Introducción
Tras el derrumbe del llamado socialismo real, atribuido a la
caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS, ha tomado cada vez más
fuerza la idea del fin de la historia. Dicho de otra forma, con lo que se ha
denominado la caída de los grandes relatos, el fin de la guerra fría y el
ascenso del pensamiento único expresado en el neoliberalismo, se ha
potenciado la imagen de un resquebrajamiento de los horizontes y de la idea
de proyecto; esto a su vez ha llevado a intelectuales, políticos e incluso
luchadores sociales a hablar de sociedades fuertemente desilusionadas y
desesperanzadas.
Una especie de vacío en los grandes referentes -económicos,
sociales, políticos y culturales- que ofrecían los dos polos del mundo, una
izquierda cada vez más desdibujada, un sistema de partidos políticos que no
logran diferenciarse entre sí, y Estados nacionales supeditado a las lógicas
excluyentes del mercado e incapaces de ampliar sus márgenes de operación,
una cultura mas mediática que se ha convertido en la guía de formas de vida
a seguir y una fuerte mercantilización en todos los ámbitos de la vida,
parecen ser algunas de las líneas que orientan las reflexiones sobre los
modos en que las personas se han vuelto conformistas, apáticas e
indiferentes.
Sabemos que en las últimas décadas la distancia entre ricos
y pobres se ha agudizado cada vez más; la distribución de la riqueza da
cuenta de un 20 por ciento de la población mundial que controla más del 80
por ciento de los recursos materiales y naturales, dejando así para la gran
mayoría de hombres y mujeres el incremento de la pobreza, una seguridad
social prácticamente inalcanzable, la explotación en el ámbito laboral como
una dolorosa realidad y la violencia y el deterioro del tejido social
ocupando cada vez más la cotidianidad.
México, como otros países de América Latina, forma parte de
este escenario; el sistema económico promovido por el estado mexicano ha
sido sumamente generoso con las exigencias de los organismos internacionales
que conducen y reglamentan el mercado mundial, para ello ha tenido que
llevar a cabo, durante las últimas dos décadas, una serie de ajustes y
reformas en las que se privilegia la privatización, la flexibilización
laboral, la llamada desregulación, la eliminación de los programas de apoyo
al campo y al mercado interno y la disminución severa del gasto público en
materia de salud, educación, y vivienda. Sin duda, serían éstos, los
factores que potenciarían el desempleo, la migración, los abusos laborales y
una pobreza lacerante que ha crecido notoriamente en lo últimos veinte años.
Y para reforzar todavía más este preocupante panorama, habría que mencionar
problemas que le son concomitantes, nos referimos al inadecuado manejo de
los recursos naturales, al crecimiento de la violencia en distintos ámbitos
de la vida cotidiana, al aumento de niños en situación de calle y de jóvenes
sin acceso a la educación, a la exclusión de las comunidades indígenas y al
deterioro del vínculo social.
Esa modificación profunda del imaginario social occidental,
que desprecia la justicia, la equidad, la inclusión, el trabajo digno, los
derechos sociales y la distribución más equitativa de la riqueza, adquirió
formas específicas en el caso mexicano, pues se articuló y arraigó en vetas
histórico sociales propias, como la institucionalización progresivamente
autoritaria de la revolución mexicana bajo la hegemonía de un partido de
estado y de prácticas sociales presidencialistas y corporativas, que
hicieron que los poderes ejecutivos municipales, estatales o federales,
fueran casi los únicos actores públicos del bien colectivo1 , sometiendo a
la ciudadanía a una condición de vasallaje.
Esta insistencia de hacer de los ciudadanos súbditos por
parte de la política estatal en México expropió parcialmente las capacidades
de la ciudadanía de pensar, imaginar, diseñar y operar iniciativas y
propuestas que incidieran en lo público bajo la premisa de los intereses de
todos o bien común, supeditando las decisiones a los gobiernos sexenales.
