divergentes, en
especial sobre su impacto económico y social. Estas divergencias
corresponden, en parte, a la diversidad de efectos que la globalización
tiene en los intereses y las oportunidades de los distintos sectores
económicos y sociales. Algunos sostienen que el modelo actual de la
globalización ha agravado los problemas del desempleo, de la desigualdad y
de la pobreza mientras que otros afirman que la globalización ha contribuido
a reducir la incidencia de dichos problemas. Por supuesto, estos problemas
existían antes de la globalización. Pero es evidente que, para que la
globalización sea sostenible tanto en el plano político como en el plano
económico, debe contribuir a resolverlos. Por lo tanto, el objetivo es una
globalización que atienda las necesidades de todas las personas.
¿Cuál es la situación al día de hoy?
¿Adónde queremos llegar?
¿Cómo lograrlo?
Un marco ético más sólido
Hacia una comunidad global: reforzar el diálogo y la
gobernanza
1. La trayectoria actual de la globalización debe cambiar.
Son demasiado pocos los que comparten los beneficios que de ella se derivan,
y son demasiado numerosos los que carecen de voz para contribuir a la
planificación de la misma e influir sobre su curso.
2. La globalización será lo que nosotros hagamos de ella.
Sus resultados dependerán de las políticas, normas e instituciones que rijan
su curso, de los valores que inspiren a sus actores, y de la capacidad de
los mismos para influir sobre el proceso.
3. Nosotros, miembros de la Comisión Mundial, representamos
una gran diversidad de opiniones e intereses, que se encuentran a menudo
enfrentados en los debates públicos sobre la globalización. Pero nos hemos
puesto de acuerdo sobre un objetivo común: una globalización justa que cree
oportunidades para todos. Queremos que la globalización sea un medio para
extender la libertad y el bienestar humanos, y para llevar la democracia y
el desarrollo a las comunidades en las que vive la gente. Nuestro objetivo
es crear un consenso para una acción común a fin de llevar esta visión a la
práctica, y propiciar que los propios actores, incluidos los Estados, las
organizaciones internacionales, las empresas, los sindicatos y la sociedad
civil, se sientan permanentemente comprometidos con dicho objetivo.
4. Nuestro mensaje es crítico y práctico a la vez. Creemos
que se puede sacar un mayor partido a la globalización, repartir mejor sus
beneficios, y resolver muchos de sus problemas. Se dispone de los recursos y
de los medios para ello. Nuestras propuestas son ambiciosas pero viables.
Estamos seguros de que es posible lograr un mundo mejor.
5. Buscamos un proceso que sea justo y que brinde a todos
los hombres y mujeres los derechos, las oportunidades y la capacidad que
necesitan para tomar sus propias decisiones y vivir una vida digna.
6. Reafirmamos la vigencia de ciertos valores y la
importancia de los derechos humanos a la hora de orientar la gobernanza de
la globalización y de definir las responsabilidades de sus actores.
7. Reivindicamos una gobernanza de la globalización que sea
más integradora, con políticas destinadas a conciliar mejor el crecimiento
económico, por una parte, y el progreso social y la sostenibilidad
medioambiental, por otra.
8. Tenemos que ser realistas. Aunque la globalización
presenta distintos aspectos, nuestro mandato nos obliga a centrarnos en su
dimensión social. Asimismo, somos conscientes de los distintos diálogos e
iniciativas en curso, y queremos fomentarlos y sacar partido de ellos.
9. Se juzga a la globalización por sus resultados. Aunque
muchos de los males que hoy afligen al mundo — pobreza, falta de trabajo
decente, negación de los derechos humanos — existían mucho antes de la
actual fase de globalización, en determinadas regiones del mundo se ha
observado un aumento de la exclusión y de las privaciones. En opinión de
muchos, la globalización ha acabado con los modos de vida tradicionales y
con las comunidades locales, y representa una amenaza para la sostenibilidad
medioambiental y la diversidad cultural. A medida que se acelera el actual
proceso de interacción e interconexión transfronterizas, crece la polémica
acerca de las desigualdades, no sólo entre los países, sino también dentro
de los países, así como sobre sus repercusiones para la población, las
familias y las comunidades. Estas inquietudes afectan a los fundamentos
mismos de la política. El debate sobre la globalización se está convirtiendo
rápidamente en un debate sobre la democracia y la justicia social en el seno
de una economía globalizada.