La justicia social se ve llegar poco, las opciones para
acceder a mejores formas de vida son cada vez más escasas y muchos mexicanos
nos hemos involucrado en una cultura consumista, individualista y
depredadora. No obstante, lo desesperanzador de este contexto no nos parece
suficiente para defender la hipótesis de que la sociedad en su conjunto se
ha resignado a las actuales formas de exclusión y opresión. La idea de que
la imaginación se ha agotado y que por lo tanto los habitantes de este país
somos todos pacientes y complacientes debe ser sometido a discusión. Estamos
convencidos de que la construcción de alternativas es uno de los ángulos
sobre los que se puede reflexionar al observar las consecuencias de estas
políticas de empobrecimiento y exclusión. Asimismo es importante señalar que
la resistencia a los efectos más destructivos del sistema instituido, no
puede ser sólo atribuida a las contradicciones propias del capitalismo
neoliberal, sino que hay que considerar y destacar también la dimensión de
la subjetividad que da cuenta de la capacidad de creación y producción de
nuevas ideas en los sujetos; como señala Samir Amin (2003) "[…] eso
significa que el futuro no está programado de antemano y que el imaginario
inventivo, para emplear la expresión fuerte de Castoriadis, tiene su lugar
en la historia real," o en palabras de Paulo Freire: "…que la historia es
tiempo de posibilidad y no de determinismo, que el futuro, permítanme
reiterar, es problemático, no inexorable…" (Freire: 2002, 20-21) "La
proclamada muerte de la Historia que significa en última instancia la muerte
de la utopía y de los sueños, refuerza, indiscutiblemente, los mecanismos de
asfixia de la libertad…" (Freire: 2002, 110).
Para develar estos complejos procesos sociales y para
empezar a desmantelar estas instituciones materiales y simbólicas
autoritarias, se requirió que desde diversos espacios y experiencias,
estudiantiles, feministas, universitarias, indígenas, ciudadanas, sindicales
y religiosas, fuera emergiendo otro imaginario de ciudadanía, otros sueños
de futuro, y se inventaran nuevas prácticas sociales, basadas en la
autonomía, abrevando de largos siglos de resistencia a la colonia y a la
exclusión, construyendo la compleja capacidad de ser origen de las propias
decisiones, de diseñar caminos para aproximar la utopía. De esta manera, una
parte de la sociedad civil empezó a socavar las formas corporativas y
clientelares del control político.
Los agravios cotidianos, la exclusión de miles de personas
de una vida digna y la falta de recursos para sobrevivir, no sólo han
impuesto un modelo de desarrollo y de relaciones sociales, sino que has sido
a la vez el punto de partida para que diversas comunidades sueñen, exploren
e inventen, desde el análisis de la realidad que viven, las posibilidades de
construir un mundo diferente, de mejor distribución de la riqueza y
aprovechamiento de las capacidades de todos, de inclusión, de mayor equidad,
y de cuidado del agua y de todos los recursos naturales.
Y es precisamente de este imaginario inventivo del que
queremos dar cuenta en este trabajo. Nos interesa hablar de grupos de
mujeres y hombres, jóvenes y adultos, campesinos e indígenas, profesionistas
y analfabetas, etc., que se han dado a la tarea de construir un mundo que
podría ser diferente. Ensayando propuestas y desarrollando acciones
concretas acordes con un imaginario de cambio social, organizaciones de la
sociedad civil trabajan por una vida justa y afirman la idea de que las
personas podemos incidir en el crudo contexto que ofrece la época actual.
De esta manera, nos interesa compartir algunas reflexiones
en torno a un proceso de sistematización de experiencias de desarrollo
local. Nos interesa dar cuenta de la participación de diversos sujetos
sociales en un proceso de reflexión, de generación de conocimientos y de
invención de nuevas rutas para sus comunidades, pueblos, organizaciones y
familias. Nos interesa, en síntesis, hablar de las posibilidades de la
imaginación y la capacidad de inventiva de los sujetos.
Algunas notas sobre el proceso
Durante el 2002 y 2003, 34 organizaciones civiles de
distintos lugares de la República, llevaron a cabo un interesante ejercicio
de reflexión en torno de sus prácticas y formas de incidencia en el ámbito
de lo social. Este proceso fue coordinado por el Consejo de Educación para
Adultos de América Latina (CEAAL) y apoyado por la Fundación Ford y el
Instituto Nacional de Desarrollo Social. Una de las intenciones del proyecto
fue que las organizaciones participantes pudieran mirarse a sí mismas y en
una reflexión crítica exponer sus aportes al desarrollo local. Un año
intenso de talleres, reuniones, grupos de reflexión, revisión de archivos,
entrevistas, etc., sirvió de marco para que las 34 organizaciones
sistematizaran sus aprendizajes y dieran cuenta de los conocimientos
generados en sus experiencias.
Es importante señalar que este trabajo que las
organizaciones llevaron a cabo fue, como hemos dicho, una labor de
sistematización, no una investigación o una evaluación; esto significa que
fue una tarea realizada directamente por las organizaciones, que trató de
abonar para una reflexión sobre las experiencias vividas e intentó organizar
los conocimientos producidos durante la práctica. Por otro lado, hay que
destacar el carácter colectivo del proceso, no sólo en cada uno de los
grupos, sino entre las 34 organizaciones participantes que pudieron
compartir e intercambiar sus aprendizajes. Cabe destacar que los campos de
acción de las organizaciones fueron diversos; algunas de ellas desarrollan,
desde hace varios años, tareas relacionadas con el cuidado y regeneración
del medio ambiente, otras tienen incidencia en el ámbito de los derechos
humanos y algunas más en la lucha por la autonomía de los pueblos indígenas.
Participaron también organizaciones que tienen una larga trayectoria en la
búsqueda de formas de comercialización más justa y una participación
ciudadana responsable.
Los momentos del proceso
Fueron básicamente tres los momentos fuertes de la
sistematización. El primero de ellos -después de haber tomado la decisión de
participar en el proyecto y de haber elegido a la persona o equipo encargado
del proceso- fue la definición de los objetivos y el eje temático para la
sistematización. Esta fue una tarea importante porque contribuyó para que
cada una de las organizaciones identificara qué de su experiencia estaba
interesada en conocer y profundizar. Este eje temático, expresado
generalmente en una o un par de preguntas expresó lo más claramente posible
aquello que se quería problematizar y reflexionar con relación a la
experiencia vivida de cada organización. De esta manera las preguntas – eje
estuvieron relacionadas con temas como la toma de decisiones, la
participación de las mujeres, las metodologías de intervención, las
relaciones con el gobierno, etc. Vale la pena señalar que, este primer paso
que se refiere a la definición de objetivos y el eje temático para la
sistematización, es similar a la formulación del problema -al planteamiento
del problema- en el ámbito de la investigación académica; como este último,
la definición del eje temático en la sistematización, no es el producto de
una especie de ocurrencia, sino del conocimiento obtenido en un camino
recorrido y de la experiencia vivida en tal o cual campo de acción. Cómo
explican las organizaciones sus problemas y sus procesos, cómo se apropian
de su experiencia y cuáles son las capacidades que han ido construyendo, son
algunas de las preguntas centrales que atraviesan este momento de la
sistematización.
Paralelamente a este proceso de discriminación, es decir, a
este proceso de "¿qué queremos sistematizar?", las organizaciones se dieron
a la tarea de poner por escrito las condiciones de su contexto. Un poco la
idea fue que se reflexionara sobre las formas en que estos grupos llevan a
cabo una lectura de las demandas de su entorno, cómo se posicionan ante él y
cuáles son los problemas sobre los que pretenden incidir. No está de más
señalar que todas las organizaciones identificaron un entorno fuertemente
adverso; la migración, los problemas de salud, la violación a los derechos
humanos, la violencia, la corrupción, el autoritarismo gubernamental, la
ruptura del tejido social, el narcotráfico, la política asistencialista,
etc., se han convertido en la cotidianidad de sus comunidades. El contexto
en este caso, no es sólo una monografía de la zona o de la comunidad, sino
una exposición de aquellos aspectos con los que dialogan las organizaciones;
esos aspectos a los que las organizaciones han querido responder.
Un segundo momento fue lo que llamamos la recuperación de la
historia. En esta etapa de la sistematización las organizaciones se dieron a
la tarea de identificar los momentos significativos de sus experiencias.
Para nosotros es casi lamentable no podernos detener en este momento de la
sistematización, por razones obvias; sin embargo es importante señalar que
éste fue uno de los momentos más productivos del proceso. Decenas de
cuartillas fueron escritas tratando de recuperar eventos, documentar la
memoria colectiva y recordar personas, pero sobre todo, fueron nombradas las
formas en que las organizaciones se fueron constituyendo como sujetos
colectivos, los modos en que fueron tejiendo sus relaciones, los mecanismos
a través de los cuales fueron tomando sus decisiones y los cambios que
fueron siendo observados. La recuperación de la historia fue pensada y
escrita a la luz del eje temático de la sistematización, de esta manera,
pensamos que la historia fue, en realidad, la recuperación de la memoria de
las capacidades. ¿Cómo enfrentamos tales o cuales problemáticas en otro
momento? ¿Qué aprendizajes obtuvimos frente a las adversidades? ¿Cuáles
fueron los errores que cometimos? ¿Qué experiencias podemos replicar? etc.,
fueron algunas de las preguntas que obtuvieron respuesta en esta parte de la
sistematización.
La metodología utilizada en este segundo momento fue la
llamada línea del tiempo. Línea del tiempo que, observamos, es también línea
del movimiento, en donde las organizaciones no han sido estáticas; los
contextos locales, nacionales e internacionales, así como la capacidad de
inventiva de sus miembros, las han mantenido en un permanente ejercicio de
cuestionamientos, búsqueda de respuestas y creación de proyectos.