10. Somos conscientes de que la globalización ha abierto las
puertas a numerosos beneficios. Ha propiciado sociedades y economías
abiertas, así como una mayor libertad para el intercambio de bienes, ideas y
conocimientos. La innovación, la creatividad y la iniciativa empresarial han
proliferado en muchas regiones del mundo. En Asia Oriental, el crecimiento
ha permitido sacar de la pobreza a más de 200 millones de personas en tan
sólo diez años. La mejora de las comunicaciones ha propiciado la
sensibilización respecto de los derechos y de las identidades, y ha
permitido a las corrientes sociales movilizar a la opinión y reforzar la
rendición de cuentas democrática. Como resultado de ello, comienza a
configurarse una verdadera conciencia global, atenta a las desigualdades
ligadas a la pobreza, la discriminación por razón de sexo, el trabajo
infantil y la degradación medio ambiental, donde quiera que se produzcan.
11. Sin embargo, existe una inquietud creciente acerca del
rumbo que está tomando la globalización en estos momentos. Sus ventajas
quedan fuera del alcance de muchos, mientras que los riesgos que implica no
pueden ser más reales. Su volatilidad amenaza tanto a ricos como a pobres.
Se están generando enormes riquezas, pero persisten los problemas
fundamentales, que son la pobreza, la exclusión y la desigualdad. La
corrupción se ha extendido. El terrorismo mundial amenaza a las sociedades
abiertas, y el futuro de los mercados abiertos resulta cada vez más
incierto. En definitiva, la gobernanza global está en crisis. Nos
encontramos en un momento crucial, y tenemos que replantearnos con urgencia
las actuales políticas e instituciones.
¿Cuál es la situación al día de hoy?
12. En el funcionamiento actual de la economía global se
observan desequilibrios persistentes y profundamente arraigados, que
resultan inaceptables desde un punto de vista ético e indefendibles desde el
punto de vista político. Surgen a raíz de un desequilibrio fundamental entre
la economía, la sociedad y la política. La economía se hace cada vez más
global, mientras que las instituciones sociales y políticas siguen siendo
fundamentalmente de alcance local, nacional o regional. Ninguna de las
instituciones globales existentes proporciona un control democrático
adecuado de los mercados globales, ni corrige las desigualdades básicas
entre los países. Estos desequilibrios ponen de relieve la necesidad de
mejorar los marcos institucionales y políticos si queremos que la
globalización cumpla sus promesas.
13. El desequilibrio entre la economía y la sociedad está
trastornando la justicia social.
- En la mayoría de las sociedades, existe una división cada vez mayor
entre la economía global formal y la economía local informal, que no deja
de crecer. La mayor parte de la población mundial, que vive y trabaja en
la economía informal, sigue sin poder participar directamente en los
mercados y en la globalización sobre una base justa igualitaria. Estas
personas no disfrutan del derecho a la propiedad ni de otros derechos, y
tampoco disponen de los medios y recursos necesarios para efectuar
transacciones económicas productivas.
- Los beneficios de la globalización se han distribuido de forma
desigual, tanto dentro de los países como entre ellos. Existe una
polarización creciente entre ganadores y perdedores. La brecha entre
países ricos y pobres se ha ensanchado. En el África Subsahariana y en
América Latina, a finales de 1990 el número de personas que vivían en la
pobreza era mayor que al comienzo de ese mismo decenio.
- Las normas globales reflejan una falta de equilibrio. Las normas e
instituciones económicas prevalecen sobre las normas e instituciones
sociales; y las realidades globales del momento están poniendo a prueba la
eficacia de las propias normas e instituciones actuales. Se ha
liberalizado el comercio de los productos manufacturados, mientras que
sigue el proteccionismo en el sector agrícola. Las mercancías y los
capitales atraviesan las fronteras con mucha mayor libertad que la gente.
En tiempos de crisis, los países desarrollados disponen de más opciones en
materia de política macroeconómica que los países en desarrollo que deben
atenerse a las exigencias en materia de ajuste. Con demasiada frecuencia
las políticas internacionales se aplican sin tener en cuenta las
especificidades nacionales. El desequilibrio de las normas globales puede
agudizar las desigualdades iniciales. En la actualidad, las normas que
rigen el comercio mundial favorecen con frecuencia a los ricos y
poderosos, y pueden perjudicar a los pobres y débiles, ya se trate de
países, empresas o comunidades.
- El cambio estructural, sin disposiciones sociales y económicas
adecuadas para proceder al ajuste, ha sumido en la incertidumbre y la
inseguridad a trabajadores y empresas de todo el mundo tanto en el Norte
como en el Sur. Entre los más vulnerables figuran las mujeres, los pueblos
indígenas y los trabajadores pobres sin calificaciones ni recursos. El
desempleo y el subempleo continúan siendo una realidad pertinaz para la
mayoría de la población mundial.
14. El desequilibrio entre la economía y el sistema de
gobierno esta socavando la rendición de cuentas democrática.
15. En la actualidad, las instituciones de gobernanza — sean
nacionales o internacionales — no responden de manera adecuada a las nuevas
demandas de la población y de los países en materia de representación y de
posibilidad de expresión.
- La globalización ha convertido a la opinión pública en una vigorosa
fuerza política que, en estos momentos, ejerce presiones insistentes sobre
todas las instituciones políticas establecidas —desde los Estados y los
partidos políticos nacionales hasta las organizaciones internacionales —,
lo que origina nuevas tensiones entre la democracia representativa y la
democracia participativa. Las organizaciones internacionales, en
particular las Naciones Unidas, las instituciones de Bretton Woods y la
Organización Mundial del Comercio (OMC) se ven sometidas a una enorme
presión para desarrollar procesos de toma de decisiones más justos y
reforzar la rendición de cuentas pública. Se aprecia en la opinión pública
una verdadera desconfianza respecto del proceso de toma de decisiones
global.
- Los mercados globales carecen de instituciones que ejerzan un control
público y, en muchos países, ello es parte de legitimidad y estabilidad
para los mercados nacionales. El actual proceso de globalización carece de
medios para mantener el equilibrio entre los mercados y la democracia.
- En muchos países, la coacción que ejercen los mercados internacionales
parece ir en detrimento de las opciones que presentan en términos de
política económica nacional. Muchos son los que opinan que con ello se
menoscaba la soberanía nacional y el poder se desplaza de los gobiernos
electos a las empresas transnacionales y a las instituciones financieras
internacionales.
16. En todas partes, han sido más las expectativas que las
oportunidades, y el resentimiento ha empañado la esperanza. Al mismo tiempo,
la gente reconoce la realidad de la globalización, y son muy pocos los que
desean quedarse al margen o invertir el proceso. Todos están a favor de un
intercambio más libre de ideas, conocimientos, bienes y servicios por encima
de las fronteras. Lo que persiguen los hombres y las mujeres es el respeto
de su dignidad y de su identidad cultural. Reivindican oportunidades para
poder llevar una vida digna y albergan la esperanza de que la globalización
les brinde ventajas concretas en su vida diaria y garantice un futuro mejor
para sus hijos. Del mismo modo, desean desempeñar un papel en la gobernanza
del proceso, incluidos el alcance y la naturaleza de la integración de sus
economías y comunidades en el mercado global, y participar de un modo más
justo de sus resultados.
17. Creemos que resulta esencial responder a estas
aspiraciones. El potencial de la globalización debe aprovecharse para crear
un mundo mejor.
¿Adónde queremos llegar?
18. Nuestra visión es la de un proceso de globalización cuya
prioridad sean las personas, que respete la dignidad humana y que considere
a todos los seres humanos iguales.
19. Perseguimos un proceso más integrador, que sea justo y
benéfico y que brinde oportunidades reales a un mayor número de personas y
de países; y un proceso que se rija de manera más democrática.
20. Buscamos una globalización con una dimensión social, que
preserve los valores humanos y mejore el bienestar de la gente en términos
de libertad, prosperidad y seguridad. Los hombres y mujeres juzgan la
globalización en función de las oportunidades que les ofrece para encontrar
un trabajo decente, para satisfacer sus necesidades esenciales, como son la
comida, el agua, la sanidad, la educación y la vivienda, y para crear un
entorno adecuado para vivir. Sin esta dimensión social, muchos continuarán
percibiendo la globalización como una nueva variante de las formas de
dominio y explotación anteriores.