Es muy importante señalar que, como toda escritura de la
historia, este ejercicio de recuperación pudo haber sido parcial; es más,
incluso puede llegar a cuestionarse su veracidad. Sin embargo, es
precisamente eso lo que menos importa, creemos que lo central es que las
organizaciones pudieron nombrar y organizar aquellos hechos que le otorgan
sentido a su quehacer y vivir cotidiano, aquellos aspectos significativos en
la historia de sus experiencias que sirven de marco y referente para el
desarrollo de sus acciones.
El tercer momento fue, creemos, el más difícil del proceso.
Fue el momento del análisis y la interpretación de los datos, de la lectura
crítica de sus experiencias y de la búsqueda de significados a sus formas de
intervención. Sabemos todos aquí del trabajoso proceso que implica pasar de
la descripción a la interpretación de los hechos, sin embargo en este caso,
el proceso se complica aún más cuando se lleva a cabo una mirada hacia el
interior de la organización; cuando el sujeto de la sistematización es uno
mismo, cuando se está envuelto en los pliegues de aquello que uno se
pregunta, las cosas resultan siempre más difíciles. Y así fue la escritura
de este momento, tarea nada sencilla puesto que de alguna manera organiza el
conjunto de datos que conforman el contexto y la historia de la organización
a la luz de la pregunta – eje de la sistematización.
El documento final logrado por cada una de las
organizaciones después de un año de trabajo y armado a partir del contexto,
la recuperación histórica y la interpretación, es un ejercicio de escritura
que, a nuestro juicio, resulta doblemente valioso. Por un lado, toma el
lugar del habla, comunica el sentido que los sujetos dan a los
acontecimientos y comparte con otros experiencias vividas y sentidas por
ellos. Por otro lado, la escritura también permite poner el acento en la
autorreflexión; la voz de los sujetos sociales aquí expuesta, hace de éstos
no sólo actores principales de las experiencias, sino que los convierte en
observadores de su propio quehacer social.
Ese fue entonces, a grandes rasgos, el proceso de
sistematización de algunas de las organizaciones de la sociedad civil que
tienen un aporte al desarrollo local 2. Sin embargo, para los fines de esta
exposición quisiéramos dejar un espacio para mencionar algunos ejes de
reflexión que nos permiten contradecir la hipótesis de la pasividad y el
conformismo generalizado. Seguramente se podrá observar que muchas de estas
experiencias no han encontrado aún cómo cristalizar fuertemente una lucha
que desafíe la exclusión y miseria a la que ha sido sometida la mayor parte
de la población, sin embargo creemos que han abierto caminos, de manera
notable, en esa dirección. Probablemente no logran competir contra los
monopolios del poder político, económico, alimentario, etc., pero es muy
probable que cada una de estas organizaciones, con sus esferas de
incidencia, multiplique, cada vez más los poderes locales.
Las posibilidades de la imaginación
Si insistimos, podríamos plantear que las organizaciones
-con sus experiencias- son, en este mar de desesperanza, débiles en su
existencia; sin embargo queremos subrayar la fortaleza transformadora que
poseen, ineludible para cualquier cambio social. Las organizaciones han
desencadenado una serie de tareas que han mejorado la calidad de vida de la
gente y que la ha posicionado entonces como un actor central en el cambio
por una sociedad más justa e igualitaria. Desde nuestra perspectiva está
labor, con sus aprendizaje, no ha salido de la nada, cómo ya hemos señalado,
desde hace años estas organizaciones partieron de un diagnóstico de su
contexto y tomaron entonces una postura ante él; ésta las llevó a
desarrollar estrategias de intervención y a tratar de modificar la situación
inicialmente detectada. Pero a su vez, creemos que esta misma labor
encuentra su razón de ser en la capacidad de los sujetos para dejarse
sorprender, en la capacidad de los sujetos para pensar las cosas de otra
manera. En resumen, en la capacidad de los sujetos para imaginar un mundo
que ofrezca algo más de felicidad y justicia social.
Imaginar otros horizontes y otros rumbos ha llevado a estas
experiencias a construir e inventar dispositivos de organización e
intervención, y bajo las posibilidades de la imaginación se han construido:
- Mecanismos de consenso en donde la gente encuentra sentido a su
participación, involucrándose en un ejercicio de reflexión y acción
crítica sobre la realidad y el contexto que le rodea. El trabajo colectivo
ha sido uno de los más importantes aprendizajes; las organizaciones
civiles han promovido formas asociativas entre los sectores campesinos,
indígenas y populares, en las que se procuran formas democráticas de toma
de decisión. No obstante que las experiencias han detectado también
fuertes tradiciones paternalistas y autoritarias, en la mayoría de las
experiencias los canales de comunicación siguen siendo la cara a cara, el
contacto directo entre los sujetos, estableciendo un diálogo comunitario
que le devuelve la voz y la acción a la gente.