21. Los aspectos fundamentales de esta dimensión social
incluyen:
- Un proceso de globalización basado en valores universalmente
compartidos, lo cual requiere que todos sus actores — incluidos los
Estados, las organizaciones internacionales, la mano de obra, la sociedad
civil y los medios de comunicación — asuman sus responsabilidades
individuales. Exige, además, el cumplimiento de los deberes y obligaciones
contraídos en virtud del derecho internacional, así como un desarrollo
económico basado en el respeto de los derechos humanos.
- Un compromiso internacional que asegure para todo el mundo los
recursos básicos y las demás condiciones que garantizan la dignidad humana
y que se engloban en la Declaración Universal de Derechos Humanos. La
erradicación de la pobreza y el cumplimiento de los Objetivos de
Desarrollo para el Milenio deberían considerarse como los primeros pasos
hacia el establecimiento de unas condiciones socioeconómicas mínimas para
la economía global.
- Una vía de desarrollo sostenible que ofrezca oportunidades para todos,
proporcione empleo y medios de vida sostenibles, promueva la igualdad de
género y reduzca las diferencias entre los países y entre la gente.
Asimismo, es preciso que exista una mayor coherencia entre las políticas
económicas, sociales y medioambientales.
- Una gobernanza más democrática de la globalización, que propicie una
mayor escucha y participación, y que garantice la rendición de cuentas sin
dejar de respetar la autoridad de las instituciones de la democracia
representativa y el Estado de derecho.
22. Se trata de una visión que puede llevarse a la práctica.
Se dispone de los recursos para superar los problemas más urgentes, que son
la pobreza, las enfermedades y la educación. Mahatma Gandhi lo explicó de
manera muy simple: «En la tierra, hay recursos suficientes para satisfacer
las necesidades de todos, pero no puede haber recursos suficientes para
satisfacer la avaricia de todos».
¿Cómo lograrlo?
23. Nuestro principal activo es el sistema multilateral de
las Naciones Unidas, que resulta esencial para la acción global. Una serie
de acontecimientos recientes ha subrayado de forma espectacular su
importancia dentro del mundo cambiante en el que vivimos. Los sucesos del 11
de septiembre y el terrorismo global han hecho patente nuestra
vulnerabilidad común y la necesidad de una acción concertada. La degradación
de la sociedad organizada, causada por las enfermedades, la lucha civil y el
colapso de la gobernanza en muchas partes del mundo, ha reafirmado la
necesidad de la cooperación multilateral y de la acción colectiva. Existe un
reconocimiento creciente de que las soluciones a estos problemas han de
buscarse en el contexto de un mundo interdependiente e inmerso en un proceso
de globalización.
24. La globalización está haciendo que el multilateralismo
resulte a la vez indispensable e inevitable. El sistema multilateral de las
Naciones Unidas y organizaciones conexas proporciona la base para las
políticas globales que se precisan en áreas como el desarrollo, el comercio,
las finanzas y la paz y la seguridad internacionales, así como en multitud
de campos técnicos y sociales. Sus declaraciones y pactos reflejan valores
universales, y la participación universal otorga al sistema multilateral una
legitimidad global que ningún Estado, por poderoso que sea, puede igualar.
Proporciona un marco, que ha superado la prueba del tiempo, para guiar el
proceso de globalización con arreglo a los principios del imperio de la ley
en el plano internacional.
25. No existe ninguna alternativa duradera que pueda
responder a las necesidades y aspiraciones de la gente en un mundo
interdependiente. El multilateralismo garantiza la transparencia y ofrece
cierta protección — aunque parezca inadecuada — contra las asimetrías de
poder e influencia en la comunidad internacional. Sin embargo, la
globalización también está haciendo del multilateralismo un valor en alza
para los ricos y los poderosos, ya que ha demostrado ser esencial para su
prosperidad y seguridad. En un mundo con centros de poder económico
emergentes y vastas fuentes de demanda de consumo sin explotar, un sistema
multilateral basado en normas es el único medio para garantizar una
expansión justa y duradera de los mercados globales. En un mundo inestable,
dicho sistema también permite evitar que los conflictos económicos
bilaterales se traduzcan automáticamente en conflictos políticos
bilaterales. Y la proliferación de exigencias en materia de seguridad global
hace que la cooperación multilateral resulte indispensable para todos,
incluso para los países más poderosos.
26. Pese a todo, se pone en tela de juicio el
multilateralismo justo cuando más se necesita. El conflicto en Oriente Medio
y la persistencia de la pobreza y la desigualdad globales han demostrado la
necesidad urgente de fundir las realidades contemporáneas que son el poder
estatal y la opinión pública en una alianza duradera para la paz y el
desarrollo.
27. Tanto el sistema de las Naciones Unidas como sus Estados
miembros tienen que adaptarse al proceso de globalización del mundo. Las
estructuras y los procedimientos actuales del sistema multilateral se basan
en el equilibrio de poder entre los Estados miembros que se definió en la
posguerra. Sin embargo, la globalización está modificando la configuración
subyacente de los poderes político y económico, y las tensiones resultantes
se dejan sentir en el sistema de las Naciones Unidas. El sistema
multilateral también tiene que atender a las insistentes demandas de los
países en desarrollo, que reivindican una mayor participación en la toma de
decisiones, y a las de la sociedad civil, que exige mayor protagonismo y
transparencia. Muchas de estas tensiones han ido creciendo a lo largo de los
años. A medida que la globalización ha ido cobrando impulso, estas tensiones
se han hecho patentes, dificultando las negociaciones internacionales,
provocando la cólera y la frustración de todas las partes, y reduciendo la
efectividad de las organizaciones internacionales.
28. Es preciso enfrentarse a esta situación. Como dijo Kofi
Annan, necesitamos lograr «reforzar la solidaridad y la responsabilidad
internacionales, junto con un aumento del respeto de las decisiones
adoptadas colectivamente y una mayor determinación por darles efecto. La
interrogante que inevitablemente se plantea es la relativa a saber si basta
con exhortar a los Estados y a las personas a adoptar aptitudes más
esclarecidas y hacer esfuerzos mayores, o si se necesita, también, una
reforma radical de nuestras instituciones internacionales. Mi propia opinión
es que los Estados miembros tienen, por lo menos, que examinar a fondo la
‘arquitectura’ actual de las instituciones internacionales y preguntarse si
está en consonancia con las tareas que tenemos ante nosotros»1. Nos sumamos
plenamente a la opinión del Secretario General.
29. Tenemos que crear mejores instrumentos para la
gobernanza de la globalización y el funcionamiento del sistema multilateral.
En las Partes III y IV del informe se formulan propuestas concretas para
introducir mayor coherencia en las políticas internacionales y en la reforma
institucional.
30. Debe construirse una globalización más justa, sobre la
base de un sistema económico global que sea productivo y justo.
31. En la actualidad, suele reconocerse que una economía
abierta de mercado constituye la base indispensable para el desarrollo, el
crecimiento y la productividad. Ningún país puede situarse hoy al margen de
la economía global .El desafío consiste en gestionar la interacción con los
mercados globales, a fin de garantizar el crecimiento, el desarrollo y la
igualdad. Para ello han de existir empresas rentables y responsables, que
puedan crear empleos, riqueza e innovación y hacer una contribución a los
recursos públicos, así como organizaciones de empleadores y de trabajadores
que sean fuertes y representativas, para garantizar así un crecimiento
sostenible y una justa distribución de sus resultados.
32. Para que los mercados sean eficaces, es preciso que haya
Estados eficaces. Si los países quieren beneficiarse de la globalización,
necesitan un Estado que pueda desarrollar las capacidades institucionales —
tanto sociales como económicas — necesarias para lograr un crecimiento
económico sólido y justo. La acción local es tan importante como la acción
nacional y global. Unas autoridades y comunidades locales sólidas y
democráticas constituyen el eje central de los Estados eficaces.
33. Una mejor gobernanza de la globalización tiene que
multiplicar las oportunidades para que la política nacional pueda fomentar
el desarrollo empresarial, la creación de empleo, la reducción de la pobreza
y la igualdad de género. Tiene que reforzar la protección social y mejorar
las calificaciones y las capacidades. Asimismo, debe apoyar las acciones
destinadas a remediar la informalidad, la desigualdad y la exclusión, y
ayudar a cada país y a cada comunidad a trazar su propia senda de
crecimiento y a alcanzar sus propios objetivos sociales y económicos. Una
mejor gobernanza de la globalización que garantice el desarrollo duradero
requiere una mayor coherencia entre las políticas económicas y sociales.