- Modos de reconocimiento de las capacidades de los sujetos. Las
organizaciones refieren que están frente a grupos, comunidades y
organizaciones con saberes propios, con una tradición cultural que
mantiene la cohesión social y con un acumulado histórico. Particularmente
se reconoció, en las zonas indígenas, formas colectivas de uso de la
tierra, autonomía, formas de solidaridad y reciprocidad como el tequio, la
faena, y la mano vuelta, en donde las fiestas son un lugar de recreación
de la vida y la cultura, y en las que subsisten formas de repartir las
responsabilidades que son asumidas como servicio, pues todos los
habitantes tienen obligaciones y derechos que son conocidos por todas y
todos, existen reglas, procedimientos de acción y modos de resolver los
conflictos.
- Estrategias de formación de promotores especializados en diversos
ámbitos -agricultura orgánica, salud, nutrición, vivienda, cuidado de
bosques, atención a niños o jóvenes, a discapacitados y muchos otros
campos-. Las experiencias de las organizaciones han dado importancia a una
pedagogía de la educación popular que incluye a las personas como sujetos
de sus propios procesos.
- La necesidad de pensar los cambios desde lo local articulándolo con
circunstancias nacionales e internacionales. De esta manera, las
organizaciones han construido prácticas más o menos exitosas ya sea en los
aspectos productivos y de comercialización, o de formación de promotoras y
promotores, ya sea en la contribución a la formación de ciudadanas y
ciudadanos autónomos, más responsables de su entorno y con una voluntad
proactiva de ejercer su ciudadanía.
- Una dimensión integral que atraviesa a las experiencias ofreciendo
espacios de reflexión e incluso respuestas a temas como la relación de mí
con los otros, lo público y lo privado, la familia, la dimensión ética, el
papel de las mujeres y el medio ambiente. A partir de la sistematización,
podemos observar cómo las experiencias quieren situarse en el campo de las
tensiones entre promoción del desarrollo sustentable, la promoción de los
derechos humanos y la creciente capacidad autogestiva de grupos,
comunidades y organizaciones sociales.
- Un marco de vida en donde el respeto, la solidaridad, los afectos y el
desarrollo sean los ejes de la existencia. Todos ellos son aspectos que
constituyen la cotidianidad de la gente, que alimentan sus angustias y
ansiedades, que la conmueven; son, en definitiva, respuestas a los
problemas básicos de la existencia humana. Las organizaciones señalan una
especie de cambio sustancial en las formas de pensar y de sentir; de esta
manera podemos decir que las experiencias son una alternativa a las formas
de vida capitalista y neoliberal.
En síntesis, queremos subrayar cómo el trabajo de las
organizaciones va planteando cómo el mercado no es el centro de todo y por
lo tanto otros valores se han ido construyendo y fortaleciendo. En la
solidaridad, el respeto y en la creación de nuevas formas de relación con
los hombres y la naturaleza vemos reflejadas las posibilidades de la
imaginación. Las organizaciones y sus mujeres, las organizaciones y sus
hombres también, han luchado por la equidad de sus derechos como una
condición necesaria en la construcción de un mundo más justo. Para ello han
trabajado integralmente, han creado programas educativos y proyectos
laborales que los incluyan y se han acercado, además, a otras organizaciones
para tomar fuerza en esta perspectiva. Todos estos, podríamos decir, son la
búsqueda de caminos para ampliar las posibilidades de una vida más justa.
Frente a los objetivos del capital dominante –control sobre la expansión de
los mercados, el saqueo de los recursos naturales, la sobreexplotación de la
mano de obra- se levantan las alternativas y las posibilidades de la
imaginación como asidero para construir lazos más firmes entre las personas.
En palabras de Álvaro Portillo (2002) los inexorables acontecimientos que
marcan los tiempos no son un obstáculo para que los actores tengan la
posibilidad de construir caminos diferentes. Por el contrario, al explorar
el análisis de la realidad existente se puede pensar en las claves de un
cambio que vaya en otro sentido respecto de la sociedad actual.
Bibliografía
Reygadas, Rafael y Soto, Adriana, "La Construcción de
sujetos ciudadanos colectivos" Alianza Cívica y Centro Internacional de
Derechos Humanos y Desarrollo Democrático de Canadá, México, 2002, 183 pp.
Freire, Paulo."Pedagogía de la autonomía. Saberes
necesarios para la práctica educativa". Siglo XXI, México, 2002, 139 pp.
Notas