34. La buena gobernanza a todos los niveles de la sociedad —
en términos de Estado de derecho, democracia, derechos humanos y justicia
social — resulta esencial para lograr un proceso de globalización justo y
productivo. Con ello se garantiza la responsabilidad pública de los actores
privados y estatales, así como la eficacia de los mercados. Ningún país — ya
sea rico o pobre, del Norte o del Sur — posee el monopolio de la buena
gobernanza, y no existe un modelo institucional único para alcanzarla.
35. No buscamos el refugio utópico de un gobierno mundial.
Reconocemos las realidades del poder y la desigualdad. Nuestra inspiración
nace de la determinación de los hombres y mujeres que quieren ejercer un
mayor control sobre su propio destino, así como de una globalización
posible, más justa e integradora, que satisfaga sus necesidades.
36. ¿Por dónde empezamos?
Un marco ético más sólido
37. La gobernanza de la globalización debe basarse en
valores universalmente compartidos y en el respeto de los derechos humanos.
La globalización se ha desarrollado en un vacío ético, donde la cuestión del
éxito o el fracaso de los mercados tiende a convertirse en la norma última
de comportamiento, y donde la actitud basada en el lema «el ganador se lo
lleva todo» debilita la estructura de las comunidades y las sociedades.
38. En la actualidad existe un deseo profundamente arraigado
en la sociedad de reafirmar los valores éticos fundamentales de la vida
pública, como lo demuestra, por ejemplo, la reivindicación de una
«globalización más ética».Los valores son también el hilo conductor de las
numerosas campañas públicas en favor de causas universales, que abarcan
desde la abolición del trabajo infantil hasta la prohibición de las minas
terrestres.
39. Los cimientos de toda sociedad que fomenta la cohesión
son unos valores compartidos, que constituyen un marco ético y moral para la
actividad pública y privada. La globalización aún no ha creado una sociedad
global, pero la interacción creciente de las personas y de los países
subraya la urgente necesidad de un marco ético que sirva de referencia
común.
40. En gran medida, dicho marco ya puede encontrarse en las
declaraciones y en los tratados del sistema multilateral de las Naciones
Unidas. Sirvan como ejemplo la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración
Universal de Derechos Humanos, la Declaración de la OIT relativa a los
principios y derechos fundamentales en el trabajo y, más recientemente la
Declaración del Milenio de las Naciones Unidas. Estos valores y principios
universales representan la base común de creencias espirituales y seculares
del mundo entero: sobre ellos debe cimentarse el proceso de globalización,
deben quedar reflejados en las normas de la economía global, y deben servir
de referencia a las organizaciones internacionales para la aplicación de sus
mandatos.
41. Ciertos aspectos relativos a estos valores y principios
universales se mencionan una y otra vez en el contexto del debate público
sobre la globalización. Expresan las inquietudes de la gente en un momento
de grandes cambios e incertidumbres:
- El respeto de los derechos humanos y de la dignidad de la persona,
incluida la igualdad entre géneros. Este es uno de los compromisos
fundamentales que la comunidad internacional ya ha asumido.
- El respeto de la diversidad de culturas, religiones y opiniones
políticas y sociales, junto con el pleno respeto de los principios
universales.
- La equidad. La equidad es una noción profundamente arraigada y
reconocida por la gente de todos los países. Se trata de un baremo de
justicia que muchos utilizan para juzgar la globalización y la
distribución equitativa de sus beneficios.
- La solidaridad es el reconocimiento de la pertenencia a una misma
humanidad y a una ciudadanía global, así como la aceptación voluntaria de
las responsabilidades que ello conlleva. Representa un compromiso
consciente para resolver las desigualdades entre los países y dentro de
los mismos. Se basa en el reconocimiento de que, en un mundo
interdependiente, la existencia de pobreza u opresión en cualquier lugar
constituye una amenaza para la prosperidad y la estabilidad de todos.
- El respeto de la naturaleza exige que la globalización sea sostenible
desde el punto de vista ecológico, respete la diversidad natural de la
vida sobre la tierra y la viabilidad del ecosistema del planeta, y
garantice la igualdad entre las generaciones presentes y futuras.
42. Los valores y principios universalmente compartidos
tienen que ser la base de la gobernanza democrática de la globalización.
Abarcan todos aquellos valores que resultan esenciales para una economía de
mercado abierta y eficaz, a saber, responsabilidad, iniciativa, respeto de
la ley, honradez y transparencia.
43. Un mundo más justo y próspero resulta esencial para
lograr un mundo más seguro. Con frecuencia, el terror se aprovecha de la
pobreza, la injusticia y la desesperación para obtener legitimidad pública.
La existencia de estas condiciones constituye un obstáculo para la lucha
contra el terrorismo.
44. Se plantean problemas en cuanto a la manera de salvar la
distancia entre la teoría y la práctica. La comunidad internacional contrae
más obligaciones de las que está dispuesta a cumplir. El ejemplo más notorio
del trecho que media entre la teoría y la práctica es la historia de la
asistencia oficial para el desarrollo (AOD) destinada a los países más
pobres del mundo.
45. La acción destinada a hacer realidad los valores de una
economía global debe venir tanto de los actores individuales como de las
instituciones.
46. Los actores de la globalización — Estados, sociedad
civil, empresas, sindicatos, organizaciones internacionales y particulares —
deben inspirarse en estos valores para aceptar sus propias
responsabilidades, y rendir cuentas públicamente en lo que atañe al respeto
de las mismas en todas sus transacciones. A los ricos y poderosos — sean
Estados o empresas — les incumben responsabilidades especiales, dado que sus
acciones tienen mayor repercusión sobre el bienestar global.
47. Existen varias iniciativas voluntarias que es precio
reforzar. Entre éstas cabe citar la responsabilidad social de la empresa;
los movimientos que se encargan de sensibilizar éticamente a los
consumidores e inversores; las campañas sindicales de promoción de las
normas del trabajo, y las campañas de la sociedad civil para informar y
movilizar a la opinión respecto de distintos asuntos públicos.
48. A las instituciones multilaterales del sistema de las
Naciones Unidas les corresponde un papel especial, puesto que formulan y
promueven normas y políticas internacionales. Los valores universales y la
supremacía de la ley deben servir de guía al establecer los términos en que
se produce la intervención internacional, y para los sistemas de gobernanza
nacional y global.
49. Consideramos que la globalización ha hecho
imprescindible un mejor diálogo internacional acerca de los valores
universalmente compartidos. Los valores se han convertido en una cuestión
esencial en muchas negociaciones políticas, como consecuencia de la propia
dinámica de la globalización. El ajuste estructural provoca a menudo
tensiones internas y sospechas en cuanto a si todos los países actúan
aplicando las mismas normas éticas. Esto se aprecia, por ejemplo, en los
debates internacionales en materia de comercio, finanzas, derechos humanos y
ayuda al desarrollo. Dichas tensiones van en detrimento de la solidaridad
entre las personas, tanto en los países ricos como en los pobres.
50. La cultura es un poderoso símbolo de identidad y de
pertenencia. La globalización debería desembocar en la diversidad
multicultural, y no en una homogeneización, una integración forzada o una
conservación estática. Debe ser un proceso de redefinición creativa, en el
que se encuentren las tradiciones y los modos de vida globales y locales,
para que dé lugar a nuevas formas en todos los planos. Deben reconocerse la
integridad y autonomía de las distintas culturas nacionales y locales como
fuente de confianza y de energía para que la gente adopte comportamientos
creativos que trasciendan las fronteras nacionales.
51. En último término, un compromiso común respecto de una
globalización justa e integradora debe basarse en una visión de humanidad
compartida y de un planeta común. Esta visión constituye la base sobre la
que se asientan la estabilidad de los Estados y de las comunidades
nacionales. Tenemos una economía cada vez más global, pero distamos mucho de
ser una comunidad global. No obstante, comienzan a surgir algunos elementos
que es preciso promover y fomentar.
Hacia una comunidad global: reforzar el diálogo y la
gobernanza
52. El orden que se estableció en la posguerra partía de una
comunidad internacional de naciones. Los Estados eran los actores
principales, si bien ciertos actores no estatales, como las empresas y los
sindicatos, han estado representados en la OIT desde 1919.
53. En la actualidad, una multitud de actores, estatales y
no estatales, desempeña un papel crucial a la hora de configurar la
evolución de la globalización. Entre estos actores se incluyen, además de
las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas, los parlamentarios y
las autoridades locales, las empresas multinacionales, los sindicatos, los
grupos empresariales, las cooperativas, los grupos religiosos, las
universidades, los consejos económicos y sociales, las fundaciones y
asociaciones benéficas, las organizaciones comunitarias y las organizaciones
no gubernamentales (ONG), así como los medios de comunicación. En las redes
globales se reúnen grupos tan diversos como las asociaciones de jóvenes y de
consumidores, los agricultores, los científicos, los profesores, los
abogados y los médicos, las mujeres y los pueblos indígenas.
54. Estas redes emergentes se relacionan cada vez más entre
sí a través de lazos de intereses o convicciones comunes. Ya se han puesto
en marcha muchas iniciativas para abordar problemas comunes. Estas abarcan
desde la gestión de Internet hasta las cuestiones relativas a la igualdad de
género, la migración, la salud y la seguridad de las personas.
55. Ya pueden distinguirse algunas características propias
de estos procesos. Suelen definirse en función de problemas específicos.
Implican una gran variedad de actores, estatales y no estatales, que
interactúan desde el ámbito local hasta el global. Y, en todo caso, se
caracterizan por la ampliación de la participación y el diálogo públicos.
Las nuevas tecnologías y las redes que se basan en ellas están creando las
condiciones adecuadas para que surjan nuevas modalidades de interacción
creciente.
56. Sin embargo, aún es demasiado pronto para decir que este
conjunto de actores constituye una comunidad global, pues dista mucho de ser
una unidad. Siguen existiendo grandes desigualdades en términos de poder e
influencia. Se dan diferencias de opiniones e intereses que resultan a
menudo explosivas. Se trata de un conjunto fragmentado e incompleto, que
apenas afecta a los millones de personas que viven en el umbral de la
subsistencia.
57. No obstante, las interacciones humanas se están
multiplicando, y las redes se vuelven cada vez más densas. Se trata de una
evolución encabezada por la propia globalización, por la creciente
integración del comercio y de la producción, y por la expansión de las
comunicaciones, los viajes y el intercambio de ideas.
58. En la actualidad, la posibilidad de lograr un sistema de
gobernanza global que sea más participativo y democrático depende de estas
redes crecientes de personas e instituciones más que de los proyectos de
gobierno mundial o de la reorganización institucional global. Estas redes
completan — y rebasan — el actual sistema de organizaciones internacionales.
Pueden ser el semillero de una futura comunidad global dotada de intereses
compartidos y objetivos comunes.
59. La manera de avanzar consiste en fomentar más diálogos
sistemáticos en terrenos específicos en el seno de estas redes emergentes de
actores estatales y no estatales y entre ellas. Dicho diálogo amplía la
participación, propicia el consenso y define las necesidades desde la
perspectiva de quienes se ven afectados de forma más directa. Además, sirve
para mediar en las inevitables tensiones que surgen de la transición
económica y el ajuste global, y proporciona un mecanismo para que los
valores se traduzcan en acción a través de la definición de objetivos
comunes y responsabilidades individuales. Estos diálogos han de producirse
en todos los niveles, pues constituyen la base de una acción más coherente
para vincular el crecimiento económico al progreso social.
60. Este informe constituye una incitación a la acción
basada en el diálogo como fundamento de una verdadera comunidad global del
futuro. Aunque los intereses son con frecuencia divergentes, creemos que
existe una coincidencia cada vez mayor en todo el mundo respecto de la
necesidad de lograr una globalización más justa e integradora. Esta
convergencia se basa en una conciencia creciente de nuestra interdependencia
y del peligro que entraña el no hacer nada. La propia globalización se
encarga de difundir y reforzar esta conciencia. Nuestra confianza respecto
del futuro se basa en el poder de esta realidad.
61. Confiamos en que, si se adoptan en un plazo razonable
las recomendaciones que proponemos, es posible que la globalización, tal y
como la conocemos hoy, cambie para mejor, trayendo consigo prosperidad y
estabilidad a un mayor número de personas y de países.
Notas